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estuario

marisa negri

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a mi madre, raquel arouxet

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pero aquĂ­ estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo vuelta estatua de arena puĂąado de cenizas para que tu inscribas la seĂąal los signos con que habremos de volver a entendernos olga orozco

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a lorena pradal y barby arouxet

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fe desmesurada de niña que reza en cada túmulo mientras su madre asea frenética el blanco rostro de la muerte

los bronces familiares cuelgan en racimos dorados el padre duerme entre las hortensias del río paraná

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por recalde pasan los reyes magos tal vez no en camello sino mas bien en un tordillo pardo enjaezado como para las fiestas mayas esta vez la menor de las niñas aguarda dibujando con tiza bajo el sol abrasador de la siesta a que ocurra el milagro para qué poner pasto se pregunta si todo es campo cielo y alambrado hasta donde la vista se pierde y no tendrán calor con esa ropa se pregunta la niña mientras el zumbido de las moscas es el único signo vivo debajo de la parra quién lava la ropa de los reyes sigue rumiando nancy las otras dos la miran fastidiadas cosas de chicos piensa gladys subida a sus nueve años dos muñecas rubias y una negra el abuelo juan escondiendo paquetes en los techos los pasteles y los vestidos nuevos que la madre terminó de coser bajo la lámpara de querosén todo eso duerme ajeno a los dolores de cabeza esa rigidez de la nuca los mareos el viaje inútil a la capital esa pequeña caja blanca en el cementerio de olavarría

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su hueserío se desliza por la casa quién seré después de tantas despedidas qué músculo o nave quedará en pie cuando el último rastro de todo lo amado se disgregue en la noche y ella que no viene se digna a dilatar los crisantemos los lentes negros el nudo va dejando sus hilachas ella arrulla la indolencia hasta dejarnos dormidas

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quise ser tu doble la exacta copia de tu elegancia miss simpatĂ­a mil nueve cincuenta y seis no hubo vals de quince no vestido blanco luna de miel no fui eficiente ni prolija ni sociable barby le puso lentejuelas a tu chal de seda tu nombre a sus muĂąecas para equilibrar el mundo

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un laberinto no es una casa una casa alza sus paredes defendiendo el territorio las fijaciones en las que se instala la angustia cultura del sacrificio olor a comida una casa es en los libros de lectura una madre que teje los felinos no son de fiar nada dec铆an los silabarios sobre la urdimbre de quien tej铆a desesperaci贸n y tedio en esa tarde de buc贸lica estampa maqueta de vidrios esmaltados una casa no es un laberinto

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he perdido la vela de la nana infantil el anuncio el paso de los ĂĄngeles voy quedando sorda mona ciega mona muda entrego mi cabeza al ĂĄrbol de la tierra raĂ­z celeste soy mundo invertido

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vinieron los ángeles no se trató sin embargo de una visita amistosa uno recortaba su silueta celeste a los pies de mi cama hubo espasmos tironeos venían por mi alma y ésta subía y bajaba a través del cuerpo resistiéndose a salir levantaron una columna de fuego querían asustarme yo soy la fuerza fui repitiendo con la voz quebrada de las apariciones los rojos adquirieron consistencia cierta viscosidad o luminiscencia en el humo de la noche yo soy equilibrio invoqué por las dudas un vapor tornasolado me conmocionaba el rostro apreté los dientes me tapé la cara con la almohada como si un tren se hubiese detenido en medio de la pampa el alma volvió al lugar convenido quedaron sobre el acolchado canutos descoloridos algunos botones del viejo costurero cosas de la batalla

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presa del ojo del venado enmudecĂ­a me asfixiaba temblor de conejo negro escondido en el fondo de su cajita de madera

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cómo echar llave en una casa sin puertas el jardín selva inexpugnable televisión encendida crujido de motores ella ordenaba el caos ella me quería de su lado y no supe no pude lo aprendí más tarde el gesto de la abuela cerrando las persianas la siesta delantal cargado de naranjas la jaula vacía los perros el cuarto de planchar no quiero salir no voy a bañarme no debajo de la mesa el mundo es otro mundo la oscuridad huele a alcanfor escribo contra el miedo

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llegar tarde a la púa del disco que vuelve al mismo surco sin sembrar no habrá espigas ni panes ni santa comunión -el blanco engorda decía barby mientras peinaba papeles plateados bailarinas o grullas que nunca iban a volar

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caminĂŠ por la soga encendida y caĂ­ del lado del veneno siempre del otro lado del mundo

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si un v贸mito gris me vaciara si escribiera hasta encontrar esos l铆quidos viscosos en donde mi padre limpiaba sus herramientas

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una mano del abuelo héctor me ocupa casi toda la espalda mis diez años sobre su regazo acunándolo su llanto es un volcán de leche desolada pienso en salvavidas en el bote de la isla en esa viejita de ojos grises que ahora parece de cera en la habitación de al lado las tazas el abanico chino la lata de las galletitas todo flota y va cayendo en cascada por la ventana hacia la galería mi mano acaricia su cabeza enorme que huele a glostora alguien quiere mandarme a jugar con los otros bajo la glicina estoy ocupada murmuro mientras canto bajito para que mi hijo se duerma

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primero el micro que podía pasar menos cuarto y las chicas formaban una fila aparte después las que tenían hermanos mayores en el liceo de al lado las que se iban con tías o criadas después el último timbre de algún rezagado después el silencio la luz sesgada de los pasillos y ya venía la hermana donatella o la hermana teresa con una manzana en la mano siempre roja a veces verde tu mamá ya viene quedáte sentada pero las baldosas del patio y más allá el rumor de las casuarinas y las cruces blancas donde dormían las monjitas que ya se habían ido al cielo con el señor dormían o se habían ido qué señor un día no te vienen a buscar nunca más sos hija de los gitanos vos en el cajón con llave la prueba una cinta roja con cascabeles siempre me lo decía mi hermano siempre me lo decía y en una de ésas me dejaban acá me vestían de gris y me iba arrugando entre los canteros de nomeolvides hasta que ponían una cruz blanca sobre mi cabeza

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que te digo que la vi en la esquina tiene un ojo de vidrio tu madre la gitana dicen que un diente de oro con otra más joven que no llevaba pañuelo fumaban hablaban raro no llores tonta si te dejaron con nosotros no te van a venir a buscar ahora pero por las dudas no salgas me tapo los oídos un hilo verde una pelusa un botón con una estrella ángel de la guarda dulce compañía pero no el de la iglesia santa adela que amenaza con el dedo y mira vidrioso como ella mejor el otro el del libro de nácar no el que parece un bebé porque ese es muy chiquito y cómo me va a cuidar un hilo verde una pelusa un botón estrellado debajo de la mesa

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decían que había pagado su belleza al que no se nombra decían que usaba peluca que enjuagaba su cuerpo con un almíbar extraño y los gatos la seguían como la peste con veinticinco años y un hijo natural no se podía aspirar a mucho en aquel tiempo le endilgaban amoríos con el caudillo local lo habían visto defenderla de la chusma a punta de pistola ella callaba detrás de los ojos penetrantes y nadie le conocía la sonrisa hasta que llegó el circo el mago saludó y a ella le crecieron palomas debajo de los pechos hizo una reverencia y se encendió la noche bajo el cielo de lona eleonora no quiso irse arrastrar al hijo a esa vida trashumante entonces fue él quien se quedó otra vez carpintero decían que cantaba conjuros en idiomas desconocidos que curaba la pata de cabra y que un solo toque de su varita devolvía la leche a las nodrizas a su paso caían los pañuelos desmayaban las vírgenes temblaban las viejas rezadoras de la sacristía

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ella envejeció primero y un día lo descubrió en falta en el patio no volvió escucharse una risa eleonora llamó a la peonada y levantó un tapial de metro y medio entre el taller y la casa mandó poner un catre y le quitó la palabra cada tarde arrimaba el sillón blanco y la mesita dejaba el mate en el muro y lo escuchaba sorber lento silbar baladettas tristes hasta que el sol desaparecía tras el alambrado

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cantante de circo repetía sin titubear si alguien preguntaba pero eso no es una profesión ni siquiera existe vos mejor abogada que siempre tenés algo que contestar o maestra entonces los muñecos en la escalera del patio pupilos ausentes ojos de plástico azul y con suerte barby peinarse con un rodete tizas robadas debajo de los cuadernos la música siempre la música un arpegio misterioso minúsculos hombrecitos con guitarras o violines dentro de mi cabeza pero la cantante de circo esa quimera

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perenne mi deseo, en el tronco de piedra ha quedado prendido como sangrienta hiedra; y desde entonces muerdo so帽ando un coraz贸n

delmira agustini

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a tati negri

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ah si tu madre era una reina el aliento del mundo se detenía a su paso y era su boca el cielo y el infierno confundidos la noche del baile tu padre llegó a la madrugada oí entre sueños el runrún de la dkw me despertó agitado conocí una francesita dijo y yo que le leía el peso del alma en la pisada supe que los dioses lo habían elegido la estrella del rockabilly cedía su puesto ahora los mortales tendrían una chance

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dicen las lenguas que gardel venĂ­a hasta las quintas de merlo para probar tus ravioles con salsa de almendras una guitarra en el patio y la llave de la cocina colgada sobre la pared celeste

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su paraíso de anís estrellado claras batidas a nieve cofia blanca trepada a la silla alta la veía cocinar estrellas de harina dibujadas sobre el mármol

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casi todas las hijas de don manuel tuvieron sus festejantes tanto mazapรกn y licor de yemas para la visita de los martes el correteo de la chica de los mandados aroma de azahares y canela detrรกs de la puerta casi todas se casaron y ella fue olvidando el asunto mientras picaba finita la cebolla

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cuerpos con nudos rezo de cara a la pared un catecismo de estampitas con reborde dorado esa tía frígida vestida de crisantemos blancos no de rojo no de verde así no se sostiene el tenedor la espalda derecha que diosito te está mirando y qué ve acaso espía dios creerá que sí optará por los tonos pastel botones cosidos a los ojos la magra concupiscencia de una copita de licor antes de dormir

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como todos los días de fiesta te peinaron con agua de colonia te almidonaron el traje de marinero desde la sala de recibir se escucha el alboroto de la gente la banda municipal la marcha peronista y no entendés bien dónde está tu padre si es domingo ni por qué las mujeres disimulan con maquillaje la adustez del rostro viene la abanderada de los humildes al pueblo lo dice la radio van a repartir juguetes y caramelos en la estación son sólo niños las escuchaste susurrar en la cocina la caravana lenta el gentío agazapado para verla como si fuera un santo un domingo de ramos como los reyes magos pero sin carbón un paquete de soldaditos una muñeca un trompo y vos también querías estiraste los brazos justo a tiempo para la pelota a rayas verde y roja pero más rápida que la vista tu madre le devolvió el pase un golazo en plena cara y el tiempo se quebró se miraron la esposa del preso político la esposa del general perón tembló el sonido de los clarinetes por un segundo y eva alzó la mano a sus guardias para continuar la marcha

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dice la abuela que tía tita nunca se baña y que en su casa siempre hay ropa en todas las sillas total que las visitas siempre tienen que quedarse paradas y que es una orillera eso lo dice más fuerte para que mi abuelo la escuche cuando se está por ir al comité dice el abuelo que su hermana es una artista que supo ser la más hermosa del pueblo hasta que el desgraciado de alberto la dejó con todo el ajuar bordado y se casó con delia la hija de la modista dice la abuela que la tía tita canta y fuma como un escuerzo y que eso no es de damas y por eso se quedó para vestir santos dice el abuelo que el que fuma es el ekeko para asegurar la prosperidad porque en su familia todos han tenido siempre que ganarse el pan y no les vinieron las cosas de arriba como a los de arma torterolo

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la escena de la infancia se repite el piano mudo y ella en la ventana los ojos en agua el cabello suelto se ha arrancado hebillas y peinetas en un gesto de fastidio pese a quien pese volará en el graff zeppelín sola si es preciso ver desde arriba la jaula dorada la escalinata de mármol las extrañas tierras del brasil ya una vez vino a buscarla el aire el pampero y jorge newbery en mil novecientos siete alzándola antes de esfumarse tras la torre del hipódromo creyó que iba a acompañarlo tan alto tan perfumado pero él la devolvió a los brazos de su padre y angélica rompió en llanto el próximo viaje él dijo y se perdió para siempre ya una vez vino a buscarla el aire el cabello suelto la brisa en la ventana un silbido de insectos entre las azucenas

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mi alma se lanza mรกs allรก de las cosas visibles errante y cautiva a la vez tao han

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a alberto mu単oz y pablo runa

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el jugo oscuro de la zarzamora escurriéndose en la boca hablo con la señora del espejo le cuento del ala de mariposa que encontré bajo la piedra y ella ríe con sus labios violáceos su vestido verde la mano hacia atrás se alimenta de polen igual que las abejas o de los frutos rojos del ligustro quiere que vaya más allá del reino al otro lado de la calle una ofrenda de frutos y bolillas del paraíso para permitirme el paso el jardín delante de la casa el silencio de la siesta en un pueblo de provincias

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un haz de luz en medio del salto y un camino que se cierra sobre sĂ­ guardan el relicario de huesos la voz que serĂĄ trueno en medio de la tierra una tea encendida sobre la frente atraviesa la niebla

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lleva a su madre de la mano hacia el jardín arrodilladas frente a la telaraña ves esas mosquitas están vivas dice cómo hacemos después se queda sola ante la invención del nudo

les adivina los labios susurran historias de fantasmas una lechuza agita las ramas del abedul mientras cae la tarde

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ocult贸 la memoria en una perla en el vientre de un pez abri贸 la b贸veda celeste con su pupila oscura la boca un espl茅ndido palacio

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otra vez la nieve salmodia heredada blanco contra negro el punto suelto en el tejido brecha apenas perceptible para quebrar la ley y despuĂŠs del granizo una cruz de escarcha en lugar de tu nombre

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jugo dulce que el viento trae a la casa un colibrĂ­ entre las grosellas y bajo la corteza una hilera de hormigas dibuja la fugacidad como quien dice no

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como quien tiende el mosquitero sobre una cuna hunde el pecho sobre el vientre pez germinal baya de espino visitada por el rocĂ­o en dos en tres en seis respiro lento oculto los perfumes rezo ya volverĂĄ a crecer origami

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frágil filamento escondido en el follaje así la actividad secreta de los seres devenir flor o fruto inadvertida entrada semilla o hueso de los días que vendrán como rocío temprano la palabra hace sombra debajo de las piedras anuncia fulgores porvenir y es un murmullo que navega la casa crece en lianas bejucos zarcillos escalando sobre la memoria animal arbóreo tendido hacia la luz

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juntábamos los restos de licor luciérnagas obnubiladas en un frasco por ese parpadeo tras los vidrios valía la pena vivir apagar las luces desnudarse y estirar los brazos hacer tangible el límite de la nada

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los niños perseguían hilos plateados por la casa el pulso enloquecido la niebla escindida por un leve soplo un giro y otro giro y otro giro canción de náufragos y más tarde casi muda entre los grises del zócalo una babosa la retahíla del amor y su desmesura

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una rĂĄfaga de viento el gesto yermo de la helada un tĂŠ dos espinas va a llover me lo dicen los colores

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un tazón de lluvia el suave alcanfor de la tarde y una corteza seca asisten a la última floración del cactus

navío o deslumbre una hormiga en viaje el mantel tendido sobre el pasto

las palmas sobre la tierra verde estambres que propician la memoria del mar una mariposa posada en su sombra anuncia la llegada del rey colibrí

agua que cesa sobre los techos ojos untados con almizcle un arpegio antiguo crece entre las adelfas

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eco mineral sobre agua quieta un reguero de p贸lvora desanima la acequia

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inquietud de tallos en la ribera papeles mojados sobre el obituario de la tarde vendrán otros días los he visto enterrar sus máscaras en el jardín quemar esta selva de papeles en la que me oculto vendrán otros días en la estación del fuego respirar a ciegas la otra aurora

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un sendero con flores de romero la lata de leche nido de la que asoma un malvón mi madre protesta los moños desatados el vestido blanco impresentable pero la abuela me dice yuyerita pone sobre mis brazos rodajas de papa para el exceso de sol aloe en los raspones de las rodillas cada brizna tiene su secreto en el jardín los tamarindos entregan sus hojas agridulces para calmar la sed y la ruda a un lado de la casa aleja la mala conversación al mismísimo oscuro si hace falta yuyerita hay que pedirle permiso a las plantas para que entreguen su virtud cortarlas con la mano fuerte en el nombre de san juan esa higuera es tu árbol de nacimiento yuyerita una velita roja y tres deseos cada año a sus pies

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ese frotar el pequeño estallido no enciendas fósforos de noche decía la abuela paula cartas pintadas con jugo de limón danzallama a escondidas la caja de cerillas un espejito de mano me salvó la infancia del veneno de los basiliscos

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son tus primas las muertitas anunciaba la abuela y prendíamos una vela perlada que duraba siete días cada noviembre sacaba el retrato de las nenas rubias anahí jumper azul rosana flequillo largo vestido celeste las dos serias las dos blancas blanquísimas muy juntas parecen angelitos decía la abuela me alzaba en su regazo para darles un beso la fotografía olía a heno de pravia como las sábanas de batista del último cajón venían del baile en santa luisa volvía a recitar la abuela mi cuñado no alcanzó a ver el tren la vista escasa la neblina el impacto feroz sobre la chata roja y yo dónde estaba pregunto vos vos eras chiquita chiquitita como un botón me gusta la caja de botones de la abuela te puedo ayudar a coser pregunto y ella me palmea la cabeza primero pedile unas rositas al jardín salgo dando saltitos corto dos pimpollos entreabiertos en nombre de san juan

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a meri siempre le brillan los ojos como si acabara de llorar mira con asombro como su gata briqueta a travĂŠs de la ventana meri cose porque la abuela cose telas a lunares festones parches con hilos de color cuando la abuela llama desde la pampa hay debajo de sus pĂĄrpados dos hojas de gomero lustradas por la lluvia cuando meri llama desde buenos aires chila vuelve a verla sentada en un banquito de madera vistiendo a la muĂąeca con un retazo de paĂąolenci azul

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cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida: es abatir la vertical del fuego y enaltecer la horizontal del agua: poner un freno al aire, dos alas a la tierra leopoldo marechal

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a luis hardoy

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iban a sacrificarlo y el niño mayor de don belisario apretó los nudillos contra la puerta de la casita verde cercana al stud venga don es urgente dijo manuel le pasó la mano por el flanco y el caballo bufó aliviado druid era su predilecto en cada carrera ganada el terrón de azúcar más que el premio las fotos para el jockey que dejaba al animal sudoroso en sus manos y se iba a la rueda de prensa pero la cosa estaba fea la cuartilla sangraba y estaba morada del golpe sentado en la caballeriza el cuidador lloró afuera las chicharras gritaban sacudiendo la siesta

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caía la tarde el hijo del patrón vino preguntando si precisaba ayuda suspendido de un gancho del techo con las patas a cinco centímetros del suelo estaba el alazán comiendo alfalfa en cuarenta días volvió a caminar el terrón de azúcar más que el premio paseando despacito por las quintas lejos de la gloria

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andrés sembró vástagos y rieles en la pampa prometida organizó a los hombres sedujo a las mujeres de todas las hijas de la tierra la más joven para amoldarla a su trato le cambió hasta el nombre con que la habían bautizado vivia ustariz fue felisa negri por el resto de sus años a los catorce se vistió de novia a los quince de madre y a los setenta ya viuda nos llevaba hasta el último cajón de su toilet sacaba una cajita verde rodeada de espliegos de lavanda se desleían las flores secas del tocado mientras los viejos esplendores lustraban los ojos

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será jockey como su padre mejor que su padre mingo torterolo pondrá al paisito en la gran boca del mundo dos años apenas y ya te ataban a la grupa de un petiso para que te vayas haciendo después alaska la yegua blanca patas firmes ojos dulcísimos y la ovación del hipódromo de maroñas las aguas ondulantes del río de la plata los parientes de la otra orilla las primas de sombrilla y abanico esbeltas como juncos y vos apenas metro y medio treinta y dos kilos pero no sobre alaska o imperio desde el lomo de un caballo el cielo es otro cielo y las mujeres se cautivan con tu estampa el jockey oblea dicen los diarios la promesa oriental rezan algunos y la fama es un pase libre a la noche porteña al tango en los suburbios a la amistad del zorzal a la tournée de buenos aires o parís las mujeres cautivadas y vos apenas metro y medio treinta y dos kilos los ojos dulcísimos de las primas esbeltas como juncos

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es que los despertaste a todos y el humo que cubre la ciudad no viene de la isla sino de empalme lobos en donde el abuelo andrés ha vuelto al oficio de fogonero y perturba a los empleados de la dirección de cultura intentando volver a su puesto tiene una densidad casi corpórea pero no se sabe muerto y en ello radican infinidad de inconvenientes las mujeres y los gatos andan olisqueando el aire una loción embozada en los archivos del sótano o cerca de la tiesa campana o en lo que era la pulpería de ramos y es un modesto supermercado con música indecente

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dele orientalito dele firpo duerme y el amigo del ford cruza la pampa por cien pesos palermo nos espera si grey fox le gana a botafogo qué fija orientalito el mingo se nos sube al podio de la gloria qué tango habrá que componerle mire que es uruguayo como usté nobleza obliga enfunde la guitarra lo importante no es el premio sino ese palpitar el zurdo al galope en los mil metros el tordillo perdiendo por una cabeza

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me acerco de costado y dejo que cuchillero me olfatee sus ojos sabios la cruz blanca en la frente el pelo lobuno lo acaricio despacio mientras le colocan el recado el pie en el estribo dos intentos y al tercero la pampa sobre su lomo todo el cielo de la tarde todo el campo rumoroso de aves y balidos sostenga la rienda compañera un impulso de talón y el cuchillero desandará el camino sienta al animal el húmedo resplandor de su cuero las patas en el polvo la cabeza hilvanada contra el viento vamos dejando la línea de las casas el galope se vuelve sol adentro eje de la tierra círculo inmóvil donde gira el universo

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desde su cuerpo encendido se veían las trescientas sesenta y cinco iglesias de bahía bajo la luz del sol la aldea de pescadores donde la mar deseaba morir la hierba verdinegra de chaitén las altas cumbres el nido del águila real era nave o trópico llameante la curva sombreada de su espalda en alas de un volcán sus dedos tatuaban estrelicias sobre papel de arroz y ella blanca roja dorada mieles o perfumes de amar

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agradecimientos: taller abuno de lore pradal y matías amici/ tía betty pampuro y marcelo richmond/ tía nancy arouxet/nina franco/ damián masotta y césar torres/al primico jóse/ silvina y fede /meri y agus/pablito ramírez arnol/andrés y luis/la yasán siempre/verito /la familia cordobesa/mis hijos juan y pablo/graciela nocetti/alfredo bernárdez/por lecturas, recorridos, mates, miradas que han nutrido este libro. www.unaruna.blogspot.com marisanegri@gmail.com

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Estuario, de Marisa Negri  

Libro de poesía de Marisa Negri

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