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reconciliaciĂłn COLOMBIA Los colombianos ya comenzaron a reconciliarse. AsĂ­ lo

demuestran estas inspiradoras historias que retratan

un nuevo camino para el paĂ­s en medio de las dificultades.


Reconciliaci贸n Colombia es posible gracias a:

Al servicio de las personas y las naciones

L ibe rtad

y O rd en


Empresas que se vincularon a la iniciativa a travĂŠs de: Proantioquia

Empresas que se vincularon a la iniciativa a travĂŠs de: Empresarios del Caribe por la Paz


Empresas que se vincularon a la iniciativa a trav茅s de: Unidad de Acci贸n Vallecaucana

Empresas que se vincularon a la iniciativa a trav茅s de: Empresas por la Reconciliaci贸n


Coordinadora General Ximena Botero Coordinadora Asistente Natalia Riveros

Editora Bibiana Mercado

Web Máster Luis Carlos Gómez

Periodistas José Vicente Guzmán, Marco Bonilla, Jairo Esteban Montaño, Cristina Esguerra y Helena Durán Comunicador júnior Cristian Dallos

Director Encuentros Regionales y Nacional Daniel Téllez Asistente Administrativa y Financiera María del Pilar Indaburo DESARROLLO EDITORIAL Director Editorial Mauricio Bayona

Jefe de Redacción Mauricio Sáenz

Editora General Janeth Acevedo Neira

Director Creativo Hernán Sansone

Producción Fotográfica Patricia Ordóñez

Coordinadores Editoriales Juan David Franco y Carolina Arboleda Periodistas Laura Campos Encinales, Laura Latiff Pérez y Juan Miguel Álvarez

Colaboradores Álvaro Sierra, Antanas Mockus, Ricardo Silva, Miguel Ángel Rojas, José Navia, Dilia Jiménez, Pascual Gaviria, Óscar Prieto, Roberto Pizarro, Camilo González Posso, padre Nel Beltrán, Rosalba Jiménez, Eduardo Ramírez, Javier Darío Restrepo, Jennifer McCoy, Alejo Vargas, Sandra Bessudo, Mheo, Vladdo, Matador y Bacteria. Asesores editoriales José Ángel Báez y José Fernando Hoyos

Producción Yina Aranda

Diseño y diagramación Mónica Loaiza, Diana Correa, Joao Barroso, María de la Paz Salazar y Carlos Matiz

Corrección de Estilo Hernán Miranda Torres

Fotografía León Darío Peláez, Guillermo Torres, Juan Carlos Sierra, Daniel Reina, Pablo Monsalve, César David Martínez, Carlos Pineda, Erick Morales, Federico Ríos, Joaquín Sarmiento, Fernando Cano Busquets, David Estrada Larrañeta y Christophe Chat-Verre. Director Archivo Fotográfico Javier Cruz Impresión Printer Colombiana S.A. PUBLICACIONES SEMANA S.A. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de Publicaciones Semana S.A. Reconciliacion Colombia

www.reconciliacioncolombia.com

1 de junio de 2014

@ReconciliaCol


foto: cĂŠsar david martĂ­nez


CerCa de 90.000

familias están vinculadas a la producción de papa en Boyacá, Cundinamarca, Nariño y Antioquia. Aquí, un papero de Pasca (Cundinamarca).


foto: césar david MartínEz

LA pescA en eL

río Magdalena es una de las actividades más tradicionales de Mompox (Bolívar). En épocas de subienda hay abundancia de mojarra, bagre, barbul y bocachico.


ÍNDICE 10 EDITORIAL

8 8 Retorno a La Puria 9 1 Nada de perdón y olvido

INTRODUCCIÓN

Por Jennifer McCoy 9 2 Una prueba de coraje

1 2 ¿Qué es Reconciliación Colombia?

9 4 Poco a poco

1 6 Es muy en serio

9 6 La miel de Las Hermosas

2 0 Tinta para la reconciliación

1 0 0 Triste pero cierto

2 2 ¿Cómo va la tarea?

1 0 1 Sin palabras

2 6 ¿Y el gobierno qué? 2 8 Sin lugar para la venganza

pA C Í F I C O - C E N T R O

3 3 El poder de escuchar Por Antanas Mockus

1 0 4 Las guías para el suroccidente

3 4 Un país que no está listo

1 0 6 Otro panorama

3 6 Los dilemas de Justicia y Paz

1 0 8 Regreso a casa

4 0 Perdonar lo imperdonable

1 1 2 Otro rostro de la paz 1 1 4 Ejemplos por seguir

A p U E s TA s

1 1 6 ¿Sensibilidad para qué? Por Miguel Ángel Rojas

4 4 Esto es lo que hay 4 6 ¿Y cuál es su aporte?

CARIBE - ORINOQUIA

5 0 A la paz de un café 5 2 Existe el camino

1 2 0 Una realidad que crece

5 4 Con sus propias manos

1 2 2 Pasos de gigante

5 6 La luz de la iglesia

1 2 4 Un camino abierto

5 8 Los artistas reclaman

1 2 7 El olvido que no seremos

6 0 La respuesta es el campo

1 2 8 El sueño de la diversidad

6 4 Cambio de papel

1 3 0 Contra la corriente 1 3 2 Las batallas de Paulina

ENCUENTROs

1 3 6 A superar las ‘roscas’ 1 3 8 Las claves de Mandela

6 8 Desde las regiones 7 0 Empresarios, rajados 7 3 Personas o cosas Por Ricardo Silva 7 4 Anatomía de los encuentros 7 6 Palabras con peso 8 0 Segundo tiempo ANTIOQUIA GRAN TOLIMA

s A N TA N D E R E s EJE CAFETERO 1 4 2 Sin miedo 1 4 4 Los resistentes 1 4 6 Recordar para contarlo 1 5 0 Yo me la juego 1 5 4 Aroma a esperanza 1 5 6 Esa es la ruta 1 5 8 Los funerales del río Cauca

8 4 Reconciliación y regreso 8 6 Sí se puede

1 6 2 Caricatura


reconciliAción

Editorial

El momEn

históri

C

Colombia trata de recuperar su memoria. También busca revisar el alcance de la Justicia, dignificar a las víctimas del conflicto, darles oportunidades a quienes se han equivocado al recurrir a las armas, rehacer la confianza en sus instituciones, recuperar su autoestima. Y hoy intenta llegar a un acuerdo de paz. Este es, sin duda, un momento histórico para el país y será memorable en la medida en que los colombianos logren avanzar y aprender a relacionarse sin violencia. Al evaluar estos temas hay quienes ven el vaso medio vacío y quienes lo ven medio lleno. El proyecto Reconciliación Colombia prefiere esta última mirada, pues si bien el país vive aún hoy un conflicto agudo, individuos y comunidades en el campo y en las ciudades están reconstruyendo las relaciones quebradas por la guerra para darse una nueva oportunidad. Resulta paradójico que sean precisamente las personas y los colectivos golpeados por la violencia los que enseñen el camino hacia la reconciliación. A simple vista, deberían ser aquellos a quienes el conflicto no los han tocado los primeros en promover entornos de convivencia pacífica. Pero no es así. Según el Barómetro para las Américas de la Universidad de los Andes y del Observa-

torio de la Democracia, quienes han vivido más de cerca el conflicto hoy están más dispuestos a reconciliarse que aquellos que lo han sentido de manera más lejana. ¿Por qué se da esto? John Paul Lederach, autoridad en temas de construcción de paz en el mundo, en una entrevista en esta revista, da una respuesta que tiene que ver con que esas personas y esos colectivos son los que más valoran “recuperar el sentido de comunidad (...) el sentido ‘de que somos’”. Las páginas de esta revista invitan a acompañar estas experiencias impulsadas por las víctimas, victimarios arrepentidos, comunidades golpeadas por la violencia, instituciones de diverso carácter (civiles, religiosas, oficiales, militares, de cooperación internacional) y empresas privadas. La reconciliación encierra retos enormes que trascienden la simbología de los abrazos, el perdón y el arrepentimiento, entre otros elementos característicos de la


to

co esfera personal. Y eso lo están entendiendo los sectores políticos, económicos y sociales del país. En los cuatro encuentros regionales que esta iniciativa de la sociedad civil realizó de febrero a abril, y en los que por primera vez dialogaron regiones tan distantes geográficamente como en sus realidades, quedó claro que la reconciliación también envuelve la esfera de lo colectivo. Esto, evidentemente, implica transformaciones de fondo. En las regiones se habló de enfrentar temas de hondo calado como la desigualdad, la falta de oportunidades, el acceso restringido a una educación de calidad, la descentralización, el acceso a la tierra, la corrupción. En otras palabras, garantizar la presencia imparcial y eficaz de la autoridad tanto en las ciudades como en los territorios más alejados. ¿Quién puede decir que estos son cambios de simple cosmética? Por eso, si bien gran parte de la responsabilidad de encontrar el camino de un país sin armas está en cabeza del Estado, también implica que otros sectores que usualmente miran los toros desde la barrera se comprometan a brindar recursos económicos, sociales, culturales y condiciones integrales para reconstruir la confianza y las relaciones sociales. Así lo insistimos en las páginas de las cuatro revistas de Reconciliación Colombia que antecedieron a esta edición.

Al conectar las esferas individual y colectiva se entiende por qué Nelson Mandela logró trascender como figura mundial de la reconciliación. El líder sudafricano inspiró a su pueblo al perdonar a sus guardianes y a los políticos responsables del apartheid, lo que desencadenó el quiebre de ese régimen opresivo de discriminación. Es un hecho que 60 años de conflicto y de violencia han generado grados de intolerancia insospechados que sorprenden a los colombianos cuando le arrojan a una mujer ácido en la cara, cuando asesinan a un joven por portar una camiseta de su equipo de fútbol o cuando le prenden fuego a un habitante

la reconciliación encierra retos concretos y enormes que trascienden la simbología de los abrazos y el perdón de calle. En este contexto, no es gratis que los líderes estén atrincherados en sus prejuicios e intereses y desde ahí ‘disparen’ palabras soeces que atizan los odios y las venganzas. Precisamente en este contexto nace Reconciliación Colombia para abrir el diálogo y el entendimiento entre sectores y regiones, para trabajar porque la reconciliación sea un sueño posible. Hoy se necesita ese compromiso de cada uno de los colombianos, un compromiso que lleve a la acción.


fOtO: manUel saldarriaga

reconciliAción

CONFIANZA

En 2007 cuatro

comunidades indígenas embera, localizadas sobre el río Opogado, en el Pacífico colombiano, recibieron la exposición ‘Un retrato del alma embera’, compuesta de fotos tomadas a ellos.


qué Es rEconciliación colombia En nueve meses de investigación, el proyecto encontró cientos de historias, muchas de las cuales se desarrollan desde hace décadas. Eso demuestra que para el país la reconciliación no es una idea abstracta.

n

no

hay que dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, dicen. A juicio de la sabiduría popular, hay más excusas que razones a la hora de ponerse manos a la obra. Este puede ser el caso de lo que les ha sucedido a los colombianos cuando se trata de trabajar por la reconciliación del país. Una tarea que se aplaza sin término con la excusa de la endemia nacional que supuestamente se padece. Para hacerle frente a este destino irremediable que se ha armado en el imaginario colectivo, distintos actores sociales colombianos están invitando a los ciudadanos de a pie y a los que ostentan el poder político y económico a unirse en torno a las experiencias e iniciativas de reconciliación ya dadas en los territorios, muchas desarrolladas de forma solitaria

y sin mayor apoyo por las comunidades más golpeadas por el conflicto. Estos actores son portavoces de empresas privadas, de organizaciones sociales, de medios de comunicación y de agencias de cooperación internacional que si bien han trabajado de tiempo atrás estos temas, hoy se articulan en una plataforma común para escucharse y proponer acciones colectivas que incidan en la transformación del país. Si se tratara de redactar en unas pocas líneas el propósito, este podría resumirse en trabajar

laborales para las víctimas, la población vulnerable y los desmovilizados, atender la descentralización del país, permitir el ejercicio del poder a quien piensa diferente y garantizar la presencia imparcial y eficaz de la autoridad, lo que reduce la privatización de la Justicia y de la seguridad, y le quita espacio a la corrupción. Todas estas transformaciones se deben dar en las laderas de Bogotá como en los más recónditos territorios del país, tristemente desconocidos por muchos de los colombianos.

“Para acabar la guerra necesitamos profundizar la democracia”: Temístocles ortega, gobernador de cauca por reconstruir las relaciones de confianza que lleven a relacionarse sin violencia. La reconciliación requiere transformaciones profundas que tocan temas clave como la desigualdad, el acceso a la tierra, la vida digna para las víctimas y para otros sectores de la población como los campesinos, educación pública de calidad, oportunidades

Fue con esta idea que Reconciliación Colombia reunió el pasado 15 de mayo en Bogotá a 568 personas, muchas venidas de las regiones más apartadas del país. Fue un encuentro nacional que cerró la primera etapa de esta iniciativa de la sociedad civil y donde se presentaron las conclusiones de cuatro encuentros regionales que le antecedieron

en Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. En el encuentro nacional se escucharon puntos de vista desde todas las regiones. “La reconciliación es un gran proyecto estructural de toda la sociedad”, dijo allí Yvon Caicedo, líder afrocolombiana. “Si un proyecto empresarial no está diseñado con las comunidades, no tendrá éxito”, comentó David Bojanini, uno de los representantes más notables del empresariado antioqueño y presidente del Grupo Sura. “Las empresas deben escuchar a las comunidades”, complementó Sandra Gutiérrez, presidenta de la junta de acción comunal de Mesetas, área rural de Villavicencio, Meta. “Para acabar la guerra necesitamos profundizar la democracia”, señaló Temístocles Ortega, gobernador del Cauca. “El Estado tiene que llegar a las regiones donde más conflicto ha habido”, indicó Alan Jara, gobernador del Meta. “Es necesario acabar con los estigmas contra las regiones”, aseguró Feliciano Valencia, líder indígena del Cauca. “Género y etnias son fundamentales a la hora de hablar de paz”, agregó

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introducción

foto: david estrada larrañeta

reconciliAción

Buena parte de

las iniciativas encontradas apoyan a la población vulnerable, como madres cabeza de familia. Hernán Hernández, empresario de Santander. “Es necesario recuperar la confianza entre el Estado y los jóvenes”, afirmó Lucía González, directora del Museo Casa de la Memoria. Estas expresiones constatan que la reconciliación no encierra un solo significado. Para cada persona, cada municipio, cada territorio, cada grupo social tiene su propio valor y este, en cualquier caso, trasciende a un contexto colectivo. Al cuidar en cada acción el sentido de lo público, los pequeños y grandes pro-

yectos transforman los entornos en los que tienen lugar.

Un clic

De esta manera, la esfera colectiva se conecta con la individual. Si se propicia un ambiente que desactive los odios, resentimientos y venganzas históricas, los colombianos quizá valoren todavía más el conmovedor abrazo que Luis Moreno, un hombre arrepentido del uso de las armas, le ofreció a César Montealegre, una de las 27.023 personas que han sido secuestradas en Co-

lombia. Aunque insuficiente, como lo dijo este exguerrillero de las Farc, Luis no encontró otra forma de agradecerle a Dios, y a César la oportunidad por rehacer su vida y desandar los pasos para ser un hombre distinto. César hoy emplea a Luis en su finca en el departamento de Caquetá. Este gesto tiene un gran significado. Así como el protagonizado por Jeny Castañeda, una joven que perdonó a Ramón Isaza –antiguo jefe de un bloque de las autodefensas– por haber permitido que hombres del Magdalena Medio bajo su mando mataran a su mamá, una líder comunitaria de Puerto Triunfo que se enfrentó al poder de los paramilitares en esa región, en otra época bastión de la temida fuerza que patrocinaron incluso autoridades civiles y la fuerza pública locales. Según el Centro de Memoria Histórica en Colombia, se han perpetrado 23.161 asesinatos selectivos y 1.982 masacres. También es acto de valiente, el llanto del empresario Maurice Armitage, presidente de la Siderúrgica de Occidente, dos veces secuestrado, que decidió, a pesar de todo, quedarse en el Valle del Cauca e inculcarles a

en las esferas individual y colectiva, que se logran entornos de convivencia pacífica, cuando se trabaja en ello. En las páginas que siguen encontrarán que esta iniciativa de la sociedad civil, que hoy agrupa a más de 45 aliados nacionales y regionales, impulsará en su segunda fase tres herramientas concretas para incentivar la práctica recurrente de procesos de reconciliación. Habrá un premio para las autoridades locales, un reconocimiento para empresas y un fondo para apoyar proyectos de las comunidades. Esto último porque se constató la existencia de más de 500 iniciativas que tendrán un mayor impacto si alcaldes y gobernadores enfocan sus políticas a reconstruir el tejido social. Estos esfuerzos estarán acompañados por las instituciones nacionales dedicadas a dichos temas, entidades que el proyecto también tiene en cuenta. Por todo lo anterior, durante el encuentro del 15 de mayo, el padre Leonel Narváez, a nombre del comité directivo de esta iniciativa, invitó a los interesados en la construcción de un país distinto al de los agravios y de la violencia, a desaprender la desesperanza

Al cuidar el sentido de lo público, los pequeños y grandes proyectos transforman los entornos sus nietos el amor por su patria y por el prójimo. Armitage tiene hoy una fundación que lideran sus hijas y que trabaja en los sectores vulnerables de la región. Estas tres experiencias fueron expuestas en el encuentro nacional de Reconciliación Colombia para evidenciar que es a través de pasos concretos,

que además retroalimenta “la rabia, la retaliación y el odio”. Y, en cambio, urgió despertar los sentimientos de bondad y de compasión por el otro, apelando a “las profundas fibras” del ser humano. “El futuro es ya”, comentó para persuadir a sus interlocutores a construir aquí y ahora el país distinto que es el que queremos vivir.


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Academia Cooperación internacional Empresas Gobierno Fuerza pública Iglesia Organizaciones sociales

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3 4 2 33

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1 16 2 2 6 15 3 2 22 5 3 4 1 1 5 9 1 11 1 1 56 6

1 51 1 8

En el mapa aparecen las 508 experiencias territoriales encontradas por Reconciliación Colombia. El número que acompaña los colores indica la cantidad de proyectos que cada sector impulsa.

3 4 7 7

2

1 932

Un país de iniciativas

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3

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3 2 1

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6 1

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Bogotá


reconciliAción

introducción

es muy en seRio La primera etapa de Reconciliación Colombia deja reflexiones sobre un proceso que ya avanza en las regiones de manera espontánea.

C Ximena Botero*

Cuando

se tiene la oportunidad de viajar a los territorios más escondidos de Colombia, muchos de ellos profundamente afectados por el conflicto armado, aparecen grandes lecciones de vida. En esos lugares llenos de historia habitan las personas más valientes del país, pues a pesar de haber padecido la violencia, son las que más creen que un futuro diferente sí es posible y son las que más trabajan, muchas veces con poco, para lograrlo. Durante nueve meses, Reconciliación Colombia tuvo el privilegio de conocer a muchos de estos héroes y de aprender de su valentía y su convicción. Como resultado del diálogo con ellos y entre ellos, se rescatan algunas lec*Coordinadora proyecto Reconciliación Colombia

ciones y retos para construir la hoja de ruta hacia la verdadera reconciliación.

Un diálogo diferente

Los colombianos necesitan y deben escucharse más. Hoy día hay variados espacios para que los líderes expongan sus ideas y opinen; no obstante, son pocos los que existen para escuchar. El diálogo es vital para la reconciliación y los es aún más el diálogo en doble vía. En esos diálogos y en la vida cotidiana hay que desarmar el lenguaje y cambiar desde las palabras, ya que en la vida cotidiana las expresiones violentas y los insultos generan conflicto, rencor, resentimiento y venganza.

No hay fórmula mágica

Para cada persona, municipio, territorio o grupo social la reconciliación es diferente. Cada actor tiene situaciones diferentes de las que se quiere reconciliar. Todas las posiciones y motivaciones son igualmente válidas y necesarias y, por lo tanto, no existe una fórmula mágica para lograr la reconciliación, más aún cuando esta

tiene un gran componente espiritual particular y único en cada ser humano.

Proceso de largo plazo

La reconciliación implica transformaciones socioculturales y, por ende, es un proceso de largo plazo cuyos resultados no se ven de la noche a la mañana. Aunque cada persona, cada municipio, cada comunidad necesite reconciliarse de algo diferente y el dolor haya sido causado por motivos totalmente disímiles, la reconciliación se traduce en recuperar la confianza. Después de una decepción, un dolor, un acto violento, entre otros, se requiere recuperar la confianza para lograr finalmente reconstruir el tejido social que se ha roto y que obstaculiza la evolución personal o colectiva. Esto toma tiempo, pues este tipo de procesos no son impuestos, sino que se dan de manera espontánea en cada sociedad.

Cambiar una ciudadanía de conflicto

El país se acostumbró a pensarse en medio de la violencia y el conflicto armado. Por ello urge una nueva mentalidad de ciudadanos que se imagi-

nen desde la reconciliación y cuya estructura de valores, que se ha desarrollado a partir del conflicto, se oriente de manera diferente. Es clave cambiar los imaginarios culturales que soportan la guerra, que están relacionados con el cómo se solucionan los conflictos. También es necesario crear una institucionalidad para la reconciliación y no para el conflicto. Hoy día muchos colombianos convierten en un enemigo a todo el que piensa diferente, así nacen los estigmas que conllevan a la polarización y al conflicto. El relacionamiento con el otro y el comportamiento se han construido alrededor de estigmas: el bueno, el malo, la víctima, el victimario, el blanco, el negro, la empresa, el


foto: david estrada larrañeta

en 2009, un

foto: xxxxxxxxx

artista plástico intervino las paredes del barrio Moravia, en Medellín, para dejar una pregunta que no pierde vigencia.

campesino, por citar solo algunos. Es imperante desvanecer estas categorizaciones y empezar a hablar más de lo que une y acerca. Igualmente, es necesario borrar los estigmas sobre los territorios que han sufrido las consecuencias del conflicto. Muchos de estos después de años de superar la violencia siguen vistos a través de estos ‘rótulos’ que no les permiten abrirse al desarrollo de sus comunidades.

Un asunto de todos

Por estos días en que se habla tanto de paz, se tiende a creer que la reconciliación se suscribe única y exclusivamente a la persona o grupo que hizo daño y a los vulnerados, o peor aún, que se limita a ser

un tema de conflicto armado. La reconciliación trasciende a la vida cotidiana, al relacionamiento y reacciones del diario vivir, en el banco, en el trancón, en la calle y otros espacios compartidos. Si la meta es reconciliarse hay que superar múltiples violencias, no solo

con las marcadas diferencias en la distribución de riqueza. En cuanto a la dolorosa violencia que mucho han vivido directa o indirectamente, es imperativo entender que la reconciliación no solo es un asunto entre víctimas y victimarios o entre Esta-

Es importante no confundir un acuerdo de fin de un conflicto con un proceso de reconciliación aquella que se discute en las negociaciones de paz. Más allá del conflicto armado es pertinente hacer énfasis en el conflicto social, relacionado con las desigualdades de las instituciones del Estado al prestar los servicios básicos, de la oferta en la educación y

do y grupos armados, sino que involucra a todo el país. El reto es encontrar la receta para que todos los sectores se involucren y dejen de ver a la reconciliación como una iniciativa individual y la entiendan como un gran proyecto estructural de la sociedad.

Más allá de un acuerdo

Es importante no confundir un acuerdo de fin de un conflicto con un proceso de reconciliación. Mientras el acuerdo establece unas pautas para dar fin a un problema, la reconciliación inicia procesos de transformación socioculturales que muchas veces no son medibles con indicadores ni plasmados en un papel. Con o sin conflicto se pueden y se deben iniciar procesos para reconciliarse. Lo bueno es que esto ya se está dando. Reconciliación Colombia identificó en los últimos nueve meses 508 iniciativas que han permitido a cientos de campesinos regresar a sus lugares de origen, a antiguos cultivadores de coca trabajar

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foto: céSar DaviD martínEz

foto: carloS pinEDa foto: carloS pinEDa foto: céSar DaviD martínEz

la nueva generación

desempeña un papel clave en la reconciliación, pues asegurará la continuidad del proceso.

en cultivos lícitos y sostenibles, a víctimas rehacer su vida a partir del perdón, a desmovilizados reconocer sus errores y reconstruir su proyecto de vida, a comunidades conocer la verdad de lo ocurrido y recuperar la confianza y la memoria. Esto demuestra que sí es posible. No obstante, muchas de estas iniciativas tienen dificultades a la hora de crecer o lograr procesos transformadores por falta de articulación con otros sectores, de ser sostenibles, visibles y reconocidos. Todas estas iniciativas llevan, incluso, décadas de trabajo lo que permite concluir que la reconciliación es un proceso que surge al margen de cualquier negociación de paz.

Siempre verdad y justicia

Desde las regiones

Entre el campo y la ciudad

El conflicto se ha vivido en las regiones y, por tanto, la reconciliación comienza allí. Esta pasa por los territorios, sus particularidades históricas, políticas, económicas, sociales y culturales. No puede usarse un modelo homogeneizado en otra zona o en el ámbito nacional. Todo lo contrario, la estrategia se plantea según el área, sus actores y su sentir.

Los procesos de reconciliación necesitan verdad y justicia. Las personas necesitan entender qué fue lo que pasó y por qué. Conocida la verdad se inicia el proceso. Lo mismo pasa con la justicia. Difícilmente, una víctima puede superar el dolor o la rabia si lo que ocurrió queda en la impunidad. De ahí la importancia de la memoria, de recordar los hechos para evitar que se repitan o afecten a otros colombianos. Esto también permite entender quiénes somos y quiénes aspiramos a ser. La reconciliación implica hablar de memoria, de verdad, de reparación, pero sobre todo de reconocer lo que se ha hecho mal desde cualquier sector de la sociedad. Se requiere reconciliar a la ciudad con el campo, así como el campo con la ciudad. Estos no son lugares que se oponen o que no son complementarios. El campo es el que más ha sufrido el conflicto, han aportado el mayor número de víctimas. Millones de desplazados de las zonas rurales migran a las ciudades, sin embargo, las urbes no están en capacidad de responder la población

campesina desplazada, ni de garantizarles condiciones dignas. Muchas de estas personas aún tienen miedo de regresar a sus territorios y prefieren permanecer en las ciudades viviendo situaciones en donde se convierten en víctimas de otro tipo de violencias y de vulneración de sus derechos. Las ciudades no siempre son el espacio donde estas familias pueden reanudar su proyecto de vida, ya que su arraigo a la tierra y a la agricultura es muy fuerte.

Empresas y comunidades

En Colombia no solo hay víctimas del conflicto armado. Por ejemplo, se cuentan víctimas de empresas que incumplen la ley o irrespetan los derechos de las comunidades en sus propios territorios. Los intereses de las comunidades y de las empresas sí pueden ser compatibles, para lograrlo se requiere que las compañías sean rentables, pero a su vez dinamicen los procesos que adelantan las poblaciones. Se tiende a pensar en la posibilidad de brindar un apoyo económico para el desarrollo de un proyecto determinado, pero las empresas deben ser parte de la construcción misma que supone el diseño de agendas de reconciliación en cada uno de los territorios desde la perspectiva de ‘construir’ y no de ‘intervenir’. Finalmente, otras de las grandes lecciones que encontró Reconciliación Colombia es el papel y la fuerza de las nuevas generaciones. Los jóvenes son vitales, toda vez que este es un proceso que se da a mediano y largo plazo. Por esta razón, se requieren líderes que permitan y aseguren la continuidad de este tipo de procesos.


un cultivador de

tabaco de Jordán Sube (Santander), descansa junto a su nieta en la terraza de su casa luego de una jornada de trabajo.

foto: león darío peláez

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reconciliAción

introducción

TINTA PARA LA R El proyecto Reconciliación Colombia publicó cuatro revi regiones del país. Se destacan modelos de confian

n ó i c a i l i c n r1eco COLOMBIA

ia, Antioqu ó, Choc yo, Putuma , Caquetáy Huila Tolima oras Inspirad cias experien ales region atan que retr que un país truye ns co se del más allá to. conflic

reconciliación COLOMBIA

Cundinamarca, Boyacá, Bogotá, Valle, Cauca, y Nariño Cómo estas regiones asumen un nuevo camino para convivir.

Revista Reconciliación Colombia 1

Revista Reconciliación Colombia 2

• Circulación: Febrero 22 de 2014 Departamentos estudiados: Antioquia, Chocó, Tolima, Huila, Putumayo y Caquetá. • Mensaje central: Los relatos son más que historias. El solo hecho de que se construyen día a día en medio de la adversidad, de la violencia y del conflicto, muestran que hay algo en ellas que el país debe conocer y replicar para entender que la reconciliación es un sueño posible. • Ejemplo internacional destacado: Ruanda. En ese país recurrieron a las gacacas (juicios hechos por la misma comunidad) para descongestionar los tribunales, encontrar la verdad y reparar a las víctimas del genocidio de 1994. • Zonas visitadas por los periodistas: Cañón de las Hermosas (entre Tolima y Valle del Cauca), San Francisco y Medellín (Antioquia), Florencia (Caquetá), Quibdó y La Puria (Chocó), Villagarzón (Putumayo). • Historias más visitadas en www.reconciliacióncolombia.com: ‘El fin del miedo’, ‘Nuevos frutos’ y ‘La miel de Las Hermosas’.

• Circulación: Marzo 16 de 2014 • Departamentos estudiados: Cundinamarca, Boyacá, Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Bogotá. • Mensaje central: Gran parte de la responsabilidad de lograr la paz es del Estado. Pero también implica que otros sectores se comprometan con recursos económicos, sociales, culturales y condiciones integrales para reconstruir la confianza y las relaciones sociales. • Ejemplo internacional destacado: Análisis de la Matriz de Acuerdos de Paz del Instituto para Estudios de Paz Internacional de la Universidad de Notre Dame. Esta herramienta provee datos sobre 34 pactos en materia de reintegración, amnistía, reparaciones y verdad. • Zonas visitadas por los periodistas: Cali, Yumbo y Palmira (Valle), Chiquinquirá (Boyacá), Tumaco (Nariño), Soacha (Cundinamarca), Toribío (Cauca) y Bogotá. • Historias más visitadas en www.reconciliacióncolombia.com: ‘¿Y por qué no?’, ‘Las Marías: su duelo’.


ECONCILIACIÓN stas que dan cuenta de importantes iniciativas en las za, oportunidades, memoria y perdón, entre otros.

reconciliación COLOMBIA

Caribe y Orinoquia

Historias de dos regio nes que mues tran que sí pu ede haber un futu promisorio ro en el poscon flicto.

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Revista Reconciliación Colombia 3

• Circulación: Marzo 30 de 2014 • Departamentos estudiados: La Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Sucre, Cesar, Meta, Arauca, Guainía, Vaupés, Casanare, Vichada, Guaviare y Amazonas. • Mensaje central: La reconciliación se construye en las regiones y con las regiones, y requiere del compromiso y el trabajo conjunto de todos los colombianos y todos los sectores. • Ejemplo internacional destacado: La orquesta West-Eastern Divan, creada en 1999 y conformada por jóvenes de Israel y Palestina, promueve la paz y el diálogo a través de la música. • Zonas visitadas por los periodistas: Macayepo, Mampuján y El Salado (Bolívar), Chengue (Sucre) Barranquilla (Atlántico), Chibolo (Magdalena), Villavicencio (Meta), San José del Guaviare y Calamar (Guaviare), y Tame (Arauca). • Historias más visitadas en www.reconciliacióncolombia.com: ‘La lucha de Paulina’ y ‘Muy juntos’.

Revista Reconciliación Colombia 4

• Circulación: Mayo 4 de 2014 • Departamentos estudiados: Caldas, Risaralda, Quindío, Santander y Norte de Santander. • Mensaje central: Para que se logre la reconciliación es necesario acabar con la desigualdad, la falta de oportunidades, el acceso restringido a la educación de calidad, temas que en Colombia usualmente se esquivan a la hora de abordar las claves de una sociedad en paz. • Ejemplo internacional destacado: Guatemala. Las víctimas del conflicto, que duró 36 años, sienten que no se ha hecho justicia, a pesar de que la Comisión de Esclarecimiento Histórico determinó la responsablidad del Estado. • Zonas visitadas por los periodistas: Marsella y Quinchía (Risaralda), Génova (Quindío), Cúcuta, Pamplona y Tibú (Norte de Santander), Bucaramanga y Mogotes (Santander), Puerto Triunfo (Antioquia-Magdalena Medio). • Historias más visitadas en www.reconciliacióncolombia.com: ‘El poder del hip-hop’.


reconciliAción

introducción

¿cómo va La Los medios de comunicación tienen el deber de abrir espacios en pro de la reconciliación. Sus líderes se comprometen en este propósito.

Cumplir a cabalidad nuestro

1.papel: la búsqueda de la

PreGUNtaS

1. ¿Cómo puede aportar su 2.medio a este proceso? ¿Cómo separar la política 3.de la reconciliación?

verdad sobre el conflicto y la transmisión de información desprovista de dobles intenciones.

¿Qué ha hecho su medio por la reconciliación?

Siendo consciente de su

2.responsabilidad en el manejo de la información sobre el conflicto.

No se si haya que

3.separarlas. Habría

Fidel cano Director ‘el espectador’

que evitar el aprovechamiento político de la reconciliación ¿Cómo? Poniendo el foco en las personas y no en los discursos.

Fuimos pioneros en tratar

1.temas de responsabilidad social

Destacar personajes y ac-

1.ciones ejemplarizantes que

empresarial (RSE) cuando estos eran desconocidos. Ahora dedicamos cuatro páginas semanales a contar casos que reivindiquen la RSE con más énfasis en la reconciliación del país.

connoten capacidad de perdonar y de búsqueda de una nueva vida. Motivando a otros

2.sectores a que se

Los medios, quizá,

2.tienen la mayor responsabilidad en multiplicar los beneficios de una próxima nueva etapa para el país económico, político y social que seguramente llegará en el posconflicto.

Fernando Quijano Director de ‘La república’

3.

Toda iniciativa de

3.reconciliación es un

acto político per se. Es casi imposible separar dos cosas tan íntimas en la sociedad.

unan a la campaña y propiciemos un mejor país, más digno y más justo, en paz, para las nuevas generaciones. La reconciliación tiene que ser una tarea de todos los colores políticos y trascender coyunturas electorales.

Darío arizmendi Director de 6 a.m. hoy por hoy


tarea? Desde la línea editorial del perió-

1.dico planteando el asunto como

prioritario y fortaleciendo la discusión con iniciativas que van desde debates hasta una serie de televisión. Abriéndole un espacio en el debate público al tema, presentándolo de tal manera que los colombianos lo puedan asumir como un asunto más humano que político. Mientras más fuerte suenen las voces de las víctimas –que suelen portar una voluntad de perdón– más claro quedará que la reconciliación no puede ser un caballito de batalla, sino roberto un desafío inaplazable de esta y las próximas genePombo raciones. Director de

2.

El Informar con rigor análisis y contexto,

1.abrir espacios para el diálogo y el debate,

liderar proyectos de alto impacto social que ayuden a la reconciliación como lo que estamos haciendo en El Salado y los Montes de María, y participar activamente en proyectos trascendentales para el país como Reconciliación Colombia. Utilizar la credibilidad y el

2.poder de convocatoria de

nuestros medios para facilitar espacios de reconciliación entre los colombianos. Dejando en

3.evidencia que la

3.

alejandro Santos

Director de ‘revista SemaNa’

reconciliación va mucho más allá de los políticos y gobernantes. La sociedad civil también desempeña un papel esencial en la construcción de una sociedad que pueda sanar sus heridas y mirar hacia adelante.

‘el tiempo’

23

Incorporamos en algunas producciones

1.historias relacionadas con desmoviliza-

ción, reincorporación y reconciliación. En los noticieros presentamos crónicas sobre reconciliación, historias de perdón y casos exitosos de reinserción a la vida civil. Podemos servir de soporte para

2.explicar a los colombianos la

importancia de este proceso de cambio; podemos denunciar lo que no sirva y afecte este proceso; podemos apoyar todo lo que sirva y mejore su implementación; podemos acompañar y vigilar su adecuado desarrollo, sus logros y sus avances. Este proceso no

3.es responsabilidad de un partido o de un gobierno o de unos pocos. Es responsabilidad de todos los que queremos un mejor país.

Gabriel reyes Presidente de rcN tv

Somos los únicos que han dedicado su

1.programación a la promoción y defensa de los derechos humanos y a dignificar a nuestras víctimas. La nuestra es una propuesta de reconciliación.

El cubrimiento de la paz

2.y de la agenda social no

es episódico ni anecdótico, es un compromiso en toda nuestra programación.

Hasta que entenda-

3.mos que la barbarie

cometida en este país no se puede repetir, y que la verdad de las víctimas es nuestra verdad. Ahí podremos separar la política de la reconciliación, porque la haremos propia.

Hollman morris Gerente de canal capital


reconciliAción

introducción

Presentar al mayor número de protagonistas de la

1.reconciliación, tres presidentes de Estados Unidos

en directo, la gente que hizo el milagro en Irlanda, Centroamérica, Ruanda y otras latitudes. Todos los días dedicar una sección a una víctima y a un victimario como ejemplo de perdón, de donde saldrá un libro. Todos los días frases sobre la paz de donde ya salió un libro y viene otro. Apoyar causas como El Salado; el teatro de las internas como patrocinadores, la Navidad de los heridos en combate desde hace 13 años, etcétera.

2.que sí es posible.

Presentando todos los días ejemplos de

La buena política es la que logra la reconciliación, base fundamental para la paz.

3.

Julio Sánchez Cristo

Ante todo buen periodismo: buscar la

1.verdad, contrastar las noticias, analizar

la información, escuchar fuentes pluralistas locales, nacionales e internacionales e invitar columnistas expertos a hablar del tema. Nuestra unidad de paz tiene 15 años. Además del buen periodismo

2.nos queremos convertir en un centro innovador y multiplataforma de debates constructivos e inteligentes. La política es vital en

3.la reconciliación, la

politiquería es su más perverso enemigo. Debemos fomentar espacios para que los colombianos seamos protagonistas llegando a un acuerdo sobre lo fundamental para que desde allí elijamos a líderes.

Director de La W Radio

Martha Ortiz Directora de ‘El Colombiano’

Escuchar todas las voces y todas

1.las opiniones y hacer periodismo

con respeto sin agredir, abriendo nuestros micrófonos también a las víctimas.

Hemos publicado reportajes sobre

1.esfuerzos de reconciliación de

Los periodistas podemos y

2.debemos abrir la mirada para

todo el país.

salir del cubrimiento del conflicto y sus derivados y ver todo lo que pasa para entender a Colombia en sus múltiples dimensiones. Si queremos pasar la página de la guerra hay que mirar más allá de la guerra.

Haciendo más de lo que

2.hacemos: narrar historias y editorializar sobre el tema.

No veo la necesidad de 3.separarlas si partimos

Juan Guillermo Ángel

de que la política es un arte noble. La reconciliación tiene como pilar la disposición de las partes a superar episodios trágicos. La iniciativa debe reposar en manos de la sociedad civil, pero debe contar con, y exigir, un respaldo político y económico por parte de las instituciones.

No creo que se deban

3.separar. Buscar la Yolanda Ruiz Directora de RCN La Radio

Director de ‘La Tarde’

Ningún colombiano conoce cómo se puede vivir en paz,

1.por ello transmitimos el más fuerte de los sentimientos: la

esperanza en que la reconciliación será la piedra de apoyo de la paz. A través de la seguridad de que con gestos positivos se

2.lograrán las condiciones para recuperar la tranquilidad. No creo posible ni conveniente separarlas, ya que para

3.que la reconciliación tenga bases sólidas requerirá del apoyo político como manifestación de la democracia que queremos tener.

Marco Schwartz Director de ‘El Heraldo’

reconciliación es una decisión política, por eso están ligadas. Lo que es distinto es hacer politiquería con esa bandera y eso sí debemos evitarlo.


Destacar declaraciones

1.de altos funcionarios

Presentar experiencias exito-

1.sas y ser escenario de debate

públicos sobre el perdón y la creación de penas alternativas diferentes a la cárcel.

de un tema fundamental para el futuro de Colombia. Dejándoles en claro a

2.nuestros lectores, que

Se están

2.realizando

pertenecen al mundo de los negocios, que ningún otro tema tiene tanta rentabilidad colectiva como el de la reconciliación. Por más repetitivo que suene, no hay mejor negocio para la sociedad colombiana.

entrevistas que permiten concluir que solo la reconciliación conduce a la paz. No se pueden

3.separar. Hay

posiciones políticas beligerantes y otras de negociación. Si la guerra continúa, seguirá su fatal resultado: más víctimas, más huérfanos, más viudas.

Yamid Amat Director de CM&

Aclarando que el objetivo es uno 3. y que no es discutible.

Es válido que se debata el curso de ciertas negociaciones, pero no la meta final.

Hemos destacado como

1.prioritaria la reconcilia-

Ricardo Ávila Director de ‘Portafolio’

Hemos realizado publica-

1.ciones sobre la importan-

ción. A través de crónicas, noticias, editoriales y entrevistas, El País ha puesto sus páginas a disposición de uno de los elementos básicos para conseguir la paz en Colombia.

cia de recuperar la confianza. Hemos permitido reconstruir el tejido social regional y contribuir en esa búsqueda. Permitiendo que

2.nuestro contenido

Siendo sensible a lo que acontece en nuestra sociedad y abriendo las páginas a la expresión de los colombianos.

2.

periodístico genere un mensaje de reflexión, de pensar en que la reconciliación es un tema donde todos debemos estar.

La reconciliación es un

3.propósito de contenido

No se puede

3.separar porque

político y la política en sí es noble. Debe evitarse usarla con propósitos partidistas, como bandera electoral o como instrumento de Elvira exclusión.

no es un concepto ajeno a ella, sino una política en sí Claudia misma.

María Domínguez

Medina

Directora de ‘La Nación’

Directora y gerente de ‘El País’

Miguel Ángel Villarraga Gerente de ‘El Nuevo Día’

Nuestras páginas han estado abiertas a variedad de

1.opiniones. Desde la información hemos promovido

escenarios de convivencia y contribuido con la objetividad, la presentación de los hechos y el ejercicio de la memoria en casos de derechos humanos. Acompañando los esfuerzos de la sociedad civil y el

2.Estado.

Un aspecto central es estar con las comunidades y

3.alentar sus sueños de desarrollo, por encima de otros

intereses. Como medios es importante también no promover odios entre bandos políticos.

25


CONFIANZA

foto: juan pablo gómez / archio semana

reconciliAción

¿Y EL gobiERno qué?

Los líderes de las cuatro entidades del Estado que trabajan temas del posconflicto hicieron un corte de cuentas sobre lo que se ha hecho y lo que falta por hacer.

R

RECONCILIACIÓN COLOMBIA: ¿Se puede hablar de reconciliación o de resistencia en Colombia? PAULA GAVIRIA (Directora de la Unidad de Víctimas): Se están dando ambas en diferentes regiones del país. Hay comunidades que


foto: GuillERMo toRRES

La restitución

de tierras es un proceso complejo que depende de la articulación entre varios niveles territoriales. han venido resistiendo hace muchos años y hay ejemplos de reconciliación en las regiones. Las comunidades están volviendo a confiar en sí mismas y en el Estado. MARÍA EMMA WILLS (Subdirectora del Centro de Memoria Histórica): Para mí resistencia son actos cotidianos de aguantar a cualquiera de los actores armados con múltiples acciones cotidianas. Veo la reconciliación como una forma de desaprender la guerra como sociedad.

RICARDO SABOGAL (Director de la Unidad de Restitución de Tierras): Hay reconciliación en comunidades que han sufrido el conflicto. Pero también resistencia, no como la plantea María Emma, sino de aquellos actores que ganaron algo con el conflicto y no quieren ceder. La reconciliación pasa por entender que todos tenemos que entregar algo. ALEJANDRO EDER (alto consejero presidencial para la Reintegración): Hay más resistencia porque siguen existiendo espacios cerrados a las personas por el simple hecho de ser víctimas o victimarios. En Colombia no nos hemos dado cuenta que el tema de la paz es un asunto de todos. R.C.: ¿Con cuál resultado de su institución se han logrado acercar a la reconciliación? M.E.W.: El Centro Nacional de Memoria Histórica ha logrado posicionar la voz de las víctimas y eso genero empatía y solidaridad. Además, hemos logrado poner a pensar al país en el porqué del conflicto. A.E.: Actualmente todos los desmovilizados tienen que

cumplir con 80 horas de servicio social en distintas comunidades de víctimas. Eso ha permitido que se generen espacios de reconciliación. P.G.: Todos los procesos de reparación colectiva con comunidades y grupos sociales estigmatizados, victimizados y perseguidos por muchos años en Colombia. R.S.: Conseguir que los conflictos con la tierra los dirima un juez y no la fuerza bruta. Hay lugares en donde quien pierde va y le entrega su tierra a la comunidad que gana y en algunos casos los recibe con un festín. R.C: John Paul Lederach dice que la sociedad colom-

de izquierda a

derecha Alejandro Eder, Ricardo Sabogal, Paula Gaviria y María Emma Wills. hablan? Además, las víctimas provienen de las poblaciones más estigmatizadas, más discriminadas y más abandonadas históricamente por la sociedad. P.G.: Lo que les pasó a esas 6.371.000 víctimas nos sucedió a todos los colombianos y eso es algo que no hemos asimilado. Aprendimos a vivir con eso como si fuera parte de nuestro destino y el país pocas veces se ha puesto a soñar con una Colombia diferente. R.S.: No creo que haya una

“La reconciliación es una forma de desaprender la guerra como sociedad”: María Emma Wills biana está desconectada de sus víctimas aunque representan más del 10 por ciento de la población ¿Por qué? M.E.W.: La sociedad está muy polarizada y cuando se habla de reconciliación o de víctimas la gente se pregunta: ¿de qué orilla política me

desconexión. Lo que pasa es que llevamos 60 años en guerra y todos los colombianos nos sentimos víctimas. P.G.: Es que parte de lo que nos ha evitado comprender el sufrimiento de las víctimas es sentir que todos somos víctimas. Aunque todos hemos su-

27


frido el impacto del conflicto, no todos somos víctimas. A.E.: Muchas veces olvidamos las víctimas. El 60 por ciento de los desmovilizados fueron reclutados como niños. Una de las cosas que más me ha sorprendido es que la línea entre víctima y victimario no es tan clara. R.C.: ¿Hay equilibrio entre políticas de reintegración y reparación de víctimas? A.E.: Se ha hecho un esfuerzo. El problema es que en Colombia, como en todo el mundo, hay una polarización política desafortunada entre víctima y victimario. Y en la práctica, es imposible no trabajar con ambos al tiempo. Muchas veces son la misma persona, son familia o son vecinos. P.G.: El gobierno encontró el equilibrio que se había perdido en ocasiones anteriores. Muchas víctimas decían que había un trato privilegiado hacia los desmovilizados, pero con la Ley de Víctimas eso cambió. Por otro lado, la reparación necesita la garantía de la no repetición y eso se consigue con la reintegración de los excombatientes. M.E.W.: Muchos de esos excombatientes fueron reclutados cuando eran menores de edad, y una vez entran a una de esas agrupaciones voraces pasan por rituales donde les enseñan a deshumanizar al otro y cuando intentan salir, los fusilan frente a los demás. En ese caso, los comandantes que diseñan esas estrategias de reclutamiento, tienen que responder. R.C.: ¿En qué escenario se podrían juntar víctimas y victimarios? A.E.: Eso ya se está dando a nivel comunitario, hace falta hacerlo a nivel público, pero hay sectores en donde hay mucha resistencia.

introducción

foto: carlos pineda

reconciliAción

R.S.: Cierto. Ese ejercicio se trabaja muy bien en lo callado de una comunidad. Allí, por sí mismos, víctimas y desmovilizados tienen que aprender a vivir y hasta se reconcilian y se abrazan. P.G.: No se da por falta de condiciones en el ámbito político y en la sociedad en general. Porque la sociedad ve con buenos ojos que las personas se reintegren a la vida civil, pero a medida que esa persona se va acercando a un ámbito donde puede afectar su vida privada, hay más resistencia. M.E.W.: Aún no se han dado rituales memorables de perdón público en donde los que diseñaron la guerra

reconozcan el daño que les causaron a las víctimas y al país. A nivel comunitario sucede porque todos tienen claro que fueron pequeños engranajes de esta guerra.

R.S.: Para no volver a repetir. A.E.: Sí, para no olvidar y no repetir el dolor de la guerra. R.C: ¿La tierra no se puede restituir como se quiere por mecanismos engorrosos o

“Aunque todos hemos sufrido el impacto del conflicto, no todos somos víctimas”: Paula Gaviria R.C.: ¿Para qué la memoria? M.E.W.: Porque tenemos que aprender algo de toda esta guerra. Hay que comprenderla para poder desaprenderla. No se trata solo de saber cuántas masacres hubo. P.G.: Para ponerle un límite a las cosas que aceptamos y no aceptamos como sociedad.

por bandas criminales? R.S.: Colombia inició un proceso propio de un posconflicto y eso implica desafíos. Uno de esos es que la política debe hacerse en lugares donde no haya bandas criminales. Además, el derecho a la propiedad de la tierra se ha manejado muy


Las oportunidades

laborales para los desmovilizados también abren espacios para la reconciliación.

irresponsablemente y las bases de datos no son buenas. A.E.: El gobierno ha sido muy audaz en impulsar la paz de una manera agresiva y es normal que uno se encuentre con muchos problemas. P.G.: Pero los trámites no han sido engorrosos. Ha habido un esfuerzo del Estado por simplificar el acceso de las víctimas. M.E.W.: Hay que entender esto como un proceso de consolidación de un Estado que ha sido débil y corrompido en muchas regiones. Francia y Estados Unidos tardaron años en consolidar una democracia. R.C.: Los mandatarios locales dicen que hay un sistema centralista que los deja ma-

niatados y así no pueden actuar por la reconciliación… P.G.: La reconciliación también tiene que ver con la recuperación de la institucionalidad perdida. La Ley de Víctimas les da unas tareas a los mandatarios locales porque las víctimas están allá con ellos. Estamos generando una serie de recursos y herramientas para que tengan con qué responder. M.E.W.: En algunos consejos territoriales en los que he estado veo que en el radar de ellos no está el tema de las víctimas. Así como hacen un llamado de atención al Estado centralista, hay que preguntarles por qué no tienen en cuenta el tema. A.E.: La descentralización es clave para instituciones como la nuestra. Nosotros lo hemos logrado. El problema es que estos temas son tan sensibles que políticamente no son ventajosos para algunos políticos regionales. R.S.: Cuando nosotros llegamos a muchas regiones del país las víctimas nos decían: “queremos que ustedes manejen el tema y no alguien de la región”. Tenían razón, en esas mismas zonas las instituciones locales citaban a las víctimas, a nuestras espaldas, para que renunciaran al derecho de restitución. M.E.W.: Es que hay autoridades locales que han estado involucradas con la guerra. Es un desafío que no depende solo del gobierno y de sus funcionarios, sino de cómo la sociedad elige a sus autoridades. Tenemos que empezar a desarmar todos estos engranajes de clientelismos armados.

sandra Bessudo*

Colombia: ¿un ejemplo mundial? La transformación del conflicto ha sido uno de los temas principales que ha guiado por varios años la cooperación que la comunidad internacional le ha brindado a Colombia. El país cuenta con el apoyo de 18 de las 24 naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), es uno los países con el mayor número de Agencias de Naciones Unidas en América Latina, y hemos afianzado relaciones de cooperación con más de 60 países en desarrollo. Todo esto requiere de una efectiva y estratégica planeación que permita implementar las apuestas del gobierno en medio de los acuerdos de paz. La coordinación interna y la de la comunidad internacional es fundamental y será la clave para que el apoyo extranjero complemente de manera alineada, las prioridades del país y ayude el proceso. De otra parte, la negociación de la paz en este momento coincide con el inicio de un nuevo periodo de gobierno presidencial y con la negociación de la cooperación internacional para los próximos años, lo cual representa una oportunidad para reorientar la contribución financiera y la técnica hacia los objetivos que allanen el camino a la reconciliación. Colombia ha avanzado en su proceso de desarrollo, llegando a ser un país de relevancia internacional. Es importante resaltar que la firma de los acuerdos de paz, sin duda, revertirá la tendencia decreciente de la ayuda, mediante nuevos flujos con destino exclusivo a apoyar la implementación de los acuerdos. Muchos países en desarrollo han resuelto sus situaciones de conflicto interno y han logrado satisfacer los derechos de verdad, justicia y reparación integral de las víctimas, garantizando medidas de no repetición. Estas experiencias son valiosas en la actualidad y, sin duda, si Colombia logra construir la paz, será un referente y podremos ayudar a otras naciones que lo necesitan. En la dinámica actual de la cooperación internacional, se han diversificado los actores y el sector privado extranjero puede tener un rol importante en temas de desarrollo social que no son priorizados por la cooperación tradicional. *Directora de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC).

29


reconciliAción

introducción

Sin lugAr pArA lA vEngAnzA

fotos: federico ríos

En El Carmen del Atrato, Chocó, llevan varios años ensayando una reconciliación espontánea entre víctimas y victimarios.


G

En la sala dE la

casa de Nelly Velásquez Muñoz, una suerte de altar recuerda a su hijo Giovanny, reclutado y asesinado por la guerrilla del ERG en 2001 en el Chocó.

Guaduas

es una vereda al suroriente del municipio de El Carmen del Atrato, en el departamento del Chocó. Para llegar a ella un vehículo de doble tracción debe transitar más de una hora por una vía de piedra y barro que bordea una pendiente hasta alcanzar una cumbre desde donde se ve el serpenteo del río Guaduas, para luego descender hasta un pequeño valle. Las casas de los campesinos van apareciendo de a poco, mientras los perros salen al encuentro de las llantas del vehículo. Fue en este bello paraje, en agosto de 1993, donde una disidencia del ELN se radicó definitivamente bajo el nombre de Ejército Revolucionario Guevarista (ERG). Su comandante y fundador fue Olimpo Sánchez Caro, un campesino nacido y criado en Guaduas, quien por esos años rondaba la treintena y quien supo aprovechar la coyuntura para ganarse alguna confianza entre no pocos pobladores de la vereda. “Los campesinos venían siendo presionados por la fuerza pública –explica el alcalde de El Carmen del Atrato, Alexánder Echavarría Agudelo–: se quejaban de abusos por parte de la Policía y del Ejército, de golpizas, de señalamientos que los incriminaban como guerrilleros o colaboradores de la guerrilla. Por eso, cuando el ERG se ubicó allá y combatió a la fuerza pública recibió el apoyo de muchas personas”. Sánchez Caro, cuyo alias más común fue Cristóbal, incorporó a las filas del ERG a varios miembros de su familia y reclutó a otro tanto de los pobladores. Según algunos habitantes de El Carmen del Atrato, durante los primeros meses de existencia, esta guerrilla pare-

ció ser una legítima aliada de los campesinos más pobres. Pero no mucho después, con el recrudecimiento del conflicto armado en la región tras la llegada de paramilitares y de las Farc, este grupo actuó como cualquier banda de matones: ejecutaba a miembros de sus filas, sobre todo a niños y adolescentes que luego de haber sido reclutados se arrepentían y querían volver a sus casas; secuestraba y extorsionaba lugareños para financiarse, asesinaba campesinos sospechosos de ser informantes, detenía vehículos que recorrían la vía Medellín-Quibdó, atracaba a sus ocupantes y en ocasiones se llevaba a alguno. “Fue una situación terrible –observa el alcalde–. Era gente del pueblo haciéndole daño a la gente del mismo pueblo”. Si bien fue de los únicos grupos armados ilegales al que nunca se le pudo demostrar negocios de narcotráfico, sí creció hasta expandirse por parajes distantes de Antioquia, Risaralda, Valle del Cauca y del mismo Chocó. En su momento más fecundo, año 2000, llegó a tener cerca de 120 hombres-arma distribuidos en comisiones –grupos de diez a 30 guerrilleros itinerantes con nombres como los Conquistadores, los Patriotas y los Libertadores–. El ERG logró permanecer activo hasta agosto de 2008, fecha en que tuvo lugar su desmovilización bajo los acuerdos establecidos por la Ley de Justicia y Paz. Durante el acto de entrega de armas, en la cancha de fútbol de la vereda, alias Cristóbal reveló que los combates con el Ejército más la deserción de sus hombres había diezmado la capacidad de ‘operación’ de esta guerrilla,

¿En dóndE?

El Carmen del Atrato, Chocó

es decir, su capacidad criminal. En 2003, la Alcaldía de El Carmen y el Concejo habían tentado a Cristóbal con que desmovilizara al grupo, haciendo uso de la confianza natural como estructuras y habitantes originarios del mismo pueblo. Pero no hubo acuerdos debido, entre otras cosas, a la promesa de los beneficios que otorgaría la futura ley de justicia transicional. En total, fueron 45 combatientes, entre los que había 16 mujeres y cinco niños, quienes entregaron armas. En la primera ronda de imputación de cargos contra los comandantes del ERG en octubre de 2013, la Fiscalía enumeró el reclutamiento de 21 menores de edad, el desplazamiento de 53 familias, 89 secuestros, 23 casos de abuso sexual y la desaparición de 38 personas. Sin embargo, las víctimas esperan que en las jornadas sucesivas los cargos aumenten a 144 asesinatos, 175 secuestros, 118 desplazamientos, dos abusos sexuales más y 17 abortos forzados. Hoy, son 20 los desmovilizados de este grupo postulados a la Ley de Justicia y Paz.

La reconciliación

El Carmen del Atrato es un municipio de 7.000 habitantes situado en lo profundo de los

31


reconciliAción

CONFIANZA

el erg se desmovilizó en agosto de 2008. Muchos de los exguerrilleros se quedaron a vivir en El Carmen del Atrato.

Andes colombianos, cuando ya las cordilleras Occidental y Central parecen una sola cadena de páramos y cañones que se acuestan luego en los valles de los ríos Cauca y Magdalena. Edificado en la inclinación más suave y baja de una pendiente montañosa de casi 90 grados, su ascendencia cultural ha sido antioqueña: los carmeleños hablan en un acendrado acento paisa, sirven fríjoles a la mañana, al mediodía y a la noche, y beben el aguardiente de la Licorera de Antioquia. Su economía es del todo agropecuaria, aunque en sus tierras funciona la única mina de cobre de Colombia y desde hace unos meses algunos de sus pobladores laboran en la vía Medellín-Quibdó. Luego de la desmovilización del ERG varios de quienes habían sido parte de esta guerrilla terminaron viviendo

en El Carmen y en algunas veredas entre las que está, por supuesto, Guaduas. Hoy, sobre todo los fines de semana, es común que la gente del pueblo se cruce cotidianamente con quienes fueron sus victimarios. En Guaduas, para no ir más lejos, una de las desmovilizadas se ha dedicado a preparar la comida para los niños de la escuela de la parte alta de la vereda y se ha granjeado la cordialidad de los campesinos. “Yo no soy de acá –dice–, pero la gente de la vereda me ha tratado muy bien. Acá vivo y acá me han permitido criar a mis hijos”. En el sector del Siete, paraje comercial de la carretera a Quibdó, un hombre que fue secuestrado por el ERG ve pasar casi todos los días a un exmiembro de esa guerrilla que también fue uno de los culpables del secuestro. La víctima se llama Carlos Hernán Maya y Carlos Hernán

Maya fue secuestrado por el ERG. Hoy ve pasar por el frente de su tienda a exmiembros de este grupo.

dice: “Me toca verlo pasar, pero volteo la cara para evitarme la rabia. No tengo ninguna intención de vengarme o de hacerle daño a ese personaje, pero espero que la vida le cobre todo lo malo que ha hecho”. Cuando estos desmovilizados empezaron a asentarse definitivamente en El Carmen, algunos líderes comunitarios temieron que se desatara una

El alcalde agrega que uno de los enemigos naturales que dejó el ERG fueron las Farc. Un doble asesinato ocurrido en Guaduas en 2010 de dos exmiembros de la guerrilla de los hermanos Sánchez Caro fue atribuido al frente 34. “Si fuera por nosotros, por la gente de El Carmen, nadie más caería asesinado. Pero la vida de al-

“La vida de alguien que fue guerrillero queda signada por la violencia”, asegura el alcalde de El Carmen violencia de retaliación. “Pensé que acá se iba a armar una batalla campal –dice el alcalde Echavarría Agudelo–, pero no. Creo que las heridas han cicatrizado. Se ven, las vemos como una radiografía de lo que acá ha sucedido, pero el odio y el rencor han desaparecido. Y ha sido un perdón natural: ninguna agencia del Estado vino a mediar”. La opinión es otra cuando los campesinos se refieren a los comandantes del ERG. Sobre todo a Olimpo Sánchez Caro y a sus hermanos. “Dicen que están a dos años de salir de la cárcel –habla una mujer a quien el ERG le asesinó a su marido–. No sé qué va a pasar. En un tiempo les tuve mucho rencor, pero ya hoy no siento nada por ellos. Y mucha gente del pueblo no siente nada por ellos. Pero sí tienen muchos enemigos, sobre todo en los municipios vecinos”.

guien que fue guerrillero queda signada por la violencia”. Una de las personas originarias de Guaduas que ha sido parte del proceso de reinserción de los desmovilizados a la vida civil ha sido José Jesús Sánchez Velásquez, conocido como el profesor Jota. Más que ningún otro carmeleño, el profesor conoce a qué se dedica cada desmovilizado, dónde vive y qué tipo de vida está llevando. A la pregunta si cree que en El Carmen del Atrato está sucediendo un proceso de reconciliación real entre víctimas y victimarios, dice: “Es una convivencia casi normal. Muchas víctimas todavía tienen rencor y resentimiento, para algunas es muy difícil hacerse a la idea de que quienes asesinaron a sus familiares anden por ahí como si nada. Pero al día de hoy la gente ha vivido sin ganas de vengarse”.


reconciliAción

opinión

El poder de escuchar a n ta n a s m o c k u s

P

¿

Esta reflexión está dedicada a quienes habiendo conocido la dicha y el milagro de escuchar, dejan de hacerlo.

or qué razón quien ya

había aprendido a escuchar puede dejar de hacerlo? Uno siempre puede optar por no decir o por no oír. Por ejemplo, cuando uno sabe que lo van a insultar o a maltratar. Hay seres humanos tan gravemente lesionados por un insulto, por una muestra de desprecio, por una humillación tan severa que los conduce a un cierre definitivo sobre sí mismos. A veces estamos tan frágiles que un solo grito nos puede condenar a una sordera involuntaria y permanente. La ruptura de la comunicación puede no ser, en este último caso, una expresión de libertad sino un grave daño a la condición misma del ser humano. Quien causa ese daño no se imagina todas las posibilidades que mutila. A veces se deja de oír cuando lo que se escucha es una imposición que no tiene sentido o no responde a un deseo de saber o a una voluntad de encontrarse con el otro. En este caso la ruptura de la comunicación es expresión de una justa resistencia. Puede ocurrir también que no te escucho porque lo que me dices te haría tanto daño o le haría tanto daño a nuestra relación que prefiero mil veces quedarme sin saber. Agradezco el paso del avión. No escuchar por un tiempo puede a veces proteger una relación en momentos de conflicto. A veces no escuchamos porque creemos sinceramente que la conversación no nos va a cambiar ni las convicciones, ni los hábitos, ni las decisiones puntuales que estamos por tomar. Porque creemos o damos por supuesto que conocemos todas las opciones. Cuántas veces nos privamos de conocer opciones, al decir para nuestros adentros, o al anunciar de antemano y en voz alta, que nada nos llevaría a cambiar de opinión. Mucho más frecuente, tal vez por lo fácil, es acostumbrarse a no exigirse oír al otro.

Creo escuchar, pero en realidad estoy pensando en otras cosas. Ya sé, o creo saber, lo que el otro me va a decir (porque lo conozco y siempre repite lo mismo). Sin embargo, sustraerse a la comunicación honrada y cuidadosa es renunciar al proyecto de la democracia. Y a la ciencia. Alguna vez conseguimos el anuario impreso de MIT. Nos imaginábamos que gráficamente mostraría aparatos e instalaciones de alta tecnología, pues no señor, todas las ilustraciones correspondían a grupos pequeños de personas escuchándose atentamente. Los casos en que se justifica no escuchar son excepcionales. Son muchos más los casos en que la comunicación y el intercambio de argumentos son la condición para una sociedad capaz de autodeterminarse. La escucha activa es clave. Los administradores lo ilustran con un ejemplo muy simple: cuántas veces por no escuchar o no preguntar o no imaginar partimos en dos mitades el limón y uno se va a hacer jugo de limón mientras el otro prepara dulce de cáscara de limón; si solamente hubiéramos hablado, si nos hubiéramos escuchado, cada uno habría conseguido el doble de lo que finalmente consiguió. También hay que aprender a escuchar los silencios. La comunicación entre personas es el mayor de los reinos de la libertad humana. Pero además, si no aprendemos a oír, no habrá pedagogía generalizada, no habrá permanente mutuo aprendizaje, no habrá sociedad del conocimiento. Son dos las condiciones para que haya pedagogía generalizada: la disposición a comunicar y a expresarse y una disposición aún mayor a oír. Oír es una forma de relacionarse con el otro, y de relacionarse con el mundo a través del otro, que hace posible el cuidado mutuo de las personas y el cuidado del mundo.

33


reconciliAción

CONFIANZA

Un país qUe no está listo aunque la paz figura en muchos planes de desarrollo, apenas un puñado de regiones se prepara en serio para el posconflicto.

¿está Álvaro Sierra reStrepo*

e

¿

*Editor jefe de Revista SEMANA

lista Colombia para el fin del conflicto armado? La respuesta es paradójica: pese a que departamentos y municipios tienen no poca experiencia en desmovilizaciones, reintegración de excombatientes, atención a víctimas, la verdad es que, como a todos los demás colombianos, a alcaldes y gobernadores, muchos de ellos inmersos en la diaria intensidad de la confrontación, les cuesta imaginarse a Colombia en paz y actuar en consecuencia. Sin embargo, hay excepciones.

¿Cómo se ve en las regiones la posiblidad de un acuerdo entre las Farc y el gobierno que ponga fin al conflicto? No pocos alcaldes y gobernadores han manifestado al gobierno que, más allá de las circunstancias concretas que reúna tal acuerdo, lo más importante es que este no caiga “como en paracaídas” sobre instituciones y mandatarios locales que tienen ya demasiados problemas sin contar con la posibilidad de atender una nueva desmovilización. El gobierno creó una Red de

Alcaldes y Gobernadores por la Paz con el objetivo de mantener informados a los mandatarios sobre los avances de la negociación en La Habana e impulsar la preparación de las regiones para el fin del conflicto. A la hora de evaluar qué tan preparadas están las regiones hay que tomar en cuenta varios elementos. Las regiones tienen experiencia en posconflicto. A partir de 2003, municipios de capacidades tan diversas como Bogotá, Medellín, Apartadó o Montería recibieron a cientos


foto: DAVID EStRADA LARRAÑEtA

de paramilitares desmovilizados en proceso de reintegración. A muchos otros han llegado guerrilleros que dejaron las filas. Aunque la creación de la Agencia Colombia de Reintegración, en 2006, aligeró las cargas, muchas administraciones locales han sentido que el gobierno nacional les soltó un ‘chicharrón’ para el que no estaban preparadas, no tenían ni presupuesto, ni gente calificada, ni experiencia. No obstante, casi todas respondieron. La Ley de Víctimas y la puesta en pie de la institucionalidad local ha sido otro aprendizaje.

Nadie puede decir que las regiones son unas recién llegadas al posconflicto. Pero una cosa es atender excombatientes y víctimas y otra encarar una situación de transición en la que la construcción de paz implica una verdadera revolución en la sociedad. Para esto, Colombia no está lista. Aunque hay algunas excepciones, que muestran caminos. El caso de Nariño es el más notable. Quizá por sufrir a diario el impacto del conflicto, el departamento está embarcado en la construcción de una ‘Agenda de paz’, un plan para discutir con toda la sociedad cómo encara y resuelve los problemas más importantes que tiene en la perspectiva del fin del conflicto armado. Como lo han dicho el gobernador Raúl Delgado y los obispos de Tumaco, Pasto e Ipiales, que lo lideran, es un plan con calendario y contenidos concretos, como el programa ‘Sí se puede’, que involucra un proyecto de sustitución de cultivos ilícitos que ha sido saludado por Naciones Unidas y la Oficina del Alto Comisionado para la Paz como un adelanto de lo que se pactó en La Habana en esa materia. La agenda enfatiza el desarrollo rural, la educación, el fortalecimiento de lo público y el diálogo con todos los sectores de la sociedad, entre otros temas. Hacia fines de este año se planea tener instalada una Mesa Departamental de Paz. Antioquia es otro ejemplo. El departamento añadió a su plan de desarrollo el programa ‘Preparémonos para la paz’. Iván Marulanda, a cargo del mismo, explicó su concepción: “El tema de la guerrilla es el más chiquito. El tema central de construir paz es cómo transformar esta sociedad y las

realidades de los territorios”. El programa planea inversión en desminado, reintegración de excombatientes, restauración del tejido social, en cambiar la manera de hacer política, generación de empleo y memoria, entre otros. En Cauca el énfasis es en el diálogo entre sectores que, como los indígenas, los afros y los campesinos, han tenido enfrentamientos que han llevado a choques sangrientos. Se han identificado los conflictos más serios, se han promovido diálogos entre indígenas y empresarios del norte del Cauca y se constituyen consejos de paz municipales. En los 29 municipios del Meta hay ‘urnas de la memoria’ y, en Villavicencio y El Castillo, se construyen centros de memoria, que estarán listos en 2015. Cundinamarca adelanta ‘laboratorios de paz municipales’ que implementan iniciativas para la reintegración de excombatientes. Bogotá no solo tiene una alta consejería con músculo

Cesar, en Barrancabermeja, Santander, y en Sonsón, Antioquia, entre otros, que han tenido una alta participación en promover que sus habitantes envíen a La Habana propuestas sobre la negociación. En Tame se hicieron seis encuentros sobre algunos temas en los que el gobierno y las Farc habían llamado a hacer foros nacionales, para hacer propuestas frente a un eventual acuerdo en Cuba. De todas maneras, no son muchos los casos en los que los gobiernos locales están pensando en serio en un país sin conflicto armado. Para los mandatarios locales es una perspectiva lejana y abstracta. A lo cual hay que sumar el cúmulo de debilidades institucionales y presupuestales tan frecuentes a nivel local. Aunque hay otro elemento que debe tenerse en cuenta: si hay un país en el mundo que haya construido toda suerte de iniciativas de paz en medio del conflicto es Colombia. Lo cierto es que la firma

Si hay un país que haya construido toda suerte de iniciativas de paz en medio del conflicto es Colombia para atender al casi medio millón de víctimas que se han registrado en la capital, liderada por Ana Teresa Bernal, y que maneja siete centros de atención, sino que ha puesto en pie un grupo de abogados que ayudan a las víctimas a presentar sus reclamaciones. Hay municipios en los que, aun sin contar con planes elaborados, el interés por lo que puede venir es inusualmente elevado. Así parece ser en Arauca y Tame, en Arauca, en Aguachica y San Martín,

de un acuerdo en La Habana podría no tomar más de un año. Para su implementación, es indispensable que las regiones, donde va a aterrizar todo lo que allá se pacte, estén preparadas. El gobierno planea intensificar su actividad en este sentido, pero el tiempo corre y es necesario mucho más para que alcaldes y gobernadores –y todos los colombianos– le den toda la prioridad que demanda la tarea de imaginar cómo va a ser un país en paz.

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reconciliAción

introducción Un miembro de

foto: Luis acosta / afP

las auc en un campamento cerca a tibú (Norte de santander) un día antes de desmovilizarse en diciembre de 2004.

Los úLtimos días de cárceL rodrigo Pérez alzate, excomandante del Bloque central Bolívar de las aUc, habla acerca de su trabajo en la prisión “reclutando personas para la paz”. Él se prepara para recuperar la libertad.


U

UNO.

“Para mí no es un secreto que el proceso de paz con las AUC ha sido atacado severamente, ha tenido enemigos”. El que habla es Rodrigo Pérez Alzate, quien una década atrás cuando era comandante paramilitar se hacía llamar Julián Bolívar. De 51 años, viste camiseta tipo polo color mora en leche, jeans y zapatos de cuero café. “No es un secreto que las posiciones políticas del señor Álvaro Uribe Vélez, con quien iniciamos las negociaciones —aclara a modo de insistencia—, hicieron que los sectores que se le oponían atacaran el proceso de paz”. Recluido en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí desde mediados de 2006 —meses después de haber firmado su desmovilización y la de sus hombres—, fue conocido como el segundo hombre al mando del Bloque Central Bolívar, detrás de Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, y como el hombre de guerra o comandante militar de la columna vertebral de la confederación AUC. Durante las diligencias de versiones libres a las que se sometió como parte de los acuerdos para hacerse merecedor de los beneficios de la Ley de Justicia y Paz, reconoció haber sido el determinador de 38 masacres en las que murieron unas 120 personas, en los departamentos de Bolívar, Santander, Cesar y Antioquia. “Se ha dicho que hemos ocultado verdades, que hemos

mentido, que no hemos reparado a las víctimas —añade antes de lanzar su defensa del proceso—. Pero son posiciones muy subjetivas. Yo, Rodrigo Pérez Alzate, hoy después de siete años de haber empezado las primeras diligencias de versión libre considero que el proceso de paz ha sido positivo: la cantidad de crímenes que se ha esclarecido es impresionante. Las cifras lo dicen. Procesos que ya habían precluido o dormían el sueño de los justos en los anaqueles de la Fiscalía fueron reactivados. Familiares de víctimas, en un número muy importante, han recibido información de sus desaparecidos, qué pasó con sus seres queridos. También hemos hablado acerca de la realidad política del país y sus vínculos con el paramilitarismo”. La historia de vida que la prensa y el mismo proceso de paz le conocen dice que a mediados de los noventa, sien-

Pérez Alzate ya como Julián Bolívar fue enviado a la región del sur de Bolívar para que les arrebatara el control del territorio a las guerrillas de las Farc y del ELN. Luego de varias masacres, combates e incursiones, Pérez Alzate con sus hombres se asentó en el corregimiento de San Blas, municipio de Simití, y desde allí lanzó la ofensiva contra guerrilleros, cuadros y campesinos de los municipios de Santa Rosa, San Pablo y Cantagallo. Fue en San Blas donde Pérez Alzate estructuró la primera escuela de entrenamiento militar del Bloque Central Bolívar, con capacidad para la instrucción de 300 hombres. De allí pasó a Barrancabermeja y al corregimiento de San Rafael, en el municipio de Lebrija, en Santander, desde donde planeó y determinó una serie de ataques contra varios sindicatos y sus líderes y contra milicias urbanas del ELN.

procesos de paz han sido para evitarle la cárcel y buscarles espacio en la sociedad a aquellos que estuvieron inmersos en un conflicto armado”. Rodrigo Pérez Alzate ha sido uno de los ex altos mandos del paramilitarismo que siempre se había negado a recibir a la prensa para hablar sobre el proceso de paz y sobre los temas de la violencia infligida por las AUC. “Muchas de las personalidades que son generadoras de opinión en medios de comunicación hablan de nuestra desmovilización motivados por sus pasiones y no son objetivos”, dice. Sin embargo, a semanas escasas de lograr su libertad tras haber cumplido la máxima pena de ocho años a la que lo condenó el sistema de justicia transicional, se decidió a recibir a la revista Reconciliación Colombia y contestar algunas preguntas sobre lo que viene para la cantidad de desmovilizados que como él están a punto de obtener la libertad.

“Las posiciones políticas de Álvaro Uribe hicieron que DOS. El patio númelos sectores que se oponían ro uno o pabellón de Justicia atacaran el proceso de paz” y Paz de la cárcel de Itagüí do comerciante en Yarumal —municipio del centro oriente antioqueño— se agrupó con unos colegas en la Convivir Deyavanc, cuya sigla quiso decir ‘Defensores de Yarumal, Valdivia, Angostura y Campamento’. Más tarde, en febrero de 1997, se hizo líder de un grupo paramilitar de 19 hombres conocido como ‘el grupo de Pérez’. A partir de entonces, Pérez Alzate comenzó una vida dentro de los grupos paramilitares que lo llevó a unirse a los hombres bajo el mando de Macaco, en el Bajo Cauca. Por orden de Carlos Castaño,

Luego de siete u ocho años inmerso en el conflicto armado, hizo parte de las negociaciones de 2002 en las que los máximos comandantes de las AUC aceptaron entregar las armas y someterse a un proceso de paz dentro de un marco de justicia transicional que se hizo tangible en la Ley 975 de 2005 conocida como Ley de Justicia y Paz. “Para resumir —acota—: la Ley de Justicia y Paz con todos los defectos que tiene ha sido positiva. No hay antecedentes de un proceso de paz en el que los negociadores se hayan ido para la cárcel. En todo el mundo los

tiene una cancha múltiple en cemento que también funciona como único espacio al aire libre para los reclusos. Al fondo, contra una pared y dividido por una malla metálica existe un gimnasio con no pocas máquinas y en un espacio no del todo estrecho. Es una mañana de jueves de mediados de mayo y Rodrigo Pérez Alzate preside un encuentro con estudiantes universitarios que fueron invitados por sus profesores a escuchar las historias de vida de varios de los desmovilizados. El acto hace parte de las actividades de socialización y sensibilización que procura la

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Fundación Aulas de Paz para darse a conocer y darle a entender a la sociedad civil que quienes fueron combatientes en los ejércitos paramilitares fueron sujetos de causas externas que los condicionaron o que los empujaron a ello. La máxima que concluyó Hanna Arendt luego de haber visto en juicio a los responsables nazis del exterminio judío: “Ellos, los asesinos, son iguales a nosotros pero bajo otras circunstancias”. Pérez Alzate, desde un atril, explica el objetivo de la Fundación Aulas de Paz a unas cuarenta personas entre universitarios y reclusos: “Formar a los desmovilizados dentro de las cárceles para que cuando cumplan la pena no regresen a la violencia”. Y agrega que luego de estos años de confesiones de delitos y verse cara a cara con los familiares de quienes fueron sus víctimas le ha servido para “entender el daño que hizo y entender que es necesario cambiar”. Luego de estas palabras se paran uno a uno los desmovilizados que son parte de la fundación y que están ahí para contar su historia. Hubo varios que fueron del Bloque Élmer Cárdenas, otros del Central Bolívar y unos más del Bananero. Finalmente, un exguerrillero del ELN hace el mismo gesto: se para y se presenta. Pérez Alzate, justo, queda a su lado y por esos segundos la imagen es la contraposición

introducción

justo en ese momento quien había sido el comandante militar de ese bloque estaba junto a quien años atrás hubiera sido una de sus víctimas inevitables, pero que bajo otras circunstancias ya no lo era más. Por una de las puertas que dan a la cancha se entra a la oficina de Aulas de Paz. En el corredor cuelgan varios de los objetos fabricados artesanalmente por los desmovilizados: mochilas de estilo indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta, hamacas y piezas en madera para decoración. En el siguiente recinto hay una mesa redonda apropiada para celebrar reuniones y una biblioteca para nada modesta, abundante en títulos de historia, política, filosofía y literatura. Pérez Alzate dice que es la biblioteca de la fundación. “Antes teníamos una granja agrícola —alega—, pero desde que no la quitaron lo único que queda por hacer es estudiar”. Hasta el momento la Fundación Aulas de Paz ha llegado a unos 150 desmovilizados a través del diplomado ‘Multiplicadores de paz para actores sociales’. Y aunque puede parecer una suma pequeña en relación con los varios centenares de desmovilizados sometidos a la justicia transicional, no lo es tanto si se tiene en cuenta que ha sido una de las pocas estrategias de reinserción a la vida civil por la que han pasado estos exparamilitares.

Rodrigo Pérez reconoció haber sido el determinador de 38 masacres en las que murieron unas 120 personas más inquietante: la máquina de guerra del Bloque Central Bolívar en el sur de Bolívar y Magdalena Medio había tenido como objetivo principal el aniquilamiento del ELN, y

Ante la salida inminente a la calle de una cantidad de estos hombres, tanto de máximos comandantes de bloques —determinadores de 1.000, 2.000 o 3.000 homicidios—,

foto: LUIS BENAVIDES / ArchIVo SEmANA

reconciliAción

Una de las ceremonias de desmovilización de las AUc más grande fue la del bloque héroes de Granada, en agosto de 2005.

así como de combatientes de primera línea que acostumbraron su sensibilidad a las formas más aberrantes de asesinato —descuartizamientos, decapitaciones, entre otras— la pregunta por los mecanismos o los programas de reinserción a que tuvieron derecho los desmovilizados se volvió prioritaria. Al respecto, Rodrigo Pérez Alzate dice: “En nuestro proceso no hubo una política seria de reinserción. El desarme no puede resumirse en el conteo de fusiles entregados. ¿Y el fusil que llevamos en la cabeza y en la conciencia? Para entregar ese fusil se necesita un proceso de reinserción serio realizado por un equipo de profesionales”. Sabiendo esto, no es infundado el temor que sienten algunos habitantes de las ciu-

dades al intuir que algunos de estos desmovilizados puedan integrar y fortalecer las bandas de delincuencia organizada; de la misma forma, algunos campesinos que habitan regiones que estuvieron bajo yugo paramilitar temen nuevos episodios de violencia una vez se dejen ver por esos lados quienes recuperen la libertad. ¿Habrá exparamilitares que regresarán a las armas? ¿Serán muchos, la mayoría, una minoría? “Considero que no son muchos —dice Pérez Alzate—. De ese universo de desmovilizados que van a salir seguramente habrá algunos que no entendieron este proceso de paz y muchos menos recluidos en la cárcel. Pero dentro de la gente que yo conozco un número muy importante está seguro


RodRigo PéRez,

alias Julián Bolívar, llegando a la Fiscalía en Medellín para rendir versión libre, en julio de 2007.

¿Habrá exparamilitares que regresarán a las armas? “Considero que no son muchos”, dice Pérez Alzate de que jamás tomará como opción para solucionar un problema la violencia de las armas”.

TRES.

La Fundación Aulas de Paz es el proyecto a futuro de Rodrigo Pérez Alzate. La honestidad de esta gestión tiene el respaldo de varios agentes de la cooperación internacional que han venido acompañando el proceso de paz con las AUC desde sus primeros días. Sin embargo, muy pocos, por no decir ninguno, de los desmovilizados que recuperarán la libertad pron-

tamente sabe qué será de su vida, dónde vivirá, dónde trabajará y si podrá retornar a sus lugares de origen. “Uno de los primeros desmovilizados que ya quedó en libertad — explicó un abogado que ha seguido el caso— salió con una mano adelante y otra atrás. Sin tener dónde irse a vivir, terminó por pedirle ayuda a quienes conocía de sus días en las AUC y que están en la calle como bandas organizadas. Ahora vive en un hotel de cuenta de ellos”. “Lo que pasó con nuestra desmovilización —explica Pé-

rez Alzate— fue que nadie estimó el tamaño del fenómeno paramilitar: la Fiscalía no estaba preparada para esa cantidad de confesiones y de procesos que necesariamente se tenían que abrir. De hecho se debió sancionar otra ley y un nuevo decreto reglamentario más acordes con lo que era la realidad del paramilitarismo. De la misma forma, el Inpec tampoco estaba preparado para recibir a todos los desmovilizados y ofrecerles programas de ocupación del tiempo y talleres de resocialización y capacitaciones para el trabajo; pero se ha ido adecuando con el tiempo y ha implementado algunas estrategias”. Esas carencias, precisamente, son las que señala como los alicientes que tuvo para darle vida a la fundación. “No quisimos quedarnos esperando a que eso nos llegara del Estado. Mi pregunta fue ¿si yo recluté hombres para la guerra, por qué no puedo reclutar hombres para la paz? Si no hacemos nada por esos mucha-

chos es probable que mañana formen una banda y vuelvan a caer en la misma violencia. Y esa espiral de violencia es la que hay que acabar. Y no hay otra forma de avanzar hacia una cultura de no violencia que la educación”. Ahora, ya al final de esta mañana de jueves y antes de terminar la entrevista con Reconciliación Colombia, vuelve a reafirmar que no se ha quedado en las improvisaciones y las carencias de la Ley de Justicia y Paz, que para él el proceso ha sido positivo. “Desde 1952 conozco 13 o 14 procesos de paz en Colombia —dice—. Muy buenos para los comandantes y los políticos de turno, porque ha habido perdón y olvido, y algunos apoyos económicos. ¿Pero han sido buenos para el país, para esas comunidades que sufrieron el verdadero rigor de la violencia? —pregunta y antes de querer escuchar una respuesta, finaliza—: Si han sido tan buenos, entonces ¿por qué se ha perpetuado el conflicto en Colombia?”.

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foto: paul white / archivo semana

reconciliAci贸n


PeRdonaR lo imPeRdonaBle Íngrid Betancourt pasa sus días en Francia entre las aulas donde cursa un doctorado en Teología. Pero sigue atenta a lo que acontece en Colombia.

R

Reconciliación colombia: ¿Qué es la reconciliación? ÍnGRiD beTancoURT: La reconciliación es el camino para salir del caos. No es impunidad, así como la justicia no es venganza. En la práctica, la reconciliación le da la vuelta al perdón, porque a pesar de todo, el otro vuelve a ser bienvenido. R.c.: ¿ayudan los políticos a la reconciliación? Í.b.: Muchos ayudan con todo. Otros han hecho del odio su capital político, apelando a los más bajos instintos del electorado. Pero no se puede generalizar pensando que la guerra es culpa de los políticos. R.c.: ¿Se puede perdonar lo imperdonable?

Í.b.: Lo imperdonable es precisamente lo que hay que perdonar, porque lo demás se puede perdonar por definición. Pero en Colombia lo que debemos buscar es la reparación de las víctimas para que el perdón colectivo sea posible aun cuando el perdón individual tarde. R.c.: ¿Ya perdonó a sus secuestradores? Í.b.: La decisión de perdonar la tomé al instante de haber sido rescatada. El perdón es un rechazo a la esclavitud del odio, un grito de libertad. R.c.: ¿le queda a Íngrid betancourt rabia en el corazón? Í.b.: La rabia como indignación, como rechazo a la injusticia, no quisiera perderla. R.c.: ¿Qué valora hoy que antes no veía? Í.b.: El cariño que le regalan a uno porque sí. R.c.: ¿Qué no valora hoy que antes le desvelaba alcanzar? es decir, ¿qué perdió valor para usted a su regreso? Í.b.: Al volver de cautiverio,

la perspectiva sobre las cosas, aun las más insignificantes, cambió. De pronto por eso el éxito profesional quedó relegado a un segundo plano. R.c.: la sociedad fue muy dura con usted, ¿cómo reconciliarse con ella? Í.b.: Cada abrazo de un colombiano es un momento

Í.b.: La convicción de que esa sería la decisión correcta. R.c.: ¿cree en el proceso de paz? Í.b.: Es nuestra gran oportunidad, y hoy es posible culminarlo. Pero así como estamos divididos de este lado, así lo están del otro. Los que quieren la guerra aquí, están aliados con

“Santos es el capitán del equipo de la paz y Uribe es el jinete de la guerra” de reconciliación. De alguna manera, la compasión de unos compensa la dureza de otros. R.c.: ¿Qué les hace falta a los colombianos para que se toleren unos a otros, y qué les sobra a la hora de tratar de reconciliarse? Í.b.: Es posible que a los colombianos nos haga falta benevolencia. Y nos sobran todas las buenas razones que nos damos para seguir matándonos. R.c.: ¿Qué la haría retornar definitivamente al país?

los que quieren la guerra allá. Su objetivo común es seguir alimentándose del monstruo. R.c.: entre Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe y Santos, ¿quién se ha acercado más a la reconciliación? Í.b.: La reconciliación es un camino que se recorre en equipo, no solo es la meta de un presidente. Cada uno de ellos ha facilitado el avance de su sucesor. Pero es claro que hoy, Santos es el capitán del equipo de la paz y Uribe es el jinete de la guerra.

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Lo que haLLamos Reconciliación Colombia visitó 83 poblaciones en 29 departamentos y recopiló 508 iniciativas que muestran que el camino hacia la reconciliación ya se está recorriendo. autoridades, gobierno, víctimas, exvictimarios, empresarios y sociedad civil tienen un compromiso común: un mejor país.


reconciliAción

a p u e s ta s

Esto Es Lo quE hAy En Colombia muchos se la juegan por la reconciliación. Lo hacen desde sus ámbitos y a su manera, pero todos con un mismo ideal: construir un mejor país.

E

En los últimos ocho meses la iniciativa Reconciliación Colombia se dedicó a recorrer el país. Esto sirvió para analizar si es posible la reconciliación e identificar cómo se adelantan este tipo de procesos en diferentes zonas del territorio. La iniciativa encontró regiones donde la gente se ha empoderado para salir adelante, y otras donde hay mucho por hacer. Departamentos que vale la pena destacar por su interés en apoyar, por igual, a víctimas y exvictimarios, y otros que parecen tener estas poblaciones en el olvido. Poco a poco, se fue observando un panorama alentador. Y aunque aún queda mucho por hacer, son más las poblaciones que trabajan en el perdón, la verdad, la recuperación de la confianza y la memoria, entre otras, que son factores clave para una verdadera reconciliación.

En las siguientes páginas se hace un repaso de algunas iniciativas, emprendimientos y proyectos de diferentes sectores, tanto de grandes empresas o de ciudadanos del común que le apuestan a la paz. Estos listados, que no pretenden destacar una iniciativa como más o menos importante que otra, están construidos con base en los hallazgos de Reconciliación Colombia en el país. No son, por fortuna, los únicos. Son solo una muestra de que con determinación y decisión se puede. Y son, de alguna manera, un ejemplo para quienes aún tienen dudas de involucrarse de lleno en la reconciliación, pues como se repitió constantemente en los encuentros realizados por la iniciativa, esta no se hace sola, necesita del trabajo de todos. Durante su etapa de investigación y mapeo del país, Reconciliación Colombia clasificó las iniciativas que iba encontrando de acuerdo a diez categorías: confianza, perdón, empoderamiento, retorno, memoria, cultura, nuevas generaciones, oportunidades, mujeres y grupos étnicos, pues cada

una de ellas plantea retos para el posconflicto. Por ejemplo, en la categoría confianza, el interrogante tiene que ver con cómo lograr que las víctimas vuelvan a creer en un Estado que ha fallado en su tarea de protección. En la de perdón, por su parte, obliga a una concienzuda reflexión: ¿Es posible eximir a quienes han causado un mal que muchos considerarían imperdonable? Están las historias de retorno protagonizadas por comunidades que se dieron cuenta que las condiciones cambiaron, y decidieron emprender

más fuerza y nuevas ideas en busca de un futuro que parecía les habían arrancado. Esa fortaleza para seguir adelante fue el común denominador de las iniciativas descubiertas. Por eso la categoría de empoderamiento se nutrió de casos la mayoría disímiles, pero que compartían esa facultad para dejar todo atrás y avanzar; tomar lo negativo y convertirlo en el impulso que los lleva a desarrollar nuevas ideas, muchas de las cuales están pensadas en apoyar a personas que han sufrido lo mismo. Por eso hemos dedicado

Aunque aún queda mucho por hacer, hay más poblaciones que trabajan en el perdón y la verdad el regreso a sus territorios de la mano de gobiernos locales o nacional. Categorías como nuevas generaciones, mujeres y grupos étnicos mostraron casos en los que diferentes representantes de estos sectores, a lo largo y ancho del país, dejaron en evidencia sus tragedias, pero también su capacidad de sobreponerse a ellas y volver a empezar, con

un listado a algunos de los ejemplos de empoderamiento más enriquecedores que puedan servir de ejemplo a otras comunidades con ganas de actuar. Durante el recorrido por el país también fueron visibles los ejemplos de cómo la cultura se ha nutrido, para bien y para mal, del conflicto. Ahí están las obras de cantantes, pintores, fotógra-


esta foto fue una

de las ganadoras de la convocatoria Conflictos en alta resolución. fue tomada por esteban vergara en Murindó viejo (antioquia). se llama Un vacío y es un homenaje a los campesinos que resisten con las botas puestas.

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foto: esteban vergara

fos, artistas plásticos y escritores, que reflejan lo vivido en zonas de violencia. Y también están las diferentes iniciativas de memoria, donde grupos de ciudadanos y autoridades buscan llamar la atención sobre los hechos ocurridos para no dejarlos caer en el olvido, pero sobre todo, para no permitir que se repitan. Uno de los hallazgos más relevantes tuvo que ver con los proyectos que abren oportunidades laborales para víctimas, desmovilizados y reinsertados y población vulnerable. Este tema se puede dividir en dos: por un lado, los esfuerzos de microempresas y emprendedores en solitario, salidos en muchos casos de esos grupos de personas, por dar opciones de trabajo; y por el otro el de las grandes compañías comprometidas y que a través de diferentes programas de responsabilidad social han abierto sus puertas. Un corto panorama de todo esto ha quedado consignado en las siguientes páginas, para celebrar, de alguna manera, la existencia de todas estas iniciativas; pero también para motivar cada vez a más gente a apostarle a la reconciliación. La meta ahora es ver multiplicados estos proyectos por todo el país.


a p u e s ta s

foto: PABLo MoNSALVE

reconciliAción

¿Y Cuál es su APoRte? Coca-Cola Femsa-

Presidente: Fabricio Ponce Desde 2007, esta empresa desarrolla los proyectos Espacios de Paz y Reconciliación, Centros Comunitarios de Aprendizaje y Aportando Tiempo. En estos los desmovilizados pueden realizar su servicio social y recibir capacitaciones, y las víctimas educación formal y técnica.

foto: diEgo SiNiStErrA

Algunas grandes empresas le apuestan a la reconciliación al emplear y capacitar a exvictimarios, víctimas y población vulnerable al conflicto.

Presidente: Roberto Pizarro Enfocados en promover el bienestar humano, han capacitado a cerca de 300 reinsertados con aptitudes de empresarios, y los ha ayudado a conseguir trabajo. Además, ha cofinanciado la creación de dos empresas donde trabajan desmovilizados en labores de dirección y coordinación.

Sodexo

Presidente: Juan Camilo Chávez Con el apoyo de la Alcaldía de Medellín, Sodexo creó en 2006 el programa Soluciones, a través del cual ha vinculado a 800 desmovilizados y víctimas en oficios como auxiliares de limpieza, técnicos de mantenimiento, cocineros, mensajeros y personal de coordinación.

foto: PABLo MoNSALVE

Fundación Carvajal


Coordinador de Sueños: Carlos Enrique Cavelier Desde hace seis años, Alquería apoya a 1.000 pequeños y medianos productores de leche de Meta y Caquetá con un negocio inclusivo para el diseño de estrategias y actividades que hagan el trabajo de los proveedores sostenible a nivel social, económico y ambiental.

Presidente: Milton Barrera Gracias a una subvención económica y un aporte inicial de maquinaria, Eternit hizo posible el nacimiento de Mundo Maderas y de Ganchos y Amarras, empresas en las que trabajan más de 30 desmovilizados. Hoy las dos son destacadas proveedoras de Eternit.

foto: dANiEL rEiNA

Eternit

foto: PABLo MoNSALVE

Alquería

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Terpel

Presidenta: Sylvia Escovar Terpel tiene tres apuestas por la reconciliación: primero, difunde los proyectos que desarrolla la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) para los desmovilizados; busca alternativas de empleo para los excombatientes, y genera desarrollo en el territorio nacional.

foto: ArchiVo PArticuLAr

Presidente: Jorge Iezin Desde 2008 brindan oportunidades laborales a desmovilizados a través de siete tiendas por departamento en diferentes poblaciones de la costa Caribe. Además, en San Jacinto y Carmen de Bolívar (Bolívar) capacitan desmovilizadas en seguridad alimentaria y habilidades artesanales.

foto: dANiEL rEiNA

Coltabaco


reconciliAción

a p u e s ta s

A LA PAz dE un cAfé

Luego de un desplazamiento lo más difícil es retornar y empezar de nuevo con las manos vacías. En la Serranía del Perijá, el cultivo del grano abre la esperanza.

L

juan miguel álvarez*

La

Estación es un punto de encuentro a medio camino antes de llegar a la cima de la Serranía del Perijá, en linderos del municipio de Agustín Codazzi, departamento del Cesar. El viento golpea fresco, los mangos madurados caen sobre la hierba sin que nadie se afane a recogerlos y la vía, siempre escarpada y empinada, se convierte en una suave planicie que aliviana el trayecto. Allí, entre una enramada de árboles nativos y follaje de bosque, aún existen las zanjas cavadas por paramilitares que usaron como trincheras para controlar el paso hacia el corazón de la montaña. Ubicada en el extremo septentrional de la cordillera Oriental, la Serranía del Perijá sirve de límite natural

*periodista del proyecto Reconciliación.

entre Colombia y Venezuela en los departamentos de Norte de Santander, Cesar y La Guajira. Aunque las partes más altas –por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar– son de reserva forestal y fábricas de agua, en la zona media abundan las fincas de campesinos destinadas a la producción cafetera. El

tura”. Heredero de este oficio por manos de su padre, Hermes junto con toda su familia debió huir de la Serranía rumbo a Codazzi luego de que los paramilitares entraron amenazando y matando gente, a finales de 2001. “Mi mamá fue la última en salir de la finca –recuerda– y fue testigo de mucha violencia. Una tarde, angustiada, me llamó y le dije: ‘Mamá salga de ahí, no importa que se pierda todo’”. El Bloque Norte de las AUC, bajo el mando de alias Jorge 40, fue ocupando territorio desde el Valle de Upar

Para 2005 la mayoría de las veredas de la región eran ya territorios abandonados y tragados por el bosque gran cultivo nacional llegó a esta región hace unos 80 años y desde entonces se convirtió en la principal actividad económica de los lugareños. Desde La Estación se observan algunas casas de estas fincas, casi ocultas entre abundante vegetación. Una de ellas, levantada sobre el final de un risco al que se le nota el camino abierto con azadón, pertenece a Hermes Murgas Romero, 44 años. “Esta tierra es mía –dice, orgulloso–, y ahora estoy trabajando para venirme a vivir aquí del todo y dedicarme completamente a la caficul-

hasta coronar la Serranía a punta de asesinatos y de la destrucción de las viviendas que se encontraba en el camino. “Las quemaban, tumbaban los techos, las paredes, las saqueaban, las dejaban inhabitables”, explica Elifelet Garay, extensionista del Comité de Cafeteros del Cesar y La Guajira, oriundo de la región. El desplazamiento de las familias de la Serranía fue masivo y casi al tiempo. Para 2005 la mayoría de las veredas de la región eran ya territorios abandonados y tragados por el bosque. “Así ocurrió en cinco municipios

de la Serranía –explica Ceilis Berrocal, funcionaria del Comité–: Becerril, Chiriguaná, Curumaní, Codazzi y La Jagua de Ibirico”. A finales de 2006, un campesino cafetero de La Jagua llamado Pedro Bonnet, agotado de vivir la vida del desplazado y sabiendo que los paramilitares se estaban desmovilizando, se acercó a la oficina del comité de cafeteros situada en Valledupar y habló con el director ejecutivo del momento, Gerardo Montenegro, para solicitarle que el comité o la Federación Nacional de Cafeteros ideara alguna estrategia que les permitiera regresar a sus fincas y retomar su trabajo de caficultores. “El comité recogió la idea de don Pedro y comenzó a planear un proyecto para gestionar apoyo de cooperación internacional –añade Berrocal–. Fue así que resultó seleccionado y durante tres años estuvimos trabajando en ¿en dónde?

Serranía del Perijá, Cesar.


foto: EDISoN SĂ NCHEZ

a finales de 2006

los caficultores se cansaron de vivir desplazados y le pidieron al ComitĂŠ de Cafeteros que ideara una estrategia que les permitiera regresar a sus fincas.


el proyecto, para finalmente ponerlo en marcha en 2009”. En principio el proyecto se tituló ‘Serranía del Perijá’ y alcanzó a beneficiar a 300 familias con el apoyo de la Gobernación del Cesar, las alcaldías implicadas y la Federación de Cafeteros. Pocos meses después, con el apoyo de la Fundación Douwe Egberts y la Embajada de los Países Bajos, la cobertura se duplicó y el nombre fue cambiado por el de ‘Colombia cafetera sostenible, Good Inside’. En síntesis, el proyecto consistió en trabajar cinco componentes con la comunidad: social, productivo, seguridad alimentaria, ambiental y cafés especiales. El social fue necesariamente el primero: de su éxito dependía que los campesinos trabajaran en los demás. Consistió en romper las barreras del miedo para lograr que las familias retornaran a las fincas. “Fue un trabajo casa a casa –recuerda Ceilis, quien lideró el trabajo de campo de este proyecto–. Llegábamos, hablábamos con los campesinos, tratábamos de motivarlos y esperamos que el voz a voz llegara al resto de desplazados”. Los objetivos de este componente eran fomentar la unión entre los campesinos, reactivar y cualificar la participación comunitaria, despertar el sentido de pertenencia por la tierra y hacerles ver que eran parte de una comunidad. “Este componente fue el que más nos gustó –dice Leonardo Rodríguez Durán, caficultor de 45 años–. Antes, hacer que la gente asistiera a una reunión de la vereda era un problema; ahora todos llegamos cumplidos y motivados, y entendemos que es la forma de lograr el bienestar de la comunidad”.

a p u e s ta s

fotos: feDeRico Ríos

reconciliAción

para leonardo

Rodríguez Durán, de 45 años, la población está motivada con el proyecto cafetero.

Vinieron luego tres componentes que se fueron adelantando casi al mismo tiempo y de forma transversal: el productivo, el de seguridad alimentaria y el ambiental. El productivo tuvo como eje principal capacitar a los caficultores en buenas prácticas agrícolas –mejorar las formas del cultivo, del beneficio del grano, del secado– para elevar la productividad y optimizar utilidades. “Antes del proyecto los productores

renovadas con variedades resistentes, como Castilla”. Y mientras aprendían a aplicar todas las técnicas para elevar la productividad, los caficultores también aprendían a sembrar alimentos de pancoger en huertas cercanas a las casas. “Los estimulamos para que cultivaran alimentos básicos –expresa Ceilis–, que no tuvieran que comprar los huevos ni las hortalizas. Que pudieran obtener de su tierra el tomate, el

“Antes del proyecto los productores tenían 2.000 matas por hectárea. Ahora en esa misma tienen 5.000” tenían 2.000 matas por hectárea –explica Elifelet Garay, el extensionista–. Ahora en esa misma hectárea tienen 5.000. Antes las matas eran de variedades típicas: arábiga y caturra; ahora una mayoría de productores tienen matas

cebollín, repollo, zanahoria y lechuga, y pudieran cultivar como sombríos de los cafetales plátano y guineo, mientras crecían los árboles de guamo”. Tanto estos cultivos de pancoger como la implementación de las buenas prácticas

agrícolas confluyeron en la creación de una conciencia ambiental comunitaria, aunque la implementación del componente debió alcanzar para trastocar algunos comportamientos de la idiosincrasia de la región. “El cultivador creía que la parte más segura para guardar los agroquímicos era en su propia habitación –agrega Ceilis–. No tenían lugares específicos para guardarlos ni sabían que no podían fumigar antes de cinco metros de distancia de las cañadas. Además, muchos campesinos quemaban la hierba para poder sembrar luego. Fue muy difícil convencerlos de cambiar estas prácticas”. El último componente en ser desarrollado con la comunidad fue el de cafés especiales. La idea fue hacerles ver que si tenían cafés renovados con variedades resistentes y seguían todas las buenas prácticas agrícolas, si cuidaban la


para formular proyectos y lograr la financiación”, explica Ceilis Berrocal. De otro lado, también tiene como objetivo vincular a los hijos de los productores para enamorarlos del oficio y garantizar de algún modo la continuidad del cultivo en la Serranía. “A la convocatoria asistieron 33 jóvenes entre los 17 y 30 años –añade Ceilis–. El proyecto los ha estado capacitando para que hagan acompañamiento técnico a las fincas de sus padres y hasta de sus vecinos; en conclusión, para que se conviertan en gestores de buenas prácticas agrícolas”.

Esta segunda fase aumentó la cobertura a 200 familias más, para un total de 800. Cuando a estos caficultores se les ha preguntado si han pensado en cambiar de cultivo dadas las frecuentes adversidades del precio, en levantar el bosque por ejemplo para sembrar pasto y meter ganado, han respondido que no. Que siempre serán cafeteros. “Cuando llegué a esta región –dice Agustín Giraldo, actual director ejecutivo del Comité– lo que me sorprendió gratamente fue que todos los productores llevaban el orgullo y el amor por ser ca-

Uno de los objetivos del proyecto es vincular a los hijos de los productores para enamorarlos del oficio

feteros, igual que en el interior del país”. A lo que Hermes Murgas Durán añade: “Yo puedo llegar a tener 100 vacas en un potrero, pero siempre seré caficultor, siempre tendré café en mi finca”. Y como es costumbre en la región, Hermes le ha compuesto canciones en clave de vallenato a este retorno a la Serranía. El estribillo de una de ellas dedicada al proyecto Colombia cafetera sostenible Good Inside dice: “Hoy aquí se siembra paz, amistad y mucho cariño/ hoy sabemos perdonar/ es mucho lo que aprendimos/ Gobernación del Cesar y suéteres amarillos/ que nos hicieron llegar valores bien definidos/ aprendimos a trabajar/ hoy lo hacemos como equipo/ grande es la Federación/ hoy contamos con amigos”.

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fotos: JUAN CARLos sIERRA

fauna y mantenían el bosque y el agua, podían ofrecer café especial en el mercado, es decir, una tasa más competitiva y mejor cotizada. Para 2012 y llevados con éxito los cuatro componentes anteriores, 347 fincas fueron certificadas con el sello UTZ –certificación mundial de agricultura sostenible del café, cacao y té–, y produjeron una edición especial de café Juan Valdez Serranía del Perijá. En la actualidad, Colombia cafetera sostenible Good Inside está comenzando en su segunda fase y la fundación Douwe Egberts sigue siendo el principal aliado. “Esta etapa pretende que los caficultores se vuelvan autónomos para gestionar proyectos, que no requieran de la cooperación internacional o del Estado

los caficultores

de la serranía de Perijá no se han planteado dejar de sembrar el grano. “siempre seremos cafeteros”, aseguran.


reconciliAción

a p u e s ta s

existe el el cambio de vida de quienes vivieron en carne propia el conflicto depende de las oportunidades laborales. abrirles espacios es el compromiso.

atlántico

foto: orlando badillo

Pesca milagrosa En Galapa, población del Área Metropolitana de Barranquilla, hace dos años la Alcaldía diseñó un proyecto de piscicultura para apoyar a las víctimas y para que los desmovilizados resolvieran su situación económica y no contemplaran retomar las armas. Con un aporte inicial de 28 millones de pesos, el municipio alquiló y adecuó una parcela donde funcionaría el proyecto de piscicultura de tilapia y bocachico del que actualmente sacan su sustento diez familias. Los primeros beneficiados fueron cinco desmovilizados de las AUC y tres del EPL y tres desplazados. El proyecto ha producido casi 20.000 tilapias rojas que se comercializan en el municipio, y espera recoger su primer lote de bocachicos en el segundo semestre de este año.

Valle Limando asperezas Desde 2010, 18 excombatientes de las Farc, las AUC y el ELN trabajan como socios en la producción de estibas de madera tipo exportación en Yumbo. Esto ocurre en Mundo Maderas C.T.A., una cooperativa que se creó con el apoyo de la Fundación Carvajal, la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) y otras organizaciones privadas para promover la generación de ingresos para los desmovilizados de este región, para así hacer sostenible su vida en la legalidad. Hoy, Ricardo Castillo, Jhon Jairo Burbano y Jader Castillo (foto), con su equipo de trabajo, comercializan sus productos a empresas como Bavaria, Eternit y Home Center.

santander Diego Mantilla, desmovilizado hace nueve años, nunca pensó que tejería para los policías y miembros del Ejército como una forma de subsistir. Hoy trabaja confeccionando uniformes, oficio que realiza hace casi tres años, pues en el grupo armado ilegal al que perteneció trabajaba como sastre. Ubicado en Bucaramanga, Diego emplea a cinco personas y, desde que inició su negocio, ha empleado a dos personas en proceso de reintegración.

foto: diana sánchez

A la medida


camino nariño

El mejor café de Albán La Asociación Agropecuaria del municipio de Albán (AAA), en Nariño, trabaja desde 2006 en la erradicación de cultivos ilícitos que sustituye por plantas de café a través de la empresa Café Albanita. Para hacer sostenible el trabajo de los caficultores, y abrir un espacio a los desmovilizados, actualmente emplean ocho personas en proceso de reintegración y 552 caficultores. AAA produce hoy 730.000 kilos de café pergamino seco que son entregadosww a la empresa Nespresso. Ahora aspiran a distribuir granos tostados, que tienen valor agregado, para posicionarse como una marca nacional e internacional.

meta

foto: DaviD BoniLLa

A un grano de arena El año pasado la presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Mesetas (Villavicencio), Sandra Gutiérrez, vinculó a 30 desmovilizados, provenientes de todo el país, para apoyarlos en su proceso de reintegración. Allí, ellos cumplen las 80 horas de servicio social que la ACR les exige para finalizar su proceso de reinserción. Adecuación de vías y zonas peatonales, huecos, pintura de casas y arborización son algunas de las tareas que estas personas desarrollan. La experiencia ha sido tan buena que Sandra ha empleado a nueve de estas personas en su empresa familiar.

Valle Con el apoyo de la ciudadanía, la Iglesia, y los empresarios, Rodrigo Guerrero, actual alcalde de Cali, ideó a finales de los noventa un proyecto para implementar un modelo de desarrollo en el campo. Vallenpaz, la ONG que nació en 2000 a partir de esa idea, ingresó a las zonas en conflicto del Valle, con el consentimiento de los actores armados, y realizó procesos de formación y acompañamiento técnico en agricultura. Con el tiempo, los campesinos se capacitaron como empresarios de sus tierras y muchos de ellos emergieron como líderes comunitarios. Gracias a esta iniciativa se han beneficiado más 12.000 familias.

foto: archivo semana

La paz del campo

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reconciliAción

MpEuMEO A sR tA I As

con sus propias Estos cinco ejemplos de empoderamiento demuestran la civil para organizarse y hacerle frente al conflicto.

foto: juan marín

Huila Derecho campesino

Boyacá La paz verde

La Comisión de Paz y Convivencia de Boyacá, creada en noviembre de 2013, es una iniciativa derivada del pacto con el que se dio fin a la llamada guerra verde (por las esmeraldas) en ese departamento. Sus cabezas visibles, monseñor Juan Felipe Sánchez, obispo de Chiquinquirá, y monseñor Héctor Gutiérrez, anterior obispo de la Diócesis, median entre los esmeralderos en encuentros realizados en la Sala de la Reconciliación de la Curia de Chiquinquirá para resolver disputas relacionadas con la explotación del mineral. La voluntad de reconciliación proviene de la pacificación que líderes comunitarios como el exalcalde de Otanche, Gabriel Parra, lograron años atrás en el occidente de Boyacá con el pacto de paz y el Comité de Paz del Occidente de Boyacá, instaurado en 1990. Ahora, Iglesia y líderes sociales buscan consolidar el primer laboratorio de paz en el departamento mediante la corporación Boyacá se Atreve por la Paz. (En la foto: monseñor Juan Felipe Sánchez y Gabriel Parra).

foto: Erick moralEs

En marzo de 2010, 35 campesinos de la intendencia de San Andrés, en Tello (Huila), decidieron aprender Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos para evitar los constantes abusos de la fuerza pública y la guerrilla, de los que eran víctimas. Con la ayuda de profesionales en Ciencias Jurídicas y Psicología de la organización social Plataforma Sur se capacitaron en el tema durante dos años y ahora conocen los derechos que tienen por ser ciudadanos y población civil en medio del conflicto. De los 35 campesinos que iniciaron el curso, 18 se graduaron en 2012 y obtuvieron el título de gestores humanitarios y de convivencia del Huila. Desde entonces difunden lo aprendido en la comunidad en talleres y actividades lúdicas organizados cada vez que surgen denuncias por parte de los pobladores, y aseguran que gracias a esa formación las requisas ilegales de la fuerza pública y la presencia de guerrilleros en las veredas se han reducido notablemente.


mAnos

Arauca Puentes de paz

capacidad de la sociedad

Desde el año pasado el diálogo le gana a la ley del silencio. Como parte de un proyecto liderado por la iglesia Menonita que recibe el nombre de Puentes para la paz, víctimas, autoridades y gremios se reúnen en comisiones municipales dedicadas a la paz y reconciliación del departamento. La idea surgió en 2012, luego de la primera Conferencia Internacional de Reconciliación que se realizó en Arauca y tiene como fin reconstruir el tejido social roto, además de reunir a los sectores del departamento para que solucionen las problemáticas de la región. El proyecto consta de siete comisiones, una por cada municipio del departamento, en donde 30 personas se reúnen para hablar sobre temas como la promoción de los derechos humanos, la movilización social y el significado de la reconciliación, entre otros.

Bolívar Tejido que sana

A las mujeres de Mampuján, corregimiento de Montes de María del que fue desplazada la población por el bloque paramilitar Héroes de Montes de María en marzo de 2001, tejer las salvó del odio y el rencor que la guerra les causó. Su relación con este oficio comenzó en 2004 cuando, en busca de atención psicosocial, Juana Ruiz y otras 30 mujeres de la comunidad recibieron talleres de tejido ofrecidos por la organización menonita Sembrando Paz. Con lo aprendido estas mampujanesas adaptaron la técnica del acolchado a su necesidad de superar el trauma y la tragedia, y comenzaron a confeccionar tapices que narraran lo que les pasó. En las piezas, las tejedoras plasman tanto la incursión paramilitar de la que fueron víctimas como el Mampuján con el que sueñan. Hoy aseguran que el tejido fue el remedio más efectivo contra el rencor, y replican esta técnica de sanación con mujeres de otras zonas del país.

Antioquia

foto: Erick moralEs

La voz de las mujeres 55

foto: fEdErico rios

Yolanda Perea, chocoana de nacimiento pero representante de Antioquia en la Mesa Nacional de Víctimas, creó en 2011 una corporación para gestionar la construcción de paz desde las mujeres, con base en su experiencia como víctima directa del conflicto. Cuando tenía 11 años fue abusada sexualmente por un guerrillero y desde entonces decidió que haría algo para evitar que las mujeres fueran vistas como botín de guerra. La corporación que creó, con el apoyo de la organización Ruta Pacífica de las Mujeres y a la que llamó Corporación Afrocolombiana el Puerto de mi Tierra, busca que las mujeres víctimas del conflicto ejerzan plenamente sus derechos y se capaciten en proyectos productivos. Hasta la fecha, su labor en el Urabá antioqueño y en el Chocó ha beneficiado a más de 300 familias, y a pesar de las amenazas que recibe desde hace años cuando comenzó a trabajar con víctimas en Apartadó, continúa sin temor su lucha por darles voz a las víctimas de su región.


reconciliAción

a p u e s ta s

La Luz dE La IgLEsIa En algunas poblaciones en conflicto, la Iglesia desempeña un papel fundamental en reconstruir el tejido social. Este es un ejemplo.

E

José Navia*

El

padre Rafael Castillo pisa el acelerador de la camioneta de doble tracción que corre a más de 80 kilómetros por una carretera de tierra rojiza. Va con más de una hora de retraso a su cita con un grupo de cultivadoras de mojarra en Puerto Badel, un corregimiento de Arjona, en Bolívar. “Hace una hora exacta que salimos de Soplaviento”, dice el sacerdote, luego de mirar el reloj del tablero. Y pisa un poco más el acelerador. Tiene fama de ‘patabrava’. Unos diez minutos después aparecen, por fin, las primeras casas de ladrillo de un pueblo construido en medio de una planicie semidesértica. El padre se estaciona junto al parque. Una mujer afro lle-

*Periodista.

ga sonriendo de oreja a oreja. “Ajá, padre, pensamos que ya no venía”. Es Lilia Miranda, la principal líder de una asociación local de mujeres. Tiene afán de que el sacerdote verifique el adelanto que han logrado en la construcción de los estanques piscícolas. Se viene la lluvia. El piso se vuelve chicloso y se pega a los zapatos del cura. El padre Rafa camina rodeado de mujeres y niños afro. La imagen es similar a la de esta misma mañana en Soplaviento, otro pueblo del Canal del Dique, más grande que Puerto Badel, pero con los mismos todos los fiNes de

problemas de abandono, miseria, desempleo y escasísima infraestructura. Cuando camina en medio de los habitantes de estos poblados, al padre, también afro, se le distingue por el alzacuellos eclesiástico, y por el chaleco caqui marcado en la espalda con el letrero Programa de Desa-

semana el padre Rafael Castillo recorre pueblos del Canal del Dique para revisar el avance de los proyectos.

rrollo y Paz del Canal del Dique y zona costera. El padre Rafael Castillo es el director de esa entidad. Allí confluyen unas 13 instituciones del gobierno nacional, regional y local, la Iglesia, fundaciones, organismos internacionales y empresas del sector privado. El proyecto es liderado por la Igle-


el Padre Castillo

fotos: joaquín sarmiento

es el director del Programa de Desarrollo y Paz del Canal del Dique. La entidad trabaja en 29 municipios de atlántico y Bolívar.

Los habitantes de Puerto Badel retrocedieron de la pobreza a la miseria con la inundación de 2010 y 2011 sia Católica. El objetivo es generar, junto con los habitantes de esas regiones, las condiciones de desarrollo que permitan una paz duradera. “El nuestro es uno de los 23 Programas de Desarrollo y Paz que existen en el país y que tienen como columna vertebral el río Magdalena. El programa fundador es el que creó el padre Francisco de Roux hace como 20 años en el Magdalena Medio”, había explicado el sacerdote esa misma mañana, poco después de salir del barrio Alameda-La Victoria, un sector de clase media de Cartagena, donde es párroco de la iglesia Santa Teresita de Jesús.

El padre Rafael vive en forma austera en una casa cerca de la iglesia. Entre las imágenes que cuelgan en la pared de la sala sobresale una foto del papa Francisco con la leyenda: ‘Al servicio de los humildes’. Sobre la mesa está la edición 96 de la revista Vida Nueva, abierta en el editorial: ‘La Iglesia crece entre los pobres’. Antes de celebrar la misa de siete, el padre Rafael había comprado el periódico El Universal. “Me publicaron la columna”, dijo. Efectivamente. La tituló ‘¡Estamos jodidos!’. Un obispo lo llamó a decirle que el encabezado era un poco

duro, pero el contenido estaba apegado a la realidad. “Uno está jodido… cuando no nos rinden cuentas públicamente como si uno no supiera que cuando le roban al Estado nos roban a cada uno. Pero uno está doblemente jodido cuando se ha acostumbrado a vivir en este tipo de relacionamientos”, dice el padre en su columna. Después de espantar algunos zancudos mientras examinaba los estanques piscícolas de Puerto Badel, el padre Rafael se dedica a hablar con las mujeres. Se organizaron hace 19 años gracias a la madre Erlinda, una misionera sueca de la comunidad franciscana. Ella y un equipo de religiosos italianos se establecieron en Pasacaballos, a orillas del Canal del Dique, y ayudaron a las comunidades ribereñas por más de 50 años. “Era una mujer extraordinaria. No nos olvidamos de ella aunque muerta esté”, dice Ester de Arcos, una de las líderes del pueblo. Los habitantes de este poblado, al igual que los de Soplaviento y otros municipios ubicados a orillas del Canal del Dique retrocedieron de la pobreza a la miseria con la inundación de 2010 y 2011. La situación es tan crítica, dice el cura, que los esfuerzos están encaminados a que regresen a la pobreza.“Los pueblos, los cultivos y los animalitos quedaron meses bajo del agua. Aquí se reventó el dique y el agua se metió a las casas en cosa de minutos”, había explicado esa mañana Víctor Manuel Ibarra, líder de la Cooperativa Integral de Pescadores de Soplaviento. A esa organización, el Programa de Desarrollo y Paz del Canal del Dique está a punto de entregarle 16 canoas. En Soplaviento, el padre se reunió durante unas dos horas con un centenar de pescado-

res, cultivadores de tilapia, agricultores y dueños de un galpón comunitario de gallinas ponedoras. El día anterior había visitado a otras tres comunidades que desarrollan proyectos productivos con el apoyo del Programa de Desarrollo y Paz. Pero el asunto no es fácil: el área de influencia de ese organismo cobija a 85 corregimientos de 29 municipios de Atlántico y Bolívar. Y la situación de miseria azota a casi todos. Por esa razón, el padre Rafael Castillo viaja cada fin de semana a hablar con los campesinos. Ya está acostumbrado a ese trajín. Cinco años de labor humanitaria en los Montes de María, durante la época de mayor azote de guerrilleros y paramilitares, le endurecieron el carácter. Además, lo acercaron a la gente. También le enseñaron que las transformaciones sociales y políticas debe hacerlas la comunidad con su trabajo diario, en lugar de sentarse a esperar milagros: “Poner en manos de Dios lo que Dios puso en manos nuestras, es irresponsable”, dice. A las cinco de la tarde el padre Rafael se sube a la camioneta para regresar a Cartagena. Tiene un nuevo afán. Los feligreses de su parroquia lo esperan para la última misa del domingo. ¿en dónde?

Puerto Badel, Bolívar.

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reconciliAción

a p u e s ta s

los artistas foto: federico ríos

Diferentes expresiones artísticas son el escape para muchas víctimas, protagonistas de manifestaciones culturales en pro de la convivencia.

Suena Chocó Talento Chocoano es una corporación que nació en 2011 con el fin de impulsar a los jóvenes que tienen capacidades naturales para la música y alejarlos del conflicto y que también apoya a la comunidad de Quibdó a través de colectas y brigadas de salud. Alexis Ríos, un exintegrante de la agrupación Choc Quib Town, es uno de los cooperantes que se encargan de formar musicalmente a los jóvenes, además de brindarles apoyo, a través de la corporación, para producir y promocionar sus composiciones. Esta corporación dicta cursos y talleres que al día de hoy ha beneficiado a 350 jóvenes.

Uno de los promotores de Teatro por la paz, la Diócesis de Tumaco, pensó que dada la violencia que haq padecido el municipio, el teatro podría servir de desahogo para los habitantes. Con esta idea, en 2009 se conformó el grupo con jóvenes entre los 12 y 23 años de los barrios marginados de la ciudad, quienes se reúnen para presentar obras con sentido social y representar la realidad de esta población.

foto: federico ríos

Teatro por la paz


reclaman En la convocatoria Conflictos en alta resolución, que realizó el Museo Nacional y el Centro Nacional de Memoria Histórica en 2013, artistas no mayores de 30 años se manifestaron sobre el conflicto armado a través de la serigrafía, el dibujo, el grabado, la pintura, la fotografía y las técnicas mixtas. Entre el 27 de mayo y el 23 de agosto pasados se recibieron 180 propuestas, de las cuales 153 resultaron elegibles, y se seleccionaron 15 que lograron interpretar y proponer nuevas narrativas sobre la guerra. Un dibujo sobre la masacre de Bojayá, fotografías sobre niños en el Catatumbo y los campesinos víctimas del conflicto, fueron algunos de los trabajos destacados.

obra: niños de bellavista de manuela illera

Imágenes con moraleja

foto: carlos Julio martínez

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obra: siervo sin tierra de gustavo santa

Cantos de noviolencia En la ciudadela Juan Atalaya de Cúcuta, en el barrio Motilones –uno de los más abatidos por la violencia en esa ciudad– Jorge Botello, conocido como Ahiman, decidió hacerle frente al conflicto a través de expresiones artísticas. Por eso creó el colectivo Quinta con Quinta Crew, desde donde se propone cambiar el mundo a través del rap, el grafiti y el break dance. Con su colectivo, Jorge dicta talleres a los niños y jóvenes enfocados en la paz. A través de esta iniciativa, se ha logrado llegar a cerca de 1.500 jóvenes de las comunas más violentas de Cúcuta.


reconciliAción

a p u e s ta s

La respUesTa es eL Campo Trabajar la tierra, sembrar y cosechar es la esperanza para 204 estudiantes que hacen parte del proyecto Utopía en Casanare.

U dilia jiménez*

¿en dónde?

Yopal, Casanare

UN

joven del departamento del Meta acaba de ser desplazado con su familia. Les dieron 24 horas para salir. “A mi papá le cobraban 120.000 pesos mensuales por estar yo aquí estudiando y 1 millón de pesos al año por mi hermano que está en el Ejército. Le cobraban un impuesto por cada vaca, gallina, huevo y botella de leche que saliera de la finca”. A pesar de esto, su papá le dijo que siguiera estudiando. El joven así lo hizo y hoy se prepara en Ingeniería Agronómica cerca de Yopal (Casanare), a 12 kilómetros por la vía Manantiales. Allí funciona la sede del proyecto Utopía, una fórmula de paz que al hacerse realidad desafió su propio nombre. La iniciativa, ideada por la Universidad de la Salle, apoya a jóvenes campesinos entre 18 y 22 años de edad. En el campus aprenden de las labores de la tierra 204 estudiantes de 22 departamentos y 110 municipios de todo el país. Sus historias son parte de la Colombia mal herida que estos muchachos ayudan a sanar con sus manos al aprender a trabajar la tierra. *CEO de Uno & Dos y experta en Procesos de Gestión Humana

“Nunca había oído de esta universidad –dice uno de los estudiantes que viene de El Tigre (Putumayo)–. Y pensaba: ¿será que esto sí es verdad? Porque en mi departamento se llevan a los jóvenes para grupos al margen… pero ahora pienso que Utopía es la mejor oportunidad que he tenido para formarme”. La institución va directamente a las zonas más golpeadas por la violencia a elegir a sus futuros estudiantes. Los requisitos incluyen desde ser bachilleres con un buen Icfes hasta revisarles los dedos de las manos para comprobar que tienen huellas y señas de que han trabajado en el campo, usado un azadón y tienen el espíritu y las habilidades para adaptarse a las actividades prácticas y teóricas que realizarán desde el primer día de su formación como ingenieros agrónomos. Durante una de sus clases, un estudiante recuerda que su familia lo llevó de Planadas (Tolima) a Ibagué a registrar la tarjeta de identidad para que no fuera expedida “en donde dicen que nació la guerrilla” y un paisano suyo agrega: “Hoy podría estar militando, porque la guerrilla pasa por donde uno está sentado, le entregan unas botas y un arma y le dicen: ‘Se va con nosotros o matamos a su mamá”.


los estudiantes

de Utopía vienen de 110 municipios del país.

en los terrenos

de la iniciativa cultivan piña, cacao, acacia, plátano, yuca, y maracuyá, entre otros.

fotos: Carlos pineda

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reconciliAción

los jóvenes

vinculados están entre los 18 y 22 años de edad.

a p u e s ta s

La mayoría de los estudiantes seleccionados llegan a Utopía con un profundo esfuerzo económico. La universidad los dota con una beca que cubre estudios y manutención, pero exige el pago de un salario mínimo cada cuatrimestre, por lo cual reciben ayuda de familiares y de diversas entidades. Mientras recorren los cultivos, un joven de Norte de Santander cuenta que cuando llegó a Utopía pedía el apoyo de su familia, pero ellos no tenían los recursos. “Estaba acostumbrado –dice– a tener para mis cosas. A veces no es porque uno quiera, sino que se lo llevan de raspachín o de cambuchero, y uno se acostumbra a tener plata, porque uno siendo pobre qué se va a imaginar que puede ir a una universidad”. El campus de Utopía cuenta con habitaciones amplias y dignas que comparten por parejas, baños con vestidores, una biblioteca, modernos laboratorios, sala de sistemas, sala de juegos, gimnasio. A cambio, la tenacidad y el buen juicio no se pueden agotar, durante cuatro años deben adaptarse a una nueva vida, lejos de sus familias y algunas veces con la incertidumbre de que si en sus propias casas tienen comida, salud y trabajo. En los terrenos del proyecto hay nueve líneas de producción donde cosechan cacao, acacia, plátano, yuca, maracuyá, banano, guayaba, badea, cítricos, piña, hortalizas, verduras, cereales, aromáticas y siembran plantas para ornamentación y reforestación. Pero aparte de aprender del campo, la experiencia también sirve para “olvidar malas historias”, como dice una estudiante proveniente de Acarí (Norte de Santander).


ñana. Siguen la metodología “aprender haciendo y enseñar demostrando”, de esta manera, los de primero a tercer año cumplen responsabilidades acordes al nivel de formación, todos trabajan por igual y los

El campo es el alivio y una real esperanza para estos jóvenes desde estudiar las aguas y el suelo, hasta vender la cosecha o los subproductos. Los egresados, por su parte, tienen proyectos productivos en sus regiones de origen, por ejemplo, aguacate en Chámeza o maracuyá en Tauramena (Casanare), piña en Tame y plátano en Arauca y cacao en San Vicente del Caguán (Caquetá). Con estos productos intentan ingresar al mercado a pesar de los paros agrarios, las ‘vacunas’ y el conflicto. En relación con este tema, un estudiante de La Uribe (Meta) dice que ojalá el Estado hiciera presencia en su región, pues “de violencia ya he visto mucho, ahora quisiera una educación que dé frutos en la tierra de donde salí y espero que el desarrollo rural sí contribuya a la construcción de la paz”. Reflexiones acerca de recuperar la tierra, volver al campo y tener una Colombia con una economía basada en el aprovechamiento rural, aparecen continuamente en los estudiantes. La utopía es retornar a sus hogares, conservar el sentido de pertenencia, recuperar el campo y desarrollar sus proyectos. Volver a sus lugares de origen en donde la realidad no ha cambiado, es el reto.

Aprender y enseñar

Estudiantes y profesores comienzan su jornada todos los días a las 5:30 de la ma-

más adelantados enseñan a los siguientes. La jornada transcurre hasta el mediodía en el campo y en la tarde reciben clases teóricas que incluyen inglés y francés, asignaturas obligatorias en un contexto donde algunos jamás habían estudiado una segunda lengua. Los cuatro mejores estudiantes en francés viajarán a una sede de la universidad en París. El campo es el alivio para estos jóvenes que a veces se entristecen por la lejanía de sus familiares. Pero aun así, para algunos, como una estudiante de Guarandá (Sucre), Utopía es una real esperanza. “Soy de una familia muy humilde y de ocho hermanos –dice–. Fuimos desplazados y a mi papá lo mataron cuando yo tenía 5 años. Llegar aquí y que a uno lo acojan bien es muy bonito, lo único malo es cuando se van los compañeros porque las despedidas, las conozco, son tristes.

El trabajo en Utopía les ha mostrado otro camino, uno cargado de oportunidades. Uno de los aprendices que viene de La Uribe, Meta, por ejemplo, tiene claro que no quiere ir a la guerra, sino ayudar a cambiar la imagen de su región: “Llevar a mi gente hacia el gran camino de la paz, enseñar que aquí aprendí a ser un ingeniero de la paz, que la guerra no es el camino y ¿por qué no? ser alcalde de mi pueblo”.

Proyectos semilla

En la actualidad, Utopía tiene 40 egresados que generan desarrollo en sus zonas de origen y 42 de último año que iniciaron proyectos productivos con un capital semilla. El hermano Carlos Gómez, rector de Universidad de la Salle, señala que “la mayor dificultad es el tema financiero, los costos son muy altos y el taxímetro no para. Tenemos que encontrar otra manera de hacerlo sostenible”. La segunda dificultad que vive Utopía –comenta el rector– es su articulación con los programas del Estado: “Hay buena voluntad y hay dinero, pero cuadrar cuando uno se sale del libreto es estrellarse contra muros”. Lo ideal es ampliar el apoyo de la empresa privada y vincular el proyecto con la política pública, lograr

que todas las piezas casen y que los requisitos de las entidades que pueden brindar apoyo no riñan con la realidad del proyecto. Las expectativas son muchas. Consolidar la Red Universitaria Rural para la Paz (RUR Paz), es decir, una red de Utopías que atienda una población significativa de estudiantes, enlazada con un gran proyecto de desarrollo rural nacional. También está replicar el modelo en otras regiones del país con énfasis distintos, como producción animal, agroforestal o en sectores secundarios como la transformación de alimentos. En palabras de un estudiante de Norte de Santander, “esto es entender y aprovechar que Colombia es una agricultura en potencia”. La realidad hoy, es que existe una Utopía en la que más de 200 jóvenes trabajan alrededor de un cultivo, colombianos de regiones identificadas por conflictos y masacres y aún así, en palabras del hermano Martín Figueroa, profesor de ética, “aquí, no se ve una pelea”. Los estudiantes de Utopía están convencidos de que la paz se puede cultivar en la tierra e invitan a desaprenderse de la costumbre de la violencia, es decir, a dejar de hacer poco o nada por evitarla.

Los estudiantes

pasan la mañana en el campo. Por la tarde, reciben clases teóricas.

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fotos: CArlos PinedA

Por estos días, experimentan con malteada y pizza de yuca, snacks y pulpas de fruta deshidratada. La tarea es aprender sobre los productos que hacen ellos mismos durante todo el ciclo,


reconciliAción

CONFIANZA

Cambio dE papEl Es de esperarse que en un escenario de posconflicto la fuerza pública asuma un nuevo rol que garantice la convivencia democrática.

T

Alejo VArgAs Velásquez*

Todo

Estado requiere, para ejercer el monopolio del control de la fuerza, de unas instituciones especializadas en esta tarea. Ese es el papel que cumple la fuerza pública –Fuerzas Militares y Policía Nacional, en el caso de nuestra sociedad–. Para ello deben estar preparadas para responder a las amenazas externas e internas que coloquen en *Profesor titular de la Universidad Nacional.

riesgo a la sociedad y al Estado, actuando por supuesto en el marco del Estado de Derecho. Eso es lo que explica que en una sociedad como la nuestra, en que hemos tenido un largo conflicto armado interno, la fuerza pública haya sido un protagonista de primer nivel en el mismo. Por consiguiente, debe ser un actor central en los esfuerzos por encontrar soluciones concertadas a ese conflicto interno armado. Es decir, la


foto: luis angle murcia

En EscEnarios

de posconflicto los primeros cinco años traen mayores requerimientos de seguridad en las regiones.

paz no se hace ni se construye, ni al margen ni sin la fuerza pública. Si, como esperamos la mayoría de los colombianos, las conversaciones en curso con la guerrilla terminan positivamente y se produce la dejación de las armas de estas guerrillas y su desmovilización como estructuras armadas, a posteriori, el gobierno seguramente tendrá que valorar con los mandos de la fuerza pública las nuevas amenazas de un escenario posacuerdos, los requerimientos doctrinarios, operacionales y organizativos que de ese nuevo contexto se deriven.

Porque es evidente que si termina el conflicto interno armado, las prioridades de la fuerza pública en el mediano plazo se van a transformar. En el corto plazo –primeros cinco años– no hay duda que habrá mayores requerimientos de seguridad en las regiones y en los ámbitos urbanos. La experiencia internacional muestra que en escenarios posconflicto puede tender a aumentar modalidades de delincuencia, y por lo tanto debemos tener una fuerza pública presta a cumplir con sus tareas constitucionales. Progresivamente, y con seguridad, se irán dando de manera muy incremental los cambios que las circunstancias recomienden, pero es algo que el gobierno nacional –presidente y ministro de Defensa–, con los mandos militares, irán considerando como necesario en cada momento. El escenario de una Colombia sin conflicto armado interno debe contar con una fuerza pública que tenga toda la credibilidad y confianza de los colombianos, y ellos deben ser los garantes de una democracia amplia, plural y en la cual todas las expresiones políticas puedan manifestarse y desarrollar sus actividades proselitistas. Pero así como la fuerza pública es un protagonista central en el conflicto y en la búsqueda de superación del mismo, también lo va a ser en el periodo del posacuerdo. Y especialmente en la reconciliación nacional. Normalmente la fuerza pública debe actuar como una fuerza profesional,

apartidista, imparcial, sin militancias de ningún tipo, sino garantizando que todos los ciudadanos puedan ejercer sus derechos y cumplir sus deberes sin que haya ningún sesgo ideológico, político, religioso o de cualquier otro tipo. Si actúa de esta manera, la fuerza pública estará contribuyendo al funcionamiento adecuado de la democracia. Unas Fuerzas Armadas y de Policía que sean aceptadas por todos y sin ningún cuestionamiento en su legitimidad, pero además que sean garantes imparciales para todos los colombianos Se requieren unas Fuerzas Armadas para los nuevos tiempos, profesionalizadas en su totalidad y de carácter

relacionado con una ética democrática, en la medida en que se trata de formar a los ciudadanos a quienes la sociedad les ha encomendado la misión de portar legítimamente las armas y en esa medida garantizar el monopolio de la coerción. Seguramente en escenarios de posacuerdos y en un orden democrático correlativo implica romper con una serie de paradigmas y prevenciones que han condicionado el pensamiento de civiles y militares durante un largo trecho de nuestra historia nacional; significa aceptar que tan importante como la capacidad reactiva y punitiva de las fuerzas legítimas del Estado, es la acción preventiva. Como lo ha dicho

Se requieren unas Fuerzas Armadas para los nuevos tiempos, profesionalizadas y de carácter voluntario voluntario –lo cual implica acabar progresivamente con los sistemas de reclutamiento forzoso–, con el tamaño, la preparación y los medios adecuados para responder a las nuevas situaciones de amenaza, riesgo y responsabilidad social. Debemos ir hacia la formación de un militar con una concepción más democrática y más humanista, acorde con los nuevos tiempos. El campo de la formación militar debe ser integral y permanente, tanto en los aspectos estrictamente técnico-militares, como en lo atinente con su rol de ciudadanos en una democracia, lo que implica un énfasis importante en lo

Francisco Leal Buitrago “esta condición de prevención, que es la ideal en el manejo de lo que podría llamarse un orden público democrático, requiere considerar la manera de evitar el uso de medios militares. Al respecto, desde hace muchos siglos se conoce la máxima militar de Sun Tzu de que la excelencia estratégica se logra cuando se rompe la resistencia enemiga sin necesidad de combatir”. Una fuerza pública, pensada y desarrollada de esta manera va a ser percibida por el conjunto de los ciudadanos como la garantía real para la convivencia democrática que es la base para la reconciliación, dentro de la diversidad.

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Los encuentros en los últimos cuatro meses reconciliación colombia realizó cuatro encuentros regionales y uno nacional para reflexionar sobre los pasos por seguir. un total de 1.730 asistentes y 5.579 seguidores en ‘streaming’ fueron testigos de la apuesta que hacen las diferentes regiones.


reconciliAción

encuentros

DesDe Las r

L

La voz

de la hermana Alba Stella Barreto, directora de la Fundación Paz y Bien, que trabaja con jóvenes pandilleros y desplazados del distrito de Aguablanca en Cali, se escuchó fuerte en uno de los salones del Centro de Eventos Valle del Pacífico de la misma ciudad. “Mañana me van a preguntar yo qué vine a hacer acá. Porque necesito resultados concretos”, dijo en medio de los aplausos. Ella hacía parte de una mesa redonda que compartía con otras 60 personas, todas convocadas por Reconciliación Colombia. Venían del centro y del Pacífico colombiano. Había alcaldes, gobernadores, campesinos de Nariño, indígenas del Cauca, empresarios bogotanos, víctimas y desmovilizados, entre otros representantes de la sociedad civil. Temístocles Ortega, gobernador de Cauca, le copió la idea a la hermana Alba Stella y le respondió: “Me comprometo con usted, hermana. Y sé que mis colegas de Nariño, Chocó y Valle, también lo harán”. Además propuso crear una mesa del Pacífico por la reconciliación, para trabajar en

respuestas a problemáticas específicas. La propuesta de la hermana Barreto se dio en medio de uno de los cuatro encuentros regionales por Reconciliación Colombia. El primer encuentro fue el 12 de febrero en Medellín: estuvieron reunidos los representantes de Antioquia, Chocó, Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo. El 26 de ese mismo mes, personas de los tres departamentos del Pacífico, Boyacá, Cundinamarca y Bogotá estuvieron en Cali. El 19 de marzo, en Barranquilla, el turno fue para los delegados del Caribe y la Orinoquia, 15 departamentos que suman la mitad del país. El ciclo regional terminó el 23 de abril con un diálogo entre los representantes del Eje Cafetero, los Santanderes y el Magdalena Medio en Bucaramanga. En cada uno de esos encuentros, la iniciativa sentó a 60 representantes de las autoridades locales y nacionales, los empresarios, las comunidades y las organizaciones sociales. Todos con un factor común: trabajar en iniciativas que generen paz en sus territorios y tienen historias de vida que demuestran que sí es posible pasar la página de la violencia.

Buenas ideas

En los cuatro encuentros regionales participaron 240 panelistas que discutieron fórmulas para que Colom-

foto: archivo semana

Los encuentros en diferentes zonas del país dejaron nove

bia logre una reconciliación duradera y trataron de poner sobre la mesa los retos que esto conlleva. Sin embargo, la mayoría de ellos no se quedó solo en discusiones y debates,

sino que plantearon propuestas concretas. Además de la mesa del Pacífico por la reconciliación, la hermana Alba Stella Barreto, por ejemplo, propuso crear ecoaldeas para los desplaza-


egiones dosas propuestas para trabajar en pro de la convivencia. se discutan las salidas en zonas en las que aún es fuerte el conflicto armado. En Barranquilla, Alan Jara, gobernador del Meta, después de criticar el centralismo, propuso que el gobierno nacional invierta los recursos para el posconflicto de manera proporcional a la forma en la que cada región ha sido afectada por la guerra. Allí mismo, Mayerlis Angarita, una víctima de los Montes de María que hoy hace parte de la asociación de mujeres Narrar para Vivir, pidió que los empresarios firmaran un acuerdo con las organizaciones sociales, en el que se comprometen a trabajar unidos por el territorio.

y de largo plazo, los testimonios, las propuestas y los compromisos dan muestra de que sí es posible. Los ejemplos abundaron: el exsecuestrado que le tendió la mano a un desmovilizado del grupo que lo secuestró, el soldado que perdió sus piernas por una mina y se convirtió en campeón paralímpico, la pareja de excombatientes de bandos contrarios que entraron a la guerra obligados y que hoy trabajan por la comunidad, o la víctima que perdió todo, pero decidió perdonar a sus victimarios luego de un sueño con su madre muerta. Finalmente, para presentar las conclusiones de las cuatro discusiones regionales, Reconciliación Colom-

La hermana alba stella Barreto planteó crear ecoaldeas para los desplazados por la violencia

El primEr

encuentro de Reconciliación Colombia se realizó en Medellín el 12 de febrero pasado.

dos. “Muchos de los que llegan a las ciudades no saben hacer más que trabajar en el campo. Es necesario ubicarlos en un lugar en donde puedan adelantar proyectos productivos”, dijo Barreto.

Feliciano Valencia, representante de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), en esa misma reunión pidió crear campamentos de paz para realizar reuniones en las que

Otros fueron más específicos. Martha Mora, una víctima de Norte de Santander hizo un llamado a los empresarios para que apoyen a las víctimas o desmovilizados que tienen propuestas artísticas. “El arte también es una forma de conseguir oportunidades”, dijo. La moraleja de las reuniones en las regiones es que la reconciliación no se construye en una mesa de negociación en La Habana, sino en cada territorio. Y a pesar de ser un proceso complejo

bia realizó un encuentro nacional el 15 de mayo en Bogotá, en donde los protagonistas fueron los líderes de cada región. En el ambiente quedó una buena sensación. Hay más de 500 iniciativas en Colombia que hoy trabajan por un país distinto y las discusiones pusieron el foco en las regiones y dejaron claro que se necesitan cambios de fondo y un verdadero compromiso de toda la sociedad. Pero hablar es solo el primer paso. Ahora es el momento de actuar.

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reconciliAción

encuentros

EmprEsarios, rajados El 72 por ciento de los encuestados en los encuentros regionales y en www.reconciliacioncolombia.com dice que el sector empresarial está en deuda con el tema de la reconciliación.

E

El foco

de Reconciliación Colombia es la gente. Por eso, en los cinco encuentros realizados en el país, se les pidió a los asistentes que contestaran unas 15 preguntas sobre cómo ven la reconciliación en Colombia.

Las respuestas, en general, son esperanzadoras. El 94 por ciento de los 468 encuestados consideran que la reconciliación es posible. Un 93 por ciento cree que se puede empezar a trabajar en ella sin que el conflicto armado haya terminado, pensamiento acorde con los hallazgos de Reconciliación Colombia, que encontró a lo largo del país más de 500 iniciativas que se la jugaron por la reconciliación desde hace tiempo. Esto quiere decir que la tarea ya se está haciendo.

Entre las conclusiones que dejaron los encuentros realizados por Reconciliación Colombia fue permanente el llamado a la esfera empresarial a vincularse más con el tema. Percepción que también se confirmó en la encuesta, pues los empresarios fueron señalados por el 72 por ciento de los participantes como un sector poco comprometido. Al preguntar sobre el sector más comprometido ocuparon el último lugar con el 2 por ciento, mientras que el papel de las or-

ganizaciones sociales fue avalado por el 55 por ciento. Una de las preguntas que más dividió a los encuestados fue sobre la actitud de los colombianos en la actualidad. Mientras solo un 18 por ciento consideró que esta fuera de ‘reconciliación’, un 42 por ciento la identificó como de ‘estigmatización’, mientras un 36 la definió como de ‘confrontación’. Estos son los resultados de las 15 preguntas hechas por Reconciliación Colombia.

Para usted, la reconciliación en Colombia debe ser entre:

79%

Todos los colombianos

¿Usted cree que la reconciliación implica el perdón?

12%

5%

Los diferentes actores de la sociedad

Los victimarios y las víctimas

no

14%

82%

no rEspondE

4%

Ficha técnica: Encuestas realizadas durante los cinco encuentros realizados por Reconciliación Colombia entre febrero y mayo de 2014, y a través de las redes sociales del proyecto. Se recibieron 468 respuestas.

?

2%

Los grupos armados y el gobierno

¿Usted cree que el fin del conflicto armado es igual a la reconciliación?

2%

No responde

no

84%


78% sí

31%

19% no 3% no responde 0

20

40

60

80

100

¿Cree usted que los medios de comunicación aportan a la reconciliación a través de sus contenidos?

16% 21%

42% sí 54% no

11%

4% no responde 0

20

40

60

80

2% 3%

100

el gobierno

5%

2%

8%

Para usted la reconciliación depende de:

%

Las víctimas y los victimarios

6%

La sociedad civil

5

76%

13%

no responde

3%

7% 10%

5% 5% 12%

55% 5% 4% 13% 2%

¿Cuál cree usted que es el sector MÁS comprometido con la reconciliación?

¿Cuál cree usted que es el sector MENOS comprometido con la reconciliación?

¿Usted conoce historias reales de reconciliación?

de todos los colombianos

Empresarios

Organizaciones sociales

no responde

Gobierno nacional

Iglesia

Gobierno local

No responde

Academia

Otro

otro

¿se puede comenzar a trabajar por la reconciliación antes de que finalice el conflicto armado?

no

3%

93%

no responde

4%

71


reconciliAción

encuentros

19%

muy comprometidos

90

no responde

70

80

60

nada comprometidos

50

poco comprometidos

40 30

72%

20

76%

0

18%

No responde

6%

Liderando cada una sus proyectos

3%

100

Uniendo esfuerzos entre ellas

Articulándose con otros sectores del país

¿Cómo cree usted que las organizaciones sociales pueden hacer mejor su trabajo?

Para usted, hoy los empresarios están:

3%

2%

¿Usted cree que el lenguaje y la manera de comunicarnos influyen en la reconciliación?

Para usted, los colombianos en general hoy tienen una actitud de:

42%

estigmatización

36%

confrontación

18%

94%

reconciliación

3%

no

no responde

3%

1%

no responde

3%

otro

Para lograr la reconciliación se debe:

84% 10%

3% 3%

94%

Olvidar el pasado y empezar de cero, como si nada hubiera pasado

No responde

Otro

Recordar lo ocurrido y tenerlo en cuenta constantemente para que no se repita

¿Usted cree que es posible la reconciliación en Colombia?

3%

no

3% no responde


reconciliAción

opinión

Personas o cosas r i c a r d o s i lva

Q

Para el escritor, la venganza puede ser el camino más corto, pero la reconciliación es la que hace la vida posible.

uien

tiene un hijo sabe que “no pasar por encima de nadie” es lo más importante que se le puede enseñar a una persona. Creo seriamente que para eso es el colegio: para comprender que en el mundo no hay personajes secundarios, que la vida también sucede en el fondo de los otros, que detrás de cada ventana de cada edificio hay una biografía que hay que dejar dormir en paz. No es nada fácil tener las riendas de uno mismo: dentro de cada cual sucede una intemperie, y hay estallidos y temblores que de tanto en tanto nos recuerdan que podríamos ser un peligro para los demás. Pero de esto se trata vivir: de convivir. Y hay que aprender a decir lo que se piensa, y a reclamar lo que en verdad es nuestro, antes de que quede todo sepultado bajo la violencia Quien tiene un hijo sabe que en el principio fue el ritmo. Y que luego, cuando los gritos y las sílabas fueron transformándose en ese ‘por qué’ que es un martillazo, y otro, y otro, vino la frase que nos lleva desde la cuna hasta la tumba: “Cuéntame una historia”. Sé que la compasión se aprende del buen ejemplo, sí, pero sospecho que, sobre todo, se aprende de la ficción. Los buenos personajes de la televisión, el cine, la literatura, el teatro están ahí para que nos entrenemos en el ejercicio de la solidaridad, de la piedad, de la misericordia. Todo lector –todo espectador, todo ciudadano– sabe que el nombre del juego es “ponerse en los zapatos del otro”. Que los protagonistas de los relatos más inesperados, del patito feo a Hamlet, son un ejemplo, una cara en nuestro espejo. Y que quien no conoce la ficción está condenado a repetirla. Me dirán que no: que es el placer esquivo, no la moraleja ni el conocimiento, lo que queda de encarar cualquiera de las

siete artes. Responderé que no: que no estoy hablando de la moral, que no estoy reduciendo las narraciones a parábolas, sino que estoy recordando justo a tiempo que la humanidad es un talento que tenemos todos, una vocación (una voz entre el ruido), pero que las sociedades paralizadas e inequitativas conspiran para que la perdamos. Y estoy diciendo que quien tenga hijos no debe perder de vista que desde niño el hombre busca el reconocimiento de los otros, y que los libros están llenos de personajes que, como arcanos de un tarot que nadie más sabe leer, solo el lector, nos recuerdan quiénes somos y nos advierten quiénes podemos ser. Por qué la compasión nos ha sido ajena en Colombia: porque no hemos leído el relato de lo que les ha estado sucediendo a los otros, porque si todo –si el salario, las condiciones laborales, la inseguridad, la corrupción, la educación– nos está recordando día a día que no valemos nada, y de paso nos divide en legítimos e ilegítimos, entonces que los demás valgan lo mismo. Sálvese quien pueda. Que el pobre se rebusque. Que el rico se cuide. Que la violencia siga pagando más del mínimo, que sigamos lamentando todos, en abstracto, el horror que sobrevuela las regiones del país que el país desconoce. Que la calle sea una marcha de psicópatas que van por ahí confundiendo a las personas con las cosas. Quien tiene un hijo tiende a enseñarle que es mejor insultar que gritar, que es mejor gritar que pegar, y que matar no es una posibilidad. ¿Y si su hijo es agredido por alguno?, ¿y si lo insultan o le gritan o le pegan?: entonces sería el momento perfecto para decir que hay que respirar hondo si lo que se quiere es ir de la venganza a la justicia, que la reconciliación es el camino largo, sí, pero que hace la vida posible.

73


reconciliAción

en el foro

foto: diana sánChez

de Cali, al que asistieron 330 personas, se expusieron las inicitivas del Pacífico y del centro del país.

anatomía de Los enCuentRos Los foros regionales de Reconciliación Colombia sentaron un precedente en el país en materia de paz. Cada uno de ellos dejó reflexiones importantes.

s

uidores Seg ‘st stente i s

internautas

a

a

n El reto: Reordenar la institucionalidad para que los colombianos recuperen la confianza en el Estado.

n Lo destacado: Las intervenciones de los representantes de las minorías y comunidades étnicas fueron contundentes. Invitaron a los asistentes a superar la idea de que las minorías son enemigas del progreso.

rs o n

n El ejemplo: César Montealegre. Estuvo secuestrado por las Farc y hoy su hombre de confianza es un desmovilizado que pertenecía al frente que lo mantuvo en cautiverio.

Febrero 12 en Plaza Mayor

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encuentro Antioquia Chocó - Gran Tolima

3

Medellín

ing’: 1.98 am e r 271 s:

n La conclusión: La reconciliación es un proceso independiente del proceso de paz en La Habana; tanto es así que desde hace años diferentes sectores de la sociedad desarrollan iniciativas de paz y reconciliación en medio del conflicto.

Cali

encuentro Pacífico - Centro n El ejemplo: Maurice Armitage, presidente de Siderúrgica de Occidente, dijo que la gente de recursos tiene el deber moral de contribuir a la reconciliación. n El reto: Aumentar la autonomía territorial, capacitar funcionarios y destinar más recursos para atender a las víctimas.


Barranquilla

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Seguidores

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n La conclusión: La reconciliación debe impulsarse desde las regiones porque allí es donde hay contacto directo con las víctimas. Para esto es clave conocer las particularidades y necesidades de cada territorio.

Mayo 15 en el Hotel Sheraton

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ing’: 1.06 am re 568 s:

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n Lo destacado: Feliciano Valencia, de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, propuso crear ‘campamentos de paz’ donde actores de todos los sectores se reúnan y diseñen iniciativas pro reconciliación.

Abril 23 en el Cetro de Eventos Cenfer

n Lo destacado: Margarita Obregón, secretaria general de Ecopetrol, anunció que la petrolera está haciendo una autocrítica de su presencia en los territorios para aprender de los errores cometidos. 75

rnautas inte

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Febrero 26 en el Centro Valle del Pacífico

n La conclusión: Para la reconciliación es clave la educación porque brinda igualdad de oportunidades.

8

8

ing’: 1.12 am re 3 :3 0 s

n La conclusión: La desigualdad, la corrupción y la falta de oportunidades son combustible para el conflicto y los obstáculos para la reconciliación.

ing’: 90 am e r t 2 07 s:

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ernautas int

n El reto: Combatir la injusticia social en los territorios porque haciéndolo aumentan las opciones para construir paz.

n El reto: Darle a la educación el espacio que merece en el camino hacia la reconciliación brindando más acceso a los jóvenes a este derecho con el fin de que se alejen del conflicto. n Lo destacado: El gobernador del Meta, Alan Jara, propuso que los recursos invertidos en el posconflicto fueran proporcionales al impacto que la guerra ha tenido en cada territorio.

n El ejemplo: Miguel Solano, un desmovilizado de las AUC que estudió Derecho y ahora ayuda a las víctimas del conflicto a tramitar sus reparaciones.

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Marzo 19 en el Hotel Dann Carlton

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Seguidores

Encuentro Santanderes - Eje Cafetero

0

n El ejemplo: Lucho Torres, líder comunitario de El Salado (Bolívar) que logró que los miembros de su corregimiento volvieran a su hogar luego de sufrir una de las peores masacres paramilitares en la historia del país.

ing’: 50 am tre 354 s:

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Encuentro Caribe - Orinoquia

Bucaramanga

Bogotá

Encuentro Nacional

n El ejemplo: Jeny Castañeda, una víctima que hace unos meses visitó en la cárcel y perdonó a los miembros del bloque paramilitar responsable del asesinato de su madre. n El reto: Transformar los imaginarios de conflicto en imaginarios positivos para dejar de ver a todo el que piensa diferente como un enemigo.

n La conclusión: La reconciliación es un proceso espontáneo, no impuesto, que se construye en los territorios con la participación de todos los sectores y cuyo significado depende de las particularidades del contexto en que se dé. n Lo destacado: La vigencia de las reflexiones que Guillermo Gaviria, exgobernador de Antioquia secuestrado y asesinado por las Farc en 2003, escribió en cautiverio y que leyó su hermano Aníbal Gaviria, alcalde de Medellín.


reconciliAción

encuentros

PalabRas Con El diálogo propiciado por los encuentros de Reconciliación Colombia dejó frases dignas de recordar.

La reconciliación debe hacerse teniendo en cuenta el contexto de cada región, pues muchas veces las políticas del Estado van en contra de los derechos Padre luis étnicos de las Carlos comunidades.

“ Un punto crítico de la reconciliación es la recuperación de la confianza en el Estado y los gobernantes.

La corrupción es una aliada de la violencia, de la antidemocracia. Es la gran enemiga de la paz y muchos funcionarios públicos la han ejercido.

olmo liévano

Falta protagonismo de las mujeres. Los hombres son los que hacen la guerra y María Teresa las mujeres arizabaleta cargamos con Coordinadora de ella. la Ruta Pacífica de Mujeres

angelino Garzón

Vicepresidente de la República

Asesor de paz de la Gobernación del Huila

Director de la Diócesis de Quibdó

No tuve nada que perdonar, porque no había rencor en mi corazón. Si hubiera sentido rencor, no habría podido salir sargento Francisco adelante. Pedraza Perdió sus piernas por una mina.

Alcalde de Medellín

Gaviria

Hinojosa

La reconciliación incumbe a todos y no solamente a quienes han sido afectados por el conflicto. Muchos deben examinar si su indiferencia ha contribuido a la aníbal violencia.


Peso “

Así como en muchos casos las empresas son causantes de conflictos también son generadoras de oportunidades. El luis aporte de las emFernando rico presas tiene que Presidente ser sentido.

salazar

Queremos que la reconciliación no sea impuesta, sino espontánea. Para eso tenemos que conversar, hacer de la palabra eso que Ángela nos reconcilie.

de Isagén

Representante de Iniciativa de Mujeres para la Paz en Apartadó

Álvaro cruz Gobernador de Cundinamarca

Feliciano Valencia Representante de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca

La pregunta es: ¿cuánto va a poner el empresariado para la paz? Nosotros hemos puesto vidas, sueños, nuestras tierras.

77

Temístocles ortega

Gobernador de Cauca

Todos hemos sido responsables, Gobierno, sector privado, sector social y las iglesias. Toda la sociedad colombiana tiene culpa y tenemos que comprometernos a rodrigo resolverlo.

Guerrero Alcalde de Cali

El mayor aporte que podemos hacer los gobernantes a la reconciliación es ponerla como el principal tema en nuestra agenda.

Menos del 10 por ciento de los homicidios son en el sector rural. No nos hemos dado cuenta de que el conflicto ahora está en las ciudades: prostitución, microtráfico, trabajo infantil y delitos menores son las nuevas modalidades.


reconciliAción

Las empresas tenemos que entender que las víctimas no tienen la formación para trabajar y, por ende, debemos diseñar mecanismos para hacerlas competentes.

Las entidades públicas deben operar con un enfoque reconciliador, por más ajena al tema que se crea que es la intervención.

encuentros

Luis Enrique Amado Director de la Pastoral Social SurOriente

David Bojanini Presidente del Grupo Sura

Sandra Gutiérrez

La tenencia de la tierra es un problema que hay que abordar ya, sin mezquindad y con objetividad.

Todos tenemos que decir la verdad, no solo los actores armados sino el Estado, los ciudadanos y las empresas que operan en las zonas de conflicto.

Presidenta de Junta de Acción Comunal de la Vereda Mesetas (Meta)

Directora de la Fundación Comunidades Unidas de Puerto Boyacá

¿Por qué no mejoramos la capacitación de la mano de obra de víctimas y desmovilizados para que se conviertan en empleo calificado?.

Hemos escuchado el papel de las autoridades y el de las empresas, pero no el de la memoria. A quién vamos a perdonar si no nos han contado la verdad.

Stephanie Grajales

Ivonne Suárez Directora del Archivo de Memoria Oral de las Víctimas de la Universidad Industrial de Santander

Ana Certuche Coordinadora del proyecto de empleabilidad de Acopi Centro Occidente


José Martínez Representante de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos del Meta

Juan Carlos Restrepo Vicepresidente de Asuntos Públicos del Cerrejón

“ Deisy Perea Representante de las víctimas de Norte de Santander para la Mesa Nacional de Víctimas

La reconciliación es un desafío urgente de la realidad nacional y el sector privado debe ser uno de los arquitectos de la paz.

Para que el proceso de reconciliación sea exitoso hay que reconstruir confianza, tener presencia continua en el territorio y apuntarle a la sostenibilidad.

A los personeros les falta preparación e, incluso, vulneran los derechos de las víctimas. Debe hacerse un seguimiento a la manera como atienden a las víctimas.

La paz no se alcanza con la firma de un documento. Es igual a un matrimonio, no es la ceremonia sino los siguientes 30 años.

Los representantes del Estado tienen responsabilidad en muchos hechos violentos y por eso deben reconocer que en algunos casos han jugado del lado de los victimarios.

Hernán Hernández Director regional de Acopi Regional Centro Occidente

Luis Samper

Gerente de Comunicaciones y Asuntos Públicos de la Federación Nacional de Cafeteros

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reconciliAción

encuentros

sEgUndo tiEmpo Un premio a los gobernantes, un fondo para las iniciativas y un reconocimiento a las empresas hacen parte de lo que viene en Reconciliación Colombia.

E

El

proyecto que por primera vez logró reunir a los diferentes sectores y regiones del país para hablar exclusivamente de reconciliación, apenas comienza. Las 508 experiencias de reconciliación, memoria histórica, reintegración, confianza y perdón recopiladas durante nueve meses de trabajo, y los cinco encuentros en los que participaron empresarios, autoridades, académicos, representantes de la Iglesia y demás miembros de la sociedad civil, son la primera fase de una iniciativa destinada a perdurar en el tiempo. Durante el último encuentro de Reconciliación Colombia, realizado en Bogotá el 15 de mayo, se anunciaron las líneas de trabajo en las que se focalizará esta iniciativa en su segunda fase y tres herramientas con que continuará su cruzada por impulsar acciones concre-

tas hacia la reconciliación. Las acciones estarán enfocadas en trabajar con las nuevas generaciones y el sector empresarial, grupos cruciales para hablar de un mejor futuro. La primera herramienta es un incentivo al compromiso de las autoridades locales. Colombia Líder, la organización que cada año premia a los dirigentes más destacados del país, entregará a partir de abril de 2015 un reconocimiento a los mandatarios locales o departamentales que gestionen o apoyen procesos de reconciliación en sus territorios. Los participantes podrán inscribirse en las páginas web de Reconciliación Colombia (www.reconciliacionco-

de gestión integral, replicación, articulación, sostenibilidad, participación e inclusión social. La convocatoria, abierta el pasado 15 de mayo, culminará este 30 de agosto. Luego vendrá la fase de evaluación y selección, del primero de octubre al 5 de diciembre. Cinco días después los nombres de los dirigentes preseleccionados serán dados a conocer y el 25 de febrero del próximo año, luego de una segunda fase de evaluación, se anunciarán los finalistas. En marzo de 2015 Colombia conocerá a los gobernantes más activos en materia de reconciliación. La segunda herramienta está dirigida a apoyar algunas

La siguiente fase nutrirá el terreno trabajado con incentivos para todos los sectores lombia.com) y Colombia Líder ( www.colombialider.org). Los postulados serán evaluados a partir de sus resultados en materia de retorno, memoria y educación para la reconciliación, así como de los criterios

de las iniciativas halladas por el proyecto en estos nueve meses y las que aún quedan por descubrir, que han demostrado tener impacto y poder transformador. Para ello se creó un fondo especial con la asesoría

de BSD Consulting con el objetivo de fortalecer o replicar iniciativas que construyan capacidades, comportamientos y tejido social para la reconciliación, y que generen oportunidades económicas y bienestar a poblaciones que de alguna manera se han visto afectadas por la violencia y han roto sus lazos de confianza. Como dice Felipe Arango, socio de BSD Consulting, dos vehículos materializarán el apoyo. El primero es un fondo de construcción de capacidades, destinados específicamente a los temas de memoria, desminado, formación para el trabajo y derechos de las comunidades étnicas. Vinculará a las organizaciones, comunidades, y empresas que ya están trabajando por la reconciliación


foto: MAURICIo oLAYA

InIcIatIvas de

cualquier región del país podrán postularse al fondo de apoyo. para que articulen esfuerzos entre sí. El segundo vehículo es propiamente de inversión, con la cual se respaldarán proyectos que ofrezcan soluciones sostenibles a población desplazada, y generen oportunidades de emprendimiento y de sustitución de cultivos ilícitos, entre otros, a diferentes grupos poblacionales. El tercer eje o herramienta buscará destacar las iniciativas empresariales. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), aliado de Reconciliación Colombia, entregará un reconocimiento a los proyectos de empresas que contribuyen a la reconciliación a través de prácticas éticas y responsables. El galardón Reconocimiento a las Empresas por la

Paz y la Reconciliación, está basado en principios internacionales vigentes creados por Naciones Unidas como Pacto Global y Business for Peace con énfasis en indicadores y mediciones que aplican puntualmente a la coyuntura de Colombia, para motivar al sector privado colombiano a comprometerse con los territorios y poblaciones afectados por el conflicto armado. Los programas empresariales que se reconocerán, ya sean de locales, regionales o nacionales, deben ir dirigidos a víctimas, desmovilizados, comunidades receptoras de población desplazada y población excombatiente, niños, niñas y jóvenes desvinculados de grupos ilegales. Así mismo, se premiarán trabajos

en las áreas de desarrollo territorial sostenible, derechos e identidad de los grupos étnicos, desarrollo económico incluyente, desarrollo alternativo y sustitución de cultivos ilícitos, soluciones sostenibles para población desplazada, promoción y protección de los derechos humanos, derechos de las víctimas, promoción de una cultura de paz y reconciliación, prevención y transformación de conflictos, e igualdad de género y derechos de las mujeres. Los interesados podrán presentar sus postulaciones al Pnud a partir de junio de este año y el proceso de evaluación estará a cargo de reconocidos líderes sociales (nacionales y extranjeros), agencias y programas de Na-

ciones Unidas, entidades del gobierno nacional, invitados internacionales y aliados de Reconciliación Colombia. El veredicto se hará público en mayo de 2015, dos meses después de que Colombia Líder premie al mandatario local o regional más comprometido con la reconciliación. El camino está trazado. Las iniciativas encontradas durante los últimos nueve meses y la socialización del tema en las regiones mediante diálogos respetuosos e incluyentes, le abrieron la puerta a la reconciliación. La segunda fase del proyecto está a punto de empezar y nutrirá el terreno trabajado con incentivos para todos los sectores: empresa, autoridades y sociedad civil.

81


foto: cĂŠsar david martĂ­nez


antioquia y gran tolima

TiERRA A lA visTA Antioquia, Choc贸, Tolima, Huila, Caquet谩 y Putumayo conformaron el primer grupo que analiz贸 Reconciliaci贸n Colombia. Estas son experiencias que sirven de faro.


reconciliAción

antioquia

foto: hernán vanegas / el colombiano

REconciliación y REgREso

la Población de Granada

(oriente antioqueño) fue víctima de desplazamiento durante la década de 2000. Ya han regresado aproximadamente 10 mil personas.

El oriente antioqueño es un ejemplo de confianza, pero aún hay zozobra por regiones como Urabá.

B

Pascual Gaviria *

Buena

parte de eso que llamamos reconciliación es entre nosotros un viaje de retorno, un trasteo sin los afanes que impone el *Escritor y periodista

desplazamiento, un regreso al pasado con esperanza. Hace poco una investigación realizada por la universidad Eafit y la Gobernación de Antioquia dejó claro que los paisas siguen siendo andariegos: el 50 por ciento de los antioqueños viven en un municipio distinto al de su nacimiento. No todo ha sido violencia, la búsqueda de oportunidades es la principal causa de los recorridos. Pero en las zonas más duras, Urabá, Bajo Cauca, orien-

te, el 10 por ciento de la gente dice haberse movido para salvar su vida. Las posibilidades de regreso de quienes fueron sacados a la fuerza señalarán buena parte de nuestros éxitos y fracasos frente a los estragos de la guerra. El municipio de San Carlos, en el oriente de Antioquia, podría servir de ejemplo de confianza frente a un Estado que comienza a mostrar herramientas legítimas para proteger a quienes no tienen armas. Allí han regresado cerca de 12.000 personas

de las 20.000 que salieron en la última década. Hoy no se trata de una reconciliación entre enemigos pegados a la bandera de un partido, como ocurrió durante la violencia política. Tal vez lo más importante hoy sea que se logre confianza en la autoridad del Estado: que se pueda presentar una denuncia, ir a una instancia de conciliación, que se obtenga el reconocimiento legal como propietario, que se consiga una reparación luego del sometimiento a la guerrilla o a los paramilita-


HecHos victimizantes Datos de 1985 hasta marzo de 2014. Antioquia

Chocó

Actos terroristas 4.748

1.841

Desapariciones forzadas 12.455

siquiera se controla el dinero oficial estamos lejos de posibilidades de crear un árbitro imparcial para resolver los conflictos sociales. Cerca de 1.300 reclamaciones de tierra se han radicado en el Bajo Cauca donde todavía la llegada de los topógrafos es una ilusión lejana. Urabá y el norte de Antioquia tienen grandes retos y grandes obras. La presencia creciente de la Universidad de Antioquia en Apartadó y el puerto que se construirá en Turbo, los parques educativos en Chigorodó y Vigía del Fuerte. Todo eso sumado a las Autopistas de la Prosperidad que buscarán que al fin se piense en Urabá como algo

arrogancia, el cuidado de una gran empresa que debe hablar cara a cara con los ciudadanos de la región, y enfrentar, con todo su poder y con el respaldo del Estado, a quienes creen que las armas seguirán imponiendo las decisiones públicas. El Plan Integral de EPM en la zona habla de inversiones por 185.000 millones de pesos adicionales a las obras que requiere la represa en 12 municipios. Será un reto para demostrar que detrás de un dique puede llegar la inversión social. En este caso reconciliación significa confianza. También en Medellín habrá algunos retos para construir las historias ciertas, para ligar sus tragedias a un campo

Un 25 por ciento de las sentencias de restitución de tierras firmadas pertenecen al oriente antioqueño distinto a un confín remoto al que se llega en avioneta. En el norte, Hidroituango supone riesgos y oportunidades. La llegada de una empresa como EPM a territorios olvidados durante años tiene que asegurar las inversiones sin

que se desconoce con mucha facilidad. Reconciliarse también significa una capital más cercana y más interesada en la suerte del departamento, que Medellín no sea un simple escampadero sino una opción para ir y volver.

724

Desplazamientos 703.888

180.289

Homicidios 143.721

5.489

85

Heridos o fallecidos por minas antipersona 2.154

73

Secuestros 5.474

638

Torturas 771

53

Reclutamientos forzados de niños y adolescentes 290

117

Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

Foto: aFp

res mientras el Estado omitía sus deberes, o actuaba como cómplice. En San Carlos hay algunas señales alentadoras. Desde hace unos años se logró el desminado completo del municipio, y la gente pudo salir de una especie de confinamiento en el casco urbano. De otro lado, más de 100 sentencias de los jueces de restitución han resuelto despojos sucedidos ahí. Un 25 por ciento de las sentencias que se han firmado en todo el país tienen que ver con casos en los 700 kilómetros cuadrados del municipio. No solo el gobierno central, también el de Medellín y un buen número de organizaciones privadas han apoyado esta experiencia. Impedir el control de los grupos armados, amparar con la autoridad de los jueces, ayudar y planear con las entidades sociales ha sido la fórmula para lograr avances en esta zona. Tal vez valga la pena mirar los problemas en otras regiones con la cartilla que entregan los procesos en oriente. El Bajo Cauca vivió una guerra similar y hoy se ve más la consolidación de un poder ilegal que la presencia fuerte del Estado. Luego de los acuerdos con las AUC creció la violencia y el despojo. Las instituciones no lograron llenar el vacío dejado por el terror de Cuco Vanoy y Macaco. La reducción de la coca obedece más al giro hacia la minería ilegal que al control estatal. No hay duda que en regiones con menos arraigo, que han vivido bajo la trashumancia del oro y la coca, las cosas serán más complicadas. Un primer reto es tener al menos el control de la plata que entra por regalías y lograr ir creciendo en legalidad. Si ni


reconciliAción

Cn a OtNi o F Iq Au Ni Z aA

Sí Se puede ISA

Casa de paz

en Antioquia y Chocó se registraron estos 67 proyectos en pro de la reconciliación y la paz.

Grupo Éxito Guardagolfo

Golombiao

Sodexo BanCO2

Asociación de Mujeres Cabeza de Familia el Paraíso

Escuela Red Galán

de pobladores

Pasos y Abrazos

Unión Europea

Entornos campesinos de paz

Manpower Group

Población de San Francisco

Alianza Medellín-San Carlos

Nuevos Esfuerzos

Alcaldía de Amalfi

Conciudadanía

ANTIOQUIA

Mujeres que crean Fundación Mi Sangre

Ciudad Don Bosco Alcaldía de Medellín

Madres de la Candelaria

Desplazados de Antioquia

Prodepaz Antioquia Bancolombia Corporación Región Asociación Provincial de Víctimas (Aproviaci)

Asociación de Bananeros de Colombia (Augura)

Escuela Nacional Sindical Salón del Nunca Más

Gobernación de Antioquia

Precooperativa de reciclaje Gesta

Museo Casa de la Memoria Encuentros vinculantes

Asociación de Víctimas de Chigorodó (Asovichi)

Confraternidad Carcelaria de Colombia Corporación Vida, Justicia y Paz Comité Privado de Asistencia a la Niñez (PAN). Asociación de Víctimas de Minas de Antioquia

Fundación Diocesana Compartir Asociación de la Corporación Colombia Internacional

Corporación Regional Rionegro Nare


Personería de Quibdó Fedeafro Agenda interétnica regional de paz

foto: carlos pineda

Consejo comunitario de Curvaradó Iniciativa de Mujeres para la Paz Corporación

Asociación 2 de Mayo (Adom)

CHOCÓ

Cinep

Memorias del Atrato 38 Fundación Mujer y Vida Fundación Nutresa Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) y Fundación para el Desarrollo

Talento Chocoano Diócesis de Quibdó

Asociación Campesina Integral del Atrato Cocomacia

Asociación de Afrocolombianos Desplazados Mujeres riosucreñas - Macoripaz

Banco de Corporación el Puerto de la Mujer Desplazada mi Tierra Fundación Panamericana para el Desarrollo

* Más información sobre cada iniciativa en www.reconciliacioncolombia.com


reconciliAción Para llegar a

fotos: federico rìos

La Puria se deben cruzar varios puentes colgantes que bordean el cañón del río Grande.


rEtorno A lA pUriA Una veintena de familias emberá katío regresaron a sus tierras en las montañas del oriente del Chocó. El destierro quedó en el pasado.

M Milba Arce

no está segura de su edad. Sus amigas le calculan unos 50 años. De lo que sí está segura es que no quiere vivir otra vez en una urbe; mucho menos si vuelve a ser víctima del desplazamiento forzado. A mediados de 2011, junto con una veintena de familias, ella con su marido y sus hijos debieron huir del resguardo La Puria a Medellín. Los primeros días durmieron entre cartones y harapos debajo de los puentes. Luego, en una habitación de hostal de Niquitao, zona de tráfico de drogas y prostitución a la luz del día. Para ganar dinero, las mujeres que sabían ¿en dónde?

La Puria, Chocó.

se dedicaron a tejer manillas, aretes y collares de chaquiras; las que no, mendigaban de esquina en esquina. Sus esposos, entre tanto, eran vendedores ambulantes de refrescos congelados. En poco tiempo, fue habitual ver mamás indígenas con sus hijos de la mano o con sus bebés atados a la espalda pidiendo monedas en semáforos de sectores exclusivos. Con el paso de las horas en la calle, los hijos se fueron enfermando y la gente de la ciudad se fue cansando de darles monedas. Entre el hambre y la enfermedad, apareció el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para llevarse a los niños. Así que, avisadas, siempre que veían un vehículo o una persona con los distintivos del instituto las mamás

arrancaban a correr con sus hijos entre brazos. En una de esas, Milba saltó a la avenida sin fijarse en el tráfico y una moto la arrolló. Abrió los ojos en una cama de hospital. La Puria hace parte del Carmen del Atrato, municipio chocoano a cinco horas de Medellín. Para llegar a la casa de estos emberá katío hay que tomar la vía hacia Quibdó y en el sector de El Once –a dos horas del Carmen– continuar a pie o a lomo de mula durante tres horas por un sendero de desfiladeros y puentes colgantes que bordean la margen derecha del cañón del río Grande. En los años ochenta, esas montañas fueron territorio del ELN. Más tarde asomaron las Farc y una disidencia del ELN

llamada Ejército Revolucionario Guevarista (ERG). Apenas iniciada la década de 2000, a la violencia guerrillera se sumó la de los paramilitares y los operativos del Ejército. Luis Eduardo Arce, fiscal de La Puria, recuerda que en ese año empezaron los primeros desplazamientos forzados. “Hubo amenazas y torturas. Algunos compañeros huyeron hacia tierras cercanas a Quibdó. Ya en 2002, los paramilitares mataron a uno de nosotros, Leonel Arce”. A finales de esa década, las Farc minaron zonas que patrullaba el Ejército, entre ellas casi Las mujeres son

las encargadas de dirigir la Guardia Indígena de la comunidad.

89


todas las tierras sembradas del resguardo. Los indígenas no pudieron volver a los cultivos y perdieron las cosechas y las semillas. Al cabo de los días, un soldado cayó muerto en una mina antipersona. “Ahí decidimos irnos para Medellín –dice Luis Eduardo Arce–. Estábamos aguantando hambre y teníamos terror a los operativos militares luego de la muerte del soldado”. En 2010, al menos un tercio de las 100 familias emberá katío de La Puria eran víctimas de desplazamiento forzado. A mediados de 2011, ese tercio pasó a ser más de la mitad, tras la salida de la veintena de familias entre las que se contaba la de Milba Arce. “Nos desplazamos –explica Alfonso Querágama, representante de la organización Asokatío– porque una noche llegó la guerrilla pidiendo que les pasáramos información de los movimientos del Ejército. Les dijimos que no. Entonces, amenazaron de muerte a siete líderes comunitarios para que nos fuéramos y poder ellos controlar a la comunidad”. “Entre 2009 y 2011, la ciudad recibió un promedio anual de 21.000 desplazados”, dice Luz Patricia Correa, directora de la Unidad Municipal de Atención y Reparación a víctimas del conflicto armado, de la Alcaldía de Me-

e n t r e v i s ta

foto: federico rìos

reconciliAción

Los indígenas del resguardo aseguran que en la ciudad se sufre mucho y se extraña la casa.

y techo, pues la estrategia debía tener en cuenta el retorno a su lugar de procedencia. “Y no se trataba de llevarlos al resguardo y olvidarse de ellos”, agrega Julia Marín Bedoya, antropóloga y funcionaria de la Unidad, pues se debía garantizar que las condiciones de vida en su lugar de procedencia fueran mejores que las que tenían en el momento del desplazamiento. Cuando la mayoría de las familias de La Puria amontonadas en los hostales de Niquitao pidieron retornar, la Alcaldía de Medellín puso manos a la obra: realizaron talleres con la comunidad desplazada y con sus amigos y familiares que no habían salido del resguardo; y sostuvieron encuentros y

Entre 2009 y 2011 Medellín recibió un promedio anual de 21.000 desplazados dellín. “La magnitud del problema nos obligó a crear una política pública que además de atender a los desplazados los reparara y les ayudara a restablecer sus derechos”. A ojos de Correa no bastaba ayudarles con mercados

llegaron a acuerdos con las autoridades del Chocó. Al tiempo y con la invitación a la guardia indígena del resguardo, gestionaron el concepto de seguridad –por ley, obligatorio para un retorno– con los altos mandos de

la Brigada XV del Ejército. A partir de marzo de 2013, los indígenas emprendieron su camino de regreso. “Este caso ha sido el más representativo de los apoyados por la Unidad –explica Marín Bedoya–. Esta comunidad no le creía al Estado y nos tocó empezar por ganarnos su confianza. El territorio de procedencia era en otro departamento, con la dificultad

adicional de llegar hasta él y exigía invertir recursos fuera de Medellín”. A Milba le quedó un dolor en el antebrazo luego del accidente, pero vive tranquila al saber que sus días en Medellín son parte del pasado. “Los paisas no nos trataban mal, pero en la ciudad se sufría mucho, uno extrañaba la casa. En cambio acá en el resguardo no se necesita plata para comer”.

El caso de San Carlos A comienzos de la década de 2000 la población de San Carlos (Antioquia) disminuyó de 23.600 a 7.000 habitantes por la acción violenta de paramilitares y guerrilleros. Sin embargo, en 2008 la situación mejoró y las personas comenzaron a regresar. En 2009, cerca de 300 familias buscaban asentarse nuevamente en el pueblo, lo que obligó a la Alcaldía a declarar la emergencia social. La Alianza Medellín-San Carlos fue clave para que el retorno no se saliera de las manos. Lideradas por la Alcaldía de la capital antioqueña, 34 instituciones unieron esfuerzos para apoyar al municipio. Las autoridades locales crearon un ejercicio de presupuesto participativo en el cual la población incide en la destinación de los recursos, mientras que el Ejército garantiza la seguridad. Hoy, se calcula que a San Carlos han retornado cerca de 12.150 habitantes.


reconciliAción

Nada de perdón y olvido

S

oPinión

Jennifer Mccoy Directora del Programa de las Américas del Centro Carter

La reconciliación es sostenible si se hace justicia y se reconocen verdaderamente los derechos de las víctimas.

e cumplen

50 años de la creación de las Farc, es decir medio siglo de conflicto armado continuo en Colombia. Los niños nacidos este año podrían ser los primeros colombianos vivos que no conocerían la guerra del país. Es posible lograrlo, pero requiere trabajo duro. Una paz sostenible es un proceso complejo que requiere impulsos contradictorios. La fórmula simple de ‘perdón y olvido’, que puso fin a muchas de las guerras civiles del siglo XX, y que facilitó las transiciones de regímenes autoritarios con amnistías generales para todos los bandos, ya no es viable por varias razones. Primero porque el mundo ha cambiado, y los tratados internacionales ahora exigen que se haga justicia por los delitos más graves. La Corte Penal Internacional tiene la obligación de intervenir para ayudar a las cortes nacionales que no tienen la capacidad de responsabilizar a los máximos violadores, o que no están dispuestas a hacerlo. Y una segunda razón es que simplemente el ‘perdón y olvido’ es a menudo insostenible, pues puede desconocer los traumas de las víctimas, dejar vivos viejos rencores e invitar a intentos posteriores de alcanzar la justicia o, incluso, la venganza. Los chilenos aprendieron esto cuando dos décadas después del fin de la dictadura militar, siguen presentes la necesidad de verdad y rendición de cuentas. La paz de Irlanda del Norte sigue siendo frágil incluso después de 16 años. En el siglo XXI se reconoce más la necesidad de abordar los derechos de las víctimas y de lograr la justicia integral. El primer paso es conocer la verdad sobre lo ocurrido con los seres queridos. Igual de importante es la curación que se puede obtener al tener la posibilidad de confrontar a los victimarios, contarles su versión de la historia, y escuchar del otro una disculpa o un reconocimiento de responsabilidad. Los sudafricanos crearon la

Comisión de la Verdad, donde las víctimas podían confrontar a sus victimarios. Los exyugoslavos, por su parte, están ensayando una Comisión Regional que pretende darles voz a croatas, bosnios, albanos y serbios para que cuenten su experiencia. Siempre habrá múltiples ‘verdades’ e interpretaciones del pasado. Un recordatorio de los orígenes históricos y la evolución del conflicto puede ayudar a que todos logren entender mejor al otro, y los roles que cada uno desempeñó. Lo más difícil será recuperar la confianza entre ciudadanos y la cohesión social. Crear confianza ciudadana de que los ex combatientes no regresarán a la violencia requiere una desmovilización verificada y una verdadera reintegración. De lo contario, podrían ser tentados a regresar al combate, como pasó con los recontras en Nicaragua o con los insurgentes angoleños. Una paz sostenible requiere también aceptar que ningún acuerdo negociado va a satisfacer a todos; que no hay justicia perfecta, y que habrá que vigilar y alimentar continuamente el proceso. Quizá la mejor manera de empezar a lograr la reconciliación y la sanación es crear oportunidades para encontrar la humanidad en cada persona. Como los experimentos de reunir a niños israelíes y palestinos en edad escolar para que pasen una o dos semanas juntos. Cuando las personas pueden concentrarse en lo que comparten como seres humanos, como ciudadanos de una misma nación y como vecinos, puede empezar a des-satanizar al otro e, incluso, a trabajar con él hacia metas comunes. Cosas sencillas, como partidos de fútbol o embellecer un parque local, pueden hacer eso. Puede que tome una o más generaciones reunir a una sociedad destrozada por la guerra, pero por los niños nacidos hoy habrá valido la pena el esfuerzo.

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reconciliAción

gran tolima

Las experiencias de perdón son lecciones para el posconflicto. Este es el desafío en Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo. Óscar Prieto*

L

La

reconciliación es mucho más que el perdón entre víctimas y victimarios. Es la dignificación de toda una sociedad degradada por décadas de confrontación armada e intereses político-económicos que han alejado la paz y el bienestar general. La Región Gran Tolima es uno de los espacios geográficos que sirvió de refugio a las víctimas de anteriores momentos históricos de violencia. En medio de sus montañas también se gestó el conflicto armado interno, que hoy, 50 años después, continúa sumiendo al país en una guerra fratricida que

*Coordinador técnico de Proyectos de la Corporación Caguán Vive

deja hasta el momento más de 6 millones de víctimas. El conflicto sigue vigente en Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo y en los dos últimos años en esas zonas se han registrado 68.084 víctimas. Lo que sucede en Caquetá y Putumayo, con 23.123 y 15.687 víctimas, respectivamente, muestra una grave crisis humanitaria si se tiene en cuenta que esos departamentos no superan los 500.000 habitantes, y que son los territorios con mayor confrontación armada. Además, los proyectos de explotación minero-energética (de hidrocarburos en el piedemonte amazónico en Caquetá y Putumayo, la construcción de hidroeléctricas en el cauce del río Magdalena y los intentos de explotación aurífera en el sur del Tolima), ponen en riesgo la permanencia de comunidades indígenas y campesinas en el territorio. Algunos proyectos no tienen en cuenta los procesos de consulta

foto: christophe chat-verre

una PruEba dE CorajE


y de respeto por la relación ancestral de estas comunidades con su tierra, a la hora de la asignación de bloques y licencias para la explotación. Es en este contexto en el cual los esfuerzos territoriales de organizaciones de la sociedad civil, los proyectos de algunas instituciones como personerías y alcaldías locales y los programas de desarrollo y paz, articuladas por instituciones del Estado, comunidades y empresa privada, resultan importantes experiencias de cómo en la reconciliación también es clave mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, especialmente de las víctimas, y de cómo el perdón, como herramienta cotidiana de construcción de paz desde la base, se convierte en esperanza para seguir adelante. Historias como la de César Montealegre, víctima de las Farc en el Caquetá, son un ejemplo de confianza y perdón. Una vez recuperó la libertad fue revictimizado por instituciones del Estado al ser sancionado por no haber atendido obligaciones tributarias. Y aunque esta situación lo marcó, todo lo superó al recuperar su familia y su trabajo, proceso en el que

HecHos victimizantes Datos de 1985 hasta marzo de 2014. Tolima

Caquetá

Huila

Reclutamientos forzados de niños y adolescentes 181

168

256

74

Secuestros

847

1.043

701

469

Desplazamientos 228.268

242.530

185.359

97.043

Homicidios

17.976

21.417

las que víctimas y victimarios de manera obligada se ven relacionadas en la necesidad de subsistir. Hay tareas fundamentales en esa preparación para que los esfuerzos de paz y reconciliación no choquen

El fortalecimiento de la sociedad civil es uno de los ejes para la consolidación de un proyecto regional encontró a Lucho, desmovilizado del mismo frente guerrillero que lo secuestró y hoy es su empleado de confianza. En la cotidianidad es donde se reconstruye el tejido social y regiones tan afectadas por el conflicto, en

Putumayo

con una realidad de pobreza e inequidad. El desarrollo rural, la estabilización socioeconómica de las víctimas y el fortalecimiento de la participación de la sociedad civil son un compromiso de toda la sociedad, y los ejes funda-

18.498

14.026

mentales para la consolidación de un proyecto regional. La institucionalidad regional ya tiene claro que el desarrollo del campo y la productividad agropecuaria es un factor fundamental para garantizar las condiciones necesarias para que la reconciliación sea duradera y conduzca a la paz. Sin embargo, los esfuerzos que se vienen haciendo donde el presupuesto del orden nacional se focaliza en la atención y no en la estabilización socio-económica de las víctimas, y no son suficientes para garantizar los derechos a la justica, verdad, reparación integral y sobre todo a la no repetición.

Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

En El Gran Tolima

la permanencia de culturas indígenas como la kamëntsá está amenazada por la explotación minero-energética.

93


reconciliAción

gran tolima

PoCo A PoCo

CAQUETá

A pesar de que Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo aún sufren el conflicto armado, hay 35 iniciativas que desde ya le apuntan a la reconciliación.

Fundación

para la

Reconciliación Mild Coffee

Company

Corporación Corproem Plataforma Sur

Muestra fotográfica de víctimas

Escuela Galán

Condimentos Putumayo.

Asociación de Mujeres

( Asmun )

Asociación de Productores Agropecuarios Loro Uno. Empresarios Agrícolas por la paz. Escuela de liderazgo juvenil

Productos Putumayo

Unidad de Consolidación

Grupo de teatro

Tierra Fértil

Ecopetrol

PUTUMAYo

Escuela

Galán


HUILA

Caguán Vive Gobernación

de Caquetá

Nestlé

Fundacaquetá Spai Sons Colombia

Escuela

Infantil

Centro de Memoria

Escuela Galán Fundación Carvajal

TOLIMA

Audiovisual

Mesa de transparencia

Asociación de Mujeres (Asmur)

Corporación Corproem. Gobernación de Tolima

Semillas de paz.

Tolipaz Universidad del Tolima

festival del perdón, putuMayo.

foto: CHRIStoPHE CHAt-VERRE

Mesa por la paz del Tolima

Alcaldía de Ataco

Constructora

Félix

García

* Más información sobre cada iniciativa en www.reconciliacioncolombia.com

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reconciliAción

CO g ra NnF I A to N lZ iAm a

La mieL de Las Hermosas La gente del Cañón de Las Hermosas lleva 50 años en conflicto. Hoy se resiste y desarrolla un trabajo organizativo que la protege del fuego cruzado.

U ¿en dónde?

Cañón de Las Hermosas, Tolima

Uno. La carretera

que penetra el Cañón de Las Hermosas es una vía de tierra y piedra que a la distancia parece una muesca en la cordillera Central. Por tramos se asemeja a un camino veredal apenas justo para un vehículo; en otros, la bancada ensancha los centímetros mínimos para que dos jeeps que se encuentran de frente alternen el paso arrimando las llantas al borde de una caída de más de 100 metros de profundidad hasta tocar fondo en el río Amoyá. Desde los primeros kilómetros se ven casas de campesinos hasta en los filos más escarpados. Sus parcelas revelan la cuadrícula del suelo cultivado: cafetales, platanales, cítricos, tomateras, arados de arracacha, yuca, maíz y, hace unos pocos años, colmenas de abejas. Puestos en marcha por grupos de mujeres asociadas, los cultivos apícolas se han convertido en un espacio de trabajo y encuentro femenino. Alcira Fajardo Caicedo tiene 56 años y desde su infancia ha habitado el corregimiento de Las Hermosas. Madre de hijos ya adultos, quedó viuda a finales de los noventa. Campesina experta en caficultura y esmerada ama de casa, desde 2006 se sumó a la Asociación de Mujeres de Las Hermosas (Asmur) con la ilusión de ocupar su tiempo libre. “Todas hemos sido dependientes de los maridos –explica–. Nos organizamos en una asociación para presentar proyectos que nos dieran la oportunidad de hacer algo distinto a los oficios domésticos y ganar algo de plata”. Asmur integra 14 mujeres de la vereda Rionegro, paraje a dos horas de la entrada del cañón. Abundante en flores ornamentales, recibe pleno el sol de la mañana y lo ve ocultarse al final de la tarde con el perfil de la montaña de enfrente. Los terrenos en donde reposan las colmenas quedan unos diez metros camino abajo de la carretera. Hasta el momento, la mejor producción de Asmur ha sido de 52 botellas de miel luego de un ciclo de dos meses de espera con 60 colmenas. En la actualidad tiene 38 y las mujeres aho-


foto: federiCo ríos

rran para aumentar el cultivo y la variedad de productos: además de miel, pretenden producir polen, propóleo y jalea real. Junto a Asmur otras tres asociaciones de mujeres en el corregimiento permanecen activas y sus nombres enuncian la vereda en la que viven sus integrantes: Asociación de Mujeres de El Cairo (Asomucar), Asociación de Mujeres Progresistas de San Jorge (Asomuprosj) y Asociación de Mujeres de El Escobal (Asmues). Existe otra de carácter mixto llamada Asociación de Productores de Fruta (Aprofrus), en la vereda Aguabonita. La de San Jorge ha desarrollado, también, un proyecto de gallinas ponedoras y otro de ganado de leche semiestabulado –vacas alimentadas dentro de un establo, no al pasto libre–. Leonor Sánchez, una de sus integrantes, explica: “Con esta manera de producir leche quisimos mostrarle a la comunidad que en espacios pequeños también podemos tener ganado. Y con las gallinas ponedoras innovamos en la forma de vender los huevos: va-

varios proyectos frustrados y algunas de nosotras se fueron, y a las que se quedaron, que también querían irse, yo les decía que esperáramos un poco, que fuéramos persistentes. Hasta que al fin”. Ninguna de estas mujeres ha sido víctima directa del conflicto armado, pero todas lo conocen bien. En 2008 y 2009, temporada en la que recrudecieron los enfrentamientos entre las Farc y el Ejército Nacional, numerosos campesinos optaron por salir de sus parcelas mientras cesaba el fuego. No así las mujeres de estas asociaciones: “No nos desplazamos –dice Alcira–, nos quedamos para no abandonar nuestras cosas ni las abejas. Y nos acostumbramos a vivir con los bombardeos de la Fuerza Aérea”.

Dos.

El Cañón de Las Hermosas es uno de los territorios más representativos del conflicto armado colombiano. Es un accidente geográfico de la cordillera Central, entre los municipios de Chaparral y Roncesvalles al sur del Tolima y los municipios de Pradera y

“Nos organizamos para tener la oportunidad de hacer algo distinto a los oficios domésticos”

Pie de foto

stius essita impoent AlcirA fAjArdo ussedes Caicedo conononsid en su overolstius de essita impoent ussedes trabajo con el conononsi humero a punto.

mos tomando el pedido de casa en casa y lo entregamos igualmente de puerta en puerta. Eso no se había visto por acá y nos ha dado los mejores resultados”. Si bien no todas las asociaciones han cualificado sus mecanismos de comercialización y les ha tocado vender a precios bajos, todas las mujeres están contentas con estos emprendimientos. Para Alcira fue su sueño cumplido: “Durante mucho tiempo tuvimos

Florida del centro oriente del Valle del Cauca. Desde los años sesenta le ha servido a la guerrilla como zona segura. Por sus caminos agrestes, intricados saltos de montaña y bosques de páramo, a la fuerza pública le ha costado más hombres, más armamento y mejor estrategia poder penetrarlo. Desde el final de los diálogos de paz en San Vicente del Caguán, en 2002, fue refugio de alias Al-

97


ZA CC OO NN F IFAI A NN ZA

fotos: federico ríos

rr ee cc oo nn cc i li ilAi A cc i ói ó nn

fonso Cano, uno de los máximos comandantes de las Farc –a quien un comando especial del Ejército dio de baja en Cauca en 2011–. La guerrilla tuvo tanto control de este cañón que los movimientos paramilitares nunca lograron una presencia significativa allí. Dentro de la estrategia de la guerra, dominar el acceso y la salida de estas montañas permite moverse entre las zonas más pobladas del occidente y centro occidente del país y la cuenca alta del río Magdalena. “Acá llevábamos viviendo 50 años bajo una ley de la guerrilla –dice David López, exgobernador del cabildo indígena de La Virginia–. Teníamos temporadas de guerra y otras de calma. Pero cuando en 2005 el Ejército se metió a combatir la guerrilla llegaron las complicaciones porque pensó que todo lo que caminaba era guerrillero”. Si bien en esos

años las Fuerzas Armadas desplegaron toda su artillería a lo largo y ancho del país, la entrada al Cañón de Las Hermosas coincidió con las primeras obras de la construcción de una hidroeléctrica de Isagén en el río Amoyá. “Cuando llegaron las tropas –añade Ulises Dueño, líder campesino–, los militares nos dijeron: ‘Venimos a protegerlos a ustedes’. Nos creían pendejos. Vinieron a proteger la hidroeléctrica, a cuidar la plata de los empresarios”. El Ejército construyó dos bases en cimas de montaña, organizó operativos de inteligencia y desplegó tropa desde el casco urbano del municipio de Chaparral hasta lo más profundo del cañón. Por la cantidad de soldados, las bases levantadas que despertaron el tráfico constante de helicópteros y el ametrallamiento desde el aire, organizaciones de derechos humanos calificaron

al Ejército como una ‘fuerza de ocupación’. En 2006 algunos líderes campesinos de los corregimientos El Limón y La Marina, colindantes con Las Hermosas, fueron asesinados y reportados como bajas en combate. Los campesinos reaccionaron con una moviliza-

Finalmente capturaron a diez personas y las vincularon a procesos penales. Al verse tan vulnerables, el resto de campesinos que fungían como líderes de procesos comunitarios se llenaron de miedo. “Eso fue entre 2008 y 2009 –explica Luz Mila Sánchez, actual corregidora de Las Hermosas–

“Cansados de estos abusos creamos la Mesa de la Transparencia” ción de habitantes de los tres corregimientos. “Marchamos para reclamar los atropellos que estábamos sufriendo –dice Elmer García Rodríguez, representante de Asohermosas, asociación que agrupa todos los colectivos del corregimiento–. Pero a los pocos días la fuerza pública comenzó a perseguir a líderes, comerciantes, veterinarios, dueños de droguerías, acusándolos de ser auxiliadores de la guerrilla”.

y esas detenciones bajaron el ánimo del trabajo organizativo. Aquí nadie quería asumir el liderazgo de los procesos que estaban en funcionamiento por miedo a que los señalaran de guerrilleros y les formularan orden de captura”. La estrategia del Ejército, sin embargo, que más melló el tejido comunitario fue la de restringir el paso de víveres y utensilios desde el casco urbano de Chaparral hasta el


urea y otros insumos agrícolas y muchos más. Cansados de todos esos abusos y como única herramienta para protegernos creamos la Mesa de la Transparencia”.

Tres. Cada una de las

SaltoS de

montaña en el Cañón de Las Hermosas.

corregimiento. “En un retén militar que hoy ya es permanente –dice Humberto Alirio Hernández, líder campesino– paraban cualquier vehículo y preguntaban para dónde iban. Si uno decía que para alguna de las veredas del cañón, lo hacían bajar, le preguntaban en un tono más hiriente, y le hacían explicar todo sobre la familia: cuántos miembros, a qué se dedican, cómo se llama la finca, qué cultivos tiene. Y si ellos querían, no le dejaban pasar nada del mercado que uno llevaba”. Los campesinos debían presentarse en el batallón con una lista de su grupo familiar y de sus trabajadores en caso de que los tuvieran, para que los militares aprobaran el paso de las provisiones. “De todos modos –agrega Luz Mila– había cosas que no dejaban pasar por nada del mundo: pilas, gasolina, varillas de hierro que uno necesitaba para la casa,

28 veredas del corregimiento de Las Hermosas tiene junta de acción comunal. En el cañón cohabitan cinco cabildos indígenas y, como se dijo ya, laboran cinco asociaciones productivas. Estas organizaciones están representadas en una fuerza comunitaria llamada Asohermosas. Cuando los campesinos sintieron que los operativos militares habían menoscabado su dignidad, la comunidad en pleno propuso crear un espacio de encuentro con representantes del gobierno para que los escucharan y les solucionaran lo que ellos consideraban “atropellos de la fuerza pública”. Llamaron a ese espacio Mesa de la Transparencia y los derechos humanos. Durante la movilización, entendieron que si los reclamos solo quedaban en la Alcaldía de Chaparral no iban a tener ningún efecto y que si querían cambios tenían que hablar con el alto gobierno. “Así que exigimos su presencia —dice Luz Mila— y logramos sentar en la mesa al gobernador del Tolima, al comandante de Policía del departamento, al comandante de la brigada, a un representante nacional y otro local de la Fiscalía, de la Procuraduría y de la Defensoría del Pueblo”. Al primer encuentro, a finales de 2007, solo asistieron los tres o cuatro voceros de la movilización y se vieron en franca desventaja: “Para campesinos sin estudio como

nosotros –explica Ulises Dueño– no era fácil sentarnos cara a cara con el comandante de la brigada o hablar con propiedad ante un funcionario muy estudiado de la Fiscalía”. Al segundo, la comunidad asistió con los presidentes de las juntas de cada vereda, con los representantes de las asociaciones, con los gobernadores indígenas y con los principales miembros de Asohermosas. “A partir de esa segunda reunión empezaron a cambiar las condiciones del corregimiento –agrega Ulises–. Éramos 80 personas, pero el día anterior habíamos escogido a tres o cuatro para que fueran quienes hablaran en la mesa. Ahí el gobierno vio el alto nivel organizativo que teníamos. Así nos hicimos sentir”. En la actualidad, la comunidad acepta que los operativos militares ya no son tan agobiantes. Algunos le dan el crédito a la Mesa; otros, incrédulos, expresan que la presión militar menguó lue-

go de la muerte de Alfonso Cano. Unos más aducen que mientras la hidroeléctrica esté en operación el Ejército seguirá actuando como una fuerza de ocupación. El hecho es que la comunidad del Cañón de Las Hermosas mantiene activos y optimistas los procesos organizativos: las 28 juntas de acción comunal sesionan con regularidad, las cinco asociaciones productivas siguen produciendo miel, los cabildos mantienen el control político de sus pueblos y Asohermosas lidera la elaboración de un plan de desarrollo para el corregimiento que va en la fase de diagnóstico. “Con todo este trabajo organizativo –concluye Luz Mila– queremos que el país sepa que el Cañón de Las Hermosas no solo es una zona del conflicto armado, que deje de pensar que somos gente peligrosa. Queremos que sepan que acá la gente trabaja y tiene proyectos de vida”. luz mila Sánchez,

corregidora, en un pasillo de su casa.

99


reconciliAción

reflexión

TriSTe pero cierTo La violencia no es exclusiva del conflicto armado. La intolerancia ha invadido diferentes espacios de la cotidianidad.

Sociedad intolerante Celebraciones de barrio que terminan en tragedia, conductores que golpean a otros porque los cerraron, peleas en el sistema de transporte público, ataques con ácido, o el reciente caso del joven que murió apuñalado cuando intentaba detener a un vecino ebrio que quería degollar a un perro, son muestras de lo generalizada que está la violencia y la intolerancia en las calles del país. La antropóloga María Victoria Uribe afirma que este tipo de actuaciones confirman que el país vive en una cultura de la violencia que los ciudadanos reproducen en su cotidianidad.

Apague y vámonos El contenido de la televisión nacional es un obstáculo más para la reconciliación. Los reality shows, las telenovelas y las famosas ‘narcoproducciones’ difunden mensajes agresivos. Según el crítico de televisión Ómar Rincón, la oferta televisiva colombiana reproduce y celebra lenguajes y lógicas violentas que conducen a la intolerancia. Para Rincón: la televisión nacional “celebra y ensalza a los narcos y sus modos de habla, sus éticas de lealtad, sus morales de diente con diente. Se ríe de los defectos físicos del otro, de las minorías culturales, de las sexualidades diferentes, y promueve, a su vez, a los políticos como protagonistas del matoneo y la ignominia”.

Juego sucio

fotos: archivo semana

A pesar de la implementación de medidas para promover la convivencia pacífica en escenarios deportivos, matar por una camiseta de un equipo de fútbol sigue siendo algo común entre los hinchas. Es habitual presenciar grescas entre fanáticos o diatribas entre dirigentes y periodistas deportivos. Andrés Weisner, director de la fundación Tiempo de Juego (dedicada a alejar de la violencia a niños y jóvenes de zonas vulnerables del país mediante el fútbol), señala: “Cuando los barristas dejen de ver al rival como un rival de guerra y encuentren que la pasión puede ser encaminada hacia sentimientos como la alegría, descubrirán la fuente reconciliadora que son”.


Sin palabraS Tres caricaturistas plasmaron en un dibujo su idea de reconciliaci贸n.

101


pa c í f i c o y c e n t r o

¿CoNfíAs? Cundinamarca, Boyacá, Bogotá, Valle del Cauca, Cauca y Nariño han vivido el conflicto de formas diferentes. Allí la fórmula tiene que ver con el perdón, el retorno y la confianza.


38

foto: cĂŠsar david martĂ­nez


reconciliAción

pa c í f i c o

guíaS para El SuroccidEntE Es esencial generar oportunidades y cubrir las necesidades básicas de la población vulnerable. Solo así es posible que la sociedad se transforme.

E

RobeRto PizaRRo*

La gente deL

Pacífico espera mayor celeridad en el cumplimiento de los compromisos.

foto: león darío Peláez

El

término

‘reconciliación’ viene del latino reconciliare, que significa ‘recuperar, reconciliar’, pero la verdad es que se requiere más que eso: compromiso, conciencia, ponerse en lugar del otro y, sobre todo, olvidar, dejar el pasado atrás y mirar todo lo que se puede hacer si se le apuesta a sanar las heridas. Se necesita voluntad para sacar adelante un tema que no es de unos sino de todos, y donde se logre un diálogo sincero entre las instancias: el gobierno, las Fuerzas Militares, el poder judicial, los empresarios, la academia, las organizaciones sociales, las víctimas, los victimarios y, en general, toda la sociedad, entendiendo que se busca el mismo objetivo: un país de oportunidades para todos. Así se puede generar una verdadera cultura de perdón, inclusión y desarrollo sostenible. Pero para ello es importante revisar con nuevas luces los avances de dicho proceso y cómo se encuentran cada uno *Presidente de la Fundación Carvajal

de los actores hoy en el suroccidente del país. Las cifras presentadas en el segundo encuentro realizado por Reconciliación Colombia, en el que dialogaron las zonas centro y pacífico, muestran la situación histórica y actual del conflicto que han vivido Cauca, Nariño y Valle. En dicha zona, las víctimas de los últimos 29 años ascienden fácilmente a 900.000. Los actos terroristas, homicidios y desplazamientos forzados tan recurrentes, dan fe de la crudeza de la violencia y la necesidad manifiesta de buscar soluciones reales ante la misma, y dinamizar el proceso de reconciliación, especialmente en los aspectos de reintegración, reparación, acciones de retorno y situaciones en las que prime la verdad y la voluntad real de reconciliación. Todo esto para generar más confianza y la decisión real de participación por parte de todos los involucrados. Las cifras también muestran que los procesos de reparación colectiva no van al ritmo necesario, pues las cifras de indemnización son bajas y los procesos de retorno inexistentes. Sin embargo, en la región se han presentado experiencias exitosas de reconciliación que aunque no son una muestra representativa cuantitativamente hablando, sí ratifican que hay


HecHos victimizantes Datos de 1985 hasta marzo de 2014. Nariño

Valle del Cauca

Cauca

Reclutamientos forzados de niños y adolescentes 193

78

229

Secuestros

Foto: juan manuel barrero

Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

1.463

posibilidades de lograrlo. Estas experiencias nacen generalmente de iniciativas regionales y locales, pero requieren el involucramiento inmediato y permanente del gobierno central, con todas sus instancias e infraestructura. En los procesos de desarrollo promovidos en comunidades vulnerables en zonas urbanas de Cali y Buenaventura y sectores rurales del Valle y Cauca se puede resaltar que la vulnerabilidad está representada en la falta de oportunidades en dimensiones básicas como educación, salud, vivienda, entre otros. Esto se da en la misma medida que en la vulneración de sus derechos, en la falta de reconocimiento y entendimiento de los enfoques étnicos, de género, derechos humanos y acción sin daño. La experiencia ha demostrado que con la im-

plementación de procesos permanentes de acompañamiento a las comunidades, se puede lograr un verdadero desarrollo sostenible y así mitigar las posibilidades de nuevos conflictos. Para un país que observa un proceso de posconflicto cercano, es importante tener

997

Desplazamientos 291.291

255.981

233.575

Homicidios 28.549

Vale la pena destacar cuatro ideas como los factores importantes para la reconciliación. La primera, es un verdadero compromiso de los representantes de los gobiernos regionales y locales para promover estos procesos. La segunda, el progresivo

en esta zona las víctimas en los últimos 29 años ascienden a 900.000 claridad sobre los factores que históricamente han sido la causa de los conflictos, con el fin de no repetirlos, siendo este uno de los componentes de la reconciliación: entender, perdonar, sanar y no volver a repetir. Cuando las condiciones de equidad están dadas para los actores, se podrá pretender llegar a una verdadera y sincera reconciliación.

1.194

involucramiento del sector empresarial y de las organizaciones sociales. Otra idea tiene que ver con la apertura de la sociedad para entender, participar y asimilar los procesos de reparación y reconciliación. Y por último, está una mayor celeridad en el cumplimiento de los compromisos que están en juego, y en los cuales hay atrasos por

43.072

35.441

105

procesos administrativos que atentan contra la confianza. Para alcanzar la reconciliación debe pensarse en procesos de desarrollo para las zonas rurales y urbanas de la región, en los que el Estado proporcione oportunidades reales para estas comunidades. Dichas personas y comunidades seguramente generarán transformaciones sociales de gran impacto y demostrarán que sí es posible logarlo, siempre y cuando existan voluntad, procesos ordenados, recursos y acompañamiento. De igual manera, estos resultados proporcionarán un mensaje positivo para todos los colombianos e invitan a involucrarse en un proceso que vale la pena continuar para construir una sociedad mejor. Un sinnúmero de experiencias de las zonas centro y suroccidente del país así lo confirman.


reconciliAción

pa c í f i c o

otro panorama En estos tres departamentos se identificaron 90 iniciativas de organizaciones sociales, entidades públicas y sector privado.

Vallenpaz

Ganchos y amarras

mundo maderas Comfenalco Valle

Centro Don Bosco

artesanías de Colombia

Comisión Intereclesial

de Justicia y paz Corporación de

Desarrollo productivo del Cuero

Fundación paz y Bien

Casas Francisco Esperanza

Federación nacional

de Cafeteros

Comunidad El arenillo

Fundación Carvajal

Smurfit Kappa Cartón de Colombia

Corporación Diocesana pro Comunidad Cristiana

Fundación Siembra Colombia Instituto de Estudios para el Desarrollo y la paz

nestlé Fundación FES Fundación alvaralice

Sociedad Salesiana Corpodiocesana Comité Departamental de Cafeteros

Cabildo nasa Cabildo Yanacona Foro nacional por Colombia arquidiócesis de Cali Sociedad de mejoras Defensoría del pueblo

Fundación para la orientación Familiar

Unidad de Víctimas DaGma aCr

Siderúrgica de occidente Fundación para la orientación familiar FUnoF

Celsia Unión Europea Fundación Fanalca

alianza a Ganar Fundación nueva Luz Fundación Deyanira páez organización Internacional para las migraciones

VaLLE * Más información sobre cada iniciativa en www.reconciliacioncolombia.com

bahía Málaga, valle del cauca.


Colegio Bischoff Fondo Mixto de Cultura de Nariño

Gobernación de Cauca

Comfenalco Valle

Casa de la Cultura de Tumaco

artesanías de Colombia Gobernación de Nariño

Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz

Reconpaz Consejo Comunitario alcaldía de Tumaco Fedepapa

alianza Café Nariño Café albanita

asociación para el Desarrollo Campesino Laguna de la Cocha

alcaldía de Pasto Ecopetrol unidad de Restitución de Tierras Nariño

unión Europea Organización Internacional para las Migraciones

armada Nacional

Plataforma Sur Muestra fotográfica de víctimas

Defensoría del Pueblo

Mesa de víctimas de Pasto Personería de Pasto

Empresas de

Nariño

Escuela Galán

NaRIÑO

Pastoral Social de Tumaco

Vallenpaz

alcaldía de Popayán Moralife asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca

Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Smurfit Kappa Cartón de Colombia Voces de nuestra tierra u. Cauca instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz

107

Fundación alvaralice Sociedad Salesiana

Foro Nacional por Colombia asociación de Cabildos Indígenas aCIN

Organización Internacional para las Migraciones

asociación de Mujeres

de Buenos aires Central unitaria de Trabajadores

unión Europea

Tomate en

Mondomó

Movice Popayán aCR

foto: santiago morales

Celsia

andi Cauca

CauCa


reconciliAción

CONFIANZA

RegReso a casa en el norte del cauca los indígenas nasa atienden a cerca de 40 excombatientes de grupos armados y víctimas del conflicto para que vuelvan con sus familias y ayuden a las autoridades de los cabildos.

José Navia**

M

Manuel*

logró llegar a la casa a eso de las siete. Su hermana, que a esa hora soplaba los tizones de la hornilla para preparar el desayuno, lo vio entrar jadeante. Traía los brazos y la cara rasguñados por las ramas y chamizas. “Venía pálido y asustado”, recuerda su hermana. **Periodista.

Como era día de mercado, su mamá se había ido al pueblo en la ‘chiva’ de las cinco de la mañana. “Yo me les vine. Me les volé”, le dijo Manuel a su hermana. Y le contó que le tocó romper monte para evitar los caminos por los que a veces transitaban la guerrilla o los milicianos. Si estos lo veían, con seguridad lo iban a capturar o a reportar con los jefes de la columna de la que acababa de desertar. Días antes, cuando supo que lo iban a mandar a patrullar cerca de la vereda donde vivía su familia, comenzó a planear la fuga.

Se voló antes de las cuatro de la mañana. El centinela, que también era indígena y, al igual que Manuel, estaba aburrido en la guerrilla, solo le pidió que no se llevara el fusil. “Lo dejé recostado contra un palo y allí mismo puse la munición”, recuerda ahora, casi tres años después, mientras mira a su mujer amamantar a su hijo de 3 meses de nacido. Manuel está de pie en el patio de la casa. Es un indígena de rostro pétreo. De unos 20 años. Estatura regular. Musculoso. Habla poco y baja la mirada cuando lo hace. Lleva un gorro de lana


Luego de

escaparse de la guerrilla y pasar por un proceso de reincorporación a su comunidad, Manuel (de espalda) trabaja en un cultivo de plátano.

¿en dónde?

foto: León darío peLáez

Toribío, Cauca.

hasta las orejas, jean y camiseta blanca de la Selección Colombia, que minutos después se cambia por una oscura y raída para echarse un racimo de plátanos al hombro. La casa paterna de Manuel está ubicada a orillas de un voladero, en medio de las montañas del norte del Cauca. Desde allí se ven los techos de teja y zinc dispersos en las faldas de la cordillera, y una hondonada que desciende hasta una quebrada cristalina. En el horizonte solo se ven picos azulosos. La mamá de Manuel regresó ese día en la ‘chiva’ de las cuatro de la tarde. Encontró al muchacho encerrado

en una pieza. Estaba asustado porque ya les habían avisado que la guerrilla lo andaba buscando. “Toca entregarlo al Cabildo. Si se queda aquí se lo lleva la guerrilla… Usted cometió un error, toca que vaya donde el Cabildo”, recuerda que le dijo la mujer. Se refería al organismo que gobierna en el resguardo y que está conformado por un gobernador, un capitán y varios alguaciles, entre otros. Todos ellos son elegidos por una asamblea general, a la cual le deben obediencia. La mujer corrió a buscar al gobernador del resguardo. Una hora después, el mucha-

cho estaba bajo la responsabilidad y protección del Cabildo. En esas circunstancias, a la guerrilla le quedaba muy difícil llevárselo. De hacerlo, esa acción constituiría un irrespeto a la máxima instancia de gobierno del resguardo y una afrenta a la autonomía territorial, que los indígenas defienden, incluso, a riesgo de su vida.

La palabra del tewala

“Cuando vinieron los del Cabildo les tocó sacarlo por allá abajo, por esa hondonada, no ve que ya la guerrilla andaba por la parte de arriba buscándolo porque decían que había desertado”, dice la mamá.

Desde ese momento, Manuel comenzó un proceso para reintegrarse a la comunidad. Los indígenas llaman a ese programa ‘Regreso a casa’ y es apoyado por diferentes entidades del Estado. “Cuando un muchacho se escapa de uno de esos grupos y nos dice que quiere volver a ser parte de su resguardo primero hay que llevarlo al tewala (chaman). Y él nos dice si el muchacho en realidad tiene voluntad para cumplir con el Cabildo o se va a devolver pa’l monte o les va a llevar información”, dice un líder nasa de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin). Cxab Wala Kiwe, en idioma nasayuwe. Ni este dirigente, ni los otros indígenas que participan en el programa con jóvenes desvinculados de la guerrilla quieren que se mencione su nombre. Temen represalias de los grupos armados. “Ellos (los guerrilleros) podrían pensar que se trata de un proyecto contrainsurgente y lo único que queremos es que nuestros niños y jóvenes que se han ido a empuñar las armas, así sea en el Ejército o la guerrilla, regresen a la comunidad”, dice.

109


reconciliAción

pa c í f i c o

La mamá de

Manuel fue hostigada por milicianos de la guerrilla para que les entregara al fugado. Ella se negó y los enfrentó. De hecho, mientras se realizaba la reportería para esta crónica, a finales de febrero, fueron heridos en un atentado dos guardias indígenas y un líder de la Acin que viajaban entre Jambaló y Santander de Quilichao. Su camioneta fue atacada a balazos por desconocidos cuando una decena de guardias regresaba de cumplir con una labor humanitaria en una vereda de Jambaló. A pesar de estos hechos y de que la guerrilla actúa en su territorio desde hace más de 30 años, los indígenas nasa del norte del Cauca insisten en lo que ellos denominan “caminar la palabra”, que consiste en buscar una solución dialogada a los conflictos que los afectan.

La primera cita de Manuel y de su familia con el tewala se cumplió de noche, en medio de las montañas. Durante varias horas, el chamán hizo un ritual con hojas de coca y con otras hierbas secretas, sopló a los asistentes con aguardiente y rezó para alejar los malos espíritus. Al final determinó que el muchacho se merecía una oportunidad. Cuando los tewalas tienen dudas sobre las intenciones de las personas que llegan ante ellos, realizan una prueba llamada el ‘pulseo’. Este consiste en tantear los impulsos de la sangre en algunas arterías a medida que van haciendo preguntas al examinado. De esa forma, los tewalas determinan si la

persona dice la verdad. Los chamanes nasa se entrenan durante años en esta técnica, que equivale a la prueba del polígrafo. Pocos días después de que el tewala dio su consen-

y el objetivo principal es retomar los usos y costumbres de sus ancestros. El resto del tiempo los excombatientes permanecen con su familia o con el Cabildo. Aunque la justicia de los nasa castiga, incluso con cárcel, a quienes violan sus leyes, en la mayor parte de los casos los tribunales de justicia indígena prefieren aplicar lo que ellos llaman un ‘remedio’. Se denomina ‘remedio’ porque los nasa piensan que si una persona viola las normas de la comunidad se debe a que “se le aposentó una mala energía que lo hace actuar de manera incoherente con el resto del pueblo nasa”, explica un dirigente de la Acin que trabaja con jóvenes desvinculados de los grupos armados. Por lo tanto –agrega–, esa persona necesita de un trabajo espiritual para alejar las malas energías y para que logre de nuevo la armonía con la tierra y con quienes habitan en ella. “Hay que hacer dos tipos de remedios con los muchachos que vienen de la guerra – agrega el dirigente–. Hay que proteger el cuerpo y la mente. El cuerpo se protege dándole seguridad para que no le pase

“Lo único que queremos es que nuestros jóvenes que se han ido a empuñar las armas regresen a la comunidad” timiento, Manuel viajó en secreto a otro caserío indígena. En ese lugar, la Acin desarrolla un programa con unos 40 niños y jóvenes que han logrado salir de los grupos armados ilegales o que han sido víctimas del conflicto. Lo llaman Escuela de Pensamiento. Se reúnen los fines de semana, cada dos meses,

nada y con el remedio que les hace el tewala. Pero la parte más difícil es el trabajo en la mente del muchacho”. Mientras habla, el líder indígena juguetea con el bastón de mando que lo identifica como una de las autoridades tradicionales del pueblo nasa. El hombre explica que para sanar la parte


A veces –explica el dirigente indígena de la Acin– se van de 10 o de 12 años. A esa edad, un niño indígena ya sabe cultivar fríjol, café o maíz, es capaz de bolear machete o azadón todo el día o de caminar varias horas con un morral a la espalda. “Cuando se dan cuenta que la cosa no es como pensaban y se arrepienten de haberse ido, comienzan a mandarle razones y papelitos a la familia para que

cuando venía del pueblo. “Un domingo me cogieron en el camino unos milicianos. Yo los conocía porque eran de aquí de la vereda. Me dijeron que era mejor que les entregara por las buenas al muchacho… ¿Y yo por qué se los voy a entregar?, les dije. Si cuando yo estaba en dieta ustedes no me tiraron ni una libra de sal… si quieren, mátenme que si me tengo que morir por un hijo… pues me muero”. La mujer habla en

me el fusil. Pero el muchacho ya tiene sus responsabilidades. Ha sido alguacil de su vereda. Un exgobernador de su resguardo afirma que Manuel se ha ganado de nuevo la confianza de la comunidad y que, incluso, perteneció durante más de un año a la guardia indígena (el organismo encargado de velar por la seguridad y tranquilidad del territorio). Además, Manuel acaba de ser papá. Vive en unión

fotos: león darío peláez

mental es necesario que el muchacho retome su pensamiento indígena. “Ellos tienen que volver a entender que la propiedad del territorio es colectiva y que aquí hay una identidad cultural basada en un gobierno y en una justicia propias y que las cosas funcionan mediante acuerdos y bajo la orientación de la asamblea general”, agrega. Manuel asistió durante dos años a la Escuela de pensamiento. Mientras tanto, su mamá se encargó de que el tewala visitara cada dos meses su rancho para hacer los rituales y así mantener lejos del muchacho a los espíritus que lo impulsaron a irse con la guerrilla. Por cada visita, la mamá de Manuel le pagaba al tewala con un sancocho hecho con una gallina entera. “Él se comía lo que alcanzaba y el resto se lo llevaba en una jigra (mochila) para la familia, pero él no recibía plata, porque decía que entonces el trabajo quedaba mal hecho”, cuenta la mujer. Cuando Manuel se fue para la guerrilla apenas había cumplido los 16 años. “Él era muy rebelde. Decía que si lo obligábamos a estudiar se iba pa’l monte, y una vez que el papá le pegó porque no quería ir a las clases, se fue de la casa. Lo buscamos por todas partes y no apareció, y a los poquitos días vinieron a contarme que lo habían visto por allá por Ollucos”, dice la mamá de Manuel. Al igual que Manuel, muchos menores de edad se van para la guerrilla por huir del maltrato en el hogar, porque pelean con la novia o con el novio, o porque no saben claramente qué quieren hacer en la vida.

38

toribío tiene

26.500 habitantes. Históricamente ha estado en medio del conflicto. los ayude a salir de allá. Y eso no es tan fácil. Si se vuelan, la guerrilla los persigue porque cree que los va a delatar”, dice. Eso le ocurrió a Manuel. Durante varios meses le mandaron a decir que era mejor que regresara a las filas de los rebeldes. Una tarde, incluso, amenazaron a la mamá

forma un tanto atropellada. Es bajita, menuda y de rostro ennegrecido por los rayos del sol. Luce acalorada. Cuenta que meses después los milicianos le pidieron perdón y no la volvieron a molestar. Sin embargo, desde el monte le siguen llegando mensajes a Manuel para que reto-

libre con una joven indígena. Sus vecinos dicen que el muchacho solo sale a trabajar a un cultivo de plátano y café y a jugar fútbol con los demás jóvenes de la vereda. Entre ellos hay otros combatientes arrepentidos. *Nombre cambiado por seguridad de la persona.


centro

foto: fernando cano busquets

reconciliAción

OtrO rOstrO De lA pAz Aunque la región central es la menos violenta de Colombia, no es ajena al conflicto. Camilo González Posso*

D

Durante

el segundo encuentro de Reconciliación Colombia, en el que se analizaron las zonas centro y suroccidente del país, se constató la disposición de los invitados a aportar a la reconciliación entre los colombianos, en cada región o comunidad. La percepción de la mayoría de los asistentes es que durante la última década en el altiplano cundiboyacence y en Bogotá han disminuido los hechos de violencia armada o del conflicto. Bogotá –con 16 homicidios por cada 100.000 habitantes– es la ciudad con la menor tasa entre las grandes urbes, y Boyacá y Cundinamarca se sitúan entre los departamentos menos violentos con menos de nueve homicidios por cada 100.000 habitantes. Autoridades y empresarios destacaron el cambio del panorama con la reducción de la presencia de grupos armados. Esa percepción coincide con los mapas de infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) presentados por el Cinep y con indicadores que muestran a la región central de Colombia con excepcionales actos bélicos. Pero este panorama no implica que la región sea ajena a los problemas de conflictos armados. Bogotá, Soacha y otras

*Presidente de Indepaz y director del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá.

poblaciones de la sabana son el destino de cerca del 12 por ciento de todos los campesinos desplazados forzadamente. A Bogotá, según datos del Registro Unificado de Víctimas (RUV), han llegado 580.000 desplazados y no menos de 150.000 a municipios de esta región central. El acumulado de víctimas de desaparición forzada es destacado por el RUV y por las organizaciones de familiares que reclaman nuevas iniciativas en contra de la impunidad y sobre el destino final de 2.881 desaparecidos forzadamente en esta zona. Ante la magnitud de los reclamos de las víctimas no resulta suficiente que en el último año se registre en las tres entidades territoriales de la zona cen-


HecHos victimizantes Datos de 1985 hasta marzo de 2014. Bogotá

Cundinamarca

Boyacá

Reclutamientos forzados de niños y adolescentes 26

25

29

Secuestros

Foto: Fernando cano busquets

340

875

420

Desplazamientos 7.987

79.900

21.141

Homicidios 4.051

10.725

5.474

113 Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

tral 11.000 indemnizaciones administrativas, 148.000 asistencias humanitarias y una decena de retornos efectivos. Las autoridades muestran un panorama de consolidación y el gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, habla de superación de la guerra y posconflicto. Con ese lente varios interlocutores se refieren a la situación de Boyacá y Cundinamarca. Hay, sin embargo, alertas que ilustran la inestabilidad de la situación y, sin desconocer la tendencia descendente, la persistencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario. Según el informe del Cinep, entre enero y diciembre de 2013 se presentaron 59 infracciones al DIH en Cundinamarca, 161 en Boyacá y 55 en Bogotá.

En Bogotá han vuelto a aparecer amenazas de muerte contra líderes sociales y representantes de las víctimas en las mesas conformadas siguiendo la Ley 1448 de 2011; los panfletos son tomados en

Cundinamarca y también se han presentado actividades de sus redes en Bogotá. No es asunto menor que las redes locales del tráfico y microtráfico se interrelacionan con las macroorga-

Bogotá y Soacha reciben cerca del 12 por ciento de todos los campesinos desplazados forzadamente cuenta por las autoridades; en tanto, en Bogotá y otros municipios de Cundinamarca se registran esporádicas acciones de grupos asociados a las Bacrim y milicias guerrilleras. Según Indepaz, en 2013 grupos como los Rastrojos o los Urabeños incursionaron en cuatro municipios de Boyacá y seis de

nizaciones del narcotráfico y esta circunstancia las diferencia de una rutinaria manifestación de nueva criminalidad urbana. En los encuentros de Reconciliación Colombia, los participantes seleccionaron en sus repertorios las iniciativas que simbolizan sus actuales acciones por la paz.

La misma mesa cuadrada en su diversidad es una potente manifestación de convergencia para construir caminos de paz y de convivencia democrática. A ninguno de los asistentes se les ocurrió ofrecer la receta única para la paz: cada uno con una frase o experiencia manifestó su disposición a aportar en la difícil tarea de superar más de 60 años de violencia. Allí quedaron también preguntas gruesas ¿Cuál es el costo de la paz y cómo van a aportar los diversos sectores? ¿Qué reformas hay que hacer para que los conflictos se puedan tramitar en democracia? ¿Qué deben aportar la sociedad, los partidos, el Congreso para que las negociaciones de paz sean exitosas?


reconciliAción

centro

EJEMPLOS POR SEGUIR Aunque muchas de estas 57 iniciativas de Bogotá, Cundinamarca y Boyacá tienen su foco de trabajo en estas regiones, su impacto es nacional.

Fundación Matamoros

Cafam

Plan Perdón Fundación El Nogal La vida en juego Bachilleratos Flexibles Personería de Bogotá

Colciencias

Casa de la mujer

GIZ

Fundación Social y OIM Universidad Santo Tomás Universidad Nacional Equitas The Art of Living Fundation

Corporación de Investigación y Acción Social y Económica Colectivo de Mujeres Excombatientes

Organización Corona

Centro para el reintegro y atención del niño

Fundación United for Colombia

Alcaldía de Bogotá Coca-Cola Femsa Red Unidos

York University

Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

Unicef Universidad Jorge Tadeo Lozano Colombianitos Centro Nacional de Memoria Histórica Comisión de Conciliación Nacional

Fundación Yo creo en Colombia Barómetro de las Américas Escuela de Promoción de liderazgos Ministerio de Educación

Rodeemos el diálogo

Pacto Global de las Naciones Unidas

Comisión Nacional de Reconciliación y OIM Universidad del Rosario Escuelas Taller de Colombia

Fundación Social Fundación para la Reconciliación General Motors

BOGOTá

Unión Europea Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) Organización Internacional para las Migraciones

(OIM) Escuelas de perdón y reconciliación


Fundagán Escuela Galán Paz y desarrollo en la Región Capital

Policía Nacional

Constructora

Fundación Corazón Verde

Gaico

Centro Internacional de Toledo por la Paz

Ubiquando

Agencia Española de Cooperación Internacional

Diócesis de Chiquinquirá

Corporación Corproem

Asocacabo * Más información sobre cada iniciativa en www.reconciliacioncolombia.com

BoyACá

CUNDINAMARCA

foto: diana sánchez -archivo semana

plaza de bolívar, bogotá.


reconciliAción

opinión

¿SeNSibiLidad para qué? La guerra no existiría si todos tuvieran niveles similares de conciencia.

N

Miguel Ángel Rojas*

Nací

en Bogotá dos años antes del asesinato de Gaitán. No tengo recuerdos del suceso, pero me dijeron que fui yo quien prendió el radio, una gran caja de madera, aquella tarde de 1948. Recuerdo sí claramente la atmósfera de zozobra e inseguridad que vivimos a lo largo de los años cincuenta, especialmente en una población cercana a los focos de violencia del Tolima, en Girardot, a donde habían regresado mis padres luego de perder casi todo en el famoso ‘Bogotazo’. El país nunca descansó en las siguientes décadas en las que hice bachillerato y toda la carrera de Artes en la Universidad Nacional. Allí me tocó el coletazo ingenuo e importado del hipismo, nadie presentía entonces que el uso de alucinógenos sería el repunte de una guerra fortalecida con los dineros que aportaba la naciente industria de las drogas, mucho más cruenta y devastadora que todas las padecidas por el país hasta entonces. He mirado la situación desde diferentes ángulos como

*Artista conceptual.

en un ejercicio cubista. En ese bodegón la base sobre la que se ubican los elementos ha sido y continúa siendo, la inequidad. Corresponde a la sensibilidad del artista mirar la realidad, asumir la experiencia, para que su trabajo vaya más allá del mero juego formal. Una obra que se ha vuelto icónica, tal vez por la extrañeza que suscita la belleza y el horror en un mismo objeto, es El David. Se originó como suele suceder en el arte, en un lugar diferente. Todo empezó con el encuentro en la vía Bogotá-La Mesa de unas columnas en una venta que recordaban vagamente columnas clásicas. Se veía claramente que habían usado tejas onduladas para vaciar el cemento, el resultado era una especie de caricatura dórica. Seguí mi camino pensando que quien las construyó tenía también vaga idea del clasicismo. Entendí que la deformación, el desdibujo que ‘padecían’, era el mismo que sufría el conocimiento y la cultura en general en su tránsito desde los niveles superiores a la base social. Fotografié una de estas columnas y luego otra del Capitolio Nacional, el ejemplo más culto del neoclásico en nuestro país. Tenía entonces dos símbolos de las extremas diferencias culturales entre extremos niveles sociales. Mi estudio en Chapinero está muy cerca del Hospital Militar y con frecuen-

cia veía soldados en muletas. Conseguí que un joven soldado fuera mi modelo. Hice unas fotos de sus extremidades mutiladas y completé el paisaje de las columnas con sus piernas. En este tríptico el daño ocasionado por la mina en el cuerpo joven no era explícito del todo. Sentía que en la imagen total de su cuerpo incompleto estaría la fuerza. Pedí entonces al joven modelo posara desnudo, apareció entonces su cuerpo roto como una escultura quebrada de un golpe limpio. Su piel blanca y sus rasgos europeos me remitieron a la escultura renacentista, le pedí posar como El David a lo que respondió: ¿cuál David? En ese momento la reflexión sobre conocimiento y clases sociales que había generado el proceso cobró forma en nuestras propias realidades. ¿Cómo un ar-

piosa lluvia de calaveras, otra de las imágenes que han tenido gran difusión, fue como un grito de ira santa, motivado por la absurda idea de querer acabar con la drogadicción mundial, regando veneno sobre nuestros campos. A esta sinrazón respondí igualmente con la serie Sueños raspachines, una serie de traducciones a lengua nasa de términos que definen valores y bienes que dignificarían la vida en los campos escritos con orificios sobre papeles hechos a mano con fibra y hojas de coca. No creo que se pueda hablar de posconflicto en sentido estricto. Recuerdo el asesinato de una pareja de biólogos en San Bernardo del Viento a manos de una de las bandas que ahora tienen el control del narcotráfico. Esto me hace pensar en la situación que vive México,

No creo que se pueda hablar de posconflicto en sentido estricto tista de ancestros indígenas y origen campesino tomaba un modelo blanco de origen europeo para hablar de todo un país y su problemática? La diferencia la había dado la educación que recibí. Mostré las primeras fotos de esta serie junto a una instalación con lápices clavados en el piso dibujando la palabra Quiebramales. Un bosque de niebla intervenido por una co-

donde el negocio ha cambiado de manos, a otras peores. Es más la búsqueda por el camino corto de los beneficios económicos que trae la demanda de felicidad inmediata de otros que lo han tenido todo. Las políticas deben cambiar, hay que llegar a acuerdos sensatos para legalizar, sabemos que esto no lo decide un solo país. Construir el futuro es educar, educar es dar.


fotos: archivo particular

EL modELo

de ‘El David’, de Miguel Ángel rojas, es un soldado víctima del conflicto de colombia.


foto: federico r铆os

caribe y orinoquia

CrECE la iluSi贸n El Caribe y la Orinoquia tienen retos como la restituci贸n de tierras. Se destacan iniciativas como el renacer de Montes de Mar铆a.


38


caribe

foto: david estrada larrañeta

reconciliAción

Una rEaLidad qUE CrECE Monseñor nel Beltrán*

L

La

Región Caribe se unió a la discusión nacional sobre reconciliación con un amplio abanico de visiones sobre sus condiciones, sus procesos, sus tiempos y su construcción. En este sentido la iniciativa ha sido un acierto, pues generó reflexión y conciencia sobre la necesidad de superar la violen*Exobispo de Sincelejo.

En el Caribe hay muchos corazones que sanar, pero también un genuino deseo de trabajar por la reconciliación.

cia y de abrirnos a la reconciliación, un camino cierto, humanizante, hacia la paz La costa norte tiene una sensibilidad social cultivada y construida con reflexión, programas y compromisos, que genera, como es lógico en cualquier discusión, variadas posiciones existenciales y propuestas hacia diversos caminos. Las posiciones son encontradas: muchos ven el problema de la violencia solo desde las víctimas, mientras que otros reflexionan desde la posición del Estado. Otros tienen una comprensión más

integral de la situación, y por lo tanto ven a la sociedad civil como un actor fundamental. Dos puntos parecen clave al analizar la reconciliación en los siete departamentos del Caribe: la invocación a la justicia y la reparación, y una necesidad profunda de buscar la paz. El sentir general da cuenta de un pensamiento abierto al cambio, a la cooperación con mirada de futuro, con una visión positiva y propositiva. Esta sensación también se ve en los programas de acción desarrollados por ONG y movimientos sociales.

Es evidente que hay mucha gente y muchas organizaciones adelantando diferentes esfuerzos en torno a la paz en toda la región, pero no se pueden ver como referencias explícitas a la reconciliación misma. La reparación es un tema que sigue dividiendo opiniones en la costa, y por lo tanto debe entenderse como la principal tarea por acometer. En cada departamento hay cientos, quizá miles de testimonios de víctimas que reflejan un profundo dolor, pero también resentimientos y acusaciones y que son un motivo más que


CereMoniA de

memoria realizada por madres y abuelas de jóvenes masacrados en capaca (Bolívar).

suficiente para dar una lucha frontal por la justicia y la paz. La reflexión aquí es que, en el fondo, lo que se demanda es mucho más que cosas. Victimas, victimarios, organizaciones, Iglesia y demás involucrados en el proceso quieren un cambio del Estado, una realidad social nueva, la eliminación de la violencia armada y la inequidad, con reclamo por la justicia y la dignidad. En la costa hay muchos corazones en proceso de sanar, pero también se percibe por toda la región el sueño de ser constructores de un mundo nuevo. La reconciliación en estos departamentos no da espera. Si bien no se puede hablar de

que no haya violencia, la guerra armada está en reposo, así se percibe en departamentos como Sucre, donde se vive un momento de tranquilidad. Es urgente pensar y construir el camino del perdón y

presente. El pasado es real, pero no puede ser carga. Hay que instaurar procesos formales y no formales, para una transformación cultural con raíces pero también con alas, como dice el proverbio chino.

La reparación es un tema que sigue dividiendo opiniones y, por lo tanto, es la principal tarea por acometer la reconciliación para la paz. Se necesita reflexión, organización social y compromiso. Además, se requiere una sociedad civil consciente, organizada y comprometida. Esto requiere hacer de la cultura costeña, festiva y sincera, un vehículo de valores democráticos que cambie cualquier rastro de cultura agraria y urbana con ribetes semifeudales, de señores y siervos. La educación aquí desempeña un rol definitivo. Es hora de hacer una profunda transformación de esta en la costa. Bienvenidos los megacolegios acompañados de un nuevo modelo educativo, la ‘megaeducación’. Pero sobre todo lo que necesita la región son megamaestros. Sin estos no hay transformación educativa que valga. También es necesario desarrollar un proceso de educación social que sirva a la desvictimización. Se debe superar el pasado ancestral y el reciente, aun en el lenguaje y en el modo de percibir los retos del

Finalmente, la costa tiene dos deudas para enfrentar en el eventual posconflicto. Una es con la memoria histórica. Es necesario esclarecer y recordar los hechos violentos como camino a la justicia y a la no repetición. La costa no puede seguir en silencio. La otra es más profunda y seguramente tomará más tiempo. Se trata de la transformación del modelo agrario costeño, comenzando por la equitativa distribución de la tierra y la ‘purificación de su propiedad’. Hay que abogar por el respeto a la vocación natural de la admirable naturaleza costeña: el respeto al agua y a sus ciclos. El paso de Reconciliación Colombia por la costa le dejó a la región una invitación para que empiece a “escribirsu historia de su propio puño y letra”. La reconciliación es ética y espiritual, y no se debe escribir solo con proyectos, sino que debe medirse bajo un gran indicador: cómo se cambió la vida de la gente.

HecHos victimizantes Datos de 1985 hasta marzo de 2014. Magdalena

Bolívar

Sucre

La Guajira

Córdoba

Cesar

Atlántico

387.749

473.037

206.254

120.204

274.910

323.763

20.426

Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

121


reconciliAción

caribe

Pasos dE

gigantE

Fundación desarrollo y paz de los Montes de Maria

Colectivo de comunicaciones

línea 21

aprocasur Mutual ser

En el Caribe se detectaron estas 90 iniciativas de la sociedad civil, empresas, el Estado y la cooperación internacional.

asociación para la vida digna

y solidaria Corporación de desarrollo solidario

BolÍvar

alianza por El salado

Fundación Mi sangre Evolución Caribe

gobernación de Bolívar

sembrando Paz

Unión Europea

Cinep

Universidad tecnológica de Bolívar

alcaldía de Cartagena

MagdalEna

Unidad de

las tejedoras de Mampuján

Museo itinerante

víctimas

Fundación semana

Colectivo de comuni caciones Kucha suto

Unión Europea

alcaldía de Plato

Unidad de restitución de tierras

Comunidad de la Pola

El

foto: david estrada larrañeta

roble

* Más información sobre cada iniciativa en www.reconciliacioncolombia.com

Coltabaco Fenalco

Fundación

restrepo Barco

Comunidad de valle Encantado

la ruta del despojo alcaldía de Montería

organización internacional para las Migraciones

aCr

Escuela galán

Comunidad de Macayepo

Comunidad de El salado

Fundación restrepo Barco Fundación saldarriaga Concha nutresa Expopaz surtigas

Mesa de actores

de Montes de María

PdP Canal del dique

Escuela galán narrar para vivir

asociación de Campesinos

CórdoBa

de Buenos aires

Fundación transformemos

Pnud


Sembrando Paz

colectivo de

línea 21 Surtigas

Asociación para la vida digna y solidaria coltabaco Fenalco evolución caribe

Fenalco Fundación para el Desarrollo del Departamento del Atlántico

Sucre

Diócesis de Sincelejo Fundación desarrollo

unión europea

y paz de los Montes de Maria Museo itinerante

canal del Dique

Pnud PDP

narrar para Vivir

escuela Galán

evolución caribe

Alcaldía de Sincelejo

Grupo nutresa

Fundación restrepo Barco

Fundación Peniel

PnudFundación

Grupo

Saldarriaga concha

Éxito

Mesa de actores

de Montes de María

unión europea

Aprocasur

Federación nacional de cafeteros

Atlántico

comunicaciones

Fundación

123

cosechando

Sonrisas escuela Galán

Pnud

ceSAr

centro de

cerrejón

Fundación Alpina

Memorias

del

conflicto

organización

unión europea

Wayuu Munsurrat Federación nacional de cafeteros unión europea

escuela Galán

lA GuAjirA

san pelayo, córdoba


reconciliAción

Ca c OrNi F bIeA N Z A

Un CaMino aBiErto El conflicto destruyó la confianza entre Macayepo (Bolívar) y Chengue (Sucre). Hoy el camino que las une es el símbolo de su reconciliación.

L

¿en dónde?

Macayepo, Bolivar

Chengue, Sucre.

Lo llamaban

el camino de la muerte porque muchos de los que se atrevieron a andar por ahí fueron asesinados o desaparecieron. No era extraño hace 13 años, cuando el sendero era un paso frecuente de paramilitares y guerrilleros que sembraban el terror en la zona. Es una vía destapada de diez kilómetros en el corazón de los Montes de María, reservada para el tesón de los campesinos, porque ni siquiera las motos pueden recorrerla. Llena de altibajos, se pierde entre la maleza y la montaña, pero su trazo une los corregimientos de Macayepo (Bolívar) y Chengue (Sucre). Hace más de 20 años, cuando el conflicto no había tocado estas tierras, el camino era una vía comercial por la que los campesinos sacaban sus productos para venderlos. Eso forjó una relación económica y una convivencia armoniosa entre las dos comunidades. “Los habitantes de Chengue venían a nuestras casas y asistían a nuestras fiestas. Nosotros hacíamos lo mismo, porque todos éramos amigos y conocidos”, recuerda Aroldo Canoles, habitante de Macayepo. Pero los ataques del frente 35 de las Farc, comandado por Martín Caballero, y el accionar del bloque Héroes de los Montes de María de las AUC, cambiaron la concordia que se vivía en la región. Los asesinatos, señalamientos y rumores se tomaron las dos poblaciones, y así la desconfianza empezó a reinar. Para los habitantes de Macayepo la situación era más compleja, pues Rodrigo Mercado Pelufo, alias Cadena, comandante del bloque paramilitar que operaba en la zona, era oriundo del corregimiento, así como algunos de sus


foTo: JUAN CARLoS SIERRA

Las comunidades

de Macayepo y El Tesoro dejaron atrás las rencillas el 27 de enero de 2007, cuando se encontraron en la mitad del camino que las comunica.

125

hombres. Eso les trajo a los macayeperos mala fama y el desprecio de quienes antes eran sus amigos, incluidos los habitantes del vecino Chengue. Al otro lado del camino, el sentir era similar: “Nosotros en Macayepo también los veíamos como aliados de la guerrilla y dejamos de tratarnos”, recuerda Aroldo. El camino quedó abandonado y al azar de los grupos armados. Los lugareños cuentan que por ahí accedieron los hombres de Cadena que cometieron dos de las masacres que hicieron tristemente célebre esta región del país: la de Chengue y Macayepo (entre 2000 y 2001), al asesinar a machete

y piedra a más de 40 civiles y desplazar a la mayor parte de las familias de la zona.

Las cicatrices

Durante tres años, decenas de campesinos abandonaron sus tierras. Pero a mediados de 2004, impulsados por una fuerza que solo entienden quienes lo han perdido todo, y ante el accionar de las Fuerzas Militares que habían replegado a los grupos irregulares, los habitantes de uno y otro lado comenzaron a retornar. Cincuenta hombres de Macayepo llegaron en octubre de 2004. Encontraron a su pueblo en ruinas, pero poco a

poco lo reconstruyeron con ayuda de la Infantería de Marina. Algunos habitantes de Chengue hicieron lo propio. Sin embargo, las heridas de la guerra –que aún acechaba la zona– dejaron una distancia enorme entre ambas

de Macayepo. Ciro Canoles, líder de ese corregimiento, cuenta que los problemas los llevaron a tomar decisiones. “Necesitábamos recuperar la relación con nuestros vecinos. Así que a finales de 2006 nos fuimos, sin ser convidados, a

La calma retornó con la desmovilización de los paramilitares y la salida de la guerrilla de la zona poblaciones. Seguían los señalamientos de un lado y otro y se hablaba de amenazas de muerte. Eso trajo problemas económicos a las comunidades, especialmente a las

una reunión que estaban haciendo en Chengue, para invitarlos a nuestro corregimiento a compartir, pero allá no nos determinaron. Ni siquiera nos ofrecieron comida”. La situa-


Adiós a la discordia

foTo: JUAN CARLoS SIERRA

Entre El Castillo y El Dorado, municipios vecinos en el Meta, solo hay una vía de 229 kilómetros.

ciro canoles, de Macayepo, y Marco Romero, de El Tesoro.

ción no amilanó a Ciro y sus amigos. Estudiaron la situación y decidieron focalizar su trabajo en El Tesoro, una vereda de Chengue –a la que se llega por un desvío a los seis kilómetros del camino– en donde viven 30 familias a las que les queda más fácil movilizar sus productos por Bolívar que por Sucre. Allí, luego de varias conversaciones, la mayoría complicadas, convencieron a los líderes de que lo mejor para todos era lograr un acercamiento y llegaron a un acuerdo: el 27 de enero de 2007 saldría una comisión de cada comunidad, que iría limpiando su parte del camino ya convertido en monte por la maleza, hasta encontrarse en la mitad para realizar una integración.

Adelante iba la Infantería de Marina, revisando que el terreno no estuviera minado (encontraron siete minas). Detrás venían varios hombres, machete en mano, limpiando el camino. Cuando llegaron a la mitad, en el lugar acordado para el encuentro, los macayeperos estaban desilusionados; no había rastro de ningún habitante de El Tesoro. “Sin embargo, uno de los hombres de la Marina se adelantó, y cuando volvió nos dijo que sí venían, y que eran muchos más que nosotros. Ese fue el momento de mayor felicidad”, recuerda Ciro. En un pequeño claro, en el que un arroyo llamado Palanquillo se encuentra con el camino, se reunieron las dos comunidades. Marco Romero, habitante de El Tesoro,

Hasta hace unos años ambas comunidades vivían enemistadas y eso se reflejaba en la carretera, que por falta de uso era destapada. La discordia era ancestral. El Castillo fue colonizado por liberales que huyeron del Tolima durante la época de la Violencia en los años cincuenta y El Dorado fue fundado por conservadores. Las diferencias aumentaron cuando en El Castillo creció la Unión Patriótica (UP) y en El Dorado tenían lugar las fincas del esmeraldero Víctor Carranza. La confrontación creció a finales de los ochenta con el enfrentamiento de guerrilleros y paramilitares en la zona. Las comunidades, cansadas con la situación, iniciaron acercamientos a finales de los noventa. Pero el impulso definitivo para la reconciliación lo dio una catástrofe natural, pues el río Ariari se desbordó en 1998. Eso llevó a que las comunidades se unieran para la reconstrucción de la zona.

recuerda que ese día hubo llanto. “Hicimos una actividad en la que todos hablamos con sinceridad. Nos dijimos muchas verdades, nos abrazamos y al final nos comimos un sancocho”, cuenta. A partir de ese día vino el cambio, aunque no fue una mejora de la noche a la mañana. Con la ayuda de los habitantes de El Tesoro, en Macayepo organizaron un partido de fútbol contra un equipo de Chengue. La actividad fue tan exitosa que luego se inventaron un torneo con otras comunidades de la zona. Aunque la tensión ha bajado, aún hay algunas rencillas. “Hay comunidades de Chengue que dudan de nosotros. Pero sabemos que la idea es seguir generando espacios y recuperar la confianza con todos”, señala Aroldo. Por ahora, el camino ha vuelto a tener vida y lo recorren nuevamente los campesinos que transportan sus productos. Muchos campesinos de la

zona se agruparon en el Movimiento Pacífico de Reconciliación de la Zona Alta de Carmen de Bolívar, y planean más actividades. A mediados de julio de este año, por ejemplo, quieren hacer un festival por la reconciliación en Don Gabriel, corregimiento de Sucre. Ahora las comunidades enfrentan otro problema: 4.000 hectáreas de aguacate – el producto más sembrado en la zona y subsistencia de muchos– han muerto en la zona de Macayepo por una plaga, y su única salida es que saquen el producto de Chengue. Por esa razón, quieren que alguna entidad les ayude a pavimentar, o al menos a mejorar las condiciones del camino. Tal vez tenga razón Aroldo Canoles, quien reflexiona mientras recorre el sendero: “este camino es un símbolo. Cuando nuestra relación iba mal, estaba lleno de maleza. Y ahora que nos hemos reconciliado, está transitable. Por eso, una vía pavimentada sería un símbolo de paz”. .


eL oLviDo Que No SereMoS

Al hacer memoria se dignifica a las víctimas del conflicto armado. estas son algunas iniciativas para lograrlo. • Museo Casa de la Memoria de Medellín (Antioquia) Con dibujos, fotos, videos y relatos los sobrevivientes del conflicto armado cuentan su historia a los espectadores que visitan este museo. En 2013 también se organizaron festivales, exposiciones, conciertos y bazares con ese mismo fin. Hacer memoria del dolor pesa, pero las víctimas, que son protagonistas

de esta iniciativa, coinciden en que contar sus vivencias les produce alivio y se sienten motivadas a promover el diálogo, pues más que un lugar de contemplación, este es un espacio interactivo para generar conciencia sobre la realidad que vive el país.

Hace 16 años alias Jorge 40 se instaló en una casa del municipio de Chibolo (Magdalena) para dirigir masacres y desapariciones. Conocida hoy como ‘La casa del balcón’, este lugar se ha convertido en un punto de encuentro para la comunidad que retornó a estas tierras en 2007, gracias a la desmovilización del exjefe paramilitar en 2006. Actualmente, las 500 familias que tuvieron que huir de la zona reconstruyen la memoria de su pueblo mediante una exhibición de dibujos y fotos en donde los sueños de los niños son los protagonistas. Esto fue posible gracias a la Unidad de Víctimas que remodeló y entregó esta casa a los pobladores en 2013. El balcón de esta casa, que antes era el centro de operaciones del Bloque Norte de las Autodefensas, es ahora un lugar de unión.

• Tierra Fértil (Putumayo)

El grupo de teatro Tierra Fértil se creó en 2010 en El Tigre (Putumayo), escenario emblemático de la violencia guerrillera y paramilitar, con el objetivo de destacar las tradiciones y la historia de la zona. En la iniciativa cultural participan 25 niños y jóvenes y ha logrado que a través de prácticas artísticas se

foto: ra fa

el espi

nosa

fomente el liderazgo y el desarrollo de habilidades comunicativas. Este proyecto hace parte del programa ‘Construir un futuro para los niños y niñas de Colombia’, que adelanta la Corporación Casa Amazonia en nueve instituciones educativas del Putumayo, y es liderado por Luis Antonio Santacruz, un profesor de ecología de esta inspección.

• ‘Que los perdone Dios’ (Norte de Santander) En 2013 se realizò un documental que buscaba reparar simbólicamente a las víctimas de la masacre perpetrada en 1999 por el Bloque Catatumbo en Norte de Santander. En “Que los perdone Dios”, las víctimas de los 32 hechos referidos en la primera sentencia de Justicia y Paz que condenó al exjefe paramilitar Jorge Iván Laverde Zapata por los ataques masivos ocurridos, cuentan sus historias. El documental fue posible gracias a la Asociación de Familias Unidas por el Conflicto Armado de Norte de Santander (Asfucans), Radio Televisión Nacional de Colombia (Rtvc) y la Unidad de Víctimas.

foto:cortesÍa rtvc

foto: luis Benavides- archivo semana

• La Casa del Balcón (Magdalena)


reconciliAción

orinoquia

EL SuEñO dE La divErSidad La reconciliación no es posible sin el reconocimiento y participación de los pueblos indígenas y la población llanera que vive y resiste en la Orinoquia.

L

Rosalba Jiménez*

LOS

FOTO: CARLOS PINEDA

indígenas consideran que han sido víctimas históricas desde la conquista, la colonia, la época republicana hasta hoy. En contra de ellos se cometieron delitos de lesa humanidad como el exterminio, reducciones, masacres, etnocidios y genocidios, conocidas como las ‘guajibiadas’ del llano, que consistían en cazar indios como animales. De esa manera, se invadieron sus territorios ancestrales, los desplazaron y declararon sus territorios baldíos y se adueñaron de ellos. Muchas de estas situaciones obedecen a intereses económicos, políticos y militares implementados como políticas del Estado y gobiernos de turno a través de modelos de desarrollos excluyentes. En estos modelos ha desempeñado un papel importante la función económica del suelo y la biodiversidad para la ganadería extensiva, la agricultura, la in* Indígena del pueblo sikuani, etnolingüista y sabedora intercultural.


Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

fluencia de los cultivos ilícitos, la explotación mineroenergética y ahora la agroindustrial. La integridad cultural, territorial y espiritual de los pueblos indígenas también se ha debilitado y transformado. La Corte Constitucional, a través del auto 004 de 2009, declaró algunos pueblos indígenas, como los sikuani, wamonae (cuibas), piaroas, amoruas, en peligro de extinción física y cultural. Los pueblos indígenas ya han iniciado un proceso de reconciliación. Así mismo vienen superando las brechas de la exclusión social, reivindicando los derechos colectivos hoy reconocidos en la Constitución Política Nacional de 1991. En el proceso reconciliador exigen sus derechos mediante el diálogo y la concertación, con la sabiduría ancestral y no con las armas, aunque ha sido un camino difícil de entendimiento de dos visiones de pensamiento y comprensión. Una estrategia para la reconciliación es la educación, entendida como un proceso de movilidad social, que replantee la calidad de los contenidos curriculares con un enfoque intercultural donde quepan todas las diferencias para no seguir reproducien-

do en los niños y jóvenes la visión monocultural del colonialismo, la guerra, competencias económicas y exclusión. Hay que construir un modelo de educación que reconozca nuevos paradigmas de la ética y espiritualidad del conocimiento, tanto científicos como los pragmáticos y espirituales de las diferentes cosmologías y culturas. El otro reto es contar con recursos financieros y presupuestales, para ello es importante que se involucren las empresas internacionales, nacionales y regionales que se encuentran en la Orinoquia. También se requieren los recursos de la Nación para atender las demandas de programas y proyectos. La Orinoquia requiere apoyo. En Guaviare se registra un gran desplazamiento de indígenas y riesgo de extinción cultural y física de los jiw y los nukak makuk. Vaupés, con mayoría de población indígena, cuenta con poco presupuesto, y el acceso es difícil. Además allí aún hay presencia de las Farc, en municipios como Carurú, al noroccidente, donde las autoridades no cuentan con dinero para ofrecer mejores alternativas a los ciudadanos, apoyar a los

desmovilizados y ejecutar políticas públicas enfocadas en los más afectados. El Casanare, de mayor población mestiza y de colonos, se ha centrado en un programa de atención a menores de edad víctimas del conflicto armado. Cabe destacar que este departamento es gran receptor de desplazados provenientes, principalmente, de Arauca, Boyacá, Vichada y Meta.

Mujer y Equidad de Género. Sobre la presencia de guerrilla en la región, el gobernador Alan Jara manifiesta que se ha reducido el accionar de la guerrilla, sin embargo, hay presencia en zonas rurales de Vista Hermosa (sur del municipio), La Uribe, Lejanías, Mesetas, Puerto Rico y La Macarena. Y las bandas criminales tienen actualmente menos capacidad de maniobra.

Hay que construir un modelo de educación que reconozca los paradigmas de las diferentes culturas Por su parte, la administración departamental de Amazonas critica la falta de recursos para ampliar la asistencia. Leticia tiene una dura tarea, pues es allí donde confluyen los desplazados. El frente 63 de las Farc exige el pago de ‘vacunas’, mientras que la extracción ilegal de oro en los corregimientos de Puerto Alegría y El Encanto, principalmente, afectan a las comunidades indígenas y comerciantes. La Gobernación de Meta trabaja por las víctimas mediante las secretarías de Víctimas, Derechos Humanos y Construcción de Paz y la de la

En Arauca, primer departamento de la Orinoquia donde se registró conflicto armado, la violencia de grupos guerrilleros no para. Mientras que en Vichada y Guainía los desafíos de los indígenas son grandes, pues componen el 70 por ciento y el 80 por ciento de la población, respectivamente. Según este panorama, ¿será posible la reconciliación con tantas brechas? Se requiere la conciencia crítica de cada colombiano, de sentimiento de humanización para restablecer el tejido social fragmentado en la historia de la violencia en el país.

HecHos victimizantes en la orinoquia en los últimos 29 años meta

Casanare

amazonas

arauca

Vichada

Guaviare

Guainía

Vaupés

73.421

5.959

6.546

Total de hechos víctimizantes 202.063

48.460

1.796

108.574

18.902

129


reconciliAción

orinoquia

COnTRA LA La Orinoquia es un laboratorio de paz en medio de la adversidad. Las siguientes 47 iniciativas son prueba de esto. Falta trabajo en Vichada, Guainía y Vaupés.

Proyecto Visión Regional Llanos Orientales

Comité Cívico por los DD.HH. del Meta

La Fazenda Asociación de Productores Agropecuarios (Asprabari)

foto: archivo semana

Centro Internacional de Agricultura Tropical

HAto sAn pAblo, cAsAnAre.


CORRIENTE Meta

Paulina Mahecha

Sociedad Agropecuaria de Guaviare (Soapeg)

Asorinoquia Alquería

Escuela Galán

Corporación Fortaleza Llanera

Corporación Sueños de Paz

Asociación de Madres en Acción por la Paz y Desarrollo

Departamento de Prosperidad Social

Yurlei Alvarado y Wilson Arias

Resguardo Aguabonita

JAC de Mesetas, Villavo

Mesa Humanitaria

Pastoral Social del Suroriente

Integral del Guaviare

Comisión de Conciliación Regional

Comunidades de El Castillo y El Dorado

Unidad de Víctimas Sena

Equitas

Fundación Semillas

Utopía-Universidad de la Salle

Justapaz

Coca Cola-Femsa

Fundación para la Reconciliación Asociación Manos Unidas

Alcaldía de Paz de Ariporo

Acueducto de Yopal

Casanare

Fundación Batuta

Universidad del Amazonas Gobernación del Amazonas

Grupo de Asesor de Campaña-Ejército Nacional

Asopaz ICBF

Memoria Uitoto online

Amazonas

Puentes para la paz Ecopetrol Alcaldía de Tame Asociación de Campesinos Emprendedores en Paz

Pastoral Social de Arauca Semillas de Paz

Arauca

* Más información sobre cada iniciativa en www.reconciliacioncolombia.com

Gobernación del Meta

Asociación de Productores (Asoprocegua)

Guaviare

Cordepaz


reconciliAción

Paulina mahecha

foto: federiCo ríos

sostiene la foto de María Cristina Cobo.

CONFIANZA


Las bataLLas dE PaULina Una madre emprendió la lucha para limpiar el nombre de su hija asesinada por paramilitares.

E ¿en dónde?

Calamar, Guaviare.

El

miércoles 21 de marzo de 2004, en horas de la mañana, Janeth Orozco, secretaria de la Alcaldía de Calamar, Guaviare, recibió una encomienda fletada desde Villavicencio. El paquete iba para su mejor amiga, María Cristina Cobo Mahecha, quien llevaba más de dos días sin ir a la oficina. Janeth llamó a los padres de María Cristina, residentes en Villavicencio, y supo que ella había partido hacia Calamar el lunes anterior antes de mediodía. Preocupada, Janeth telefoneó a otros compañeros de trabajo hasta que concluyó que María Cristina estaba desaparecida. Con una última llamada, Janeth le confirmó a la familia que nadie ni en San José del Guaviare ni en el municipio de El Retorno ni mucho menos en Calamar sabían de María Cristina. “Lo que me puse a pensar –recuerda Janeth– fue que ojalá hubiera sido un secuestro y que pronto la iban a dejar libre”. Nacida en 1975 en el municipio de El Castillo, departamento del Meta, fue la menor de dos hermanas. Huérfana antes de haber cumplido un año de vida –su padre, policía, murió en servicio– sufrió un accidente en la cocina de su casa: su hermana perdió la vida con más del 80 por ciento del cuerpo quemado y a ella le quedó el rostro desfigurado, tras haber permanecido en coma por varias semanas. Su madre, Paulina Mahecha, recuerda que el médico la consoló diciéndole: “Le queda educar a su hija para que se convierta en una mujer de bien para la sociedad”. Graduada del colegio en 1994, María Cristina cursó estudios de Enfermería en el Sena y luego en la Universidad de los Llanos –donde se tituló con honores–. A comienzos de 2002, llegó al municipio de Calamar, departamento del Guaviare, para cumplir con el año de servicio social. En aquel entonces, ese departamento era zona de guerra entre las Farc, los paramilitares y el Ejército. En Calamar, con menos de 10.000 habitantes y a tres horas de San José, campeaban los paramilitares de esquina a esquina. “Yo sé que es peligroso, le dijo María Cristina a Paulina. Pero allá la gente me necesita”. Como enfermera jefe del centro de salud, María Cristina viajaba por el río Unilla hasta las zonas rurales más apartadas de Calamar para atender a los campesinos que no tenían posibilidad de ir hasta el casco urbano. “Con

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reconciliAción

Cr o OiN n FoI q AN uZ i aA

Tarde de sol en el parque central de Calamar.

ella nos íbamos río arriba y río abajo, recuerda el motorista de la embarcación. Llegaba, saludaba, tomaba muestras, las llevaba al laboratorio y, según los resultados y el diagnóstico médico, volvíamos días después con las medicinas”. Terminado el año de servicio, María Cristina continuó en Calamar trabajando como coordinadora del Sisbén. Durante seis meses se dedicó a inscribir campesinos al sistema de salud. Y en la segunda mitad de 2003 fue contratada como técnica almacenista de la Alcaldía. “Ella le dijo a su jefe que quería seguir progresando, que le diera permiso para estudiar un posgrado en Gerencia Hospitalaria en Bogotá –explica Paulina–. Como era semipresencial, viajaba cada 15 días, los jueves, y emprendía el regreso los domingos”. Así transcurría su vida hasta que al mediodía del lu-

nes 19 de marzo de 2004, en un tramo de la vía San JoséCalamar llamado La Marina fue bajada a golpes de la camioneta del servicio público de transporte, por paramilitares del Bloque Centauros. “Usted no vio nada”, le dijeron al conductor. Ese fue el último instante en que la vieron viva. Luego de haber recibido la llamada de Janeth en la que se enteró de que María

algo a alguien, se le dice a la familia que no joda más porque le pasa lo mismo”. Días después, un funcionario de la Defensoría del Pueblo le confirmó que María Cristina había sido “retenida, torturada, ejecutada y desaparecida” por los paramilitares. La señalaban de haber auxiliado guerrilleros inscribiéndolos al Sisbén. En 2005, con la promulgación de la Ley de Justicia y

El tipo de reparación que pedía Paulina era pionero en el país. A pesar de la ley, nadie sabía cómo concretarla Cristina estaba desaparecida, Paulina comenzó la búsqueda. En San José, en El Retorno y en Calamar conversó con funcionarios públicos, detrás de una pista. Y fueron unos paramilitares a quienes Paulina pescó en una calle de Calamar los que le dijeron: “Cuando le pasa

Paz, algunos desmovilizados del Bloque Centauros dieron indicaciones del lugar donde podrían estar los restos de María Cristina, pero la Fiscalía no los encontró. Paulina, por su parte, se hizo integrante del Movimiento de Víctimas del Estado (Movice) y comenzó su lu-

cha política: estudió sobre el conflicto armado, sobre derechos humanos, derecho internacional humanitario y temas afines. Aprendió sobre las guerras centroamericanas y las dictaduras del Cono Sur. Y descubrió que para dignificar la memoria de su hija, para contrarrestar el voz a voz en el Guaviare que la seguía señalando de guerrillera, quería que el centro de salud de Calamar tuviera el nombre ‘María Cristina Cobo Mahecha’. Transcurrieron siete años para que Paulina encontrara la forma de lograr ese propósito. Por intermedio de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA (MAPPOEA), Paulina le envió un oficio al gobernador del Guaviare y al alcalde de Calamar para pedir que como medida de reparación simbólica, facultada por la Ley de Víctimas sancionada en 2011, le pusieran el nombre


de su hija al centro de salud del municipio. Tanto el gobernador como el alcalde le respondieron que iban a encontrar los mecanismos legales para hacerlo. Ayudó, también, que ambos funcionarios eran profesionales en ciencias de la salud: el gobernador, titulado enfermero, había conocido a María Cristina en la universidad; el alcalde, odontólogo, había compartido con ella en el centro de salud. El tipo de reparación que pedía Paulina era pionero en el país. A pesar de la ley, nadie –ni la institucionalidad ni las ONG– sabía cuál era el camino para concretarla. La MAPP-OEA, la Gobernación del Guaviare, la Alcaldía de Calamar, la Defensoría del Pueblo y la Dirección Regional de la Unidad de Víctimas se dieron a la tarea de estudiar a fondo la ley para encontrar la ruta: quién debía dar la orden, quién debía pagar los trabajos específicos, quién debía contratar y llevar a cabo los actos de la reparación, entre otras cuestiones. Finalmente y luego de meses de trabajo, el 13 de marzo de 2013 en el parque central de Calamar, en un acto protocolario presidido por el gobernador, el alcalde, la dirección de la Unidad de Víctimas y la Defensoría, el Estado dio inicio a las acciones de reparación simbólica para Paulina y su familia. Primero, entregaron dos

fotos: federico ríos

en Febrero se instaló un aviso con el nuevo nombre del centro de salud.

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placas en pedestal –una en La Marina y otra en la entrada del centro de salud– con una breve biografía de María Cristina y dejando claro que los restos no se han encontrado, que siguen en “algún lugar del Guaviare”. Y segundo, quedó pendiente la instalación de un aviso grande y luminoso en la fachada del centro de salud con el nombre exacto que debía llevar en adelante. A mediados de febrero de 2014, las autoridades municipales ubicaron el aviso en la fachada y ahora todo aquel que llega al centro

de salud lee el nombre María Cristina Cobo Mahecha; los que quieran enterarse un poco más de quién fue ella pueden ver en la placa. Paulina sigue sintiendo algo de culpa: se recrimina por qué dejó ir a su hija a Calamar, si hubiera podido hacer algo más; por momentos siente que quisiera retroceder el tiempo. Y a la vez, luego de haber obtenido la reparación simbólica, dice que sí ha valido la pena todo ese trabajo. “Valió la pena luchar por la dignificación de la memoria y el nombre de

mi hija. Para que mi familia y la gente de Calamar sepan quién fue María Cristina y qué hizo. Y también valió la pena para dejar un precedente político para que nunca le vuelva a pasar algo similar a un miembro de la comunidad médica”. Su duelo no termina, en todo caso. Y no terminará hasta que encuentre los restos de María Cristina. “Es como buscar una aguja en un pajar –dice–. Llevo diez años y no pierdo la esperanza de encontrar al menos un pedazo del cuerpo de mi hija”.


reconciliAción

e n t r e v i s ta

a suPeRaR Las ‘RosCas’ John Paul Lederach, autoridad en construcción de paz, dice que Colombia es el país con más propuestas, pero no hay una estrategia unificada.

foto: guillermo torres

R

John Paul

lederach ha trabajado en Colombia, filipinas, Nepal y África occidental, y ha escrito 22 libros sobre la reconciliación.

RECONCILIACIÓN COLOMBIA: ¿Por qué evita usar la palabra posconflicto? JOHN PAUL LEDERACH: Porque el conflicto no desaparece, sino que toma una nueva expresión. Pasa de ser una expresión violenta armada a una de diálogo y de respeto. Es la gran transformación que se hace cuando se alcanza un acuerdo de paz. R.C: ¿Cómo lograr que el tema de la reconciliación no sea arrastrado por la polarización que generan las campañas políticas? J.P.L.: La reconciliación es la cadena de procesos dinámicos que se dan antes, durante y después de los espacios de negociación oficiales. Esta expresión trasciende a un ‘contexto relacional’. No se circunscribe exclusivamente a alcanzar acuerdos sobre contenidos. La reconciliación abarca las esferas de quiénes somos y con qué perspectivas decidimos convivir. La mayoría de los conflictos armados y de violencia actuales son internos, lo que significa que el enemigo

convive con nosotros y no hay una forma fácil de alejarnos unos de otros. R.C: Muchos insisten en el perdón para avanzar en la reconciliación... J.P.L.: En la reconciliación no hay borrón y cuenta nueva. Una de las características propias de la reconciliación es recordar y cambiar. No perdonar y olvidar. Debemos recordar una historia dolorosa y difícil, reconocer lo que ha ocurrido. A menudo, los únicos que piden memoria son las víctimas y lo hacen como una forma de reconocimiento. Hay una diferencia entre conocer y reconocer. Lo que conecta la memoria con la transformación es el genuino reconocimiento de que lo que a usted le pasó, no le debe volver a pasar. R.C: ¿Existen diferencias al trabajar la reconciliación en el ámbito nacional y en el local? J.P.L.: A menudo se habla de la reconciliación nacional, pero cuando prestamos atención a lo que les pasa a las personas afectadas por la violencia, podemos notar una especie de paradoja. Donde hay una experiencia de violencia cada uno tiene un camino de sanación diferente al otro. En lo micro, hay que tener espacios para que cada persona viva su propio proceso. Y por otro


El vacío más

lado, cuando se habla del ámbito nacional se hace referencia a una nación, a un ámbito colectivo. Para este segundo ámbito, los teólogos hablan de la necesidad de escoger la opción preferencial comunitaria que significa buscar espacios de permanente diálogo cara a cara y en un lugar común entre los diversos, que permita entrar en procesos de reconciliación a través de diálogos significativos. El problema de la etiqueta ‘nacional’ es que es muy abstracto y muy simbólico y para los procesos de reconciliación hace falta tocar las experiencias de los involucrados por lo que se necesitan crear diálogos sostenibles. R.C: Algunas personas consideran que en las regiones no se dan experiencias de reconciliación sino de resistencia... J.P.L.: Entre resistencia y reconciliación me quedo con resiliencia, que es muy parecido al fenómeno de la física mediante el cual un metal tiene la propiedad de recuperar su forma luego de ser sometido a calor extremo. La resistencia tiene en parte algo de resiliencia: resistir a que me aplasten, pero habría que ver si ese proceso de resistir lleva a la comunidad a volver a tomar su forma comunitaria. Cuando la gente habla de su propio proceso de sanación, lo que más menciona es la necesidad de sentirse persona de nuevo. Ese recuperar el sentido de comunidad, es decir ‘de que somos’ junto con otros, ese paso que incluye

foto: afp

grande es la desconexión de lo que pasa a nivel de las elites con lo que ocurre a nivel local, señala John Lederech.

a los diversos es el que hace la diferencia entre la resistencia y la reconciliación. La resistencia implica un posicionamiento contra algo o alguien. Reconciliación requiere una actitud de abrir el espacio a otros y ello contemplando la probabilidad de reconstruir las relaciones. R. C: ¿Cómo conectar estas experiencias de reconciliación local con la política nacional? J.P.L.: El vacío más importante que existe en la construcción de paz es que lo que pasa a nivel de las elites no se conecta con lo que ocurre a nivel local.

explicar a cada localidad lo que se acababa de firmar. Fue una experiencia única porque los que estaban al nivel más alto, bajaron juntos a este diálogo con las comunidades. Y la comunidad planteó temas concretos y duros: ¿Quién me recupera a mi hija? ¿Quién me repara la casa que bombardearon? Hubo una conversación directa. Conversación significa que uno habla y el otro escucha y luego el otro escucha y uno habla. Tenemos que entender que estamos hablando de procesos, extendidos en el tiempo, no de eventos.

“Una de las características de la reconciliación es recordar y cambiar. No perdonar y olvidar” Este clic no es nada fácil de lograr. En mis 35 años de experiencia he visto varias expresiones, pero hay una que me pareció muy interesante, la de Nicaragua después de la firma de los acuerdos. Allí se concertó visitar pueblo por pueblo y

R.C: ¿Cómo crear esta conciencia? J.P.L.: La parte que está en la cúspide de la sociedad tiene que entender la interdependencia que tiene con los otros niveles de la sociedad. Esto es lo único que evita que se

geste una visión descarnada y poco sintonizada de lo que pasa realmente en la vida diaria de los otros sectores. Para que no suceda eso de hablar mucho de ellos, pero no hablar con ellos, lo que genera desconexión. Pero en Colombia el trabajo no solo es de los que están en la parte de arriba de la sociedad. En la base veo que la sociedad civil está muy fragmentada y desarticulada. La sociedad colombiana es un ejemplo increíble de las llamadas ‘roscas’: cada uno con su grupito, muy activos, pero no articulados. Es necesario tener conversaciones con la gente que visualizamos como enemigos. Este es el país que más propuestas de paz y de reconciliación tiene en el mundo. Y esto sucede porque cada grupo tiene su propia propuesta, pero no quieren articular una estrategia juntos. Hay que entender que esa fragmentación limita la capacidad de influenciar de forma adecuada los procesos sociales de construcción de paz y de reconciliación.

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reconciliAción

opinión

Las cLaves de MaNdeLa

Tenía todas las razones para odiar y apelar a la violencia, pero dejó de obrar movido por la razón y se acogió a la lógica superior del perdón.

Javier Darío restrepo*

N

Nelson

Mandela hizo mejor al mundo porque reveló que el perdón sí es posible. Tuvo todos los motivos para emprender el camino de la violencia; así lo dijo en un desusado gesto de franqueza ante el juez que lo había hecho comparecer en aquella audiencia de Rivonia, en 1964. Fue capturado con la ayuda de la CIA que seguía todos los pasos de este hombre clasificado como peligroso terrorista, fundador del grupo guerrillero Lanzas de la Nación y asociado a la muerte de 300 policías y soldados. Todos conocían los motivos de sus acciones contra el sistema, pero la mayoría volvía los ojos al otro para no correr riesgos. Nadie podía desconocer la existencia del régimen del Apartheid que discrimina*Experto en ética periodística

ba a la población negra y les negaba sus derechos. Mandela fue condenado a prisión perpetua en la cárcel de Robben Island, en una estrecha celda en donde el antiguo guerrillero y terrorista renació. Allí estuvo 18 años, y en marzo de 1982 pasó al reclusorio de Pollsmoor, cerca de Ciudad del Cabo y en 1986 a la cárcel de Para, en Cabo Occidental, en donde el rigor carcelario se atenuó. Su nueva prisión, desde donde adelantaría conversaciones secretas con el gobier-

decisión de cambiar la historia de su país con la liquidación del Apartheid. Cuando llegó al final de su encierro, en febrero de 1986, el feroz guerrillero que había hecho profesión de violencia ante el juez ahora tenía el corazón manso. Cuando el reportero inglés, John Carlin, el primero en entrevistarlo, le pregunto cómo negociar una transición democrática, Mandela respondió: “Reconciliando los temores de los blancos con las aspiraciones de los negros”. Fue la primera clave: había que conocer al enemigo y no solo imaginarlo bajo la sospechosa dirección de los resentimientos, los prejuicios y los odios. Mandela decidió

Parte de su renacimiento fue la convicción de que la lógica del perdón es contraria a la de la política no, era una casa con jardín y piscina en donde podía recibir las visitas de su familia. Fueron años de morosas y profundas lecturas, de observación fina de sus guardianes cuyo idioma, el afrikaan, aprendió para facilitar la comunicación con ellos, y de una implacable autocrítica que cambiaría su visión, que le dieron una orientación nueva sus métodos de lucha sin alterar su

meterse en la piel del enemigo. Según Richard Steigel, director de Time, Mandela fundó su relación con los otros en el presupuesto de que los demás son íntegros y dignos. Parte de su renacimiento fue la convicción de que la lógica del perdón y de la paz es contraria a las lógicas en uso de la política, de los negocios o de la guerra. Al adoptar esa lógica contraria,

supo que se condenaba a remar contra corriente. Aplicó esa lógica enrevesada cuando siendo presidente invito a un té al general Constant Viljean, un general blanco que recorría a Sudáfrica formando células terroristas para derribar al presidente negro a quien no podía dejar de ver como un terrorista. Por eso su sorpresa fue grande al encontrarse con un anfitrión que hizo el té, se lo sirvió con un gesto familiar y que activó las defensas del militar más que si hubiera encontrado al presidente armado y a la ofensiva. Al cabo de una relajada conversación supo que había escogido la táctica apropiada cuando, el que era su enemigo, admitió que estaba equivocado y le prometió fidelidad. El arzobispo anglicano Desmond Tutu trabajó con Mandela en la creación de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, a la que señalaron el objetivo de pedir a los verdugos el reconocimiento de sus excesos y a las víctimas que perdonar. El gobierno del Apartheid pretendió cerrar el camino con la afirmación miope de que no hablaba con terroristas: “terminaron hablando con terroristas y los terroristas luego llegaron a tener al presidente del país”, recordó Tutu.


foto: archivo SEmana

en 1962 Mandela

fue condenado a cadena perpetua. Pasó 27 años tras las rejas. En 1994 fue elegido presidente de Sudáfrica.

Si se hubieran empeñado en no hablar con Mandela y con la guerrilla Espada de la Nación, Sudáfrica seguiría en guerra. El diálogo eleva los niveles morales de la confrontación porque introduce el elemento racional e inteligente, alejado del recurso fácil de los adjetivos ofensivos; obliga a los interlocutores a examinar los fundamentos de sus juicios y a someterlos a una comprobación de hechos y de juicios. El que dialoga, además, le reconoce una entidad y un rostro a su enemigo y deja atrás la postura radical de negarle la dignidad de ser, que es la

situación previa a la decisión de eliminarlo físicamente. La otra clave tiene que ver con la posición mental de quienes consideran que los ‘buenos’ degradan su condición cuando acceden a conversar con los ‘malos’. Mandela dio por supuesto que en el drama sudafricano había buenos y malos en todos los lados porque le constaba que se habían cometido excesos vergonzosos y una discusión sobre las culpas y los culpables sería interminable y estéril. En cambio había amigos y enemigos, con los amigos se colaboraría y con los enemigos se negociaría. El enemigo

es enemigo no porque él sea intrínsecamente malo y yo sea su opuesto o sea el bueno, sino porque su interés no coincide con el mío, o impide el mío; por tanto, entre esos dos mundos diferentes se han de buscar los puntos de contacto. Sometido a críticas cuando compartía el Premio Nobel con el presidente De Klerk, respondió que para tener la paz con un enemigo es preciso trabajar con él, así, el enemigo se convierte en socio. La otra clave de Mandela es la del poder pacificador que él le atribuye a la esperanza, y del poder destructor y generador de violencia que

descubre en la desesperanza. Esperar es tener fe en lo posible y, en este caso, era admitir que en el interlocutor, fuera el negro ‘terrorista’ o el blanco opresor, había posibilidades que debían buscarse y encontrarse. Ese ejercicio tendría que extenderse a los del propio bando porque cabía desconfiar de la capacidad de los del propio grupo para intentar la riesgosa escalada hacia la cima del perdón desde las cimas del odio, los resentimientos y los prejuicios culturales. Artículo publicado en la revista ‘Vida Nueva’


foto: juan carlos sierra

s a n ta n d e r e s y e j e c a f e t e r o

LoS pRimERoS fRutoS En Santander, Norte de Santander, Caldas, Quind铆o y Risaralda los procesos de reconciliaci贸n apenas comienzan.


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reconciliAción

s a n ta n d e r e s

Sin miedo Las organizaciones sociales protagonizan la reconciliación en los Santanderes. A los gobiernos locales les falta mucha acción.

Santander

y Norte de Santander han sido escenario del conflicto armado con presencia de guerrillas, paramilitares, bandas criminales y organizaciones al servicio del narcotráfico. Santander fue cuna del ELN y de paramilitares cuando al principio de los años ochenta aparecieron los Macetos, nombre que identificó al grupo paramilitar MAS (Muerte a Secuestradores) que operó en San Vicente y El Carmen de Chucurí. Las Farc, el EPL, el ELN y las AUC han hecho presencia con acciones bélicas que han dejado muerte, desplazamientos forzados, secuestros, desaparecidos y ejecuciones extrajudiciales con responsabilidad de agentes del Estado. En Ocaña aún se recuerda a las personas asesinadas que fueron presentadas como guerrilleros muertos en combate. Según la Unidad para la Atención y Reparación Inte*Sociólogo, director de la Corporación Compromiso

con el Observatorio de Paz y Derechos Humanos, Fundación Estructurar, Instituto de Estudios Humanitarios, Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Fundación Progresar, organizaciones de víctimas, de mujeres, de jóvenes, de campesinos trabajan por la construcción de condiciones de vida digna para todas las personas. En enero de 2012 amenazaron en Barrancabermeja a personas

La reconciliación no debe ser un discurso para quedar bien, sino acciones concretas gridad y libertad sexual. De estos, 148.305 ocurrieron en Santander y 206.858 en Norte de Santander. A pesar de los datos, existe experiencia de organizaciones de la sociedad civil que trabajan por la paz, la superación de las violencias y el respeto a los derechos humanos. Organizaciones que han denunciado y documentado situaciones de violencia acudiendo incluso a la comunidad internacional para buscar protección a líderes y comunidades. Algunas de ellas, como Corporación Credhos, Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, Observatorio de Paz Integral, Corporación Compromiso

vinculadas a organizaciones como Credhos, Asociación de Desplazados Asentados en el Municipio de Barrancabermeja (Asodesamuba), Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra. El mismo año en octubre fueron amenazadas organizaciones del Área Metropolitana de Bucaramanga, entre ellas la Corporación Compromiso, Nuevo Arco Iris, Promopaz. En 2014, han amenazado a investigadores del Observatorio de Paz Integral del Magdalena Medo, así como líderes campesinos que trabajan en la defensa de derechos ambientales en Santander y Norte de Santander. La acción de los gobier-

las iniciativas

no solo trabajan por la construcción de una vida digna para las víctimas, sino para la población en general.

foto: carlos pineda- archivo semana

S

gral a Víctimas, desde 1985 a la fecha, en Santander hay 117.705 desplazados por el conflicto, 2.691 desaparecidas y 1.264 secuestrados. En Norte de Santander, se registraron 166.117 desplazados, 2.565 desaparecidos y 1.631 secuestrados. En total, 355.163 hechos victimizantes en los dos departamentos incluyendo homicidios, reclutamiento forzado de niños y niñas, tortura, delitos contra la inte-

foto: pablo monsalve

Eduardo ramírEz*

nos municipales y departamentales en favor de la paz y la reconciliación todavía no es notoria. Hace siete años se creó en Santander el Comité Departamental de Derechos Humanos, organismo mixto del Estado y la sociedad civil. Sin embargo, en los últimos dos años solo se ha convoca-


Datos de 1985 hasta marzo de 2014. Norte de Santander

Santander

Actos terroristas 2.254

714

Desapariciones forzadas 2.565

2.691

Desplazamientos 166.717

117.705

Homicidios 30.949

22.962

143

Heridos o fallecidos por minas antipersona 730

263

Secuestros 1.631

1.264

Torturas 163

133

Reclutamientos forzados de niños y adolescentes 42

54

Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

Foto: pablo monsalVe

do una vez a pesar de múltiples situaciones que ameritan una acción permanente. Los recursos del Plan Departamental de Derechos Humanos presentan una muy baja ejecución (en 2014 se invertirían 400 millones de pesos en todo el departamento en temas de paz y derechos humanos, según el delegado del gobernador de Santander al cuatro encuentro regional de Reconciliación Colombia). En contraste, se destaca la labor del Área Metropolitana de Bucaramanga que asume un compromiso con la reconciliación al incluir el tema en su Plan Integral de Desarrollo. En alianza con la Agencia Colombiana de Reintegración, apoya la vinculación laboral de desmovilizados, tienen programas que benefician a sus hijos e hijas y han vinculado a 250 desmovilizados en programas de servicio social. Las iniciativas desde la sociedad civil son las más notorias. Se destacan el trabajo de Asfaddes por el derecho a la verdad en cuanto a la desaparición forzada; la Fundación Estructurar que en 2014 atiende a 15.246 niños, niñas, adolescentes y sus familias de población vulnerable de Santander y Norte de Santander; el trabajo de la Corporación Compromiso que creó la Red de Mujeres Víctimas Las Auroras y apoya permanentemente acciones educativas para la transformación positiva de los conflictos y la reconciliación. Hoy se requiere mayor compromiso de gobiernos municipales y departamentales y de la empresa privada para hacer cierto aquello de que la reconciliación no es un discurso para quedar bien, son acciones concretas para crear condiciones de vida digna para millones de colombianos.

HecHos victimizantes


reconciliAción

s a n ta n d e r e s

LoS rESiStENtES En Santander, Norte de Santander y el Magdalena Medio estos 50 programas muestran que desde la sociedad civil, el Estado y la empresa privada ya se trabaja por la reconciliación.

Más información información sobre sobre cada cada iniciativa iniciativa en en ** Más www.reconciliacioncolombia.com www.reconciliacioncolombia.com


Diakonia Colombia

· Argos · Asociación de vivienda pradera

Corporación Compromiso Alcaldía de Bucaramanga

de paz-Provivienda

· Corporación Ave Fénix · Ecopetrol · Unión Sindical · Programa de Desarrollo para la

Desmovilizado Diego Mantilla

Parroquia de Mogotes Gobernación de Santander Fundación Andi

Comertex

Paz del Magdalena Centro

Fundación El Libro Total

Fundación para la Reconciliación Centro de Atención Especializada para Jóvenes Desvinculados-ICBF

Asociación de Trabajadores Profesora Ana Campesinos de Carare (ATCC) Isabel Pino Asamblea Municipal Constituyente de Mogotes

· Pastoral Social de La Dorada · Isagén · Policía Nacional-Programa Dare · Universidad Javeriana · Empresa Comunitaria Balcones del Río

· Artesanía por Colombia · Escuela Galán

Fundaciones Petroleras

Parroquia de San Martín en Bucaramanga

Crew

Grupo de metalmecánica 10M Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (ASFADDES)

Instituto de Victimología de la Universidad Santo Tomás

La Quinta con Quinta

Envíos y Soluciones Cúcuta S.A. Asociación por los Desplazados Unidos por el Progreso (ASDUP) Parroquia de Sardinata

Pastoral Social de Cúcuta

Gobernación de Norte de Santander

Asociación de Familias Unidas por el Conflicto en Norte de Santander (ASFUCANS) Alcaldía de Ocaña Alcaldía de Sardinata

Fundaciones Petroleras

Centro de Transformación de Conflictos (CTC) Programa de Desarrollo y Paz del Oriente Colombiano (Consornoc)

ACR

filandia, quindío. girón, Santander.

foto: cortesía coltabaco / julián lineros

Organización Femenina de la Mujer

norte de Santander

Santander

Magdalena Medio

Corporación de Profesionales para el Desarrollo Integral Comunitario Archivo de Memoria Oral de las Víctimas (Amovi) Personería de Cúcuta Comité Departamental de la Federación Nacional de Cafeteros


reconciliAción

s a n ta n d e r e s

REcoRdAR pARA contARLo A Rafael Lizcano solo le queda, luego de años de muertes y despojos, la confianza en el Estado.

E ¿en dónde?

Tibú, Norte de Santander.

l hijo

mayor de don Rafael Lizcano fue asesinado en junio de 2012. Tenía 40 años y se dedicaba a atender una fonda de billares en los bajos de la casa familiar. “Rafaelito era el alma del negocio –dice su padre, herido por el recuerdo–. Era un militar retirado que había combatido a la guerrilla en San Vicente del Chucurí. Y me lo vino a matar un desgraciado con seis tiros de 7.65 por la espalda…”. Diez años atrás, septiembre de 2002, el hijo menor de don Rafael llamado Miguel Ángel había corrido la misma suerte: también exmilitar de tropas acantonadas en la región del Catatumbo, cayó asesinado mientras laboraba como conductor y escolta de una líder comunitaria en una masacre cometida por paramilitares en la vereda El Mestizo, del municipio de Zulia –a unas tres horas de Cúcuta–. Y como si el paso de una década marcara la muerte en su familia, en junio de 1993 asesinaron al segundo de sus cuatro hijos, llamado Luis Alberto, un día antes de cumplir 20 años y el único que no hizo carrera militar. Hoy le queda vivo un hijo, Armando, de 37 años, retirado de las Fuerzas Especiales del Ejército y dedicado al comercio fronterizo. “De todos los golpes que me ha dado la vida –dice don Rafael, con la voz quebrada–, la muerte de mis tres hijos ha sido lo más duro. Me hubieran matado a mí. Yo ya había vivido”. Nacido en 1938, en el municipio de Sardinata –80 kilómetros al noroccidente de Cúcuta–, don Rafael Lizcano ha sido un hombre del campo. Conocedor de todas las técnicas agropecuarias de las tierras del Catatumbo, llegó a la región siendo un niño de 7 años que iba de la mano de su padre. Los Lizcano fueron de las primeras familias que colonizaron el corregimiento de Campo Dos, del municipio de Tibú, en Norte de Santander. Durante gran parte del siglo XX esta región permaneció protegida por la distancia y relativamente ajena de la violencia política que desangraba la mayoría de las zonas andinas


foto: fEDERICo RÍoS

Rafael lizcano

cuenta con amargura cómo el conflicto armado le quitó tres de sus cuatro hijos.


reconciliAción

de Colombia. Mantenía un intercambio comercial provechoso con Venezuela cuando el bolívar era una de las monedas más fuertes de América Latina. Y sus habitantes, todos campesinos, se dedicaban a cultivar la tierra y la ganadería. En el Catatumbo irrumpieron primero las guerrillas del EPL y del ELN, a comienzos de la década del ochenta, y más tarde se les sumaron las Farc. Su llegada coincidió con los hallazgos de petróleo y carbón que prometían un cambio en el uso de la tierra con la consecuente entrada de grandes grupos económicos así como de Ecopetrol. “Los guerrilleros llegaron a lavarles el cerebro a los campesinos –dice don Rafael–. Que los dueños de las fincas eran unos explotadores, que los tenían casi como esclavos”. La situación se agravó en la década del noventa cuando se expandieron los cultivos de hoja de coca y cayó el precio del bolívar. En un lapso de unos cinco años, el Catatumbo dejó de ser una alacena de cítricos, leguminosas y carne para convertirse en una de las regiones con la más alta productividad de coca en el país –luego del Caquetá y Putumayo–. En esa época, las guerrillas señalaron a don Rafael como objetivo de guerra. “Tenía tres hijos en la vida militar y en esta región un campesino no puede tener hijos ni en la Policía ni en el Ejército porque se convierte automáticamente en botín de la guerrilla”. Don Rafael había heredado de su padre una finca de 100 hectáreas en Campo Dos y para esos primeros años de los noventa ya había logrado

s a n ta n d e r e s

Sin alegría, pero sin tristeza, Rafael Lizcano siente que le queda la vida: “La mayoría de mis amigos fueron masacrados”

tenerla en completa producción: con más de 100 cabezas de ganado en seis potreros, un cultivo de cacao que en

salir de la finca aunque sin abandonarla del todo: iba y venía, le daba vueltas, pero dormía con su esposa en su

Cuando supo que era objetivo de guerra, no le quedó más remedio que salir de la finca que había heredado cada cosecha le dejaba entre 2 y 3 millones de pesos de utilidad, varias decenas de palmas de coco y otro tanto sembrado en cítricos. Así que, tras saberse como objetivo de guerra, a don Rafael no le quedó más opción que

casa de Cúcuta. Pudo regresar por periodos más largos luego de que el Ejército instaló una base temporal en un lote colindante con su finca. “Y ahí el problema fueron los abusos de algunos militares –dice–:

me cortaban el agua desviando las mangueras para que les llegara a ellos, entonces me dejaban sin agua para el ganado y para el sustento humano. Los soldados convirtieron en piscinas los estanques para el ganado. El embarcadero del ganado, donde yo lo arrumaba para marcarlo, me lo desarmaron para ellos usar la madera como leña. Tumbaron dos cedros, se llevaban mis herramientas abusivamente: las guadañadoras, la motobomba, las escaleras, todo”. Finalmente, luego de quejarse con un capitán, le devolvieron las herramientas


foto: fEDERICo RÍoS

a don Rafael en la finca. Le dijo que llevaba unos días trabajando con los paramilitares. Que estaba a punto de enrolarse completamente e irse monte adentro. Antes, le quería advertir que los paras iban a venir a matarlo. Corría el rumor de que don

los que me compraron”, observa don Rafael. Un grupo de hombres armados sin identificarse se metieron a su casa en Cúcuta, lo rodearon mientras le hacían ver las pistolas que llevaban en el cinto. “Que les firmara el traspaso del resto de la finca,

Don Rafael vive con la ilusión de volver a su finca y sembrarla para que produzca alimentos, no aceite combustible

y no volvieron a abusar del equipamiento de su finca. A partir de 1999, el Catatumbo ardió en la guerra. Aquel año aparecieron los paramilitares, el Ejército desmontó la base vecina y Campo Dos y el resto de Tibú quedaron a merced del fuego cruzado. “Fueron épocas terribles –acota–. Las fincas ya estaban casi destruidas por las guerrillas y lo que hicieron los paras fue amenazar, masacrar y desplazar a los dueños. Muchos de ellos ya habían sido víctimas de secuestros y extorsiones”. Una tarde, un joven campesino de la vereda buscó

Rafael tenía dos hermanos guerrilleros. “Yo solo tengo un hermano y no es guerrillero –dice–. Pero le hice caso al muchacho porque sus padres eran amigos míos, yo les había ayudado en momentos difíciles; por eso, ese muchacho, agradecido, quiso evitar que me mataran”. Don Rafael se desplazó definitivamente de Campo Dos hacia Cúcuta diez días después de la masacre en El Mestizo en la que murió su hijo Miguel Ángel. “Desplazado y fracasado –añade–. Perdí los cultivos y me quedé con todas las deudas: a cada santo le quedé debiendo una vela”. Dos años después, 2004, le resultó un comprador para la finca al que solo le vendió la mitad para pagar una deuda. Cincuenta hectáreas por 12 millones de pesos –que hoy pueden valer más de 150 millones–. Estaba acosado y creyó ver una salida. Fue un típico negocio facilitado por la intimidación de los paramilitares: ante la perspectiva de perder toda la tierra por causa de la guerra, muchos dueños vendieron a menos precio con tal de obtener un poco de tranquilidad. “Y no fue suficiente para

que si no iba a cumplir con el negocio, me dijeron”. Don Rafael los enfrentó diciéndoles que estaban cometiendo un error, que el negocio había quedado cerrado, que era a él a quien todavía le debían una parte del dinero. “En un segundo les dije que iba por los papeles de la venta, pero tuve la lucidez de llamar a la Policía. ‘Me van a matar o me van a secuestrar’, dije. La Policía llegó y arrestaron a algunos, otros se fugaron. Gracias a la Policía estoy vivo”. Desde entonces, don Rafael ha recibido tres asistencias humanitarias como desplazado que se resumen en mercados de 500.000 pesos. Y en 2010, fue favorecido como sujeto de reparación en una sentencia de la Corte Suprema de Justicia que involucró a una pequeña parte de las más de 5.000 víctimas de los paramilitares en la región. La sentencia, por demás, ha sido motivo de debate jurídico y su completa ejecución está en un limbo: de un lado, las víctimas agrupadas en la Asociación de Familias Unidas por el Conflicto Armado de Norte de Santander (Asfucans) exigen que el gobierno les cumpla las cantidades de

dinero estipuladas en la segunda instancia por la Corte, que obedecen a la Ley de Justicia y Paz de 2005. Del otro lado, el gobierno, por medio de la Unidad Nacional de Víctimas, pretende cubrir la reparación, pero sobre los topes de dinero establecidos en la Ley de Víctimas de 2011; topes más pequeños que los primeros. Don Rafael es uno de los cinco líderes de estas víctimas y nunca falta a una reunión o a una cita con las entidades del Estado sin importar algunos quebrantos de salud. Vive con la ilusión de volver a su finca y sembrarla para que produzca alimentos, no aceite combustible. “Todo por acá está lleno de palma africana –dice–. ¿Y qué vamos a comer en el futuro cuando ya nadie quiera sembrar alimentos?”. Cuando se desbarata en llanto al recordar la muerte de sus hijos y la cantidad de deudas que para él hoy son impagables, vuelve a su pasado, mira las fotos de su mamá y de su abuelo; mira la de su papá. Y reafirma que su vida no ha sido en vano, que ha sido un hombre “de bien, trabajador del campo y con espíritu de servicio”. Confía en el Estado y en la fuerza pública, advierte de la necesidad de denunciar, de dejarse ayudar por las instituciones. “Así como hay unos funcionarios que no ayudan mucho, hay otros que sí quieren ayudarnos a nosotros las víctimas”. Sin alegría, pero sin tristeza, siente que le queda la vida: “Yo al menos puedo contar el cuento. La mayoría de mis amigos de la vereda fueron vilmente masacrados”.

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foto: juan carlos sierra

foto: carlos pineda


foto: carlos pineda

1

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yo me La juego 3

La participaci贸n de la sociedad civil en la reconciliaci贸n es un elemento fundamental para hacer que empiece a funcionar.


*xxxxx.

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foto: juan Manuel Barrero

foto: juan carlos sierra

foto: caMilo roZo / arcHiVo seMana

reconciliAci贸n CONFIANZA

5

6


1. Las calles del país se han convertido en los mejores lienzos. Aquí un ejemplo en Barranquilla. 2. Los jóvenes del Eje Cafetero le siguen apostando a la agricultura como forma de vida. 3. Buena parte de la obra de la artista Doris Salcedo está influenciada por el conflicto y la reconciliación. Aquí una instalación suya en la Plaza de Bolívar en 2007. 4. Rodrigo Trujillo, gerente de Condimentos Putumayo, en Tábula, uno de los restaurantes bogotanos donde utilizan la pimienta que hoy cultivan en campos antes sembrados con coca. 5. Viaje por el río Quito hacia Paimadó (Chocó). 6. En Mutatá (Antioquia), una indígena emberá chamí pinta la cara de un indígena senú, durante una reunión de las comunidades emberá chamí, katío, tule y senú.


reconciliAción

eje cafetero

ARomA A EspERAnzA

En el café y su simbolismo reposa gran parte de la sostenibilidad de Quindío, Risaralda y Caldas.

EL rELEvo gEnEraCionaL

A

A

finales de los noventa la violencia en el Eje Cafetero se recrudeció. De 1999 a 2000, según la Unidad de Víctimas, los homicidios y los secues-

*Periodista del Proyecto Reconciliación Colombia.

de la caficultura es uno de los pasos por seguir para consolidar la reconciliación en la región .

tros pasaron de 1.528 a 2.015 y de 71 a 130, respectivamente. En Colombia, el 7 por ciento de los cafeteros abandonaron el sector por el conflicto y en Caldas, Risaralda y Quindío el desplazamiento se volvió la única opción para la mayoría de cultivadores que, cansados de los ataques, las ‘vacunas’, los secuestros y las amenazas, se despidieron del grano como motor de vida. Allí, en las dos últimas décadas hubo más de 130.000

desplazamientos, llevándose Caldas la peor parte. No fue fácil para los que se arriesgaron al retorno. Casi diez años después de haber partido, las primeras familias volvieron aprovechando el debilitamiento del frente 47 de las Farc comandado por Karina, quien con sevicia y odio impuso el régimen del degollamiento en Caldas, y la desarticulación del frente Óscar William Calvo del EPL, desde donde alias Leyton, el

terror de Quinchía, extorsionó a gran parte del noreste risaraldeño. En vez de parcelas perfectas cargadas de granos, los caficultores encontraron agrestes e irreconocibles montes. Quindío, por su parte, libre de actores armados desde hace 12 años cuando se desarticularon los frentes 41 y 50 de las Farc, recibió desde mediados de la década pasada el desbordamiento de víctimas producido en sus departamentos vecinos y se

foto: edison sánchez

Laura Campos EnCinaLEs*


bachilleres, técnicos y hasta tecnólogos, si estudian un año más de los 11 requeridos. Quindío, a pesar de sus limitaciones presupuestales, brinda educación superior gratuita a 39 víctimas que actualmente cursan segundo semestre en la Escuela Superior de Administración Pública. Un gesto comprometido que trasciende el mero cumplimiento de la Ley 1448. Sin embargo, las oportunidades educativas que la región, consciente del potencial transformador de los herederos del café, ofrece a los jóvenes, no son suficientes. Para recuperar lo perdido se necesita, además de mucha voluntad, una institucionalidad fortalecida, comprometida con la paz, y lo más importante, capacitada para ella. Muchas fueron las voces de funcionarios públicos de la región que reconocieron durante el cuarto encuentro de Reconciliación Colombia, que abordó las regiones de Santanderes y Eje Cafetero, su incapacidad para atender a las víctimas del conflicto y aquella para diseñar políticas dirigidas a la solución de las causas estructurales de este. A esta talanquera se suma el hecho de que en los planes de desarrollo de los mandatarios regionales sean contados los programas que incluyan las palabras ‘paz’ o ‘reconci-

El desplazamiento se volvió la única opción para los cultivadores que estaban cansados de la violencia Nacional de Cafeteros y al modelo educativo ‘Escuela Nueva’, va por buen camino. Con el modelo, los niños campesinos acceden a una educación básica rural con calidad de la que se gradúan como

liación’ y nulos los capítulos exclusivamente dirigidos a ellas. En el Eje Cafetero, particularmente, el tema de la paz ha sido abordado de manera distante desde marcos como el de los derechos humanos y

HecHos victimizantes Datos de 1985 hasta marzo de 2014. Caldas

Risaralda

Quindío

Reclutamientos forzados de niños y adolescentes 41

42

6

Secuestros 526

297

82

Desplazamientos 82.061

33.636

10.704

Homicidios 14.327

9.493

materializado, en su mayoría, únicamente en la implementación de la Ley de Víctimas, que como su nombre lo indica es ley. Hacen falta propuestas creativas, bien pensadas, que denoten intención real de cambio por parte de las autoridades. Agendas de paz, diálogos inclusivos en los que la gente sienta que es tenida en cuenta para construir el futuro de su departamento y con los que confíe en las instituciones para diseñar soluciones concertadas, no impuestas. Esa es la tarea. Asumir la reconciliación como un proceso a largo plazo cuyo éxito no solo se refleja en el cese de la violencia directa es el primer paso. Que en Quindío, por ejemplo, la presencia exclusiva

2.899

Fuente: unidad para la atención y reparación integral a las Víctimas

convirtió en hogar permanente para muchas de ellas. Ahora con solo 500.000 habitantes y 12 municipios de los cuales diez son de sexta categoría, el segundo departamento más pequeño de Colombia alberga 44.000 víctimas del conflicto a las que por mandato de ley, con o sin recursos, debe atender y acompañar. Con el desplazamiento de sus patrones, la mano de obra que estaba al servicio de los cafeteros quedó sumida en el difícil mundo de la desocupación y en medio de la falta de oportunidades algunos incursionaron en los cultivos ilícitos, haciendo que sus descendientes, los jóvenes risaraldenses, caldenses y quindianos de las áreas rurales, vieran con naturalidad la participación en actividades o grupos ilícitos. De ahí que el relevo generacional de la caficultura se desprenda como un imperativo de la reconciliación que quiere construirse en la región. Hacer que las nuevas generaciones encuentren un espacio en el campo como fuerza productiva de granos, no de balas, es tal vez el mayor reto al que se enfrentan tres departamentos que con su fruto hicieron famosa a Colombia en el mundo. Caldas, que adelanta esa labor gracias a la Federación

de bandas criminales y no de otros actores armados sea asumida como un indicador de que el tema de la guerra está superado es un error craso. La transformación de la violencia en manifestaciones distintas pero igualmente preocupantes es más bien muestra de lo importante que resulta invertir en política social y en educación. En la educación está la salida. Y el Eje Cafetero posee el incentivo del que muchas otras regiones carecen: el café. Ese grano del que todos se enorgullecen y que, sin duda, es el mejor embajador de Colombia en el mundo, agilizará la reconciliación si no es desaprovechado su rol como el motivo por el que las nuevas generaciones se formarán con tal de no dejar perder un símbolo patrio.

155


reconciliAción

eje cafetero

Esa Es la ruta universidad autónoma de Manizales

Comunidad de Génova asociación de arquitectos de Quindío

agencia Nacional para la superación de la Pobreza Extrema

Programa de Paz y Competitividad

Centro de Capacitación e Integración Indígena

alcaldía de armenia unidad de Víctimas redepaz Quindío

Comunidad Indígena de riosucio

asociación de víctimas

Empresa Comunitaria

universidad del Quindío Foro Permanente para la Paz y la Democracia

unidad de Víctimas universidad de Caldas

Balcones del río

aCr

Gobernación de Quindío Periódico ‘Buena Gente’

aCr

Corporación Popular tejedores de Derechos

abriendo Caminos

CercapazGIZ

acopi

Centrooccidente Equitas, sello Narcés

Grupo musical la Iguana Fundación universitaria del Área andina

Comunidad de Quinchía unidad de Víctimas unidad de restitución de tierras

RISARALDA

CALDAS

QUINDÍO

Para muchos, el Eje Cafetero es un territorio en posconflicto. Por eso, estas 36 propuestas de la zona podrían replicarse en el resto del país.

aCr

universidad Católica de Pereira

* Más información sobre cada iniciativa en www.reconciliacioncolombia.com

Escuela taller Calzado de Pereira

Comunidad de Marsella Comunidad Embera de Pueblo rico y Mistrató

Gobernación de risaralda


foto: césar david martínez

Centro de Investigación y Desarrollo sobre Conflicto, Violencia y Convivencia Social

fiLAnDiA, quinDío.


reconciliAción

eje cafetero

LOs fuNEraLEs dEL ríO CauCa

Por momentos el río lleva en su cauce la tragedia. En sus riberas hay personas solidarias con los cadáveres que flotan en sus aguas.

u

NO.

La primera vez que María Isabel Espinosa leyó sus poemas ante un público distinto a su familia fue a finales de 2008. Los artistas plásticos pereiranos Gabriel Posada y Yorlady Ruiz habían ido hasta la vereda Guayabito, municipio de Cartago, norte del Valle, a realizar un taller de expresión libre con los campesinos y les habían pedido que contaran lo que les significaba el río Cauca. María Isabel, entonces, sacó los cuadernos en los que anotaba sus poemas y declamó: “Sí, río, yo los vi pasar/venían contigo en tu triste trasegar/también sé que se te aguaron los ojos/cuando lo que eran gente/irremediablemente/se convirtieron en despojos/Tú los llevaste entre tus oscuras y silenciosas aguas/ pero a pesar de todo/gritos de dolor por ellos dabas”. “María Isabel, ¿eso es cierto?”, le preguntaron algunos visitantes, asombrados por la desolación de los poemas. “Sí, es real –respondió–. Es lo que ha pasado por el río”.


fotos: fEDERICo RÍos

haberse mudado junto con su marido, comenzó a ver los cadáveres putrefactos de personas asesinadas río arriba. “Era una situación atroz, uno detrás de otro bajaban esos cuerpos en unas formas aterradoras –recuerda–. El primero que vi venía sin brazos y sin piernas. Pensé que era ocasional, pero al otro día vi otro. Y al otro, otro. Y al otro, otro. Hubo días en que bajaban cuatro o cinco cadáveres destrozados”. María Isabel venía escribiendo una historia, también sobre la violencia,

tristeza, mucha tristeza. Llora hasta el más fuerte”.

DOS.

A tres horas de Guayabito, río abajo, ya en el departamento de Risaralda, el río Cauca sufre una serie de accidentes hidrográficos que crean unos densos bancos de arena sobre la margen derecha, a orillas de un caserío de pescadores llamado Beltrán, en el municipio de Marsella. La sedimentación, más la desembocadura de una quebrada de aguas frías, ha dado lugar a un suave recodo en

“Era una situación atroz, uno detrás de otro bajaban esos cuerpos en unas formas aterradoras”

María Isabel

Espinosa es conocida como la poetisa del río Cauca. sus versos están marcados por lo que ve todos los días en su corriente.

¿en dónde?

Marsella, Risaralda.

La poetisa del río Cauca, como se le ha conocido desde entonces, llegó a Guayabito en 2003. Había vivido en el corregimiento de La Bella, en Pereira, donde dedicó su vida a cultivar flores y hortalizas en una finca de clima templado. Cuando llegó a orillas del río Cauca sintió agrado por la brisa de final de tarde y los soles abrasadores del mediodía. Hasta que, pocos días después de

ocurrida en un corregimiento de Pereira llamado Combia. Pero la fuerza de los hechos que estaba atestiguando junto al Cauca la impelieron a dejar aquella historia para intentar algunos versos. “Era mi resistencia ante tanta atrocidad –explica–. Y fue mediante la poesía porque aunque quería dejar un mensaje directo no podía escribir descripciones tan explícitas que les produjeran rechazo a los lectores. Tenía que ensayar la sutileza de la lírica”. Su marido, Luis Eduardo Cano, de 55 años, agrega que la poesía de María Isabel ha procurado denunciar todas las bajezas que el hombre ha cometido contra el Cauca. “Tanta contaminación que le cae al río, tanta basura y tantos muertos –dice–. Ha habido momentos en que a uno ya no le da ni fastidio ni miedo ver esos cadáveres, le da es

donde los objetos flotantes hacen remolinos para terminar asentados en aglomeraciones de basura. La gente ha convenido en llamar a este sitio el Remanso de Beltrán. Los habitantes del caserío, no más de 100 personas, han sido testigos de la misma violencia que ha visto María Isabel: la mayoría de los cadáveres que bajan por el río Cauca terminan enredados en el Remanso y expuestos a las personas. Para muchos familiares de las víctimas lanzadas al Cauca, Beltrán es el punto final de la búsqueda del cuerpo de su ser querido. Una de las esposas de un pescador llamada María Inés Mejía tuvo el primer contacto con estos cadáveres en 1988. Laborando en la corregiduría del Alto Cauca, jurisdicción a la que pertenece Beltrán, le tocaba hacer algunas diligencias de levantamiento. “Cuando llegaba un

159


reconciliAción

CONFIANZA

En El cEmEntErio JEsús

María Estrada de Marsella, patrimonio de la Nación, reposan una parte de los cadáveres que se han detenido cerca de allí. cuerpo, me avisaban –describe–. Yo me iba para Marsella, conseguía el carro y la bolsa y bajaba a Beltrán”. Doce años duró ejerciendo este trabajo por cuenta de las actividades como empleada pública. Elaboró su propio protocolo de conservación de los cuerpos mientras se los entregaba a la médica legista de Marsella; en ocasiones, fue la única que podía tomar fotos de los restos; aprendió a llenar las actas con los tecnicismos legales y hasta llegó a dominar el corte fino de los pulpejos para posibilitar la identificación de huellas dactilares. “Nadie nunca me recriminó estos procedimientos –dice–. Yo me esforzaba porque de lo que uno hiciera allá abajo en el Remanso dependía que la familia pudiera reconocer el cuerpo de su desaparecido”. Retirada del trabajo de oficina, María Isabel junto con su marido se establecieron en una cabaña situada a orillas del Cauca, medio kilómetro arriba del Remanso de Beltrán. Y cuando no es-

taba pescando o en los oficios domésticos, continuaba con la tarea de cuidar los restos de los cadáveres que bajaban por el río, mientras llegaban las autoridades a practicar los levantamientos. “Yo los veía y decía ahí viene uno, y le echaba mano y lo ponía junto al rancho para que nadie me lo fuera a sacar de ahí –recuerda–. Lo tapaba bien para que los gallinazos

detenidos en Beltrán. Declarado patrimonio histórico y arquitectónico de la Nación, este camposanto dispone de varios lotes en forma de terraza para los cuerpos de personas no identificadas. La relación de este lugar y de las autoridades de Marsella con los muertos del río ha variado por épocas. Durante los años en que bajaron las más numerosas oleadas

Los habitantes de Beltrán aprendieron a empujar los cadáveres para que continuaran por el río no me lo picotearan, y le protegía las manos para que no me le dañaran los pulpejos. Yo hacía esto porque me daba pesar de que esos cadáveres siguieran y se perdieran para siempre. Me ponía en el lugar de la familia”.

TRES. El cemente-

rio del municipio de Marsella llamado Jesús María Estrada ha sido el gran depositario de los cadáveres del río Cauca que han quedado

de víctimas –a finales de los ochenta y comienzos de los noventa–, gracias a los cuidados de María Inés Mejía, del sepulturero Narcés Palacio y de la médica legista del municipio Luz María Ortiz, los restos ocupaban bóvedas que eran marcadas con los datos mínimos para que pudieran ser encontrados luego. Pero a mediados de los noventa, con la declaratoria patrimonial del cementerio, la Junta de Ornato del muni-

cipio ordenó pintar el camposanto, con lo que borró de un plumazo esos datos. Durante el resto de la década del noventa y la del dos mil, y en medio de varias oleadas de cadáveres por el río, los habitantes de Beltrán aprendieron a empujar los cadáveres para que continuaran su camino o para que se enredaran en la orilla del frente que hace parte del municipio de Belalcázar, Caldas. “Eso fue una instrucción de la misma Policía del municipio y de los gobiernos de turno –dice un marsellés que pidió reserva de su nombre–. Como esos cadáveres contaban como muertos de Marsella según el Dane, aumentaban las tasas de homicidios del municipio y del departamento. Y eso afectaba la gestión de los políticos y de la Policía”. A partir de 2010, cuando comenzó el trabajo del Equipo Colombiano Interdisciplinario de Trabajo Forense y Asistencia Psicosocial (Equitas), en Marsella, se empezaron a implementar una serie de herramientas para proteger los cadáveres del Remanso de Beltrán y mejorar los datos que permitan una identificación futura. Hoy el cementerio Jesús María Estrada es el primero en recibir el Sello Narcés –nombre en reconocimiento al sepulturero Narcés Palacio–, marca de garantía en el proceso de custodia, inhumación y exhumación de cadáveres de personas no identificadas. Sin embargo, no son pocas las personas que le dijeron a la revista Reconciliación que aunque los cadáveres siguen bajando por el río y asentándose en Beltrán, no han sido muchos los que efectivamente han terminado


depositados en el cementerio de Marsella. Y se preguntan si la gente los seguirá empujando o pasando de orilla por órdenes de autoridades locales o por voluntad propia. Hoy, mientras María Inés Mejía vive lejos de Beltrán tras haber sido amenazada y desplazada del caserío, dice que lo más gratificante para ella de haber protegido los restos de las víctimas fue “cuando una familia reconocía a su pariente desaparecido. Les daba descanso. Y yo me sentía contenta. De muchas familias me hice amiga. Tiempo después de haber rescatado a sus familiares, me seguían llamando a preguntarme cómo estaba yo. Otras me escribían cartas agradeciéndome”. María Isabel Espinosa, por su parte, continúa viviendo junto al Cauca y le ha tomado

María inés Mejía

duró 12 años haciendo los levantamientos de cadáveres en el río Cauca.

un afecto particular: “Este río es un cine: en él todos los días uno ve diversas situaciones”. Sigue componiendo poemas bajo la sombra de los árboles de la orilla y ya tiene un libro

al que ha titulado Los funerales del río Cauca. Así como María Inés fue hostigada para que dejara de recoger los cadáveres, a María Isabel la gente cercana y

vecinos le han dicho “Déjalos ir, no son tuyos”. Pero ambas lograron sus mecanismos de resistencia y han permitido la reconstrucción de la memoria en esta región del país. 161

el río cauca

foTos: fEDERICo RÍos

entre Marsella y Trujillo.


reconciliAci贸n

c a r i c at u r a


Foto: FErnando Cano BusquEts

Esta foto,

titulada ‘El último pañolón’ hace parte de las exposiciones del fotógrafo Fernando Cano Busquets. Fue tomada en Villa de Leyva (Boyacá).


Una iniciativa de la sociedad civil

Reconciliacion Colombia

ReconciliacionColombia

www.reconciliacioncolombia.com

@ReconciliaCol


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