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Dedico esta tesina a los sacerdotes del instituto religioso “Hijos de la Caridad�, quienes me inculcaron un gran amor por los trabajadores. Especialmente, con profundo respeto y agradecimiento, para el Padre Bernardo Claireau, hc.


Seminario Mayor de Texcoco FACULTAD DE FILOSOFÍA

FILOSOFÍA DEL TRABAJO Un acercamiento antropológico

Presenta: Reinel Maya Ojeda

Asesora: Lic. Lidia Pachicano Pérez

Tulantongo, Texcoco, Edo de México, Marzo - MMX 2


“El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos.” José Martí

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ÍNDICE

PROEMIO ................................................................................................. 6

CAPÍTULO I: VISIÓN HOLÍSTICA 1.1.

Etimología de ‘trabajo’ .................................................... 9

1.2.

Visión bíblica. El trabajo como castigo ......................... 11

1.3.

Aristóteles. Trabajo y esclavitud ................................... 13

1.4.

Una mirada cristiana ....................................................... 18

CAPÍTULO II: UN ACERCAMIENTO ANTROPOLÓGICO 2.1.

El mono y el trabajo ........................................................ 22 2.1.1. El trabajo: definición antropológica ...................... 23 2.1.2. Engels y el mono .................................................... 24 2.1.3. Engels hoy ............................................................... 27 2.1.4. El trabajo hoy .......................................................... 29

2.2.

El trabajo en Marx ............................................................ 29 2.2.1. Dualidad del trabajo ................................................ 30

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2.2.2. Trabajo concreto ..................................................... 31 2.2.3. Trabajo abstracto .................................................... 32 2.2.4. Fuerza de trabajo .................................................... 34

2.3.

Una antropología del trabajo .......................................... 36 2.3.1. El hombre ................................................................ 36 2.3.2. El sentido de la existencia ..................................... 38 2.3.3. El descanso y la ociosidad .................................... 40 2.3.4. El creciente desempleo .......................................... 41

CAPÍTULO III: EL TRABAJO HOY. UNA NUEVA SIGNIFICACIÓN 3.1.

Trabajo: Manifestación de la intimidad de la persona .. 45

3.2.

Sentido del trabajo ........................................................... 47

3.3.

El trabajo como don ........................................................ 48

3.4.

Autorrealización en el trabajo ......................................... 50

3.5.

Una nueva concepción de trabajo .................................. 52

3.6.

La jubilación: ¿contradictio in terminis? ....................... 54

CONCLUSIONES ..................................................................................... 58 BIBLIOGRAFÍA ........................................................................................ 61

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PROEMIO

La filosofía intenta dar respuestas a todos los interrogantes del hombre. Quiere solucionar por el método especulativo toda la problemática de la vida humana, y si no, al menos pretende entenderla. El sentido de su vida, el por qué de su existencia, la razón de su ser y su quehacer, todo cuanto le afecta o aparece ante él es objeto de su estudio. En toda la rama filosófica podemos encontrarnos con estudios de corte epistemológico,

ontológico,

ético,

antropológico,

incluso

histórico,

precisamente porque de todo se puede filosofar; pero parecería que la filosofía queda relegada a lo teórico y pocas veces se le vincula a la praxis. Lo que hoy entendemos como “sociología” es una de las aplicaciones de la filosofía a todos los problemas de la convivencia humana; pero hay aspectos sociológicos que tienen su ser más profundo en problemas antropológicos, uno de ellos es el trabajo. El trabajo pocas veces ha sido blanco de referencia en el estudio filosófico, puede decirse que no existe propiamente una filosofía del trabajo, aunque en estos tiempos comienza a despuntarse ya un interés para abordarlo desde la filosofía. Se le ha contemplado muchas veces en su dimensión política, económica, sociológica, psicológica, etc. y que resultan más atrayentes, pero pocas veces –y es mi interés con este trabajo- se le ha valorado y estudiado en la dimensión antropológica. Es difícil tratar este tema sin tender a los extremos, pues aunque el trabajo no es un fin en sí, por ser la actividad más propia del hombre debe ser contemplado en su aspecto antropológico y no ser reducido a un análisis superficial deplorando su auténtico valor en la visión que aporta del hombre que incluso la misma antropología ha de atender con verdadera animosidad. Ha cambiado mucho la valoración que el hombre le ha rendido a esta noble actividad, desde su concepción primigenia hasta su posición actual. Podemos decir que ha evolucionado el pensamiento del hombre respecto al 6


trabajo, pero también afirmaría sin temor al error, que el pensamiento del hombre, incluso el mismo hombre, ha evolucionado y alcanzado mayor madurez gracias al trabajo. Es más, sin el trabajo el hombre sería menos hombre y la creación no estaría acabada. Es por eso que hemos querido abordar este tema que pocos se han atrevido a atender, porque casi no nos hemos percatado de la importancia que reviste y porque culturalmente sigue siendo confinado a problemas ideológicos y políticos de los que ya estamos cansados por tanta manipulación. El trabajo es un rol básico y central en la vida para los seres humanos, por la cantidad de tiempo que dedicamos a trabajar, porque permite la satisfacción de necesidades económicas y sociales y por su relación con otras áreas de la vida. Sin embargo, la importancia que el trabajo tiene en la vida, varía de una persona a otra y es un componente central del conjunto de creencias, valores y actitudes que constituyen su significado. La centralidad del trabajo se refiere a la importancia que el trabajo tiene para una persona en su vida en un momento determinado. El objetivo de este trabajo es estudiar los cambios que se han producido en su concepción y valoración, así como la importancia que el trabajo tiene para la sociedad actual. El ser humano es el único capaz de realizar un trabajo creador, es decir, productor y generador de cultura. Las sociedades humanas se distinguen de otras formas de agrupaciones dentro del reino animal porque poseen cultura y ésta se desarrolla permanentemente en el tiempo, se da en todo tipo de sociedades. En este estudio pretendo mostrar el desarrollo que ha tenido el trabajo desde sus orígenes hasta nuestros tiempos, desde su concepción primera hasta la visión actual y sus implicaciones en la realización humana. Es de gran curiosidad y de interés para la filosofía constatar que de haber sido tenido como una actividad lastimosa y propia de esclavos ha llegado a conquistar un puesto de suma consideración en la felicidad humana, tanto así que por el trabajo nos sentimos realizados y útiles a la sociedad, al punto

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de que la mal llamada “jubilación” es muchas veces antesala de la frustración y la muerte. ¿Cuántas personas que han sido retiradas de la actividad laboral y confinadas al ocio (aunque con un salario de retiro) han caído en la angustia, la enfermedad y una muerte acelerada? De castigo ha pasado a ser un derecho, de inferioridad y poca estima se ha convertido en útil herramienta para el orden social y el progreso de los pueblos, de embrutecimiento se ganó la corona de don y premio para quienes con sus capacidades lo han conquistado. ¿A qué se debe esta evolucionada consideración? ¿Qué ha dicho la filosofía sobre ello? ¿Qué tan relevante es este tema en el pensamiento y la vida del hombre moderno? En el primer capítulo se presenta una visión holística del mismo, desde su etimología hasta las distintas concepciones que ha tenido; el segundo capítulo intenta realizar un acercamiento antropológico al concepto de trabajo apoyado en el pensamiento de Engels y Marx y los problemas que de ello se derivan, y en el último capítulo se aborda desde la antropología, el ser mismo del trabajo, su importancia, y la relación con los problemas existenciales del hombre, llegando a reconocerlo como parte esencial y necesaria del mismo.

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CAPÍTULO I: VISIÓN HOLÍSTICA

1.1.

Etimología de ‘trabajo’ El origen etimológico de „trabajo‟ es muy incierto, pero existen diversas

teorías que intentan explicar la evolución del término. Parece haber discordancia entre los estudiosos del tema que pueden distinguirse en dos grupos principales, los que encuentran un origen latino en el vocablo y los que lo explican desde una raíz indoeuropea. En el primer grupo tenemos a Rodríguez Nava, quien refiere su procedencia del griego trapeex, pasando por el latín trabea (perteneciente a la viga); y también encontramos a Juan Corominas, quien afirma que „trabajo‟ proviene de tripaliare, verbo que deriva de tripalium, vocablo latino del siglo VI que designa una herramienta de tortura formada por tres (tri) estacas (palium) a las que se amarraban los esclavos para ser azotados. Por lo que, según Corominas, el término se asoció a cualquier situación que produjera dolor, fatiga, cansancio, o tuviera alguna relación con el castigo. 1 El segundo grupo lo conforman aquellos que comulgan con el estudio del lingüista francés Yves Cortez2, quien critica a los anteriores y descalifica sus planteamientos en razón de lo que él denomina “etimología falsa” y que consiste en encontrar una palabra latina o en una lengua vecina que se asemeje en su consonancia a la nuestra y se declara que procede de ella. Para Cortez toda palabra larga es compuesta, y en la descomposición de la palabra encontraremos su raíz etimológica que reposa en lo que él designa „radical‟. Él descompone „trabajo‟ en dos, T y rabajo y centra su atención en la segunda de la que extrae el radical RB. Según Cortez las vocales son muy inestables, pero las consonantes tienden a permanecer iguales con muy pocas alteraciones fonéticas. Es por ello que el radical RB de trabajo puede encontrarse como RV, LB y LV. Así, la misma palabra y 1

Vid. http://etimologias.dechile.net/?trabajo Autor de un interesante ensayo sobre el origen de las lenguas romances: Le français ne vient pas du latin ! Essai sur une aberration linguistique. 2

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palabras familiares en las distintas lenguas indoeuropeas presentan este radical y sus variantes. Ejemplo de esto estaría en arbeit (alemán), rabot (ruso), lavoro (italiano), labor (latín), travail (francés) y las familiares en francés: larbin (criado), corvee (faena) y turbin (tajo).3 Hay que tener mucho cuidado con la lectura de radicación. Sólo porque las palabras parecen tener la misma raíz, no quiere decir que tengan una relación. Si no podemos confiar en raíces completas, menos puede hacerse tomando sólo unas consonantes (RB en este caso). En lo que respecta a Rodríguez Nava, autor del Diccionario Completo de la Lengua Española, uno intuye que la compulsión y el castigo que refiere Corominas tuvieron más que ver con el trabajo que las “vigas” que él plantea y que nada dice. El trabajo para Corominas, por una evolución metonímica pasó de un instrumento de tortura a ser los efectos de la tortura misma: „penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz‟ 4, explicación aceptada por la Real Academia de la Lengua Española.5 Con el tiempo los rasgos más específicos de su significado se fueron perdiendo. Tripaliar ya no era atar a alguien al cepo sino concederle tormentos similares por medio del esfuerzo físico. En un escrito de finales del siglo XVII puede verse ejemplificada esta conexión: [...] cuando veáis que Dios envía trabajos, hambres, necesidades y guerras, no os aflijáis ni penséis que Dios no se acuerda de vosotros, que no hay cuando más os quiera que el día que os da trabajos: ya la persecución, ya la enfermedad, ya la muerte del padre, ya la del marido, ya la pobreza [...]6

Si el sufrimiento lleva unida una retribución económica, ya está aquí nuestro actual concepto de trabajo. Se trata nuevamente de una evolución de índole metonímica, pues el sufrimiento está presente en cualquiera de las actividades con las que nos ganamos el pan.

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Cf. Ibídem. Cf. Diccionario de la lengua española: trabajo, 9 5 Cf. Alberto BUSTOS, Etimología de ‘Trabajo’, disponible en http://blog.lenguae.com/2008/etimologia-de-trabajo/ publicado el 16 de febrero de 2008. 6 Cf. Cristóbal LOZANO, El Rey penitente: David arrepentido, 3.ª impresión, Valencia 1698, 9. 4

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El énfasis en el padecimiento de la actividad o, alternativamente, en su resultado y en el carácter creativo de la misma recorre el sentido etimológico que se traslada, como ya vimos anteriormente7, a la mayoría de las lenguas modernas, no apenas a las de origen latino o indoeuropeas sino también a la definición misma de trabajo en cualquier diccionario moderno. Numerosos estudios infieren que la palabra traduce el pasaje prehistórico de la cultura de la caza y de la pesca a la cultura agraria basada en la crianza de animales y en la labranza de la tierra.

1.2.

Visión bíblica. El trabajo como castigo

Es importante conocer la etimología de las palabras, como en este caso, ya que por ellas comprenderemos mejor, no sólo su significado, sino también y mucho más el proceso histórico que la contiene. El trabajo se ha visto envuelto con esta triste significación que se le ha conferido, al punto de que muchos afirman que es producto del castigo divino y que se ha malentendido de la cita bíblica: trabajarás con el sudor de tu frente para ganarte el pan (cf. Gn 3, 19), palabras puestas en boca de Dios para reprender al hombre por su desobediencia. Pero… ¿es en realidad en la Biblia el trabajo consecuencia del castigo divino? El Dios bíblico no es un deus otiosus, como los dioses de Mesopotamia, la Biblia en su primer libro nos presenta al Creador trabajando continuamente. De la nada lo ha creado todo (cf. 2 Mac 7, 28) y todo lo ordena y conserva (cf. Sab 11, 25). El hombre fue puesto al centro de la creación como cooperador de la obra de Dios. Está bien claro en la Biblia que desde el instante en que Dios crea al hombre lo pone en el Edén para que lo cultivara y lo cuidara (cf. Gn 2, 15). Luego, ¿de dónde viene esta idea de castigo en las Escrituras? Dios en la creación nos proporciona todos los bienes que necesitamos, pero el Edén necesita el trabajo del hombre para darle auténtico valor a 7

Vid. supra 9

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todos estos recursos. Dios continúa su actividad creadora a través del hombre, Él es Señor y dueño de todo (cf. Sal 24, 1; 50, 10), pero el hombre es administrador de su obra, tiene la misión de dominar el mundo y hacerlo fecundo (cf. Sal 8, 3-8). Contrasta con esto la visión de los babilonios donde los hombres fueron creados para servir como esclavos de los dioses. La imagen negativa que se ha construido del trabajo en la Biblia procede del relato que describe la desobediencia del hombre a Dios, provocando una ruptura con el Creador que tiene consecuencias en su relación con el universo. El trabajo ahora se caracterizará por la “condena”. Se convierte en una dura necesidad. La tierra se vuelve infértil y el hombre tendrá que esforzarse para subsistir. Esta ruptura trae al hombre el sufrimiento ligado a sus esfuerzos. “Lutero había retenido de la Biblia el acento puesto en la pena y la condena ligadas al trabajo después de la caída.”8 Pero el trabajo no es en sí mismo objeto de maldición, no es la consecuencia del pecado, porque, como dijimos, es anterior a él; pero el suelo se hace duro y viene la fatiga y el dolor producto de esta desobediencia. La tierra va a estar bajo maldición por su culpa y tendrá que trabajar duramente para hacerla producir su alimento (cf. Gn 3, 17). El hombre “no considera el trabajo lógica consecuencia de su existencia, sino como una condena, que él tiene que cumplir sin culpa alguna.”9 El trabajo pertenece a la naturaleza misma del hombre, creado a imagen de Dios (cf. Gn 1, 27). Y así como Dios trabajó en su creación, el hombre está llamado a continuar la obra creadora con su trabajo. Dios no manda a nadie trabajar, pero sí al descanso. De aquí proviene el sábado o séptimo día, en el que no se debe hacer ningún trabajo (cf. Ex 20, 9-10). Incluso los esclavos también deben reposar como sus señores ese día, recordando que también el pueblo escogido fue esclavo en Egipto y Dios los liberó de la esclavitud (cf. Dt 5, 12-15). Al liberar a su pueblo de Egipto, Dios lo libera de la esclavitud del trabajo absorbente y de la pura lógica de la productividad. El descanso semanal los libera del aspecto alienante, 8

Cf. Roland, MINNERATH, La visión bíblica del trabajo y el mundo contemporáneo, ISO, Strasburgo 2003, 2. 9 Cf. Fernando, DÍAZ-PLAJA, El español y los siete pecados capitales, Alianza Editorial, Madrid 1970, 97.

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deshumanizado, del trabajo al que estaban sometidos. Y este descanso se hace fecundo porque hace presente al Creador en medio del pueblo. No se pretende, en este apartado, demostrar la dignidad que las Escrituras le confieren al trabajo10, sino presentar las influencias que ha tenido el relato de la creación para que muchos lleguen a atribuirle una consideración negativa hacia el mismo por su mala interpretación y la manera tan reduccionista en que lo abordan. Algunas personas se aferran a esta idea poco fundamentada, pero es cierto que después del pecado original el trabajo se convirtió en una tarea penosa para el hombre.

1.3.

Aristóteles. Trabajo y esclavitud La concepción de „trabajo‟ en Aristóteles tiene sus raíces más

profundas en Platón, determinada por el rechazo al mismo ya que impide que el hombre se pueda dedicar a la contemplación11. Pero cabe decir que esta actitud no es generalizada en la época clásica; encontramos ejemplos de algunos autores en los que se descubre una cierta valoración positiva hacia el trabajo. Entre ellos están Sócrates, los presocráticos, e incluso, el mismo Platón en algún apartado puntual de su obra12. El descrédito de Aristóteles por el trabajo, no es solamente, como en Platón, porque confina al hombre a lo material y le suprime el acceso a lo espiritual, sino principalmente porque menoscaba su autonomía, sometiéndolo a las necesidades de la vida o al dominio que tiene el amo sobre su esclavo. Es por eso el carácter peyorativo del trabajo. Será exclusivo de esclavos, pues, por otra parte es necesario para la subsistencia del hombre y de la polis. Que se recurriera a la esclavitud no era para ganar mano de obra barata, sino para liberar al hombre de las necesidades de la vida y

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N.B. No es mi objetivo en este apartado ya que más adelante se habla de ello y se presenta lo que la Iglesia ha dicho sobre el tema. 11 Cf. F. BATTAGLIA, Filosofía del lavoro, Zuffi, Bolonia 1951, cap. 1; R. MONDOLFO, La comprensión del sujeto humano en la cultura antigua, Imán, Buenos Aires 1955; P. JACCARD, Historia social del trabajo, Plaza y Janes, Barcelona 1971. 12 Cf. PLATÓN, República, 535 d.

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resguardar de esta manera su libertad13. Lo que el hombre tiene en común con el animal, de donde proviene la necesidad de trabajar, no era considerado como algo humano. Por ello estaba reservado a los esclavos. El trabajo es rechazado porque atenta contra la libertad humana al hacer que el hombre se someta al dominio de otro y a las necesidades de la naturaleza. De ahí que Aristóteles sostenga que un hombre libre no puede estar sometido a él sin degradarse; por eso los esclavos son los que tienen que hacerlo al servicio del hombre libre. El privilegio del que gozan los hombres libres no es solamente la libertad, sino también el ocio, que precisa, por las necesidades de la vida, el trabajo forzado de otros, sus esclavos. Antes de ver la valoración que Aristóteles hace del trabajo, contemplemos la realidad que englobaba al concepto. Aunque Aristóteles distinguía disímiles trabajos14, por lo general, lo identifica con el trabajo del artesano y del esclavo. Lo negativo de este trabajo está en que impide la contemplación y, como se ha dicho anteriormente15, por anular la libertad. Por ello, aunque se distingue entre el trabajo de ambos, en el fondo, los dos están comprendidos dentro de este concepto peyorativo; ambos se tienen como banausía, algo que va en detrimento de la dignidad humana16. A pesar de ello, Aristóteles no estableció en sí un concepto de trabajo. En ninguna de sus obras aparece una definición del mismo, porque no es claro en la relación entre el trabajo como saber, el saber que se refiere al trabajo (techné) y el acto mismo de producir (póiesis). Lo que sí parece obvio es que lo único que él considera como verdadero trabajo es el manual, actividad que tiende, por la transformación de la naturaleza, a formar un producto determinado. La actividad intelectual no es considerada trabajo -muchos textos afirman expresamente que el trabajo impide la contemplación-, por eso, trabajo manual e intelectual están separados. Así que, no son trabajo ni la filosofía ni la política; pues requieren ocio para poder desempeñarla. Es más, 13

Cf. H. ARENDT, La condición humana, Seix Barral, Barcelona 1974, 117 Cf. ARISTÓTELES, Política, I, 11, 1258 b; VI, 4, 1291a. 15 Vid. supra 13 16 Cf. Ibídem, IV, 9, 1328a. 14

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los hombres que están sujetos a las necesidades de la vida, difícilmente se preocuparán por estas cosas17. No es posible encontrar en Aristóteles un concepto general de trabajo que abarque tanto la actividad manual como la intelectual. Sino que únicamente se le tiene como tal a la actividad manual, pues por medio de ella satisface el hombre sus necesidades. Su concepto es reduccionista, se refiere sólo a la póiesis, como producción, que nada tiene que ver con la praxis. Para Aristóteles el trabajo no es praxis porque parte del sujeto y no termina en él, sino en la transformación de la materia. No es una acción virtuosa porque no produce en el sujeto alguna perfección moral. Lo único rescatable de él es la perfección técnica que genera en cuanto a experiencia, pero no de tipo moral. El trabajo es póiesis, no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr algo más. Por eso, como la praxis y la póiesis son actividades distintas sin conexión alguna, tampoco puede unirse el trabajo con la teoría ni con la virtud. Para Aristóteles el trabajo es impedimento para que el hombre alcance su fin ya que tiene fundamento en el nec-otium (no ocio), el negocio. Todo lo que atente contra el ocio es impedimento para el fin del hombre. Por eso, el trabajo debe existir en función del ocio18. El ocio es superior al trabajo; si trabajamos es en vista del ocio: “estamos no ociosos para tener ocio.”19 Ambos son necesarios, pero el ocio es el fin del trabajo. Entonces, ¿cómo debemos emplear nuestro ocio? Si lo empleamos jugando, el juego se convertiría en fin de nuestra vida, cosa absurda. Como el juego es un descanso y el trabajo requiere fatiga, debe ubicársele en medio de este, porque el trabajo duro requiere descanso. Pero el ocio parece encerrar en sí mismo el placer, la felicidad y la vida bienaventurada. Esto no lo poseen los que trabajan, sino los que disfrutan del ocio, ya que el que trabaja lo hace por algún fin que no

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Cf. Ibídem, VIII, 4, 1318b. Cf. Ibídem, IV, 14, 1333a. 19 Cf. Idem, Ética a Nicómaco, X, 7, 1177 b; cf. Política, VIII, 3, 1337b; II, 8, 1269a. 18

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posee, mientras que la felicidad es un fin, pues todos coinciden en creer que no va acompañada de dolor, sino de placer.20

El trabajo no tiene ninguna relación con la virtud en Aristóteles. Por eso dice que los trabajadores necesitan de pocas virtudes21. Además la virtud no tiene ninguna relación intrínseca con el trabajo. El trabajo no la produce, son dos cosas totalmente diferentes. Lo moral no es solamente extrínseco al trabajo sino también impedido por él. Por eso llega a decir: “No es posible, en efecto, que se ocupe de las cosas de la virtud el que lleva una vida de obrero o campesino.”22 El trabajo tiene valor en la mera subsistencia, está encaminado a satisfacer las necesidades primarias de la existencia, y como las necesidades nunca se satisfacen de una manera definitiva, el trabajo tendrá carácter necesario. Lo que tiene de negativo reside en este sometimiento del hombre a las necesidades de la naturaleza o al dominio del esclavo por el amo, impidiendo su autonomía23. Entonces concluye Aristóteles que como esas necesidades de la vida hay que satisfacerlas, y esos trabajos, aunque son serviles, son también necesarios, la naturaleza ha producido unos seres que son los esclavos, a quien compete este tipo de trabajos. Todas las artes [dice Aristóteles en el I libro de la Política] necesitan de instrumentos, que pueden ser inanimados, como el timón del barco, o bien animados, como el vigía, pero ambos son instrumentos del piloto. Pues quien trabaja en las artes a las órdenes de otro, es una especie de instrumento... y el esclavo es una propiedad animada, y cualquier ejecutor de órdenes, es, como un instrumento, el primero de los instrumentos24.

Aristóteles le confiere cierta dignidad al esclavo, por encima de los demás instrumentos. Pero esta dignidad sólo se debe a que el esclavo es un instrumento animado. Por eso, si el hombre libre se dedicara al trabajo quedaría reducido al nivel de un instrumento animado, como el esclavo, cuya 20

Cf. Idem, Política, V, 3, 1338a. Cf. Ibídem, I, 13, 1260a. 22 Cf. Ibídem, III, 5, 1278a. 23 Cf. Ibídem, V, 2,1337b. 24 Cf. Ibídem, I, 3, 1253b. 21

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vida tiene un carácter totalmente servil25. Los esclavos son tales porque su naturaleza es esa: ser un instrumento animado de trabajo; algo denigrante para la condición humana. Con ello Aristóteles pretende encontrar una justificación natural de la esclavitud26. Consideramos más dignos de estimación y más doctos y sabios a los que dirigen las obras y construcciones que a los ejecutores manuales; pues los primeros saben el porqué de lo que se hace, en tanto los segundos actúan como si fueran instrumentos inanimados, sin saber siquiera que hacen lo que hacen como ocurre con el fuego cuando quema. Las cosas inanimadas, empero, cumplen cada una de estas acciones por su naturaleza intrínseca, los obreros manuales por la costumbre adquirida, de modo que la estimación de los más sabios no procede de que sean los hacedores, sino de que utilizan la razón y conocen sus causas27.

El esclavo es para Aristóteles una posesión más de la familia. En la praxis doméstica se precisan de instrumentos activos, la actividad del esclavo no ha de referirse a la producción (póiesis) de cosas, sino a la vida de la casa, que no es póiesis sino praxis. Por eso afirma: “La vida es acción, no producción, y por ello el esclavo es un subordinado para la acción”28. Los esclavos, en cuanto instrumentos animados que satisfacen las necesidades de la vida, son, por tanto, algo necesario para el hombre, para que éste pueda dedicarse a la contemplación. El esclavo hace todo lo que debe hacerse en una casa para que los dueños tengan ocio y puedan dedicarse a la contemplación y a la política. Pero el esclavo no es un hombre que trabaja, sino un medio de producción a cuya actividad se denomina trabajo, como al esfuerzo de un animal. Por eso el esclavo no es considerado como ciudadano. Aristóteles define la polis diciendo “la ciudad es una comunidad de hombres libres”29.

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Cf. Ibídem, III, 4, 1277a-b. Cf. H. ARENDT, La condición humana, Seix Barral, Barcelona 1974, 117. 27 Cf. ARISTÓTELES, Metafísica, I, 1, 981b. 28 Cf. Idem, Política, I, 4, 1254a. 29 Cf. Ibídem, III, 6, 1279a. 26

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En esta definición de la ciudad quedan excluidos los esclavos, que carecen de libertad: “La ciudad más perfecta no hará ciudadano al obrero”30. El cristianismo en cambio va a suponer un cambio radical en este punto, por su concepción lineal de la historia y por el mandato divino de dominar la tierra. Su idea de la historia permite la posibilidad del progreso. El trabajo puede tener un poder transformador del mundo, será fuente de novedad en la historia. Al mismo tiempo, al ser un mandato divino inscrito en la propia naturaleza humana, permite que el hombre se perfeccione como tal; es decir, desde la perspectiva cristiana cabe una teoría perfeccionante del trabajo y del progreso, que es lo que falta en Aristóteles.

1.4.

Una mirada cristiana

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dedica el capítulo VI al tema del trabajo, procurando explicar su auténtica significación. Se presenta la visión bíblica sobre el mismo. En el Génesis, Dios le otorga al hombre el dominio sobre la creación: “El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición”. (CDSI, No. 256) Como ya se ha visto31 el trabajo ha sido asociado con el dolor y esfuerzo como resultado del pecado original. Pero, como insiste el compendio, debería considerarse como algo digno de mérito puesto que permite proveernos de los elementos materiales que necesitamos. Por tanto, no debemos colocar el trabajo en la cumbre de nuestro obrar. “El trabajo es esencial, pero es Dios, no el trabajo, la fuente de la vida y el fin del hombre”. (cf. CDSI, No. 257) En el Nuevo Testamento tenemos el ejemplo de Jesús, que trabajó como carpintero. Jesús denigraba al criado que entierra su talento y describe su propia misión como trabajador (cf. Jn 5, 17). Por ello nos anima a buscar

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Cf. Ibídem, III, 5, 1278a. Vid. supra 11.

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los tesoros del cielo que perduran, en vez de los que son perecederos (cf. Mt 6, 19-21). Más adelante Jesús nos revela que el trabajo no es sólo participación del hombre en la creación, sino también en la labor de redención. Quien soporta la penosa fatiga del trabajo en unión con Jesús coopera, en cierto sentido, con el Hijo de Dios en su obra redentora y se muestra como discípulo de Cristo llevando la Cruz cada día, en la actividad que está llamado a cumplir. (cf. CDSI, No. 263)

Es así, como nos enseña San Pablo, que ningún cristiano tiene derecho a vivir a expensas de los demás sin trabajar (cf. 2 Ts 3, 6-12). El apóstol Pablo alienta a los cristianos a que trabajen para compartir los frutos con los necesitados. En cuanto al significado del trabajo para cada persona, encontramos una doble dimensión: objetiva y subjetiva. Objetivamente se refiere al área de actividades, instrumentos y tecnologías que se usan para la producción de bienes. Mientras que, subjetivamente se debe al trabajo como la actividad de la persona humana, parte de su vocación personal. “Como persona, el hombre es, pues, sujeto del trabajo” (cf. CDSI, No. 270). Este aspecto subjetivo del trabajo es de vital importancia para comprender correctamente su valor y dignidad. El trabajo no es simplemente la producción de una mercancía, sino también la actividad de una persona humana, cuya dignidad debe respetarse. La dimensión subjetiva debería tener primacía sobre los aspectos objetivos, “porque es la del hombre mismo que realiza el trabajo, aquella que determina su calidad y su más alto valor” (cf. CDSI, No. 271). El trabajo humano tiene también una dimensión social, como actividad individual que converge con la de otras personas. “Los frutos del trabajo son ocasión de intercambio, de relaciones y de encuentro” (cf. CDSI, No. 273). Si bien, es un derecho que debe defenderse, es importante darle esta connotación social y ponerla al servicio de todos, ya que, tanto la propiedad privada como la pública, “deben estar predispuestas para garantizar una economía al servicio del hombre” (cf. CDSI, No. 283).

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El trabajo es un bien del hombre -es un bien de su humanidad-, porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo 32 como hombre, es más, en un cierto sentido «se hace más hombre».

Se necesita el trabajo para llevar adelante una familia y el desempleo trae consigo muchos problemas sociales. Lograr un empleo sigue siendo un objetivo económico clave. Para que esto se pueda llevar a cabo es preciso una adecuada educación, que se extienda a lo largo de la vida laboral, de tal forma que todos puedan tener un empleo digno. Otro punto importante que afecta la vida laboral y está trayendo estragos económicos en las familias -sobre todo de países pobres- es la globalización. Debido a esto es necesario que los gobiernos cooperen unos con otros para salvaguardar el derecho al trabajo y cuidar a las familias. Las empresas, los sindicatos y el estado deben fortalecer y promover acuerdos que vayan en bien de la economía familiar. En cuanto a la mujer trabajadora, deben respetarse sus derechos y repudiarse toda discriminación hacia ellas, sobre todo referente al sueldo y seguro social. Lamentablemente se da en muchos países en desarrollo la presencia infantil en actividades laborales y con fines de lucro. El trabajo de los niños “constituye un tipo de violencia menos visible, mas no por ello menos terrible” (cf. CDSI, No. 296). Aunque es cierto que en algunos países los ingresos obtenidos por los niños son importantes para las familias, esta explotación constituye una seria violación de la dignidad humana. “Los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente” (cf. CDSI, No. 301). La globalización ha traído consigo muchos cambios, y es importante recordar que junto con este proceso el mundo también necesita “una globalización de la tutela, de los derechos mínimos esenciales y de la equidad” (cf. CDSI, No. 310). La economía debe levantarse, no ya sobre una base meramente industrial sino sobre el fuerte soporte de los servicios y las más novedosas 32

Cf. JUAN PABLO II, Laborem exercens, 9.18: AAS 73 (1981) 598-600. 622-625

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tecnologías. Esto trae como consecuencia numerosos cambios a la vida de los trabajadores y ajustes verdaderamente difíciles en sus ambientes laborales. Para enfrentarlos, es recomendable evitar el error de insistir en que los cambios ocurran de una determinada manera. “El factor decisivo y «el árbitro» de esta compleja fase de cambio es una vez más el hombre, que debe seguir siendo el verdadero protagonista de su trabajo” (cf. CDSI, No. 317) La siguiente meta para el hombre es la humanización del trabajo a una escala planetaria.

21


CAPÍTULO II: UN ACERCAMIENTO ANTROPOLÓGICO

2.1.

El mono y el trabajo

El tema de la transición del mono al hombre suscitó las más diversas interpretaciones desde el momento en que fue puesto. En un primer momento, el “origen simiesco” del hombre, hoy prácticamente consensual, precisó probar sus hipótesis contra las creencias religiosas: la maravillosa „alma del hombre‟ sería, según se afirma, una „substancia‟ completamente especial, y muchos son los que consideran como imposible que se haya desarrollado históricamente a partir del „alma simia‟.33

Pasado el siglo XIX, a los teóricos de la evolución les tocó sufrir las más diversas críticas -gran parte de ellas como consecuencia de interpretaciones erróneas de sus hipótesis-, sin embargo, de forma general, sus descubrimientos no han gozado de gran fundamento. Una cuestión bastante obvia parece haber sido dejada de lado al reflexionar sobre la evolución humana. Hablamos aquí de la cuestión del trabajo y su papel en el proceso de evolución. Tal importancia del trabajo puede ser fácilmente observada cuando analizamos todo el proceso por el cual pasó el hombre en lo que se refiere a la utilización de las más diversas herramientas a lo largo de su historia. Para nosotros, sin embargo, no basta enumerar las diferentes herramientas que los hombres utilizaron o describir las distintas relaciones de éste con el medio ambiente. Es necesario ir más a fondo en esta cuestión. Finalmente el trabajo cumplió su papel central en el proceso de transición del mono al hombre.

33

Cf. Ernst HAECKEL, A origem do homem, Global, São Paulo 1989, 21.

22


2.1.1. El trabajo: definición antropológica

Para llegar a una definición antropológica de trabajo es necesario buscar los elementos que definen, a lo largo de la trayectoria humana en el planeta, las relaciones establecidas entre el hombre y el ambiente donde vive. Ahora bien, “el trabajo sólo comienza cuando una determinada actividad altera los materiales naturales, modificando su forma original.”34 O sea, el trabajo puede definirse como el proceso que permite la mediación entre el ambiente y el hombre, cuando éste pone en acción las fuerzas de las que su cuerpo está dotado: brazos, piernas, cabeza, manos, transformando los elementos que encuentra disponibles en la naturaleza y convirtiéndolos en productos que satisfacen sus necesidades sin importar “si ellas se originan del estómago o de la fantasía.”35 El trabajo así concebido -acción deliberada sobre el medio, caracterizada y dirigida por la inteligencia y por la capacidad de abstracción y formulación de conceptos- nada tiene que ver con las actividades que realizan otros animales, como las abejas o las hormigas. El hombre, al actuar “sobre la naturaleza externa a él y al modificarla, modifica, al mismo tiempo, su propia naturaleza.”36 El trabajo humano no es una acción realizada sobre el medio de forma instintiva o mecánica, sino el aprendizaje, donde el hombre no se limita a repetir acciones y procesos, como los otros animales; más bien, desarrolla técnicas y tecnología que le son útiles. La diferencia está en que el hombre crea sus propias herramientas y su acción no se limita a modificar los materiales que encuentra disponibles en la naturaleza. Al final del proceso laboral se obtiene un resultado que ya al inicio de éste existía en la mente del trabajador. El no efectúa solamente una transformación de la forma de la materia natural; realiza, al mismo tiempo, en la materia natural su objetivo, que sabe que determina como ley, la 34

Cf. Osvaldo COGGIOLA, O capital contra a história: gênese e estrutura da crise contemporânea, Ed. Pulsar, São Paulo: Xamã 2002, 182. 35 Cf. Karl MARX, O capital: crítica da economia política, Nova Cultural, São Paulo 1985, v. I, t. 1, 45. 36 Cf. Ibídem, 149.

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especie y el modo de su actividad, al cual tiene que subordinar su voluntad.37 Desde los primeros tiempos de la humanidad hubo una división del trabajo, que en un inicio se daba en función de las características fisiológicas, como género, edad, fuerza física, etc. Pero, a medida que el trabajo se diversificaba y se tornaban más complejas la técnica y la tecnología, esa primera división del trabajo fue siendo superada por la división entre el trabajo material e intelectual, como vimos en la concepción aristotélica del primer capítulo38. El trabajo realizado por la mente era entendido como apartado de la práctica humana, un producto de la conciencia humana y no de un órgano. Cada individuo quedó limitado a esferas profesionales particulares, exclusivas, sin poder salir de ellas, siendo únicamente cazador, obrero, profesor o administrador. Con esa división, el trabajo y sus productos pasaron a ser, cualitativa y cuantitativamente, distribuidos de forma desigual.39

2.1.2. Engels y el mono

Engels, conocido como uno de los pioneros del materialismo histórico, dedicó parte de su vida intelectual al estudio de las llamadas “ciencias naturales”. En uno de esos textos, Sobre el papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, publicado póstumamente, Engels dice que el trabajo es la condición básica y fundamental de toda la vida humana, siendo posible afirmar que, en cierto sentido, “el trabajo creó al propio hombre”.40 En el contexto de la época, tales afirmaciones eran bastante polémicas, en la medida en que el conjunto de científicos -y eso incluye a los de la teoría de la evolución- estaban marcados por la filosofía idealista, sin considerar la importancia del trabajo en el proceso evolutivo del hombre. 37

Cf. Ibídem, 149-150. Vid. supra 14. 39 Cf. Friedrich ENGELS; Karl MARX, A ideologia alemã: (I-Feuerbach), Hucitec, São Paulo 1996, 44. 40 Cf. Friedrich ENGELS, Sobre o papel do trabalho na transformação do macaco em homem, AlfaOmega, São Paulo 1876, 269. 38

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Curiosamente, a pesar de ser poco conocido -y nada estudiado- ese pequeño ensayo de Engels, cuyo objetivo era defender una interpretación materialista de la evolución humana -y no describir un conjunto de conclusiones acabadas y empíricamente comprobadas-, tuvo muchas de sus hipótesis corroboradas por los descubrimientos de las ciencias biológicas a lo largo del siglo XX. En él, Engels presenta las transformaciones históricas en la relación entre la humanidad y el ambiente, su intervención sobre el medio y el proceso de formación de la sociedad. Engels busca demostrar cómo el trabajo y la fabricación de diferentes instrumentos constituyeron un factor fundamental en la transición del mono al hombre, en un proceso lento que incluye, entre otros elementos, el desarrollo de ciertas características físicas, como la mano, el habla y el propio cerebro. Para Engels, que un grupo de monos, hace algunos millones de años, hayan dejado de necesitar las manos para caminar, pasando a adoptar cada vez más una posición erecta y dejando las manos libres para ejecutar las más variadas funciones, fue el paso decisivo para la transformación del mono en hombre. Las manos eran usadas antes para tareas como recoger alimentos, construir nidos en los árboles, empuñar garrotes para defenderse de los enemigos, o para lanzarse frutos y piedras41. Habiendo descendido de los árboles y haciendo uso de la postura erecta, nuestros ancestros adaptaron pronto sus manos a las nuevas tareas. En ese período de transición las funciones que tenían las manos eran muy simples y básicas, pero fueron adquiriendo con el tiempo más destreza y habilidad, transmitiéndose de generación en generación esa flexibilidad adquirida. Engels ve la mano como producto del trabajo. En el largo proceso del entonces hombre primigenio hasta nuestros días la mano fue adaptándose a las nuevas funciones y por la transmisión hereditaria del perfeccionamiento especial adquirido, por la aplicación siempre renovada de esas habilidades fue logrando funciones nuevas y cada vez más complejas.42

41 42

Cf. Ibídem, 269-270. Cf. Ibídem, 270.

25


Además de la cuestión hereditaria, Engels dialoga con Darwin cuando corrobora la ley de “correlación de crecimiento”, según la cual “ciertas formas de las diferentes partes de los seres orgánicos siempre están ligadas a determinadas formas de otras partes, que aparentemente no tienen ninguna relación con la primera”.43 O sea, como la mano no es parte aislada del organismo humano, se beneficia, de alguna forma, por lo que beneficia al cuerpo entero. El perfeccionamiento gradual de la mano del hombre y la adaptación concomitante de los pies al andar en posición erecta ejercen indudablemente, en virtud de la referida correlación, ciertas influencias sobre otras partes.44

Engels destaca también el lenguaje como característica esencial de la evolución del hombre, pues, como los humanos viven colectivamente, necesitaban comunicar lo que aprendían y observaban; tuvieron la necesidad de desarrollar un lenguaje articulado que pudiese expresar ideas, conceptos, signos, etc. En función del progresivo dominio de la naturaleza y del desarrollo de nuevas técnicas, el hombre poco a poco fue descubriendo propiedades en los objetos que hasta entonces no conocía, de tal forma que el desarrollo del trabajo, al multiplicarse los casos de ayuda mutua y de actividad conjunta para cada individuo, tenía que contribuir forzosamente para agrupar aún más los miembros de la sociedad.45

En esto se basa la explicación del surgimiento del lenguaje, en el proceso donde el organismo sufriría varias modificaciones: la laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían cada vez más modulaciones perfectas, y así, los órganos de la boca aprendían poco a poco a pronunciar un sonido articulado.46

Engels afirma que el trabajo y la palabra articulada “fueron los dos estímulos principales sobre cuya influencia el cerebro del mono se fue

43

Cf. Ibídem, 271. Cf. Ibídem, 271 45 Cf. Ibídem, 271 46 Cf. Ibídem, 271 44

26


transformando gradualmente en cerebro humano”.47 Con el desarrollo del cerebro se desarrollaron también los sentidos, instrumentos de contacto más inmediato con el medio. De la misma forma que el desarrollo gradual del lenguaje está necesariamente acompañado del correspondiente perfeccionamiento del órgano del oído, así también el desarrollo general del cerebro está ligado al perfeccionamiento de todos los órganos de los sentidos.48

Todo ese desarrollo -del trabajo, del lenguaje, de la capacidad de abstracción, de los sentidos-, “en grado diverso y en diferentes sentidos entre los distintos pueblos y épocas”49, fue el factor determinante para que el hombre y la propia sociedad también se desarrollaran.

2.1.3. Engels hoy

Tenemos, por tanto, que varias de las hipótesis de Engels fueron comprobadas por los descubrimientos de nuevos fósiles y por el desarrollo de las ciencias biológicas. Ante este hecho, no es posible dejar de impresionarse por ellas habiendo sido elaboradas sin conocimiento de fósiles descubiertos apenas en el siglo XX. Lo contemporáneo -por así decirlo- de Engels, se debe justamente a la escuela del método de análisis tomando como punto de partida las contribuciones de representantes de la teoría de la evolución en el siglo XIX, en especial Darwin y Haeckel-, al procurar exponer una formulación materialista y dialéctica de las ciencias naturales. Fue más allá, en este y otros escritos, polemizando con la forma idealista de hacer ciencia, hegemónica en la época, y que aún hoy persiste. Parecía que el cerebro era el gran responsable del mundo que emergía de las manos humanas. En su contacto con el medio ambiente, el ser humano aprendió a dominarlo, a lo largo de su existencia, desarrollando ciertas habilidades como la caza, la pesca, la agricultura y el tejido. El trabajo humano 47

Cf. Ibídem, 272 Cf. Ibídem, 272 49 Cf. Ibídem, 273. 48

27


desarrolló una gran diversidad de técnicas y herramientas como diferentes formas de organización de las sociedades. Fue la cooperación entre, los órganos del lenguaje y el cerebro que produjo las artes y la política, la cerámica y la navegación, el derecho y las religiones, la esclavitud y el capitalismo, etc. “Ante estas creaciones, que se manifestaban en primer lugar como productos del cerebro y parecían dominar las sociedades humanas, las producciones más modestas, fruto del trabajo de las manos, quedaron relegadas a un segundo plano”50. En este sentido, el gran progreso técnico por el cual pasó la humanidad fue atribuido al desarrollo del cerebro. “Siendo así que, con el transcurso del tiempo, surgió esa concepción idealista del mundo que dominó el cerebro de los hombres […] y continúa aún dominándolo”51. Para Engels, ni aun los más materialistas que representaban a la teoría de la evolución, como Darwin, conseguían llegar a una idea precisa sobre el origen del hombre en función de hacer caso omiso a la importancia desempeñada por el trabajo en el proceso evolutivo. Para Gould, “la importancia del ensayo de Engels está no en sus conclusiones substanciales, sino en su aguzado análisis político del motivo por el cual la ciencia occidental se encontraba tan apegada a la aserción a priori de la primacía cerebral”52. El argumento de Gould rescata la importancia de la posición de Engels de crítica a la dicotomía entre manos y cabeza, la práctica y la abstracción, tanto en la sociedad como en las ciencias. Estamos de acuerdo que Gould trae a nuestros días severas polémicas, pero entendemos que la obra de Engels no se limita a penas a un carácter analítico: su ejemplo es de práctica política, procurando combatir, en el terreno de la lucha de clases, la comprensión de superioridad del cerebro, que relega el trabajo manual a un papel menor en una sociedad donde el poder está concentrado en una élite “pensante”.

50

Cf. Ibídem, 275. Cf. Ibídem, 275. 52 Cf. Stephen Jay, GOULD, Darwin e os grandes enigmas da vida, M. Fontes, São Paulo 1999, 210. 51

28


2.1.4. El trabajo hoy

Entendemos que es necesario, en el ámbito de las ciencias humanas, restablecer la centralidad de la categoría del trabajo para entender la vida humana, retomando la comprensión del trabajo como acción que “produce la naturaleza humana en la misma medida en que la delimita y la diferencia de la naturaleza puramente animal, a través de una apropiación específica del propio mundo natural”53. Si aún hoy necesitamos, como Gould en la década de 1970, rescatar a Engels y retomar esta polémica, es síntoma de que, en esencia, poco ha cambiado desde el siglo XIX. En la sociedad en que Engels vivió, el trabajo manual era acto de envilecimiento del ser humano -como muchos lo consideran todavía-, que compete su realización a seres “inferiores”. Otro tipo de trabajo, el realizado “por la cabeza”, gana papel de grandiosidad, sin ser considerado muchas veces trabajo, olvidándose inclusive que depende de un órgano del cuerpo humano, el cerebro. De la misma forma, se olvida que no hay trabajo puramente intelectual o puramente manual, siendo la práctica una parte constitutiva de lo aprendido (al final no se aprende con la sola observación o reflexión de los procesos). Se olvida también que aquellos trabajadores supuestamente menos importantes, los que trabajan con las manos son los que producen las riquezas materiales que sirven para satisfacer las necesidades de toda la humanidad. Si le negamos al trabajo su importancia fundamental, negamos nuestra propia historia, la historia del “animal” que ha llegado a ser el hombre de hoy, que hace reales sus sueños a través de su trabajo.

2.2.

El trabajo en Marx.

Esta parte está dedicada a analizar cómo elabora Marx la cuestión del trabajo, aunque no se pretende ser exhaustivo en un tema que Marx aborda 53

Cf. Osvaldo COGGIOLA, op. cit., 183.

29


en profundidad; se presentará sólo una idea muy generalizada de la concepción marxiana sobre el tema. Para Marx el hombre es el primer ser que conquistó cierta libertad de movimiento de cara a la naturaleza. A través de los instintos y de las fuerzas naturales en general, la naturaleza dicta a los animales el comportamiento que deben tener para sobrevivir. El hombre, por el contrario, gracias a su trabajo, consiguió dominar en parte, las fuerzas de la naturaleza, dirigiéndolas a su servicio. Los animales también “trabajan”, pero es una producción solamente para atender las exigencias prácticas inmediatas, exigencias materiales directas de los mismos o de sus crías, por ello no son libres en su producción, pues la actividad de los mismos está determinada únicamente por el instinto o por la experiencia limitada que pueden tener. Lo que ocurre con el hombre es diferente. Anterior a la realización de su trabajo el hombre es capaz de proyectarlo, o sea, la capacidad de definir medios diversos que posibiliten el alcance de su objetivo, buscando la alternativa que mejor se adecúe a la consecución de su fin. Justamente porque el trabajo humano es diferente del animal el hombre modifica la naturaleza de acuerdo a sus posibilidades. Lo que Marx observa en la historia es la evolución gradual del trabajo, en lo que corresponde a la evolución del hombre y a la urgencia de satisfacer sus necesidades.

2.2.1. Dualidad del trabajo

La cuestión de la dualidad (concreto y abstracto) del trabajo productor de mercancías es el centro de la economía política, el fundamento sobre el que descansa la comprensión de los hechos y la clave de toda la concepción crítica de la realidad de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista.54

54

Cf. K. MARX, El Capital, Libro Primero, El proceso de producción del capital, Siglo XXI, Madrid 1975, 51.

30


Marx insistió mucho en esta concepción dual del trabajo, siendo el primero en formularla de modo explícito55. El análisis de la mercancía sobre la base del trabajo es en todos los economistas anteriores ambiguo e incompleto; no basta con reducirla al trabajo, sino al trabajo en la forma doble bajo la cual éste se presenta por un lado como trabajo concreto en el valor de uso de las mercancías, y por el otro lado se calcula como trabajo socialmente necesario en el [valor]56.

De

hecho,

“la

economía

política

en

ningún

lugar

distingue

explícitamente el trabajo, como se representa en el valor de uso de su producto”57. Al hacer el análisis de la mercancía yo no me detengo en la doble modalidad con que ésta se presenta, sino que paso inmediatamente a demostrar que en esta doble modalidad de la mercancía se manifiesta el dual carácter del trabajo de que aquella es producto: del trabajo útil, es decir, de las modalidades concretas de los distintos trabajos que crean valores de uso y del trabajo abstracto, del trabajo como gasto de fuerza de trabajo, cualquiera que sea el modo 'útil‟ como se gaste (en lo que luego se basa el estudio del proceso de producción)58.

2.2.2. Trabajo concreto

Una de las caras de este trabajo donde predomina el modo de producción capitalista, es la de trabajo concreto. Éste es considerado por Marx59 como la actividad productiva cuya finalidad determinada es ser fuente de riqueza material (expresada en los valores de uso). Marx delimita la actividad productiva al valor de uso como trabajo útil, a y resalta la variabilidad cualitativa que supone, una gran diversidad tanto de valores de uso como de trabajos útiles, que expresa la existencia de una división social del trabajo como condición para la producción de mercancías y en la que los productores operan trabajos privados autónomos 55

Cf. Idem, Contribución a la Crítica de la Economía Política, Siglo XXI, México 1980, 19. Cf. K. MARX y F. ENGELS, Cartas sobre El Capital, Laia, Barcelona 1974, 22. 57 Cf. K. MARX, Contribución a la Crítica de la Economía Política, Siglo XXI, México 1980, 97. 58 Idem, Notas marginales al "Tratado de Economía Política" de Adolph Wagner, Siglo XXI, México 1982, 50. 59 Cf. Idem, Contribución a la Crítica de la Economía Política, Siglo XXI, México 1980, 19, 43-44; cf. Idem, El Capital, Libro Primero, El proceso de producción del capital, Siglo XXI, Madrid 1975, 51-52. 56

31


interdependientes. Sólo una vez que se ha determinado históricamente las peculiaridades del trabajo concreto, es cuando Marx procede a dar cuenta que tal trabajo, en su vertiente antropológica, es condición de la existencia humana en su relación con naturaleza. De esta forma, el trabajo concreto se nos presenta como relación existente entre el lugar que ocupa en una sociedad de productores de mercancías y la función que como condición de la existencia del hombre tiene en cualquier grupo social60. Marx se adentra en el tratamiento de la otra cara del trabajo capitalista: el “trabajo abstracto”61. La construcción de la argumentación marxiana nos evidencia la contradicción que hay entre la denominada dimensión antropológica del trabajo62, y la “socialización” capitalista que, regulado por la “forma valor”, subsume al hombre forzosamente constituyéndolo en mercancía fuerza de trabajo63. Esta construcción de la argumentación marxiana inhabilita cualquier intento de transformar la supuesta “potencia antropológica” del trabajo concreto en sustancia constituyente del trabajo históricamente determinado.

2.2.3. Trabajo abstracto La determinación del trabajo como “abstracto” no se refiere solamente a una operación de índole intelectual, sino que se sostiene en procesos que ocurren en el proceso real de producción social64 y como condición necesaria del proceso de intercambio65. “La objetividad del trabajo humano, que es él mismo abstracto, carente de cualidad y contenido ulteriores, es necesariamente una objetividad abstracta, una cosa propia del intelecto”66,

60

Cf. Idem, El Capital, Libro Primero, El proceso de producción del capital, Siglo XXI, Madrid 1975, 5153. 61 Cf. Ibídem, 53-57. 62 Cf. Ibídem, 215-216. 63 Cf. Ibídem, 188-189. 64 Cf. Idem, Contribución a la Crítica de la Economía Política, Siglo XXI, México 1980, 13. 65 Cf. Idem, El Capital, Libro Primero, El proceso de producción del capital, Siglo XXI, Madrid 1975, Vols. 1-3, 46-47. 66 Cf. Ibídem, 988.

32


pero “se trata de una abstracción histórica a la que procede partiendo de una determinada evolución económica de la sociedad”67. Esta abstracción corresponde a una forma de sociedad en la cual los individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que el género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por lo tanto, indiferente. El trabajo se ha convertido entonces en el medio para crear riqueza en general y ha dejado de adherirse al individuo como una particularidad suya. La abstracción de la categoría „trabajo‟ resulta prácticamente cierta68.

El análisis de este trabajo abstracto69 pone en evidencia las complejas contradicciones que lo constituyen: la existente entre la doble reducción (concreto/abstracto y complejo/simple) que implica y el recurso a condiciones sociales que no corresponden a su específica derivación. Un aspecto de la determinación abstracta del trabajo remite a la constante reducción del trabajo complejo a trabajo simple, ésta se plantea, y sólo puede explicarse, como un aspecto de la reducción de los trabajos concretos a trabajo general abstracto. Otro aspecto importante es el movimiento antitético existente en la articulación de sus dimensiones cualitativa y cuantitativa, es decir, entre el incremento de la riqueza material y la magnitud del valor. Surge entonces la paradoja de la significación de la fuerza productiva del trabajo concreto como determinación necesaria del trabajo abstracto. No hay que olvidar que todo lo que se juega en esta determinación abstracta del trabajo productor de mercancías en la sociedad capitalista, tiene un triple sentido que remite a peculiaridades que afectan a la fuerza de trabajo70: consideración general del trabajo sin atender a sus especificaciones (gasto indiferenciado de fuerza de trabajo); movilidad plena de la fuerza de trabajo; trabajo medio simple que cualquier individuo medio 67

Cf. MARX/ENGELS, op. cit., 78. Cf. K. MARX, Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse), Siglo XXI, Buenos Aires 1971, 25-26. 69 N.B. Marx lo sitúa, como una categoría histórico-social y no como una "substancia" natural (físicobiológica). Distingue tres tipos de trabajo igual: 1) Trabajo fisiológicamente igual. 2) Trabajo socialmente igualado. 3) Trabajo abstracto o abstracto universal, es decir, trabajo socialmente igualado en la forma específica que adquiere en una economía mercantil. Cf. I. RUBIN, Ensayos sobre la teoría marxista del valor; Pasado y Presente, Buenos Aires 1974, 192-193. 70 N.B. El trabajo abstracto, para Marx, es aquel trabajo al que llama fuerza de trabajo, basada en su separación-unidad con el trabajo vivo”. Cf. B., DE GIOVANNI, La teoría política de las clases en "El Capital", Siglo XXI, México 1984, 32. 68

33


puede ejecutar71. En definitiva, pues, el trabajo abstracto es un trabajo general, móvil, indiferenciado y simple que implica una profunda violencia social, tanto en su origen histórico como en su funcionamiento cotidiano.

2.2.4. Fuerza de trabajo

Para Marx, lo que hace que mercancía, dinero y capital sean valores y tengan capacidad de poner valor, lo que permite que el dinero se transforme constantemente en capital y retorne acrecentado a manos del capitalista, es la intervención de la fuerza de trabajo transformada en trabajo vivo “creador” de valor72. ¿Cómo podemos acceder a esa potencialidad? ¿Cómo se da el intercambio entre “valor dado” y “actividad creadora de valor”? “La mercancía que el trabajador ha de ofrecer, que ha de vender en el mercado, es su propia capacidad de trabajo viva dada en su viviente corporalidad” 73. Así pues, en el mercado, el capitalista descubre que el trabajador está imperiosamente en posición de cederle el usufructo de su fuerza de trabajo, un factor que, aún siendo contradictorio con el capital y radicalmente exterior al mismo, ha de entrar en relación con él para que pueda autodeterminarse como tal. “La capacidad de trabajo se diferencia de todo otro valor de uso en que su valor de uso -su consumo- es el trabajo mismo, es decir, la sustancia creadora del mismo valor. Crear valor es su valor de uso específico”74. En las peculiaridades de la “mercancía fuerza de trabajo” está la auténtica clave de aquello que hace que el trabajo objetivado dé valor y que el valor sea capital. Ahora bien, la fuerza de trabajo tiene un valor de cambio (por medio del cual su poseedor satisface determinadas necesidades) y un valor de uso (que permite satisfacer determinadas necesidades del comprador de esa capacidad). Esto supone que el capitalista deberá 71

Cf. K. MARX, Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse), Siglo XXI, Buenos Aires, 1971, 25; cf. Idem, El Capital, Libro Primero, El proceso de producción del capital, Siglo XXI, Madrid 1975, 47-48, 54-55. 72 Cf. Idem, El Capital, Libro Primero, El proceso de producción del capital, Siglo XXI, Madrid 1975, 203-205. 73 E., DUSSEL, Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los manuscritos del 61-63, Siglo XXI, México 1988, 65. 74 Cf. Ibídem, 66.

34


rentabilizar la diferencia existente entre el valor de cambio, que deberá saldarle a su poseedor bajo la forma salario, y el valor de uso que deberá extraerle, como trabajo vivo, en el ámbito de la producción; es decir, deberá gestionar y rentabilizar al máximo la crucial diferencia entre capacidad de trabajo y trabajo efectivo, si quiere estar en condiciones reales de transformar su dinero en capital75. Esta diferencia opera explícitamente cuando ya se ha efectuado el intercambio y se ha pasado al ámbito de la producción. Esto implica que, una vez que el trabajo ha sido enajenado, y para que se transforme en una determinación permanente y valorizadora del capital, será preciso desplegar la actividad del trabajador en el proceso de trabajo: Después de que el poseedor del dinero ha comprado la capacidad de trabajo (...) la aplica ahora como valor de uso, la consume. La realización de la capacidad de trabajo, su real uso es el trabajo vivo mismo. El proceso de consumo de esta mercancía especial (...) es el proceso de trabajo76.

Se trata del trabajo real y efectivo, de aquel que transforma materia y logra productos que satisfacen necesidades, del que lleva el gasto de todo un conjunto de facultades físicas y mentales por parte del trabajador con el fin de generar, fundamentalmente, más valor que el que se le ha dado. En definitiva, se trata del trabajo vivo mediado por el contrato y por la expectativa de un salario. Lo que Marx viene a sostener es que sin esa fuerza de trabajo el capital no sería posible; que la fuerza de trabajo constituye uno de los requisitos claves para la producción capitalista. Pero, cuando se afirma esto, que la fuerza de trabajo constituye uno de los requisitos para el desarrollo del capitalismo, se está afirmando que sin ella sería imposible revelar el significado del capital como relación social, que es la fuerza de trabajo la que

75

Cf. K. MARX, El Capital, Libro Primero, El proceso de producción del capital, Siglo XXI, Madrid 1975, 207-209, 213-214, 224, 234. 76 Cf. E., DUSSEL, Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los manuscritos del 61-63, Siglo XXI, México 1988, 70.

35


le da forma social a las relaciones capitalistas de producción. Es sólo ella la que permite revelar al capital “como determinada relación social”77.

2.3.

Una antropología del trabajo

Algunos investigadores han presentado al hombre como un ser que nació para el placer de la vida, para la autorrealización que se da por la ociosidad. Por otro lado están aquellos que defienden al trabajo como una de las pocas cosas que realizan la vida humana, pues, mediante el resultado del trabajo el hombre puede construir aquello que sueña. ¿Dónde está la verdad? ¿El hombre existe para trabajar o para darle sentido a su vida? ¿O habría una alternativa media que afirme que el hombre está en el mundo para alcanzar el placer por la superación de las tareas que el trabajo le impone cotidianamente? Esto es lo que trata este apartado, presentándose como fruto de una reflexión del autor, más que por cualquier referencia bibliográfica. Se pretende abrir un interrogante, más que responderlo.

2.3.1. El hombre

¿Quién es el ser humano? ¿Qué realidad es ésta del hombre? Varias ciencias se han ocupado de esta indagación. Veamos lo que afirma uno de los grandes pensadores que se afanó en la búsqueda de explicación para el ser humano, diciendo que “somos inevitablemente centro de perspectiva en relación a nosotros mismos”78. Esto implica decir que no importa de lo que hablemos, el punto de partida para cualquier discusión será siempre el ser humano. Podríamos hablar sobre las galaxias, o sobre el trabajo -como lo hemos estado haciendo en esta exposición-, pero siempre será una indagación humana y la respuesta siempre será para satisfacer una expectativa humana.

77 78

Cf. K. MARX, Teorías sobre la plusvalía, FCE, México 1980, 368. Cf. P. Teilhard CHARDIN, O fenômeno humano, Cultrix, São Paulo 1986, 25.

36


El padre Batista Mondin presenta lo que el llama “fenomenología del hombre”, describiéndolo brevemente en sus distintas cualidades, por así decirlo. Comienza con la “dimensión corpórea” (Homo somaticus); describe la vida humana (Homo vivens), buscando sus orígenes. Continúa discurriendo sobre el “conocer sensitivo e intelectivo” (Homo sapiens) y la capacidad humana de conocer la realidad. A la discusión sobre “voluntadlibertad-amor” (Homo volens), el padre italiano presenta el argumento de la centralidad de la voluntad. El problema del “lenguaje” (Homo loquens) se inserta en el centro de la filosofía del lenguaje y de la capacidad humana de comunicación. Analiza todavía la dimensión “social y política del hombre” (Homo socialis). Centra su mirada en la “cultura humana” (Homo culturalis); analiza históricamente el “trabajo y la ciencia” (Homo faber), presentando las concepciones del trabajo a lo largo de la historia y termina analizando el “juego y la diversión” (Homo ludens) y la relación del hombre con la religión (Homo religiosus).79 Y nosotros podríamos continuar la lista de características: el hombre es una orla de relaciones, es un ser que depende de su medio, es un ser inquieto, inconforme, asentado en el mundo físico. “El hombre es un animal terrestre y el mundo físico una condición (sine qua non) para su sobrevivencia”80, pero buscando el infinito. Tal vez por esto el padre T. Chardin ha dicho que: Nos encontramos colocados en un punto singular, sobre un nudo que domina toda la fracción del Cosmos actualmente abierta a nuestra experiencia, centro de perspectiva. El hombre es simultáneamente centro y construcción del universo81.

En síntesis, el hombre es el que da sentido a todas las realidades. Da sentido a la existencia de los existentes. Se caracteriza como esa maraña de aspectos y dimensiones, de capacidades y posibilidades.

79

Batista MONDIN, O Homem, quem é ele? Elementos de antropologia filosófica, Paulinas, São Paulo 1982, 15. 80 Cf. Luiz Gonzaga de MELLO, Antropologia Cultural iniciação, teoria e temas, Vozes, Petrópolis 1982, 37. 81 Cf. P. Teilhard CHARDIN, op. cit., 26.

37


En razón de esto podemos decir que el hombre no es, pero se construye cotidianamente a partir de un elemento que le es esencial: la cultura o los elementos culturales. Pero al mismo tiempo permanece trabajando en la búsqueda del sentido de su existencia.

2.3.2. El sentido de la existencia

El ser humano puede ser visto, analizado y entendido a partir de esas y de varias otras concepciones y perspectivas. Pero aún no son suficientes para resolver uno de sus principales, más antiguos y más angustiantes problemas: el sentido de su existencia. En función de esto es que se puede afirmar que “el hombre no se contenta con permanecer encerrado en sí mismo, reconoce que le corresponde profundamente vivir por un ideal, una finalidad última”82. Esto corresponde a las más antiguas pesquisas de la vida humana: ¿De dónde vine? ¿Hacia dónde voy? Y la más intrigante de todas: ¿Qué hago aquí? Desde un punto de vista religioso queda aparentemente más fácil responder a la cuestión del sentido de la existencia. Pero en realidad la respuesta no es así de simple. Tenemos que saber bien a partir de cuál segmento religioso dar la respuesta. Desde el cristianismo la respuesta es una; desde la postura religioso-filosófica oriental (budismo, hinduismo…), la respuesta sería otra, y así en las disímiles posturas religiosas. El hombre sabe que su vida no se resume en lo material. Cree en una vida después de la vida. Y, sin saber cómo ni por qué se dirige a la muerte, que es el camino o la entrada a esa otra vida, y que da sentido a su existencia. O sea, puede decirse que el hombre existe para morir. Entonces la muerte entra a formar parte importante en lo que le da sentido a la vida del hombre.

82

Cf. Sílvia R. Rocha BRANDÃO, A Vocação Humana: uma Abordagem Antropológica e Filosófica. Disponible en <http://www.hottopos.com/vidlib7/sb.htm> publicado el 15 de enero de 2005.

38


Pero, ¿qué pasaría si el hombre sólo se quedara en el ámbito material? También ahí necesita de sentido. Aunque admita que no hay nada después de la muerte, se pregunta el sentido de su existencia. Muchos podrían concluir con este cuestionante: si el hombre existe para la muerte, ¿por qué vivir? Si la vida del creyente puede resultar una gran problemática, mucho más todavía lo es para aquellos que no tienen una perspectiva de posexistencia, que no conciben la vida después de la vida terrestre. El período Helenista fue uno de los que más hizo énfasis a esa reflexión y a la cuestión del sentido de la existencia. Un ejemplo cabal de esto se puede encontrar en el Cinismo, corriente que puede haberse originado en Sócrates83, pero que tuvo su mayor exponente en Diógenes que durante el día andaba por las calles de Atenas, con una antorcha encendida buscando un hombre. También los estoicos y los epicureistas (hedonistas) asumieron la misma búsqueda. Para los estoicos el sentido de la existencia era la superación, la constante vigilancia y esfuerzo por vencer las pasiones84. Esa superación podía ser hecha mediante la reflexión y búsqueda del conocimiento. Por otro lado los epicureistas vivían para y por el placer (de ahí su epíteto de hedonistas). También buscaban la sabiduría, pero la que generase placer. En todos los casos la finalidad de la existencia era la superación de las limitaciones. La razón del ser del hombre, por tanto, podía ser entendida como una vida de caras a superar las limitaciones, tanto físicas como intelectuales; además de las impuestas por las convenciones sociales. En función de eso se puede entender tanto esfuerzo que las personas hacen para lograr pequeños y grandes objetivos; se puede entender los esfuerzos hercúleos para la auto-superación. La razón de la existencia puede ser vista como un colocarse y superar desafíos. Es una prueba constante contra los desafíos buscando la superación en el trabajo. Y, la sensación de victoria después de este

83 84

Cf. Giovanni REALE; Dario ANTISERI, História da Filosofia, Paulinas, São Paulo 1990, 7. Cf. Batista MONDIN, op. cit., 33.

39


esfuerzo es la posibilidad de gozar momentos de descanso y ociosidad. Es el momento de la retroalimentación para la nueva batalla, que tiene el mismo objetivo que las anteriores…

2.3.3. El descanso y la ociosidad.

Cristianos, materialistas, capitalistas y todas las demás cosmovisiones defienden la idea de que el hombre tiene que trabajar, como ya hemos constatado sobre todo en el primer capítulo. ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? Para continuar existiendo, dijo Saviani: El hombre, para continuar existiendo, necesita estar continuamente produciendo su propia existencia a través del trabajo. Eso hace que la vida del hombre esté determinada por el modo como éste produzca su existencia85

La afirmación de Saviani es un reflejo de la explicación marxista, diciendo que el ser humano necesita constantemente construir su existencia material por el trabajo. De acuerdo con esa concepción el hombre existe por y para el trabajo. Es bastante común que se oiga la expresión: el trabajo dignifica al hombre. ¿Cómo sucede esto? ¿Cuál es el trabajo que puede dignificar si constantemente constatamos la queja de muchos trabajadores por la esclavitud a la que son sometidos? ¿Cómo puede ocurrir la dignificación cuando el trabajador no recibe los frutos de su trabajo o no puede disponer de su tiempo para realizar las obras de su voluntad o necesidad? ¿Cómo pueden sentirse dignificados si perciben su trabajo como una limitación de sus aspiraciones? ¿Cómo decir que el trabajo es dignificante si los frutos del trabajo están produciendo la riqueza de otro y el acto de trabajar es un momento de esclavización? En este punto entra en discusión una dimensión de la vida humana o una de las aspiraciones básicas del hombre: la ociosidad86. Entendiendo la 85

Cf. D. SAVIANI, O Trabalho como princípio educativo frente às novas tecnologías, Vozes, Petrópolis 2003, 152. 86 Cf. Paul LAFARGUE, O Direito à preguiça, 2 ed., Hucitec, São Paulo 2000, 40.

40


ociosidad no como aquella situación de dejar de hacer algo movido por la desidia, sino la situación en que la persona se da tiempo para las actividades llevadas a cabo después del trabajo; aquellas que se realizan por el puro placer de realizarlas, en los momentos de descanso. Teniendo así el trabajo como instrumento de sobrevivencia y la ociosidad como medio de vida. Aquí entra la dimensión lúdica de la vida humana; las actividades generadas por el juego, individuales o grupales, siendo ésta una característica propia del hombre, que “inventa juegos y se divierte como ningún otro animal sabe hacer”87. Para ser más preciso, podemos decir que el hombre busca la satisfacción y la alegría en los juegos y demás diversiones. Vence los obstáculos para sentirse victorioso. Participa de actividades laborales, no sólo para recibir el justo pago, sino porque en el acto de hacer su trabajo siente placer. Cualquier actividad puede ser placentera, incluso el trabajo puede verse como tal, pero no como acto lúdico ¿Cómo se caracteriza una actividad lúdica? “Para que una actividad merezca ser considerada lúdica, o diversión, el placer, la satisfacción no deben estar en ella como ingredientes, sino deben constituir su objetivo primario”88. En la actividad lúdica, por tanto lo que cuenta no es la forma como la persona se divierte, sino la voluntad de divertirse. El acto es lúdico no porque provoca alegría, sino porque se busca por su capacidad de ser placentero. El ser humano alcanza la felicidad en la ociosidad. El ocio es creativo; de mentes ociosas y no atribuladas es que nacen las novedades.

2.3.4. El creciente desempleo

¿Qué valores fundamentan la sociedad actual? No es exagerado decir que el mundo actual hoy más que nunca busca la felicidad, pero contradictoriamente se aleja cada vez más de ella. Hay un corre-corre frenético en busca del tiempo perdido para ser aprovechado en producir.

87 88

Cf. Batista MONDIN, op. cit., 209. Ibídem, 212.

41


El mundo actual puede ser caracterizado como una sociedad del tener, “es una sociedad de propietarios libres. El trabajador se considera como propietario de la fuerza de trabajo que vende esa fuerza mediante un contrato con el capitalista”89. Así, por un lado tenemos al dueño de la empresa y por el otro al dueño de la fuerza de trabajo. “Él queda exclusivamente con su fuerza de trabajo, forzado, por tanto a operarla con los medios de producción ajenos”90. De esa forma el trabajador produce pero no es propietario del producto de su trabajo. Ese intercambio desigual tiene como consecuencia una desmotivación del trabajador en relación a su trabajo. El trabajador realiza su obra con el único placer de producir, pero con la obligación de quien es sometido. Siendo así que ejecuta su tarea desmotivado porque sabe y siente que no nació para la sumisión. ¿Pero sería esa la función del trabajo en la vida del trabajador? Claro que no. El trabajo no debe ser sufrimiento, sino un elemento de realización.

El trabajo es un aspecto fundamental de la vida por atender a las necesidades humanas, tanto desde lo material como lo espiritual, ya que a través de las tareas concretas el hombre se sustenta, al mismo tiempo, expresa su modo original de realizar valores en un determinado tiempo y lugar. Descubrir su valor como contribución personal para la vida en sociedad es fundamental para el hombre contemporáneo que vive en una sociedad donde es valorizado el individualismo, el aislamiento y la competitividad. El trabajo puede constituirse en una oportunidad privilegiada para que el hombre actual redescubra la posibilidad de la auténtica relación yomundo -donde lo personal no sea negado, olvidado o disuelto- en la medida en que el trabajar se torne ocasión de encuentro.91

El ser humano que se humaniza por el trabajo no puede ser feliz cuando se le impone como coacción o medio de sugestión, pero tampoco puede ser feliz sin trabajo, pues sin él no consigue los medios de sobrevivencia. Por eso, de modo general, la sociedad actual está formada por hombres y mujeres infelices que viven esta realidad contradictoria. El 89

Cf. D. SAVIANI, op. cit., 155. Cf. Ibídem, 155. 91 Cf. BRANDÃO, op. cit., en <http://www.hottopos.com/vidlib7/sb.htm> 90

42


origen de esa infelicidad, del estrés y de tantas otras dolencias de la sociedad moderna no está en el trabajo, sino en la injusta distribución de los frutos del trabajo. Lo que estresa e infarta no es la carga de trabajo, sino la creciente certeza de no tener acceso a los frutos del trabajo. Después

de

la

Segunda

Guerra

Mundial,

el

proceso

de

industrialización, los innegables avances tecnológicos dieron la impresión de que en poco tiempo la sociedad mundial disfrutaría de un bienestar inigualable y nunca antes imaginado. Pero ese bienestar se acabaría en los años 1980 y 1990 con una gran crisis. En el período de postguerra había la expectativa de reconstruir el mundo estigmatizado por las bombas y el odio. Era de esperarse, por tanto, que se desarrollara en la población un clima de expectativa positiva, confirmado inicialmente por la expansión económica. Había la lejana amenaza de la guerra fría, pero “la situación mundial se tornó razonablemente estable poco después de la guerra, y permaneció así hasta mediados de la década de 1970, cuando el sistema internacional y las unidades que lo componen entraron en un período de extensa crisis política y económica”92. Es una crisis que se reveló no sólo política y militarmente, sino también económicamente. Por esta razón trajo consigo el clima y perspectiva de desánimo. Se pasó a constatar que “la Era de Oro perteneció esencialmente a los países capitalistas desarrollados”93. Y esa tal vez haya sido la principal causa de descrédito en relación al trabajo y la visión de que éste no reporta aquello que es la gran aspiración humana: condiciones para vivir feliz. Lo que sucedió a partir de los años 1980 fue una fase de creciente desempleo. “La tendencia general de la industrialización sustituyó la capacidad humana por la de las máquinas, el trabajo del hombre por las fuerzas mecánicas, arrojando con ello personas a la calle sin empleo” 94. O sea, el avance tecnológico que debería generar bienestar social, generó desempleo, ya que las industrias que contrataban personas comenzaron a 92

Cf. Eric HOBSBAWM, Era dos Extremos: breve história do século XX (1914-1991), Cia das Letras, São Paulo 2001, 225. 93 Ibídem, 225. 94 Ibídem, 402.

43


despediarlas, utilizando en su lugar equipamiento robotizado. Los avances científicos, que deberían haber generado mejores condiciones de vida y subsistencia, generaron concentración de renta y de poder. El drama en la actualidad no es solamente el desempleo, sino la falta de empleo. “Los empleos perdidos en épocas de crisis no volverían jamás.”95 Lo que lleva a muchos a decir que la sociedad actual se encamina a ser una sociedad sin empleos. Esa sociedad del desempleo está produciendo otra realidad. La afirmación de que se vive no una crisis de desempleo, sino una crisis de mentes creativas que sean capaces de reinventar posibilidades de trabajo. Por eso, más que buscar empleos el desafío hoy está en ser emprendedor, creando las propias oportunidades de empleo. Con eso se acentúa la característica de competencia presente en la sociedad capitalista actual. Una sociedad que tiende a valorizar la propiedad y la capacidad de producir para el otro. Por eso, el emprendedor no emprende en nombre de su autorealización, sino para vender y mantenerse vivo. Fue en la década de 1980 que se llegó al más doloroso escenario: “Los países pre-industrializados eran gobernados por la lógica férrea de la mecanización, que tarde o temprano hizo más caro que una máquina al más barato ser humano”96. Todo esto para decir que el trabajo humano, que es ejecutado para producir la felicidad de quien lo realiza, ha engendrado inquietud ante el creciente desempleo. La mecanización y todos los demás avances técnico-científicos que fueron anunciados como sinónimos de bienestar, de placer y ociosidad, produjeron desempleo y el drama de la marginalidad. Aunque se admita que el trabajo es indispensable para la vida y la dignificación humana, no ha sido para muchos ese espacio.

95 96

Ibídem, 403. Ibídem, 403.

44


CAPÍTULO III: EL TRABAJO HOY. UNA NUEVA SIGNIFICACIÓN

3.1.

Trabajo: Manifestación de la intimidad de la persona La filosofía medieval veía a la antropología como “filosofía segunda”,

una metafísica de la persona97; el hombre era estudiado como un ente particular separado de la realidad. Esta estructura de pensamiento va siendo superada hoy; ¿por qué es preciso corregir estos esquemas? El motivo es profundamente antropológico. Por ejemplo, en la filosofía tomista, que fijaba su mirada en el acto voluntario, más que en la voluntad misma o en el ser personal, el uso activo era tenido como el último de los actos de la voluntad, aquél que mueve a las potencias humanas para alcanzar lo previamente decidido. De esta manera la acción se hacía dependiente de la voluntad como causa eficiente.98 Hay que tener en cuenta que: (…) la acción tiene que ver con la obra en virtud de su propia intención de otro. Ello implica que para la acción, la alteridad de los procesos naturales es insuficiente, y que la modificación de ellos que la obra significa es un incremento de alteridad; es decir, que la obra es más buena que los procesos naturales. Ahora bien, para que la voluntad humana sea capaz de modificar dichos procesos, el incremento de la intención de otro ha de correr a cargo del movimiento que construye la obra, el acto voluntario ha de servirse del conocimiento y de las facultades motoras, lo que requiere que éstas no sean pasivas. En caso contrario no se podría usarlas.99

Expresándolo de otra manera: la acción no le compete solamente a las facultades humanas y al cuerpo, sino que reúne al hombre por entero. Engloba a su naturaleza, la perfecciona mediante la obra y la empuja a un fin mayor que no está contenido en ella, es otro, el destinatario. De este modo,

97

Cf. Rafael CORAZÓN, Filosofía del Trabajo, Rialp, Madrid 1990, 57. Cf. Ibídem, 58. 99 Cf. L. Polo, Antropología trascendental, II, Eunsa, Pamplona 2003, 168. 98

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la intención de otro de la acción es la obra; pero no se detiene en ella, por ser un medio, la atraviesa y desemboca en la intentio.100 La transición de la multiplicidad a la igualdad de los elementos de la experiencia se realiza desde el punto de vista de la aprehensión de la persona; nos permite afirmar que en cada uno de los casos en que actúa una persona, se produce la misma relación persona-acción; que esta relación idéntica implica la forma en que se concibe a una persona a través de la acción. En este contexto, “igualdad” equivale a la “unidad de significado”.101

Cuando decimos que la intención „atraviesa‟ la obra, se quiere expresar que por la obra se advierte o desvela el sentido de la misma; o sea, la acción revela a la persona, que es contemplada a través de su acción: La acción nos ofrece el mejor acceso para penetrar en la esencia intrínseca de la persona y nos permite conseguir el mayor grado posible de conocimiento de la persona. Experimentamos al hombre en cuanto a persona, y estamos convencidos de ello porque realiza acciones.102

Por eso, el trabajo no puede separarse del fin de la persona. No es la obra el fin, pero adquiere con ello un sentido más enriquecido. Todo acto del hombre, por su libertad, significa más que lo que contiene; la naturaleza humana, a través de ellos, manifiesta sensiblemente la intimidad de la persona, que debe ser interpretada, puesto que es un símbolo imperfecto e incompleto.103 La coexistencia con los otros se nutre de la manifestación esencial que se logra a través de nuestros actos. Pero los actos son insuficientes. “Un anillo o un beso manifiestan el amor, pero no lo son; una sonrisa o un gesto despectivo se interpretan como agradecimiento o como desprecio, etc.”104 La intimidad puede descubrirse en las obras, pero siempre será mucho más que lo que ellas revelan. Por eso, “la acción humana [el trabajo] no es mera acción, o acción sola, sino acción transida de sentido, de intelección.”105

100

Cf. Ibídem, 168-169. Cf. K. WOJTYLA, Persona y acción, BAC, Madrid 1982, 17. 102 Cf. Ibídem, 12-13. 103 Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 61. 104 Cf. Ibídem, 61. 105 Cf. J. F. SELLÉS, Razón teórica y Razón práctica según Tomás de Aquino, Cuadernos de Anuario Filosófico, 101, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona 2000, 58. 101

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3.2.

Sentido del trabajo

¿Es el trabajo un fin?, ¿no estará, más bien, atiborrado de sentido?, ¿podríamos establecer una relación estrecha entre la intimidad del trabajador y el destino que éste haga de sí mismo como don que se ofrece a otros? No podemos detenernos en la obra hecha; no se trabaja sólo para la producción de algo; es por eso que el producto no es mero efecto de una acción física o intelectual. La libertad -que está presente en los actos del hombre- va más allá de todo el obrar humano. El trabajo no es solamente una actividad necesaria para la subsistencia, sino la acción más propiamente simbólica del hombre. Por él, la naturaleza se impregna de sentido, pues, “mediante la producción, una idea ha llegado a ser efectiva, ha sido dotada de vigencia real”106. Trabajar, por eso, es más que causar. El hombre no es una fuerza o un fenómeno más en la naturaleza, es él quien la eleva y le añade a la finalidad física lo que se ha llamado “intentio finis”107 y la convierte en ofrenda que junto a su misma persona pone a disposición de los demás y de Dios. Este planteamiento -poco entendido hoy- nos presenta a la esencia humana como medio de elevar el universo incorporándolo, en cierto modo, al ser del hombre. De manera que la libertad le da al universo el sentido que naturalmente carece y lo hace manifestación y aporte. [Mediante el trabajo, el hombre] (…) asocia la esencia del mundo a la habitación humana, de manera que gracias a ella el hombre hace pasar sus fines propios (no la causa final sino su destinación) por el entramado mundano, ligando así la esencia del mundo al destino eterno del hombre. Producir es, en este sentido, potenciar y elevar humanamente la esencia del mundo.108

Todo trabajo -ya sea manual o intelectual- debe ser realizado con la mayor perfección al servicio de los demás, de tal forma que por humilde e 106

Cf. I. FALGUERAS, Crisis y renovación de la Metafísica, Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico de la Universidad de Málaga, Málaga 1997, 56. 107 Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 62. 108 I. FALGUERAS, op. cit., 57.

47


insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar las realidades temporales y se convierte en gracia, en don109. Así la Creación entera, incorporada a la humanidad, vuelve a Dios a través del hombre. Para ello es preciso que la persona sea entendida como don y que la libertad -dejando ya el caduco concepto de capacidad de decisión- sea entendida como apertura y herramienta para trascender. El hombre no es un ente entre los entes, sino un ser que pertenece al orden de la trascendencia, porque su dependencia radical de Dios está regida por la libertad. “Por tanto, trabajando con la vista puesta en el fin trascendente, se sirve mejor a los demás”110 El pensamiento moderno, al cerrarse a la trascendencia, ha querido dar sentido positivo al nihilismo, lo ha valorado como lo más propiamente humano, con lo que ha caído en contradicción consigo mismo: si tener valor es carecer de valor, el hombre está de sobra111. “He aquí la forma extrema del nihilismo: la nada [lo carente de sentido] eternamente.”112

3.3.

El trabajo como don

El producto del trabajo forma parte del gran número de medios que lo constituyen y que a su vez remiten a otros medios sin que exista un medio que sea fin. “La persona no es „causa‟ de efectos (…), el producto del trabajo es más que un efecto, porque deriva de la libertad y, en cierto sentido, es una novedad no precontenida en el trabajador (…)”113. Añadir, aportar, sólo le compete a los seres que son libres, por eso “es imposible que exista una persona sola, porque la soledad frustra la misma noción de persona”114. El dominio déspota que nos refería Aristóteles, no es,

109

Cf. SAN JOSÉ MARÍA ESCRIVÁ, Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer, 7ª ed., Rialp, Madrid 1969, 10. 110 Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 159. 111 N.B. Siguiendo el pensamiento Sartriano: <<Es absurdo que hayamos nacido; es absurdo que muramos>> Cf. J. P. SARTRE, El ser y la nada, Losada, Buenos Aires 1968, 668. 112 F. Nietzsche, La voluntad de poder, 75. 113 Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 150. 114 Cf. L. POLO, Introducción a la Filosofía, Eunsa, Pamplona 1995, 228.

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en sentido propio, una relación basada en la libertad sino causal; tiene como consecuencia efectos, no productos. ¿Cómo entender el trabajo desde este punto de vista? No es incorrecto entender la libertad como un dominio de los actos, pero la libertad personal traspasa el orden de los medios. No se trata de que los actos del hombre estén en sus manos, sino que lo más propio de él es destinarse en orden a otro. El trabajo requiere un destinatario y solamente así será manifestación y aporte personal. La libertad desaparece cuando se pone en función del producto o se cosifica a los otros sin reconocerlos como personas. Por eso, cualquier acto humano realizado con plena libertad adquiere un valor trascendente, por pequeño que sea. Si no hubiera destinatario el acto perdería su sentido como acto libre convirtiéndose en una espontaneidad natural. Aquí está la clave para comprender la grandeza del trabajo como acto voluntario integrado en la estructura donal de la persona como aportación de un don que puede ser ofrecido por ella. Así la persona puede conocer y tender a Dios como lo que es y no porque su producto valga más o menos en el mercado. La ofrenda ya no es solamente el producto material que ha alcanzado, sino su misma persona. Desde la perspectiva cristiana esto significa que “no hay en la tierra una labor humana noble que no se pueda divinizar, que no se pueda santificar. No hay ningún trabajo que no debamos santificar (…)” 115. Consecuencia importante de esto es que la vocación profesional que cada uno debe encontrar o crear no es solamente un estímulo cargado de subjetividad que nos permita trabajar con rigor, realizarnos o ilusionarnos; es algo mucho más relevante; es el medio por el que cada persona encausa su vida como don a los demás y a Dios. Si el trabajo se rebajara a ser solamente fuente de satisfacciones individuales y egoístas y no constituyera una entrega de la persona, se

115

Cf. SAN JOSÉ MARÍA ESCRIVÁ, Carta, Roma 31-V-54, cit. P. RODRÍGUEZ, “Camino”, una espiritualidad de vida cristiana, 4ta ed., Palabra, Madrid 1975, 107.

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convertiría en fin en sí mismo, enclaustrando a la persona e impidiéndole vivir como tal. Si el fin del trabajo fuera atender las necesidades más básicas o la búsqueda de nosotros mismos y todavía más, si su finalidad radicara incluso en otra persona en particular, sería estéril. (…) el trabajo exige por su misma naturaleza que la persona sepa qué hacer y por qué. Si la intentio queda detenida en el producto, la libertad puede perderse; si se detiene en otra persona humana, siempre queda un resto de egoísmo que no puede eliminarse (…)116

Solamente cuando el destino personal tiende a Dios, el amor puede crecer sin medida y dar sentido a todos los actos humanos.

3.4.

Autorrealización en el trabajo

El mecanicismo ha llevado a plantear el tema de la emancipación del hombre. Ser hombre se ha convertido así en una tarea, en un programa de vida; aprendiendo a dominar la naturaleza el hombre se ha construido a sí mismo y se ha hecho más libre. Esta relación con la naturaleza ha sido lo que lo ha definido: “allí donde se cobra conciencia de que la satisfacción de las necesidades humanas no es un fenómeno natural…, allí la naturaleza ya sólo aparece como terminus a quo de la libertad (…)117. La dignidad del trabajo se identifica con la dignidad personal. El producto del trabajo es uno mismo. De tal forma que cuando se emprende con perfección, orden y se convierte en ocasión de servir a los demás, “el hombre no sólo se hace buen trabajador, sino que se hace mejor persona (…)”118. Así aparece la importancia del trabajo en la autorrealización personal. De ahí el derecho que toda persona tiene a que la sociedad y los gobiernos le faciliten puestos y medios de trabajo.

116

Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 155. Cf. Ma. P. CHIRINOS, Antropología y trabajos, Cuaderno de Anuario Filosófico, 157, Pamplona 2002, 15. 118 Vid. Multimedia: Catecismo Social, por P. Fernando Castro y P. Jaime Molina-Niñirola, cap. I, No. 64. 117

50


El valor del trabajo humano no se deduce, en primer lugar, del tipo de trabajo que se realiza sino del hecho de que quien lo hace es una persona. La dignidad que el trabajo confiere no debe buscarse principalmente en su dimensión objetiva sino en la subjetiva. El trabajo objetivo puede tener un mayor o menor valor humanizador, pero lo que en realidad realiza a la persona es el trabajo en cuanto actuación del sujeto. Por eso, todo trabajo es digno y dignificante. Es perjudicial la división de clases sociales que aún se hace según la calidad del trabajo que se realice ya que es éste el que está en función de la persona y no al revés. Si no atendemos a esto, se corre el riesgo de que de las fábricas y las empresas salga la materia ennoblecida y en cambio el trabajador puede salir envilecido o alienado por ser considerado como una máquina más de la cadena de producción y no como persona. Pero en una correcta filosofía del trabajo, más que afirmar que la naturaleza se ennoblece por el trabajo, hay que aseverar que el trabajador se ennoblece con su trabajo, y todavía más, que el trabajo es uno de los más innegables títulos de nobleza. “La nobleza y el status que de él se derivan adquieren cada vez más importancia, al tiempo que mengua, paralelamente, la de la sangre y la herencia…”119. En el trabajo se incluyen todas las dimensiones de la persona pues, por él, la persona crece en las virtudes, coexiste con la naturaleza, convive con los demás y, sobre todo mira directamente al destino personal, que es Dios mismo.120

El trabajo nos fuerza a un conocimiento real de nosotros mismos; puede producir unión entre los hombres y es así, un verdadero principio de fraternidad. Un trabajo humano es aquel que ayuda a crecer de la individualidad a la comunidad.

119 120

Cf. T. MELENDO, La dignidad del trabajo, Rialp, Madrid 1992, 28-29. Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 159.

51


3.5.

Una nueva concepción de trabajo

Hoy encontramos una re-conceptualización del trabajo humano como resultado de las diversas transformaciones que se han seguido de lo que podemos llamar “una sociedad informacional”. Este concepto ha sufrido muchas alteraciones que expresan los cambios económicos y las formas de producción propias de cada tiempo y lugar. Actualmente hay una revalorización del conocimiento y del saber que se adquiere con la formación y a través de la experiencia. Las operaciones productivas tiempo atrás se habían reducido al aspecto físico y maquinal, cosa que niega la participación de la inteligencia y de la iniciativa de los trabajadores. En este paradigma, el control, la prescripción y la limitación de los movimientos, prácticamente anulaban la importancia del “saber-hacer” de los trabajadores, ignorando con eso la capacidad que los mismos poseían en el sentido de perfeccionar los sistemas técnicoorganizacionales.121

Por eso, la nueva organización en torno al trabajo pone en tela de juicio algunos presupuestos importantes. Es ahora, en la era de las nuevas tecnologías de comunicación e información, de suma importancia el contenido cualitativo del trabajo, y que precisamente, ha contribuido a esta transformación en su concepción. Trabajar es ahora aplicar conocimientos adquiridos; volcar nuestros dones y capacidades para la programación y el control. Lo que trae como exigencia que los trabajadores tengan que formarse para lograr las habilidades que le son demandadas. Tenemos hoy un aumento de las exigencias de aptitudes para el trabajo, considerándose una base de conocimientos más amplios, exigencia de capacidad para la solución de problemas, exigencia para la toma de decisiones autónomas, capacidad de abstracción y comunicación escrita y verbal.122

121

Cf. Holgonsi S. GONÇALVES, "A nova concepção de trabalho", A Razão, Santa Maria RS, 1º de mayo de 2003. 122 Cf. Ibídem.

52


A ello se le suma que los trabajadores de hoy deben ser polifacéticos y con mayor nivel de escolaridad. Polifacético en el sentido de que es necesario que sean cada vez más calificados, capaces de incorporar en su persona disímiles repertorios profesionales. De ahí que muchos llegan a constituirse “toderos” para enfrentar cualquier acción laboral. “No se trata sólo de ascender en la escala social y laboral, sino principalmente de prepararse adecuadamente para realizar bien el trabajo.”123 Por la competencia tan grande en la sociedad actual, el aspecto reflexivo tiene supremacía sobre las habilidades manuales. El trabajo pasa a ser

definido

como

“movilización

de

competencias”124,

donde

la

intelectualidad profesional es un recurso necesario. Pero este modelo competitivo está lejos de que la mayoría de los trabajadores lo asimilen y acepten, los cuales, al no responder a sus exigencias dejan su trabajo y asumen nuevas formas de empleo formal o informal que, de alguna manera, les reportan mayores beneficios económicos. Así, podemos encontrar hoy a muchos intelectuales desempeñando labores que no tienen relación con la instrucción que recibieron. Tal desocupación de los intelectuales tiene lugar o aumenta cuando la instrucción accesible no está orientada hacia los tipos de empleo o de servicios requeridos por las verdaderas necesidades de la sociedad, o cuando el trabajo para el que se requiere la instrucción, al menos profesional, es menos buscado o menos pagado que un trabajo manual.125

Súmese a esto que en muchos de los ambientes laborales no existen siquiera las condiciones mínimas para trabajar. Según la organización Internacional del Trabajo, “más de 700 millones de personas están desempleadas o parcialmente empleadas, constituyendo esto uno de los mayores problemas de la post-modernidad.”126

123

Rafael CORAZÓN, op. cit., 159. Cf. Holgonsi S. GONÇALVES, op. cit. 125 Cf. JUAN PABLO II, Laborem exercens, II, 8. 126 Cf. Holgonsi S. GONÇALVES, op. cit. 124

53


En los trabajadores puede percibirse una inseguridad acentuada por la poca certeza de permanecer en su trabajo o por la constante y fatigosa búsqueda del mismo. La calificación profesional se hace hoy indispensable para transformar el trabajo. “No basta con evitar las chapuzas, sino que es preciso aprender a trabajar mejor”.127 Urge y preocupa a las empresas la formación de sus empleados, no sólo en el aspecto técnico, sino también en el político y sociocultural, haciendo del trabajador un hombre con mayor posibilidades para el ejercicio efectivo de su ciudadanía. En un momento en que las escuelas y las universidades están repensando sus proyectos pedagógicos, la nueva concepción de trabajo es central en la estructuración de estos proyectos.128

3.6.

La jubilación: ¿contradictio in terminis?

La jubilación forzosa u obligada mediante convenio colectivo es ajena al contrato de trabajo, pues se constituye en una de sus formas o modos de extinción. El contrato de trabajo puede ser extinguido unilateralmente por el trabajador, mediante su «dimisión», sin consecuencias indemnizatorias, generalmente, a favor del empresario, y en todo caso inexistentes cuando existe causa suficiente para ese proceder del trabajador, considerándose la «jubilación», en cuanto que voluntaria, como una justificación suficiente.129 Ésta es la jubilación que podría llamarse “anunciada” y que no constituye una ruptura violenta para el trabajador, “un supuesto que pacíficamente podría incardinarse en la categoría de la extinción por

127

Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 158. Cf. Holgonsi S. GONÇALVES, op. cit. 129 Vid. A. Tapia HERMIDA, “La cuestionable legitimidad de la extinción del contrato de trabajo y de la relación laboral por alcanzar el trabajador la edad”, disponible en http://www.laboral-social.com, publicado el 16 de octubre de 2009. 128

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voluntad unilateral del trabajador, concretamente en la figura de la dimisión”130. [Se trata] del cese en el trabajo por razón de edad decidido unilateralmente por el sujeto interesado. En efecto, aquí el protagonista absoluto de la decisión extintiva es este último, que, al reunir la edad y la carencia necesarias para el acceso a la pensión de jubilación, decide retirarse de la vida laboral activa y pasar a la situación de jubilado”131

Por el contrario cuando se extingue el contrato de trabajo por jubilación por voluntad unilateral del empresario, siendo éste el que pone fin a dicho contrato, ya que es parte de una norma colectiva, se habla de “jubilación forzosa”, porque ésta es impuesta al cumplir el trabajador una determinada edad y sin tener en cuenta su voluntad.132 Surgen entonces dos cuestionamientos respecto de estas posiciones contrarias en cuanto a la jubilación. La primera es si la jubilación podría dejar de ser un derecho del sujeto y constituirse sólo como deber jurídico; o sea, si en términos morales es lícito apartar forzosamente al trabajador de su actividad, básicamente del trabajo asalariado. La segunda es si la institución que dicta y regula tales normas deja de ser un mecanismo de protección social para convertirse en medio de represión social.

La historia pone de manifiesto la observación de que en toda la evolución de esta contingencia [vejez o jubilación] es común como regla general y salvando supuestos excepcionales, que el cumplimiento de la edad que se considere como pensionable actúe como presupuesto de la concesión de la pensión y nunca se imponga esta con carácter automático. La solicitud de la pensión expresa la libre voluntad del trabajador de jubilarse y, por tanto, de cesar definitivamente en la actividad laboral. Se trata de un derecho del trabajador (…) y responde a intereses estrictamente individuales del mismo.133

130

Cf. L. MELLA MÉNDEZ, “La extinción del contrato de trabajo por jubilación del trabajador: Notas sobre su naturaleza jurídica”, en Tratado de Jubilación. Homenaje al profesor Luis Enrique de la Villa Gil con motivo de su jubilación (L. LÓPEZ CUMBRE, coord.), Iustel, Madrid 2007, 1332. 131 Cf. Ibídem. 132 Cf. Ibídem, 1338-1339. 133 Cf. L. LÓPEZ CUMBRE, “La jubilación entre el derecho y la obligación”, en Tratado de Jubilación. Homenaje al profesor Luis Enrique de la Villa Gil con motivo de su jubilación, Iustel, Madrid 2007, 106.

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La jubilación obligatoria o forzosa es una anomalía que deviene de la vida pública marcada por intereses políticos partidistas y fue plasmada inicialmente “como una conquista del funcionario, a la que iba unido un derecho a una pensión de clases pasivas”134. Por ello se conceptualizó la pensión como un derecho social, un “jubileo” merecido del que cada uno dispone según su propio interés. Esa “regla de la jubilación forzosa” resulta coherente con una ideología denominada de “economicismo extremo”, que elimina cualquier libertad, incluso fundamental, si con ello se atiende a los intereses económicos de quienes dominan en los sistemas de economía de mercado permitiéndose además que en la negociación colectiva pudiesen pactarse libremente edades de jubilación.135 Lo que pasa en la jubilación forzosa u obligada, impuesta directamente por una norma legal o por un convenio colectivo, es que en realidad se elimina la libertad fundamental al trabajo, o se da pie al abandono empresarial, que “ordinariamente debiera tener la consideración de despido libre o no causal, en cuanto que el empresario no tiene que aducir una „justa causa‟ para extinguir unilateralmente el contrato de trabajo136. En el caso de los convenios colectivos que prevén la jubilación forzosa del trabajador, estos “no imponen el cese ni el desistimiento empresarial, sino que, en realidad, lo que hace es atribuir al empresario una facultad extintiva en base a la mencionada causa”137. La situación actual de crisis económica generalizada, con un desempleo desenfrenado, no es favorable a la libertad (constituyendo la libertad de trabajo una manifestación singularmente cualificada de la misma). Un panorama tan sombrío para amplias capas de la población puede sugerir que pronto se vivirán enormes convulsiones sociales. Algunos advierten de un resurgimiento de movimientos radicales, como el neofascismo. Por el momento nada de eso se ha producido (…). Puede 134

Cf. L. Martín REBOLLO, “Catorce ‘estaciones’ normativas en la jubilación del funcionario”, en Tratado de Jubilación. Homenaje al profesor Luis Enrique de la Villa Gil con motivo de su jubilación (L. LÓPEZ CUMBRE, coord.), Iustel, Madrid 2007, 256. 135 Vid. A. Tapia HERMIDA, op. cit., en http://www.laboral-social.com 136 Ibídem. 137 Cf. L. MELLA MÉNDEZ, op. cit., 1339.

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que no sea muy romántico advertir que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grandes algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la políticaespectáculo.138

Ante esta situación tan desoladora y cada vez más compleja se debe recurrir a este análisis en defensa de la libertad y dignidad del trabajador, que por encima de todo es humano, es persona.

138

Cf. R. MUÑOZ, “Adiós, clase media, adiós”, El País, sección Negocios, de 31 de mayo de 2009, 5.

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CONCLUSIONES

Como hemos visto, los diferentes procesos históricos han influido grandemente en la consideración social del trabajo para que hoy sea estimado como un derecho y un deber de cada hombre. Toda la vida social se estructura y organiza por el trabajo sin que esté tan acentuado el carácter peyorativo que antiguamente se le confería. Ya todos los trabajos son valorados, incluso los más básicos, por ser más necesarios, aunque la retribución económica sea inferior a la importancia que revisten. Hasta tal punto la sociedad gira en torno al trabajo que si se afectan servicios como la recogida de basura, hospitales, grúas de carretera, gasolineras, etc., se hace sentir sus efectos en toda la población, en mayor o menor intensidad. Ante un mundo cada vez más tecnificado se acentúa la dependencia del trabajo, ya que la materia bruta, sin ser trabajada, carece de valor y no sirve para el desarrollo cultural y técnico de los pueblos. En esta obra se ha intentado presentar una filosofía del trabajo, una aproximación desde el punto de vista antropológico sin pretender ser muy exhaustivo en el tema que tiene tanta complejidad como la persona misma, sujeto trabajador. Por eso nos hemos desentendido de aspectos como el económico, psicológico, político, etc.; porque la filosofía del trabajo está enraizada primero en una antropología. El trabajo no debe ser considerado como algo despreciable, pero tampoco debe constituirse como fin en sí mismo. Es verdad que con él el hombre revela su ser personal, atiende a las necesidades vitales, alcanza una posición económica que le reporta un bienestar en la esfera social, puede lograr el poder político, y más… pero todo ello es secundario. Si nos detenemos en cualquiera de estas finalidades perderíamos de vista lo más esencial y entonces nuestro trabajo se convertiría en acción para nosotros mismos y lo degradaríamos a una simple instrumentalización.

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Aquello que hace que el trabajo sea una actividad humana es que en la razón teórica se continúa la razón práctica, la persona manifiesta su intimidad, aporta y hace de su vida un don. Como persona, el hombre busca la verdad y el bien, no en el mundo, sino en otra persona, y lo propio de esta relación está asentado en la donación de su naturaleza y del mundo, a los que eleva a la condición de don que se entrega. ¿Qué nos frena al considerar la integridad del trabajo sin que nos quedemos en la fatiga, el producto o el beneficio que de él se siguen? Cuando nos centramos en su utilidad olvidamos las demás dimensiones del trabajo y caemos en un reduccionismo conceptual. La antropología para estudiar el tema es siempre la que tiene la última palabra. Como se ha expuesto, el fin del trabajo no es la utilidad, puesto que por alcanzar un producto a un precio demasiado alto, terminaríamos por hacer del trabajo algo despreciable. “Lo propio del trabajo es manifestar la verdad del hombre, su relación con el mundo, consigo mismo, y con Dios.” 139 La condición humana se mide por la rectitud con que se emprende el trabajo. Si la persona está esencialmente determinada por el aspecto donal, el trabajo es el medio por el que la persona puede retornar al Creador para aceptar y agradecer su existencia. Esta tarea lleva toda la vida y el hombre debe invertir en ella todas sus capacidades. Ésa es la razón por la que no podemos decir que el trabajo es castigo, una desgracia o una necesidad. Es, sobre todo, el modo como el hombre puede destinarse a Dios. Hemos visto la naturaleza del trabajo como actividad por la que el hombre crea y recrea el mundo a través de la transformación de la naturaleza; apreciamos el sentido objetivo del trabajo: el producto y las relaciones laborales; y terminamos con el sentido subjetivo del trabajo que define la vida del hombre por su acción. Todo esto, iluminado por las diversas concepciones históricas y las repercusiones teóricas y prácticas en el propio hombre. Lo anterior nos ha servido para advertir e interpretar desde la filosofía la nueva situación laboral que se va dando en la sociedad actual, 139

Cf. Rafael CORAZÓN, op. cit., 12.

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comprender y dar respuesta a toda la problemática social que esto genera, y potenciar la riqueza y el valor del empleo en un mundo cada vez más tecnificado. El fundamento del trabajo se encuentra en la antropología, pero, a la vez la enriquece, ofreciéndole una visión del mismo que no debemos ignorar. Como es la actividad más propiamente humana, aglomera todo el aspecto dimensional de la persona. El sentido y la importancia del trabajo no puede separarse del sentido y la importancia de la vida humana. En esto está su grandeza.

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Filosofía del Trabajo. Un Acercamiento Antropológico.  

Tesina de Graduación de Filosofía en el Seminario Mayor de Texcoco de Reinel Maya Ojeda

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