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Con sólo 28 años, Santiago Siri ya se ha ganado una importante reputación en el mundo de los jóvenes emprendedores. Creó el primer videojuego argentino en ser exportado, Fútbol Deluxe, y es responsable de Whuffie Bank, una propuesta revolucionaria en la Web que puede cambiar la economía como la conocemos. Santiago cree que la revolución de Internet puede hacer que haya más ideas que cambien el mundo, y que nuestro país tiene una gran oportunidad en ese partido. “Argentina tiene un buen track record en exportar la mano de obra, el talento, la creatividad, pero la materia pendiente es la generación de propiedad intelectual, proteger las ideas que salen desde acá”, afirma. xxxxxxx El concepto de este número de Reporte Publicidad es “argentinos creando para el mundo”, y estamos aquí para que nos des algunos consejos para hacerlo, o un mapa de situación respecto de dónde estamos. Bien. Argentina históricamente siempre tuvo una necesidad de exportar, al menos lo que yo conozco, que es el software e industrias más culturales, porque el mercado interno es muy chico –somos 40 millones de personas–, al lado de mercados como Brasil o el americano o Europa, que son mucho más grandes y con mayor fuerza. Argentina tiene un buen track record en exportar mano de obra, talento, incluso creatividad, pero la materia pendiente es la generación de propiedad intelectual. Proteger las ideas que se generan desde acá y que al mismo tiempo esas ideas tengan un contacto a nivel global. Desde el lado creativo tiene más que ver con crear un personaje, o alguna marca o algún concepto que tenga atracción para la gente de afuera, pero que parta desde acá. Y desde el punto de vista industrial, tiene que ver con generar tecnología o innovaciones y que la propiedad intelectual sea propia y no de un tercero que contrata gente de Argentina.

Me gustó mucho algo que dijiste en el TEDx, que “hay que pensar en gigante para dar cabida a que las cosas pasen”. Es que el principal problema que hay en Argentina es de mentalidad. Es un país que atravesó tantas crisis y tantos altibajos, que eso afecta a la emoción del ciudadano y hace que tengamos la autoestima un poco baja y que como sociedad tendamos a desconfiar de las personas que tenemos al lado. La desconfianza genera un nivel de escepticismo por el cual decimos: “Mejor me enfoco en poner un kiosco, o en poner un almacén, o en un trabajo que me dé lo suficiente para alimentar a mi familia y estar más o menos bien”. No queremos correr grandes riesgos porque sabemos que acá el que corre grandes riesgos puede ser muy castigado cuando el país hace un giro de timón que desestabiliza todo. Me parece que es hora de dejar esa mentalidad atrás. El 2001 fue hace mucho tiempo, y más allá de la coyuntura local o el signo del gobierno de turno, y de todos los prejuicios, hay que darse cuenta intelectualmente que uno vive en un mundo conectado, con instrumentos para poder aislarse de la coyuntura argentina y que se pueden hacer

compañías que no dependan tanto de este país. Una compañía se puede construir en cualquier parte del mundo y se pueden hacer productos para cualquier tipo de mercado. Hay que tener la voluntad de conocer, de abrirse. Pensar en grande tiene que ver con eso, colosal: animarse a hacer gestas, o innovaciones o mitos que apunten alto. Uno tiene que apuntar a la gesta del hombre en la Luna; los tipos dijeron: “vamos a mandar a un tipo a donde nunca se ha mandado a nadie”, y así llegaron. Y acá en Argentina hay gente que tiene esa mentalidad, proyectos realmente extraordinarios que van desde el área de energía, áreas de física, áreas de software... El problemas es que a la hora de convocar esos talentos, de ponerse las pilas para poder hacer esos proyectos realidad, hay que atravesar unas barreras de escepticismo muy elevadas, y eso atenta contra el futuro de una nación. La tecnología es la gran salsa secreta de Estados Unidos, Japón, China, Europa..., de cualquier potencia que sea considerada como tal. Acá intelectualmente hay que animarse a tomar más riesgos y a entender lo que implica el riesgo. Implica que vas a fracasar, que te van a salir mal las cosas, que vas a

POR MARTA GONZÁLEZ MUGURUZA FOTOS: DENISE GIOVANELI

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perder plata… pero también hay instituciones e infraestructura que te van a ayudar a tomar riesgos en los lugares indicados. A veces los gobiernos pueden ayudar, y queriendo ayudar terminan poniendo más palos en la rueda. Eso ya es una cuestión de chip mental que hay que cambiar, y creo que las nuevas generaciones responden un poco más a eso porque también crecieron con Internet. Cualquier pibe de mi edad sabe cómo se originó un Google, un Twitter o un Facebook. La película La Red Social es un caso real: un pibe, un programador en la universidad, alumno mediocre que se pone a hacer algo en su tiempo libre y lo transforma en una empresa de miles y millones de dólares. Ese es el mundo en el que vivimos, y no hay por qué cortarse las piernas antes de jugar. Hablemos de semántica, que es algo que aparece apenas uno entra a la página de Popego. ¿Qué significa ese “construimos significados”? Hoy Popego en realidad es un laboratorio. Desde el inicio lo concebí como un lugar para traer investigadores y gente de la computación que sea innovadora y de avanzada, para hacer aplicaciones que sirvan para satisfacer necesidades concretas. Y la semántica es un área de la Web. Cada día se vuelve más inteligente. Es una construcción colectiva de millones de personas que ayudan a entrenar a la Web como si fuera un gran sistema: algunos desde el software, otros desde el contenido, otros desde el simple consumo o de apretar el botoncito de Like de Facebook. A nosotros nos interesa mucho la Web y los medios sociales, Twitter y Facebook. Interpretar los textos, las conversaciones que ocurren, y entender qué significan todas esas señales que estamos viendo, que son miles y miles de señales por día, y detectar dónde está el valor en eso. Porque hay valor, lo que pasa es que es tanto lo que está ocurriendo que todavía no hay capacidad de cómputo para interpretar ese valor. Desde Popego intentamos crear aplicaciones que apuntan a descifrar ese valor. Hoy, por un lado, tenemos aplicaciones que optimizan el rendimiento de la publicidad on line, y por otro lado, aplicaciones que interpretan y miden lo que ocurre en las redes sociales. En esas áreas tenemos un equipo que tra-

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baja, investiga y genera algoritmos y técnicas sobre nuestros productos para hacer la Web más inteligente. Y en este contexto también nació el Whuffie Bank… Sí, ese es el proyecto que más quiero porque tiene una connotación muy idealista, que tiene que ver con el concepto más literal que se le da al concepto de valor, que es el dinero. A veces el dinero es una forma de valorizar las cosas. Y en el ecosistema de la Web, cuando veo lo que ocurre con Internet, me gusta mucho hacer paralelismos con la imprenta, que es una tecnología muy similar que transformó la humanidad en cinco siglos; una tecnología de la información que tiene que ver con despertar las cabezas, con hacer un mundo diferente. De 1.500 años de letargo, de dominación de la Iglesia, a una explosión de innovación científica, progreso, prolongación y aumento de la calidad de vida, y un montón de otras cosas que trajo la ciencia como motor. Fue extraordinario, y con Internet está pasando un poco eso. El Whuffie tiene que ver con que el billete impreso que tenemos en la billetera es algo hecho por la sofisticación de la imprenta. A medida que Internet se sofistique, va a haber nuevas técnicas de interpretación de lo que es el dinero. Nosotros queremos hacer entender que se puede pensar en una moneda basada en la reputación y no ya en lo material, en el intercambio de bienes. La abstracción de la economía tiene que ver con una abstracción del concepto de moneda y hoy eso es medible con las redes sociales, la reputación, la influencia. Eso se puede medir a tal punto que se le puede poner un valor y se puede transformar en moneda. Lo que estamos haciendo con el Whuffie Bank es encontrarle la vuelta para hacer una moneda que pueda circular por Internet y que sea diferente a las monedas que existieron hasta ahora. Las monedas que tenemos hoy en día no tienen tanto que ver con las monedas de hace cien o doscientos años atrás, que estaban basadas en oro y plata; desde que Nixon abolió el respaldo en oro en el ‘71, ni siquiera están basadas en eso… Por eso el oro sale 1.400 dólares, 1.500 dólares la onza, está altísimo.

taba a pensar la Web en el día de mañana, donde mucha gente hablaba del concepto de Whuffie, del capital social. Hicimos un par de líneas de código, lo tiramos, lo implementamos, vimos que la gente lo usaba, que le gustaba; lo presentamos en TechCrunch, y nos invitan a ser finalistas. “Y bueno, ahora hay que hacerlo en serio porque lo vamos a lanzar en este evento, así que más vale que no hagamos un papelón”, dijimos. Y lo lanzamos en San Francisco, que está buenísimo porque es una ciudad donde el 80 por ciento de la gente habla el mismo idioma que uno. Es como para un artista a principios del siglo XX ir a París, donde todo el mundo estaba viendo la vanguardia del arte moderno. Ir a San Francisco hoy es ir a la vanguardia de lo que está ocurriendo en Internet. Y la verdad que fue muy lindo lanzarlo ahí y con el respaldo de TechCrunch, que es el principal referente de tecnología en el mundo, frente a inversores, a gente muy especializada. Y lo que tiene de extraordinario e impactante San Francisco es que es donde las ideas locas o disparata-

«A mí me interesa que la gente vea el cambio tectónico que está habiendo en el mundo por la penetración de Internet en nuestra vida diaria.»

¿El Whuffie está en funcionamiento actualmente? Sí, está en funcionamiento, y justamente ahora estoy armando un plan para hacer un relanzamiento muy fuerte, porque le descubrimos la vuelta a un par de cosas para encontrarle un respaldo con el dinero real. Es un proyecto que arrancó en el 2009 y nos trajo mucha satisfacción. Lo lanzamos en San Francisco, fue premiado y tuvimos un montón de repercusiones. Una idea diferente. Arrancó casi como un proyecto artístico y a medida que lo fuimos viendo fuimos pensando qué implicaba y cómo darle la atracción suficiente. Whuffie tiene varios usuarios y realmente vimos que se podía hacer algo en serio. El mundo es tan dinámico y está cambiando tanto, que yo no descarto la posibilidad de que termine de despegar. Estamos trabajando. Es una idea. Una idea loca.

Tan loca que llegó al TechCrunch... Llegó al TechCrunch y todavía le quedan varios capítulos por delante. Más que una carrera es una maratón. Es algo que se trabaja en diez, quince años, no de la noche a la mañana. En tecnología a veces se piensa que se está corriendo contrarreloj y que hay que lanzar ya, rápido, inmediatamente. En algunos casos eso es cierto, porque son espacios muy competitivos, pero cuando hacés algo tan radicalmente diferente te podés dar el lujo de tomar perspectiva sobre las cosas y ver qué están haciendo los otros que hacen algo parecido, y ver si la pegan o si fallan, e ir aprendiendo. El Whuffie tiene que ver con eso. Tiene por lo menos un espíritu y un ideal que resuena muy bien en la gente. Me encontré con economistas que me bancaban a muerte, y con economistas de ultraderecha, hasta economistas mar-

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xistas, ultra comunistas, que me la hicieron mierda. Encontrás voces de todo tipo. Yo aprendí a descreer de los expertos. Hay algo espiritual en el Whuffie, y es cuestión de ir descifrando eso. Igual el feedback que me da la gente que sabe mucho de economía me sirve un montón y me ayuda a solidificar mis argumentos a favor. ¿Y cómo fue la experiencia de presentarlo allá? Fue súper divertido. Este fue un proyecto hecho con amigos. Lo arranqué con Martín Añazco, fundador de Livra, que es una consultora on line a la que le fue muy bien; con Diego Meller (también fundador de Livra), y con Emiliano Kargieman, que es mi mentor, un tipo que me enseñó muchas cosas. El proyecto nació en nuestro tiempo libre. Nos inspiramos en una conferencia en Texas, medio futurista, que ins-

«Acá intelectualmente hay que animarse a tomar más riesgos y a entender lo que implica el riesgo. Implica que vas a fracasar, que te van a salir mal las cosas, que vas a perder plata… pero también hay instituciones e infraestructura que te van a ayudar a tomar riesgos en los lugares indicados.»


das son tomadas muy en serio, porque hay una cultura de que esas ideas de repente sí pueden cambiar el mundo. Hay una cultura mucho más sana de no desestimar ideas locas y realmente ponerse a pensar el futuro de la humanidad. Es un lugar que te da la posibilidad de ver los proyectos de tecnología con ese nivel de profundidad. Nos divertimos mucho, hicimos como un minidocumental. Sabíamos que estábamos lanzando una idea muy loca, no era que estábamos lanzando una compañía. El año anterior había lanzado Popego, entonces me lo tomé con mucho más divertimento y menos presión. Hasta fuimos disfrazados con corbatas, como investigadores científicos de la década del ‘50. Fue un lindo momento de mi vida. Estás yendo y viniendo todo el tiempo de la costa Oeste. ¿Qué vas a ver y de qué vas a hablar? Lo que tiene San Francisco, o toda esa zona, Palo Alto, Silicon Valley, es que es un lugar donde las conversaciones que uno tiene encuentran un circuito mucho más veloz. Si yo le comento a uno, ese va a conocer a otras cinco personas que van a estar más o menos en lo mismo, e inmediatamente aterrizás en un contexto de gente que tiene mucho que ver con las ideas que estás pensando a diario. San Francisco es la escena de Internet y tecnología por excelencia, y cada vez que estoy allí, voy a alguna conferencia, a visitar amigos, a ver inversores míos que están viviendo allá y a conocer otros proyectos. Es un baldazo de ideas. Mi empresa está en Argentina y trato de contratar talento que esté en Buenos Aires. Me interesa mucho generar ideas con una visión mucho más cosmopolita del mundo, desde acá. Yo me pego un tiro si hago el Groupon para Argentina. Me pego un tiro. Me parece que es necesario, que existe ese tipo de emprendedor, que quiere hacer guita, y si ese es su objetivo, es muy factible, pero me parece despreciable. Poner la guita como primer objetivo no da, ¡y no me podés decir que estás haciendo el Groupon para acá porque te apasiona el tema de los cupones! Estás queriendo hacer guita, nada más, y esa me parece una interpretación muy errónea de lo que es el dinero. El dinero es un elemento, un combustible para

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alimentar grandes ideas y no el fin; es el medio. Soy muy crítico de esa mentalidad. ¿Cómo es el proceso para vender las ideas afuera? ¿Cómo pasás de esa mentalidad consumidora a una mentalidad creadora? Lo primero que aprendí vendiendo ideas es que a todo el mundo le chupa un huevo las ideas. Cualquier persona con algo de experiencia sabe que las ideas van y vienen; la puede tener uno o la puede tener otro. Una idea puede tener una tesis muy buena ahora, pero el día de mañana cambia el mundo y te la tenés que meter en algún lado. Lo que mira cualquier persona con experiencia (y creo que esto debe aplicar a todos los que intentan vender ideas) es a la persona detrás de la idea. Su entusiasmo, sus ganas, las cosas que ha hecho, si ha podido demostrar algo. Si es un pibe de 20 años que en su tiempo libre se dedica a hackear cosas para realmente demostrar que puede hacerlo. Si es una persona de 40 años que realmente tiene un montón de experiencias emprendiendo, llevando adelante proyectos. Siempre más valioso que la idea es el talento que está detrás de la idea. La idea es algo muy relativo, es algo que cambia; las ideas merecen ser libres, pasar de una cabeza a otra, nos iluminan a todos, pero el diferencial es el tipo que hace, versus el que dice. Y el que hace tiene un plusvalor enorme, y un inversor ve eso. La primera vez que me junté con inversores fui re-entusiasmado a contarles mi idea y lo buena que era. Después de una hora de presentación, el tipo lo único que hizo fue preguntarme de mi vida, de dónde venía, qué había estudiado, qué quería hacer más adelante. Y entendí que lo que estaba buscando el tipo era a la persona. Si cuando todo se vaya al carajo esa persona va a estar ahí para remarla contra viento y marea; porque es lo que se necesita para llevar adelante este tipo de proyectos. Por eso hay que formarse como persona, como emprendedor y como hacedor; porque las ideas, cualquier mente curiosa puede capturarlas. Las ideas muchas veces son la influencia de dos ideas combinadas. Nadie puede atribuirse el ser generador de una idea. Los escritores, los buenos músicos, están conectados con otra cosa…

«A medida que Internet se sofistique va a haber nuevas técnicas de interpretación de lo que es el dinero y nosotros lo que queremos hacer es entender que se puede pensar en una moneda basada en la reputación y no ya en lo material.»

Tienen una antena mejor. Es eso. Una antena mejor y un procesador mejor para transformar lo que esa antena les capta. Hay una charla de TED que me gusta, de la escritora de Eat, Pray, Love, y que trata de los genios. En la época de la Antigua Grecia, los genios eran una categoría de dioses que te soplaban una idea. No atribuían la genialidad a la persona, eso es muy de esta época capitalista, donde se incentiva el nervio del ego y es una cosa muy individualista. Para mí no va a ser siempre así. Para mí Internet justamente puede contribuir a hacer un cambio de mentalidad importante con relación al individuo, porque estamos mucho más conscientes de los vínculos sociales, los tenemos mucho más presentes, frente a una pantalla todo el tiempo. El hecho de que nuestros vínculos sociales no dependen tanto de una geografía implica un cambio mental importante que para mí derriba el tema del individualismo de los ‘90 en medio del liberalismo extremo… Bueno, yo soy medio liberal así que no me voy a hacer el…

¿Los proyectos en los que están son comisionados, subvencionados, salís a buscar inversores? Popego tiene inversores. Nosotros tenemos dos fondos de inversión: Aconcagua Ventures, acá, y Monashees Capital, de San Pablo, que la verdad es un fondo formidable de Brasil. Son los número uno y Brasil está teniendo un momento de explosión cultural, técnica, política... en todo sentido. Brasil está pasando un proceso espectacular porque tiene un mercado enorme y una cultura bastante americana en el sentido de que se creen mil, se miran el ombligo, les chupa un huevo lo que ocurre dentro de sus fronteras y tienen una personalidad muy marcada y son grandes a nivel geográfico y de población. Primero invirtió Aconcagua, después Monashees; en total Popego debe haber tenido unos 820 mil dólares de inversión, y lo que fuimos haciendo fue encontrarle la vuelta al modelo de negocio. En un principio empezamos haciendo un producto muy desde nuestra torre de marfil, pensando una mega idea que cuando la lanzamos fue un aplauso de crítica pero el usuario no la terminaba usando. Entonces volvimos al pizarrón. Esta es una cuestión darwinista, uno tiene que adaptarse al mercado, el que no se adapta muere y esa es la triste realidad. Entonces descubrimos dónde había realmente demanda por la tecnología que hacíamos y encontramos demanda en lo que es publicidad on line, digamos la tecnología para optimizar la publicidad on line. Con eso nos fue muy bien, generamos nuestros primeros revenues. Ahora entendemos que hay una explosión extraordinaria en todo lo que es social media, así que estamos aplicando nuestra tecnología para eso. Hoy la compañía funciona, es sustentable. Hay muchísimo potencial para lo que estamos haciendo y a mí me interesa mucho que desde América Latina se generen ideas potentes y ambiciosas. Emprender es un proceso que te enseña muchas cosas. La primer lección que aprendí es que es una mierda. Yo descubrí las crisis nerviosas, la psicología, los chamanes en el Alto Perú... descubrí de todo por estar deprimido por lo difícil que es emprender. Es realmente muy difícil.

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hay una necesidad mental de construir proyectos propios, y en Argentina es mucho más lo que uno puede aportar. Me parece que el que puede ir a hacer una experiencia allá lo va a enriquecer un montón. Pero está claro que la cantidad de cosas que hay para hacer acá son tan evidentes que hay que pensar en eso.

En un momento todos morían por ir a Estados Unidos, entrar al campo de entrenamiento de Paul Graham para salir con alguna garantía de éxito o, por lo menos, con un par de inversores bajo el brazo. ¿Nunca te tentó la idea? Paul y el Y combinator… Eso está bueno porque es lo que inspira Paul Graham, que es un tipo notable. Estados Unidos es un magneto, un polo de atracción. Lo hace Paul y lo hacen algunas universidades también, cualquiera que quiera seguir el camino académico de Stanford, MIT, Harvard, etc., son todos polos de talento y no está mal que uno quiera ir y tratar de demostrar. Es hipercompetitivo; si uno tiene con qué, es un lugar donde se va a nutrir un montón. La contrapartida es que en Estados Unidos hay muchas cosas ya hechas, y en países como el nuestro hay mucho por hacer. Está bueno poder aportar al país de uno. Hay un sentido de pertenencia con el lugar donde uno nace y está bueno ir allá para inspirarse y traer ideas para hacerlas acá. La verdad, me tienta todo el tiempo y no descarto hacerla en algún momento de mi vida. Si no lo hago es porque el estilo de vida que hay que tener allá es más para cuando tenés dos hijos y querés estar muy tranquilo. Preferiría irme a New York que a San Francisco. Siempre me interesa ir. Todos los años viajo y he estado unos cuantos meses, pero al mismo tiempo

Bueno, ¿y qué hacemos ahora que se fue Steve? (*)Y, ¡llorar! La verdad es que me gusta mucho la figura de Steve Jobs. Yo siempre fui de tener ídolos: Maradona, Steve Jobs, Charly García... Son los que prueban realmente. Son la constatación de que leer el manual de la vida no es garantía de nada. Vivimos en una sociedad muy heredada de la revolución industrial, muy sistemática, muy de bajar línea, y nos damos cuenta de que cada vez importa menos. Estos tipos son referentes de algo que decía Apple en los noventas: “Think different”. Es seguir el instinto de uno. Vale la pena tener una mirada personal sobre las cosas y tener un camino propio, no está mal. Relativiza un montón de los valores propios, eso de que hay que terminar el colegio... Bueno, hay que terminar el colegio... pero por la autoestima de uno, no por los demás... O ir a la universidad, hacer la carrera corporativa… Estos tipos representan una mentalidad muy dife-

«Hay muchísimo potencial para lo que estamos haciendo, y a mí me interesa mucho que desde América Latina se generen ideas potentes y ambiciosas.»

(*) Esta entrevista fue realizada en septiembre 2011.


rente. Bill Gates mismo. A mí me gusta mucho eso. Los uso como puntos cardinales en momentos en que uno puede estar confundido con el camino que eligió. Lo que hay que entender es que la vida tiene más que ver con un proceso que con un fin. Trabajar por el buen sueldo y el bono corporativo a fin de año no cierra tanto la ecuación como disfrutar del trabajo que uno hace. Y Steve Jobs, Maradona y Charly García eligieron trabajos que les apasionaban, y por eso son buenos haciendo lo que hacen. Cada uno en su materia fue el mejor.

dos iguales... Hoy la gente de 20 años tiene muchísimo más poder que la gente de 50, 60 años, por la penetración de lo informático y por saber manejar las herramientas que hoy realmente mueven el mundo. Estamos en una época muy interesante desde ese punto de vista. Revolucionaria, no pavota o rebelde como el Mayo Francés, sino muy concreta. Pibes de 20 años haciendo compañías de miles de millones de dólares. Hablábamos de los errores más comunes, y es que el poder nubla. Yo me he nublado, y después salís y vas aprendiendo.

¿Cuál creés que es el error más común en tu profesión? Hoy me toca entrevistar a muchos pibes de 20 años que me hacen acordar a mí cuando tenía 20 años. ¡Me siento un viejo con 28! Un pibe de 20 años que se cree mil, que cree que ya tiene todo para conquistar el mundo... Cometí ese error muchas veces. Lo que fui aprendiendo en mi carrera es a ser cada vez más humilde, a bajar un poco los aires. Porque también lo que ocurre es que vos tenés 12 años, tenés una computadora, estás conectado a Internet, sabés programar, entrás al sistema y sos el capo de tu clase porque podés hacer un virus que le rompa la máquina al profesor y tenés mucha popularidad. A mí me decían “sos el Bill Gates de la familia”... ¡Imaginate la presión que es para un chico de 13 años! ¡Te querés matar! ¡Sentís que tenés que ser millonario a los 18! Y como sos chico, por ahí te creés que sos el Bill Gates de la familia... Lo que pasa es que está lleno de gente que es hoy el Bill Gates de su familia; y es problemático porque entonces hoy, chicos de 18, 19 años, que arrancan esta carrera, se quieren llevar el mundo por delante. Como en cualquier lado, me imagino. El tema es que la computación les da mucho poder a las generaciones jóvenes versus las viejas. El quiebre generacional que hay es extraordinario. En los ‘60 hubo un quiebre generacional, pero era música, drogas, arte, cultura... Y el fin práctico y pragmático de todo eso se erosionó cuando se terminó la Guerra de Vietnam, o Manson mató a un montón de gente y de repente se vio el otro costado de las drogas, y de repente no era tan gracioso el amor libre y to-

¿Hay alguno de esos errores rotundos o experiencias que hoy destaques como memorables en tu camino al éxito? Nada tan grave. Los tipos que invirtieron en mi compañía sabían perfectamente en qué estaban invirtiendo. A qué le estaban apostando, el riesgo que corrían. Es lo que se dice smart money, plata de la misma industria, de la misma experiencia; no tomé plata de Amalita Fortabat que quería derrochar tres palos verdes en estos locos y después quería reclamar resultados. Siempre fue gente que sabía dónde se estaba metiendo. Entonces en ese sentido había una responsabilidad, pero los errores, a veces desaciertos, tienen que ver con entender que no todo depende de uno: son ajenos, externos, o tienen que ver con el mundo. Yo me acuerdo de ir a buscar capital a Estados Unidos en el 2008, cuando se fue todo al carajo. Y fue todo de un día para el otro. Yo tuve un martes una reunión con una empresa donde íbamos a firmar un contrato muy bueno para mi compañía, para una empresa de San Francisco, destinado a optimizar sus datos. Cuando el jueves voy a cerrar el contrato, ¡habían cerrado la compañía! Como en las películas, los veías saliendo con sus cajas. El miércoles habían tenido reunión de directorio y los inversores quitaron la guita porque se iba todo al carajo por las hipotecas. Hay un factor suerte también. Qué es la suerte es una pregunta mucho más profunda, pero que existe, existe. Hay un factor externo a uno, y los errores a veces tienen que ver con eso, no hay que tomárselo muy personal.

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Con tu crecimiento mediático llegó tu columna en Basta de Todo y tu debut actoral. ¿Cómo fueron esas experiencias? Ah, mi debut actoral fue muy divertido. Vino de arriba, yo no me lo esperaba. Me llamó un día la gente de Young & Rubicam porque querían hacer una publicidad. Una semana después estaba filmando y me sentí Darín por un fin de semana. Vi cómo se hacía una publicidad, me hicieron prueba de vestuario, hice un pequeño casting, me dieron el guión. Y yo les decía: “¿En serio esto va a salir en todos lados?”. “Y... sí.” Me divertí mucho. Creo que tiene que ver con que después de la película La Red Social nos pusimos de moda los que trabajamos en Internet, y se ve que yo daba muy bien con el estereotipo del pendejo de la computadora que tienen los publicitarios, medio ñoño. Los anteojos… ¡Claro! Yo uso lentes de contacto, pero para la publicidad me volví a poner los anteojos porque quería dar con el cliché. También este año me invitaron a hacer la TED, que me encantó hacerla. En mi vida hablé en un evento tan bien preparado como ese, y eso que estuve en varios eventos americanos... y nada como los que organizó el TEDx Río de la Plata acá. ¿En qué sentido? De preparación. Me volvieron loco durante tres meses. Lo veían, lo revisaban, lo corregían, me decían: “Habla así, fijate si lo podés hacer más así”. Yo los putea ba. Me decían: “Tratá de hablar un poco más de vos mismo”; yo decía: “No quiero hablar

«Que primero venga la idea y después le encontramos el negocio. El negocio viene después; es como que se revirtió la manera de generar cosas.»

de mí mismo porque es medio egocéntrico”, etc., y terminó saliendo una charla que quedó impecable, con la ayuda de Santi Bilinkis y la parte organizadora. Fue toda una responsabilidad. Yo iba a hablarles a mil chicos de 16 a 21 años y ¡qué horror si le pifio en una con estos pibes! Fue todo medio de la mano, porque en la TED había conocido a Matías Martin, pegamos buena onda, me invitó a la radio, hicimos una entrevista normal y nos quedamos hablando como una hora y media al aire; iban saliendo temas, la gente preguntaba... Cabito y Schultz se entusiasmaron y

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me dijeron: “¿Por qué no venís todos los miércoles?”, y a mí me queda a la vuelta de la oficina y la verdad, yo ya era oyente del programa. Hace diez años, cuando yo hacía videojuegos, tenía mi oficina, que era chiquitita, y escuchábamos Basta de Todo. Yo ya sentía que los conocía a los tipos, ellos no me conocían a mí. La verdad, me generaron mucho cariño. Matías Martin es un fenómeno. Yo siento casi una obligación de hablar de tecnología. Lo que veía era que todo periodista que habla de tecnología a nivel masivo en los noticieros o lo que sea, son vendedo-

res ocultos del último teléfono de Samsung, o de Nokia, y no les creo nada de lo que están diciendo. Hablan mal, le pifian, muestran pavadas. La tecnología tiene que hacer pensar a la gente, no tiene que ser una cosa de consumo. Es un poco lo que decía en la TED. A ver, ¿qué es este telefonito que tengo acá?, está bien, tiene Android, puedo ver videos, ¿pero qué pasa si lo uso para programar cosas, qué representa realmente? Y la columna fue la posibilidad de hablar en un programa que es escuchado por medio mundo, sobre lo que más me apasiona. Todas las conver-


saciones que tengo al aire son charlas que tuve con mis amigos o con mis padres. El otro día hablé de Steve Jobs y la gente mandaba mensajes: “Estoy emocionado, me quiero comprar una Mac”, y eso es lo que yo les transmitía a mis viejos. A mí me interesa que la gente vea el cambio tectónico que está habiendo en el mundo por la penetración de Internet en nuestra vida diaria. ¿Qué significa cuando abrimos Facebook en nuestra vida diaria y hace cinco años no sabíamos ni qué era una red social? ¿Qué quiere decir realmente? Que está cambiando el mundo. Estamos conversando en Twitter con extraños todos los días como si fuera una cosa cotidiana, y hace tres años nadie usaba Twitter. Recuerdo que hice un relevamiento de cuánto usaban Twitter y... ¡éramos 10 mil personas! Y hoy creo que somos 700 mil o debemos estar llegando al millón. ¡De 10 mil a 1 millón en un par de años! Y ahora forma parte del mix de medios de cualquier agencia... Exacto. Está dentro de la pauta, está teniendo valor económico, está generando negocios. Una forma nueva de mirar las cosas. Está democratizando el conocimiento; ningún político o movimiento puede pretender imponer una visión. Ni el Grupo Clarín ni el gobierno pueden tener incidencia en este medio, y eso me parece extraordinario. Es tanta la luz que veo, por más que tiene aristas negativas... Podemos encontrar el vaso medio vacío en todo, pero lo veo con mucho optimismo y a veces caigo en esa cosa utópica de sólo ver las cosas buenas de la tecnología y nada más. ¿Sentís que se le encontró la vuelta al costado económico? En un momento todas las marcas salieron a caerles bien a los consumidores y entraron, por lo gratuito, en un proyecto de construcción de relaciones. La gran pregunta sigue siendo cómo se monetiza esa inversión. En eso consiste mi trabajo. Para entender la mentalidad del tipo que invierte en Google o el tipo que invierte en Twitter, por qué lo hace. Se habló de que Twitter vale 8 mil millones de dólares. No se sabe porque es privada, pero ¿por qué una compañía que probablemente tenga revenues de 50 o 100 millones de dólares

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(que es la nada para una valuación de 8 mil millones de dólares) vale tanto? El ciclo de la innovación se revirtió. Antes había la mentalidad de Henry Ford o de Edison o de los inventores de esa época, es decir, tiene que haber un negocio y a partir de ese negocio se construye. Lo que te permiten hoy Internet y los modelos modernos de capitalización, es poder invertir realmente. En Estados Unidos, para dar una dimensión de lo que ocurre, hay 100 mil millones de dólares por año para invertir en tecnología. En una década es un trillón de dólares. Es mucha plata, y eso da una infraestructura y un lujo donde vos podés decir: voy a invertir en 25 ideas, sin correr grandes riesgos porque tenés resto. Y esas ideas, probarlas y probarlas y ver si generan atracción y ver si generan volumen. Que primero venga la idea y después le encontramos el negocio. Se revirtió la manera de generar cosas. Google durante cuatro años no tuvo un peso de rédito y hoy está valuada en 150 mil millones de dólares en bolsa. Google es un poco la prueba viviente de eso. Incluso Apple cuando arrancó era otro modelo de negocio. Trajeron un CEO de Pepsi para que lo manejara de manera tradicional y hoy eso se revirtió y demostró que el producto importa mucho más, y que después el negocio viene solo. Lo que hacen Twitter y Facebook es generar volumen de usuarios, masa de usuarios, datos, datos, datos, ser dueños de esos datos y ser dueños, les da una perspectiva de 10 o 15 años para encontrar las máquinas para minar esa data y encontrarle valor. Y minar esa data puede implicar desde hacer aplicaciones de sentiment analysis o market research en tiempo real para esas marcas, o publicidad bien targeteda o bien teledirigida. Tiene que ver con aplicar técnicas de minería de datos y también con que bajen los costos de computación. La computación baja sus costos cada 18 meses a la mitad. Hay ciclos que corresponden al abaratamiento de las máquinas. Así que puede que Twitter no genere revenues por un par de años, pero tiene suficiente capitalización para invertir en infraestructura y darse un horizonte de tiempo para encontrar ese modelo de negocios. A Google le costó cuatro años encontrar su máquina de imprimir

billetes que es AdSense y AdWords, que revolucionó la publicidad e hizo la publicidad para el long tail, y Twitter está buscando eso. Para mí Facebook es a Twitter lo que Yahoo! fue a Google. Facebook arrancó primero e hizo un montón de features al igual que Yahoo!, que arrancó primero. Lo único que importaba de Yahoo! era el buscador, y Google se enfocó en lo único que importaba. Y lo único que importaba en la época de Facebook era el status y el tiempo real, y Twitter se enfocó en eso. Tiene que ver con los ciclos de innovación. Es muy contraintuitivo. ¿Cómo hacen plata los de Google? Yo busco y no encuentro: ¿dónde me están cobrando? A veces es ese 0,105% que hace click en publicidad y eso por mil millones de usuarios es mucha plata. Creo que tiene que ver con eso.

«Facebook es a Twitter lo que Yahoo! fue a Google. Lo único que importaba de Yahoo! era el buscador, y Google se enfocó en eso. Y lo único que importaba en la época de Facebook era el status y el tiempo real, y Twitter se enfocó en eso.»

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