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Las cartas Rebeca Durán Guevara. Era una noche tranquila, un poco nublada y fría. Se hacía difícil observar personas en los alrededores del edificio o en las calles de la ciudad. Black se sentía aburrido y meditaba sobre su necesidad por resolver un caso. -Jumm ya llegará, musito mientras bebía un poco de café. A eso de la media noche cuando estaba a punto de quedarse dormido sobre el escritorio, recibió un e-mail. Josué Black deseaba con ansias que fuese un nuevo caso. Y en efecto así era. Estimado señor Black, me temo que debo molestarlo una vez más, pero nos acaban de informar acerca de un nuevo crimen en la fábrica de zapatos de la familia Belkin. Al parecer se trata de la hija menor de la familia, mujer de aproximadamente 23 años. No se tienen detalles de cómo murió pero todo apunta a ser un asesinato. Esperamos contar con su ayuda. Atentamente: Yenen Lee, Jefe de policía local. El detective Black de inmediato preparó su equipo y se fue en la patrulla directamente al lugar de los hechos. Cuando entró a la fábrica sintió ese ambiente de

penumbra que solo se percibe en la escena de un crimen. La fábrica era grande y de dos plantas, contaba con una maquinaria de la mejor calidad, sin embargo, permanecía cerrada desde hace seis meses cuando el señor y la señora Belkin fallecieron en un accidente de tráfico. Desde entonces el luto no le permitía a la familia continuar con la producción. Josué Black de inmediato se dirigió al lugar en el que estaba el cadáver, en ese momento pudo observar a una bella joven tendida en el suelo y un camino de sangre que al parecer brotaba desde su cabeza. Alrededor estaban algunas caras lúgubres que lamentaban su muerte. -Buenas noches detective Black- dijo Yenen Lee - me alegra verlo por acá, definitivamente requerimos de sus servicios pues el asesino de la señorita Belkin no ha dejado ni un rastro. Al parecer la víctima no había sido herida con arma alguna y solamente tenía un golpe en su cabeza, el cual pudo haber sido la causa de la muerte, sin embargo, tampoco se descartaba la idea de que hubiera ingerido alguna clase de sustancia tóxica. Habrá que esperar a mañana cuando los forenses determinen la verdadera causa de la muerte, pensó el detective. Por el momento no tengo nada más que hacer por aquí.


Me temó que ya tengo un caso por resolver, pensó Josué mientras se devolvía a su casa en la patrulla. Por la mañana iré a la fábrica de nuevo para investigar un poco más, mientras tanto dormiré un par de horas.

Black le agradeció a Sophia por su declaración, sin embargo no quedo muy convencido de que ella no tuviera más información. En el fondo sentía que le estaba ocultando algo.

Al día siguiente cuando Black llegó a la fábrica de zapatos, lo recibió la señorita Sophia Swan. Ella era la asistente de la víctima y a su vez una de sus mejores amigas y confidentes.

Sin pensarlo, se dirigió hacia el señor Miller para así escuchar su versión de la historia. Él le contó a Black que al escuchar el grito corrió hacia la fábrica y encontró tendida en el suelo a su amiga. También informo que al encontrarla, él la tomo de la mano y la victima susurro "las cartas". Después murió.

-Buenos días detective Black, es un placer conocerlo. Dijo Sophia con un semblante que realmente reflejaba tristeza. -El placer es mío bella dama, lamento mucho la muerte de su patrona. ¿Podría contarme que fue lo que paso? Pregunto Black. Sophia empezó a contarle que la noche anterior a eso de las once, mientras todos debían estar dormidos en la casa de al lado, escucharon un grito ensordecedor. Inmediatamente todos corrieron hacia la fábrica para ver de dónde provenía el grito. Al entrar vieron a Hernán Miller llorando a un lado del cadáver. No entiendo quien pudo haberle hecho daño a la señorita Belkin, ella nunca fue de meterse en problemas, esto me resulta realmente sorprendente y triste. Y pues me temo que eso es lo único que sé, mencionó la señorita Swan.

- Tuve mucho miedo lo admito, yo por ella sentía un enorme cariño, confesó Hernán. Sin embargo, nunca le pude decir lo que realmente sentía. Black estaba consternado, no entendía como el señor Hernán pudo haber llegado tan rápido si se suponía que todos estaban juntos en la casa, además ese cariño el cual él no había confesado a su amiga resultaba un poco extraño y sospechoso. Incluso el detective Josué se planteaba en su cabeza la posibilidad de que él estuviera implicado en el crimen. Un hombre por amor es capaz de cualquier locura, pensó. Sin embargo, no tenía las pruebas suficientes para corroborar esta teoría. Vanessa Belkin hermana de la víctima fue la tercer persona que Black interrogó. La joven era de una


personalidad arrogante y callada y solamente se limitó a contestar de manera rápida las preguntas del detective. Ella afirmó haber estado en la casa en todo momento y decía que prácticamente ni escucho el grito de su hermana. -Trin trin- sonó el celular de Black rompiendo con el gran silencio que se percibía en ese lugar. Era un correo del Jefe de policía informándole que la víctima murió a causa de un fuerte golpe en la cabeza. A raíz de esta información el detective decidió revisar la escena del crimen en busca de una pista que diera con el culpable. En los alrededores de donde se encontraba el cadáver la noche anterior no le fue posible encontrar ningún rastro. Esto realmente lo enojaba pero aún así no se daba por vencido. Josué Black quien para conformista revisó hasta el Debe haber una pista, no siempre lucha la justicia, buscando.

nada era una persona último rincón de la fábrica. existe el crimen perfecto, pensaba mientras seguía

En el segundo piso, con ayuda de su lupa vio algo que llamó su atención, se trataba de un pequeño diamante probablemente de un añillo o un arete, esta podría ser la pista perfecta que andaba buscando. La fábrica había

pasado mucho tiempo cerrada, en este piso solamente se encontraba una pequeña oficina en la cual en ocasiones la señorita Belkin entraba para hacer algunos trámites o buscar documentos de la empresa. Sorprendentemente en sus investigaciones Black descubrió que la víctima no utilizaba ninguna clase de joyería pues era alérgica a estos materiales. Entonces, ¿qué hacía un diamante en el segundo piso? -Jumm todo apunta a que estamos buscando a una asesina- mencionó Black para si mismo. Los sospechosos se iban reduciendo. Gracias a esta pista logró descartar la posibilidad de que Hernán Miller hubiera podido estar implicado en el crimen. Sin embargo, este hombre había aportado una valiosa información. "Las Cartas" que tendrá que ver estas cartas en la muerte de esta señorita, esta situación daba vueltas en la cabeza de Josué Black. Después de un rato de pensar y pensar, se decidió a buscar de nuevo a la señorita Swan, ella conocía a la víctima como la palma de su mano y quizás ahora podría decir algo más. -Sophia, ¿Usted conocía muy bien a su jefa cierto?- le pregunto Black.


-Por supuesto, más allá de una relación de trabajo teníamos una gran amistad. Black escuchaba mientras disimuladamente examinaba sus joyas. - Y cuénteme, ¿Escucho usted hablar de algunas cartas a su jefa?- volvió a preguntar Black. Sophia pensativa trataba de recordar algún dato que sirviera de ayuda, cuando de repente recordó que hace seis meses cuando murieron inesperadamente los señores Belkin, el abogado de la familia le entregó a su jefa un paquete que contenía varios documentos. -Si mal no lo recuerdo adentro del paquete también venían unas cartas escritas por los señores Belkin, sin embargo, nunca supe de que se trataba, la señorita nunca me lo contó. Afirmaba Sophia. -De nuevo muchas gracias- le dijo Josué. Esta información intrigó al detective y le hizo recordar que no había registrado la pequeña oficina. Se dirigió a ella y pudo ver un escritorio con una computadora un poco antigua, a la derecha un archivo de tres gavetas y en una de las paredes un cuadro con la foto de Robert Belkin, fundador de la fábrica en los años 30.

Black revisó todos los rincones, gavetas y demás artículos que se encontraban en la oficina, pero no vio nada más que polvo y documentos viejos. De pronto, pudo ver que una de las tablas del piso no se encontraba atornillada. Esto podría ser un escondite, pensaba Black, y en efecto eso era, pero para mala suerte de él se encontraba vacía. -Sea lo que sea que guardaban aquí alguien más ya se lo llevo. Entonces, Josué quien además de detective era un experto en informática, decidió revisar la computadora. A pesar de los largos años de antigüedad con los que contaba la misma, esto en lo más mínimo fue un inconveniente para él y así fácilmente logró abrir el correo electrónico de la señorita Belkin. En él se encontraban una serie de e-mails que recientemente ella había enviado al abogado de la familia. La mayoría eran para hacerle consultas legales sobre la empresa pero uno en particular llamó la atención de Black. ¡Con que sí!, pensó black, algo tramaba la victima puesto que le urgía verse con el abogado para tratar un tema de presunta importancia. Josué sabía que ya estaba cerca de descubrir la verdad, pero aún así tenía unas cuantas interrogantes que posiblemente Vanessa la hermana de la víctima le iba


ayudar a contestar. Sin más demora se fue a buscarla y tuvo una larga conversación con ella. El detective, quien por supuesto contaba con una gran inteligencia y astucia supo hacerle a Vanessa las preguntas correctas y después de un rato le dijo, muchas gracias señorita usted me ha ayudado a resolver este caso. El detective se apartó un momento mientras llamaba al jefe de policía. Black le pidió que por favor se hiciera presente en la escena del crimen. -Señor Lee, me temó que ya descubrí lo sucedido. El jefe de policía enmudecido por la rapidez del detective para resolver el caso, escucho los argumentos de Black. Todos los familiares estaban presentes escuchando lo ocurrido. Josué simplemente se volvió y le dijo a Vanessa: -Señorita, ¡creo que este pequeño diamante pertenece a uno de sus pendientes! ¿Podría ser tan amable de contarnos que decían las cartas que encontró en la oficina de la fábrica? Vanessa estalló en un llanto que no se sabía a ciencia cierta si era de tristeza o rabia. -¡Sí! Dijo ella, yo encontré las cartas escritas con el puño y letra de mi padre-. Era difícil entender sus palabras entre los sollozos. -En ellas

él le confesaba a mi hermana que yo había sido adoptada cuando apenas tenía unos meses. Luego descubrí los e-mails donde ella trataba de comunicarse con el abogado y ahí fue donde sospeche que ella lo único que quería era quedarse con la fábrica y el dinero de nuestros padres. Yo estaba leyendo los e-mails cuando de pronto ella entró a la oficina y enfurecida me pregunto ¿qué hacía yo ahí? Trate de calmarla pero yo también estaba un poco enojada por lo que recién me había enterado, me encontraba en shock y no pude contenerme-. -Claro - interrumpió Black con un tono de seguridad- la discusión debió haber sido terrible y en un momento perdieron el control de modo que la víctima calló desde el segundo piso. Esta caída la dejó sumamente débil, apenas y alcanzó a decir un par de palabras cuando Hernán la encontró y lamentablemente murió. Esto explica porqué no hay ninguna herida de arma y el hecho de que el cuerpo fue encontrado a varios metros de donde en realidad ocurrió la discusión. Sin embargo, hay algo que no me queda muy claro y es si esta caída fue un accidente o todo un plan.

Las cartas  

Literatura policiaca

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