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reconciliaci贸n COLOMBIA Caribe y Orinoquia

Historias de dos regiones que muestran que s铆 puede haber un futuro promisorio en el posconflicto.


Habitante de

Puerto InĂ­rida, GuainĂ­a. foto: archIvo semana / wIlfredo amaya


indĂ­gena arhuaco,

foto: guillerMo torres

en NabusĂ­make, Magdalena.


foto: Carlos pineda

campesino

de Codazzi, Cesar.


Coordinadora General Ximena Botero Coordinadora Asistente Natalia Riveros

Web Máster Luis Carlos Gómez

Editora Bibiana Mercado

Periodistas José Vicente Guzmán, Marco Bonilla, Jairo Esteban Montaño, Cristina Esguerra y Helena Durán

Director Encuentros Regionales y Nacional Daniel Téllez

Asistente Dirección Encuentros Regionales y Nacional Cristian Dallos

Asistente Administrativa y Financiera María del Pilar Indaburo DESARROLLO EDITORIAL Director Editorial Mauricio Bayona

Editora General Janeth Acevedo Neira

Coordinador Editorial Juan David Franco

Director Creativo Hernán Sansone

Producción Fotográfica Patricia Ordóñez y Erick Morales

Periodistas Laura Campos Encinales, Laura Latiff Pérez y Juan Miguel Álvarez

Asesores editoriales José Ángel Báez y José Fernando Hoyos

Columnistas y colaboradores María Mercedes Abad, Claudia García, Ana Villalba Castro, Óscar Collazos, Omar Gutiérrez Lemus y Nicolás Letts.

Jefe de Redacción Mauricio Sáenz

Diseño y diagramación Mónica Loaiza Reina, Carlos Matiz, Diana Correa Cortés y Catalina Losada

Infografía Gabriel Peña

Producción Yina Aranda

Corrección de Estilo Hernán Miranda Torres

Fotografía Federico Ríos, Carlos Julio Martínez, Erick Morales, León Darío Peláez, Juan Carlos Sierra, Guillermo Torres, Rafael Espinosa, Carlos Pineda, Periódico Llano 7 Días y Fundación para el Desarrollo Social Transformemos Director Archivo Fotográfico Javier Cruz

Foto portada: Federico Ríos

Impresión Printer Colombiana S.A.

PUBLICACIONES SEMANA S.A. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de Publicaciones Semana S.A. Reconciliacion Colombia

www.reconciliacioncolombia.com

30 de marzo de 2014.

@ReconciliaCol


ÍNDICE

08

EDITORIAL

INTRODUCCIÓN 10

A reducir las brechas

12

La fuerza regional

14

Llamado desde el sur

16

Para no repetir

18

La primera piedra

2 0 Música para el corazón 22 HISTORIAS CONFIANZA 2 4 Un camino abierto 2 7 Sin odio EMPODERAMIENTO 2 8 La lucha de Paulina 3 2 Alianza por El Salado FORO 3 4 A repensar el país

bxxxxxxxxxxxxx .

3 8 Frases para recordar 4 0 Más que apuestas

PERDÓN 4 4 Muy juntos 4 6 Un puente para la paz MEMORIA 4 8 Un nuevo balcón 5 0 Siempre presentes

foto: federico ríos

4 2 El conflicto no es eterno

C U LT U R A 5 8 Sabores y olores del mundo OPORTUNIDADES

5 2 Los hijos de la selva

6 0 Un grano de arena

MUJERES

6 4 En memoria

5 4 Tejer y sanar 5 6 El sueño del retorno

6 2 Ideas oportunas 6 6 Opinión. Es posible Por Óscar Collazos


foto: LEÓN DARÍo PELÁEZ


reconciliAción

editorial

rostros de reconciLiación

L la educación

les garantiza a las nuevas generaciones una mejor inserción en la sociedad y los blinda del conflicto.

Los tres

encuentros promovidos por el proyecto Reconciliación Colombia, que por primera vez han propiciado el diálogo entre regiones tan distantes geográficamente como en sus realidades, le están dando nombre y rostro a la reconciliación. En el último de estos encuentros, que reunió a la Región Caribe con la Orinoquia, la educación y el compromiso empresarial constituyeron el eje. Pero no se trata de cualquier tipo de educación ni de compromiso, sino de unos incluyentes y reales. Esto se traduce en acortar la brecha entre un niño del campo y uno de la ciudad; entre un colegio público y uno privado; el nacido en la periferia de las ciudades y el de una familia con recursos. También se traduce en que las empresas vayan más allá de darles cierto papel a sus oficinas de responsabilidad social. Para los voceros del sector energético y de formación para el trabajo que participaron del encuentro del 19 de marzo en Barranquilla, la educación hace que las personas se inserten o no de forma efectiva y exitosa en el sector productivo del país y también genera que haya cambios positivos en los territorios. De la forma de asumirla y del compromiso empresarial depende el futuro de muchos. Esta revista es la tercera de una serie que busca retratar las experiencias que tienen lugar a diario en regiones cuyos habitantes se mantienen en la lucha constante por subsistir, a pesar de pertenecer a comunidades golpeadas por el conflicto armado. Igualmente, estas historias invitan a las instituciones estatales a repensar su papel a la hora de construir condiciones de reconciliación. Por ejemplo, en este número el gobernador del Meta, Alan Jara, secuestrado por siete años, le pide al gobierno nacional que reflexione sobre la atención que el Estado les ha brindado a las regiones más abandonadas. “Las inversiones de la Nación para el posconflicto deben ser directamente proporcionales a las inversiones en la guerra porque donde más fuerte ha sido el conflicto, mayor es la ausencia del Estado”, dice. El mandatario regional y los diferentes testimonios ponen sobre la mesa otro tema que ha gravitado en los tres encuentros: el valor estratégico de los territorios. La reconciliación se construye en las regiones y con las regiones y requiere del compromiso y el trabajo conjunto de todos los colombianos y de todos los sectores. Las experiencias halladas por el proyecto en más de ocho meses de investigación muestran que la reconciliación es un sueño posible, siempre que haya voluntad.


reconciliAción

ICNO tN rO F Id Au NC ZA CIóN

Las víctimas y los victimarios no son los únicos llamados a generar profundas transformaciones sociales. Toda la sociedad civil desempeña un papel fundamental.

P

Por más

distancia que haya entre Bahía Portete, Alta Guajira, y Puerto Carreño, Vichada, las historias de vida de Débora Barros y de Rosalba Jiménez muestran como uno solo el arrojo de las razas wayuu y sikuani. Educadas en centros universitarios, una como abogada y la otra como docente, retornaron a sus comunidades y se forjaron como lideresas naturales de

Han sobrevivido a todo. Desde la práctica en épocas remotas de las ‘guajibiadas’, cazar indios por la Orinoquia; hasta la tortura y asesinatos de sus mujeres, como fue la incursión paramilitar de los hombres de Jorge 40 el 18 de abril de 2004 en Bahía Portete. En el encuentro que el 19 de marzo reunió en Barranquilla a portavoces de distintos sectores de las regiones del Caribe y Orinoquia, Débora y Rosalba pidieron la palabra para denunciar que las empresas nacionales y multinacionales que explotan recursos naturales en sus territorios no tienen en cuenta a sus comunidades y sí nego-

Algunas empresas reconocen que deben hacer más, así como su impacto en los territorios de incidencia estos pueblos vilipendiados desde la Colonia hasta hoy. Ambas recogieron de la cultura oral el dolor y atropello de siglos y hoy se plantan ante amplios públicos mestizos y blancos para reclamar derechos ancestrales.

foto: álvaro cardona

A reducir LAs

cian con algunos por debajo de la mesa. Algo no debe funcionar del todo cuando “a las empresas les va bien y al país le va mal”, como lo dijo el economista, escritor e historiador llanero Alberto Baquero

al escucharlas a ellas y a los distintos sectores representados en el panel de 60 personas y más de 350 asistentes que reunió esta gran diversidad de intereses. Por eso y aunque pueden sonar a retórica las reivindicaciones de los pueblos indígenas, así sea en la voz de estas dos mujeres, no lo es que en este mismo escenario empresarios de variada naturaleza reconocieran que su

sector debe hacer más y de verdadero impacto en los territorios de incidencia. Ya había sido puesta sobre la mesa esta misma conclusión del encuentro entre las regiones del Pacífico y centro del país. Es decir, que los que más tienen deben ser los que más ponen. Esta vez, en el encuentro entre las regiones del Caribe y Orinoquia, se le dio más contenido a la expresión ‘ponen’.


brechAs en foros internacionales, no hay nada que les guste más que retornar con los suyos y vivir en sus resguardos.

La investigación

En sus ocho meses de investigación, el proyecto Reconciliación Colombia ha encontrado cientos de historias, muchas de las cuales acontecen desde hace décadas. Por eso es que para el país la reconciliación no es una noción lejana, abstracta o filo-

Montes de María, en Sucre y Bolívar; y entre El Dorado y El Castillo, en el Meta. Las historias sobre la forma como estas poblaciones lograron reconciliarse hacen parte de las páginas que siguen en esta revista. Para los actores y los sectores, se trata de tener la capacidad de empezar a reconocer a los demás como semejantes, a pesar de las diferencias, de las heridas cerradas y abiertas; de abrir

las comunidades trabajan por reconstruir la confianza, más allá de los estigmas que deja la violencia

Es clavE abrir

los espacios para preservar la cultura y la particularidad de cada entorno y región.

No se trata de sublevaciones, ni insurgencias armadas. Más bien de asuntos realizables y, por tanto medibles, como implementar una educación incluyente, pues la actual, por su pésima calidad, envía al ostracismo a los hijos de las clases menos favorecidas que, a la vez, es donde se alojan las personas más vulnerables de la sociedad. Débora y Rosalba son el ejemplo de que por ahí tra-

siega uno de los caminos hacia la reconciliación. No solo son mujeres, sino además indígenas y víctimas. Hoy empoderadas y haciendo por y con sus comunidades desde el territorio. Y lo hacen bien no solo porque son lideresas innatas, sino porque accedieron a una educación privilegiada para su condición de género, de etnia, social y territorial. Aunque estudiadas y fogueadas

sófica extraída de consultar a una autoridad determinada, a eruditos o una teoría particular. Esta expresión adquiere una verdadera dimensión en la cotidianidad y particularidad de cada comunidad o región, por lo general golpeada duramente por la violencia. Y allí, en los lugares donde se produce la ruptura del tejido social como consecuencia del conflicto, entra a desempeñar un papel determinante el Estado, sus instituciones y el sector privado, pues organizaciones sociales y de cooperación internacional vienen acompañando desde hace años a los territorios en sus esfuerzos locales de paz y reconciliación. En estos lugares, las comunidades han trabajado por reconstruir la confianza entre sus pobladores, más allá de los estigmas que haya dejado la violencia. Así ocurrió entre Macayepo y Chengue, en Los

los espacios para preservar la cultura y la particularidad de cada entorno y región; de reconocer a las víctimas del conflicto, dignificarlas, pedirles perdón, realizar actos simbólicos y emblemáticos que les den valía; así como permitirles a los desmovilizados su arrepentimiento del uso de las armas. De un acto de equilibrio entre reconocer el pasado, mejorar el presente y proyectar un futuro compartido. Todo eso, con instituciones fortalecidas y sector privado comprometido, hace parte de la receta de un país reconciliado. Por eso esta iniciativa de la sociedad civil –con más de 40 aliados– en la que confluyen empresarios, instituciones, organizaciones sociales, cooperantes internacionales y medios de comunicación busca tender puentes con la institucionalidad local, regional y nacional.

11


reconciliAción

introducción

La fuerza regionaL Meta representa la paradoja de los territorios colombianos: sufre un agudo conflicto, pero a la vez es un laboratorio de paz.

Ómar Gutiérrez Lemus*

M Meta

ha sido escenario de primer orden en la historia del conflicto armado colombiano. Desde el mítico alzamiento de los llaneros de Guadalupe Salcedo, a mediados del siglo XX, hasta la dura confrontación de las Fuerzas Armadas y el Bloque Oriental de las Farc, desde 2002. Al lado de este fenómeno, han aflorado otros tipos de tensiones y disputas de orden social y político. Recientemente, los comprobados vínculos entre algunos políticos de la región y Miguel Arroyave, extinto jefe del Bloque Centauros, o las protestas cívicas de algunas comunidades por los efectos ambientales y laborales de la explotación petrolera.

*Sociólogo e investigador de campo para el Pnud y la corporación nuevo Arco iris.

Al mismo tiempo, el Meta ha sido epicentro de las conversaciones entre los grupos guerrilleros y el gobierno nacional; primero, entre 1984 y 1989, y luego, entre 1999 y 2002. También sirvió de marco a la desmovilización de dos grupos paramilitares: el Bloque Centauros y las autodefensas del Meta y Vichada, en 2005, comandadas por Baldomero Linares. Antes, la denominada pacificación de los Llanos Orientales había sido obra de los primeros gobiernos del Frente Nacional (Alberto Lleras y Guillermo León Valencia), luego de la desmovilización de las guerrillas liberales. En este sentido, el departamento ha sido laboratorio de iniciativas de paz y de formulación de políticas públicas para dar respuesta a retos históricos por los que ha atravesado el país. Aun así, el territorio y la población de las zonas más apartadas del Meta, donde ha predominado la confrontación, ha carecido del protagonismo que les permitiera acceder a los eventuales beneficios políticos que se

derivaron de los hechos mencionados, con mayor o menor intervención gubernamental. Prueba de esto fue lo ocurrido después de finalizado el despeje donde tuvieron lugar los acercamientos y conversaciones entre la administración de Andrés Pastrana y la guerrilla. Desde 1999, los habitantes de municipios como Vista Hermosa, Uribe, La Macarena, Mesetas, Puerto Rico y Lejanías han sufrido la incomprensión y el asedio, no solo de los grupos ilegales, sino del gobierno. En ningún momento se consultó a las comunidades, a sus organizaciones o a las alcaldías, la intención del presidente de la época de permitir la concentración de las Farc en sus municipios. Aún hoy esta decisión del alto gobierno pesa en la vida de los pobladores. Interrumpidas las conversaciones llevadas a cabo entre 2002 y 2005 se vivió un verdadero periodo de terror, generado por los paramilitares, ante la mirada impotente o indolente de las unidades militares que penetraban lentamente en el territorio.

Un poco más tarde, entre 2005 y 2008, las fumigaciones y la erradicación manual de cultivos de coca pusieron contra la pared a cientos de familias campesinas. Para los funcionarios públicos, los habitantes de las zonas productoras de coca eran poco menos que terroristas, y se encontraban en la completa ilegalidad; para ellos no había población civil que proteger y reconocer, sobre los gobiernos locales se sobrepuso una suerte de tutoría cimentada en el incremento de la presencia de las Fuerzas Armadas. La política de consolidación territorial, aplicada entre 2007 y 2011, tampoco


foto: álvaro Cardona

para avanzar en un proceso de reconciliación es clave ampliar la participación ciudadana en asuntos de gobierno.

rindió los resultados esperados en términos de mejorar sustancialmente los niveles de confianza entre la población civil y las instituciones oficiales. Durante estos años, los gobiernos municipales continuaron siendo convidados de piedra en la política de consolidación. Mientras la guerra se intensificaba, los habitantes de las zonas más afectadas reconstruían el tejido comunitario y social. En este empeño poco contribuyeron los planes y proyectos del gobierno nacional. Fue un esfuerzo en buena medida autónomo que se cuidó también de la injerencia de los

comandantes guerrilleros del entorno. Este hecho ha sido poco valorado y reconocido debido, tal vez, a lo sensacio-

terés público. También el repunte en la votación y los resultados electorales para alcaldías y concejos en 2011. Proliferaron los candidatos y

Mientras la guerra se intensificaba, los habitantes de las zonas más afectadas reconstruían el tejido social nalista que resultaba la información sobre los grandes operativos contra los jefes del Bloque Oriental de las Farc. Prueba de estos cambios es la aparición de organizaciones sociales con acento productivo, ambiental y de derechos humanos; nuevos actores, otros temas de in-

las listas de diferentes partidos, pese a la fuerte presencia guerrillera. El punto de apoyo de este resurgimiento civil está en las juntas de acción comunal y en las organizaciones de colonos y campesinos que han acertado a permanecer en sus territorios pese a las abatidas

de la guerra o a los daños provocados por la estigmatización. Los gobiernos locales de los últimos años también son, por lo menos en parte, respuesta a tales cambios. Lejos de ser este un panorama ideal o que pueda facilitar un período de posnegociación, nacido de los eventuales acuerdos de La Habana, su importancia reside en que muestra lo clave que es la vida política y social para la superación del conflicto y la construcción de territorio y costumbres democráticas. En el pasado, las iniciativas de negociación con los grupos guerrilleros y los consecuentes planes sociales encaminados a recobrar la presencia del Estado en las zonas de conflicto, condujeron, paradójicamente, al debilitamiento de los gobiernos y poderes sociales locales y regionales. De lo que se trata ahora es de revitalizar tales gobiernos y poderes. Al énfasis en la seguridad y la capacidad de control territorial debería sumarse la inclusión de las formas organizativas de los pobladores a la vida institucional y política. Así como la ampliación de la participación ciudadana en asuntos de gobierno, el oportuno y rápido acceso a la justicia, el aumento de las capacidades de las administraciones municipales y el fortalecimiento de sus fuentes tributarias y fiscales. También es clave la integración espacial y física entre los municipios, el reconocimiento de los saberes locales respecto al medioambiente, entre otros temas prioritarios para el desarrollo, y la incursión de nuevos partidos y movimientos políticos a escala local.

13


reconciliAción

introducción

Para no rePetir

Actos terroristas

Homicidios

Una mirada a los hechos victimizantes de mayor impacto en la Costa desde 1985 prueba que la reconciliación es urgente. Las 1,7 millones de violaciones sufridas dejan clara la tarea.

Desapariciones forzadas

Amenazas

Cesar Secuestros

273.304 136

1.001

Vinculaciones de niños y adolescentes

Delitos contra la libertad y la integridad sexual

Heridos o fallecidos por minas antipersona

Pérdidas de bienes muebles o inmuebles

Desplazamientos

foto: áLVARo CARDoNA

111 Torturas

Hechos victimizantes

3.491

312.109

127

27.722 16 3.909 2.325


Bolívar

La Guajira

437.039

104.592 47

565

513

1.803

182

12 Hechos victimizantes

756

Hechos victimizantes

2.288

116.825

461.781

48

123

13.734

8.939

56

12

4.653

1.350

1.390

504

Atlántico

Córdoba

11.173

239.557 8

135

255

700 13

88

Hechos victimizantes

606

Hechos victimizantes

2.585

17.786

263.474

15

5.282

62

16.128 1

468

31

3.857

85

262

Sucre

Magdalena

185.165

348.704 82

1.020

40

461

178

75 Hechos victimizantes

944

Hechos victimizantes

2.675

200.499

376.384

37

328

17.954

9.687 18 2.874 695

11 5.330 787

*Fuente: Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

15


reconciliAción

introducción

LLAM desde

Meta

Actos terroristas

165.274 1.097

1.315

Homicidios

102

Hechos victimizantes

6.388

197.130

Desapariciones forzadas

112

Los departamentos Guaviare concentran hechos victimizant

18.510 241

Amenazas

2.832 1.259

Secuestros

Arauca 87.336 Torturas

535

859

35 Hechos victimizantes

2.157

104.360

Vinculaciones de niños y adolescentes

40

11.277 94 1.465 562 foto: áLVARo CARDoNA

Delitos contra la libertad y la integridad sexual

Heridos o fallecidos por minas antipersona

Guainía

Vaupés

5.573

5.296 1

10

40

266

0

0 Hechos victimizantes

57 Pérdidas de bienes muebles o inmuebles

Hechos victimizantes

73

5.856

6.337

5 215

48

30

9 286

118 16 Desplazamientos

17

114


AdO eL sur

Amazonas 1.432 4

3

de Meta, Arauca y la mayor cantidad de es en la Orinoquia.

4 Hechos victimizantes

74

1.720

5

113 6 73 6

Guaviare 64.252 227

404

25 Hechos victimizantes

2.010

71.962

47

3.455 85 1.103 354

Casanare

Vichada

33.797

17.177 96

294

12

77 47

Hechos victimizantes

1.871

14 Hechos victimizantes

367

46.348

18.553

94

8.308

7

481 45

1.034

21 295

762

102 *Fuente: Unidad para la Atenci贸n y Reparaci贸n Integral a las V铆ctimas.

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reconciliAci贸n

INTRODUCCI贸N

la primEra piEdra En los 15 departamentos que componen las regiones Caribe y Orinoquia el Estado adelanta diferentes procesos en su esfuerzo por reparar a las v铆ctimas. Son las bases de un proceso que apenas comienza.


19


reconciliAción

ICNO tN rO F Id Au NC ZA CIÓN

Música para El corazón fotos: Afp

En oriente Medio, un grupo de músicos muestra un nuevo camino para entender y renovar la relación entre israelíes y palestinos.

E

El conflicto

que enfrenta a los pueblos de Israel y Palestina por un territorio que ambos consideran parte de su memoria colectiva, no mengua. Por el contrario, ante el aumento de los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, la si-

tuación parece no tener solución en el mediano plazo. Sin embargo, la experiencia del proyecto West-Eastern Divan es una luz de esperanza. Bajo el principio de que la música no puede estar separada de la problemática de la sociedad, el fallecido teó-

rico palestino Edward Said y su gran amigo, el músico y director argentino-israelí Daniel Barenboim, crearon en 1999 el West-Eastern Divan, orquesta formada por jóvenes de ambos lados del muro que separa a israelíes y palestinos. El propósito es promover


el espíritu de paz, diálogo y reconciliación a través de la música, e incentivar el intercambio de información sobre cuestiones relativas a los derechos humanos en Palestina, a la lucha contra el racismo y la xenofobia. Se trata de un proceso de formación musical, de conocimiento y reconocimiento del otro. Los jóvenes conviven y aprenden a trabajar en equipo. De esta forma, sociedades tradicionalmente rivales, que se miran con desconfianza, se integran a partir de la música. La música, en este sentido, fue concebida como instrumento para crear puentes en sociedades profundamente divididas. El West-Eastern Divan no es solo un proyecto musical. Es también un foro para el diálogo y la reflexión sobre el problema palestino-israelí. A través de los contactos interculturales hechos por los artistas, el proyecto aspira a representar un importante papel en la superación de diferencias políticas y culturales, entre los países representados en el taller. Dentro de este modelo, la orquesta se presta como buen ejemplo de democracia, tolerancia y reconciliación. Desde sus inicios la orquesta, distinguida en 2002 con el premio Príncipe de Asturias a la Concordia ha demostrado consistentemente que la música es un instrumento útil para romper barreras que hasta ahora eran consideradas infranqueables. Al crearla, Barenboim (nombre esencial de la historia musical contemporánea, tal vez el pianista y director más dotado en la actualidad) y Said (uno de los grandes nombres en las ciencias humanas del siglo XX, autor de Orientalis-

mo, libro clave para entender la relación entre Oriente y Occidente) acordaron que no existe una solución militar al conflicto. Más aún, las artes y humanidades tienen un papel fundamental en la reconciliación de sociedades separadas

los territorios de la Palestina ocupada, infringiendo la prohibición de las autoridades de Israel que impide a ciudadanos como Barenboim visitar la Franja de Gaza. De hecho, en la franja y Cisjordania, la Fundación Barenboim - Said

El West-Eastern Divan fue concebido como instrumento para crear puentes en sociedades muy divididas por la mutua desconfianza. El mensaje de no violencia y reconciliación de la West-Eastern Divan ha llegado hasta el público en países de Europa, América Latina, extremo oriente, África y Oriente Medio. También a el director de

la orquesta, Daniel Barenboim, dice que la fundación no tiene nada que ver con política y que ha contribuido en la educación en Palestina.

trabaja para ofrecer una educación musical que de otra forma los jóvenes de esta zona del mundo no podrían recibir. Como afirma Barenboim, “la fundación no tiene nada que ver con la política, pero ha contribuido enormemente a mejo-

rar la educación en Palestina”. No es el único esfuerzo que se vive en la región en pro de la reconciliación. Como recuerda Fabien Bosoer, un proyecto del club de fútbol Hapoel Tel Aviv y la Asociación Mifalot viene juntando a niños israelíes y palestinos a correr detrás de la pelota. Otro juego popular, el cricket, congrega a jóvenes israelíes y palestinos en equipos mixtos, a partir de la iniciativa del entrenador George Sheader, cuyo programa (el Cricket4Peace Project) acaba de ganar un premio internacional. Fuera del campo deportivo, en el círculo de PadresForo de familias huérfanas, 700 padres y madres judíos, árabes israelíes y palestinos que han perdido a sus hijos bajo las balas, cohetes o bombas, decidieron crear un organismo binacional, con sedes en ambos lados, para trabajar juntos y construir una narrativa diferente a la de la mutua incomprensión. Integrar la música en la sociedad, transformarla mediante el poder creador del arte musical, es la propuesta de la orquesta creada por el dúo Barenboim-Said. Para ellos, el artista, el humanista no puede quedarse enclaustrado, apoltronado en su taller o en el aula académica. La orquesta demuestra que es posible una solución negociada al conflicto que desde 1948, año de la proclamación del Estado de Israel, separa a este país de sus vecinos árabes. Estos dos pueblos cuyos destinos históricamente han estado, y seguirán estando ligados indisolublemente, pueden coexistir como dos Estados, rechazando las posiciones extremas. Said y Barenboim mostraron que ese es el único camino posible.

21


foTo: cArlos julio mArTínez

en la vereda el Ipa,

en la vía Arauca-Tame, un llanero galopa.


reconciliAción

Confianza Confianza

Sin estigmas Uno de los efectos devastadores del conflicto es la erosión de la confianza que experimentan las comunidades afligidas por la violencia. Recuperar este tejido social constituye uno de los mayores retos de la reconciliación. En la medida en que el Estado y las comunidades trabajen por rescatar la unidad también lo hacen por convivir pacíficamente. No es un secreto que los grupos armados legales e ilegales al ejercer control los habitantes de distintas regiones del país han producido divisiones, enemistades y ánimos de venganza. Así mismo, cuando las autoridades civiles han desprotegido los derechos que deben garantizar se ha generado una profunda desconfianza frente a las instituciones. Reclamos por abandono estatal abundan en las regiones más apartadas del país. Allí los habitantes culpan al Estado de no defenderlos frente al accionar de grupos armados y también de ignorar su deber de proteger sus derechos básicos.

CONFIANZA

Un CAMino ABiErto El conflicto destruyó la confianza entre Macayepo (Bolívar) y Chengue (Sucre), dos comunidades vecinas. Ahora el camino que las une es el símbolo de su reconciliación.

JoSé vicente guzmán*

L

¿en dónde? Macayepo, Bolívar

Chengue, Sucre.

Lo llamaban

el camino de la muerte porque muchos de los que se atrevieron a andar por ahí fueron asesinados o desaparecieron. No era extraño hace 13 años, cuando el sendero era un paso frecuente de paramilitares y guerrilleros que sembraban el terror en la zona. Es una vía destapada de diez kilómetros en el corazón de los Montes de María, reservada para el tesón de los campesinos, porque ni siquiera las motos pueden recorrerla. Llena de altibajos, se pierde entre la maleza y la montaña, pero su trazo une los corregimientos de Macayepo (Bolívar) y Chengue (Sucre). Hace más de 20 años, cuando el conflicto no había tocado estas tierras, el camino era una vía comercial por la que los campesinos sacaban sus productos para venderlos. Eso forjó una relación económica y una convivencia armoniosa entre las dos comunidades. “Los habitantes de Chengue venían a nuestras casas y asistían a nuestras fiestas. Nosotros hacíamos lo mismo, porque todos éramos amigos y conocidos”, recuerda Aroldo Canoles, habitante de Macayepo. Pero los ataques del frente 35 de las Farc, comandado por Martín Caballero, y el accionar del bloque Héroes de los Montes *Periodista.


foTo: JUAN CARLoS SIERRA

Las comunidades

de Macayepo y El Tesoro dejaron atrás las rencillas el 27 de enero de 2007, cuando se encontraron en la mitad del camino que las comunica.

25

de María de las AUC, cambiaron la concordia que se vivía en la región. Los asesinatos, señalamientos y rumores se tomaron las dos poblaciones, y así la desconfianza empezó a reinar. Para los habitantes de Macayepo la situación era más compleja, pues Rodrigo Mercado Pelufo, alias Cadena, comandante del bloque paramilitar que operaba en la zona, era oriundo del corregimiento, así como algunos de sus hombres. Eso les trajo a los macayeperos mala fama y el desprecio de quienes antes eran sus amigos, incluidos los habitantes del vecino Chengue. Al otro lado del camino, el sentir era similar: “Nosotros en Macayepo también los veíamos como aliados de la guerrilla y dejamos de tratarnos”, recuerda Aroldo. El camino quedó abandonado y al azar de los grupos armados. Los lugareños cuentan que por ahí accedieron los hombres de Cadena que cometieron dos de las masacres que hicieron tristemente célebre esta región del país: la de Chengue y Macayepo (entre 2000 y 2001), al asesinar a machete y piedra a más de 40 civiles y desplazar a la mayor parte de las familias de la zona.

Las cicatrices

Durante tres años, decenas de campesinos abandonaron sus tierras. Pero a mediados de 2004, impulsados por una fuerza que

Adiós a la discordia Entre El Castillo y El Dorado, municipios vecinos en el Meta, solo hay una vía de 229 kilómetros.

Hasta hace unos años ambas comunidades vivían enemistadas y eso se reflejaba en la carretera, que por falta de uso era destapada. La discordia era ancestral. El Castillo fue colonizado por liberales que huyeron del Tolima durante la época de la Violencia en los años cincuenta y El Dorado fue fundado por conservadores. Las diferencias aumentaron cuando en El Castillo creció la Unión Patriótica (UP) y en El Dorado tenían lugar las fincas del esmeraldero Víctor Carranza. La confrontación creció a finales de los ochenta con el enfrentamiento de guerrilleros y paramilitares en la zona. Las comunidades, cansadas con la situación, iniciaron acercamientos a finales de los noventa. Pero el impulso definitivo para la reconciliación lo dio una catástrofe natural, pues el río Ariari se desbordó en 1998. Eso llevó a que las comunidades se unieran para la reconstrucción de la zona.


foTo: JUAN CARLoS SIERRA

ciro canoles,

líder de Macayepo, y Marco Romero, habitante de El Tesoro, hoy recorren el camino juntos. solo entienden quienes lo han perdido todo, y ante el accionar de las Fuerzas Militares que habían replegado a los grupos irregulares, los habitantes de uno y otro lado comenzaron a retornar. Cincuenta hombres de Macayepo llegaron en octubre de 2004. Encontraron a su pueblo en ruinas, pero poco a poco lo reconstruyeron con ayuda de la Infantería de Marina. Algunos habitantes de Chengue hicieron lo propio. Sin embargo, las heridas de la guerra –que aún acechaba la zona– dejaron una distancia enorme entre ambas poblaciones. Seguían los señalamientos de un lado y otro y se hablaba de amenazas de muerte. Eso trajo problemas económicos a las comunidades, especialmente a las de Macayepo. Ciro Canoles, líder

de ese corregimiento, cuenta que los problemas los llevaron a tomar decisiones. “Necesitábamos recuperar la relación con nuestros vecinos. Así que a finales de 2006 nos fuimos, sin ser convidados, a una reunión que estaban haciendo en Chengue, para invitarlos a nuestro corregimiento a compartir, pero allá no nos determinaron. Ni siquiera nos ofrecieron comi-

que les queda más fácil movilizar sus productos por Bolívar que por Sucre. Allí, luego de varias conversaciones, la mayoría complicadas, convencieron a los líderes de que lo mejor para todos era lograr un acercamiento y llegaron a un acuerdo: el 27 de enero de 2007 saldría una comisión de cada comunidad, que iría limpiando su parte del camino ya convertido en monte por la maleza, hasta encontrarse en la mitad para realizar una integración. Adelante iba la Infantería de Marina, revisando que el terreno no estuviera minado (encontraron siete minas). Detrás venían varios hombres, machete en mano, limpiando el camino. Cuando llegaron a la mitad, en el lugar acordado para el encuentro, los macayeperos estaban desilusionados; no había rastro de ningún habitante de El Tesoro. “Sin embargo, uno de los hombres de la Marina se adelantó, y cuando volvió nos dijo que sí venían, y que eran muchos más que nosotros. Ese fue el momento de mayor felicidad”, recuerda Ciro. En un pequeño claro, en el que un arroyo llamado Palanquillo se encuentra con el camino, se reunieron las dos comunidades. Marco Romero, habitante de El Tesoro, recuer-

La calma retornó con la desmovilización de los paramilitares y la salida de la guerrilla de la zona da”. La situación no amilanó a Ciro y sus amigos. Estudiaron la situación y decidieron focalizar su trabajo en El Tesoro, una vereda de Chengue –a la que se llega por un desvío a los seis kilómetros del camino– en donde viven 30 familias a las

da que ese día hubo llanto. “Hicimos una actividad en la que todos hablamos con sinceridad. Nos dijimos muchas verdades, nos abrazamos y al final nos comimos un sancocho”, cuenta. A partir de ese día vino el cambio, aunque no fue una

mejora de la noche a la mañana. Con la ayuda de los habitantes de El Tesoro, en Macayepo organizaron un partido de fútbol contra un equipo de Chengue. La actividad fue tan exitosa que luego se inventaron un torneo con otras comunidades de la zona. Aunque la tensión ha bajado, aún hay algunas rencillas. “Hay comunidades de Chengue que dudan de nosotros. Pero sabemos que la idea es seguir generando espacios y recuperar la confianza con todos”, señala Aroldo. Por ahora, el camino ha vuelto a tener vida y lo recorren nuevamente los campesinos que transportan sus productos. Muchos campesinos de la zona se agruparon en el Movimiento Pacífico de Reconciliación de la Zona Alta de Carmen de Bolívar, y planean más actividades. A mediados de julio de este año, por ejemplo, quieren hacer un festival por la reconciliación en Don Gabriel, corregimiento de Sucre. Ahora las comunidades enfrentan otro problema: 4.000 hectáreas de aguacate – el producto más sembrado en la zona y subsistencia de muchos– han muerto en la zona de Macayepo por una plaga, y su única salida es que saquen el producto de Chengue. Por esa razón, quieren que alguna entidad les ayude a pavimentar, o al menos a mejorar las condiciones del camino. Tal vez tenga razón Aroldo Canoles, quien reflexiona mientras recorre el sendero: “este camino es un símbolo. Cuando nuestra relación iba mal, estaba lleno de maleza. Y ahora que nos hemos reconciliado, está transitable. Por eso, una vía pavimentada sería un símbolo de paz”.


Sin odio

U

Una de

las guerras más cruentas y cortas del conflicto colombiano enfrentó al paramilitar de Miguel Arroyave, alias Arcángel, contra el de Héctor Buitrago, alias Martín Llanos. Duró menos de dos años –desde mediados de 2003 hasta finales de 2004– y se libró en Casanare, algunas regiones de Arauca y de Meta, incluida su capital Villavicencio. Según el portal Verdadabierta.com, cobró la vida de unas 3.000 personas entre combatientes y civiles. Como era común en la estrategia de control paramilitar, estas bandas procuraron capturar políticos y barones electorales para ganar las elec-

ciados por vínculos con estos paramilitares, en Villavicencio fue de dominio público que los dos núcleos políticos que disputaban la Gobernación del Meta estaban alineados con estas fuerzas criminales. A Edilberto Castro, candidato por el Partido Liberal, lo señalaban como la ficha de Martín Llanos. Y a Euser Rondón, candidato del partido Equipo Colombia, de ser la figura de Miguel Arroyave. Castro fue elegido gobernador en un proceso electoral dudoso que dio pie para que el grupo derrotado impugnara la elección ante el Consejo de Estado. Meses después, en septiembre de 2004, Euser Rondón y dos de sus coequiperos, la diputada Nubia Sánchez y el exgobernador del Meta Carlos Javier Sabogal, fueron torturados y asesinados. Tres años más tarde la Justicia condenó a Edilberto Castro como determinador de estos crímenes y vinculó al

En septiembre de 2004 Carlos Javier Sabogal fue torturado y asesinado en el departamento del Meta ciones y apoderarse de las entidades territoriales y del presupuesto público. Para las elecciones de alcaldes y gobernadores de 2003, tanto la banda de Arroyave como la de Llanos enfrentaron a sus candidatos, sus fortunas y sus ejércitos. Aunque nunca fueron senten-

proceso a otros dos políticos del Meta: Luis Carlos Torres y Byron Martínez. En ese momento, el hermano menor de Carlos Javier Sabogal, llamado Gabriel, empezó a investigar las razones por las cuales su hermano había sido asesinado. “Logré establecer que contra Carlos Javier

foto: federico ríos

A pesar de acumular motivos suficientes para odiar a los victimarios de su hermano, Gabriel Sabogal optó por perdonar como único camino para vivir en paz.

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para gabriel

sabogal, el odio por el odio solo conlleva más violencia.

no había ningún plan para matarlo, que terminó muerto por estar en el lugar equivocado”. Luego, Gabriel buscó amigos en común con el condenado y los implicados para que le ayudaran a reunirse con cada cual. Su propósito era entender las circunstancias del crimen de su hermano y recuperar la paz interior. Visitó a Edilberto Castro en una de sus propiedades donde estaba en casa por cárcel. Con Luis Carlos Torres se reunió también en una de sus propiedades y a Byron Martínez lo encontró en la cárcel. Con todos charló durante va-

rias horas. “Lo que hablé con ellos quedó entre ellos y yo – dice–. Pero quedé satisfecho y tranquilo con las explicaciones que me dieron”. Hoy Gabriel se siente convencido de que fue el mejor camino que pudo tomar. Varias veces lo tentaron con retomar la bandera política de Carlos Javier para enfrentarse a los sectores que estaban del lado de los asesinos. Y siempre dijo que no. “El perdón sigue siendo una enseñanza para mis hijos y mis sobrinos. El odio por el odio solo conlleva más violencia”.


reconciliAción

Empoderamiento Confianza

El derecho a decidir Por cuenta del conflicto, en muchas regiones del país las comunidades no han sido dueñas de su propio destino ni han tenido la posibilidad de definir un modelo de convivencia propio. Tampoco saben cómo hacerlo. La reconciliación, entonces, pasa por garantizar que los pobladores participen en la toma de decisiones locales y en los procesos de construcción de comunidad que implica conocer sus derechos y exigir su cumplimiento. Reconciliación Colombia ha encontrado a lo largo y ancho del país iniciativas locales que trabajan por este empoderamiento comunitario. Víctimas, desplazados, despojados, entre otros sectores, son el centro de la atención de organizaciones que los capacitan en el marco normativo que los beneficia y en las herramientas para que puedan exigirles a las instituciones estatales sus derechos. Igualmente, hay también iniciativas que capacitan en procesos de asociación y modelos cooperativos de desarrollo. El hecho de que la gente tenga la capacidad de decidir sobre su futuro es un buen augurio para la reconciliación.

Cm e Op NO F Id Ae NrZA m I e N t O

La LuCha

Luego de saber que su hija fu madre emprendió la lucha pa nombre de s

Paulina mahEcha

sostiene la foto de María Cristina sobre la placa que honra su memoria.


dE PauLina

e asesinada por paramilitares, una ra dignificar la memoria y limpiar el s u hija y la familia.

juan miguel álvarez*

E foto: federico ríos

El

miércoles 21 de marzo de 2004, en horas de la mañana, Janeth Orozco, secretaria de la Alcaldía de Calamar, Guaviare, recibió una encomienda fletada desde Villavicencio. El paquete iba para su mejor amiga, María Cristina Cobo Mahecha, quien llevaba más de dos días sin ir a la oficina. Janeth llamó a los padres de María Cristina, residentes en Villavicencio, y supo que ella había partido hacia Calamar el lunes anterior antes de mediodía. Preocupada, Janeth telefoneó a otros compañeros de trabajo hasta que concluyó que María Cristina estaba desaparecida. Con una última llamada, Janeth le confirmó a la familia que nadie ni en San

*Periodista del Proyecto Reconciliación.

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reconciliAción

Cm e Op NO F Id Ae NrZA m I e N t O

Tarde de sol en el parque central de Calamar.

José del Guaviare ni en el municipio de El Retorno ni mucho menos en Calamar sabían de María Cristina. “Lo que me puse a pensar –recuerda Janeth– fue que ojalá hubiera sido un secuestro y que pronto la iban a dejar libre”. Nacida en 1975 en el municipio de El Castillo, departamento del Meta, fue la menor de dos hermanas. Huérfana antes de haber cumplido un año de vida –su padre, policía, murió en servicio– sufrió un accidente en la cocina de su casa: su hermana perdió la vida con más del 80 por ciento del cuerpo quemado y a ella le quedó el rostro desfigurado, tras haber permanecido en coma por varias semanas. Su madre, Paulina Mahecha, recuerda que el médico la consoló diciéndole: “Le queda educar a su hija para que se convierta en una mujer de bien para la sociedad”. Graduada del colegio en 1994, María Cristina cursó estudios de Enfermería en el Sena y luego en la Universidad de los Llanos –donde se tituló con honores–. A comienzos de 2002, llegó al municipio de Calamar, departamento del Guaviare, para cumplir

con el año de servicio social. En aquel entonces, ese departamento era zona de guerra entre las Farc, los paramilitares y el Ejército. En Calamar, con menos de 10.000 habitantes y a tres horas de San José, campeaban los paramilitares de esquina a esquina. “Yo sé que es peligroso, le dijo María Cristina a Paulina. Pero allá la gente me necesita”. Como enfermera jefe del centro de salud, María Cristina viajaba por el río Unilla hasta las zonas rurales más apartadas de Calamar para atender a los campesinos que no tenían posibilidad de ir

do como coordinadora del Sisbén. Durante seis meses se dedicó a inscribir campesinos al sistema de salud. Y en la segunda mitad de 2003 fue contratada como técnica almacenista de la Alcaldía. “Ella le dijo a su jefe que quería seguir progresando, que le diera permiso para estudiar un posgrado en Gerencia Hospitalaria en Bogotá –explica Paulina–. Como era semipresencial, viajaba cada 15 días, los jueves, y emprendía el regreso los domingos”. Así transcurría su vida hasta que al mediodía del lunes 19 de marzo de 2004, en

El tipo de reparación que pedía Paulina era pionero en el país. A pesar de la ley, nadie sabía cómo concretarla hasta el casco urbano. “Con ella nos íbamos río arriba y río abajo, recuerda el motorista de la embarcación. Llegaba, saludaba, tomaba muestras, las llevaba al laboratorio y, según los resultados y el diagnóstico médico, volvíamos días después con las medicinas”. Terminado el año de servicio, María Cristina continuó en Calamar trabajan-

un tramo de la vía San JoséCalamar llamado La Marina fue bajada a golpes de la camioneta del servicio público de transporte, por paramilitares del Bloque Centauros. “Usted no vio nada”, le dijeron al conductor. Ese fue el último instante en que la vieron viva. Luego de haber recibido la llamada de Janeth en la que se enteró de que María Cristi-

na estaba desaparecida, Paulina comenzó la búsqueda. En San José, en El Retorno y en Calamar conversó con funcionarios públicos, detrás de una pista. Y fueron unos paramilitares a quienes Paulina pescó en una calle de Calamar los que le dijeron: “Cuando le pasa algo a alguien, se le dice a la familia que no joda más porque le pasa lo mismo”. Días después, un funcionario de la Defensoría del Pueblo le confirmó que María Cristina había sido “retenida, torturada, ejecutada y desaparecida” por los paramilitares. La señalaban de haber auxiliado guerrilleros inscribiéndolos al Sisbén. En 2005, con la promulgación de la Ley de Justicia y Paz, algunos desmovilizados del Bloque Centauros dieron indicaciones del lugar donde podrían estar los restos de María Cristina, pero la Fiscalía no los encontró. Paulina, por su parte, se hizo integrante del Movimiento de Víctimas del Estado (Movice) y comenzó su lucha política: estudió sobre el conflicto armado, sobre derechos humanos, derecho internacional humanitario y temas afines. Aprendió sobre las guerras centroamericanas y las dictaduras del Cono Sur. Y descubrió que para dignificar la memoria de su hija, para contrarrestar el voz a voz en el Guaviare que la seguía señalando de guerrillera, quería que el centro de salud de Calamar tuviera el nombre ‘María Cristina Cobo Mahecha’. Transcurrieron siete años para que Paulina encontrara la forma de lograr ese propósito. Por intermedio de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA (MAPP-OEA), Paulina le envió un oficio al


¿en dónde?

Calamar, Guaviare.

La PoLicía PatruLLa

las calles de Calamar (Guaviare). Finalmente y luego de meses de trabajo, el 13 de marzo de 2013 en el parque central de Calamar, en un acto protocolario presidido por el gobernador, el alcalde, la dirección de la Unidad de Víctimas y la Defensoría, el Estado dio inicio a las acciones de reparación simbólica para Paulina y su familia. Primero, entregaron dos placas en pedestal –una en La Marina y otra en la entrada del centro de salud– con una breve biografía de María Cristina y dejando claro que los restos no se han encontrado, que siguen en “algún lugar del Guaviare”. Y segundo, quedó pendiente la instalación de un aviso grande y luminoso en la fachada del centro de salud con el nombre exacto que debía llevar en adelante. A mediados de febrero de 2014, las autoridades municipales ubicaron el aviso en la fachada y ahora todo aquel que llega al centro de salud lee el nombre María Cristina Cobo Mahecha; los que quieran enterarse un poco más de quién fue ella pueden ver en la placa.

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fotos: federiCo ríos

gobernador del Guaviare y al alcalde de Calamar para pedir que como medida de reparación simbólica, facultada por la Ley de Víctimas sancionada en 2011, le pusieran el nombre de su hija al centro de salud del municipio. Tanto el gobernador como el alcalde le respondieron que iban a encontrar los mecanismos legales para hacerlo. Ayudó, también, que ambos funcionarios eran profesionales en ciencias de la salud: el gobernador, titulado enfermero, había conocido a María Cristina en la universidad; el alcalde, odontólogo, había compartido con ella en el centro de salud. El tipo de reparación que pedía Paulina era pionero en el país. A pesar de la ley, nadie –ni la institucionalidad ni las ONG– sabía cuál era el camino para concretarla. La MAPP-OEA, la Gobernación del Guaviare, la Alcaldía de Calamar, la Defensoría del Pueblo y la Dirección Regional de la Unidad de Víctimas se dieron a la tarea de estudiar a fondo la ley para encontrar la ruta: quién debía dar la orden, quién debía pagar los trabajos específicos, quién debía contratar y llevar a cabo los actos de la reparación, entre otras cuestiones.

en Febrero se instaló un aviso con el nuevo nombre del centro de salud.

Paulina sigue sintiendo algo de culpa: se recrimina por qué dejó ir a su hija a Calamar, si hubiera podido hacer algo más; por momentos siente que quisiera retroceder el tiempo. Y a la vez, luego de haber obtenido la reparación simbólica, dice que sí ha valido la pena todo ese trabajo. “Valió la pena luchar por la dignificación de la memoria y el nombre de mi hija. Para que mi familia y la gente de Calamar sepan quién fue María

Cristina y qué hizo. Y también valió la pena para dejar un precedente político para que nunca le vuelva a pasar algo similar a un miembro de la comunidad médica”. Su duelo no termina, en todo caso. Y no terminará hasta que encuentre los restos de María Cristina. “Es como buscar una aguja en un pajar –dice–. Llevo diez años y no pierdo la esperanza de encontrar al menos un pedazo del cuerpo de mi hija”.


foto: daniel reina

reconciliAción

e Cm Op NO F Id Ae NrZA m I e N t O

ALiAnzA por EL SALADo Claudia GarCia*

D *directora de la Fundación S e m a n a .

La reconstrucción de este municipio, azotado por la violencia paramilitar, muestra que la reconciliación es posible con la ayuda de muchas manos.

Desde

hace cinco años arrancó la reconstrucción de El Salado. No sobra recordar, a grandes rasgos, que esa población, ubicada en los Montes de María, en el departamento de Bolívar, padeció una de las masacres más atroces en la historia de nuestro país. En febrero de 2000, cerca de 400 paramilitares cercaron el pueblo, sacaron a las personas de sus casas, asesinaron a 66, y cercenaron y violaron a sus mujeres.

En la Fundación Semana elegimos trabajar en El Salado como un laboratorio de cómo con voluntad política, sector privado y organizaciones sociales se puede transformar una comunidad símbolo de la violencia en un lugar ícono de la reconciliación. Para nuestra fortuna, y dada la dimensión del reto, rápidamente se convirtió en una gran alianza por la reconstrucción de El Salado en la cual intervienen la comunidad y más de 60 entidades cuya única motivación es

hacer del país un lugar mejor que el que encontraron. Cuando iniciamos el desafío de la reconstrucción nunca imaginamos la dimensión que significaba este propósito. Pronto nos dimos cuenta de que poblaciones como El Salado, cuyas condiciones socioeconómicas son extremas, no pueden romper su destino de pobreza si no encuentran soluciones globales que lleguen al sistema general en que el pueblo funciona. De nada vale reconstruir un centro de


salud si la permanencia de un médico no la asegura el Estado; de nada sirve contar con la presencia de ese médico si los niveles de desnutrición en niños supera el 50 por ciento. Poco vale idearse buenos proyectos productivos si la carretera imposibilita sacar los productos; poco vale entregar una construcción si no hay organizaciones comunitarias sólidas que la hagan sostenible. Una sala de computadores no sirve para nada si no hay profesores de sistemas. Llenar de canecas el pueblo es un ejercicio inútil si no hay un sistema de basuras. Todo está atado, todo hace parte de un circuito. Una pieza dañada hace que no funcione todo el engranaje. Dada la complejidad del desafío, y con la ayuda de la Fundación Carvajal, nos tomamos un año en construir un plan de desarrollo en compañía de la comunidad. Dicho plan incluye sacar adelante áreas de infraestructura, generación de ingresos, salud, educación, desarrollo comunitario y seguridad. La

¿en dónde?

El Salado, Bolívar.

se trata de asignarle al pueblo su destino, sino de acompañarlo para que lo recupere por sí solo. De la intervención en El Salado se desprenden lecciones que pueden ser útiles para la actual coyuntura. Justamente, uno de los asuntos relevantes que se pueden aprender con este proyecto es la forma en que el sector privado trabaja por el país de la mano de la institucionalidad: a través de la reconstrucción de El Salado, estamos demostrando que el esfuerzo que arroja verdaderos resultados no es el de quienes tratan de sustituir al Estado, sino el de

De nada vale reedificar un centro de salud si la permanencia de un médico no la asegura el Estado Fundación Semana ayuda a gestionar y articular distintas entidades públicas y privadas que ayuden a poner en marcha los procesos de la mano con la comunidad. Cada uno que hace parte de este esfuerzo sabe que reconstruir no es donar cemento y ladrillos, sino realizar esfuerzos coordinados, que resuelvan la cadena de problemas con la ayuda armónica de empresarios y gobernantes, y, sobre todo, que carezcan de ínfulas mesiánicas: porque no

quienes, aportando sus experiencias en el ramo de su conocimiento, trabajan con el sector público para potenciar los esfuerzos. Colombia está llena de ‘Salados’ que a la luz de los periódicos son cifras, pero que vistas de cerca son tragedias sin resolver. Y el desarrollo y la reconciliación no debe ser un esfuerzo que se piense en términos de grandes números y de grandes estrategias, sino de casos pequeños y concretos, como el de El Salado.

Una semana de horror Durante seis días El Salado fue escenario de una carnicería humana. Aunque desde 1997 este corregimiento de Carmen de Bolívar (Bolívar) venía sufriendo de hostigamientos que habían acabado con la tranquilidad de sus 7.000 habitantes, lo peor ocurrió tres años después. Todo comenzó cuando a la zona llegó el frente 37 de las Farc. Los pobladores no tuvieron más alternativa que convivir con los guerrilleros bajo la fuerza de los fusiles, pues eran la única ley de la zona. Por eso, hacia finales de los noventa, cuando los grupos paramilitares llegaron a la región se ensañaron contra los saladeros y los acusaron de ser auxiliadores de la guerrilla. Así empezó la tragedia, que tuvo su peor momento entre el 16 y el 21 de febrero de 2000, cuando un grupo de miembros de las AUC cometió en El Salado una de las peores masacres en la historia de Colombia. Bajó el mando de Uber Banquez Martínez, alias Juancho Dique, 450 hombres asesinaron a 66 personas, cercenaron sus cuerpos, jugaron fútbol con sus cabezas, abalearon las casas desde un helicóptero y torturaron y violaron a varias mujeres. Como si fuera poco, borrachos, se robaron los tambores, las gaitas y los acordeones de la Casa de la Cultura del pueblo y armaron una fiesta que duró los seis días de la matanza. A los sobrevivientes aún se les quiebra la voz cuando hablan de lo que sucedió esa semana. Cuentan que durante ese tiempo nadie acudió en su ayuda aunque las noticias de lo que estaba pasando se regaron por el departamento –incluso las autoridades cerraron la carretera que comunica a El Salado con Carmen de Bolívar–. Además, recuerdan que un día después la plaza principal amaneció llena de cuerpos que tuvieron que recoger y enterrar, antes de partir desplazados. El pueblo quedó prácticamente solo. Convertido en un caserío fantasma. Pero las épocas aciagas quedaron atrás. Casi 800 habitantes de El Salado han logrado retornar a su tierra y el pueblo ha renacido de nuevo. Aunque aún está lejos de ser el próspero corregimiento que era antes del conflicto, sus habitantes respiran esperanza. Lucho Torres, quien lideró el retorno de la comunidad, dice: “A pesar de lo que pasó El Salado tiene vida, hay gente nueva, juventud con ganas, organizaciones, voluntad y compromiso de todos. Y eso demuestra que sí se puede”.

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reconciliAción

foro

A repensAr el pAís

U

Uno

a uno, más de 60 representantes de diversos sectores del país llegaron a la cita que Reconciliación Colombia les puso en Barranquilla el pasado 19 de marzo. Indígenas wayuu y sikuani, agricultores de los Llanos Orientales, desmovilizados del Guaviare, representantes de Ecopetrol y Cerrejón, jóvenes del Cesar, campesinos de los Montes de María y los gobernadores de Meta y Bolívar, entre otros. Todos ellos, como pocas veces se ve, estuvieron juntos en la misma mesa discutiendo fórmulas para llevar a cabo un proceso de reconciliación exitoso en Colombia. Venían del Caribe y la Orinoquia, dos regiones que representan a 15 departamentos (la mitad del país), y que han sufrido masacres, presencia de grupos armados, desaparicio-

nes y secuestros, pero que, en medio de esos retos, han ido pasando la página de la violencia. Algunos de los invitados presentaron historias que demuestran que la reconciliación es posible y otros compartieron proyectos en pro del diálogo, el perdón y la resistencia. Sandra Gutiérrez, que sufrió la violencia en la vereda de Mesetas en la zona rural de Villavicencio, por ejemplo, logró que desmovilizados y víctimas trabajaran juntos en labores comunitarias. “La paz no se hace con firmas sino con hechos cumplidos y eso es lo

Ciro Canoles, líder de Macayepo (Bolívar), que acercó a su comunidad con la de Chengue (Sucre), luego de décadas de enfrentamientos por prejuicios heredados de la guerra. El objetivo de Reconciliación Colombia, proyecto promovido por medios de comunicación, entidades multilaterales y empresas privadas, es generar diálogos entre regiones y actores para sentar las bases de un país reconciliado, en el que se empiece a tomar conciencia de que la paz no se va a dar solo con la firma de un acuerdo, sino

Algunos invitados al foro presentaron proyectos en pro del diálogo, el perdón y la resistencia que quiero demostrar”, dijo. También se presentó el caso de Lucho Torres, líder comunitario de El Salado (Carmen de Bolívar), que logró que los miembros de su corregimiento volvieran a su hogar luego de vivir una de las peores masacres paramilitares en la historia del país. O la historia de

que se debe construir desde ya en cada territorio.

región y diversidad

Una demanda unánime al gobierno nacional fue otorgar mayor autonomía para las regiones. Alan Jara, gobernador del Meta, defendió con fuerza esta tesis: “El debate de la reconciliación

foto: juan carlos sierra

en el tercer encuentro de reconciliación Colombia, en Barranquilla, los asistentes señalaron como grandes retos la inversión en la educación y el aporte de las empresas.

tiene que darse de forma regional, porque allí es donde se ha vivido el conflicto. (…) Yo propongo que los recursos que se inviertan en el posconflicto sean directamente proporcionales al impacto que ha tenido la guerra en cada territorio”. Por su parte, Juan Carlos Gossaín, gobernador de Bolívar, presentó algunos proyectos con los que ese departamento invierte en la paz, como los procesos de retorno y reconstrucción del tejido social en Mampuján, San Basilio de Palenque


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y los Montes de María. “El trabajo debe ser en conjunto entre el Estado, los empresarios y las comunidades”, señaló. En esto coincidieron los miembros de la mesa redonda al destacar que el trabajo más importante de construcción de paz se va a dar en las regiones, y en cada territorio, reconociendo la diversidad étnica del país. Como dijo Rosalba Jiménez, indígena sikuani: “La reconciliación es reconocer las diferencias. Colombia está compuesta por diferentes

Diálogo en cifras •

El tercer encuentro de Reconciliación Colombia se realizó el 19 de marzo en el Hotel Dann Carlton de Barranquilla, comenzó a las 8: 30 de la mañana y se extendió hasta las 5 de la tarde.

En el foro participaron representantes de 15 departamentos: Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, Sucre, Arauca, Casanare, Guainía, Guaviare, Meta, Vaupés, Vichada y Amazonas. Entre todos representan la mitad de Colombia.

Cerca de 1.100 personas vieron las discusiones en vivo: 400 ingresaron al encuentro y 700 lo vieron vía streaming por www.reconciliacioncolombia.com.

El próximo diálogo será en Bucaramanga el 23 de abril, en Cenfer. Se reunirán protagonistas del Eje Cafetero, el Magdalena Medio y los Santanderes. A mitad de año se realizará un último encuentro en Bogotá que reunirá a todo el país.


reconciliAción

foro

Antonio Celia, presidente de Promigas.

culturas y grupos y tenerlos a todos en cuenta hace parte del proceso”.

Educa y unirás

Educación fue una de las palabras más repetidas durante el encuentro realizado en el Hotel Dann Carlton en Barranquilla. Para muchos de los invitados, Colombia no podrá alcanzar la paz si continúan las brechas entre educación pública y privada, y rural y urbana. Los empresarios a su turno consideraron ese tema. Antonio Celia, presidente de Promigas, pidió a sus colegas y al gobierno invertir más en este tema. “Educar es darle a la gente la posibilidad de dar lo mejor de sí”, explicó. Otras organizaciones presentaron iniciativas que incluyen capítulos de capacitación y pedagogía a campesinos, víctimas o desmovilizados. Fenalco, por ejemplo, apoya a los reinsertados con formación y vinculación laboral en un

proyecto de minimercados y el Grupo Caribe ha trabajado con 1.759 jóvenes víctimas, afrodescendientes e indígenas en un proyecto que les ha permitido terminar el bachillerato, estudiar carreras técnicas y vincularse laboralmente. Azucena de Benedetti, líder de este programa, señaló: “Mientras no haya igualdad de oportunidades, no habrá reconciliación en Colombia”.

fotos: JuAn cArlos sIErrA

los gobernadores

Juan Gossaín (Izq.), de Bolívar, y Alan Jara, de Meta; y Jaime Berdugo, secretario de Gobierno de Atlántico, durante el panel de autoridades.

Los representantes de organizaciones sociales aprovecharon el espacio para hacer un llamado al sector privado. Islena Rey, representante legal del Comité Cívico por los Derechos Humanos en el Meta, dijo que las compañías están impactando el territorio en el que viven. “Nos estamos muriendo de sed en el Meta a causa de las industrias petrolera y minera”. Mientras

que Luis Baquero, de la Academia de Historia del Meta, lo expresó más vehementemente: “No es posible que a las empresas les vaya bien y al país le vaya mal”. En ese sentido, algunas víctimas propusieron compromisos específicos entre las compañías y las comunidades para garantizar que las consulten antes de tomar cualquier decisión. Débora Barros, líder wayuu y vícti-

Los mensajes del foro •

La educación desempeña un papel fundamental en la reconciliación porque brinda igualdad de oportunidades. Actualmente, en Colombia hay brechas educativas y el reto es brindarles mayor acceso a los jóvenes con el fin de alejarlos del conflicto. La reconciliación está basada en la confianza y para recuperarla se requieren actos concretos. Los empresarios y autoridades locales deben empezar a tener en cuenta en sus decisiones a las comunidades, las víctimas y los desmovilizados. Es clave crear una nueva institucionalidad para la paz basada en las regiones y en los territorios, y que respete las diferencias, preserve la diversidad étnica y cultural que tiene Colombia.


Buenos momentos •

ma de la masacre de Bahía Portete en La Guajira, le dijo a Juan Carlos Restrepo, vicepresidente de Asuntos Públicos y Comunicaciones de Cerrejón, que se sentaran a dialogar para resolver las diferencias que genera el trabajo de esta minera en la región. Al respecto, los empresarios respondieron que están dando pasos contundentes sobre la mejor manera de re-

Mery Laura Caro de la Fundación Cosechando Sonrisas de Valledupar, logró un aplauso espontáneo del auditorio cuando les pidió a los miembros de la mesa que se dieran la mano con la persona que tenían al lado. “Detrás de cada uno de ustedes hay hermanos, padres o hijos. Si no les hablan hace mucho o tienen algo que no les han dicho, háganlo: eso también es reconciliación”, expresó. Yurlei Alvarado, desmovilizada de las Farc, y Wilson Arias, reinsertado de las AUC, quienes ahora son esposos y tienen una hija, contaron su historia frente al auditorio. Hablaron de la falta de oportunidades que tuvieron cuando niños, de su historia de amor y de sus planes para trabajar por evitar el reclutamiento en el Guaviare.

plantear su labor. Óscar Villadiego, vicepresidente de HSE y Sostenibilidad de Ecopetrol, por ejemplo, contó que la petrolera “se está reinventando para la realidad que se nos viene encima”, y Restrepo, de Cerrejón, dijo que en la empresa minera son conscientes del daño que causan, pero que día a día piensan en formas de reparar a las comunidades.

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Las propuestas •

Alan Jara, gobernador del Meta, propuso que el gobierno nacional entregue recursos a las regiones para que cada una adelante su propio proceso de posconflicto. Para saber qué tanto le corresponde a cada departamento, plantea que la inversión sea proporcional al daño sufrido durante la guerra. Mayerlis Angarita, directora del Colectivo de Mujeres Narrar para Vivir, pidió que los empresarios firmen un pacto con las organizaciones sociales, en el que se comprometan a trabajar unidos por el territorio. Jaime Trespalacios de la Fundación Restrepo Barco, dijo que es necesario tener en cuenta a los niños en la reconciliación y a los jóvenes.

Para azucena

de Benedetti, presidenta del Grupo Caribe, sin oportunidades laborales no hay reconciliación.


reconciliAción

foro

Rosalba Jiménez

Arturo Zea Director territorial de la Unidad de Víctimas en Bolívar

“ Laes unreconciliación proceso deliberado en donde deben sentarse los actores que protagonizaron el conflicto para que los resultados sean sostenibles”.

José Martínez

“ Losdelrepresentantes Estado tienen

responsabilidad en Representante de la muchos hechos Asociación Nacional violentos que se han de Usuarios Campepresentado y por eso sinos del Meta deben reconocer que en algunos casos han jugado del lado de los victimarios”.

Asesora del Proyecto Visión Regional de los Llanos Orientales

La reconciliación es un “ proceso de conocer las necesidades de la gente. Es construir una sociedad intercultural moralista, donde quepamos todos, los pobres, los ricos, los colonos, los negros, los indígenas”.

FRAse ReCo Las intervenciones de encuentro regional de sorprendieron

mí a la “ Para reconciliación la Luis Torres Presidente de la Asociación de Desplazados de El Salado, Bolívar

Kelly Quiroz

definen seis palabras: Crear confianza para curar los miedos”.

Secretaria Técnica de la red de personeros y personeras del Cesar

Los invito a que “ escuchen a los jóvenes. No nos piensen como delincuentes en potencia que hay que encarrilar. No nos vean como un problema, sino como una solución”.


Luis Enrique Amado Director de la Pastoral Social Sur-Oriente

entidades “ las públicas deben

Alba Varela Directora de la Fundación para el Desarrollo Humano Comunitario

realizar sus acciones siempre con un enfoque reconciliador, por más ajena al tema que se crea que es la intervención”.

es la hora de “ decirles a los empresarios que la acción más inteligente es apostarle a la reconciliación del país”.

S pArA rdAr

el ruido de los taladros”.

Presidente de la Academia de Historia del Meta

no voy a seguir “ llorando por lo que me pasó. es mi momento de creer, aunque me duela, y de llevar esa convicción a la acción”.

Juan Carlos restrepo Vicepresidente de Asuntos Públicos del Cerrejón

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Alberto Baquero

paz no se “ laalcanza con la firma de un documento. es igual a un matrimonio, no es la ceremonia sino los siguientes 30 años”.

Sandra Gutiérrez Presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda Mesetas (Meta)

fotos: juan carlos sierra

los asistentes al tercer reconciliación Colombia por su contundencia.

cambiado la paz “ Hemos de los alcaravanes por


reconciliAción

gobiernos

Más que ApuestAs siete departamentos de la costa Caribe y la Orinoquia se la juegan con proyectos para alcanzar la reconciliación. se destacan planes enfocados en las minorías y los campesinos.

Atlántico Reparación colateral

Bolívar Atención especial a víctimas

El primer paso que dio el departamento de Bolívar para iniciar la reparación integral de sus víctimas fue crear la Secretaría de Víctimas y Derechos Humanos. Conscientes de que la manera de ponerle fin al conflicto es fortalecer a las comunidades, en 2013 el gobierno departamental, a través de un diplomado, graduó a 40 defensores expertos en protección de derechos. Los corregimientos de Mampuján, Las Brisas y San Cayetano, víctimas del conflicto, ahora cuentan con una escuela y un polideportivo, en cumplimiento con la primera sentencia de Justicia y Paz que se dictó en el territorio. Edwar Cobos Téllez, exjefe del Bloque Héroes de los Montes de María, condenado por la masacre de Las Brisas, asumió desde su lugar de detención los costos del monumento creado a las víctimas en el municipio de San Juan Nepomuceno. Para el plan de acción en reparación el departamento ha invertido 16.000 millones de pesos.

foto: ALVARo CARDoNA

‘Transfórmate Tú Mujer’, un programa desarrollado por la Secretaría de la Mujer del Atlántico, busca que las víctimas puedan conseguir fácilmente trabajo a través de una formación empresarial que realiza la Universidad del Norte de Barranquilla. Para la reconciliación se necesita ayudar a las partes, por eso, el departamento también apoya a personas en proceso de reinserción abriéndoles un espacio para poder cumplir su servicio social obligatorio en la gestión de proyectos. Gracias a estas dos iniciativas han sido beneficiadas 300 personas. Sin embargo, a partir de las inquietudes de sus habitantes, la Gobernación del Atlántico percibe que el proceso de desmovilización se tradujo en ‘una reingeniería paramilitar’, lo cual representa un gran tropiezo para la reparación, pues no genera credibilidad en las víctimas.

La Guajira La Gobernación de La Guajira apuesta a subsanar a los indígenas afectados por el conflicto desde sus tradiciones. Para reparar a las víctimas de la masacre de Bahía Portete, ocurrida en abril de 2004 en el municipio de Uribia, se concentran en la Junta Mayor Autónoma del Palabrero, el elemento base de justicia para la negociación de conflictos en la cultura wayuu. La administración departamental ha recibido 26.000 solicitudes de reparación en este municipio y 85 personas han sido compensadas. En Riohacha, de donde provienen el 53 por ciento de víctimas de todo el departamento, se ha empezado a atender las necesidades de más de 53.000 afectados. Otra iniciativa que destaca la Secretaría de Gobierno es la inversión de 2.200 millones de pesos para dar vivienda a 300 familias en Maicao.

foto: ALVARo CARDoNA

Remedios ancestrales


foto:LEÓN DARÍo PELÁEZ

Amazonas Conflicto y minería ilegal

Guaviare Avanza la justicia transicional

Con la idea de apoyar a los más vulnerados, el departamento atendió el año pasado a 3.050 víctimas del conflicto armado, y llegaron así a 300 grupos familiares. La Secretaría del Interior hace énfasis en que Guaviare es uno de los primeros departamentos en implementar la justicia transicional. Sin embargo, desde la Gobernación se destaca una inquietud generalizada entre los afectados: la idea de que los victimarios lleguen a recibir más apoyo que las víctimas en caso de que se firme un acuerdo de paz nacional. Además de auxiliar directamente a estas, principalmente por medio de compensaciones, la administración departamental le apuesta a la producción agropecuaria lícita. También, a través de un acompañamiento técnico a 500 familias víctimas, se han fomentado cultivos de caucho, piña, yuca y prácticas de ordeño. Esta es una idea que surge como una ruta de escape a la estigmatización que se siente en Guaviare de que “ahí solo se siembra coca”. foto: JUAN CARLoS SIERRA

foto:CARLoS JULIo MARtÍNEZ

La administración del departamento critica la falta de recursos para ampliar la asistencia. Al día de hoy cuenta con un presupuesto de 230 millones de pesos para atención en vivienda, alimentación, retorno, ubicación, gastos funerarios, escolaridad, salud y alimentación, y se han podido apoyar a cerca de 120 familias. Leticia tiene una dura tarea, pues es el lugar en donde confluyen los desplazados; en lo que va corrido del año han llegado 1.700. Según la Secretaría de Gobierno en Amazonas no se vive un marcado enfrentamiento armado, el frente 63 de las Farc exige a los habitantes de esta región pagarle vacunas. También, la extracción ilegal de oro en los corregimientos de Puerto Alegría y El Encanto, principalmente, afectan directamente a las comunidades comerciantes.

Casanare

Atención a los menores de edad

Casanare es uno de los departamentos que más reciben desplazados provenientes de Arauca, Boyacá, Vichada y Meta, según información de la Secretaría de Gobernación. Sumada a esta situación, el alto porcentaje de menores víctimas del conflicto (12.354) preocupa al actual gobierno. En este sentido, el desarrollo de proyectos de prevención, protección, asistencia y ayuda son iniciativas que ha encontrado el departamento para atender a las víctimas. En 2013 el presupuesto enfocado en reparación ascendió a más de 5.000 millones de pesos. Gracias a sus apuestas, se destaca el hecho de haber obtenido las más altas calificaciones a nivel nacional por su Plan de Acción Territorial.

Vaupés Más oportunidades laborales

El proyecto bandera de la Gobernación de Vaupés para apoyar a sus víctimas es la crianza de pollos. Con esta idea, como señala la Secretaría de Gobierno, se les enseña a estas personas producción avícola para que puedan generar sus propios ingresos a través de la venta de huevos y carne. Las Farc hacen presencia en el municipio de Carurú, al noroccidente del departamento. Las autoridades departamentales aseguran que no cuentan con recursos para ofrecerles mejores alternativas a sus ciudadanos, por lo que demandan un mayor apoyo económico por parte del Estado para apoyar a los desmovilizados y para la ejecución de políticas públicas enfocadas en los más afectados.

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foto: archivo semana

EL confLicto no Es EtERno Después de siete años de secuestro, Alan Jara, gobernador del Meta, invita a solidarizarse con los millones de personas que viven en medio de las balas.

R

RECONCILIACIÓN COLOMBIA: ¿Qué le enseñó el secuestro que le haya aportado ahora como gobernador? ALAN JARA: Que se deben abrir los espacios para que las víctimas puedan visibilizarse, para que la sociedad conozca su tragedia, entienda su dolor y la acoja en su seno. También que se debe lograr que las víctimas conozcan sus derechos, logren ejercerlos y puedan así incorporarse plenamente a la sociedad. R.C.: ¿Creó una nueva institucionalidad o recogió lo que ya había? A.J.: Aunque en mi anterior mandato como gobernador (1998-2000) había creado la Secretaría Social y la Consejería de Paz, en esta oportunidad

consideré necesario abrir nuevos espacios. Para ello creamos las secretarías de Víctimas, Derechos Humanos y Construcción de Paz y la de la Mujer y Equidad de Género. R.C.:¿A qué reflexión lo llevó la experiencia del secuestro? A.J.: A valorar el más pequeño detalle que normalmente pasamos por alto: el milagro de la

A.J.: Se había superado esa indiferencia y había un rechazo general a los abusos contra los derechos humanos, especialmente el secuestro. La palabra ‘víctima’ casi no existía antes de mi secuestro. Por otro lado, encontré también algunas personas radicales, intolerantes y sin un sentido de lo humanitario frente al dolor de muchas

“Lo más importante en este proceso es eliminar otras fuentes de violencia como la pobreza y la injusticia” vida y la majestad de la libertad. Por eso, el conflicto debe terminar y cualquier esfuerzo que se realice en este propósito es valioso. R.C.:¿Cómo encontró su departamento al salir?

víctimas. Ese contraste, una fractura en la sociedad, aún hoy me desconcierta. R.C.:¿Cómo encontró a su familia? A.J.: A mi hijo tuve que conocerlo nuevamente. Aún me


ejerce presión en San Martín, Mapiripán, Puerto Rico, Granada y Villavicencio. R.C.: ¿Cómo analiza el tema de la institucionalidad en su departamento? A.J.:Es frágil por no disponer de los ingresos necesarios para responder a todas las necesidades. El acompañamiento nacional históricamente ha sido muy tímido. Sin embargo, en lo local creamos instancias para potenciar la aplicación de la Ley de Víctimas. R.C.: Ha tenido oportunidad de ser mandatario dos veces, ¿es probable la reconciliación en el Meta?

como la pobreza y la injusticia. Las inversiones de la Nación para el posconflicto deben ser proporcionales a las de la guerra porque donde más fuerte ha sido el conflicto, mayor es la ausencia del Estado. R.C.: ¿Cómo define la reconciliación? A.J.:Es un proceso de reconstrucción del tejido social, de restablecimiento de derechos a las víctimas, del otorgamiento de condiciones para superar la pobreza y de generación de confianza entre la comunidad y las instituciones. Es presencia del Estado en cada uno de los territorios con más diálogo,

las empresas nacionales y extranjeras, que son muchas, y que hoy están en el territorio ayuden a mitigar el impacto social y ambiental que generan. El sector privado es un actor fundamental en la construcción y el desarrollo incluyente de un territorio y no debe ser ajeno a ese contexto y a esas realidades. R.C.: ¿Cuál es el papel de multinacionales como Pacific Rubiales en el Meta? A.J.:También espero mucho más de estas. R.C.: ¿Qué le pediría al gobierno para que sea real el aporte de los que explotan

AlAn jArA,

gobernador del Meta.

foto: juan carlos sierra

duele el tiempo que me robaron y jamás podré recuperarlo porque nunca lo veré de 8 años o 14 años, pero estar hoy con él y tener una muy bonita relación es una bendición. A mi esposa la amo, admiro y valoro más. Y como dice ella para definir nuestra relación: “Es una nueva vida con un viejo conocido”. A mi madre la perdí el día que cumplía un año de secuestrado y no pude despedirla. R.C.:¿Qué le ha hecho más daño al Meta? A.J.:El Meta ha sido escenario histórico del conflicto desde la violencia de los años cincuenta, pasando por la constante presencia de la guerrilla desde los setenta, luego la de los paramilitares y ahora las llamadas bacrim. Los más perjudicados han sido los campesinos que han padecido la muerte violenta, el desplazamiento, la desaparición de sus seres queridos, el reclutamiento de sus hijos y el despojo de sus tierras. Otros habitantes han sufrido el secuestro, la extorsión y han tenido que abandonar la región. Fue en el Meta donde por primera vez en el país asesinaron a un senador y es en el Meta donde hay 175.000 personas en condición de desplazamiento. R.C.: ¿Cómo es la situación actual con las guerrillas y los paramilitares? A.J.: La guerrilla tiene reducido su accionar, pero con presencia en algunas zonas rurales de Vista Hermosa (sur del municipio), Uribe, Lejanías, Mesetas, Puerto Rico y La Macarena. La extorsión, el boleteo y algunos secuestros continúan afectando a la población. Los paramilitares, ahora bajo el nombre de bandas criminales, tienen menos capacidad de maniobra. Frente a este último fenómeno, la fuerza pública

A.J.: Yo soy un optimista obligado por las circunstancias. Me niego a creer que estemos condenados a vivir un conflicto eterno. En mi anterior administración logramos la reconciliación entre Cubarral, El Dorado y El Castillo, ese esfuerzo fue Premio Nacional de Paz. En la actualidad hay diversas iniciativas que en la cotidianidad trabajan en la reconciliación. Lo más importante en este camino es eliminar otras fuentes de violencia

participación, justicia social y acciones productivas que generen progreso y desarrollo en las comunidades. R.C.: ¿Los empresarios del Meta hacen mucho o poco por los metenses? A.J.: Se necesita más compromiso, más responsabilidad social, más articulación con las comunidades y autoridades locales. Yo diría que el asunto no es solamente con los empresarios del Meta. Se trata de lograr que

los recursos naturales en el Meta? A.J.:Es necesario reconsiderar el sistema general de regalías. Hay que repartir la mermelada sobre toda la tostada, no solo la de-mora. La explotación petrolera no está generando suficientes oportunidades de empleo y trabajo para la región. Veo nubarrones grises para esta industria si no se adoptan cambios que beneficien a las comunidades.

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reconciliAción

CeOrNdFó p I ANN Z A

mUY JUNTOS

Perdón Confianza

Una opción personal Según la orilla desde donde se mire, el perdón tiene varias interpretaciones. Una es la radical, la cual tiene que ver con que el perdón es indispensable para la reconciliación. Pero existen otras voces que hablan de una reconciliación donde las víctimas no necesariamente absuelven a quienes les causaron daño. En el marco de las audiencias de la Ley de Justicia y Paz hay víctimas que públicamente han manifestado que perdonan a un desmovilizado que les causó daño en el pasado. Esto sucedió en abril de 2010, en la audiencia de reparación por la masacre ocurrida en el corregimiento de Las Brisas, en el municipio de San Juan Nepomuceno (Bolívar). Los exjefes paramilitares del Bloque Héroes de los Montes de María pidieron perdón a las familias de los 12 campesinos que murieron arrodillados. Úber Enrique Bánquez y Edward Cobos Téllez mostraron su arrepentimiento por el sufrimiento que generaron en los sobrevivientes, y por el desplazamiento de 245 familias de Mampuján, corregimiento vecino en la jurisdicción de María la Baja.

Yurley y Wilson llevan diez años como pareja. Ella es desmovilizada de las Farc y él de las AUC. Hoy quieren sacar adelante una corporación para prevenir el reclutamiento infantil.

L

¿en dónde?

San José del Guaviare, Guaviare

La vida

de Wilson cambió cuando la vio. Corría 2004, estaba decidido a volver al monte y abandonar el proceso de reintegración, pero Yurley apareció y los planes cambiaron. No importó que ella fuera desmovilizada de las Farc y él de las AUC, dos bandos que se han enfrentado a muerte por décadas. Cuando se conocieron, vivían en una de las casas que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) tiene habilitadas para los menores de edad que se desmovilizan de los grupos armados ilegales. Pronto Wilson y Yurley se hicieron amigos. Tenían muchas cosas en común: ambos vivieron en el Guaviare y fueron reclutados por los alzados en armas cuando aún eran niños. Ella a los 15 años y él, a los 13. También llegaron por la misma época a la casa del ICBF. Wilson fue capturado por el Ejército luego de un combate con una disidencia paramilitar en Casanare y a Yurley la encontraron muy enferma en un centro de salud acondicionado por la guerrilla. En la casa del ICBF dejaron los prejuicios bélicos y se hicieron amigos y luego novios. Yurley cuenta que nunca influyó en ellos el hecho de haber pertenecido a bandos contrarios, pues “aquí afuera, y ya sin uniforme, ambos somos iguales. Todos somos iguales”. Cuando cumplieron la mayoría de edad se fueron a vivir juntos y tuvieron una hija. Entonces, decidieron volver a su lugar de origen. Wilson consiguió trabajo gracias a un programa del Ministerio del Interior y Justicia, que en esa época manejaba la política de restitución, y por su buen desempeño ha seguido vinculado con la institución que lo contrató. Yurley, por su parte, se dedico a estudiar y se reencontró con su familia. Hoy lidera la Corporación Sueños de Paz, una organización en la que también trabajan desplazados, y que hoy se quiere dedicar a programas sociales, incluyendo algunos que brinden oportunidades a los jóvenes para evitar el reclutamiento de los grupos armados. Ellos están convencidos de su porvenir juntos y quieren recuperar el tiempo que el conflicto les quitó. Han aprendido que el diálogo es la mejor ‘arma’ para solucionar los problemas y avanzan con la seguridad de que están creando un país distinto, por lo menos, para su hija.


YurleY Y Wilson

se conocieron en una de las casas del ICBF para menores desmovilizados. Hoy tienen una hija.

Foto: JUAN CARLoS SIERRA

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reconciliAción

CeOrNdFó p I AnN Z A

Un pUEntE pArA LA pAz En Arauca el diálogo le está ganando a la ley del silencio. Víctimas, autoridades y gremios se reúnen para solucionar problemas y sanar heridas.

L

María Mercedes abad*

¿en dónde?

Tame, Arauca.

*Comunicadora de la Redprodepaz.

Laudi

y Eunice comparten el mismo dolor: sus padres fueron asesinados por paramilitares en Tame, Arauca, a principios de la década de 2000. Eunice, además, perdió a su hijo, ocho meses después de la muerte de sus padres. Las dos pertenecen a la Asociación de Mujeres Víctimas de Arauca (Amaver) y participan en la Comisión Municipal de Paz y Reconciliación del Municipio de Tame desde hace dos años. Laudi habla y sonríe, pero no siempre fue así. Pasó años planeando la venganza y conteniendo las lágrimas mientras sus hijos preguntaban si estaba molesta o enferma. Estableció contacto con miembros de grupos armados para enlistarse en sus filas y ejecutar la revancha. “Tenía mucho odio en mi corazón, sentía ira y resentimiento”, dice. Eunice sonríe poco y está adolorida. Su cuerpo cansado y piel ajada dan cuenta de todo lo que esta mujer, de 49 años, ha cargado. “Yo no perdono –dice–. Yo siento todavía lo que sintió mi viejita que fue violada, degollada y desaparecida”. Las dos mujeres se reúnen esta vez en la Casa de la Cultura de Tame para definir

el plan de acción de la Comisión de Reconciliación a la que pertenecen. Y aunque Eunice afirma no perdonar asiste “porque me sirve escuchar a estas mujeres y al menos salir de mi encierro”. Este año la Comisión continuará desarrollando talleres y capacitaciones sobre qué significa reconciliarse, así como espacios de acompañamiento psicosocial que les brinda la iglesia Menonita. Aunque todos los municipios de Arauca tienen estas comisiones, en Tame decidieron centrarse en la reconciliación entre víctimas y victimarios. Y por eso, se han preparado durante dos años para propiciar, en 2015, un encuentro simbólico y masivo de reconciliación. Pero casos como el de Eunice “muestran que no es un proceso fácil, que requiere tiempo y acompañamiento”, explica Yolima Vega, coordinadora de la Comisión en Tame. “Al principio nos dijeron locas –dice Yolima– porque en un departamento donde aún hay conflicto y existen tantas víctimas, hablar de reconciliación era una locura y hasta una ofensa para muchos. Pero fuimos las mismas víctimas, las que quisimos prepararnos


En cada comisión participan cerca de 30 personas y buscan convocar a los gremios, iglesias y sector público. Estas comisiones, creadas después de la primera Conferencia Internacional de Reconciliación que se realizó en Arauca en mayo de 2012, hacen parte del proyecto de la iglesia Menonita ‘Puentes para la paz’.

Según Katherine Torres, coordinadora del proyecto en Arauca, el objetivo de Puentes para para la paz es crear lazos entre aquellos que no se hablan y reunir a los sectores para dar con la solución a los problemas estructurales de la región. Para cumplir esta misión, en 2013 se dieron a la tarea de

El próximo 9 de abril se conmemora en Arauca el día de la Memoria y la Solidaridad con las víctimas

foTo: CARLoS JULIo MARTÍNEZ

para la reconciliación. No queremos dejarles a nuestros hijos una herencia de odio. Estamos dispuestas a parar esa ruleta de venganza y violencia”. Los siete municipios de Arauca cuentan con su propia Comisión Municipal de Paz y Reconciliación y cada una define su agenda. Por ejemplo, en Arauquita el tema central es la paz y la movilización social, en Saravena, la promoción de derechos humanos; en Fortul, el encuentro entre indígenas, afros y campesinos y comunidad LGBTI.

Laudi y eunice, Las comunidades damnificadas del

de Macayepo El Tesoro conflicto,y hacen parte de dejaron atrás las rencillas el de la Comisión 27 de enero del 2007, cuando que Reconciliación se encontraronfunciona en la mitad en Tame. del camino que las comunica. , d

dialogar con distintos sectores, incluidas las empresas del sector minero energético del departamento. Con el apoyo de la Redprodepaz, que financió el proyecto hasta marzo de 2014, convocaron a firmas como Ecopetrol, Oxy, ISA, OBC y Pacific Rubiales. También a entidades públicas y organizaciones sociales. La pregunta era simple: ¿están dispuestos a dialogar con los otros y pensar en construir territorio juntos? Todos respondieron sí. El proyecto Puentes para la Paz ha definido cuatro ejes de trabajo: Desarrollo Rural Integral, Participación con Incidencia, Perspectiva de Derechos Humanos y Medioambiente. Laudi y Eunice se preparan para las actividades del próximo 9 de abril cuando se conmemora el día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas. Ambas buscaron la verdad sobre el asesinato de sus padres y la encontraron. Ambas participaron en las audiencias de versiones libres de los jefes paramilitares y preguntaron por la suerte de sus familiares. Ambas le reclamaron a Miguel Ángel Mejía Múnera, alias el Mellizo, por el asesinato de sus padres. Eunice le dijo que era un ladrón y un asesino y con voz firme agregó: que lo perdone el diablo porque yo no. Laudi fue dos veces a la cárcel de Cómbita para pedirle datos sobre la ubicación de los restos de su madre para enterrarla dignamente. Lloró, le reclamó, le describió a su madre en vida y su sufrimiento después de su orfandad. La segunda vez volvió por más pistas y almorzaron juntos, hablaron por horas. Al final, Mejía Múnera le dijo: “Perdóneme niña Laudi. Yo le hice mucho daño”. Se despidieron con un abrazo.

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reconciliAción

Memoria Confianza

Que no se repita Con actos simbólicos, proyectos de narración y manifestaciones artísticas, entre otros, las víctimas cuentan su historia. La experiencia muestra que no hacer memoria, reconocer y visibilizar hechos y actores que han producido sufrimiento y dolor hace más difícil para las personas superar esos episodios. No se trata de recordar permanentemente lo ocurrido con el fin de mantenerlo en el presente, sino de reconstruir memoria para entender lo sucedido y poder mirar hacia adelante. Por eso, este proceso no busca perpetuar los hechos de sufrimiento, sino reconocerlos para pasar la página. Sin construir una memoria individual y colectiva sobre lo que ha ocurrido, resulta difícil adelantar un proceso de reconciliación que suponga un futuro diferente.

CO m em N FOI A rN I AZ A

Un nUevO BaLCón La casa en la que hace 16 años Jorge 40 se instaló para dirigir masacres y desapariciones, hoy representa la esperanza de los pobladores de La Pola en Chibolo.

O ¿en dónde?

Chibolo, Magdalena.

O se

van o se los quemo. Con esas palabras Jorge 40 desplazó a la población de La Pola en Chibolo (Magdalena) el 18 de julio de 1997. Desde el segundo piso de El Balcón, la casa más grande de la vereda, bordeada por una terraza en madera y donde se reunían los campesinos para resolver problemas y celebrar de vez en cuando, el exjefe paramilitar del Bloque Norte de las AUC sentenció a 300 personas. Un día antes, el 17 de julio, a las ocho de la mañana una caravana de camionetas llegó por la trocha que de Chibolo conduce a La Pola. De las 4x4 se bajaron más de 100 hombres vestidos de camuflado, sombrero y botas y armados con metralletas. Tocaron las puertas de las 75 casas de bahareque del caserío y avisaron a la población (especialmente a los hombres) de la reunión a la que estaban convocados: “Vengan, vengan, vengan. Todo el mundo para El Balcón”. En el segundo piso de esa casa que para la comunidad simbolizaba la unión campesina, Jorge 40 se disponía a tomar una decisión: matar a todos y tomarse la vereda o regalarles la vida y ordenarles salir. Jacinta*, de 22 años que estaba de vacaciones en La Pola visitando con sus padres, su hermana Hilda y su hermano Pedro a Luis y Fernando, sus otros dos hermanos, ayudaba a servir el desayuno cuando tres paramilitares tocaron a la puerta y con lista en mano preguntaron por los hombres de la casa. Su papá, Luis y Fernando fueron escoltados hasta las afueras de El Balcón. Pedro, que en un golpe de suerte alcanzó a ver las 4x4 mientras hacía un mandado, se escabulló entre las parcelas. Allí, más de 200 personas permanecieron la noche del 17 y la mañana del 18 a la espera de la decisión del exjefe paramilitar. Hacia medio día, Jorge 40 se dirigió a los pobladores desde el balcón de la casa. Les explicó que la disputa por el territorio con la guerrilla era más seria que nunca y que necesitaba sus tierras para ganarla. Anunció que habría mucho fuego cruzado y que quien no quisiera morir debía irse. Culminó advirtiendo que cuando regresara, en unos ocho o 15 días, el que permaneciera en la vereda se moría. Jacinta, que pasó esos dos días en vilo junto a su mamá, su hermana y su sobrino, recobró la tranquilidad cuando


foto: RAfAEL ESPINoSA

los fines de semana

los habitantes de La Pola se reúnen en El Balcón a discutir los problemas de la comunidad. Luis, Fernando y su papá entraron por la puerta. Sin embargo, las noticias no eran buenas: había que salir inmediatamente de La Pola. Las 75 familias de la vereda recogieron lo que pudieron y huyeron por el camino destapado unos en mula otros a pie. Atrás dejaron las casas de bahareque, los sembrados de yuca y caña, y los animales. La presencia paramilitar en la zona atemorizó tanto a las poblaciones aledañas que desató un desplazamiento masivo de 500 familias. La Palizúa, El Torito y Canaán fueron algunas de las veredas que se sumaron al éxodo. Durante la estadía de Jorge 40 y sus hombres –cuenta Jacinta–, El Balcón se convirtió en el centro de operaciones del Bloque Norte de las Autodefensas. Masacres, desapariciones, hurtos y extorsiones fueron ordenados desde La Pola. “Pienso que se

la tomó porque desde allí tenía una vista panorámica de la vereda y podía vigilar el movimiento de toda su gente”, afirma. Todo el ganado del que despojaban a los campesinos de la región y la maquinaria que robaban iba a parar a la vereda. Las parcelas, que hasta 1997 estuvieron divididas

recuperar las tierras que diez años antes les fueron arrebatadas, muchas familias de La Pola regresaron. La llegada fue chocante. “Nadie sabía dónde quedaba lo suyo porque ya todo estaba hecho montaña”, dice Jacinta. El único recuerdo de la vereda en la que nacieron y construyeron sus

En 1997 más de 500 familias salieron del oriente de Magdalena. Diez años después regresaron por cercas, se convirtieron en un solo terreno que el exjefe paramilitar mandó quemar a los pocos días de la toma. Con su desmovilización en 2006, Jorge 40 abandonó El Balcón y la estructura quedó a merced de sus lugartenientes, que poco a poco fueron dejando las armas y acogiéndose a la Ley de Justicia y Paz. En enero de 2007, ilusionados por

vidas era la casa de El Balcón. Esa edificación que en sus épocas majas fue un espacio de empoderamiento campesino y celebración ahora estaba vieja y acabada. En 2013, seis años después de que las primeras familias regresaran, la Unidad de Víctimas reconstruyó El Balcón. Con esto el símbolo de unión campesina que el

terror de Jorge 40 empañó, recuperó su significado. Hoy es una vistosa casa que en su segundo piso alberga fotografías de cuando la comunidad se reunía ahí en los noventa, algunas del día de su reinauguración el año pasado, y varios dibujos en los que los niños pintaron La Pola de sus sueños. Para los pobladores documentar la violencia no está dentro de sus intenciones. Ahora todos los fines de semana El Balcón es el recinto donde los campesinos resuelven problemáticas como la del pozo de agua que, en un gesto de maldad, Jorge 40 dejó inservible a su salida. Para estos, aunque la extradición del jefe paramilitar en 2008 les garantiza que jamás regresará a La Pola, “Se van o se los quemo” siguen siendo las palabras que más los estremecen. *Nombre cambiado por seguridad.

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reconciliAción

memoria

SieMpre preSenteS

en varias zonas del Caribe y la Orinoquia se adelantan iniciativas para mantener viva la memoria. Aquí una muestra.

foto: enrique pAtiño

La Casa arana,

en Amazonas, lugar en el que hace 100 años ocurrió un etnocidio, es recordado hoy a través de una iniciativa web.

La Chorrera (Amazonas)

Valledupar (Cesar)

Historias desde la casa Arana Aunque en Amazonas hay que recorrer kilómetros para tener acceso a internet, las 22 comunidades que conforman La Chorrera decidieron congregarse y crear un sitio web en donde reúnen la memoria del etnocidio del que fueron víctimas hace 100 años. La iniciativa surgió dentro del proyecto de Alfabetización Web del Centro de Memoria Histórica y es una muestra de la valentía ejemplar de los Uitoto, que tras un siglo decidieron recordar el etnocidio de la casa Arana para cerrar esa oscura etapa y mirar hacia delante. En palabras de Raul Teteye, miembro de la comunidad, “Colombia había dejado esta tierra en el olvido, y el olvido también mata (…) Por esto decidimos hacer memoria, aunque esto nos duele, queremos que el mundo sepa todo lo que pasó y que se aprenda la lección”.

Centro Memorias del Conflicto En este espacio físico y virtual confluyen diversas historias que narran, en diferentes formas, la historia del conflicto en el departamento del Cesar. Es un lugar dedicado a visibilizar a las víctimas y a recoger la memoria del conflicto como paso fundamental hacia la reconciliación. Los documentos, entrevistas, videos, canciones, experiencias e iniciativas que tocan el tema de la memoria no solo reconstruyen el pasado, sino que generan conocimiento en torno a las dinámicas y lenguajes mediante los cuales se puede narrar. Según uno de los creadores de la iniciativa, el proceso de investigación aporta a reconstruir “la memoria histórica del Cesar porque ayuda a dignificar a las víctimas y permite el reconocimiento de líderes interesados en narrar sus historias para reclamar y defender sus derechos”.


Córdoba

foto:Museo ItINeRANte

La Ruta del Despojo En departamentos como Córdoba, que ha sufrido el conflicto, la memoria se narra desde el despojo. Eso fue lo que quiso hacer Gina Morelo al crear la plataforma web www.rutadeldespojo.blogspot.com. El objetivo es contar la historia de la violencia en la región desde la perspectiva del principal germen y raíz de la misma: la tierra. La iniciativa muestra a quienes fueron despojados de sus tierras, su vida

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foto: ALVARo CARDoNA

Pie de foto

stius essita impoent ussedes conononsid stius essita impoent ussedes conononsid foto:Museo ItINeRANte

Con exPosiCiones,

fotos, pinturas y tertulias, entre otros, el Museo Itinerante busca hacer reflexionar sobre la violencia que ha azotado a Montes de María.

después del despojo y la lucha por el retorno. Los testimonios, fotografías, mapas y cifras evidencian que detrás del retorno propiciado por la Ley de Restitución de Tierras, hay todo un entramado de conflictos y tensiones que deben visibilizarse y hablarse para garantizar que la violencia, que llevó a que miles de personas fueron despojadas de sus tierras, no se repita.

Montes de María (Bolívar y Sucre)

Carmen de Bolívar (Bolívar)

Museo Itinerante Busca visibilizar y dinamizar las reclamaciones de las víctimas a la palabra, la memoria, la acción comunitaria y la reparación simbólica. El eje fundamental del proyecto es que las diferentes comunidades participen activamente y se articulen entre sí. Ellas toman parte en el proceso de crear las exposiciones, en las que, a través de diferentes narrativas, cuentan lo que sucedió. El museo es itinerante porque al moverse articula las comunidades de la región. Por esto, la carpa que arman tiene forma de mochuelo, pájaro insignia de los montes. El objetivo es derrotar el olvido al construir una memoria colectiva y propiciar que se reflexione en forma crítica sobre la violencia en la región, para fortalecer las estrategias comunitarias que buscan superar la violencia y los mecanismos para que no se repita.

Colectivo de Comunicaciones Línea 21 Desde hace cerca de 20 años este colectivo promueve que se abran espacios de comunicación que posibiliten reconstruir la ciudadanía y la identidad a través de procesos de reconocimiento y reencuentro. El colectivo está conformado por comunicadores sociales, maestros, líderes comunitarios y gestores culturales que se dedican a promover una cultura de paz y respeto en una región en donde ha reinado la violencia. En los últimos años se han enfocado en la memoria como elemento indispensable para el futuro. En ese marco han realizado documentales que muestran los procesos de memoria y resistencia social en comunidades como la de Mapuján. Son trabajos que se tejen desde las voces de la comunidad, mostrando las pérdidas en lo material, lo psicológico y en lo social y haciendo énfasis en la resistencia y la necesidad de reparación simbólica.


fotos: fEDERICo RÍos

Los hijos de La seLva A media hora de San José del Guaviare está el resguardo Aguabonita de los nukak makú, uno de los pocos pueblos indígenas semiaislados y nómadas que quedan en Colombia. Ellos llegaron a la capital del departamento desplazados por el conflicto hace casi diez años.


Mujeres Confianza

CO m uN j eF r I AeNsZ A

Tejer para sanar a las mujeres de Mampuján (Bolívar) el tejido las salvó del odio y del rencor que la guerra les causó.

Mucha valentía Las mujeres han sufrido duramente el conflicto: la guerra se les ha llevado a sus hijos, hermanos, esposos o compañeros. También han sufrido en carne propia la agresión física y psicológica de quienes empuñan las armas. La Corte Constitucional (auto 092 de 2008) le ordenó al Estado colombiano adoptar medidas para proteger los derechos de las mujeres luego del “impacto de género desproporcionado del conflicto armado”. Acompañadas por organizaciones sociales de diversa naturaleza, por organismos del Estado o por agencias de cooperación internacional, hoy existen grupos de mujeres que han decidido asociarse para reclamar sus derechos, buscar opciones productivas y reivindicar su papel en la comunidad. En resumen, mujeres que con gran valentía y esfuerzo buscan superar las heridas de la guerra y construir un mejor futuro en sus territorios.

e

Laura caMpos encinaLes*

el 10

de marzo de 2000, el Bloque Héroes de Montes de María desplazó a las 245 familias que componían Mampuján, un corregimiento al norte del departamento de Bolívar. La pastora del pueblo, Alexandra Valdés, que es la escogida por las mujeres de su comunidad para contar lo que pasó ese día por el misticismo de su versión, afirma que a las seis de la tarde de ese acalorado viernes más de 100 hombres armados y vestidos de camuflado llegaron en camiones al corregimiento. Tocaron de puerta en puerta y convocaron a la gente en la plaza. Allí sepa-

De pie: Ana Ortiz, Luz Torres y Gledis López. Sentadas: Juana Ruiz y Carmen Hernández, cinco tejedoras de Mampujan.

¿en DónDe?

Mampuján, Bolívar

*Periodista.

fOTO: ERICK MORALES

reconciliAción


raron en filas a hombres y mujeres y anunciaron que tenían la orden de matar a todos por guerrilleros. “Dijeron que no dejarían vivos ni a los perros, que nos mocharían las cabezas y que jugarían fútbol con ellas”, cuenta Alexandra. Hacia las diez, mientras se preparaba para ver cómo asesinaban al primero en la fila, dice haber visto sobre los montes decenas de ángeles cogidos de la mano. Inmediatamente, según ella, uno de los comandantes recibió una llamada y cuando colgó pronunció el milagro que les devolvió la vida a los mampujaneses: “Se salvaron. El que no quiera morirse recoja lo que pueda y desocupe ya el pueblo.” Las casi 1.800 personas que salieron de Mampuján en la mañana del día siguiente jamás volvieron a su pueblo. Huyeron a María la Baja, la cabecera municipal, y vivie-

ron por dos años hacinadas en los espacios que la Alcaldía les cedió. Allí sufrieron la estigmatización de los marialabajenses y los pormenores de la desocupación. En 2002 se reubicaron a seis kilómetros de Mampuján en un terreno que un sacerdote italiano les donó y todavía esperan volver algún día a su tierra. Las casas que abandonaron hace 14 años hoy son ruinas consumidas por la maleza. La iglesia parece un templo fantasma y de la escuela solo queda un muro en pie. Sin embargo, ante tanta desolación, las mujeres hallaron en el tejido la manera de sanar el dolor producido por el desplazamiento. Su historia con el tejido comenzó en 2004 cuando la falta de dinero desató una ola de violencia intrafamiliar. Para esa época a los hombres

les costaba mucho emplearse en labores que supieran realizar dado que arar la tierra no era una opción en el nuevo Mampuján, y las mujeres en un esfuerzo por detener esa violencia asumieron el rol de proveedoras del hogar. Varias mampujanesas inspiradas por Juana Ruiz, de 26 años, montaron restaurantes y servicios de comida a domicilio. Los frutos de ese esfuerzo no tardaron en aparecer y

y 29 mujeres más esperaban. Aunque el quilt las relajaba, fallaba al momento de curarlas porque para sanar había que recordar la tragedia. De allí surgió la idea de plasmar lo que vivieron sobre tela para sacar el dolor y con el primer tapiz que fabricaron les bastó para saber que la tristeza y la sed de venganza con que habían cargado por años podían desaparecer. Ese tapiz, bautizado Día de Llanto, narra lo ocurrido

El primer tapiz fue bautizado ‘Día de Llanto’ y narra la incursión paramilitar al poco tiempo la estabilidad económica alcanzada hizo que la violencia en los hogares bajara. Pero para Juana faltaba algo. El dolor que la noche en que solo Dios, según ella, pudo salvarlos seguía vivo. Las mujeres lloraban cada vez que recordaban la vida en el viejo Mampuján y para algunas el duelo era tan fuerte que iban con frecuencia al caserío abandonado para recordar épocas felices. Desde ahí Juana se propuso conseguir atención psicosocial para las mujeres de su pueblo y después de algunos meses encontró en la organización menonita Sembrando Paz el aliado ideal. En agosto de ese año Teresa Geiser, una psicóloga estadounidense vinculada a la organización, llegó al nuevo Mampuján para enseñarles un particular método de superación del trauma y aumento de la resiliencia denominado quilt. Pero esta técnica de costura europea, conocida en Latinoamérica como acolchado y basada en la superposición de telas, no tuvo el efecto sanador que Juana, Alexandra

en Montes de María el 10 y 11 de marzo de 2000. Las más de 20 figuras que lo componen retratan la incursión paramilitar a Mampuján, el desplazamiento y los 12 campesinos masacrados en la vereda Las Brisas. Desde entonces los tapices fueron el remedio más efectivo para el dolor de las mampujanesas. Las reuniones que hacían a diario para tejerlos funcionaban como espacios de terapia en los que se desahogaban y empezaban a superar el trauma. Las tejedoras de Mampuján, que hoy día son 15 heroínas a las que la comunidad y en especial los hombres admiran, han replicado esta técnica de sanación con mujeres en otros lugares del país. Once de sus tapices recorren museos y las bibliotecas de la capital, mientras que Día de Llanto reposa en casa de Juana como el símbolo con el que la catarsis mampujanera empezó. Ahora su sueño más cercano es retornar al viejo Mampuján antes de que termine el año y elaborar un tapiz que pueda llamarse Día de Alegría.

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CO m uN j eF r I AeNsZ A

EL suEño dEL rEtorno

A ¿en dónde?

Bahía Portete, La Guajira

A Bogotá

la noticia llegó varios días después. Como pasa muchas veces con la información de las regiones más lejanas a la capital, la de la masacre de Bahía Portete, ese enclave wayuu en el municipio de Uribia, en la Alta Guajira, llegó tarde y mal contada. No fue una pelea entre clanes ni tampoco los indígenas se estaban matando entre ellos por la supuesta escasez de alimentos, como algunos periódicos anunciaron en sus titulares. La verdad era otra. El 18 de abril de 2004 a las seis de la mañana un grupo de 50 paramilitares del Frente Contrainsurgencia Wayuu de las autodefensas, comandado por Arnulfo Sánchez alias Pablo y dirigido militarmente por Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, atacó el caserío en el que habitaban 600 indígenas wayuu. Fue una afrenta directa a las mujeres. De eso está segura Débora Barros, quien por entonces era la inspectora de Policía de Uribia. “Fueron tan estratégicos y sucios que sabían que los únicos que podían estar en la mañana eran mujeres y jóvenes, porque los hombres se van todos los días a las dos de la mañana de pesca y regresan

después de las nueve. Los paramilitares solo encontraron a mujeres indefensas. La única arma que podía haber era un cuchillo de esos de cocinar”. La primera víctima fue Margoth Fince, de 70 años de edad y líder de la Asociación Indígena de Autoridades Tradicionales de Bahía Portete. La sacaron de su casa, se la llevaron en una camioneta, la golpearon, la torturaron y luego le dispararon. Su cuerpo fue abandonado en un cerro cerca de su casa. Rosa Fince, de 46 años y otra de las líderes, fue la siguiente. La torturaron, la mutilaron y luego la decapitaron. Su cuerpo quedó irre-

do, golpeado y amarrado al carro que lo arrastraría por los caminos del caserío hasta perder la vida. Ese día fue el primero de los tres en los que Bahía Portete era lo más parecido al infierno. “No se conformaron –recuerda Débora– con matar a nuestros familiares. Nos golpearon, destruyeron nuestras casas, profanaron nuestros cementerios, se robaron bienes sagrados. Nos obligaron a escondernos en los cardones y en los manglares. Tuvimos que salir corriendo de nuestro territorio para salvar nuestras vidas”. Bahía Portete es un punto estratégico en donde em-

En los últimos años han aparecido supuestos propietarios que reclaman tierras de los wayuu conocible. Diana, la hermana de Rosa, y su sobrina Reina fueron desaparecidas por los paramilitares. Hasta hoy la comunidad desconoce el paradero de sus restos. Solo saben que están muertas. Rubén Epinayú, quien regresaba de pescar a esa hora, también se encontró de frente con una de las camionetas de sus victimarios. Él, de 18 años de edad, fue secuestra-

barcaciones provenientes de Panamá y Aruba atracan para descargar cigarrillos, trago y otras mercancías, la mayoría de contrabando. Es también un punto clave para el tráfico de drogas ilícitas y de combustible comercializado de manera irregular. Detrás de ese botín iban los paramilitares. Tenían claro que para lograrlo debían sacar a los wayuu del medio.

foto: ARCHIVo semAnA

La comunidad wayuu de Bahía Portete, La Guajira, desplazada por una masacre paramilitar en 2004, lucha por el regreso a su territorio ancestral y por sanar el dolor causado por la tragedia.


Las mujeres de

Bahía Portete fueron el objetivo de la violencia. Hoy son las que impulsan el retorno y la reconciliación. Y encontraron la oportunidad y el aliado precisos. Débora cuenta que “tres días antes de la masacre, por orden del Batallón Cartagena, fueron retirados de la zona los militares que allí hacían presencia”. Los hombres de Pablo también contaron con Chema Bala, un comerciante wayuu de la región, que señaló a las víctimas y los ayudó a moverse por el territorio con propiedad. Esa traición fue la que más les dolió a los wayuu; uno de los suyos entregó a su pueblo y les indicó que si querían dar un golpe certero debían ir tras las mujeres.

Curando las heridas

Hoy, una década después, las 103 familias –casi 600 personas– solo quieren volver a

casa. Vivir en el desarraigo los atormenta. Muchos tuvieron que irse al lado venezolano de la frontera, a Maracaibo. Pasaron de pastorear animales, pescar y cultivar, a ser vigilantes o aseadores en una ciudad desconocida. Los que permanecieron en territorio colombiano, no cuentan una historia diferente. La lucha por regresar ha sido constante y las mujeres se han encargado de que no desistan. Por eso Débora y su hermana crearon la Organización Wayuu Munsurrat Mujeres Tejiendo Paz, para que la comunidad de Bahía Portete renazca.“Trabajamos –explica– para que el retorno se dé cuanto antes. Pero siempre pasa algo”. En estos diez años han aparecido 11 supuestos propietarios, a

quienes los wayuu les han demostrado que esa es la tierra de sus ancestros. “Además, luchamos por encontrar a Diana y a Reina. Esa es la mejor reparación para nosotros. No queremos dinero. Queremos que nos entreguen sus restos y que la Justicia ordinaria castigue a los victimarios”. Mientras lo logran, se propusieron sanar las heridas del alma. Conmemoran cada aniversario de la masacre con un yanama (días de trabajo colectivo), en el que les cuentan a otros wayuu y a los alijunas (no indígenas) su historia. Desde allí exorcizan su dolor. Cambiaron el odio y la tristeza por recuerdos alegres de quienes ya no están. Los chistes, las actitudes y las enseñanzas de Rosa, Margoth, Diana, Reina y Rubén están presentes en

el diario vivir. También han trabajado a través de los tejidos y de las pinturas, “porque –relata Barros– hubo ocasiones en que sin excepción íbamos a la comunidad y todos llorábamos. Entonces buscamos un mecanismo diferente y decidimos pintar de colores las estructuras que aún están en pie en Bahía Portete, como la escuela y el centro de salud. Allí están nuestros recuerdos y allí regresaremos”. De a poco han recuperado la confianza en los alijunas. Hoy ya no piensan que todos son asesinos. Por el contrario, trabajan con algunos de ellos en el retorno, aunque tienen claro que el proceso se hará bajo sus tradiciones y de acuerdo con lo que disponga la autoridad tradicional wayuu.

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reconciliAción

c u lt u r a

SaboreS y oloreS De otro munDo un programa que les enseñó a leer y escribir a los adultos de San basilio de Palenque (bolívar), dio como resultado un libro de cocina autóctona premiado a nivel internacional. Para sus impulsores, la educación crea gestores de paz.

D

Dicen

que Benkos Biohó era descendiente de alguna familia real africana y que de allí venía su espíritu combativo. Muchos explican que por eso, cuando llegó como esclavo a Cartagena de Indias, inició un movimiento de sublevación contra el yugo español en pleno siglo XVII. Logró escapar de Cartagena con un grupo de negros cimarrones y organizó una red para que las expediciones españolas nunca pudieran encontrarlos. Lo consiguió y su asentamiento, llamado San Basilio de Palenque, se convirtió en el primer pueblo libre de América. Hoy San Basilio es un corregimiento del municipio de

Mahates (Bolívar), tiene 3.500 habitantes (ninguno blanco) y es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad según la Unesco, porque ha conservado las tradiciones de los africanos que llegaron como esclavos a estas tierras durante la Colonia. Sin embargo, la riqueza cultural no ha sido garantía de desarrollo. Rodolfo Ardila, director de desarrollo social de la Fundación Transformemos, que llegó en 2010 al pueblo, cuenta que la realidad educativa que se encontraron era poco esperanzadora: 550 palenqueros no sabían leer ni escribir y la lengua nativa se estaba perdiendo. Eso los llevó a crear el programa Son ri Tambo (Son de Tambores, en idioma nativo), en el cual les enseñaron a leer y escribir, en español y palenquero, a todos los adultos mayores de 15 años del corregimiento. Cuatro años después, la mayoría de ellos ya estudian su bachillerato.

Adicionalmente, y por pedido de la misma comunidad, la Fundación editó un libro de cocina con recetas escritas por los mismos palenqueros (que antes eran analfabetas). El resultado del experimento es el libro Kumina ri Palenge pa tó paraje (Cocina palenquera para el mundo, en idioma nativo), que fue escogido como uno de los diez finalistas de los Gourmand Cookbook Awards, los premios de literatura gastronómica más reconocidos en el mundo. El 21 de mayo próximo, 13 palenqueros estarán en Beijing codo a codo con los chefs más importantes del mundo, a la espera de recibir el premio mayor. Para Ardila, todo este proceso demuestra que “la educación, regionalizada y basada en las tradiciones locales, permite transformar las comunidades en generadoras de desarrollo y gestoras de paz”. Estas son dos de las recetas del libro:

Imágenes

del libro ‘Cocina palenquera para el mundo’. Quedó entre los diez finalistas de los premios de literatura gastronómica más reconocidos en el mundo.


foto: xxxxxxxxx

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foto: rodolfo palomino


reconciliAción

Oportunidades Confianza

Una mano amiga La carencia de Oportunidades constituye una de las razones más comunes detrás de los índices de criminalidad de la violencia en las regiones. Reconciliación Colombia se ha encontrado con organizaciones sociales, el sector privado y entidades públicas que trabajan juntos. Desde 2011, la Agencia Colombiana para la Reintegración ha logrado comprometer a cientos de empresas con el tema. Actualmente, en la región de la costa Caribe y la Orinoquia hay 1.417 personas en proceso de reintegración ocupadas en el sector formal gracias a la cooperación de 394 compañías vinculadas a la agencia. El proceso de reintegración a la vida civil de los excombatientes depende en gran parte de las oportunidades laborales que el sector empresarial ofrezca para estos.

CO O pO Nr F ItAuNNZI A dAdes

Un GrAnO dE ArEnA

La Junta de Acción Comunal de Mesetas, en Villavicencio, emplea a desmovilizados en labores comunitarias. Este es el resultado de un acto de fe.

LaUra Latiff**

A

A Yeya* no le da

pena reconocer que se desmovilizó porque la obligaron. Los cabecillas del grupo al que pertenecía decidieron deponer las armas, y ella, a pesar de que no tenía la más mínima inten-

**periodista.

ción, siguió la orden. Su deseo de seguir en pie de lucha no tenía que ver con convicciones ideológicas –hoy dice que no tenían ninguna justificación–, sino porque sus jefes le decían que correrían con los gastos de la carrera de enfermería que quería estudiar. Además, tenía cierta comodidad: no estaba en la selva sino en la ciudad, y no cargaba armas sino que coordinaba operaciones en el Meta, el departamento en donde nació. Hoy agradece que las cosas hayan sido de esa manera.

Vivir en carne propia el sufrimiento de quienes llevan la peor parte de la guerra, cuando al año de haberse desmovilizado un grupo ilegal enemigo asesinó a su esposo, le hizo ver su situación con otros ojos. Pasó de victimaria a víctima repentinamente, y empezó a prestar su servicio social en la Junta de Acción Comunal del barrio Mesetas, en Villavicencio. Yeya hace parte de 30 desmovilizados provenientes de distintas regiones del país que hoy hacen labores voluntarias en esta junta. Sandra Gutiérrez, presidenta de la junta, les abrió las puertas a personas en proceso de reintegración desde el año pasado para que pudieran dar su primer paso como ciudadanos. De acuerdo


fotos: fEDERICo RÍos

borizar. Los desmovilizados desarrollan todas estas tareas, hacen faenas de plomería en el acueducto comunitario que pertenece a la Junta de Acción Comunal hace 40 años, y trabajan en la instalación de una planta de tratamiento de agua. Cuando Sandra vio la dificultad a la que se enfrentan los desmovilizados para conseguir empleo, decidió vincular en su empresa familiar a personas que ya cumplieron con labor social. La empresa,

en corregirlos cuando fallan y en despojarlos de la angustia que sienten por entrar a terrenos desconocidos. Puede hacer parte de su misión personal, o de su forma de ser, pero Sandra cuenta que así como los desmovilizados deben asumir nuevos retos, es parte de su tarea ayudarlos, hacerles más agradable ese camino. Para evitar remover lo que ya está enterrado, le es indiferente el grupo armado del que provengan. “Lo que me intere-

“Empezamos a confiar o seguiremos de mal en peor”, dice Sandra Gutiérrez, presidenta de la junta

do con la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), estas personas deben cumplir 80 horas de servicio social antes de volver a la vida en sociedad. “En este país o empezamos a confiar o seguiremos de mal en peor”, dice Sandra, cuyo voto de confianza cobra más valor por haber sido secuestrada y haber sufrido la pérdida de familiares como consecuencia de quienes ejercen la violencia. Haciendo sancochos para vender en el barrio, con rifas, reinados y recursos propios, Sandra ha ido recogiendo el presupuesto que necesita para comprar los materiales y las herramientas de trabajo para arreglar vías, zonas peatonales, tapar huecos, deshierbar rastrojos y ar-

que se dedica a construir casas prefabricadas y mobiliario urbano, ha empleado a nueve personas que ya hacen formalmente parte de la sociedad civil. En vez de granadas y metralletas, ellos sujetan hoy las herramientas de trabajo en sus manos. El riesgo que asumió Sandra se vio bien compensado. Su gran dosis de apoyo, y la iniciativa que tuvieron los desmovilizados en querer reivindicarse, dieron como resultado una relación equiparable a la que tiene una madre con sus hijos. La voluntad y el compromiso que Sandra destaca de ellos sembraron un amor maternal. Por esta razón, hoy dos de sus empleados habitan en casas que son de su propiedad. Aunque algo deben aportar, es un gesto que les reduce enormemente los gastos. Ahora ellos construyen y son miembros de un tejido social amplio y consolidado, “pero ellos ni siquiera saben cómo comportarse socialmente porque no han tenido esa oportunidad”, cuenta Sandra, así que ella invierte su tiempo

sa es que han decidido dejar las armas, eso es lo que yo valoro”, cuenta Sandra. Hoy, más allá de las diferencias que pudieron existir entre ellos, todos tienen mucho en común: “No teníamos una causa, cumplíamos órdenes y odiábamos sin justificación”, cuenta Yeya. Así mismo, su propósito actual es compartido: recuperar la confianza de la sociedad para poder sentar bases sólidas que les permitan reedificar su vida, un símil perfecto para la labor en construcción que hoy desarrollan. Impulsada por la necesidad de cambio, Yeya se convir-

¿en dónde?

Villavicencio, Meta.

tió hace cuatro meses en líder de la comunidad en donde reside y sus compañeros de la junta han ido a ayudarla a realizar las tareas que han aprendido. Allí han construido la caseta comunitaria y arreglaron algunas calles de la zona, y eso ha sido suficiente para que los habitantes del lugar, aunque conocen su pasado, los acojan. Yeya, que ha estado en los dos mundos, confiesa que solo vale la pena estar en este. Además, cuenta que gracias al voto de confianza que le ha dado Sandra a ella y a los otros desmovilizados ellos han empezado a sentirse comprendidos. El mensaje que Yeya espera se replique en todo el país es: “Así como tuvimos manos para hacer daño, también las tenemos para hacer el bien”. *Nombre cambiado por seguridad.

treinta

desmovilizados trabajan pintando casas, tapando huecos, arreglando vías y en labores agrícolas.

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reconciliAción

oportunidades

Ideas oportunas El gobierno, dos exvictimarios y empresas privadas han creado varios proyectos en la costa Caribe y la Orinoquia. Su propósito: apoyar a las víctimas y a las personas que decidieron dejar las armas. Meta

Galapa

No hay polos opuestos

Pesca milagrosa

María Elsy Méndez se sentó hace más de cuatro años en un andén a hablar con un comandante de inclinación política de derecha, siendo ella de izquierda, y así surgió la idea de crear la Corporación Fortaleza Llanera, una iniciativa de opuestos que buscaban lo mismo: la paz. Parecía un despropósito, pero como cuenta María Elsy, “si nosotros nos podemos perdonar, ¿por qué los demás no?” Hoy, ambos, de la mano de otras 46 personas que hicieron su proceso de reintegración, desarrollan programas en Granada y Fuentedeoro (Meta) enfocados en el perdón. Son actividades en donde víctimas y exvictimarios participan de conversatorios para llegar a una reparación y reconciliación. Adicionalmente, María Elsy y su equipo realizan foros y labores de concienciación en los barrios de estos municipios para evitar, especialmente, que los niños tomen las armas.

En Galapa, un municipio del Área Metropolitana de Barranquilla, la piscicultura ha hecho algo que para muchos es un milagro: reconciliar víctimas y exvictimarios. Desde 2012, en vista de que la mayoría de actores armados que se habían desmovilizado y residían en Galapa no conseguían empleo por la estigmatización, la Alcaldía diseñó un proyecto productivo para que estas personas resolvieran su situación económica y jamás contemplaran regresar a la vida delictiva. Con un aporte inicial de 28 millones de pesos el municipio alquiló y adecuó una parcela donde funcionaría el proyecto de piscicultura de tilapia y bocachico del que actualmente viven diez familias. Los primeros beneficiados fueron cinco desmovilizados de las AUC y tres del EPL a los que se sumaron tres desplazados que la Alcaldía reunió. El proyecto, que oficialmente comenzó en agosto de 2013, ha producido hasta el momento casi 20.000 tilapias rojas que se comercializan en el municipio y espera recoger su primer lote de bocachicos en los próximos meses. Las relaciones entre las personas en proceso de reintegración y las víctimas que trabajan allí son, según el alcalde José Vargas, “como las de cualquier otro grupo de trabajadores”. La Alcaldía, por su parte, intenta hacerse cada vez más a un lado para que estos ganen independencia y sean autosuficientes.


fotos: archivo semana

La Guajira y Cesar

Los cafetales del retorno

Hace más de cinco años la Federación Nacional de Cafeteros se puso en la tarea de habilitar 2.400 hectáreas de cultivos de café que estaban consumidos por la maleza en la Serranía del Perijá, ramal que cubre municipios de La Guajira y Cesar. Por ser un territorio estratégico para el cultivo de coca, esta región ha vivido fuertes enfrentamientos entre grupos guerrilleros y paramilitares que obligó a más de 40.000 personas a huir de sus hogares. Pero hoy, luego de grandes esfuerzos, cerca de 800 familias han podido retornar a sus tierras y salir adelante gracias a las capacitaciones que han recibido por parte de la Federación para la producción y comercialización del café. Este colectivo también se ha comprometido en reconstruir su tejido social, enfocándose en fortalecer la cooperación comunitaria, a través de talleres que buscan generar confianza y perdón.

Sucre

De desmovilizados a empresarios Ángela se vinculó a un grupo paramilitar en 2002, pero se salió de ese camino tres años después y tomó la Ruta de Reintegración en Sincelejo (Sucre). Este es un programa del gobierno que le permitió graduarse como tecnóloga en Administración de Empresas y le dio la posibilidad de convertirse en copropietaria de Minimarket 2x3, una de las microfranquicias que destina la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) para emplear a desmovilizados. Este proyecto, que existe también en Atlántico y Magdalena, es posible gracias al apoyo de la Gobernación de Sucre, Coltabaco, Fenalco Atlántico, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Con esta iniciativa, que busca que los desmovilizados tengan una estabilidad económica desde la legalidad, se han beneficiado otras 45 personas.

Meta

Paz en litros En la Serranía de La Macarena, ubicado al este de la cordillera de los Andes (Meta), los habitantes del piedemonte llanero se han empoderado gracias a una iniciativa de la empresa Alquería que los capacita para que puedan comercializar leche. Los campesinos, debido a la presión que ejercían los grupos armados en la región, llegaron a considerar los cultivos ilícitos como una medio para obtener ingresos. Pero con la creación del proyecto Maca, alrededor de 1.500 familias –que ya han aprendido a tratar la leche y venderla– producen 65.000 litros diarios. Alquería, que es también su comprador, les ha mostrado un claro ejemplo de cómo con pequeñas ideas es posible lograr grandes cosas.

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Yolanda Izquierdo (1964-2007) Fue despojada de su finca en Valencia, Córdoba, y denunció la expropiación ilegal de miles de hectáreas por Fidel Castaño Gil. Evidenció las amenazas de paramilitares entre ellos Diego Sierra, hombre de confianza de Vicente Castaño, y Sor Teresa Gómez Álvarez, sobre familias reclamantes de tierras. Fue asesinada en 2007 en plena vía pública de Montería a los 43 años.

Kimy Pernía Domicó (1950-2011) Emblemático líder de los indígenas embera katío del Alto Sinú. Opositor a la construcción de la represa Urrá I. Luego del asesinato de Alonso y Lucindo Domicó, en 1999, Kimy se refugió en Bogotá. En junio de 2001 fue retenido por tres paramilitares en Tierralta (Córdoba). Años después paramilitares relataron a la Fiscalía que Carlos Castaño había ordenado la desaparición del líder indígena.

Pedro Nel Jiménez (1948-1986) Nació en Bogotá y pasó en Villavicencio gran parte de su vida. Fue abogado, dirigente político del Partido Comunista, personero de la capital del Meta y senador por la Unión Patriotica (UP). En sus últimos años trabajó por ayudar a presos políticos y en la búsqueda de desaparecidos. Asesinado cuando se disponía a recoger a su hija el primero de octubre de 1986.

EN mEm

Estos líderes del Carib perdieron la vida a ma ilegales. En sus region por sus aportes.


José Antequera

Líder político nacido en Barranquilla. Vinculado desde muy joven a organizaciones de izquierda, estudió en la Universidad del Atlántico de Barranquilla. Luego de los acuerdos de La Uribe se involucró con la Unión Patriótica (UP) convirtiéndose en secretario nacional de la organización. Fue asesinado el 3 de marzo de 1989 en el Aeropuerto Eldorado. Fue la víctima número 721 de la UP.

foto:juan carlos sierra

(1954-1989)

Ana Fabricia Córdoba (1959-2011)

Josué Giraldo Cardona (1959-1996)

oriA

e y la orinoquia nos de grupos es son recordados

Aunque nació en Pensilvania, Caldas, se radicó en el departamento del Meta donde fundó y presidió el Comité Cívico por los Derechos Humanos. Denunció a políticos, empresarios y militares de haber llevado a cabo constantes violaciones a los derechos humanos. Fue asesinado el 13 de octubre de 1996 en Villavicencio cuando jugaba con sus pequeñas hijas en el patio de su casa.

* n v e s t i g a c i ó n d e P e t r i t B a q u e r o , i n v e s t i g a d o r d e l C i n e p / P P P.

Nació en Tibú, Norte de Santander, pero su familia se asentó en Urabá. Paramilitares asesinaron a su primer esposo y padre de cinco de sus hijos, lo que le hizo desplazarse a Medellín, donde adquirió liderazgo comunitario. Se dedicó a denunciar la muerte de dos de sus hijos, señalando a integrantes de la Policía. En 2011 fue asesinada. A comienzos de este año, su hijo de 22 años fue también asesinado.


reconciliAción

CO O p IN NFI ó I ANN Z A

Es posible

Óscar collazos E s c r i t o r y p E r i o d i s ta

Las víctimas esperan la verdad y la reparación para dar su paso hacia la reconciliación. Aunque no es un proceso inmediato, es viable.

C

Cuando

vi a tres de mis familiares asesinados a manos de los paramilitares, sentí rencor y quise tomar justicia por mis propias manos. Quería saber quién los mató para vengarme y decidí entonces buscar un arma, pero Dios me habló y dejé esa idea a un lado”. Estas son las palabras de Rafael Gustavo Posso, víctima de la masacre de Las Brisas (San Juan Nepomuceno), cometida en marzo de 2000. Su testimonio fue recogido en la Quinta Mesa de Reconciliación de los Montes de María, Canal del Dique y Cartagena, convocada por la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) de Bolívar. Posso dejó “esa idea a un lado” después de entrevistarse, cara a cara, en la Cárcel La Modelo de Barranquilla con los autores de una de las tantas masacres ejecutadas por los paramilitares en los Montes de María. “Comprendí que si abrigaba odio en mi corazón, nunca dejaría de sufrir. Ahora que he perdonado me siento en paz y me he quitado ese resentimiento de encima”, dijo finalmente. Esta foto estaría incompleta si no aparecieran, al lado de las víctimas, los rostros, identidades y confesiones de los autores de crímenes y masacres: paramilitares, guerrillas y agentes del Estado. Así lo entendió el Grupo de Memoria Histórica en su informe ¡Basta ya!, información y análisis

imprescindibles como marco de la reconciliación. El testimonio de Posso no es diferente al de miles de colombianos que han sanado su alma y empezado a despejar el horizonte de sus vidas. El proceso que conduce a este punto no tiene resultados inmediatos. Según Arturo Zea Solano, de la regional Bolívar de la Comisión de Reparación y Reconciliación, tal vez haya que esperar entre ocho y diez años. Los Montes de María y el Canal del Dique son un referente en la reconstrucción de las formas de violencia perpetradas en las últimas dos décadas, pero apenas un punto en el mapa que se extiende por todo el Caribe colombiano: Sucre, Córdoba, Magdalena, Atlántico y Cesar. Allí tendrán que darse procesos parecidos. ¿Es necesario esperar el final del conflicto armado para abrir y cerrar procesos de reparación y reconciliación? ¿Hay que esperar que el proceso de paz en curso alcance acuerdos que conduzcan a la desmovilización de las guerrillas para continuar así la fase de reparación y reconciliación que se está dando parcialmente entre paramilitares y sus víctimas? Los obstáculos son muchos y están atravesados por saboteos desestabilizadores y crímenes selectivos. Tarde o temprano, la guerrilla y sus víctimas de la sociedad civil tendrán que propiciar el cara a cara de la verdad que sirve de antesala al perdón.


foto: fernando vergara

En GuaviarE

una indĂ­gena nukak makĂş se pinta antes de una celebraciĂłn.


Reconciliaci贸n Colombia es posible gracias a:

Al servicio de las personas y las naciones

L ibe rtad

y O rd en

Una iniciativa de la sociedad civil www.reconciliacioncolombia.com

Reconciliación Colombia, tercera edición  

Historias de dos regiones que muestran que sí puede haber un futuro promisorio en el posconflicto.

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