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ÌNDICE

ÍNDICE

Editorial

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“Sean como una familia unida que trabaja por la humanidad” Papa Francisco

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Sin castidad no hay santidad (parte II)

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Santa misa de apertura de la XIV asamblea general ordinariadel sìnodo de los obispos

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Avanzada, ENJES, Servidores

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Catequesis del Papa Francisco sobre su viaje a Cuba y Estados Unidos

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Beatos Louis Martin y Zélie Guérin

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El reino del poder de Dios esta aqui

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Mensaje del Santo padre Francisco para la XLIXjornada mundial de las comunicaciones sociales

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Discurso del Papa a la Renovación en el Espíritu (parte II)

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www.renovacion.com.mx


Amados hermanos:

La revista trimestral Shalom es un órgano creado por el Equipo Pastoral Nacional de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo de México y editada por LICAREN, como medio de integración, formación e información. Asistente Episcopal Nacional Excmo. Sr. Obispo. D. José Trinidad González R. Asistente Nacional Pbro. Artemio Ortíz Romo Coordinadores del Equipo Pastoral Nacional León Reyes y Lina González Sacerdote Asesor de la Revista Shalom Pbro. Santiago Navarro Chavez Colaboradores: Teresa de León Luly Vasquez Erik Cuevas González

Nunca es suficiente… nunca será bastante agradecer a nuestro Señor todas las gracias que cada uno hemos recibido y seguimos recibiendo a través de la Renovación Carismática. Es verdaderamente una Corriente de Gracia que empapa a quien se acerca a ella. Mientras nos acercamos más al jubileo por los 50 años de la Renovación, se nos hace aún más familiar mirar hacia sus inicios, y contemplar la manera en que se ha ido desarrollando a través de los años en nuestra comunidad, en nuestra diócesis, país y en el mundo entero. ¡Cuántas generaciones de tantas naciones han sido bendecidas! Y este contemplar es bueno, porque mirar el presente, dentro del contexto de su pasado, nos lanza hacia un futuro más enfocado y esperanzador. A través de la Renovación Carismática, Dios ha hecho grandes cosas en el pasado, y esto nos da certeza de que las seguirá haciendo en el futuro. El Espíritu Santo ha encendido una mecha que nada ni nadie puede apagar y que ha corrido alrededor del mundo provocando explosiones de amor a Dios y amor a los hombres, en millones de corazones. Hablamos de conversiones, familias reintegradas, perdón, sanación, liberación, salvación de almas antes perdidas, ahora encontradas por el amor vivo de Jesús. Y todavía podemos decir llenos de gozo, que aún no hemos visto nada, ni siquiera un poco; pues “ni ojo vio, ni oído oyó las cosas que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Co. 2,9). Esta Corriente de Gracia apenas ha comenzado a sorprendernos, pues en estos primeros 50 años, el Espíritu Santo nos ha mostrado tan sólo un poco de todo lo que puede lograrse con un poco de fe, amor… de esperanza. Demos gracias al Señor porque esta Corriente de Gracia no ha pasado por nuestra vida como un ciclón que aparece y desaparece para no volver jamás; es una corriente que llega, se queda, y sigue avanzando entre nosotros. Es como la corriente de un río que crece y se hace más ancho y más profundo. Y como todo río que muestra una creciente, nos obliga a adaptarnos constantemente a sus cambios; a estar alerta, a abrir los ojos, a orar más y más. Abramos pues los ojos espirituales para contemplar lo que el Señor está haciendo ahora en nuestra bendita Renovación, y lo que está haciendo a través de ella. Pues justo a través de ella hemos encontrado la “perla preciosa”, el “tesoro escondido” (Mt 13, 44-45), que antes jamás imaginamos que existiera. Era difícil imaginar que fuera posible vivir esta realidad divina del Reino de los cielos establecido justo en medio de nosotros, en la que el Señor nos transforma, sana, libera y nos permite vivir una plenitud jamás soñada. Y no sólo eso, con su inmenso amor, Él nos da la posibilidad de tomar de la mano a numerosos hermanos, conocidos y desconocidos, que sufren tristeza, depresión o múltiples ataduras y enfermedades, e introducirlos a este Reino, ante la misma presencia de un Jesús vivo que les ama, libera y les cambia la vida. Por el poder de su amor, por la fuerza de su Santo Espíritu, por su fidelidad e infinita misericordia, ha querido valerse de nuestra nada para extender su Reino de amor, de paz, de poder. Así que no perdamos el tiempo en cosas que nos estacionen, o nos distraigan de esta tarea de extender su Reino, y abramos bien los ojos espirituales y pidamos la gracia de comprender el mover de su Espíritu Santo, pues cada segundo se da la posibilidad de salvar un alma del dolor de la muerte espiritual, para llevarla a la vida en Cristo. Digamos todos, cada día con renovadas fuerzas: ¡Ven Espíritu Santo! Dios nos bendiga a todos y nos mantenga sumergidos y colmados de su Santo Espíritu. Amén. Lina González

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EDITORIAL

Directorio:

EDITORIAL


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en este encuentro. Gracias por los esfuerzos de todos y de cada uno en bien de la humanidad.

“SEAN COMO UNA FAMILIA UNIDA QUE TRABAJA POR LA HUMANIDAD” Papa Francisco

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l abrir la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas pide metas concretas para la agenda 2030 de desarrollo sostenible, respetando el ambiente, la dignidad de la persona humana y dando acceso a los medios necesarios El papa Francisco abrió la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas, la cual fijará las metas de 2030 para el desarrollo sostenible. Fue parte del viaje apostólico que inició en Cuba el 19 de este mes de septiembre y que concluirá el domingo 28 en Filadelfia, con la Jornada Mundial de la Familia. A continuación el texto completo que el Santo Padre expuso en español. Roma, publication time 25 de septiembre de 2015 publication links if any (ZENIT.org) article authors Redacción article hits counter | 1676 hits Señor Presidente, Señoras y Señores: Una vez más, siguiendo una tradición de la que me siento honrado, el Secretario General de las Naciones Unidas ha invitado al Papa a dirigirse a esta honorable Asamblea de las Naciones. En nombre propio y en el de toda la comunidad católica, Señor Ban Ki-moon, quiero expresarle el más sincero y cordial agradecimiento. Agradezco también sus amables palabras. Saludo asimismo a los Jefes de Estado y de Gobierno aquí presentes, a los Embajadores, diplomáticos y funcionarios políticos y técnicos que les acompañan, al personal de las Naciones Unidas empeñado en esta 70a Sesión de la Asamblea General, al personal de todos los programas y agencias de la familia de la ONU, y a todos los que de un modo u otro participan de esta reunión. Por medio de ustedes saludo también a los ciudadanos de todas las naciones representadas

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Esta es la quinta vez que un Papa visita las Naciones Unidas. Lo hicieron mis predecesores Pablo VI en 1965, Juan Pablo II en 1979 y 1995 y, mi más reciente predecesor, hoy el Papa emérito Benedicto XVI, en 2008. Todos ellos no ahorraron expresiones de reconocimiento para la Organización, considerándola la respuesta jurídica y política adecuada al momento histórico, caracterizado por la superación tecnológica de las distancias y fronteras y, aparentemente, de cualquier límite natural a la afirmación del poder. Una respuesta imprescindible ya que el poder tecnológico, en manos de ideologías nacionalistas o falsamente universalistas, es capaz de producir tremendas atrocidades. No puedo menos que asociarme al aprecio de mis predecesores, reafirmando la importancia que la Iglesia Católica concede a esta institución y las esperanzas que pone en sus actividades. La historia de la comunidad organizada de los Estados, representada por las Naciones Unidas, que festeja en estos días su 70 aniversario, es una historia de importantes éxitos comunes, en un período de inusitada aceleración de los acontecimientos. Sin pretensión de exhaustividad, se puede mencionar la codificación y el desarrollo del derecho internacional, la construcción de la normativa internacional de derechos humanos, el perfeccionamiento del derecho humanitario, la solución de muchos conflictos y operaciones de paz y reconciliación, y tantos otros logros en todos los campos de la proyección internacional del quehacer humano. Todas estas realizaciones son luces que contrastan la oscuridad del desorden causado por las ambiciones descontroladas y por los egoísmos colectivos. Es cierto que aún son muchos los graves problemas no resueltos, pero es evidente que, si hubiera faltado toda esa actividad internacional, la humanidad podría no haber sobrevivido al uso descontrolado de sus propias potencialidades. Cada uno de estos progresos políticos, jurídicos y técnicos son un camino de concreción del ideal de la fraternidad humana y un medio para su mayor realización. Rindo por eso homenaje a todos los hombres y mujeres que han servido leal y sacrificádamente a toda la humanidad en estos


La experiencia de estos 70 años, más allá de todo lo conseguido, muestra que la reforma y la adaptación a los tiempos es siempre necesaria, progresando hacia el objetivo último de conceder a todos los países, sin excepción, una participación y una incidencia real y equitativa en las decisiones. Tal necesidad de una mayor equidad, vale especialmente para los cuerpos con efectiva capacidad ejecutiva, como es el caso del Consejo de Seguridad, los organismos financieros y los grupos o mecanismos especialmente creados para afrontar las crisis económicas. Esto ayudará a limitar todo tipo de abuso o usura sobre todo con los países en vías de desarrollo. Los organismos financieros internacionales han de velar por el desarrollo sustentable de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia. La labor de las Naciones Unidas, a partir de los postulados del Preámbulo y de los primeros artículos de su Carta Constitucional, puede ser vista como el desarrollo y la promoción de la soberanía del derecho, sabiendo que la justicia es requisito indispensable para obtener el ideal de la fraternidad universal. En este contexto, cabe recordar que la limitación del poder es una idea implícita en el concepto de derecho. Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales. La distribución fáctica del poder (político, económico, de defensa, tecnológico, etc.) entre una pluralidad de sujetos y la creación de un sistema jurídico de regulación de las pretensiones e intereses, concreta la limitación del poder. El panorama mundial hoy nos presenta, sin embargo, muchos falsos derechos, y –a la vez– grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder: el ambiente natural y el vasto mundo de mujeres y hombres excluidos. Dos sectores íntimamente unidos entre sí, que las relaciones políticas y económicas preponderantes han convertido en partes frágiles de la realidad. Por eso hay que afirmar con fuerza sus derechos, consolidando la protección del ambiente y acabando con la exclusión. Ante todo, hay que afirmar que existe un verdadero «derecho del ambiente» por un doble motivo. Primero, porque los seres humanos somos parte del ambiente. Vivimos en comunión con él, porque el mismo ambiente comporta límites éticos que la acción humana debe reconocer y respetar. El hombre, aun cuando está dotado de «capacidades inéditas» que «muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico» (Laudato si’, 81), es al mismo tiempo una porción de ese

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70 años. En particular, quiero recordar hoy a los que han dado su vida por la paz y la reconciliación de los pueblos, desde Dag Hammarskjöld hasta los muchísimos funcionarios de todos los niveles, fallecidos en las misiones humanitarias, de paz y de reconciliación.


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ambiente. Tiene un cuerpo formado por elementos físicos, químicos y biológicos, y solo puede sobrevivir y desarrollarse si el ambiente ecológico le es favorable. Cualquier daño al ambiente, por tanto, es un daño a la humanidad. Segundo, porque cada una de las creaturas, especialmente las vivientes, tiene un valor en sí misma, de existencia, de vida, de belleza y de interdependencia con las demás creaturas. Los cristianos, junto con las otras religiones monoteístas, creemos que el universo proviene de una decisión de amor del Creador, que permite al hombre servirse respetuosamente de la creación para el bien de sus semejantes y para gloria del Creador, pero que no puede abusar de ella y mucho menos está autorizado a destruirla. Para todas las creencias religiosas, el ambiente es un bien fundamental (cf. ibíd., 81). El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión. En efecto, un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes (discapacitados) o porque están privados de los conocimientos e instrumentos técnicos adecuados o poseen insuficiente capacidad de decisión política. La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben sufrir injustamente las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada «cultura del descarte». Lo dramático de toda esta situación de exclusión e inequidad, con sus claras consecuencias, me lleva junto a todo el pueblo cristiano y a tantos otros a tomar conciencia también de mi grave responsabilidad al respecto, por lo cual alzo mi voz, junto a la de todos aquellos que anhelan soluciones urgentes y efectivas. La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la Cumbre mundial que iniciará hoy mismo, es una importante señal de esperanza. Confío también que la Conferencia de París sobre cambio climático logre acuerdos fundamentales y eficaces. No bastan, sin embargo, los compromisos asumidos solemnemente, aun cuando constituyen un paso necesario para las soluciones. La definición clásica de justicia a que aludí anteriormente contiene como elemento esencial una voluntad constante y perpetua: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi. El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo,

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todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y más en general libertad del espíritu y educación. Al mismo tiempo, estos pilares del desarrollo humano integral tienen un fundamento común, que es el derecho a la vida y, más en general, lo que podríamos llamar el derecho a la existencia de la misma naturaleza humana.

La multiplicidad y complejidad de los problemas exige contar con instrumentos técnicos de medida. Esto, empero, comporta un doble peligro: limitarse al ejercicio burocrático de redactar largas enumeraciones de buenos propósitos –metas, objetivos e indicadores estadísticos–, o creer que una única solución teórica y apriorística dará respuesta a todos los desafíos. No hay que perder de vista, en ningún momento, que la acción política y económica, solo es eficaz cuando se la entiende como una actividad prudencial, guiada por un concepto perenne de justicia y que no pierde de vista en ningún momento que, antes y más allá de los planes y programas, hay mujeres y hombres concretos, iguales a los gobernantes, que viven, luchan y sufren, y que muchas veces se ven obligados a vivir miserablemente, privados de cualquier derecho.

La crisis ecológica, junto con la destrucción de buena parte de la biodiversidad, puede poner en peligro la existencia misma de la especie humana. Las nefastas consecuencias de un irresponsable desgobierno de la economía mundial, guiado solo por la ambición de lucro y de poder, deben ser un llamado a una severa reflexión sobre el hombre: «El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza» (Benedicto XVI, Discurso al Parlamento Federal de Alemania, 22 septiembre 2011; citado en Laudato si’, 6). La creación se ve perjudicada «donde nosotros mismos somos las últimas instancias [...] El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que solo nos vemos a nosotros mismos» (Id., Discurso al Clero de la Diócesis de Bolzano-Bressanone, 6 agosto 2008; citado ibíd.). Por eso, la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer (cf. Laudato si’, 155), y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones (cf. ibíd., 123; 136).

Para que estos hombres y mujeres concretos puedan escapar de la pobreza extrema, hay que permitirles ser dignos actores de su propio destino. El desarrollo humano integral y el pleno ejercicio de la dignidad humana no pueden ser impuestos. Deben ser edificados y desplegados por cada uno, por cada familia, en comunión con los demás hombres y en una justa relación con todos los círculos en los que se desarrolla la socialidad humana –amigos, comunidades, aldeas y municipios, escuelas, empresas y sindicatos, provincias, naciones–. Esto supone y exige el derecho a la educación –también para las niñas, excluidas en algunas partes–, que se asegura en primer lugar respetando y reforzando el derecho primario de las familias a educar, y el derecho de las Iglesias y de agrupaciones sociales a sostener y colaborar con las familias en la formación de sus hijas e hijos. La educación, así concebida, es la base para la realización de la Agenda 2030 y para recuperar el ambiente. Al mismo tiempo, los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Ese mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad del espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y los otros derechos cívicos. Por todo esto, la medida y el indicador más simple y adecuado del cumplimiento de la nueva Agenda para el desarrollo será el acceso efectivo, práctico e inmediato, para

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Sin el reconocimiento de unos límites éticos naturales insalvables y sin la actuación inmediata de aquellos pilares del desarrollo humano integral, el ideal de «salvar las futuras generaciones del flagelo de la guerra» (Carta de las Naciones Unidas, Preámbulo) y de «promover el progreso social y un más elevado nivel de vida en una más amplia libertad» (ibíd.) corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables. La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y entre los pueblos. Para tal fin hay que asegurar el imperio incontestado del derecho y el infatigable recurso a la negociación, a los buenos oficios y al arbitraje, como propone la Carta de las Naciones Unidas, verdadera norma jurídica fundamental. La experiencia de los 70 años de existencia de las Naciones

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incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado. Es tal la magnitud de estas situaciones y el grado de vidas inocentes que va cobrando, que hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias. Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos.


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Unidas, en general, y en particular la experiencia de los primeros 15 años del tercer milenio, muestran tanto la eficacia de la plena aplicación de las normas internacionales como la ineficacia de su incumplimiento. Si se respeta y aplica la Carta de las Naciones Unidas con transparencia y sinceridad, sin segundas intenciones, como un punto de referencia obligatorio de justicia y no como un instrumento para disfrazar intenciones espurias, se alcanzan resultados de paz. Cuando, en cambio, se confunde la norma con un simple instrumento, para utilizar cuando resulta favorable y para eludir cuando no lo es, se abre una verdadera caja de Pandora de fuerzas incontrolables, que dañan gravemente las poblaciones inermes, el ambiente cultural e incluso el ambiente biológico. El Preámbulo y el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas indican los cimientos de la construcción jurídica internacional: la paz, la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de relaciones de amistad entre las naciones. Contrasta fuertemente con estas afirmaciones, y las niega en la práctica, la tendencia siempre presente a la proliferación de las armas, especialmente las de destrucción masiva como pueden ser las nucleares. Una ética y un derecho basados en la amenaza de destrucción mutua –y posiblemente de toda la humanidad– son contradictorios y constituyen un fraude a toda la construcción de las Naciones Unidas, que pasarían a ser «Naciones unidas por el miedo y la desconfianza». Hay que empeñarse por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación, en la letra y en el espíritu, hacia una total prohibición de estos instrumentos. El reciente acuerdo sobre la cuestión nuclear en una región sensible de Asia y Oriente Medio es una prueba de las posibilidades de la buena voluntad política y del derecho, ejercitados con sinceridad, paciencia y constancia. Hago votos para que este acuerdo sea duradero y eficaz y dé los frutos

deseados con la colaboración de todas las partes implicadas. En ese sentido, no faltan duras pruebas de las consecuencias negativas de las intervenciones políticas y militares no coordinadas entre los miembros de la comunidad internacional. Por eso, aun deseando no tener la necesidad de hacerlo, no puedo dejar de reiterar mis repetidos llamamientos en relación con la dolorosa situación de todo el Oriente Medio, del norte de África y de otros países africanos, donde los cristianos, junto con otros grupos culturales o étnicos e incluso junto con aquella parte de los miembros de la religión mayoritaria que no quiere dejarse envolver por el odio y la locura, han sido obligados a ser testigos de la destrucción de sus lugares de culto, de su patrimonio cultural y religioso, de sus casas y haberes y han sido puestos en la disyuntiva de huir o de pagar su adhesión al bien y a la paz con la propia vida o con la esclavitud. Estas realidades deben constituir un serio llamado a un examen de conciencia de los que están a cargo de la conducción de los asuntos internacionales. No solo en los casos de persecución religiosa o cultural, sino en cada situación de conflicto, como en Ucrania, en Siria, en Irak, en Libia, en Sudán del Sur y en la región de los Grandes Lagos, hay rostros concretos antes que intereses de parte, por legítimos que sean. En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren. Seres humanos que se convierten en material de descarte cuando solo la actividad consiste en enumerar problemas, estrategias y discusiones. Como pedía al Secretario General de las Naciones Unidas en mi carta del 9 de agosto de 2014, «la más elemental comprensión de la dignidad humana [obliga] a la comunidad internacional, en particular a través de las normas y los mecanismos del derecho internacional, a hacer todo lo posible

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para detener y prevenir ulteriores violencias sistemáticas contra las minorías étnicas y religiosas» y para proteger a las poblaciones inocentes. En esta misma línea quisiera hacer mención a otro tipo de conflictividad no siempre tan explicitada pero que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas. Otra clase de guerra viven muchas de nuestras sociedades con el fenómeno del narcotráfico. Una guerra «asumida» y pobremente combatida. El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción. Corrupción que ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando, en muchos casos, una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones. Comencé esta intervención recordando las visitas de mis predecesores. Quisiera ahora que mis palabras fueran especialmente como una continuación de las palabras finales del discurso de Pablo VI, pronunciado hace casi exactamente 50 años, pero de valor perenne: «Ha llegado la hora en que se impone una pausa, un momento de recogimiento, de reflexión, casi de oración: volver a pensar en nuestro común origen, en nuestra historia, en nuestro destino común. Nunca, como hoy, [...] ha sido tan necesaria la conciencia moral del hombre, porque el peligro no viene ni del progreso ni de la ciencia, que, bien utilizados, podrán [...] resolver muchos de los graves problemas que afligen a la humanidad» (Discurso a los Representantes de los Estados, 4 de octubre de 1965). Entre otras cosas, sin duda, la genialidad humana, bien aplicada, ayudará a resolver los graves desafíos de la degradación ecológica y de la exclusión. Continúo con Pablo VI: «El verdadero peligro está en el hombre, que dispone de instrumentos cada vez más poderosos, capaces de llevar tanto a la ruina como a las más altas conquistas» (ibíd.).


Tal comprensión y respeto exigen un grado superior de sabiduría, que acepte la trascendencia, renuncie a la construcción de una elite omnipotente, y comprenda que el sentido pleno de la vida singular y colectiva se da en el servicio abnegado de los demás y en el uso prudente y respetuoso de la creación para el bien común. Repitiendo las palabras de Pablo VI, «el edificio de la civilización moderna debe levantarse sobre principios espirituales, los únicos capaces no sólo de sostenerlo, sino también de iluminarlo» (ibíd.). El gaucho Martín Fierro, un clásico de la literatura en mi tierra natal, canta: «Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera». El mundo contemporáneo, aparentemente conexo, experimenta una creciente y sostenida fragmentación social que pone en riesgo «todo fundamento de la vida social» y por lo tanto «termina por enfrentarnos unos con otros para preservar los propios intereses» (Laudato si’, 229).

para el futuro. El futuro nos pide decisiones críticas y globales de cara a los conflictos mundiales que aumentan el número de excluidos y necesitados. La laudable construcción jurídica internacional de la Organización de las Naciones Unidas y de todas sus realizaciones, perfeccionable como cualquier otra obra humana y, al mismo tiempo, necesaria, puede ser prenda de un futuro seguro y feliz para las generaciones futuras. Lo será si los representantes de los Estados sabrán dejar de lado intereses sectoriales e ideologías, y buscar sinceramente el servicio del bien común. Pido a Dios Todopoderoso que así sea, y les aseguro mi apoyo, mi oración y el apoyo y las oraciones de todos los fieles de la Iglesia Católica, para que esta Institución, todos sus Estados miembros y cada uno de sus funcionarios, rinda siempre un servicio eficaz a la humanidad, un servicio respetuoso de la diversidad y que sepa potenciar, para el bien común, lo mejor de cada pueblo y de cada ciudadano.

La bendición del Altísimo, la paz y la prosperidad para todos ustedes y para todos sus pueblos. Gracias.

El tiempo presente nos invita a privilegiar acciones que generen dinamismos nuevos en la sociedad hasta que fructifiquen en importantes y positivos acontecimientos históricos (cf. Evangelii gaudium, 223). No podemos permitirnos postergar «algunas agendas»

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La casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre una recta comprensión de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística. La casa común de todos los hombres debe también edificarse sobre la comprensión de una cierta sacralidad de la naturaleza creada.


SIN CASTIDAD NO HAY SANTIDAD Francisco Javier Araya

Secretaria Latinoamericana de Jóvenes-CONCCLAT.

¿Cómo vivir la Castidad hoy?

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. Primero debes querer con firmeza ser casto, todo parte de aquí, de una decisión con convicción y certeza, si tú no quieres, ni Dios puede ayudarte, lo primero es que debes desear con todo tu ser y decidir comenzar a vivir en castidad. Aquí aplica el pensamiento de querer es poder, y el principio básico del libre albedrío, es una decisión libre del corazón.

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. Esfuérzate y persevera, la castidad requiere ejercicio diario, combate, lucha, entrenamiento, paciencia contigo mismo. No te des por vencido si fallas o caes, no te quedes en el suelo, no cedas al desaliento, siempre persevera, y recuerda que la perseverancia es no cansarse nunca de estar empezando siempre. ¡El Señor nunca te dirá hasta aquí! ¡No!, Él siempre te dirá: ¡Ánimo, levántate y continúa! San Agustín escribió :” Si al final de tu vida Dios no te puede felicitar como brillante vencedor, que al menos te pueda aplaudir como valiente luchador”. Así que no te canses de luchar y vence el mal haciendo el bien, lo correcto (Ro. 12, 21).

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. Busca los medios de gracia que el Señor nos da. Busca la oración, sin la unión vital con Jesús quien es la fuente de toda santidad es imposible vivir en castidad, es indispensable que ores en todo momento, que cultives tu relación personal con Dios. “Velad y Orad para no caer en tentación” nos ha dicho el Señor Mat. 26, 41. Lee la Biblia, acércate a la Sagrada Escritura, ella renueva tu pensamiento, tu corazón, precisamente escribe el Sal. 119, 9: “¿Cómo guardará el joven puro su camino? guardando tu Palabra Señor.” Bellísimo, la Escritura será tu luz en el mundo de oscuridad que nos rodea (Sal. 119, 105). Acércate a los sacramentos continuamente, busca la Eucaristía y la confesión. En la Eucaristía te nutres de quien es el amor de los amores, permanecerás en Él y Él en ti, y Él es más grande que el que está y lo que está en el mundo (Jn. 6, 56. 1 Jn. 4, 4). En el sacramento de la confesión encontraras el perdón, la fuerza para levantarte y seguir perseverando, acude continuamente, no te desanimes si sientes que no logras vencer una debilidad, Él no se cansa de perdonarte, acude continuamente con el propósito de seguir luchando. Es el sacramento por excelencia de sanación y liberaciones, sacramento de la misericordia de Dios.

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. Cuida tus sentidos, los sentidos son como ventanas por donde entran los mensajes que despiertan la sensualidad, la imaginación, los deseos, los pensamientos. Cuida tus sentidos, con esto no te quiero decir que caigas en un puritanismo y te conviertas en un extraterrestre que se aísla de la realidad, ¡no! los impulsos, la tentación siempre estarán, hay que enfrentar esto y no ceder. Hay que huir de las ocasiones de pecado tal como lo decía San Felipe Neri “En la guerra de los sentidos vence el que huye”. Cuidar los sentidos es ser vigilante. Cuida lo que miras, oye, la pornografía es un agujero oscuro que está atrapando a miles de jóvenes, te destruye, es perversa, un clic puede ser el inicio de muchos que terminarán destruyéndote, cuida lo que miras, lo que lees, lee algo siempre constructivo. Cuida lo que oyes, lo que escuchas, innumerables mensajes entran por nuestros oídos, los escuchamos y los asimilamos, hoy podríamos hablar de la pornofonia, es decir de pornografía auditiva, muchos mensajes en la música, en las películas, incitan a la impureza. Esto implica también cuidar tus conversaciones, hoy están a la orden del día, las conversaciones con doble sentido en el trabajo, en los lugares de estudio, ¿qué hacer? no festejes, no cedas participando de tales conversaciones, ten dignidad y criterio, ve contra corriente. Cuida lo que tocas o como te tocan. Ten cuidado como abrazas o como te abrazan, a veces hay en la misma Iglesia hermanos y hermanas que son como el pulpo, que pareciera tuvieran unos diez brazos a la hora de saludar o supuestamente dar la paz en las actividades. Esto es para ambos, hombres y mujeres. Si estás en una relación de noviazgo da

el justo y verdadero lugar al beso y la caricia, a la relaciones sexuales no se llega muchas veces de inmediato, se va llegando de a poco hasta que se pasa el último límite, ¡cuidado! Con respecto al noviazgo y la castidad el Catecismo de la Iglesia Catolica nos dice lo siguiente:” Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservaran para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad”

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. Cuídate, ámate, valórate. Debes empezar por acá, si tú quieres estar con la persona correcta comienza tú por ser la persona correcta, esto es: ámate, valórate, cuídate. Pues si no sabes como valorarte, cualquiera sabra como utilizarte y andarás mendigando amor por doquier, andarás mirando amor donde no lo hay. No busques estar con alguien para no estar sólo o sola, busca estar con alguien cuando te sientas lista o listo, y ¿cuando lo estarás? cuando antes te ames como un ser único e irrepetible. Espera en Dios, si tu estás convencido y convencida que tu vocacion es el matrimonio, pues mira, Dios está más interesado en que tengas pareja, más que tú mismo, así que espera en Él, su tiempo es perfecto.

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. El Secreto es el Amor de Dios, ésta es clave del éxito en la relación de pareja, ama a Dios. Si esa persona te aleja de Dios no te conviene, si te acerca a Dios de seguro te conviene, toma siempre este criterio en tu vida para que tu decision sea mas certera. Comienza por acá, si quieres encontrarte con el amor de tu vida, dejate encontrar antes por el Amor que da vida: el Amor de Dios.

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. Si estás en una relación de noviazgo, recuerda el noviazgo no es un fin en sí mismo, su fin es el matrimonio, el noviazgo es algo maravilloso y cuyo

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discernimiento y conocimiento mutuo debe apuntar al matrimonio, claro, no te digo que al iniciar un noviazgo digas de inmediato éste será mi esposo o esposa, eso lo descubrirás en el camino, en el tiempo de noviazgo. Si esa persona te conviene hara de ti un mejor estudiante, una mejor hija, un mejor cristiano, una mejor profesional, un mejor cristiano, en sí una mejor persona, pues el amor te hace ser mejor no menos, quien te ama te hace crecer, te ayudará a ser la mejor versión de ti mismo. Este es un criterio importante para saber si estás con la persona correcta. A manera de concluir esta reflexión, en octubre del 2014, en Quito Ecuador, dentro de la Conferencia Latinoamericana de Líderes Juveniles de América Latina y del Caribe recibimos la siguiente moción del Espíritu Santo en miras al Jubileo de oro de la Renovación Carismática a celebrarse en el 2017: ofrecer al Señor la vivencia de la castidad, impulsar en todo el continente con todas la herramientas posibles el conocimiento, la vivencia del don y virtud de la castidad. Esto no solo dentro de este plazo, no, sino como algo permanente, pues una vivencia plena de la vida en el Espiritu supone una vivencia plena, íntegra de nuestra afectividad y sexualidad. De manera que les pido levantar una gran campaña e impulsar en retiros, encuentros, de manera virtual, en los medios de comunicacion, impulsar la castidad, la vivencia en los jóvenes de un noviazgo santo para tener matrimonios y familias santas, solo así lograremos generar una gran transformación en la sociedad.

¡Ánimo y adelante! Di conmigo: ¡Debo vivir la Castidad! ¡Puedo vivir la Castidad! ¡Voy a vivir la Castidad! ¡Porque Sin Castidad no hay Santidad!

JÓVENES

En la Renovación Carismática no dejes de perseverar en tu comunidad, de buscar el consejo de hermanos y hermanas con sabiduría y testimonio de vida, busca un guía espiritual, esto te ayudará mucho a sanar y clarificar en tu vida situaciones que necesitan proceso, a tomar mejores decisiones.


SANTA MISA DE APERTURA DE LA XIV ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO Basílica Vaticana XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de octubre de 2015

HOMILÌA

«Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros su amor ha llegado en nosotros a su plenitud» (1 Jn 4,12) Las lecturas bíblicas de este domingo parecen elegidas a propósito para el acontecimiento de gracia que la Iglesia está viviendo, es decir, la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema de la familia que se inaugura con esta celebración eucarística Dichas lecturas se centran en tres aspectos: el drama de la soledad, el amor entre el hombre y la mujer, y la familia.

La soledad Adán, como leemos en la primera lectura, vivía en el Paraíso, ponía los nombres a las demás creaturas, ejerciendo un dominio que demuestra su indiscutible e incomparable superioridad, pero aun así se sentía solo, porque «no encontraba ninguno como él que lo ayudase» (Gn 2,20) y experimentaba la soledad. La soledad, el drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres. Pienso en los ancianos abandonados incluso por sus seres queridos y sus propios hijos; en los viudos y viudas; en tantos hombres y mujeres dejados por su propia esposa y por su propio marido; en tantas personas que de hecho se sienten solas, no comprendidas y no escuchadas; en los emigrantes y los refugiados que huyen de la guerra y la persecución; y en tantos jóvenes víctimas de la cultura del consumo, del usar y tirar, y de la cultura del descarte. Hoy se vive la paradoja de un mundo globalizado en el que vemos tantas casas de lujo y edificios de gran altura, pero cada vez menos calor de hogar y de familia; muchos proyectos ambiciosos, pero poco tiempo para vivir lo que se ha logrado; tantos medios sofisticados de diversión, pero cada vez más un profundo vacío en el corazón; muchos placeres, pero poco amor; tanta libertad, pero poca autonomía… Son cada vez más las personas que se sienten solas, y las que se encierran en el egoísmo, en la melancolía, en la violencia destructiva y en la esclavitud del placer y del dios dinero. Hoy vivimos en cierto sentido la misma experiencia de Adán: tanto poder acompañado de tanta soledad y vulnerabilidad; y la familia es su imagen. Cada vez menos seriedad en llevar adelante una relación sólida y fecunda de amor: en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la buena y en la mala suerte. El amor duradero, fiel, recto, estable, fértil es cada vez más objeto de burla y considerado como algo anticuado. Parecería que las sociedades más avanzadas son precisamente las que tienen el porcentaje más bajo de tasa de natalidad y el mayor promedio de abortos, de divorcios, de suicidios y de contaminación ambiental y social.

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Leemos en la primera lectura que el corazón de Dios se entristeció al ver la soledad de Adán y dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude» (Gn 2,18). Estas palabras muestran que nada hace más feliz al hombre que un corazón que se asemeje a él, que le corresponda, que lo ame y que acabe con la soledad y el sentirse solo. Muestran también que Dios no ha creado al ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que le sea complementaria; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos, como dice el salmo que se ha proclamado hoy (cf. Sal 128). Este es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación reciproca. Es el mismo designio que Jesús resume en el Evangelio de hoy con estas palabras: «Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne» (Mc 10,6-8; cf. Gn 1,27; 2,24). Jesús, ante la pregunta retórica que le habían dirigido – probablemente como una trampa, para hacerlo quedar mal ante la multitud que lo seguía y que practicaba el divorcio, como realidad consolidada e intangible-, responde de forma sencilla e inesperada: restituye todo al origen, al origen de la creación, para enseñarnos que Dios bendice el amor humano, es él el que une los corazones de un hombre y una mujer que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad. Esto significa que el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y originante.

La familia «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10,9). Es una exhortación a los creyentes a superar toda forma de individualismo y de legalismo, que esconde un mezquino egoísmo y el miedo de aceptar el significado autentico de la pareja y de la sexualidad humana en el plan de Dios. De hecho, sólo a la luz de la locura de la gratuidad del amor pascual de Jesús será comprensible la locura de la gratuidad de un amor conyugal único y usque ad mortem (hasta la muerte).

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HOMILÌA

El amor entre el hombre y la mujer


Para Dios, el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto el miedo de unirse a este proyecto paraliza el corazón humano. Paradójicamente también el hombre de hoy –que con frecuencia ridiculiza este plan– permanece atraído y fascinado por todo amor auténtico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total. En efecto «ahora que hemos probado plenamente las promesas de la libertad ilimitada, empezamos a entender de nuevo la expresión “la tristeza de este mundo”. Los placeres prohibidos perdieron su atractivo cuando han dejado de ser prohibidos. Aunque tiendan a lo extremo y se renueven al infinito, resultan insípidos porque son cosas finitas, y nosotros, en cambio, tenemos sed de infinito» (Joseph Ratzinger, Auf Christus schauen. Einübung in Glaube, Hoffnung, Liebe, Freiburg 1989, p. 73). En este contexto social y matrimonial bastante difícil, la Iglesia está llamada a vivir su misión en la fidelidad, en la verdad y en la caridad.

Vive su misión en la fidelidad

HOMILÌA

a su Maestro como voz que grita en el desierto, para defender el amor fiel y animar a las numerosas familias que viven su matrimonio como un espacio en el cual se manifiestan el amor divino; para defender la sacralidad de la vida, de toda vida; para defender la unidad y la indisolubilidad del vinculo conyugal como signo de la gracia de Dios y de la capacidad del hombre de amar en serio.

Vive su misión en la verdad que no cambia según las modas pasajeras o las opiniones domi-

nantes. La verdad que protege al hombre y a la humanidad de las tentaciones de autoreferencialidad y de transformar el amor fecundo en egoísmo estéril, la unión fiel en vinculo temporal. «Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad» (Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 3).

Y la Iglesia está llamada a vivir su misión en la caridad que no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que –fiel a su naturaleza como madre – se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia; de ser «hospital de campo», con las puertas abiertas para acoger a quien llama pidiendo ayuda y apoyo; aún más, de salir del propio recinto hacia los demás con amor verdadero, para caminar con la humanidad herida, para incluirla y conducirla a la fuente de salvación. Una Iglesia que enseña y defiende los valores fundamentales, sin olvidar que «el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2,27); y que Jesús también dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores» (Mc 2,17). Una Iglesia que educa al amor auténtico, capaz de alejar de la soledad, sin olvidar su misión de buen samaritano de la humanidad herida. Recuerdo a san Juan Pablo II cuando decía: «El error y el mal deben ser condenados y combatidos constantemente; pero el hombre que cae o se equivoca debe ser comprendido y amado […] Nosotros debemos amar nuestro tiempo y ayudar al hombre de nuestro tiempo.» (Discurso a la Acción Católica italiana, 30 diciembre 1978, 2 c: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 21 enero 1979, p.9). Y la Iglesia debe buscarlo, acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera: «El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos» (Hb 2,11). Con este espíritu, le pedimos al Señor que nos acompañe en el Sínodo y que guíe a su Iglesia a través de la intercesión de la Santísima Virgen María y de San José, su castísimo esposo.

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RESEÑA DEAVANZADA , ENJES, Y SERVIDORES 2015

Liliana Martínez Vazquez y Angel F. de la Cruz Siller

Estas experiencias nos llevan a un acercamiento con el Amor Verdadero, a renovar o vivir ese encuentro personal con Jesús, a atrevernos a ser instrumentos de esa experiencia del Espíritu, a conocer más a Dios, y qué hermoso cuando Dios toca nuestros corazones y nos dice como a Zaqueo: Bájate pronto porque hoy tengo que hospedarme en tu casa (Lc. 19, 5). Y esto fue lo que sucedió:

En esta avanzada 2015, llegaron aproximadamente 700 jóvenes de varias partes de la República Mexicana y de nuestro Continente, ellos expresaban esa alegría de Jesús en sus corazones, dispuestos a ser instrumentos del Espíritu, las plazas, las calles y por donde pisaban estos discípulos, testificaban el poder del amor y la misericordia de Dios. Por otro lado en el curso impartido por nuestro hermano Miguel Horacio, el cual tenía por nombre “ Hablando con la montaña”, al ver como el Espíritu Santo avivaba los corazones de los jóvenes, y con ese mismo Espíritu, se atrevieron a ser instrumentos del poder de Dios, viene a mi mente el pasaje donde Pedro y Juan después de la experiencia de Pentecostés, donde fijaron la mirada en el cojo de nacimiento, Pedro les dijo no tengo ni plata ni oro, pero te voy a dar lo que tengo, en el nombre de Jesucristo, el Nazareno échate a caminar (Hech.3). Así estos jóvenes, lo que traían, era esa experiencia de un Jesús Vivo en sus corazones, que en ese mismo momento Dios empezaba a obrar, y al día siguiente como esos rostros de los setenta y dos discípulos, que regresan de la misión llenos de gozo (Lc.10-17).

RESEÑA

AVANZADA 2015


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RESEÑA

En el Encuentro Nacional de Jóvenes en el Espíritu Santo, donde asistieron aproximadamente entre 17,000 a 18,000 jóvenes, el Estadio Omnilife fue testigo de la presencia de Dios y recordaba las palabras del profeta Isaías: el Espíritu del Señor esta sobre mi, porque me ha ungido para dar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a anunciar a los cautivos su liberación, y su curación a los ciegos; a aliviar a los oprimidos, a anunciar el año favorable del Señor (Lc. 4, 18-19). Y ese día se cumplió este pasaje ante nuestros ojos, innumerables bendiciones, sanidades, liberaciones y sobre todo lo mas importante ese encuentro personal con Jesús Vivo. Mencionando una experiencia del poder de Dios, fue la de nuestro hermano Franki Rodríguez Santoyo de la comunidad de Bellavista, Jalisco, que después de haber sufrido un accidente automovilístico y estar en sillas de ruedas, escuchó una voz que le dice levántate, y en fe se levantó. Que nos quiere decir Dios a la Renovación en especial a estos jóvenes, a través de nuestro hermano “levántate”.


KILO DE FE Es el reflejo de un movimiento que a través de los frutos del Espíritu, es sensible a lo que vivían las primeras comunidades, donde ponían todas las cosas en común (Hch. 2, 45). El Movimiento de la Renovación, ha escuchando la necesidad de un pueblo, donde la pobreza es más notable en algunos hermanos y es allí donde el Movimiento ha sido un instrumento en curar estas heridas, ocasionadas por la pobreza. Y solo es el comienzo de entrar cada vez más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la Misericordia Divina (Misericordie Vultus). Más de 16 toneladas fueron entregadas a la Arquidiócesis de Guadalajara y a los más necesitados.

SERVIDORES 2015

RESEÑA

Este encuentro superó las expectativas. Se esperaban aproximadamente 6,000 personas pero llegaron más de 7,000 hermanos, que fueron sensibles al llamado de Jesús a este encuentro. La temática fue: •Obrándolo todo desde el manantial del amor Mary Healy. •Luz que siempre atrae comunidades fraternas y reconciliación. •Contemplar y caminar con María. •La fuerza misionera de la intercesión.

Por otro lado se impartieron los talleres de formación como: la RCCES, “Una corriente de gracia”, impartido por la hermana Mary Healy. “Misericordiosos como el Padre”, por Luly Vázquez y Angel F. de la Cruz. “La vida en el Espíritu”, con el Pbro. Salvador; “Redescubriendo la oración de la intercesión”, con las hermanas Siervas. “Despertando los carismas, con ese poder del Espíritu Santo”, a través del hermano Sergio Soto; y el Magistral tema, “Han perdido el poder”, por los coordinadores de la RCCES a Nivel Nacional, León Reyes y Lina González. Kilo de fe No podemos escapar de las palabras del Señor: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (Mt.25, 34-45). Agradecemos a todas las Diócesis por reflejar a Cristo a través de estas acciones, mas de 4 toneladas entregadas a los más necesitados de la Diócesis de Aguascalientes, y por habernos acogidos en sus hogares, Dios los siga bendiciendo.

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Catequesis del Papa Francisco sobre su viaje a Cuba y Estados Unidos VATICANO, 30 Sep. 15 / 04:33 am (ACI).- El Papa Francisco retomó la Audiencia General de los miércoles después de su regreso de la Visita Apostólica a Cuba y a Estados Unidos con motivo del Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia. En esta ocasión hizo un balance de su visita a los dos países y del Encuentro Mundial de las Familias que clausuró en Filadelfia. A continuación, el texto completo de la Catequesis gracias a Radio Vaticano: Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! La audiencia de hoy es en dos lugares: aquí en la plaza y también en el Aula Pablo VI, donde hay tantos enfermos que siguen la audiencia por la pantalla. Como el tiempo es un poco feo hemos elegido que ellos estén cubiertos y más tranquilos allá. Unámonos unos con otros y saludémoslos. En los días pasados he realizado el viaje apostólico a Cuba y a los Estados Unidos de América. Esto nació de la voluntad de participar al Encuentro Mundial de las Familias, en programa desde hace tiempo en Filadelfia. Este “núcleo originario” se ha ampliado en una visita a los Estados Unidos de América y a la sede central de las Naciones Unidas, y después también a Cuba, que ha sido la primera etapa del itinerario. Expreso nuevamente mi reconocimiento al presidente Castro, al presidente Obama y al Secretario General Ban Ki-moon por la acogida. Agradezco de corazón a los hermanos Obispos y a todos los colaboradores por el gran trabajo realizado y por el amor a la Iglesia que lo ha animado. “Misionero de la Misericordia”: así me he presentado en Cuba, una tierra rica de belleza natural, de cultura y de fe. La misericordia de Dios es más grande que cada herida, cada conflicto, cada ideología; y con esta mirada de misericordia he podido abrazar todo el pueblo cubano en patria y fuera, más allá de cada división. Símbolo de esta unidad profunda del alma cubana es la Virgen de la Caridad del Cobre, que hace cien años ha sido proclamada Patrona de Cuba. Fui como peregrino al Santuario de esta Madre de esperanza, Madre que guía en el camino de justicia, paz, libertad y reconciliación. He podido compartir con el pueblo cubano la esperanza del cumplirse la profecía de san Juan Pablo II: que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba. No más cierres, no más explotación de la pobreza, sino libertad en la dignidad. Este es el camino que hace vibrar el corazón de tantos jóvenes cubanos: no una vía de evasión, de ganancias fáciles, sino de responsabilidad, de servicio al prójimo, de cuidado de la fragilidad. Un camino que trae fuerza de las raíces cristianas de aquel pueblo que ha sufrido tanto. Un camino en el cual he animado en modo particular a los sacerdotes y todos los consagrados, los estudiantes y las familias. Que el Espíritu Santo, con la intercesión de María Santísima, haga crecer las semillas que hemos sembrado.

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De Cuba a los Estados Unidos de América: ha sido un pasaje emblemático, un puente que gracias a Dios se está reconstruyendo. Dios siempre quiere construir puentes; ¡somos nosotros quienes construimos muros! Y los muros caen siempre.

En Nueva York he podido visitar la Sede central de la ONU y saludar el personal que allí trabaja. He tenido coloquios con el Secretario General y los Presidentes de las últimas Asambleas Generales y del Consejo de Seguridad. Hablando a los representantes de las Naciones, en las huellas de mis predecesores, he renovado el ánimo de la Iglesia Católica a aquella Institución y a su rol en la promoción del desarrollo y de la paz, llamando en particular la necesidad del compromiso armonioso y activo para el cuidado de lo creado. He reafirmado también la llamada a detener y prevenir las violencias en contra de las minorías étnicas y religiosas y en contra de las poblaciones civiles. Por la paz y la fraternidad hemos rezado en el memorial de la zona cero, junto a los representantes de las religiones, los familiares de tantos fallecidos y el pueblo de Nueva York, rico en variedad cultural. Y por la paz y la justicia he celebrado la Eucaristía en el Madison Square Garden. Sea en Washington que a Nueva York he podido encontrar algunas realidades caritativas y educativas, emblemáticas del enorme servicio que las comunidades católicas –sacerdotes, religiosas, religiosos, laicosofrecen en estos campos.

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NOTICIA

En los Estados Unidos ha realizado tres etapas: Washington, Nueva York y Filadelfia. En Washington he encontrado las Autoridades políticas, la gente común, los Obispos, los sacerdotes y consagrados, los más pobres y marginados. He recordado que la más grande riqueza de aquel país y de su gente está en el patrimonio espiritual y ético. Y así, he querido animar a llevar hacia adelante la construcción social en la fidelidad a su principio fundamental, que todos los hombres son creados por Dios iguales y dotados de derechos inalienables, como la vida, la libertad y el perseguir la felicidad. Estos valores, compartidos por todos, encuentran en el Evangelio su pleno cumplimiento, como lo ha evidenciado la canonización del padre Junípero Serra, franciscano, gran evangelizador de la California. San Junípero muestra el camino de la alegría: ir y compartir con los otros el amor de Cristo. Este es el camino del cristiano, y también de cada hombre que ha conocido el amor: no tenerlo para sí mismo sino compartirlo con los otros. Sobre esta base religiosa y moral han nacido y crecido los hijos de los Estados Unidos de América, y sobre esta base pueden continuar a ser tierra de libertad y de acogida y cooperar a un mundo más justo y fraterno.


NOTICIA

Culmen del viaje ha sido el Encuentro de las Familias en Filadelfia, donde el horizonte se ha ampliado a todo el mundo, a través del “prisma”, por así decir, de la familia. La familia, es decir la alianza fecunda entre el hombre y la mujer, es la respuesta al gran desafío de nuestro mundo, que es un desafío doble: la fragmentación y la masificación, dos extremos que conviven y se sostienen mutuamente, y juntos sostienen el modelo económico consumista. La familia es la respuesta porque es la célula de una sociedad que equilibra la dimensión personal y aquella comunitaria, y al mismo tiempo puede ser el modelo de una gestión sostenible de los bienes y de los recursos del creado. La familia es el sujeto protagonista de una ecología integral porque es el sujeto social primario, que contiene al interno los dos principios base de la civilización humana sobre la tierra: el principio de comunión y el principio de fecundidad. El humanismo bíblico nos presenta este ícono: la pareja humana, unida y fecunda, colocada por Dios en el jardín del mundo, para cultivarlo y cuidarlo. Deseo dirigir un fraterno y caluroso agradecimiento a Mons. Chaput, Arzobispo de Filadelfia, por su empeño, su piedad, su entusiasmo y su gran amor a la familia en la organización de este evento. Mirando bien no es casualidad, sino providencial que el mensaje, más bien, el testimonio del Encuentro Mundial de las Familias se haya llevado a cabo en este momento desde los Estados Unidos de América, es decir del país que en el siglo pasado ha alcanzado el máximo desarrollo económico y tecnológico sin renegar sus raíces religiosas. Ahora estas raíces piden: volver a partir de la familia para repensar y cambiar el modelo de desarrollo, para el bien de la entera familia humana. Gracias.

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Son los padres de Santa Teresita del Niño Jesús. Su fiesta se celebra el 12 de Julio, aniversario de su boda Santa Teresita de Lisieux escribió una vez: ”Dios me ha dado un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra”(Carta 261). ¿Quienes fueron estos padres tan maravillosos? Luis Martin nació en Burdeos el 22 de agosto de 1823. Era el segundo de los cinco hijos del matrimonio Pierre-François Martin, capitán del ejército francés, y Marie Anne Fanny Boureau, cristianos de fe viva. La primera formación de Luis estuvo vinculada a la vida militar y se benefició de las facilidades que tenían los hijos de los militares. Al jubilarse su padre, la familia se trasladó a Alençon (1831) y Luis estudió con los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad. Tanto en la familia como en el colegio recibió una sólida formación religiosa. Terminados los estudios, no se inclinó hacia la vida militar, sino que quiso aprender el oficio de relojero, primero en Bretaña, luego en Rennes, Estrasburgo, en el Gran San Bernardo (Alpes suizos) y por último en París. A los veintidós años sintió el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa. Para ello, se dirigió al monasterio del Gran San Bernardo, con intención de ingresar en esta Orden, pero no fue admitido porque no sabía latín. Con gran valor se dedicó a estudiarlo durante más de un año, con clases particulares; pero, finalmente, renunció a ese proyecto. No se sabe mucho de este período: sólo que su madre en una carta le exhortaba a “ser siempre humilde”, y que mostró su valentía y sangre fría salvando de morir ahogado al hijo del amigo de su padre, con el que residía.

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HISTORIA

Beatos Louis Martin y Zélie Guérin


En Alençon puso una relojería. Sus padres, tras la muerte de los otros hijos, vivieron siempre con él, incluso después de su matrimonio con Celia Guérin. Hábil en su oficio, tenía amigos y conocidos con los que le gustaba pescar y jugar al billar, y era apreciado por sus cualidades poco comunes y por su distinción natural, que explica por qué le presentaron un proyecto de matrimonio con una joven de la alta sociedad, al que se negó.

HISTORIA

En 1871 vendió el edificio a un sobrino. El amor al silencio y al retiro lo llevó a comprar una pequeña propiedad con una torre y un jardín. Allí instaló una estatua de la Virgen, que le había regalado la señora Beaudouin; trasladada más tarde a Buissonnets, esta imagen fue conocida en todo el mundo como la Virgen de la Sonrisa. Celia Guérin nació en Gandelain, departamento de Orne (Normandía), el 23 de diciembre de 1831. Era hija de Isidoro Guérin, un militar que a los 39 años decidió casarse con Louise-Jeanne Macè, dieciséis años más joven que él. De esta unión nacieron también Marie Louise, la primogénita (fue monja visitandina), e Isidore, el más pequeño. Para los padres de Celia la vida había sido dura, lo que repercutía en su manera de ser: eran rudos, autoritarios y exigentes, si bien tenían una fe firme. Celia, inteligente y comunicativa por naturaleza, dice en una de sus cartas que su infancia y juventud fueron tristes “como un sudario”. A pesar de ello, cuando su padre, viudo y enfermo, manifestó el deseo de ir a habitar con ella, lo acogió y cuidó con devoción hasta que murió en 1868. Afortunadamente encontró en su hermana Marie Louise un alma gemela y una segunda madre. Cuando se jubiló su padre, la familia se estableció en Alençon en 1844. La señora Guérin abrió un negoció que fracasó. La familia salía adelante con dificultad, gracias a la pensión y a los trabajos de carpintería del padre. En pocos años, la situación financiera se hizo muy precaria y no mejoró hasta que las hijas contribuyeron con su trabajo a cuadrar el balance familiar. Esta situación económica influyó en los estudios de las hijas: Celia entró en el internado de las religiosas de la Adoración perpetua; aprendió los primeros rudimentos del punto de Alençon, un encaje de los más famosos de la época; luego, para perfeccionarse, se inscribió en la “Êcole dentellière”.

Mientras tanto, la hermana mayor se dedicó al bordado, con su madre. Celia conservó un excelente recuerdo de este tiempo. Se dedicó a la confección de dicho encaje. Deseó formar parte de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, pero no la admitieron. Pidió luz al Señor para conocer su voluntad y el 8 de diciembre de 1851, después de una novena a la Inmaculada Concepción, escuchó interiormente las palabras: “Hacer punto de Alençon”. Con la ayuda de su hermana comenzó esta empresa y ya a partir de 1853 era conocida como fabricante del punto de Alençon. En 1858 la casa para la que trabajaba recibió una medalla de plata por la fabricación de este encaje y Celia una mención de alabanza. Poco después, su hermana entró en el monasterio de la Visitación y tomó el nombre de María Dositea. Un día, al cruzarse con un joven de noble fisonomía, semblante reservado y dignos modales, se sintió fuertemente impresionada y oyó interiormente que ese era el hombre elegido para ella. En poco tiempo los dos jóvenes llegaron a apreciarse y amarse, y el entendimiento fue tan rápido que contrajeron matrimonio la noche del 12 al 13 de julio de 1858, tres meses después de su primer encuentro. Llevaron una vida matrimonial ejemplar: misa diaria, oración personal y comunitaria, confesión frecuente, participación en la vida parroquial. De su unión nacieron nueve hijos, cuatro de los cuales murieron

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prematuramente. Entre las cinco hijas que sobrevivieron, Teresa, la futura santa patrona de las misiones, es una fuente preciosa para comprender la santidad de sus padres: educaban a sus hijas para ser buenas cristianas y ciudadanas honradas. A los 45 años, Celia recibió la noticia de que tenía un tumor en el pecho y pidió a su cuñada que, cuando ella muriera, ayudara a su marido en la educación de los más pequeños: vivió la enfermedad con firme esperanza cristiana hasta la muerte, en agosto de 1877. Luis se encontró solo para sacar adelante a su familia: La hija mayor tenía 17 años y la más pequeña, Teresa, cuatro y medio. Se trasladó a Lisieux, donde residía el hermano de Celia; de este modo la tía Celina pudo cuidar de las hijas. Entre 1882 y 1887 Luis acompañó a tres de sus hijas al Carmelo. El sacrificio mayor fue separarse de Teresa, que entró en el Carmelo a los 15 años. Luis tenía una enfermedad que lo fue invalidando hasta llegar a la pérdida de sus facultades mentales. Fue internado en el sanatorio de Caen, y murió en julio de 1894.

Santos Louis Martin y Zélie Guérin, padres de Santa Teresita¿Qué es lo que fascina de los esposos Martin? ¿Qué mensaje deja esta familia a la Iglesia y a la sociedad? Sin duda fascina la valentía de esta familia que, después de diecinueve años de matrimonio, ante la crisis económica que afligía a Francia, queriendo garantizar bienestar y futuro a sus hijos, halló la fuerza de dejar Alençon y trasladarse a Lisieux, como tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, “emigrantes” en busca de lo que pudiera hacer más bella la vida y concreta la esperanza. Hay una belleza que emana de su trabajo artesanal emprendedor: Luis Martín, como relojero y joyero; y Celia Guérin, como pequeña empresaria de una taller de bordado. Junto con sus cinco hijas, emplearon tiempo y dinero en ayudar a quienes tenían necesidad. Su casa no fue una isla feliz en medio

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HISTORIA

No estamos habituados a pensar en la santidad de un matrimonio, porque nuestra experiencia nos lleva a unir la santidad a un individuo. Juan Pablo II se atrevió a ir más allá de los esquemas, beatificando a Luis y María Beltrame Quattrocchi. Después, el Papa Benedicto XVI decidió añadir a ellos a los cónyuges Martin, a fin de mostrar a los padres y madres de familia de todo el mundo la grandeza de la vocación a la vida conyugal. Así se concreta la invitación de Juan Pablo II: “Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este “alto grado” de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección” (Novo millennio ineunte, 31) y del concilio Vaticano II: “Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (Lumen gentium, 40).


HISTORIA

de la miseria, sino un espacio de acogida, comenzando por sus obreros. El matrimonio Martin nos recuerda que existe una ética que debe imbuir la vida de los empresarios, poniendo en el centro el valor de la persona humana (cf. Populorum progressio, 42-44). Anima su testimonio cristiano de laicos, vivido dentro y fuera de las paredes del hogar, a través de la belleza de su vida, la fascinación de los sentimientos, la transparencia del amor, sabiendo dedicarse tiempo, porque “el amor no es un trabajo para hacer deprisa” (M. Noëlle). El compromiso eclesial de los esposos Martin recuerda que “la futura evangelización depende, en gran parte, de la iglesia doméstica” (Familiaris consortio, 52), y tiene el sabor de la ternura. Causa de canonización Los padres de Santa Teresa del Niño Jesús, Louis Martin y Zélie Guérin, serán declarados Santos el próximo 18 de octubre de 2015. El milagro que posibilita la canonización es el obrado en una niña española que nació de forma prematura y con gravísimas complicaciones, entre ellas, una hemorragia ventricular grado IV. Fue entonces cuando, ante la imposibilidad médica de sanarla, los padres se encomendaron al matrimonio Louis Martin y Zélie Guérin, que habían sido beatificados recientemente. A partir de ese momento, la niña experimentó un “restablecimiento asombroso y sin explicación médica alguna” y hoy se encuentra “perfectamente y sin la más mínima secuela”. Se ha designado como fecha de celebración de los Santos Luis Martin y Celia Guerin el 12 de julio, fecha en que contrajeron matrimonio. Ceremonia de Beatificación Alrededor de quince mil personas participaron el 19 de octubre de 2008 en la beatificación de los padres de santa Teresita del Niño Jesús, Louis Martin y Zélie Guérin. Se escogió este día coincidente con el DOMUND (DOMingo MUNDial de las misiones) dado que su hija Santa Teresita de Lisieux, es patrona universal de las Misiones. El segundo matrimonio elevado conjuntamente a la gloria de los altares fue beatificado en una celebración eucarística presidida por el legado pontificio, el cardenal José Saraiva Martins, prefecto emérito de la Congregación para las Causas de los Santos, en la basílica de Lisieux (Francia). Tras concluir el rito de beatificación con el que el Papa inscribió a los dos esposos conjuntamente en el Libro de los Beatos, el cardenal portugués dio “gracias a Dios por este testimonio ejemplar de amor conyugal”. Este ejemplo, aseguró el purpurado, puede “estimular a los hogares cristianos en la práctica integral de las virtudes cristianas, como estimuló el deseo de santidad en Teresa”.

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El cardenal dejó paso a las confidencias en la homilía explicando que en el momento de la beatificación “pensaba en mi padre y en mi madre, y en este momento, quisiera que vosotros también pensarais en vuestro padre y vuestra madre y que juntos demos gracias a Dios por habernos creado y hecho cristianos gracias al amor conyugal de nuestros padres”. Louis Martin (1823-1894) y su esposa Zélie Guérin (1831-1877), padres de nueve hijos, cuatro de ellos fallecidos en tierna edad, fue el segundo matrimonio beatificado simultáneamente después de los italianos Luigi y Maria Beltrame Quattrocchi (fallecidos en 1951 y 1965 y beatificados en 2001 por San Juan Pablo II). El cardenal Saraiva Martins les presentó como “un don para los esposos de todas las edades por la estima, el respeto y la armonía con que se amaron durante 19 años”.

“La viudez es siempre una condición difícil de aceptar --reconoció--. Louis vivió la pérdida de su esposa con fe y generosidad, prefiriendo el bien de sus hijos a sus gustos personales”. Por último, dijo, estos esposos son “un don para quienes afrontan la enfermedad y la muerte”. Zélie falleció de cáncer, Louis terminó su existencia a causa de una artereoesclerosis cerebral. “En nuestro mundo, que trata de ocultar la muerte, nos enseñan a mirarla cara a cara, abandonándose en Dios”, aseguró. Entre los participantes en la ceremonia de beatificación se encontraba Pietro Schiliro, un niño italiano de Monza, cuya curación inexplicable en 2002 fue sido atribuida a la intercesión de los padres de Santa Teresita del Niño Jesús. Nacido con una malformación de los pulmones, los médicos habían dicho que no podría sobrevivir. Su madre pidió su curación a Dios por intercesión de Louis y Zélie. Una comisión científica reconoció como inexplicable su curación.

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HISTORIA

Son también “un don para los padres” y “para todos aquellos que han perdido a su esposo o esposa”.


EL REINO DEL PODER

Hoy en día existen Músicos “convencidos” en cuanto a Dios y su Palabra, pero no convertidos a vivir la vida nueva, y ya es tiempo para experimentar a través del canto y la música el Poder del Reino de Dios. Pero, ¿Qué es el Reino de Dios y cómo podemos vivirlo? Hace poco el Papa Francisco en una de sus homilías decía que El Reino de Dios “no llama la atención” tal como no la llama la semilla que se desarrolla debajo de la tierra “el Reino de Dios es silencioso,” crece dentro” y lo hace crecer el Espíritu Santo con nuestra disponibilidad en nuestro Servicio, es como esa semilla en nuestra tierra (nuestro Corazón), que es capaz de desarrollar Músicos llenos del Poder de Dios. Es por eso que Jesús le decía a Nicodemo que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios. (Jn. 3,3). ¿Qué sería de una Gobierno Terrenal sin leyes, y sin un Poder que Respalden dichas leyes? Sin duda no Funcionaria. Pero el gobierno de Dios no es un Gobierno de solo Palabrería (1 Co. 4, 20) si no de Poder, en el cual hay Mandamientos de Amor (Mt. 22,36) respaldados por el Poder del Espíritu Santo. Músico amado de Dios, a veces nos enfocamos en dar una buena musicalización, que nuestras voces sean perfectas y eso es bueno, pero, en realidad lo que debemos de ofrendarle a Dios es un Corazón dispuesto a recibir el poder del Espíritu Santo, solo así podremos ser testigos de que el MCM es un conducto de Sanación y de amor a través de la melodía de cada nota que salga desde lo profundo de nuestro Corazón. Ciertamente el Reino de Dios no es un espectáculo, sino una Fiesta. El PAPA Francisco, decía que ya está entre nosotros, aunque no completamente. Está entre nosotros porque Jesús ya ha venido a la tierra y nos ha dejado su presencia. Pero todavía falta algo. Es necesario que el Reino llegue al corazón de cada hombre y es tiempo de que los Músicos dejemos que el Espíritu Santo nos habite.

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Músico amado de Dios, que importante es dejar que el Espíritu Santo nos habite a cada momento, y morir a nuestra carne (Jn. 3, 6) para dejar que seamos como nuestra Madre María, la cual despojándose de ella misma, se convirtió en vasija donde el agua viva de Dios habita. Si nos diéramos cuenta la riqueza que tenemos cada vez que oramos al Padre con la oración que Jesús nos enseñó, el Padre nuestro (Mt. 6,9) en el momento en que decimos venga a nosotros tu Reino, como ese Reino Celestial se hace presente en nuestras vidas convirtiéndonos en Músicos trasmisores encargados de ser una Iglesia que está llamada a traer la realidad del Reino aquí en la Tierra, ya que nosotros somos ciudadanos del cielo (Flp. 3, 20) Es un reino inconmovible el cual no se puede alterar, es eterno, no se destruye. Por eso, nosotros que recibimos un reino inconmovible, hemos de mantener la gracia y, mediante ella, ofrecer a Dios un culto que le sea grato, con religiosa piedad y reverencia Hb. 12,28 Músicos amados de Dios necesitamos comprender que la voluntad de Dios es Poderosa y que somos parte de ese Reino, ya que nosotros no pertenecemos a este mundo. En la palabra de Dios (Mt. 6, 10) Jesús nos enseña a pedirle al Padre que haga su voluntad en la tierra “como” en el Cielo. La voluntad de Dios es perfecta, por lo tanto al saber que Dios envía a su hijo único para ser salvados (Jn. 3, 16) es voluntad del Padre que todo esté bien aquí en la tierra, por lo tanto Músico de Dios que te dejas habitar por el Poder del Espíritu Santo cada vez que le des Alabanza a Dios, tienes que dejar de obstaculizar y esquematizar tu servicio, necesitamos creer que la Alabanza tiene Poder y que El Reino de Dios ya está aquí (Lc. 17, 20-21). Termino diciéndote que el Reino de Dios debe ser una Realidad y una Manifestación En Nuestro Servicio.

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MÚSICO DE DIOS

DE DIOS ESTA AQUÍ


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XLIX

El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, convocado para el próximo mes de octubre. En este contexto, he considerado oportuno que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales tuviera como punto de referencia la familia. En efecto, la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar. Volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista. Podemos dejarnos inspirar por el episodio evangélico de la visita de María a Isabel (cf. Lc 1,39-56). «En cuanto Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”» (vv. 41-42).

Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor

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JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Después de llegar al mundo, permanecemos en un «seno», que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación; la familia es el «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia» (Exort. ap. Evangelii gaudium, 66): diferencias de géneros y de generaciones, que comunican antes que nada porque se acogen mutuamente, porque entre ellos existe un vínculo. Y cuanto más amplio es el abanico de estas relaciones y más diversas son las edades, más rico es nuestro ambiente de vida. Es el vínculo el que fundamenta la palabra, que a su vez fortalece el vínculo. Nosotros no inventamos las palabras: las podemos usar porque las hemos recibido. En la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados (cf. 2 M 7,25.27). En la familia se percibe que otros nos han precedido, y nos han puesto en condiciones de existir y de poder, también nosotros, generar vida y hacer algo bueno y hermoso. Podemos dar porque hemos recibido, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación. La experiencia del vínculo que nos «precede» hace que la familia sea también el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración. Cuando la mamá y el papá acuestan para dormir a sus niños recién nacidos, a menudo los confían a Dios para que vele por ellos; y cuando los niños son un poco más mayores, recitan junto a ellos oraciones simples, recordando con afecto a otras personas: a los abuelos y otros familiares, a los enfermos y los que sufren, a todos aquellos que más necesitan de la ayuda de Dios. Así, la mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comunicación, que en el cristianismo está impregnada de amor, el amor de Dios que se nos da y que nosotros ofrecemos a los demás. Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría: del saludo de María y del salto del niño brota la bendición de Isabel, a la que sigue el bellísimo canto del Magnificat, en el que María alaba el plan de amor de Dios sobre ella y su pueblo. De un «sí» pronunciado con fe, surgen consecuencias que van mucho más allá de nosotros mismos y se expanden por el mundo. «Visitar» comporta abrir las puertas, no encerrarse en uno mismo, salir, ir hacia el otro. También la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma, y las familias que hacen esto pueden comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias.

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FAMILIA

Este episodio nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo. En efecto, la primera respuesta al saludo de María la da el niño saltando gozosamente en el vientre de Isabel. Exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo. El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación. Y es una experiencia que nos hace común a todos, porque todos nosotros hemos nacido de una madre.


La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar. Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, expresando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconciliación en la sociedad.

FAMILIA

A propósito de límites y comunicación, tienen mucho que enseñarnos las familias con hijos afectados por una o más discapacidades. El déficit en el movimiento, los sentidos o el intelecto supone siempre una tentación de encerrarse; pero puede convertirse, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, en un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo; y puede ayudar a la escuela, la parroquia, las asociaciones, a que sean más acogedoras con todos, a que no excluyan a nadie. Además, en un mundo donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías, la familia puede ser una escuela de comunicación como bendición. Y esto también allí donde parece que prevalece inevitablemente el odio y la violencia, cuando las familias están separadas entre ellas por muros de piedra o por los muros no menos impenetrables del prejuicio y del resentimiento, cuando parece que hay buenas razones para decir «ahora basta»; el único modo para romper la espiral del mal, para testimoniar que el bien es siempre posible, para educar a los hijos en la fraternidad, es en realidad bendecir en lugar de maldecir, visitar en vez de rechazar, acoger en lugar de combatir. Hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que «el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido» (Benedicto XVI, Mensaje para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2012). La pueden favorecer si ayudan a contar y compartir, a permanecer en contacto con quienes están lejos, a agradecer y a pedir perdón, a hacer posible una y otra vez el encuentro. Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este «inicio vivo», sabremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas. También en este campo, los padres son los primeros educadores. Pero no hay que dejarlos solos; la comunidad

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El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Esta es la dirección hacia la que nos empujan los potentes y valiosos medios de la comunicación contemporánea. La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto. La familia, en conclusión, no es un campo en el que se comunican opiniones, o un terreno en el que se combaten batallas ideológicas, sino un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, una «comunidad comunicante».

Una comunidad que sabe acompañar, festejar y fructificar. En este sentido, es posible restablecer una mirada capaz de reconocer que la familia sigue siendo un gran recurso, y no sólo un problema o una institución en crisis. Los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir; o como si fuera una ideología de uno contra la de algún otro, en lugar del espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado. Narrar significa más bien comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible. La familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos. No luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro. Vaticano, 23 de enero de 2015 Vigilia de la fiesta de San Francisco de Sales. Francisco

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FAMILIA

cristiana está llamada a ayudarles para vivir en el mundo de la comunicación según los criterios de la dignidad de la persona humana y del bien común.


MENSAJE

Francisco invita y en la verdad, Otra cosa son los fundadores que han recibido del Espíritu Santo el carisma de fundación. Ellos por haberlo recibido tienen la obligación de cuidarlo, de hacerlo madurar, en sus comunidades, asociaciones. Los fundadores son por la vida, o sea quienes inspiran y dan la inspiración, pero dejan que las cosas vayan adelante. Conocí en Buenos Aires a un buen fundador, que a un cierto punto se volvió espontáneamente el asesor, y dejaba que los líderes fueran los otros. Esta corriente de gracia nos lleva hacia adelante, en un camino de Iglesia que en Italia ha dado mucho fruto. Les animo a ir hacia adelante, y pido vuestra importante contribución, en particular para compartir con todos en la Iglesia el bautismo que han recibido. Si han vivido esta experiencia, compártanla en la Iglesia y este es el servicio más importante que se pueda dar a todos en la Iglesia. Ayudar al pueblo de Dios al encuentro personal con Jesucristo, que nos cambia en hombres y mujeres nuevos. En pequeños grupos humildes pero eficaces, porque es el Espíritu el que opera. No apuntar tanto a las grandes concentraciones que terminan allí, sino a las relaciones artesanales que derivan del testimonio cotidiano en la familia, en el trabajo, en la vida social, en la parroquia, con los grupos de oración, con todos, con todos. Y aquí les pido que tomen la iniciativa para crear lazos de amistad y de confianza con los obispos, quienes tienen la responsabilidad pastoral de guiar al cuerpo de Cristo, incluido a la Renovación carismática. Comiencen a tomar las iniciativas necesarias para que todas las realidades carismáticas italianas nacidas de la corriente de gracia puedan vincularse con estas relaciones de confianza y de cooperación directamente con los obispos allí donde se encuentran. Hay otro signo fuerte del Espíritu en la Renovación carismática: la búsqueda de la unidad del cuerpo de Cristo. Porque los carismáticos tienen una gracia especial para rezar y trabajar en favor de la unidad de los cristianos. Porque la corriente de gracia cruza a todas las Iglesias

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a la unidad en la diversidad que es el mismo Jesús Pero padre, ¿yo puedo rezar con un evangélico, con un ortodoxo, con un luterano? ¡Debes, debes!, porque han recibido el mismo bautismo. Todos nosotros hemos recibido el mismo bautismo. Todos nosotros hemos recibido al mismo bautismo. Todos nosotros vamos en el camino de Jesús. Todos nosotros queremos a Jesús. Nosotros hemos hecho estas divisiones en la historia. Por tantos motivos, pero no buenos, pero ahora es el tiempo en el que el Espíritu nos hace pensar que estas divisiones no van, que estas divisiones son un antitestimono, para ir juntos. El ecumenismo espiritual, el ecumenismo de la oración, el ecumenismo del trabajo, de la caridad juntos, de la lectura de la Biblia juntos. Ir juntos hacia la unidad. ¿Pero padre, para esto tenemos que firmar un documento? ¡Déjate ir adelante con el Espíritu Santo!, reza, trabaja, ama, comparte y después el Espíritu hará el resto. Esta corriente de gracia cruza a todas las confesiones cristianas, a todas las que creen en Cristo. Unidad antes de todo en la oración. El trabajo por la unidad de los cristianos comienza con la oración. Rezar juntos. Unidad porque la sangre de los mártires de hoy nos hace uno. Está el ecumenismo de la sangre. Sabemos que aquellos que odian a Jesucristo, cuando asesinan a un cristiano no le preguntan ¿Tú eres luterano, ortodoxo, evangélico, bautista, metodista? ¡Tú eres cristiano! Y le cortan la cabeza. Estos no confunden, saben que hay una raíz allí, que nos da la vida a todos y que es Jesucristo, y que está el Espíritu Santo que nos lleva a la unidad.

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MENSAJE

cristianas. La unidad de los cristianos es obra del Espíritu Santo, y tenemos que rezar juntos. El ecumenismo espiritual, el ecumenismo de la oración.


Quienes odian a Jesucristo, guiados por el maligno no se equivocan, saben. Por ello asesinan sin hacer preguntas. Y esto es algo que les confío. Quizás les conté esto, es una historia verdadera. En una ciudad de Alemania, en Hamburgo, había un párroco que estudiaba los documentos para llevar hacia adelante la causa de beatificación de un sacerdote asesinado, guillotinado por el nazismo, por haber hecho catecismo a los niños. Y mientras estudiaba descubrió que después de él fue guillotinado, cinco minutos después, un pastor luterano por el mismo motivo, y la sangre de los dos se mezcló. Ambos fueron mártires, es el ecumenismo de la sangre. Si el enemigo nos une en la muerte, ¿quienes somos nosotros para dividirnos en la vida? Dejemos entrar al Espíritu para ir adelante todos juntos.

MENSAJE

Pero hay diferencias. Dejémoslas de lado y caminemos con lo que tenemos en común, que es mucho, la Santísima Trinidad y el Bautismo, y vamos adelante con la fuerza del Espíritu Santo. Pocos meses atrás, esos 23 egipcios coptos que fueron degollados en una playa de Libia, en ese momento decían el nombre de Jesús. Estos... -pero no, no son católicos. -Son cristianos, son hermanos, son nuestros mártires. Es el ecumenismo de la sangre. Hace cincuenta años el beato Pablo VI en la canonización de los jóvenes de Uganda hizo referencia que por el mismo motivo habían derramado su sangre sus hermanos catequistas anglicanos, que eran cristianos, y eran mártires. Disculpen y no se escandalicen, son nuestros mártires porque han dado la vida por Cristo, y esto es el ecumenismo de la sangre. Rezar, la memoria de nuestros mártires comunes, unidad en el trabajo junto por los pobres y necesitados que necesitan también el bautismo en el Espíritu Santo, sería hermoso organizar seminarios de vida en el Espíritu junto a otras realidades carismáticas cristianas, con los hermanos y hermanas que viven por la calle. También ellos tienen el Espíritu por dentro que empuja para que alguien les abra la puerta desde fuera. Terminó la lluvia, parece, terminó el calor. El Señor es bueno, nos dio primero el calor, después una buena ducha y está con nosotros. Dejemos que nos guíe el Espíritu Santo, esta corriente de gracia que busca siempre la unidad. Nadie es el patrón. Un solo Señor, ¿quién es? (el público: Jesús) Jesús es el Señor. Les recuerdo, que la renovación carismática es una gracia para toda la Iglesia. ¿De acuerdo? Si alguien no está de acuerdo que levante la mano. De acuerdo. La unidad en la diversidad del Espíritu, no cualquier unidad, la esfera y el poliedro, acuérdense bien de esto. La experiencia común del bautismo del Espíritu Santo es el vínculo fraterno y directo con el obispo diocesano, porque el todo es más que la parte. Después, unidad del cuerpo de Cristo, rezar junto con los otros cristianos, trabajar juntos con los otros cristianos por los pobres y necesitados, porque todos hemos tenido el mismo bautismo.

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Organizar seminarios de vida en el Espíritu para los hermanos que viven por la calle y por los hermanos marginados por tantos sufrimientos de la vida. Me permito de recordar el testimonio de Hugo, el Señor lo ha llamado justamente porque el Espíritu Santo le hizo la alegría de seguir a Jesús. Organizar seminarios del Espíritu Santo para los que viven por la calle. Y después si el Señor nos da vida les espero a todos juntos en el Iccrs y en la Fraternidad católica que ya están organizando. A todos quienes quieran venir en el 2017. No es tan lejos. Aquí en la plaza de San Pedro para celebrar el jubileo de oro de esta corriente de gracia. Una oportunidad para la Iglesia como dijo el beato Pablo VI en la basílica de San Pedro en 1965. Nos reuniremos para dar gracias al Espíritu Santo por el don de esta corriente de gracia que es para la Iglesia y para el mundo. Y para celebrar las maravillas que el Espíritu Santo ha hecho durante estos 50 años cambiando la vida de millones de cristianos. Nuevamente gracias por haber respondido con alegría a mi invitación. Que Jesús les bendiga y la Virgen santa les proteja. Y no se olviden de rezar por mí, porque lo necesito. Gracias.

MENSAJE

(Texto traducido y transcrito del audio por ZENIT)

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Una publicación de RCCES México

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