No podemos regresar a casa

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Juan Pablo Mora Benavides Mariana Navarro Valderrama Juana Valentina Rueda Contreras Julián David Saldarriaga Cardona Paulina Vallejo Soto José Alberto Gallardo Arbeláez Robinson Humberto Mejía Universidad de Antioquia Facultad de comunicaciones Comunicación audiovisual y multimedial 2020 1


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presentación No podemos regresa a casa es un cortometraje audiovisual de ficción que narra la historia de Carlos Eduardo y Esteban, padre e hijo, quienes tras un desafortunado suceso atravesarán una abrumadora transformación debido a la posible llegada de una inquilina que cambiará su hogar tal como lo conocen. Con esta cinta se pretende representar como el hogar se transforma gracias a la memoria que reside en él y en nuestros personajes, a su vez , evidencia como el espacio doméstico se convierte en una experiencia evocativa debido a las relaciones interpersonales que ahí se tejieron. Mientras que en el plano visual vemos una casa corriente, es en el plano sonoro donde residen los recuerdos y la memoria. En la imagen nos topamos con un no lugar, en el sonido con un lugar cargado de contenido identitario, relacional e histórico; que se configura a través de la presencia intangible de una madre que ya no está. Diferenciando entonces el presente inmediato y efectivo (representado desde la imagen en movimiento y el sonido diegético) del tiempo psicológico anclado al pasado y al recuerdo (representado mediante el sonido no diegético). Lo anterior por medio de la creación de un diseño sonoro que busca la convergencia armónica de los sonidos diegéticos y no diegéticos. Esa convergencia entre diseño sonoro e imagen construida por planos largos, procura componer un ejercicio contemplativo donde la pérdida de la figura materna en el hogar se manifiesta desde el plano sonoro y visual, enmarcados en el subtexto de la desaparición forzada en Colombia. 3


presentación

La casa, principal actante, será abordada por medio de una cartografía sonora que retrate de manera orgánica ese espacio sagrado que puede significar el hogar para quienes residen en el. Se elabora entonces un viaje donde mientras vemos una habitación superficialmente vacía, escuchamos una habitación cargada de memoria y valor emocional. Por medio de éstos tres elementos, imagen en movimiento, sonido diegético, y sonido no diegético, coincidiendo en el mismo tiempo de la secuencia del cortometraje, se pretende abordar la noción de la memoria como pedagogía social, definida en el libro Basta ya del Centro Nacional de Memoria Histórica como una manera de visibilizar las historias que son atravesadas por el conflicto armado en Colombia.

el equipo La ausencia materna se hace memoria en cada objeto, cada pared, cada detalle de la casa familiar. Es entonces un reto desde la dirección de arte y el guión del cortometraje, la configuración de esos espacios y objetos domésticos en relación a la psicología de cada personaje, sus formas de vestirse, de conversar y de relacionarse con su hogar, pues terminan estas por desarrollar, en el caso de no podemos regresar a casa, una enorme herramienta para el lenguaje cinematográfico que concede a los objetos, los espacios y las acciones del presente, la facultad para traer las reminiscencias del pasado.

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presentación

El ejercicio contemplativo dentro del lenguaje audiovisual se puede extrapolar tanto al plano visual como al sonoro, y en No podemos regresar a casa, al apostar por una estética limpia dedicada al detalle, la dirección fotográfica se convierte en un reto, ya que ésta debe responder a nuestra propuesta estética y a su vez cumplir a cabalidad el acto comunicativo y contemplativo. Sonoramente el reto es aún mayor, pues presentamos las mismas condiciones anteriores tanto estéticas como contemplativas y comunicativas, sumado a que se deben diseñar dos planos sonoros que coexistan en un mismo espacio, pero que no se mezclen al punto de no diferenciarse

Para el equipo de no podemos regresar a casa es un enorme reto retratar la ausencia por medio de la presencia de la reminiscencias de una persona , ya que, corporalmente no está, pero sigue estando presente en los espacios, los objetos, las cosas y en especial en la memoria de quienes la recuerdan. Desde el montaje es decisivo que mediante un adecuado tratamiento audiovisual se encuentre el punto medio en la relación de la imagen y lo sonoro, para que le permita al espectador situarse tanto en el tiempo del cortometraje como en los tiempos psicológicos de Carlos Eduardo y Esteban, los personajes del corto. A su vez, por medio de capturas de sonido orgánicas y naturalistas se busca crear espacios característicos del hogar

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presentación

Crecer en medio de las problemáticas de un país con un conflicto interno tan complejo, y hacer parte de una universidad pública como lo es la Universidad de Antioquia, logra despertar una responsabilidad de querer mostrar las diversas realidades que se viven desde muchos hogares colombianos. El cortometraje audiovisual “No podemos regresar a casa” debe ser llevado a cabo por medio de una producción organizada y con todo el compromiso necesario para lograr transmitir las repercusiones de una ausencia causada por las problemáticas nacionales y desde la dirección, darle un desarrollo al contenido que propenda por la verosimilitud como elemento clave.

No podemos regresar a casa pretende reflejar la ausencia de un ser querido de manera natural, sutil y sencilla. Por esta razón, es un desafío desde la dirección de actores guiar a los intérpretes del cortometraje para que se pongan en la piel de su personaje sin mucho esfuerzo, que estos puedan involucrarse totalmente con su papel y logren transmitir cómo se sienten sus personajes mediante una actuación naturalista y sutil. También es importante apoyar a producción en la coordinación de los recursos logísticos para la realización del corto y la difusión del mismo para que éste tenga un gran alcance.

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hogar y templo.

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marco teórico La experiencia del espacio doméstico está intervenida por una cantidad de valores que evocan relaciones análogas a la experiencia de espacios religiosos y espirituales, pues en el hogar, como en el templo, se conservan y transforman valores de componentes históricos, relacionales e identificatorios. Así, en el hogar se contienen vestigios simbólicos de la memoria, reliquias que de forma ineludible están ligadas a la naturaleza retrospectiva de lo ritual y lo cotidiano: el paisaje natal, la habitación de la madre, el álbum familiar. Eso evocando la práctica de rituales como la celebración del cumpleaños, la cena en familia, e incluso la charla cotidiana. Ese ejercicio de la ritualidad y los contenidos simbólicos que representan lo ausente o lo incorpóreo, hacen del hogar un territorio “cosmizado”, y así, lo dotan de una naturaleza excepcional; es un lugar santo, un templo. Pues si bien la noción de lo sagrado en occidente suele estar circunscrita a ámbitos de la percepción religiosa judeocristiana, se hace inevitable el reconocimiento de lo sagrado como una naturaleza que distingue y cualifica algo, trascendiendo entonces el recinto de lo religioso, o bien, posibilitando que cualquier acción, espacio u objeto pueda transformarse en algo religioso, y consigo, sagrado. Así mismo, la etimología de la palabra hogar nos conduce a una acepción proveniente del latín focus, misma raíz de la palabra fuego, y que ha ido evolucionando desde las primeras esferas familiares e íntimas en torno a una fogata, como a la posterior presencia del fuego en los hogares para dar calor e iluminación al espacio. El hogar es cálido, es un lugar de encuentro. La percepción occidental del templo como un espacio distante a quien lo habita, e incluso como un espacio inhabitado, donde se guarda una suerte de respeto sumiso ante los objetos y que es abierto a las personas en horas de visita, ha ido distorsionando una concepción menos coercitiva de la experiencia religiosa, donde lo sagrado es tal en cuanto puede tocarse, verse, olerse, y principalmente, ser utilizado. Para la mayoría de prácticas religiosas de la India, por ejemplo, las orillas del Ganges son un lugar sagrado, en sus aguas se lava la ropa, se vierten las cenizas de los muertos, se limpian los platos, y a su vez es es cuna de muchos niños que terminan por ser entregados a sus aguas. Es por eso, y no a pesar de eso, que el río adquiere su naturaleza sagrada. El hogar es un lugar de reunión, donde cada una de sus partes abre las puertas a una nueva forma de experimentar lo religioso, un espacio que nunca se termina de explorar aunque sus limitaciones físicas puedan mantenerse inmóviles. No es el hogar el que facilita la práctica religiosa, más bien es esta la que lo hace tal, un lugar donde las fuerzas del universo se hacen cotidianas y adquieren armonía, un templo. Pero así mismo, también hay quienes lo rechacen y para quienes la noción de la calidez de un hogar trasciende de las paredes. Eso no implica que no establezcan ese tipo de relacionamientos íntimos y espirituales en espacios diferenciados del hogar, pues la práctica de rituales, como lo puede ser un ritual de paso, seguirá presente agregándole un carácter vivencial a su experiencia diferencial. Referentes: - Maillard, C. (2014). India. Valencia: Pre-Textos - Eliade, M. (1981). Lo sagrado y lo profano. Madrid: Ediciones Guadarrama, Colección Punto Omega. - Augé, M. (2000). Los "no lugares" espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa.

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ausencia/presencia

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marco teórico Cuando algo está ausente, falta, la ausencia no se puede medir o ver pero se manifiesta a través de cierto tipo de presencia: el permanecer de algo en el plano psicológico aunque ya no esté en el plano material. Ese permanecer se vuelve doloroso en la medida en que no es una presencia como se desea y puede estar “mucho en esto” o “poco en aquello”; por esos deseos, sentimos que nos hace falta algo porque ya no nos satisface como cuando estaba, y en cuanto a la necesidad, analizando algunas de las premisas de Bowlby y Hallow con otras de Freud, el dominio y el aferramiento se presentan por una necesidad de seguridad, esto propone que la proximidad a los objetos es buscada. A su vez buscamos la sensación de seguridad cuando logramos compartir afecto por medio de su expresión y reconocimiento, así, según Ferrant (2008) podemos identificar tres tipos de falta: “La falta vinculada a la satisfacción pulsional, la falta vinculada a la privación de la necesidad de seguridad, y la falta consecutiva a la desaparición del copartícipe en el compartir de afecto”. La representación también juega un papel clave en la ausencia, la misma palabra re-presentacion nos habla de cómo el objeto se presenta nuevamente, Wilfred Bion (1962) explica cómo la función materna es la de las excitaciones del bebé que luego se volverán emociones y pensamientos, luego la función de las representaciones (primeramente motrices) se ocuparán de la ausencia de la madre, como el chuparse el dedo busca el reemplazo del seno, estas representaciones hacen parte de la memoria perceptiva. Luego podemos analizar la ausencia como parte de una pérdida y posteriormente un duelo, en su libro “Duelo y melancolía” Freud habla de cómo el enfrentarse a la realidad obliga a revivir la desaparición del objeto. El duelo pretende más allá de ser la aceptación de una desaparición material, ser una aceptación de una perdida emocionalmente, pero Freud también dice que por el narcisismo el ser humano no renuncia, simplemente hace un cambio donde el objeto perdido se funde en el ser, convirtiendo el amor hacia este por una nueva forma de ego, y viviendo el duelo como una remodelación de la identidad, así, “hecho el duelo se puede decir que el objeto está presente tres veces: narcisisticamente, objetalmente, y en las representaciones.” La ausencia se vuelve llevadera en cuanto resulta en una presencia en el ser.. Todo esto redefine la ausencia como lo que existe pero no está al alcance. La antítesis de la presencia y la ausencia explicada por Carrasco (1999) presenta que todo gira en torno a un “soy - no soy” “hay no hay” de esta manera la tesis es la presencia, la antítesis la ausencia, y la síntesis el duelo. En palabras de Umberto Eco “la ausencia oposicional vale solamente en presencia de una presencia que la hace evidente”, lo que no está también es expresivo. Según esto podemos ver las ausencias como paradojas al tener la fuerza de la presencia como método de manifestación. También es importante recordar la manera en que Rousillon (2015) expone la experiencia de separación, y el encuentro con la presencia anterior por medio de representaciones y percepciones del objeto. Para que algo nos falte antes tuvo que estar presente, en múltiples dimensiones tales como la emocional, psicológica, y perceptiva; cuando falta se va únicamente de la dimensión material, pero sigue presente en las demás, y se puede dar o no un duelo en el cual las representaciones convivan con la experiencia de separación para fusionar lo que se perdió con el ser. Referentes: -Carrasco, C. H. (1999). El significado de la ausencia. In Actas del XI Congreso Internacional de la Asociación de Lingüística y Filología de la América Latina Las Palmas de Gran Canaria, del 22 al 27 de julio de 1996 (pp. 687-696). Servicio de Publicaciones. -Rousillon, R. (2015). La dialéctica presencia-ausencia: para una metapsicología de la presencia. Revista de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis, 93-116. -Ferrant, A. (2008). La ausencia y sus afectos. Revista Uruguaya de Psicoanálisis, 107, 90-106.

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memoria y madre .

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marco teórico Madre, esta palabra tan conocida por todos, la cual la RAE define en una versión fraternal como: “Madre considerada en su función protectora y afectiva”, porque estas mujeres se encargan de guiar al ser humano en su camino de aprendizaje. El conflicto en Colombia ha dejado una marca indudable en la sociedad, y las madres, como muchos otros actores, también han sufrido los estragos de la violencia en el país. Siendo Medellín una de las ciudades más afectadas por la violencia en el país, se han desarrollado múltiples proyectos para escuchar a estas madres que no han tenido la oportunidad de dar a conocer su historia, uno de estos es Escuchar, guardar, abrazar: el archivo vivo de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria, en el que a través del acervo documental que las madres han guardado durante años para recordar a sus seres queridos, y la memoria colectiva de este grupo de mujeres que luchan por la defensa de sus derechos, se desarrolla este guion museográfico junto con el Museo Casa de la Memoria, que busca dar a luz la realidad de las Madres de la Candelaria, la cual es solamente una muestra de la huella que ha dejado la violencia en gran parte de la sociedad. Por esta razón, el archivo vivo que poseen las mujeres de la Asociación es considerado como una herramienta que conserva y protege la memoria colectiva, pues a partir de estos objetos se puede apreciar los testimonios de sus luchas, y a su vez, tiene una carga patrimonial que puede contribuir a elaborar la memoria social del país y han sido importantes pruebas para esclarecer la verdad de hechos tan atroces como la desaparición de sus familiares. En otras ocasiones, los hijos se han visto afectados porque la violencia le arrebató a su progenitora. Este es el caso de María Carolina Hoyos Turbay, hija de la periodista Diana Turbay, quien infortunadamente fue secuestrada y asesinada por el Cartel de Medellín de Pablo Escobar a inicios de 1991. María Carolina escribe su libro Desde el fondo del mar, en el cual relata el testimonio de su duelo haciendo una analogía con el buceo, deporte que practica desde sus 14 años. Hoyos Turbay (2019) expresa en su libro que acababa de cumplir 18 años cuando se enteró por las noticias que su madre había sido rescatada y estaba herida, que desde su secuestro tenía su vida en pausa y todo lo posponía esperando que ella volviera. María Carolina decide escribir su testimonio para que las víctimas de la violencia puedan sentirse identificados, porque es necesario darle voz a quienes han perdido a sus seres queridos en situaciones como esta. Además, con su escritura quiso dejar la memoria emocional de su madre; mostrar las veces que conversó sobre paz con comandantes del M-19 , porque veía en la paz una forma de diálogo para llegar a posibles acuerdos. Diana Turbay le enseñó a su hija a perdonar a sus asesinos, porque de ella María Carolina aprendió, además del amor por el periodismo, que el rencor y la venganza lastiman más. Por eso decidió seguir el legado de paz de su madre y se puso al mando de la fundación Solidaridad por Colombia, creada por su abuela Nidia Quintero, en donde lidera programas de educación y nutrición para la población más vulnerable. Hoyos Turbay (2019) “Así es la vida, como el buceo. Hay que aprender a soltar, hay que empezar a dar y ser”. Referentes: Giraldo Lopera, M. L., Toro Tamayo, L. C., Estrada Sierra, A., y Mejía Acevedo, V. (2015) Proyecto Museográfico Escuchar, guardar, abrazar: el archivo vivo de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria. Medellín: Beca de Investigación sobre Procesos museográficos, Convocatoria Pública 2015 Arte y Cultura para la Vida de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Hoyos Turbay, M. C. (2019) Desde el fondo del Mar. Aguilar, Random House.

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desapariciรณn forzada.

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En Colombia se estima que entre el año 2016 y junio del 2020 hay 15.929 desaparecidos, según la página de consultas públicas del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses 1 para un total de 40.913 desaparecidos, 30.951 casos corresponden a presunta desparición forzada según los registros. La desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad que se viene perpetuando a lo largo del territorio nacional durante décadas, pero solo fue tipificado como tal en la década de 1970 con la desaparición de la militante de izquierda Omaira Montoya. Antes de este suceso los crímenes bajo la modalidad de desaparición forzada sólo se enmarcaron en casos como asesinato o secuestro. Esta modalidad surge como una alternativa de control a las dictaduras militares en América Latina que actuaban contra la oposición y con el fin de mantener el poder. En el caso de Colombia, como se expresa en el informe general del grupo de memoria histórica ¡Basta ya!: Colombia: memorias de guerra y dignidad, este crimen fue elegido por los paramilitares para intimidar y generar terror en las comunidades, aumentando la reputación de la violencia ocasionada por estos grupos y a su vez ocultando la magnitud de sus crímenes ante la opinión pública por la falta de evidencia. En el informe, publicado en el año 2013 se resalta que, el registro único de víctimas no reporta autoría presunta en 21.423 de los 25.007 casos de desaparecidos, lo que equivale a un 85,6% del total, y es que para este delito en particular existe una fuerte invisibilización de las víctimas en registros estatales por la poca información que brindan los familiares al respecto, puesto que pueden encontrarse bajo amenazas, intimidaciones, por temor a ser juzgados o falta de fe en el Estado. El libro Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en Colombia, del año 2016 calcula que entre las 5.231 víctimas reportadas un 43.3% son campesinos, jornaleros, administradores de fincas o asociados a la economía campesina; empleados, obreros y profesionales 15.16%; 14.1% son comerciantes y vendedores ambulantes asociados al sector de servicio; 4% son funcionarios públicos; combatientes 10.8%, y en el 12.2 % restante aparecen estudiantes, hacendados ganaderos y religiosos. Este crimen no solo tiene una víctima directa, las personas desaparecidas, sino que además victimiza a las familias condenándolas a años de espera e incertidumbre acerca del paradero y el destino de sus seres queridos, altera la cotidianidad y las dinámicas de vida de las familias, las relaciones que tiene con su hogar tras despojarlos abruptamente de sus conocidos. Se resalta también en el libro Hasta Encontrarlos escrito por el Centro Nacional de Memoria Histórica y publicado en el año 2016, la profanación que hay del cuerpo del otro al tomarlo en contra de su voluntad y aplicar múltiples torturas con el fin de arrebatarle la humanidad, convertirlo en objeto de canje o exponerlo públicamente, como ha sucedido en algunas regiones del país con el fin de mantener el control. Es importante resaltar que, si bien la desaparición forzada estuvo entre el accionar de los grupos al margen de la ley, también por parte de la fuerza pública comandada por el gobierno nacional hubo casos de desapariciones forzadas, como lo es el caso de la operación orión realizada en la comuna 13 de la ciudad de Medellín y los falsos positivos esparcidos por todo el territorio colombiano.

marco teórico

1 Instituo Nacional de medicina legal y ciencias forenses. Consultas públicas desaparecidos y cadaveres. Recuperado de https://siclico.medicinalegal.gov.co/consultasPublicas/ Referentes: -Centro Nacional de Memoria Histórica. (2016). Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en Colombia. ·-Centro Nacional de Memoria Histórica. (2013). ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad

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sujeto y territorio

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marco teórico Para empezar el análisis de la relación Sujeto-Territorio, partiremos de unos conceptos claves para poder entender por qué esta relación es dicotómica, y además retributiva bilateralmente. El Sujeto en filosofía es el individuo pensante en oposición a lo pensado u objeto, y como adjetivo se entiende aquello que está agarrado por una persona o cosa, mientras que, el territorio se define como zona que corresponde a una jurisdicción o autoridad determinada. Entendamos entonces que el sujeto está sujeto a un territorio sobre el cual tiene una autoridad, siendo así, podemos expandir estas relaciones sujeto-territorio hasta sus expresiones más mínimas, como el estudiante y el escritorio sobre el cual trabaja, el vagabundo con la calle (en la medida en que éste territorializa ciertos espacios que a primeras consideramos públicos), la familia con el comedor, el individuo con su casa. Montañez y Delgado nos proponen que: “Toda relación social tiene ocurrencia en el territorio y se expresa como territorialidad. El territorio es el escenario de las relaciones sociales y no solamente el marco espacial que delimita el dominio soberano de un Estado.” (Montañez Gómez, Gustavo y Delgado Mahecha, Ovidio. “Espacio, territorio y región: conceptos básicos para un proyecto nacional”. Cuadernos de Geografía. Universidad Nacional de Colombia, N° 1-2,1998) Los seres humanos como seres sociales estamos casi que, obligados a desarrollarnos con el otro, y todo este desarrollo social se hace sobre un territorio en específico, lo que hará que este territorio adquiera carga semántica según la relación que se ha dado previamente, entonces, no es la misma casa en la que nació el primer hijo de la familia, que la casa en la que murió la abuela. Especifiquemos las relaciones sujeto-territoriales sobre la Casa, ya que este es nuestro primer territorio, desde pequeños entendemos que en el espacio público debemos comportarnos de cierta forma, pero, la casa es nuestra jaula de libertad en la cual podemos desarrollarnos y expresarnos sin cohibirnos. Las relaciones sujeto-territorio de la casa, son infinitamente variables, pero lo que debemos tener en cuenta es que los individuos no se aíslan de su territorio, ni los territorios son simplemente espacios materiales, sino que los sujetos se relacionan con su espacio de forma que éste adquiere propiedades semánticas nuevas, y puede retroalimentar la interacción al sujeto, esto quiere decir que, un territorio que se ha cargado fuertemente de negatividad por las relaciones humanas pasadas que allí se desarrollaron, va a influir en el estado anímico del sujeto que lo habite, hasta que estas relaciones vuelvan a modificarse y puedan cambiar efectivamente la carga semántica del espacio, consolidando así un territorio renovado. Generando una relación bilateral de influencia mutua.

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manifiesto de los que no podemos regresar a casa

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marco teórico

Nosotros, los que no podemos regresar a casa, reconocemos la erosión de la democracia y las constantes vulneraciones a las libertades civiles que se han venido ejerciendo en el territorio colombiano durante décadas, que atentan contra los individuos, pero más crítico aún, laceran de forma irremediable el tejido social del país. En Colombia se ha construido entonces una patria masacrada por sus mismos coterráneos. Hemos retrocedido 227 años desde que Antonio Nariño tradujo los derechos del hombre y del ciudadano, consolidamos una patria en la que los derechos existen solo en el papel, pues los crímenes de lesa humanidad se convirtieron en el panorama general de cada día, y nosotros, los afectados directa e indirectamente, aquellos que no podemos regresar a casa, constituimos solo un dígito más que se pierde entre las cifras de crímenes que hay en el territorio colombiano. Reprobamos rotundamente la desaparición forzada, que ha sido ejercida tanto por el Estado como por grupos al margen de él. Así pues, impugnamos todo tipo de ideología totalitaria, el fascismo, el autoritarismo, las dictaduras, las monarquías, las oligarquías, y cualquier forma política que propenda por la censura y la vulneración de la dignidad humana. Pretendemos consolidar un espacio para el análisis crítico, que se hace inherentemente necesario en el esquema social en el que estamos inmersos, a su vez, nos aislamos de las narrativas tradicionales que están imbuidas de una ideología dominante y retratamos las dolorosas ausencias, que, usualmente no se visibilizan por los medios. Somos la voz de todos y cada uno de los olvidados, reconociendo sus diferencias particulares, la voz del que se fue, pero también del que se llevaron, ya que éstos reclaman reconocimiento y representación. Se construye nación desde la más amplia comprensión de la misma, compuesta por todas sus aristas.

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referentes

Jeanne Dielman Chantal Akerman En su registro audiovisual, es evidente la minuciosidad por la duración de los planos. Formula un ejercicio contemplativo sobre la vida doméstica de una mujer, donde por medio de largos planos fijos, logra representar una cadencia del tiempo cercana al tiempo real, posibilitando así una percepción vivencial de la obra.

Jennifer Lara Memorándum Este cortometraje reconstruye a través de largos planos y experimentación sonora con instrumentos metálicos y material de archivo, la memoria nacional chilena y los secretos que se impregnan en las paredes y las habitaciones, ahora destrozadas, del antiguo hospital Barros Luco Trudeau.

Roma Alfonso Cuarón La creación de detallados paisajes sonoros que remiten a espacios propios de la vida cotidiana latinoamericana permiten una configuración del sonido tan cercana al pasado, que remite a la memoria múltiples imágenes relativas a la infancia y la jovialidad de la experiencia en la intimidad del barrio y el hogar.

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referentes

Neighborhoods Ernest Hood En este álbum de música electroacústica, su autor realiza un viaje a través del sonido reencontrándose con el paisaje de algunos espacios que le acompañaron en su infancia, las tiendas de su barrio, el sonido de su casa en las noches, e incluso su colegio. Reivindicando en ese proceso el potencial narrativo presente en el paisaje sonoro.

Andrei Tarkovski The

mirror

En su libro “Esculpir el tiempo”, Tarkovski elabora que la observación es el principio fundamental del cine, entendiéndola también desde el plano sonoro. En esta obra el autor explota esa cualidad, albergando en ella todo tipo de detalles polisémicos y heterogéneos que por un lado le dan un carácter vivencial, pero por otro la dotan de cualidades únicas e insólitas.

24 frames Abbas Kiarostami En esta cinta, mientras a través de la imagen se ofrecen pequeños indicios de información narrativa a la audiencia, es a través del vibrante y elaborado sonido de los ambientes, así como de la música diegética, que se consigue elaborar una impresión multisensorial del espacio doméstico y de los ambientes de la naturaleza, pese a la ausencia de diálogos y al limitado material visual (solo se compone de 24 planos fijos).

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Proceso Metodológico En el marco de la creación del cortometraje “No podemos regresar a casa”, se tomaron dos métodos de investigación que nutrieron la elaboración del guion y perfilaron la mirada narrativa que se quiere elaborar en la historia. Una de ellas es la autoetnografía, que si bien, como lo expresa Mercedes Blanco, ha pasado por una serie de transformaciones y cambios desde la etnografía como tal, es el estudio del contexto del otro desde una mirada autobiográfica que incluye en sus estrategias de recolección de información una gran escala de posibilidades como lo son textos narrativos, de ficción, entrevistas, historias de vida, entre otros, que apuntan a lo que varios autores llaman “formatos narrativos”, esenciales a la hora de elaborar la construcción de la mirada de los otros sobre un tema o contexto en particular, para este caso la relación del sujeto con su hogar.1 Por último, se implementa la casuística en relación con el método inductivo en el cual se parte de lo particular a lo general retratando una experiencia de la repercusión de la desaparición forzada en Colombia que remite a un contexto nacional de miles de desapariciones que alteran la cotidianidad y la realidad individual de muchas familias en el país.

Doble o nada Son demasiado interesantes y curiosas las relaciones de un individuo con su espacio, mucho más aún cuando éste nunca sintió que se le haya asignado uno. La etapa clave para el desarrollo humano es la infancia, ya que en ella se entiende la casa como un lugar en el que se brinda afecto, se aprende, se duerme, se come y se convive. Sin embargo, que los padres nunca hayan formalizado una relación, pero que se sigan viendo, queriéndose mucho y criando con amor a su hijo, da como resultado una dispersión de las funciones del hogar y una confusión en el infante, ya que este comerá en un lugar, luego dormirá en el otro, luego aprenderá en uno, y se le dará afecto en el otro, consecuentemente se acercará a un hogar e inmediatamente el otro querrá tomar ventaja, lo que entorpece cada vez más las relaciones sujeto-territorio en la medida de que el niño en desarrollo no reconocerá ningún territorio como propio, tan solo fluctúa entre la casa de la madre y del padre, y los reconoce como espacios que le son prestados momentáneamente, lo que concluye en una persona cuya relación sujeto-territorio tiende siempre al distanciamiento, ya que cree carece de autoridad sobre un espacio por más propio que fuese. 1Blanco, Mercedes. (2012). Autoetnografía: una forma narrativa de generación de conocimientos. Andamios,

9(19), 49-74

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proceso metodológico No tenemos casa pero sí un hogar Desde mi nacimiento, mi familia y yo hemos vivido en siete casas. La frustración de mi mamá al no tener un lugar propio ha sido enorme porque le parece preocupante depender de un arriendo, esperar que cualquier día nos pidan el apartamento y tengamos que acomodarnos de nuevo en otro lugar. Hemos recibido humillaciones de nuestra propia familia por esto, como cuando mi abuela nos “echó” de su casa sabiendo que nos la había alquilado barata para darnos la oportunidad de vivir allí por una crisis económica que tuvimos. Siempre que mis papás han querido comprar una casa, surgen necesidades en las cuales gastar sus ahorros, y por esta razón, el sueño de ese espacio propio está cada vez más lejos. Sin embargo, a sus ventiún años de casados entendieron que no importa si algún día su sueño se hará realidad, porque el hogar no lo hace un espacio, sino quiénes lo habitan. Y la verdad, me siento muy afortunada de la familia que tengo, porque así tengamos discusiones como cualquier otra y en ocasiones nuestras opiniones sean tan distintas, somos una familia unida que está ahí para apoyarse los unos a los otros en cualquier dificultad. Mi mamá ha estado a mi lado para abrazarme cuando tengo miedos e inseguridades, mi papá me ha apoyado en las decisiones difíciles que he debido afrontar y mi hermano es el compañero que tanto deseé tener a mis seis años. Así que cuando debamos cambiar de apartamento otra vez, construiremos nuevas memorias en otro lugar. Seguiremos realizando nuestras tradiciones y haciendo de ese espacio nuestro hogar, porque estaremos juntos. De la única manera en la que no me sentiré en casa, es cuando sienta la ausencia de alguno de nosotros. En ese caso, nada volverá a ser igual.

El tiempo atrapado La experiencia y el entramado de relaciones que construyo con mi espacio, con mi hogar y con mi familia, han ido a su vez haciendo las veces de constructores de símbolos alrededor de mi casa, y en ese proceso, la han hecho un recinto de encuentro intrapersonal y espiritual con rastros memoriales del pasado. Prendas del antiguo uniforme de mi madre me llevan a otros espacios temporales donde la recibo y hablamos sobre nuestro día, reímos. El olor de determinados perfumes, un cajón lleno de celulares y cámaras en desuso, los cuadros y retratos que pintaba mi padre; todos construyendo en armonía el espíritu que hace de la casa un hogar, al impregnarlo de vida y energía. Abandonar el domicilio, o un espacio del mismo, como una habitación, no ha sido nunca para mí un acontecimiento casual, sino una suerte de mutilación. No se es sino en cuanto a la experiencia sensible del espacio y del tiempo, experiencia que irremediablemente termina por filtrarse y quedarse a vivir, como una reminiscencia, entre paredes, sonidos, objetos: hogares. 24


proceso metodológico Pequeñez Siempre he vivido en pequeños lugares, algunos más que otros; desde que nací he vivido en tres ciudades diferentes y en cada una de ellas en distintos apartamentos, vivir en espacios chicos me ha ayudado a no sentir tanto miedo, si quiero salir a la cocina en la noche y escucho un ruido extraño puedo correr a mi habitación y estar ahí en menos de quince segundos, pero en los 10 años que llevo viviendo en el que ahora es mi hogar, nunca he escuchado un ruido extraño. A veces el hecho de que sea pequeño también me quita algo de privacidad, en las noches cuando quiero hacer una llamada importante prefiero salir al balcón, mi pieza está muy pegada de las demás y si hablo allí todo se escucharía, pero en algunos momentos resulta incómodo estar parada una hora hablando y recibiendo el frío que viene del parque el cual veo mientras hago esas llamadas. Me gusta ver el parque desde aquí. Mi habitación también es pequeña, pero es para mí, mi lugar en el mundo, es donde puedo correr si escucho un ruido extraño, o si quiero llorar, o si quiero escuchar musica y cantar, no sé si hay un lugar que me guste más que mi habitación, allí he aprendido a amar la soledad (en compañía de mi gata), he aprendido a tener miedo en las noches y dar vueltas en la cama cuando no puedo dormir. En mi cuarto y su pequeñez puedo ser yo misma, puedo estar desnuda sin pena y sin miedo de que alguien más me vea, puedo caminar descalza y probarme las mismas camisas que ya conozco con los mismos pantalones que ya conozco una y otra vez solo para ver cómo me vería.

Cable a tierra Siempre he sentido que estoy atrapada entre la gente. Estoy atrapada en la cortesía hacia extraños, en los buenos modales y ser cordial forzosamente en los espacios colectivos. Espacios que se construyen como sociedad y donde hay mucha gente represada, actuando y viendo actuar. Siempre, a eso de las ocho de la noche me entra la nostalgia, no importa que esté haciendo, me despido de mis amigos diciendo que extraño mi casa… casi nunca entienden y se burlan de mí, creen que es una excusa, pero nada más sincero que el profundo amor que siento por mi hogar. Mi casa. Me siento segura desde el momento en que cruzo la puerta, es como quitarse la máscara, caminar descalza de aquí para allá, ver también a los otros, mi familia sin máscaras. El ruido y el silencio toman otros significados, a veces hay silencio real, silencio incómodo de introspección. Mi casa, donde he vivido durante veintitrés años carga con la esencia de los que no están y los que la estamos la cambiamos día día. Lleva los gritos de la infancia, las peleas esporádicas y los amores que se tejen con el tiempo, lleva las miserias y las glorias de quienes la habitamos . Es nuestro cable a tierra, un pedacito de cielo en la tierra. 25


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estado del arte

A ghost story David Lowery Un músico que ha muerto hace poco vuelve a su casa como fantasma con la intención de consolar a su esposa, pero se da cuenta que ahora que no está vivo no puede hacer parte de la realidad como quisiera.

Oscar Muñoz Re/trato Proyección de video donde el autor logra un juego de desaparición y perpetuidad de un retrato que se dibuja con agua sobre cemento constantemente.

Cuerpo 36 Centro Nacional de Memoria Histórica Un documental del año 2002 que cuenta como una comisión de la Fiscalía exhumó 36 cuerpos de personas desaparecidas y luego asesinadas en las “escuelas de la muerte” de paramilitares.

Pina Bausch Café Muller Es una puesta en escena que se desarrolla en el escenario de un café, tiene variadas temáticas pero algunos de sus fragmentos retratan el aferramiento a una persona. 28


estado del arte

Río abajo Erika Diettes Serie fotográfica que expone objetos que guardan las familias de sus parientes desaparecidos o asesinados.

Juan Manuel Echavarría Requiem NN Una película sobre la gente de Puerto Berrio, Colombia, recuperando cuerpos del río Magdalena y enterrándolos.

Aliento Oscar Muñoz Serie de retratos dispuestos en espejos que solo pueden ser vistos cuando el espectador exhala su aliento sobre el espejo.

Samuel Beckett Esperando a Godot Obra de teatro donde los personajes esperan a Godot y el nunca llega, tragicomedia sobre la espera y la historia frente a alguien que no está

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tratamiento narrativo

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justifación

No podemos regresar a casa busca retratar la ausencia y el vacío que genera perder a algún miembro del hogar, esta es una realidad que se puede apreciar en miles de hogares colombianos gracias a las secuelas que ha dejado el conflicto armado en el tejido social del país. Se ha reconocido que la desaparición forzada ha sido empleada como medio de financiamiento de grupos al margen de la ley. No obstante, el Estado también ha sido partícipe de múltiples desapariciones como en el caso de los falsos positivos. Este hecho es contradictorio con los derechos humanos, ya que vulnera la dignidad humana. Y así mismo, va en contravía de la Constitución Política de Colombia. Aunque uno de los objetivos de la desaparición forzada es borrar la identidad de la víctima, este no se logra en totalidad, ya que la identidad de un individuo se construye gracias a sus relaciones interpersonales y los espacios que este desarrolla. Es por esta razón que las víctimas indirectas de la desaparición son los familiares del desparecido, los cuales sufren la incertidumbre de no saber el paradero de su ser querido. Por lo anterior es que mediante el lenguaje audiovisual se busca representar las secuelas que tiene un hecho como este en la cotidianidad de un hogar y cómo se reconfiguran las dinámicas familiares cuando un miembro falta. Y a su vez, se pretende mostrar cómo el espacio que habitan se carga emocionalmente a partir de la resignificación y sacralización que la memoria da a los lugares, convirtiéndolos así en lugares antropológicos. Esto se puede apreciar en el cortometraje a través del plano visual y el sonido diegético y no diegético, en donde a partir de la imagen en movimiento se puede observar una casa como cualquier otra, pero en el sonido residen todos los recuerdos y la memoria.

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