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Pepina y el Artesano


AUTOR: René Julio Milla Auger

Dedicado a Jorge, Artesano de Puerto Aysén

Ariel el artesano: hola Pepina, ¿Cómo has amanecido hoy? Pepina: muy bien y muy lindo día y tu ¿como estas para comenzar tus labores diarias? Ariel el artesano: pienso que es un día grandioso, siento que algo va a suceder, pero no se que, chao te veo más tarde, que te vaya bien en la escuela… Pepina: a ti también con tus tallados Al rato estando solo Ariel: ¿Qué hare?, ¿Qué hare?... Se preguntaba mientras que con una vara movía la tierra, sentado sobre un tronco, pensaba y miraba, los trozos de ramas y troncos que tenía para hacer sus artesanías y de pronto se le vino una idea a la mente, tomo un trozo de madera y con un formón comenzó a darle vida a ese viejo palo, con paciencia sin que las horas lo apresuraran, tallaba y tallaba, lijaba y volvía a pasar la lija, cada vez más lento y meticuloso, porque si la herramienta se apresurara mucho, ya que podría romper aquella obra que delicadamente se había creado en su mente y en esos instantes era expresada por sus manos, siendo sus dedos una extensión de la herramienta. El afilado cortador que producía un ruido cadencioso, casi como la respiración, suave pero firme en aquel trozo de tronco que comenzaba verse diferente, tal cual


un no vidente pasaba sus yemas de los dedos sintiendo las imperfecciones de la madera que se había tornado suave como la seda, estaba creando una obra prodigiosa que solo a una persona con esa sensibilidad desarrollada se le podía presentar en su mente, después de una semana se encontró con su amiga pepina nuevamente… Hola Ariel, ¿como has estado, como van los trabajos?, pregunto la ratoncita… Ariel: justamente te andaba buscando para darte un obsequio que para ti he hecho ¿Para mí? pregunto Pepina Ariel: si para ti, mi querida amiga, acompáñame a mi taller, ahí lo tengo… Al unas pocas cuadras, llegaron donde se hacían las artesanías… Pepina pensaba y miraba en silencio, palos labrados, esculpidos y tallados, otros trabajos a la mitad del techo colgados cual si estuviesen esperando su turno de ser trabajados y otras maderas todavía vírgenes se encontraban en este lugar de ensueño, un olor intenso, a barniz y otros aromas que no sabría describir, era un taller mágico, ver todo esto me tenía realmente fascinada, describir esto, desde que pise este lugar, su entrada con un gran cartel que dice Artesanías Ariel, tallado finamente en madera que se encuentra a merced de los elementos, lluvia, sol, truenos, relámpagos, nieve, sin que este ajada o echada a perder, el angosto camino que nos condujo al taller, estaba marcado por exóticas figuras, fabricadas por las manos de un artista, ese banco de trabajo, con su lijadora y con sus prensas para madera, para que no dejara marcas el pegamento, lugar de artesanos y sus creaciones… Ariel: aquí esta esto lo cree para ti, toma en muestra del afecto que te tengo y por nuestra amistad, desde que fuimos chicos… La pequeña ratoncita, no podía creerlo, en sus manos tenía el tallado más hermoso que jamás hubiese imaginado… Pepina. Gracias, no puedo decirte nada mas dándole un beso en mejilla a su amigo artesano, que bello pingüino me has regalado… Ariel: no es tan solo eso es un joyero… Pepina: ¿un joyero? Y ¿Cómo se abre?... Ariel: inténtalo


La pequeña ratoncita por más que trataba, no podía hacerlo y Ariel la miraba empecinada en su cometido y se sonreía Ariel: te das por vencida Pepina: me gustaría intentarlo nuevamente, pero lo podría romper, por favor ábrelo tú… Ariel tomo el pequeño pingüino tallado en madera y girando el sombrero, quedo su panza abierta… Pepina no podía creer lo que estaba viendo un bello joyero y es tan fácil abrirlo. Cuando sabes por supuesto… Los amigos después de eso fueron a tomarse un jugo a casa de Pepina para mostrarle el trabajo que le había regalado su amigo, a su mama, esa ratoncita no cabía en sí, estaba muy contenta de tener una amistad tan maravillosa con Ariel el Artesano… Al otro día se encontraron los amigos… Pepina: Ariel que gusto verte, te quiero hacer un pregunta que me ronda hace días Ariel el Artesano: ¿que sería Pepina? Pepina: ¿quisiera saber cómo te inspiras, para hacer tanta cosa bella, sobre la madera? Ariel: es difícil de explicar, pero lo tratare de resumir, en las siguientes palabras... Como la flor se siega en el campo, cuando un enamorado la corta para su prometida, de eta misma manera, tomo la madera y la esculpo, con todo mi corazón, labrando curvas y oblicuas, rectas y combadas, largas y cortas, son los pases maestros que me llevan a la entrega total, para finalizar con un producto que se refina y se le da un valor agregado, La Paciencia. Generando lo que me gusta cuando estoy sentado o caminando por el bosque, al sentir el suelo hundirse por donde paso, se me asemeja mucho cuando mis herramientas besan la madera que labro, ese viejo tronco, áspero y sin vida va transformándose en una joya pulida. Siento la brisa soplar en mi rostro, con mis ojos cerrados, me detengo solo un instante en el silencio y al levantar mis parpados cruzando mi vista hacia el frente, ahí está, no te puedo decir a caso es magia o mera casualidad del destino, miro ese trozo inerte de madera ya sea en el mallín o flotando en el río, me viene un vestigio de claridad, que golpea mi interior aclarando que ahí, se encuentra lo que


ando buscando, lo tomo entre mis manos y voy imaginando la figura que formare, para que al termino le pueda poner una capa de tintura de indias o tal vez un barniz, dependiendo de lo que haya creado, para brindar un perfecto acabado, de esta forma finalizar lo que he tallado… Pepina: que hermoso, ¿pero hay un sentimiento que te mueve, para hacer todo este trabajo artesanal?, porque hay muchas obras tuyas en el pueblo… Ariel el Artesano: ¿Cómo poder explicar el sentimiento que me nace dentro?, solo creo que lo puedo expresar, tallando, fabricando, tiñendo y terminando lo que quiero expresar. Mis vivencias, mi niñez, mi recorrer la vida y mirar con otros ojos aquel pedazo de palo feo que se quema en la combustión lenta… Recuerdo una oportunidad que a mi hermana le había estado cortando leña, después entre y me senté frente a la cocina, sorbiendo mi mate amargo con las sopaipillas, que había preparado mi mamá, se había largado a llover profusamente, mientras que Raquel (mi hermana) alimentaba el fuego por la parte de la plancha (arriba), dejaba caer los palos en ese calor abrazador, que calentaba nuestro hogar en ese crudo día de invierno, de pronto le dije, “ese no lo quemes” me quedo mirando extrañada y lo puso a un lado, después de acabar ese mate, tome el leño y me lo lleve al taller, cepillándolo, delineándole con el formón y sombreándolo con el pirograbador, mientras hacia esta hermosa tarea, pensaba en mi hermana en los sueños que me había descrito cuando ella me los contaba… “El azul del Océano, que me envuelve maravillosamente, tal vez nunca lo conozca personalmente, pero siento que pertenezco a ese lugar, aunque no puedo ir, me llama su gentileza y su inmensidad, se suma a su bravura, su misticismo y sus profundidades, donde la flora y la fauna vive plena, sin temores, ya que ahí cobra significado la palabra naturaleza, el ser más débil en apariencia hasta el más fuerte en destrezas, son parte de ese gran ecosistema que es el Mar”… Pensando en estas palabras, dos días me dieron vuelta en mi cabeza, tallando la madera, para mi hermana, empotrando su presente en una base de Alerce, de pronto lo mire y me dije a mí mismo “está listo”… Fui donde ella y le dije Raquel esto es para ti, sacando el obsequio de detrás de mi espalda, ella me miro y me abrazo tan fuerte que quede sin respiración, cuando logre desprenderme de ese apretón, me dijo: “Hay Ariel la emoción de haber salvado un tronquito de la consumación de las llamas y que tu lo hallas transformado en este animal tan hermoso y que me lo vengas a regalar hoy, cumpliendo mi sueño anhelado, es mi entera satisfacción tenerte a ti como hermano”…


A la ratoncita al escuchar estas palabras se le anudo la garganta… Ariel: que te puedo decir Pepina, han pasado ya cinco años desde ese día que le regale ese Delfín y sigue luciendo, como si ayer lo hubiese fabricado, es por esta razón que medir con palabras, lo que realizó al tallar con mis manos, es difícil, la emoción que siento al hacerlo es aun mayor, al ver la cara sonriente de la persona que le he entregado alguna de mis obras talladas, en la vieja madera que puedo encontrar en este pueblo que es Puerto Aysén… No existe valor monetario que pueda pagar lo que la gente me grita cuando me ven: “Hola, Artesano Ariel, te invito a tomar un mate Che”… Pepina al escuchar estas palabras, sonrió diciéndole a Ariel, “un matecito en mi casa che, al parecer se va a descomponer el clima” Ariel: que le vamos a hacer, vamos pues… Partieron estos amigos en uno de esos días de Puerto Aysén, que dan ganas de compartir historias al lado de una cocina a leña y rodeados por los amigos, mientras afuera arrecia la tormenta y la pava se calienta, al son de las carcajadas y los cuentos de doña Jossefa, sus dedos solo dejan el crochet al llegar su turno de matear y remojar la lengua con la hierba amarga, que corre y corre haciendo hablar al que le da una probada, así pasamos esa tarde con mi amigo Ariel el artesano de mi pueblo… Pasaron unos días y se encontraron nuevamente… Pepina; Ariel el otro día no te pregunte ¿como te nació esta vocación o la aprendiste de alguien?... Ariel: desde que fui muy pequeño me atraía esta forma de expresarme, recuerdo que me regalaron una verijera rota (pequeño cuchillo que se usa en el campo para las faenas, Patagonia, Aysén), que se había roto, no sabía qué hacer y de pronto se me ocurrió la idea al mirar las ovejas, los perros y gatos de la parcela, en ese entonces tratar de hacerlos en madera, era chico, tendría unos seis años, la primera vez que trate de hacerle una muesca a la madera, ¡me corte!, no te imaginas, mi mama como gritaba y maldecía que me habían regalado esa verijera rota y a mí me tocaba la peor parte, el tirón de orejas y me escondieron la herramienta, pero mi inquietud iba mas allá, así es que tome una escofina, una lima y una lija fina, rapte de la cocina de mama un cuchillo que no utilizaba, me senté en la leñera a mirar las ovejas, ese día llovía y hacia frio, pero no sentía nada, cortaba y limaba y de esta manera pase la tarde entera, hasta que al final,


lije, lije, lije, hasta pulir el animal que había terminado, pero lo note muy pálido y que no se paraba, mi abuelo tenia aceite de linaza, así es que con un pincel lo embadurne y la base la hice, de una caja de fósforos, estuve toda la jornada, trabajando en la leñera, con la lluvia que caía fuera, mi mama me llamo a tomar onces y fue ahí, que le mostré, mi primera obra de arte… Ariel: mira mama le dije lo que he hecho hoy en la tarde… Sra. Enedina (madre de Ariel): con razón estuviste tan calladito, pensé que estabas haciendo maldades… Y cuando vio lo que había hecho, guardo un silencio y sus ojos me miraron como nunca lo habían hecho jamás, hasta ese instante, no sé si fue emoción, amor de madre, realmente no lo sé, porque me dijo: Sra. Enedina: ¿y esta oveja?... Ariel: mama es un perro… Sra. Enedina: a mí me parece una oveja… Ariel: pero mama y estire mi boca en son de estar disgustado, sin embargo ella sonrió y me beso en la frente y me dijo… Sra. Enedina: toma Ariel, esto te pertenece… Sacando de una caja de madera que tenia arriba de la alacena y desde dentro saco mi verijera, ahí la tenía guardada… Sra. Enedina: para que talles la madera que quieras toda tu vida… Ariel: desde ese momento, he cuidado esta herramienta como nunca y cuando me paso a llevar por descuido uno de mis dedos y sangra recuerdo a mi madre, tirándome la oreja por estar mirando hacia otro lado, que lección más grande me enseño mi madre ese día, a trabajar con delicadeza lo que quiero y anhelo, crear sobre un trozo de madera, y con respecto a tu otra pregunta ¿Cuál era?... Pepina: ¿si alguien te enseño? Pero veo que aprendiste solo… Ariel: te puedo decir que tuve un buen maestro, para llegar a comprender la utilización de todas las técnicas y el uso de las distintas herramientas, uno debe aprender del mejor y tuve la fortuna que uno de ellos me enseño… Pepina: ¿me puedes contar sobre eso? Ariel: por supuesto que sí. El maestro Chi-gu-lo me dijo un día…


“La Artesanía es la extensión De tus sentimientos, reflejados en tu ser Sobre la madera”

Con ese concepto quede claro que no entendía nada de lo que hacía, que solo lo creaba y eso era todo para mí… Pepina: cuéntame más sobre el Ariel: bueno mi maestro es un viejo ermitaño Pepina: ¿todavía está vivo tu maestro? Ariel: si vive en un monasterio, donde se juntan las cuatro torres y se alza la muralla de las gárgolas y la cuidan los condes… Pepina: ¿Dónde queda ese lugar? Ariel: después de la escalera del diablo, bajando por el abismo de las serpientes y pasando por el bosque quemado, encontraras los hielos del milenio, un poco mas allá entre la espesura hay una veranada, donde existe una pirca de piedras y atrás de ella una casa, ahí está mi maestro Chi-gu-lo… Pepina: ¿tardaste mucho en encontrar ese lugar? Ariel: bastante tiempo me llevo llegar ahí, si no me hubiese equivocado de camino, al partir por el sendero de la izquierda y no el de la derecha, nunca hubiera estado y conocido al mí maestro, que me perfecciono en este arte milenaría… Pepina: ¿y cómo era él? El artesano con la tranquilidad que lleva su obra, desojando una rama con su verijera, para una nueva obra le respondió… Ariel: es un hombre bajo, con su piel tostada al igual que el bronce de las campanas, que bañan los rayos solares. Su mirar tenia la profundidad de las constelaciones que en la noche se reflejan en el firmamento, parecía que sabía lo que estabas pensando.


Su taller lleno de herramientas y tallados, que no sabría como valorarlos, el me decía que esas obras, lo habían acompañado toda una vida y las demás seguramente recorrían el mundo, porque muchos viajeros, que daban con su ubicación, habían comprado esas piezas para llevárselas al extranjero. Al centro de su cabaña tenía una mesa y en las patas una indias nativas de la Región de Aysén, acarameladas, esmaltadas por el transcurrir del tiempo, en la pared un trozo de madera, esculpida, en la cual se encontraba desde la muerte hasta el nacimiento, pasando por la evolución del hombre, hecho en un color caoba magnifico… Estos trabajos fueron de hace años atrás, dijo, los forje a punta de piedra y arena y sigue suave y si te alejas, tu vista te engaña, diciéndote que esta disparejo y mal pulido. La soledad de estas montañas ha desarrollado mi ser, el complejo pero maravilloso camino de la contemplación de la naturaleza… Pepina: ¿eso te enseñaba tu maestro? Ariel: en la realidad esas eran las conversaciones que teníamos a diario, su enseñanza refleja otra cosa, me decía el maestro Chi-gu-lo…

“Siéntate en la pradera, con el celeste cielo sobre tu cabeza, Recibe el sol que se asoma en el horizonte, entregándote sus primeros rayos, Que generosamente te bañan en este instante. Cierra tus ojos y extiende tus manos, hacia la brisa que se levanta, Trata de recrear ese movimiento y que se refleje en lo que desees Hacer, Artesanía, Artesano creador de tu expresión… Te puedo enseñar a utilizar las herramientas, a pulir, cortar y ensamblar Pero dependerá de ti mismo, lo que quieras hacer con el talento que Te entrego, el Creador”

Ariel: después de pasar casi un año con el maestro, fue un momento difícil alejarme, al decirle que me devolvía al pueblo, para emplear lo que con él había aprendido…


Pepina: ¿y qué te dijo? Ariel: me miro y con una voz suave como dándome una bienvenida

“sigue tu sendero, siempre Y no te desvíes otra vez, No te dejes desanimar, Por más que lo intenten, Y no dejes de hacer Lo que realmente te hace feliz”

Desde esa vez no lo he vuelto a ver, pienso que anda recorriendo el mundo en búsqueda de sus trabajos, ya que esos eran sus planes al terminar su obra maestra… Pepina: ¿y cuál era es obra? Ariel: realmente no lo sé, me decía que le cavia en la palma de la mano, se podía guardar en un bolsillo y que era la historia de la creación del universo entero… Pepina se quedo pensando por largo rato, mientras que su amigo Ariel, se estaba sirviendo unos mates. Para apagar la sed y luego le dijo… Sabes Ariel pienso que tu maestro estaba labrando una Mándala, le dijo Pepina... Ariel: ¿qué es una Mándala? Pepina: es un círculo perfecto unido por varios ángulos, que al crear el movimiento de cerrar y abrir, te cuenta la historia del Universo entero, desde su creación… Ariel: que bueno es hablar contigo Pepina, nuestras conversaciones son bastantes interesantes… Pepina: ¿y qué piensas ahora de lo que haces? Ariel: tal vez no es lo que pienso sino más bien lo que siento, al brindar identidad a un trozo de madera inerte, que el día de mañana adornara una pared, un banco o la encontrare en una plaza con una placa y esto te lo podría resumir en satisfacción de hacer lo que me gusta, querida amiga Pepina…


Pepina: estoy muy contenta de ser tu amiga y haber conocido un poco más de lo que es ser artesano y luchar por la artesanía en Puerto Aysén…

FIN

Pepina y el Artesano  

Pepina relata como ve la artesania con uno de sus amigos Artesanos

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