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Entrevista con el maestro Por Juan Diego Gonzáles

Juan Manz Alaniz

Empezamos la entrevista mientras ordenamos una limonada para el poeta y un café para mí. Originario de Ciudad Obregón, Juan Manz es uno de los escritores con más peso específico en el Noroeste de México. Accedió amablemente a una charla pero debido a una serie de actividades por parte de Escritores de Cajeme A.C., la cita se había postergado. Por fin, nos ajustamos a una tarde tranquila y escogimos el café del hotel Valle Grande. El motivo: el homenaje que se hará en la Feria del Libro de este año en Hermosillo, al llevar su nombre como reconocimiento a su obra poética. ¿Cómo inicia Juan Manz este camino en la poesía? Con esta pregunta, nos vamos al pasado. El poeta recorre con su mirada los años idos y señala: “Oro verde” fue el primer poemario, en 1982. Ya había escrito poetas sueltos desde 1974, pero éste fue el primero en forma. El motivo era participar en los juegos trigales, pero sobre todo, tenía la necesidad de escribir sobre la tierra. Con la tierra es lo primero que tengo contacto. En 1969 murió mi padre Juan Manz y me hice cargo de los cultivos. El primero frijol soya ya sembrado, era en agosto y estaba a punto de secarse. Trabajamos para rescatarlo y se dio la cosecha en octubre. Después vino el trigo en noviembre. Tenía 24 años y me había convertido en agricultor hecho y derecho. Para abril del 70 ya teníamos la cosecha. Para mí, el trigo siempre ha sido el más emblemático y significativo de todos los cultivos. En el momento de la cosecha, tengo la impresión de entrar en un estado espiritual, porque las ilusiones se mueven en el aire, hay esperanza de una recompensa cierta cuando el grano dorado va llenando la tolva. Precisamente ese es el motivo central de “Oro Verde”. Es una biografía poética del ciclo del trigo. Terminé el poemario en dos meses y lo metí a concurso de los juegos trigales de ese año 1982. No pasó nada. Y tomé la decisión de publicarlo. Se imprimió en los talleres gráficos del Imparcial. –Juan descansa un momento, refresca su memoria con limonada y continúa su historiaLo presentamos en la biblioteca pública “Jesús Corral Ruiz”. Y después seguí escribiendo. Te confieso que ignoraba lo que la poesía me tenía preparado. Me dediqué al campo. La tierra me mantiene vivo y estoy conectado a ella. Aunque ahí estaba la semilla de la palabra en mi corazón. Recuerdo que El Instituto Tecnológico de Sonora (Itson) empezó a publicar una colección llamada granos de trigo y me pidió un libro breve. Reuní como 20 poemas sueltos que había escrito entre 1974 y 1984. Estos poemas no tienen relación entre ellos, ni de forma o contenido, a diferencia de “Oro verde” que mantiene una unidad temática.


La plaquete se llamó con “Un rumor de canción”. Después de algunos años, con más lectura y experiencia en esto de la poesía, siento que fue apresurada esa publicación. Posteriormente, en 1986 en esa misma colección, me volvieron a publicar otra vez. Ahora sí, me tomé más tiempo en elaborarlo, siento que tiene más congruencia, más fuerza. Así salió “Para repasar el círculo”.

Balada de tierra adentro (1995) Luego de eso – detiene el recuerdo y me pregunta si será bueno cenar y le explicó que es mejor terminar la entrevista, pero igual nos decidimos por unas enchiladas, para seguirbueno, te decía, escribí poemas sueltos por casi una década. Para esto, se me pasaba decirte que estaba registrado en la Asociación de Autores y Compositores de Sonora. Compuse varias canciones como “Quimera de papel”, con la que gané un concurso en el “Festival Nacional de Compositores de Provincia” realizado en Mazatlán allá por el 85. En esa década me dediqué por completo a la tierra, para producir trigo y soya, garbanzo, cártamo y ajonjolí. También estaba mi familia, ya tenía mis tres primeros hijos Janinne, Juanito y Jessica. Judith nació el 90. Entre el campo y la familia, escribía en los ratos libres. Aunque en realidad ningún poema tenía mucha relación entre ellos. Hasta que surge “Balada de tierra adentro”. Aquí se concentra la historia del Valle Yaqui, los sucesos más relevantes, es un homenaje a toda la gente noble y trabajadora que formó el valle, que lo hizo florecer en cada surco, en cada espiga, con cada semilla. Te debo confesar que esa década no fue tan de sequía, porque el poemario ya estaba escrito de alguna manera, pero le di forma ese año del 95 y fue publicado.

Tres veces espejo

Juan Manz Alaniz

Para entonces ya había leído y releído a Vicento Huidobro (Altazor), Pablo Neruda (Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra) y a Walt Withman (Leaves of grass). Te menciono a estos tres porque los considero fundamentales en mi formación como poeta y también por su influencia. Aquí empecé a escribir “Tres veces espejos”. Lo considero un poema existencial, sentía la necesidad de hablar sobre los momentos dolorosos en la existencia del ser humano. Salió publicado en diciembre de 1986. Lo considero un parteaguas en mi vida como escritor. Surge un lenguaje diferente, el uso el verso libre es de una manera decidida y la poesía se vuelve contemporánea. La Asociación para las Bellas Artes tomó en sus manos la publicación. Después lo enviaron al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Por ese libro fui invitado a un ofrecer un recital poético en la ciudad de México. La sala Museo Mural Diego Rivera nos recibió de forma afectuosa en 1987. Al regresar de México, seguí en el campo, con la siembra y los riegos. Pero algo había cambiado. Recuerdo que al llegar al INBA recibí buenos comentarios sobre “Tres veces espejo”, ahí conocí precisamente al poeta Marco Antonio Campos, quien trabajaba en ese entonces en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). En mi interior sentía una gran satisfacción por las críticas hechas al poemario. Fue en ese año que tomé la decisión de trabajar más duro en los poemas, de escribir de manera asidua, menos esporádica y sobre todo, escribía los poemarios completos, nada suelto. La palabra había cobrado sentido profundo en mí, había despertado y descubierto al poeta en mi interior. –Pide un vaso de agua sin hielo, toma un poco de aire, como si los recuerdos flotarán alrededor suyo. Sigue la entrevista-.

Red: Arte y Cultura

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En 1997 viene a Ciudad Obregón Marco Antonio Campos a dar una conferencia y me dijo que si tenía un libro para publicar. Así nació “Ciudad de siempre”, del libro colectivo “Violento el mediodía”, Colección El ala del tigre (UNAM, 1998). Y lo demás, ya es historia, siguieron “Padre viejo” (Universidad de Sonora, 2000, UNISON / APALBA 2002); “Sonata de tierra adentro” (H. Ayuntamiento de Cajeme / Dimuc, 2002); “Panal de luces”, Apalba, 2003); “Agua reparada” (Escritores Sonorenses, A. C.); “Molinar sin aspas” (Ediciones Tintanueva, 2006); “Recital en fuga” (Editorial La Bohemia, 2007) y “Para repasar el círculo” (Poesía reunida, Instituto Sonorense de Cultura / APALBA, 2007), y “Poemas al Margen” (poesía reunida, 2010). “Dispensario” (Editorial La Otra(Escritores de Cajeme A.C.2012). También llegaron viajes, reconocimientos, como el que me hicieron en Perú, en Septiembre del 2009, me nombraron miembro de honor y recibí la condecoración Medalla de oro por La Casa del Poeta Peruano, bajo el auspicio de la Universidad Nacional de Cajamarca. -Entonces le digo- eres miembro fundador de la Asociación para las Bellas Artes A.C. (Apalba). Miembro fundador y actual presidente de Escritores de Cajeme A.C. Impartes un taller de creación literaria desde hace 27 años. El Festival Cultural que organiza Apalba lleva tu nombre desde 2009. Eres coordinador general del Encuentro Internacional de Escritores Bajo el asedio de los signos con 11 años de vida; parte de tu obra ha sido traducida al inglés, al francés y al italiano. Ahora el gobierno del estado de Sonora y el Instituto Sonorense de Cultura te hacen este homenaje al nombrar al feria del libro con tu nombre, ¿Cómo te sientes? -En realidad ya había estado en la terna en otras ocasiones y este año no lo esperaba, no me gusta hacerme ilusiones vanas. Pero hace dos meses me habló Poly Coronel, directora del ISC y me dio la noticia. Estaba en la oficina. La verdad me sentí contento. Junto con el nombramiento me publican “Trashumo de mirada” con un prólogo de José Javier Villarreal. Ese libro estaba esperando listo por cuatro años y ahora saldrá a la luz. Sin embargo, sigo trabajando. Ahora quiero disfrutar de mis libros, de mis lecturas, dar el taller, no ando a la caza de premios. Los reconocimientos que tengo son por trayectoria. Espero seguir así. Además sigo con la agricultura, ya no como antes porque ahora Juan, mi hijo se encarga más directamente. Luego están los nietos, son cinco Octavio, Jannine, María Elisa, David y Juan (IV). A quienes también disfruto y cuido como cualquier abuelo. Octavio por ejemplo, recitó uno de mis poemas el año pasado, con cinco años y se paró en el escenario para hacerlo en una presentación del kínder. Entrevista realizada en Octubre del 2013

Obras de Juan Manz Alanis Oro verde (1982, Apalba, La Cábula, 2001); Con un rumor de canción y Para repasar el círculo (ITSON, 1984, 1986); Balada de tierra adentro (APALBA, 1995); Tres veces espejo (APALBA, 1996); Ciudad de siempre (Colección El ala del tigre, UNAM, 1998): Padre viejo (UNISON, UNISON-APALBA, 2002);

2000,

Sonata de tierra adentro (H. Ayuntamiento de Cajeme-DIMUC, 2002); Panal de luces (APALBA, 2003); Agua reparada (Escritores de Sonora, 2005); Molinar sin aspas (Tinta Nueva Ediciones, 2006);

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Juan manz  

La entrevista con uno de los grandes maestros de la literatura en sonora, exclusiva para RED Arte y Cultura.

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