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Cuadernos de caligrafĂ­a Alejandra Correa

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Publicado originalmente por El suri porfiado Buenos Aires, Argentina. 2009

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A Roberto Raschella para quien darle voz a sus muertos es una misi贸n

A Rogelio Fern谩ndez Couto por ayudarme a escuchar

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“No, no estás loco, debés estar muerto”. Pedro Páramo, Juan Rulfo

“Los vivos y los muertos están cerca y lejos los unos y los otros. A ustedes se los ve cómo se mueven en sus paisajes. Nosotros vivimos expandidos en el vacío.” Jean Cocteau

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Sostiene mi mano derecha en su mano derecha la contiene en el hueco y aprieta mi puño en su puño pulgar e índice apuntalan esta pluma Dibujamos unos signos antiguos Me lleva desde fuera de mi trazo él es mi trazo él se aventura, yo lo sigo pero ya no es a él es al movimiento y su música su mano apretando la mía su movimiento en el mío Mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo (el olor agrio de la tinta negra en mi pequeña nariz) Volvemos al trazo interrumpido se elevan nuestras manos se acortan se ciñen se controlan Dibujamos el idioma Respira tan cerca su profunda voz emite algún sonido como dictando: más corto, más largo, más reunido Y entonces me dice: - Ahora, vos sola y me abre en un abismo

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Ejercicio 1: a e i o u a e i o u Escribí no te detengas dejales un camino de palabras (que no sean migajas las que busquen que sean tus palabras en el bosque del tiempo) Escribí que mis pies hace tanto no se hunden entre las Serranías y las mañanas (todo es ruido en este sitio que decían del silencio puro ruido) Escribí de la eternidad que el vino no baja su caudal por mi garganta (un gusano me mastica y me bebe: yo soy su vino) Escribí de mis ojos volvé a escribir mi risa abierta pájaro de sol aleteando entre mis dientes dejame otra vez partir escribime en la partida ahora que me doy vuelta y saco mi mano derecha del bolsillo como quien dice “Aquí estoy” con las letras más bellas jamás imaginadas

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Ejercicio 2: BuEnOs AiReS - bUeNoS aIrEs El barco lo oscuro el gato muriéndose el río-mar de la Plata la plata las veredas rotas mis venas que duelen lo que se pierde las orillas, siempre las orillas mis músculos, quietos mis piernas de sentarme, quietas tu beso en mi frente Te escribo esta carta desde el revés de tu hoja El río de noche es una garganta con suerte la garganta nos arrojará a la orilla a la mañana pero esta noche estamos ahogándonos en el vientre de una ballena (no son ojos de buey son pupilas de una ballena, de una tortuga monstruosa que se desliza sobre este mar de agua quieta) Es hora de hacernos una promesa enlazá tu meñique en el mío que juntos se hundan en el agua Dejemos que la tinta se lleve nuestras huellas para que las encuentres en el reverso de mi letra cualquier día de estos 8


Sandía Podías estar entre mis dientes como las semillas negras de una sandía o debajo de la cama grande con tus brazos cruzados como un muerto de historieta (Debajo de la cama en un cajón de madera yo guardaba mis revistas de historietas) Podías regresar de entre los muertos como en el catecismo que aprendí con un odio sordo para vestirme de monjita ese domingo de diciembre Podías escaparte de mis sueños y hacerte cuerpo al lado mío si cerraba fuerte los ojos y contaba hasta un millón O haber afincado en tu Atlas Universal y mientras yo perdía mi nombre residir en el fascículo 155: Australia ese país con el que los pobres construían sus anhelos en los setenta O haber escrito un mensaje en el agua sí, hubo días en que el Río de la Plata contenía un idioma entero y lejano hundiéndose sin que yo pudiera leerlo

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Ejercicio 3: Mi-se-re-re: Miserere Creíste que mis primeros pasos en esta ciudad que olía a conquista estaban escritos en una carta la buscaste y ni una sola palabra que aludiera a ese recuerdo tuyo tan vívido yo no decía nada del río del barco de la ciudad horrible te hablaba de una plaza “Miserere” donde conocí a un anciano que creyó en mí aun cuando solo tenía lo puesto y mis manos y si creyó en mí fue porque me vi en ese viejo como quien se asoma a sí mismo después ponía algo sobre Ezeiza te hablaba de un sitio donde “enormes cascajos” despegaban impulsados por un deseo antiguo y humano había que atravesar leguas enteras para atar cables esas fueron las únicas historias que escribí con circuitos eléctricos y pinzas aislantes y en mis cuadernos tampoco habrá señales son puros palotes aes emes trazos en cascada como mamá nene telescopio y en ellos el dibujo la forma en que la tinta se detiene y vuelve a fluir en el siguiente gesto superficies de silencio 10


Tumba que te tumba Tuve miedo de tu frío de que tu frío se adueñara de mí como un bloque de hielo atado a mi espalda en las noches llorabas en mí de frío y pensé en abrigarte con una frazada de ribetes azules supe mucho más tarde (demasiado tarde) que Anais quiso hacer lo mismo con su muerto (¿una solución literaria?) es que entonces el frío vos y yo éramos los únicos en este mundo de locos

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Ejercicio 4: c-c-c-c-a-a-a-a-m-m-m-m-p-p-p-p-o-o-o-o Sobrevuelo la estancia Las moras el sitio donde caen bajo las balas los azules conejos de tus ojos Te muestro ahora mis manos de sangre pero ya no tenés asco ni un miedo que te deja sin sueño piedad sí tenés tanta desde que vivo en un mundo atiborrado de conejillos caídos de tu sueño (no eran ovejas eran conejos muertos los que contabas ¡así no hay quien se duerma¡) La estancia está no es barrio privado ni extensión de leprosario de tarde en tarde camino sin sentido tras un eco de voces viejas pisadas o huellas en el surco jirones entre los naranjos y los panales A campo abierto en la luz que filtraban las ramas de los eucaliptus tu carne pequeña se hacía trizas en lo que se pudría de muerte natural bajo nuestros pies algo siniestro respiraba y vos podías oirlo Ahora, en este regreso donde todo eco es inaudible, el silencio asusta o estos son perros que no saben aullar a los muertos

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Estancia Las Moras Dejar atrás ese disolverme en lo abierto fue un dolor solo comparable al último atardecer hubo una canción olvidada y cuando quise cantarla - un siglo después había perdido la voz

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Ejercicio 5: ár-bol, ár-bol El aleteo de tu carne niña horadó un anillo en el tronco del tiempo como el surco de mí en el mundo esta cicatriz por la que se desliza tu trazo hacia la próxima palabra

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La 16 Tuve la necesidad de volver (cada tanto me pasa) me senté en la cama grande (así la llamábamos) sobre la manta floreada que oculta las sábanas blancas almidonadas y frías cada una con su sello: “Hotel Lunel” recorro con la vista cada objeto que allí se aquieta en la repisa los libros del Círculo de Lectores adquiridos en cómodas cuotas por mamá la cama chica la mesa y las cuatro sillas el televisor “Superluxe” la máquina de coser a pedal la heladera Saccol el ropero desvencijado en el que cabe un mundo y en su techo todo lo que quedó del naufragio dentro de una valija negra las pantuflas desarmadas tu equipo de campo: el pulóver marrón tejido a dos agujas con rombos y trenzas los gorros de lana recuerdos de tus viajes a un mundo maravilloso donde había aves y peces donde tomabas vino de una bota vasca y volvías con las liebres y las perdices desflecadas oliendo a sol y sudor dentro de la Kodak Fiesta en esa valija negra -- un ataúd de nuestros viejosbuenostiempos --

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las cintas violetas con letras doradas “Nunca te olvidaremos” la cruz de bronce de aquella primera tumba junto al único árbol en cinco manzanas de barcos anclados para siempre los cuadernos de caligrafía la bolsita con las cartas que ahora hurgo porque estoy segura que contabas algo del río de por qué cruzar el río de lo que se deja en las orillas de lo que tenías que buscar: un pedazo tuyo entre los cerros como yo que ahora tuve la necesidad de volver a sentarme en este sitio del pasado y esperar a que se haga de día

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Ejercicio 6: nenenenenenenene - ¿Y tu hermano? ¿Qué es del niño? El niño del que hablás ya es un hombre y sólo en las fiestas ríe conmigo ha dado a luz su propio hijo a quien le enseña a tejer con piolín una trama que reúne muebles y ríos grietas y autitos colorados de vos aprendió una lección que no olvida la que dice: “no es bueno que un padre muera antes de que su hijo lo mate” y de eso puedo hablarte: tengo una hija que se hace mujer cada mañana (“¿una chancleta?” hubieras preguntado si casi puedo oirte) a veces me mira con extrañeza con vergüenza con desesperación ella es mi tumba yo soy una mera espectadora de esta guerra a la que me entrego con la única dignidad posible: la de la retirada prevenida reúno un hato de palabras y lo pongo en sus oídos una canción de cuna que no ceda a la rompiente qué más te puede dar una madre

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Ejercicio 7: Car Carl Carlos Me preguntás qué pude haber dicho para aferrarme a tu hermano a través de esta muerte no hay palabras más ciegas que las de un muerto a tientas y con la yema de los dedos solo algunos desesperados podrán tocarlas (y vos sos la desesperada número uno) vos extrajiste de mí hasta la última piedra de lo que no dije fue una tarea de un geólogo tenaz que rayó con la locura ¿Extracción de la piedra de la locura? o con la omnipotencia esa espada de fuego que te sostiene creyendo que los muertos respiran en tanto vos respires y dialogan como yo lo hago en estas cortadas líneas (¿O tenés vocación de médium?) Va siendo hora de que entiendas que todo amor contiene una ficción y vos repetiste la tuya hasta el hartazgo como esos testigos que mienten en los juicios y los detectives se dan cuenta por lo exacto de su versión Decí la verdad: ¿qué tuviste que olvidar para que yo siguiera vivo? Él te pide que no lo salves, te advierte que de nada le servirá tu preciosa fábula

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Ejercicio 8: mi mamá me mimamamama ¿Y por qué no volviste ese domingo bajo el sol de diciembre al paredón de rectángulos parejos? ¿por qué no trepaste a la escalera endeble para leer los nombres que habitan junto al mío en esta pajarera monoambiente donde mis cenizas bostezan? qué te detuvo, ¿fue ese quedar atada a la vida? ¿el miedo que tiene el que se quema con leche como dice el refrán? No lo niegues más: no volvés a mi tumba para conservar el hilo de este débil relato que me sostiene

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Los años Desde mi cama de niña por sobre el sonido de un televisor inerte oí los cuerpos caer el río se cerró sobre ellos una eternidad o los masticó para devolverlos al puro azar de la costa Ese silencio nuestro fue un animal rumiante que aún habita el Río de los Muertos

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Ejercicio 9: nimia- mente- nimia- nimia Y ese asunto de las mariposas ¿por qué te desvela tanto? Alfileres de cabeza redondeada algodón, papel secante y alcohol Buscar una “zona mariposa” atravesar el espacio con mirada de flecha elegir la más grande la más bella la más desamparada decretar la muerte cercana como un pez en el aire avanzar por detrás con la sutileza de un relojero cerrar el índice y el pulgar sobre las alas sumergir al insecto en una bolsa de nylon apenas agujereada (si la mariposa se siente asfixiada aletea sin medida descargando la seda de las alas y se convierte en un objeto inservible) con un alfiler y un algodón mojado en alcohol atravesarle el cuerpo con una estocada Ya no habrá más alas ni peligro de movimiento la mariposa es ahora esa crústula descarnada rodeada de una corona de inútil seda lista para permanecer

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Mariposa, mariposita Estaban una junto a otra vacías el cuerpo negro y seco las alas perdían todo su esplendor dos minutos después de que el alcohol las penetrara Las mariposas son un recuerdo de todas las tardes de primavera en que la muerte estuvo a mano para nosotros es mi primer capítulo de El matadero ilustrado para niños la risa se me congelaba y sólo podía ver la tuya desdibujándose entre puñales para coleópteros Una función de títeres y una gran moraleja: “la muerte nos sale desde adentro” (como escribió Javier) Lo que siempre te hacía único y aterrador era esa facilidad tuya para hacerla presente y tangible (de la muerte hablo) a la hora en que otros mojaban las vainillas en el Nesquik

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Ejercicio 10: dic dic dic dictado Y ahora te dicto (no tengo saliva nada que sea mojado nada caliente) Estoy en tu hombro derecho soy un cuervo que te dice al oído o en el sitio donde las palabras se abren al mundo (escribí, vos escribí) Antes de delinear cada letra es necesario retener el aire para que el trazo se sostenga con firmeza en la tarea recomiendo soterrar la fibra sensible de los días vaciarse antes de que el mañana imponga sus rutinas y dejar que sea un gesto el que nos escriba (ahora sí que la letra te salió parejita)

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Me matan si no trabajo ¿No era acaso tu extrema fragilidad la que diseñaba ese mundo de letras en cuadernos pentagramados puro ritual de las noches búsqueda de orden y perfección en el cansancio de un obrero enterrado en una ciudad por hambre que reza su plegaria en la caligrafía? ¿Son tus palabras Rastis a los que volvés para diseñar lo que no sucederá como la letra al trazo lo que caerá en medio de la hoja perfecta en un manchón azul-negro? Tomo el trazo inconcluso de este dibujo bello y monótono que me une a vos lo tenso hasta partirlo como un río un fragmento de tu tinta o el fantasma de tu mano persistirá mi letra no es perfecta respira y eso la hace impredecible horriblemente impredecible

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Ejercicio 11: Papá con acento en la a … la forma en que llevaba mi bata de baño que libros prefería leer como tomaba vino --antes o después de las comidas-si me gustaban los gatos si usé alguna vez la palabra “saltimbanqui” si olía a pez o a metal si roncaba o el sonido del aire de mis pulmones era un murmullo si mis pies tenían tus dedos si comía carne con fruición o simplemente comía si me gustaba o temía a la lluvia una infinidad de hechos en la vida de un hombre común lo que no entendés ahora aquí mismo es por qué me dedicaba a la práctica de la caligrafìa al regresar de mi monótono trabajo como limpiador de tanques de agua te preguntás si en verdad mi intención era ejercitar algo en el orden de la belleza de la concentración o del silencio Debo decirte que la tuya es una tarea destinada al fracaso: no traducís una lengua ajena sino el dibujo de tu propio idioma escrito en cuadernos de caligrafía y por un muerto

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¡Oh no¡ - dijo el conejo Disociar las ciudades del gran concierto universal idiomas paisajes edificios ríos y turistas conocer las bestias de los mares y sus profundidades de los aires y su inasible propiedad de las cuevas y lo que en ellas se esconde atravesar el espacio en forma de bala o el agua con un brazo de hilo y anzuelo extraer de ellos los frutos para hacerlos comida y también obra de arte domesticar las letras y sus junturas las curvas y los terrenos escarpados del idioma ordenar los trazos medirlos a ojo de buen cubero darles forma precisa con la pluma y con la tinta atar cables y cabos no dejar puntas sueltas nombrar luz a la sombra ése podría ser el manual que me dejaste antes de perderte en el tiempo un atardecer o a lo mejor estoy inventándolo

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Ejercicio 12: Final, FIN Ya no practico letras sobre manteles de hule al anochecer de ningún día El mío es el universo de lo que se escribió de una vez y para siempre Soy tal cual me recordás eterna sonrisa del mundo flotante padre en larga marcha expandiéndome en el vacío es por eso que nuestro diálogo tropieza y se detiene en la tierra de tu infancia invadida por un fango amargo y crudo como la sangre de un animal recién abierto Punto y aparte al filo de una hoja

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Ol vi do lo ol vi do lor Explórate a ti mismo como jamás explorarás al mundo Escríbete a ti mismo como jamás me escribirás a mí Invéntate a ti mismo como jamás te conocí Caligrafíame Caligrafíote en lo escrito está el movimiento está el tiempo que late está lo vivo de lo muerto estamos vos y yo sosteniendo esta pluma antes de que suelte tu mano para siempre

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Mi mano derecha se cierra en caracol sobre la lapicera el índice se enrosca y el anular soporta toda la fuerza de mi puño se eleva apenas mi mano se descontrola y corre me aventuro al movimiento y la música me desboco como caballo herido Soy un buzo dentro de una cápsula oxigenada al borde de la asfixia Me amarro y me suelto me deshago La letra se me adelanta fluye horizontal entre una y otra orilla sobre la línea tenue de los renglones algo me apura y sé que siempre algo se escapa Estoy corriendo detrás de una liebre internándome con toda prisa en la más cerrada de las noches

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Cuadernos de caligrafía, de Alejandra Correa  

Cuadernos de caligrafía, de Alejandra Correa