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© Texto: 2013 © Diseño de portada: 2013, Norma Terrazas © Ilustraciones de interior: 2013, RBC © Edición: 2013, RBCBOOK Publicado en México - RBC IN WONDERLAND DESIGNS www.rbcbook.blogspot.com www.cinerbc.blogspot.com www.librogeminis.blogspot.com Maquetación: RBC Primera edición: Octubre de 2013

Publicado en Blogspot-México. Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con autorización de los titulares de propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y sgtes. del Código Penal)


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E

l viento cambió de dirección, el olor que arrastraba la noche era el insuperable, único, frío y azucarado Noviembre. Max respiraba profundamente ese aroma a dulces de calabaza,

calaveras, panecillos, chocolate y hasta cigarrillos, contemplando el resultado final de una exhausta y meticulosa decoración; esa noche había trabajado hasta tarde en la decoración del salón de clases ya que por la mañana se llevaría a cabo un festival en honor a los muertos. Justo antes de la media noche, Max dejó su bicicleta en el porche de su casa, la aseguró y se encaminó a la puerta. Dentro, el exquisito aroma de vainilla envolvió sus fosas nasales. Caminó por el vestíbulo y le pareció extraño que Rocky no saliera a saludarlo. Sin más se dirigió a la cocina y ahí estaba la abuela, preparando unos hot cakes. 8 www.rbcbook.blogspot.com


—Buenas noches— Max se despojó de la chamarra pues ahí el ambiente era más cálido. La abuela con lentitud se dio vuelta. — ¡Max, hijo!, no escuché que entraras; siéntate, ahora mismo sirvo los platos— su voz no era tan cantarina como de costumbre. —Te ayudo a tender la mesa— se ofreció el joven sin recibir respuesta alguna. El silencio comenzaba a perturbarlo, la abuela parecía estar en automático - como un robot - de pronto aporrearon la puerta, seguido de unos arañazos, Max por un momento se sorprendió, pero luego reconoció el gañido de Rocky, con solo un par de movimientos el joven preocupado abrió la puerta. Rocky pasó como una bala, tal cual como si lo estuviesen persiguiendo, Max corrió tras el. —Deja a Rocky— exclamó la abuela, entonces su nieto se detuvo— es normal que esté así, ya ha pasado la medianoche; hoy a llegado tarde y dudo que vuelva hacerlo, siéntate— le ordenó. Max sin más, obedeció, quería saber lo que estaba ocurriendo. Los gañidos de Rocky fueron apagándose hasta disiparse con el profundo silencio. La abuela le sirvió cinco piezas humeantes y una enorme taza de chocolate, el joven al ver tan apetitosa cena, dejó pasar a segundo plano sus dudas y en cambio bañó de cajeta sus suaves, redondos y esponjosos hot cakes. La abuela se sirvió sólo una taza de té, al ver aquello, Max no resistió más.

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— ¿Pasa algo abuela?— engulló un buen ancho de la torre que había formado con su cena. — No, todo está bien; sólo he tenido un poco de dolor de cabeza, ya sabes, uno cuando es anciano empieza con sus achaques— al pronunciar la última frase parecía como si algo le hubiese dolido. — ¿Necesitas ver a un médico? Puedo llamarlo si gustas— tomó un sorbo de bebida caliente. —Para nada, ya se me pasará— dio un largo suspiro y vio el enorme reloj que colgaba por encima del marco de la puerta— ya es demasiado tarde— se apretó más la bata y tiritó— recuerda que estos tres días no puedes andar fuera de casa pasada la media noche, porque… Su nieto terminó la frase: “Porque los muertos están sueltos y su espanto puede llevarnos”— Max sonó incrédulo. — ¿Piensas que es mentira, he?, que son cosas de viejos — dirigió la mirada hacia donde Rocky se había escondido— creo que si la mascota hablara, podrías dejar un poco el escepticismo. —Abuela, sabes que prefiero creer, no te molestes, siempre he obedecido ¿o no?— el joven sonrió con comida en la boca. —Sí, eso no lo puedo discutir— se tomó la cabeza entre las manos. —Abuela no te preocupes por mí, mañana viene la familia y creo que debes estar repuesta, sube a dormir, yo me encargo de lavar los platos y dejar 10 www.rbcbook.blogspot.com


todo en orden— la abuela le sonrió dulcemente, Max se puso en pie y la ayudó a pararse— te llevaré al dormitorio— la anciana se zafó de las manos de su nieto con un poco de rudeza— no es necesario, yo puedo ir sola. Ya sabes, cualquier cosa me llamas por teléfono, por ningún motivo subas— tomó la falda de la bata entre las manos y salió con prontitud. Mientras Max lavaba los platos, pensó una y mil veces más en lo extraño de esa noche, todo para que concluyera en que definitivamente tenía que ser cosas de la edad y nada más. Estaba acomodando todo en la alacena cuando una gélida ventosa azotó la cocina, por reflejos vio hacía la puerta que daba al patio y se acercó para encontrar de qué forma pudo haberse colado aquel extraño viento y entonces Rocky casi lo hace desfallecer al asaltarlo en medio de aquel suspenso. El pastor alemán ladeaba la cola de un lado a otro con velocidad, y sacaba la lengua sofocada, el joven le dio unos masajes en la cabeza y se encaminó a la sala. Ver la tele en esas fechas le gustaba, pues en todos lados había películas de terror o con el tema referente a Halloween y al día siguiente sólo habría un festival en el colegio seguido de tres días inhábiles, así que después de una buena ingesta de glucosa, ver un par de películas sería perfecto para bajar la cena e irse a la cama. Zapeo durante unos minutos, anunciaban maratones, trilogías, especiales y los estudios de conductores adornados con el tema en común. Se detuvo al ver una película en blanco y negro de una familia

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loca con personajes singulares. Rocky se acostó a un lado del sillón y depositó su cabeza en las piernas de Max, este lo acariciaba mientras disfrutaba del film. —Despierta, no te lleves a nadie por favor…— un enorme grito de terror ensordeció a Max por unos segundos, con ojos apesadumbrados se percató que en la tele masacraban a una chica a cuchillazos, Rocky dormía profundamente en su regazo, con calma se puso en pie y fue por un vaso con agua; mientras abría el grifo supo que se sentía extraño, lo podía definir como miedo o más bien un presentimiento. Decidió ir apagar la tv e irse a la cama. Al llamar a Rocky, se encontró con que ya no estaba ahí, al ver hacía las escaleras, sólo pudo vislumbrar la cola que se perdía en la penumbra. —Rocky— dijo casi en susurros— vuelve, ven acá, la abuela me regañará y no dejará que vuelva a traerte — con cautela subió un par de escalones, pero Rocky lo aventajaba por mucho— Rocky vuelve— pero el perro no le hacía caso. Desde que él recuerda, a nadie de la familia dejaban subir, hasta Mónica, su madre, no le gustaba ir a ese lado de la casa, lo evitaba a toda costa. Aún estando ahí por primera vez seguía sin entender por qué, pues todo lucía normal; sólo había las puertas de dos habitaciones y una tercera que suponía era el baño. Estaba todo muy oscuro y un fuerte olor a velas lo sobresaltó, eso era algo que no se esperaba. Rocky olfateaba en una de las puertas, Max con temor a que la abuela los reprendiera, se acercó rápido y con sigilo, para cargar a su amigo pero se quedó helado al escuchar a la abuela decir: 12 www.rbcbook.blogspot.com


— ¿Qué haces aquí molestando tan tarde?, debo dormir— su tono de voz era de enojo. Una pausa y la abuela respondió: —Mañana, sin falta los prepararé, sé que son tus favoritos, todo con tal de que no salgas de esta pieza de la casa y… Otra pausa —Exacto, ahora déjame dormir… Con los ojos como platos, Max se hincó para ver por la rendija de la puerta y vio la sombra de una persona alta y delgada plasmada en el piso de madera. Rocky gruñó, estaba a punto de ladrar, la silueta reflejada dio vuelta y se dirigió a ellos, Max se quedó frígido con la mascota entre los brazos, la puerta se abrió y nadie sostenía el picaporte, entonces Rocky aulló como nunca antes lo había hecho. — ¿Rocky?— preguntó la abuela. Pero la puerta se cerró o ¿la cerraron?, Max corrió escaleras abajo con Rocky ladrando aún en brazos, se encerró en su cuarto con premura, pero pensó rápidamente en que si la abuela bajaba y veía al perro dentro, sabría de inmediato que Rocky no estaba sólo en el segundo piso. Entonces optó por abrirle la puerta para que este saliera, sin quedarse a averiguar se metió en la cama y se cubrió con ella de pies a cabeza. Por suerte la abuela nunca bajó y Rocky seguía ladrando, esperaba que no sospechase de él. ¿Quién sería aquella persona? Acaso ¿Vivía con alguien la abuela y por eso no lo dejaban subir? 13 www.rbcbook.blogspot.com


Pero si fuese así, ¿Quién sería, cómo para mantenerlo en secreto?

La mañana siguiente la abuela lo despertó con zarandeos. —Ya es hora de que te levantes, el festival es las 11:00, están por llegar tus padres— la abuela tenía puesto un vestido rojo con estilo antiguo y su cabello recogido en forma de cebolla, levantó las cortinas entusiasmada, daba la impresión que ella era la del compromiso con el festival, pero justo en el momento Max recordó las visitas de ese día. Con toda la pereza se levantó a bañar y vestir, al salir a la cocina, recordó lo de la noche anterior, dirigió disimuladamente la mirada hacía las escaleras, la verdad es que desde hacía muchos años que no le tomaba importancia a esa parte de la casa. Pero quizás, aquel Halloween sería el momento perfecto para investigar.

Mientras disfrutaban del festival, amigos del colegio realizaban una obra de teatro, algunos bailaban, otros solamente se habían unido a la velada con vestuarios bien confeccionados, la abuela disfrutaba de ese festejo; lucía siempre tan jovial en aquellos eventos, que la familia deseaba que durasen tanto. El recorrido por las mesas con dulces que había en cada salón, comenzó, siempre el mejor se llevaba un premio de bonificación para recuperar lo invertido y además un reconocimiento por el puro orgullo. Una vez que Max 14 www.rbcbook.blogspot.com


acompañado de su equipo había presentado la elaboración de su altar, se dispuso a escabullirse a casa y averiguar de una buena vez lo que escondía el segundo piso. Se encaminó lo más veloz que pudo, entre tantos disfraces y gentío seguro que no notarían su ausencia, al llegar al portón, la prefecta lo reprendió. — ¿A dónde se supone que va jovencito?— era una mujer alta, rechoncha y con una cara hombruna. —Voy por mi disfraz, lo he olvidado— Max estaba hecho un manojo de nervios, debía ganar tiempo. La prefecta lo vio de pies a cabeza y sonrió con malicia. —Eso veo— puso su lengua en una extraña abertura que se formaba entre sus dientes— creo que tendrá un doble reporte para sus padres. —No será necesario, este jovencito viene conmigo— la abuela salió a espaldas de la prefecta acompañada de sus padres— creo que esta anciana ya ha tenido suficiente por hoy, él volverá, no se preocupe que yo me encargo de ello— la conserje iba a hablar pero la abuela continuó— es un festival, el ya ha presentado su trabajo y las fiestas no son indispensables, además, yo tuve la culpa que no trajera su disfraz— sin decir una palabra más, la abuela pasó al lado de su nieto, intentó abrir la reja pero no pudo, entonces Max la ayudó. —Con permiso— dijeron sus padres al unísono, algo apenados y salieron.

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— ¿Me quieres decir por qué no nos avisaste que te irías?— lo reprendió su padre, la abuela había ensombrecido su rostro y no apartaba la mirada de la ventanilla. —No quería perturbarles el festival, además sólo iría por mi disfraz y volvería enseguida— Max se sentía muy avergonzado. — Me parece que no es para tanto hijo, hoy es un día de festejo— la abuela sonrió con desgane y tomó a su nieto de las manos, dándole sopor. — Gracias abue— dijo Max en un susurro. Al llegar a casa el sol estaba por apagarse, bajaron del auto y entonces Max vio a un hombre delgado, alto y de piel arrugada, fue todo tan rápido que al momento de parpadear la imagen se había ido. La abuela quedó viendo a su nieto y a la ventana del segundo piso, sus ojos no disimularon sorpresa, Max quiso decir algo, pero la abuela molesta se apresuró en entrar. El joven fue por su traje, sus padres directo a la cocina a preparar la mesa para la visita y la abuela subió al segundo piso lo más vemos que pudo. —Rocky debemos hacer todo lo posible por averiguar que pasa ahí arriba— lo acarició, mientras se pintaba la cara de blanco, se ponía sendas ojeras y se vestía todo níveo, Max era muy simple, desde siempre no la gustaban las grandes cosas, mucho menos estrambóticas, según él, iba de fantasma.

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— Una foto hijo— su padre sacó una enorme cámara de un bolso de piel sintética. — Ven aquí amigo— la fiel mascota posó junto a su dueño aunque con la mirada hacia otro lado. — ¡Listo!, quedaron muy bien— le dio la cámara a Max para que le echara un vistazo. —Vaya, si que parezco un espectro— volteó a ver a Rocky— huuuy— se echó a reír por que el perro le ladró— tranquilo amigo soy Max— lo soltó y se metió a la cocina donde su madre apurada, metían al horno un refractario con una especie de pasta, mientras su padre intentaba adornar algunos platos con postres— bueno, creo que me voy, tengo antes de la medianoche para volver. Sus padres sonrieron. — Sonaste como la cenicienta hijo— su padre lo vio con ironía. —Será mejor que me vaya— contestó Max con la cara ruborizada— me despiden de la abuela— se dio la vuelta y marchó. Por un momento pensó en subir como pretexto de despedida, pero su abuela lo había ayudado a salir absuelto de la escuela, de hecho eso le hizo dudar en seguir con la idea de averiguar. Continuó con su camino. Al llegar al colegio, estaban dando los nombres de los ganadores, desafortunadamente su equipo no ganó, por lo tanto su bolita de amigos abucheó en broma, todos estaban sonriendo por que habría baile hasta tarde,

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aunque él tenía las horas contadas. La estaba pasando demasiado bien, bailando y tomando ponche. —Max, ya son las 11:30pm— le gritó Pamela, una chica que se rumoraba moría por él, porque cualquier favor que él pedía, ella lo hacía inmediatamente, además que estaba pendiente de todo en cuanto fuese por su bienestar. Él joven se tocó la frente pensando lo rápido que era el tiempo. Se despidió de sus amigos y de Pamela que tembló ante el beso que le dio en la mejilla. Tomó su bicicleta, las calles estaban llenas de gente, luces, reuniones, con un toque de melancolía y alegría; con la proximidad de la navidad y fin de año. El aroma estaba ahí de nuevo, dulce, floral, achocolatado, Max iba a toda velocidad disfrutando de todo, por un momento le pasó por la mente la idea loca que los muertos podían fácilmente confundirse ese día, como lo decía la abuela, estando todos disfrazados, difícilmente alguien pudiera saber quién era quién. Justo a tiempo, 11:59 estaba llegando a casa, al abrir la puerta Max salió disparado; en el interior había ruido, por lo tanto ni se enteraron que él había llegado. Fue tras Rocky, no quería dejarlo sólo en una noche así, el día anterior había sufrido por algo que quizás vio. La luna llena brillaba intensamente, ahora en las calles veía más adultos que niños disfrazados, el aire se hizo un poco denso. Al pasar junto a un enorme 18 www.rbcbook.blogspot.com


árbol, vio la silueta de un hombre que estaba recostado sobre él. —Hey, jovencito— una voz ronca lo llamó, al dar la vuelta Max no podía creer, era un hombre muy parecido al que vio en la ventana— ¿buscabas algo?— encendió un cigarrillo. —A Rocky…es un perro— estaba muy agitado— es un pastor alemán ¿lo ha visto pasar por aquí? El hombre sonrió, el cigarrillo en la penumbra resaltaba por el tono rojo intenso del fuego. —Sí, sé donde está, te acompaño— muy despacio caminó al lado de Max, un silencio incómodo se prolongaba, el hombre tomó aire. —Estas fechas no son las mismas; que tiempos bellos los míos— inhaló más del cigarrillo— ¿tú qué dices? — preguntó sin voltearlo a ver. —Pienso que aún es bello; mi abuela me dice lo mismo, que antes era mucho mejor, que ahora los jóvenes no valoran la tradición, que somos más de fiestas— sonrió con preocupación, entre más caminaban más oscuras se hacían las calles. —Tú abuela…—tiró su cigarrillo. — ¿Falta mucho?— lo interrumpió el muchacho. —No, ya hemos llegado—en una casa que Max no había visto antes, estaba Rocky gañendo hacía la puerta, unos niños lo acariciaban y le preguntaban - ¿te has pedido perrito?- al percatarse de la presencia del hombre y Max, los niños enmudecieron y se alejaron corriendo a la casa oscura. 19 www.rbcbook.blogspot.com


Entre el regocijo, el joven no se le ocurrió preguntar cómo sabía el hombre que Rocky estaba ahí o quizás sólo lo había engañado y lo hallaron ahí por pura suerte. De regreso Rocky parecía muy tranquilo, de hecho caminaba en medio de los dos como si conociera al hombre. — Hijo, yo de aquí no paso— se recostó de nuevo en el árbol. — ¿No quiere algo de comer, señor? —No, nada, fue un placer acompañarte, la noche comenzaba a parecerme aburrida. —Pero debo hacer algo en agradecimiento, me ha acompañado y ayudado encontrar a mi amigo. —Pensándolo bien, sí sé que puedes hacer por mí— el hombre encendió otro cigarrillo y por un momento Max vio como si su rostro se hubiese desvanecido, parpadeo y ahí estaba el señor completo de pies a cabeza— mira, ven, acércate— de pronto un dolor de cabeza atacó a Max, fue tan fuerte que le hizo perder la conciencia. Cuando despertó, tenía una nota en la mano, pero no alcanzaba a verla pues todo estaba oscuro, por una abertura pudo ver un resplandor, tentando llegó al picaporte, lo giró y se encontró en una habitación con una enorme cama adoselada, el ambiente ahí era muy antiguo, se quedó de piedra al ver fotografías de la abuela abrazada del hombre que había visto en la calle antes de perder la conciencia, luego unas fotos de él solo, con unas veladoras, Max se 20 www.rbcbook.blogspot.com


dio la vuelta intentando correr, gritar, pero no pudo y se desvaneció de nuevo.

Cuando despertó estaba en su cama rodeado de la familia, su abuela en lugar de preocupada parecía furiosa. Al verlo despierto pidió que los dejaran solos. — ¿Cómo llegaste ahí?— fue lo primero que le preguntó la abuela— la puerta estaba bajo llave—al ver el rostro de terror en su nieto, no necesitó de más— fue él, ¿no?— con el rostro desencajado de furia dijo — ¡me va a oír! —Abuela— sentía un pesor en la lengua— ¿el alma del abuelo sigue aquí? La abuela se detuvo y dio la vuelta. —Promete que no le dirás nada a tus padres— se acercó al joven y lo tomó de las manos— promételo— suplicó. —Lo prometo abuela. —Verás, tu abuelo desde que murió, ese mismo día al regresar de su entierro lo vi esperándome en la habitación, por un momento pensé que había enloquecido, pero no quería perder esa imagen, esa visión; si era realidad o locura, no me importaba, lo importante es que estaba aquí, conmigo. >> Al ver que era “real”, le supliqué que nunca bajara, que no se le presentara a nadie más, pues es un riesgo, quienes ven a los muertos sin su consentimiento o sin que los busquen, con un susto los pueden llevar al más allá, ¿si me explico verdad hijo? 21 www.rbcbook.blogspot.com


Max asintió con la cabeza. >>Me ha pedido que lo libere, que lo deje ir a descansar en paz, pero no quiero, me niego, sé que puedo ser egoísta, pero, ya es poco el tiempo que me queda a mí… —No digas eso abuela. —Shhh, no me interrumpas— suspiró entre lágrimas— es poco lo que me queda a mí, por eso no quiero que se vaya hasta que yo muera; para irme con él, si cumplo lo que me ha dejado escrito en una nota, el se iría, se irá para siempre… El joven buscó en sus bolsillos y ahí estaba, una nota. La apretó, pero sin embargo no dijo nada más. —Pero no debes temer hijo, no te pasará nada, sólo en este mes es cuando no lo puedo controlar, el puede salir y entrar o hasta andar por la casa, pero entiendo que teme hablar con alguien cuando yo estoy presente— hizo una pausa— descansa— salió de la habitación. Max esperó unos segundos, enseguida desdobló la hoja y leyó en voz alta: “Hijo, te pido disculpas por el incidente, pero era necesario, ¡necesito ayuda!; tu abuela no ha vivido desde que yo perecí, ha estado encerrada en mí, no avanza, no experimenta más cosas de la vida; para que yo me vaya, debes reunir 13 relatos y entre ellos contar mi aparición; una vez que mi historia sea leída…me liberarás”….

El abuelo. 22 www.rbcbook.blogspot.com


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PRIMERA PARTE. I.

E

l reloj de la pared marcaba las 12:01 a.m. del día 31 de Octubre, oficialmente ya estaban en Halloween. Dea miró la pantalla del ordenador y decidió que era

suficiente trabajo por un día, era bastante tarde y quería dormir. Cerró unas páginas Web, guardó unos escritos y a punto estaba de cerrar su cuenta de email cuando llegó un mensaje nuevo. No tenía remitente conocido, ni título. No había escrito nada en el mensaje, solo un archivo. Vaciló en abrirlo, pero la curiosidad pudo más. Al darle “click” con el mouse, una imagen tomó toda la pantalla, Dea retrocedió en su silla y se cayó de espaldas. La imagen, animada, era una aterradora calavera de tres dientes que sostenía una guadaña y que intentaba cercenar la cara de quien estuviera al 25 www.rbcbook.blogspot.com


frente de la pantalla, acompañada de una horripilante risa que no escuchaba desde que había ido a ver Sleepy Hollow al cine. Se levantó del suelo más molesta que asustada. Seguro era otra broma pesada de Carol, su compañera de trabajo, le encantaba todo lo que tuviera que ver con Halloween, como si tuviera diez años. Se sacudió los lados del pantalón y volvió a sentarse en la silla, intentó cerrar el mensaje pero no pudo. Al tratar de hacerlo, la calavera desapareció, y en su lugar estaba unas letras formadas con sangre escurriendo, en las que notificaban a Dea que había sido invitada a la fiesta de disfraces de la noche de Halloween más famosa de la ciudad. Se trataba de la celebración que Dany Arquette hacia todos los años, y al parecer había que ser famoso para que te invitasen. Así que debía de tratarse de un error. Estuvo intentando cerrar el mensaje por varios minutos hasta que lo logró. Apagó el ordenador y se acostó a dormir. A las seis de la mañana sonaría el despertador para ir a trabajar al supermercado de donde era cajera. Y sería un día muy largo.

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II.

Faltaban quince para las seis cuando Dea despertó, le había ganado al reloj. La culpa era del dichoso mensaje, no había podido dormir soñando que la calavera cercenaba su cabeza con la guadaña. ¡Estúpida calavera! Se bañó, se vistió y desayunó de mal humor. A las siete menos diez estaba llegando al trabajo y lo primero que vio fue a Carol corriendo hacia ella con una sonrisa gigante en la cara. — ¡Dea, Dea, no lo vas a creer! — se detuvo agitada a escasos milímetros de su rostro, Carol aún no entendía lo que era el “espacio personal” de Dea — ¡Me invitaron! — gritó atrayendo la atención de los pocos clientes madrugadores. Dea caminó y se puso el delantal rojo sobre la camisa blanca de puños y el pantalón azul marino de pinzas. — ¿A dónde? — preguntó inocentemente, pero ya intuía la respuesta. — A la fiesta de disfraces de Dany Arquette, y por supuesto que voy a ir. He querido hacerlo desde que tenía quince años. ¿Quieres que pregunte si puedo llevar a un acompañante? Podrías ir conmigo.

— No creo, no me apetece. — Dea omitió el detalle de que ella también estaba invitada, no quería ser arrastrada, una vez más, a las locas aventuras de Carol. 27 www.rbcbook.blogspot.com


— Vamos, no seas aguafiestas, seguro nos divertiremos horrores. — Sabes que no me gusta “festejar” costumbres extranjeras — Dea empezó a limpiar la caja registradora ante la mirada atónita de su compañera — pasado mañana iré al panteón a llevar flores frescas a mis fieles difuntos. Esa si es una tradición mexicana. — Anda, por favor, ve conmigo. Y te prometo no volver a pedirte nada nunca más — Carol cruzó los dedos en la espalda. Dea levantó la vista y se le quedó mirando muy seria. — Lo pensaré — dijo al fin. Con un grito de júbilo y un brinco de emoción, Carol abrazó a su compañera. — Te juro que nos vamos a divertir. — dijo soltándola y así como había llegado, así salió corriendo de nueva cuenta. Carol estaba más loca que una cabra. Ya estaba arrepintiéndose de haberse planteado la posibilidad de ir. Seguro Carol estaría insistiendo hasta convencerla. Y de verdad, no quería ir a una noche de Halloween. Le traía malos recuerdos. A las dos de la tarde Dea cerraba turno, y Carol ya la estaba esperando. — ¿Qué decidiste? — Preguntó ansiosa. — No lo he decidido — Dea se quitó el delantal rojo y tomó su bolso de un entrepaño bajo la caja registradora. — Por favor… No quiero ir sola. 28 www.rbcbook.blogspot.com


— ¿No has pensado que puede ser una broma? — Dea caminó hacia la salida y Carol la siguió casi pisándole los talones. — No seas negativa. Puede ser que por fin después de esperarlo por tanto tiempo, nuestra vida social mejore. — No Carol, no me entiendes. No somos amigas de Dany Arquette, es menor que nosotras, siempre viene por sus víveres aquí y jamás nos ha volteado a ver. Justamente su casa está frente a la tienda y nunca nos ha invitado anteriormente ¿No te parece algo sospechoso? — Visto de esa manera… pero míralo por el otro lado: si no vamos no nos vamos a enterar. — Supongamos que acepto acompañarte, no tengo disfraz. — ¿Y el que has usado los dos últimos años para la tienda? — No voy a vestirme de pirata tuerto para esa fiesta. — Bien, si yo te consigo un hermoso disfraz, digamos… de princesa, ¿irías? — Tal vez… — Bien — Carol casi aplaudió, eso ya era una ganancia — nos vemos en tu casa a las cinco, estate lista, la fiesta empieza a las siete.

Dea asintió sin ánimo, sospechaba que era una mala idea.

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III

Ding-Dong sonó el timbre de la entrada, Dea cerró su ordenador y fue a abrir. En el quicio estaba Carol con dos paquetes enormes. — ¡Dime que no lo compraste! — exclamó Dea al ver la caja que Carol dejó caer en sus manos. — No seas tonta, — Carol pasó de largo sacándole la vuelta al cuerpo inmóvil de Dea — No tengo tanto dinero. Éste…— dijo sacando el disfraz que tenía una de las cajas — es el mío, yo misma lo hice. Era un diminuto leotardo en colores azules turquesa y verde esmeralda, unas zapatillas a juego, una falda de tul azul y unas enormes alas de mariposa. — Voy a ser una mariposa. Y tú… — señaló la caja que Dea aun sostenía — serás la princesa de los cuentos de hada. Dea cerró la puerta y puso el paquete delicadamente sobre la cama, lo abrió despacio y un hermoso vestido rosa pastel con incrustaciones en pedrería le robó el aliento. — Es el vestido de quince años de mi hermana — Dea levantó la vista horrorizada, no pensaba ponérselo — tranquila, se lo que piensas, ya no va a usarlo. Esta clase de vestido solo se usa una vez en la vida y es una lástima que se desperdicie, además ustedes son casi de la misma talla. — No sé… — Vamos, lo prometiste. 30 www.rbcbook.blogspot.com


Una parte del cerebro de Dea le decía que no era cierto, ella no había prometido nada, pero estaba realmente maravillada con el vestido. — Es que no tengo zapatos que le hagan justicia. — Pueden ser cualquiera, no se verán. — ¿Y la corona? — Las princesas ya no usan coronas, son tiaras, y puede servir la diadema que llevas a trabajar casi todos los días. Solo es cuestión que te hagas un peinado alto. Además — dijo Carol moviendo el vestido — esto te ayudará mucho. Era un antifaz antiguo, de esos que Dea miraba en las películas del rey Luís XIV de Francia. — Esto no es de tu hermana. — Lo sé, ese si lo compré pero fue una ganga, lo encontré en el mercado de pulgas. Y ya no pongas tantos peros, hay que maquillarse, seguro quedamos regias.

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IV.

Faltando diez minutos para las siete, ambas amigas estaban en la puerta de la casa de Dany Arquette. La música se escuchaba a dos cuadras a la redonda, la decoración era típica -por lo menos típica estadounidense- calabazas con rostro, telarañas blancas, gatos negros, incluso había murciélagos colgando del techo.

Dea entró al lugar muy poco convencida. Pero se extrañó aun más cuando el propio anfitrión se acercó a ellas y las saludó como si fueran amigos de toda la vida. — Pasen chicas, tomen un trago y disfruten la fiesta — les dijo Dany vestido como un vampiro muy Hollywoodense. Dea no dijo nada y Carol sonrió. — ¿Quiénes son? — Dea alcanzó a escuchar que una gata de peluche rosado le preguntaba al vampiro. — No tengo idea, pero sus disfraces son geniales. Dea sonrió, seguro las invitaciones habían sido un error. Al cabo de tres horas y diez margaritas, Dea estaba más aburrida que una ostra, mientras Carol no dejaba de bailar con cuanto galán la invitara. Había pasado de bailar con un fantasma a un perro, pasando por una vela, una calabaza gigante, un tenedor y otros más que Dea ya no recordaba. 32 www.rbcbook.blogspot.com


Era por eso que odiaba las fiestas. No todas; solo las de Halloween. Ella nunca se divertía, Dea debía tener una cara de pocos amigos, pues Carol dejó al joven Robin con quien bailaba para acercarse a ella. — ¿Que sucede? — quiso saber Carol. — Nada… — el rostro de Carol le dejaba claro que no le creía, y como Dea ya había tomado suficiente alcohol como para aguantar ebria hasta el fin de año, pues soltó la lengua —…es que esta clase de fiestas me deprimen. — ¿Por qué? — Carol le empujó levemente para hacerse campo en el sofá donde Dea estaba. — ¿Nunca te he contado que tengo sangre de bruja? — al ver la cara que Carol puso, Dea decidió explicarse. — Sí, mi tatarabuela, o algo así, era una bruja, de esas que hacen hechizos y pócimas para atraer el amor. Carol sonrió incrédula, pero no la interrumpió, nunca había visto borracha a su amiga. — Cuando tenía trece años, fui de vacaciones a casa de una tía, que casualmente tenía un libro de hechizos de la tatarabuela que te hablé, como buena adolescente, creí cada palabra que decía y ¿adivina qué? — ¿Qué? — Dea ya no la miraba a la cara, paseaba frente a su rostro un vaso vacío. — No se lo digas a nadie, shhhhhhh — bajó la voz y se puso el dedo índice en la boca — hice un hechizo para mi amor verdadero, jijijiji. 33 www.rbcbook.blogspot.com


— Creo que es suficiente alcohol por hoy — la reprendió cuando intentaba hacerse con una copa más — deberíamos de irnos ya. — No, que va, tú te estás divirtiendo. — Tú también lo harías si quitaras la cara de amargada que te cargas. Los chicos que tratan de acercarse salen huyendo al ver como los miras. — ¿Sabes que es lo peor? — ¿Qué? — Carol supuso que Dea no había escuchado nada de lo anterior. — Que por siete años creí firmemente que el hechizo funcionaria. Pero no resultó.

— ¿Por qué no resultó? — No es que Carol quisiera enterarse, aunque la curiosidad la estaba matando, pero era por no dejar que Dea se quedara dormida y borracha en mitad de la mejor fiesta de su vida. — Porque no lo he encontrado, o más bien, el no me ha encontrado. Desde los trece hasta los veinte cargué con una bolsita de tafetán rojo, que yo misma hice, con pétalos de tres rosas rojas diferentes, zumo de limón, una cucharada de azúcar, un papelito con mi petición y un mechón de mi cabello. Tarde tres meses en hacerlo, pues cada pétalo tenía que ser bañado por el primer rayo de luz de luna del mes, por separado. — Levántate — le dijo poniéndose en pie — nos iremos a casa y allá me cuentas mas. 34 www.rbcbook.blogspot.com


— Pero es que no te he dicho la peor parte. — Pensé que el que no hubiera funcionado era la peor parte. — Si, pero hay otra — Dea rompió a reír, como si sólo ella conociera el chiste — resulta que como me cansé de esperar, fui con una de esas mujeres que leen el tarot, para ver que había hecho mal. — ¡Y solo te estafó! — exclamó como una afirmación. — No lo sé. — Dea por fin se puso en pie y antes de caminar, intentó sacarle hasta la última gota al vaso que yacía vacío sobre la mesita — me dijo que el hechizo si había funcionado. Pero que tenía que esperar, hasta que la luna estuviera azul, un canario persiguiera un gato, llovieran aceitunas, un médico asesinara un bebé y yo tuviera un perico de una pata sobre la cabeza. Carol se rió francamente de la sarta de tonterías que Dea decidía, seguro que estaba más borracha de lo debido. — ¿Y sabes que es lo más ridículo? Que he cuidado durante años a que la luna se ponga azul, y el estúpido traje de pirata que cada año me pongo es por el perico de plástico, al que por cierto le arranqué una pata. Pero me da terror imaginar a un médico matando un bebé, así que ya lo dejé por la paz. Y decidí olvidarme de eso. Aunque pensándolo bien, lo más ridículo es lo que me dijo de mi amor verdadero, se supone que estaría vestido con una falda y estaría adornado de flores. Creo que si no es una chica, debe ser un travesti, por eso no lo he encontrado. — Bueno, pero ya vámonos que se está haciendo tarde. 35 www.rbcbook.blogspot.com


Dea no puso objeción. Tomó su antifaz y se encaminaba hacia la puerta de la mano de Carol cuando las luces se apagaron. Se encendieron unos reflectores y el vampiro de cara pintada de blanco tomó un micrófono. — Bien, ha llegado la hora de la “bola disco”, — del techo empezó a bajar una bola de cristal iluminada de azul — ¡todos a bailar, que la noche se va a acabar! El anfitrión arrojó a un lado el micrófono y se paró justo en medio de la pista, imitando a Travolta, pero Dea solo pensaba en una cosa: — Esa bola de luz azul, ¿verdad que parece una luna? Carol no alcanzó a responder, una gordita vestida de Tweety perseguía al gato con el que había estado bailando Carol un poco antes. En la graciosa huída el gato chocó con la mesa de los cócteles y las aceitunas, que estaban en un bowl para los martinis, salieron volando por las aires, a casi todos los presentes les cayeron en la cabeza. Pero cuando las aceitunas aterrizaron en el suelo, fue peor. La gente empezó a resbalar con ellas. Justo frente a Dea y Carol, un hombre vestido con bata blanca cayó sobre la mesa de centro, el cristal se rompió y todos enmudecieron al ver salir sangre. Por suerte, la sangre provenía de un muñeco, accesorio de un disfraz de “La llorona” de una chica que se había parado a bailar. El hombre no se hizo nada, pues el muñeco amortiguó la caída, pero el pobre bebé de plástico no corrió con la misma suerte.

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Ante el escándalo provocado, el perico real de una chica vestida de pirata sexy, voló y se paró justo sobre la diadema de Dea. Lo más increíble es que lo hizo en una sola pata. Dea tardó unos segundos en reaccionar: la luna, el canario, el gato, las aceitunas, el médico, el bebe, el perico… — ¡Oh, santo Dios! ¡No puede ser lo que estoy pensando!

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V.

La borrachera de Dea pareció haberse esfumado. Se recompuso el pelo, ante la hostigadora presencia del perico, que no hizo ademán alguno de quitarse de su sitio. Se acomodó la tiara y sacó un espejito. Bien, el maquillaje aún seguía en su sitio. Se alisó el vestido y giró en medio del salón buscando a su perfecto amor. Buscó a alguien vestido con falda. Pero nada. No había ningún caballero en falda, y puesto que ella no era homosexual, seguro no se trataba de una chica. — ¿Sabes qué? — Preguntó Dea a Carol manoteándose la cabeza en un intento por espantar al ave — No nos vamos a ir hasta que la fiesta se acabe. Así que vuelve con tu galán. — ¿Seguro? — Claro, te prometo no beber más — Dea seguía tratando de quitarse el pájaro de la cabeza, pero el animal no cedía, al contrario, parecía querer anidar en el cabello castaño de Dea — Tengo que quitarme este perico del pelo. — OK, pero estaré al pendiente de ti desde la pista — Carol se encaminó y miró que el Robin con el que había estado bailando, ya lo estaba haciendo con alguien más. Pero no importaba, seguro ella encontraba otra pareja.

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— Lo siento — dijo la pirata sexy vestida de rojo y negro — está entrenado, pero debió haberse asustado con el escándalo, anda Paulie deja la cabeza de la señorita. Y el perico obedeció. Dea no se sentó de nuevo en el sofá, pues un grupo de chicos, que ya habían levantado del suelo al tipo de la bata blanca, estaban limpiando los cristales rotos. Así que ella prefirió salir a la terraza. El aire se sentía más fresco que en la mañana, seguramente de ahí en adelante el otoño se dejaría sentir con toda su fuerza. Estuvo cavilando unos minutos, y Dea al final decidió esperar hasta media noche, si el hombre vestido con falda y flores no aparecía, lo olvidaría para siempre. Tenía que continuar con su vida. Así que se buscó un lugar cómodo, puso una silla y se sentó a esperar, era seguro que desde ese lugar vería a todos los que estaban en la fiesta y si giraba la cabeza, le quedaba de frente la puerta de entrada. No había pierde. Miró su reloj un centenar de veces, y parecía que el tiempo avanzaba a cuentagotas. A las once y media un tipo vestido de sapo la invito a bailar. Había querido convencerla diciéndole que si le daba un beso, seguro se transformaría en príncipe. Dea sonrió, pero aun así lo mando a volar. Diez minutos después, mientras sorbía refresco de piña por un popote, casi se atraganta. Un tipo con kilt escocés traía un enorme ramo de rosas rojas en las manos. 39 www.rbcbook.blogspot.com


Las rosas cubrían su rostro y sus piernas peludas no eran nada sexys. Pero, que el infierno se congelase si ese hombre no era su perfecto amor. Dea dejó el vaso medio vacío en el piso, a un lado de la silla, se aclaró la garganta y se encaminó al encuentro del tipo vestido con falda escocesa, sintiéndose Rose, la de Titanic, cuando Jack estaba parado al pie de la escalera, esperándola. Se sintió flotar, mientras caminaba. Se imaginó la vida al lado de este hombre. Una boda por la iglesia, una casa pequeña pero acogedora en los suburbios, dos hijos -tal vez tres- y su sueño de ser escritora de novelas de misterio, al fin hecho realidad. Un chorro de agua helada no la hubiera vuelto a la realidad de una forma tan violenta. El tipo vestido de escocés le estaba proponiendo matrimonio a una florecita amarilla. La vergüenza hubiera sido mayor, si alguien hubiera notado las intenciones con las que Dea se había acercado al grupo de jóvenes que estaban festejando el compromiso.

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VI

— Carol — dijo Dea a su amiga, que estaba en la barra de bocadillos — me voy, ya casi es media noche y mañana hay que trabajar. — ¿Cómo estás? ¿ya se te bajó la borrachera? — quiso saber Carol — ¿quieres que te acompañe a casa? Le preguntó casi como diciéndole que no quería acompañarla. Dea dirigió la mirada a donde Carol tenía clavada la suya, un cigarrón bastante atractivo, las miraba con interés. Carol le sonrió al chico y éste le devolvió el gesto. No había nada más que decir, Dea comprendió la situación. — No gracias, no necesito que me acompañes, la casa está a tres cuadras. No creo que me pase nada. — ¿Pero ya no estás ebria?, digo; Jorge y yo podríamos ir a dejarte. Dea sonrió, se alegraba por su amiga, parecía que alguien si había encontrado el amor esa noche. — No es necesario, ya no estoy ebria, puedo irme sola. — Bien, pero llévate el celular en la mano, cualquier cosa nos llamas. — Claro, nos vemos mañana. No te desveles mucho. Dea se encaminó a la puerta. Había muchas más personas en el pórtico de la casa, así que Dea se permitió buscar a un escocés más. Pero nada. Después de ver los disfraces de todos con ojo clínico, se convenció de que ella no encontraría el amor ahí, o por lo menos no esa noche. 41 www.rbcbook.blogspot.com


Aun así, se quedó parada en la salida, mirando su reloj. Cuando marcó la media noche, Dea sonrió y siguió su camino. Guardó el antifaz en el bolso y se quitó lo diadema. Aún no podía creer que de verdad había esperado que sucediera. Era una tonta. Los hechizos de amor no existían. Tomó la verja de madera, pintada de blanco, para salir a la calle; estaba tan absorta regañándose a sí misma, por haber perdido tantos años de su vida, esperando a que apareciera el hombre perfecto, confiando en un estúpido hechizo que había hecho, que no se dio cuenta de las aceitunas que estaban tiradas en el piso. Solo Dios sabía cómo habían llegado hasta allá. Dio un paso más y, se resbaló. La zapatilla derrapó en el cemento de la entrada, el bolso salió volando y su vestido se le levantó hasta el cuello.

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VII

Dea ya se imaginaba de espaldas en el suelo, muerta de vergüenza y con alguna cervical lastimada. Pero en lugar de eso, se topó con el firme torso desnudo de un hombre atractivo. Los ojos azules del chico se arrugaban debido a la sonrisa encantadora. — Te atrapé — le dijo — debes tener cuidado princesa. Las princesas son frágiles. Dea se sonrojó y se alejó de él, como si la hubiese quemado. Seguro se estaba burlando de ella. Pero no importaba. El hombre era tan perfectamente guapo, que le perdonaba cualquier cosa. Dea sintió subirle algo por el pecho hasta la garganta que le impidió hablar. Así que él la ayudó a enderezarse y le recogió el bolso del suelo. — Te he visto esta noche, más temprano. Había pensado en invitarte a bailar, pero me he tenido que ir de imprevisto. Además parecía que estabas esperando a alguien. Dea aún no podía articular palabra. Y antes de decir cualquier cosa que pudiera avergonzarla más, se fijo en todos los presentes, que seguro se habrían reído de ella si se hubiese caído hasta el suelo. Pero nadie parecía prestarles atención, cada quien estaba en lo suyo. Ella carraspeó antes de hablar para asegurarse de la firmeza de su voz. — Muchas gracias. 43 www.rbcbook.blogspot.com


— No hay de qué, princesa. ¿Te marchas? Dea lo miraba intensamente a los ojos, había algo en el demasiado familiar. Era como si lo conociera desde antes. Pero no recordaba de donde. — Si, es tarde, mañana hay que trabajar. — ¿Y te marchas sola? ¿No has venido con nadie? — Este… sí. Mi amiga decidió quedarse, y yo no quise arruinarle la fiesta. — Entonces es una suerte que haya decidido regresar. Voy a acompañarte a casa. Por acá aparqué mi auto. — Vivo cerca. Muchas gracias. Él se la quedó mirando y sonrió. — Ya sé ¿desconfías de mi verdad?, un extraño siendo amable seguro piensas tiene segundas intenciones. — No, no es por eso — Dea se sonrojó, una parte de su cerebro había estado pensando justo eso — pero seguro que tienes mejores cosas por hacer. — Nada de eso, salvar a princesas en apuros es mi afición. Anda vamos. Dea sonrió y tomó la mano que el estiraba hacia ella. — Bien, pero iremos caminando. — A sus órdenes, majestad — dijo él sonriendo, seguro seguía burlándose de ella. — Su alteza, por favor. Majestad son madre y padre — Dea le siguió la broma, imitando el acento inglés. 44 www.rbcbook.blogspot.com


El sonrió y caminaron tomados de la mano. Dios, era lo más romántico que le había pasado a Dea en la vida.

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VIII.

Poco después llegaron al departamento de Dea. Como ella había dicho, estaba relativamente cerca de la casa de Dany Arquette. — Te invitaría a pasar — dijo ella — pero no te conozco lo suficiente. Él rió abiertamente. — No te preocupes. Me llamo Marcos, por cierto. — Yo soy Dea — le estrechó la mano suavemente. Ambos se quedaron parados en la entrada, en un silencio un tanto incómodo, era como si faltaran palabras por pronunciar, pero ninguno se atrevía. Al final fue él quien habló. — Entonces me voy, he dejado a mi hermana en la fiesta y seguro se pregunta a donde he ido. Me marché cuando el anfitrión hizo bajar una “bola disco”. Soy malísimo bailando y seguro mi hermana me habría arrastrado a la pista sin ninguna consideración. Ella sonrió y se mordisqueó inconscientemente el labio. Ese hombre era un amor. Dea abrió la puerta y él se encaminó hacia la calle. Ya había alcanzado la acera y ella estaba a punto de encerrarse, cuando Marcos se dio la vuelta. — Tengo una pregunta — dijo el frunciendo el ceño — ¿si en lugar de vestirme de hawaiano con estúpidos collares de flores, me hubiera vestido de

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príncipe, aunque no me hubieras invitado a pasar, me habrías dado tu número de teléfono? Ella no respondió de inmediato. Había estado tan pendiente de él, de su plática, de su mirada, de sus gestos, de su mano sosteniendo la suya, que había pasado completamente por alto la vestimenta de él. Era un hawaiano. Un hombre vestido con falda y adornado de flores. — Le dije a Sandra que ir vestidos de hawaianos era tonto. Pero no me hizo caso. Dea no contestó, Marcos pensó que seguro la estaba asustando, sobre todo cuando se le llenaron los ojos de lagrimas. Pero no fue así. Ella dejó la puerta abierta mientras iba adentro, en cuestión de segundos volvió y le extendió un papelito. — Llámame, pronto. — le pidió y le dio un beso en la mejilla. Como colegiala avergonzada, se metió a prisa en la casa y corrió a su cuarto. Era imposible, pero parecía que por fin había dado resultado. Estaba buscando desesperada en el armario, una caja de zapatos donde había guardado la bolsita de tafetán rojo que contenía el hechizo, cuando sonó el timbre de entrada. Era Marcos. — Estaba por irme, cuando me di cuenta de que me faltó algo. — ¿Qué te faltó? — quiso saber ella. — Esto… 47 www.rbcbook.blogspot.com


La tomó delicadamente de la cintura y la atrajo hacia sí, sus labios se unieron en un tierno beso, suave y delicioso a la vez. Dea estaba conteniendo el aire de los pulmones, tenía los ojos cerrados y no deseaba que ese momento terminara jamás. Pero él se separó poco a poco.

— Te llamo mañana — dijo Marcos aún sosteniéndola entre sus brazos. Un nuevo beso y las campanadas del reloj de la sala empezaron a sonar. — Bien, creo que ya es mañana — dijo él mirando su reloj, eran las doce de la noche. — Pensé que era más tarde — Dea miró su propio reloj, marcaba las doce y veinte — se me había olvidado que lo tenía adelantado para llegar temprano al trabajo. — Quiere decir que nuestro primer beso fue justo antes de que la noche de Halloween terminara. — Claro, creo que fue la mejor noche de Halloween de mi vida — Dea sonrió como tonta. — Te llamo mas tarde. Mi hermana debe de estar desesperada. Marcos salió sonriendo y diciendo adiós con la mano. Dea estaba felizmente sorprendida. Había funcionado. No existía motivo para buscar el amuleto hechizado porque era seguro que había funcionado. 48 www.rbcbook.blogspot.com


SEGUNDA PARTE. Siete años atrás. El ático de la casa de su tía Ágata siempre le pareció escalofriante. La pelota de béisbol había roto una de las ventanas y para colmo fue Dea la elegida en ir a buscarla. Al principio se negó rotundamente, pero después de que Eve, Lina y Miguel la amenazaron con decirle a la vieja tía Ágata que había sido Dea quien rompió el cristal, Dea no tuvo otra opción que acceder. Entró a la casa sin hacer ruido. La tía Ágata debía estar durmiendo, como siempre a esas horas. Dea aún no entendía por qué sus padres la habían enviado a pasar sus vacaciones de verano en la vieja - y aterradora - casona estilo gótico de la hermana de su abuela. Era un lugar aterrador, apenas tenía trece años y prefería pasar vacaciones con todos sus compañeros del colegio. Caminó hasta el fondo de la casona, mientras el piso de madera rechinaba a cada paso que Dea daba. Al pasar junto a la habitación, que la tía Ágata específicamente le había prohibido entrar, sintió recorrerle un escalofrío por la espina dorsal. Cruzó un pasillo más, y ahí, al fondo, estaba la puerta chirriante del espeluznante ático. La abrió lentamente, no quería despertar a la tía. Pero su cautela no fue suficiente, los chirridos se hacían más y más fuertes. Miró hacia atrás, pero parecía que la tía no se había despertado.

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Entró despacio y dejó la puerta semicerrada, no confiaba en cerrarla por completo pero tampoco debía dejarla abierta. Si su tía la encontraba ahí, seguro la reprendía. Dio un paso dentro de la oscura habitación, pero una telaraña, justo en su cara, la hizo retroceder. Era raro que el lugar estuviera tan oscuro, era mediodía. Deslizó la mano por la pared, buscando un apagador, tardó unos momentos en encontrarlo, pero cuando lo hizo no sirvió de mucho. Las luces parpadearon y se apagaron con un tronido de la bombilla. El escaso momento de iluminación sirvió para dos cosas: uno, para ver que el lugar era más espacioso de lo que había imaginado al principio y; dos, para ver que la ventana por donde había entrado la pelota, estaba cubierta por cortinas negras.

Eso era una buena noticia, seguro la pelota se había quedado entre la pared y la cortina. Bajó las escaleras a tientas y se dirigió a la ventana. Al llegar al piso de concreto, un animal pasó corriendo a su lado rozándole la pierna. Dea pegó un brinco y ahogó un grito. No quería que la atraparan. Fue chocando contra cajas y mas cajas, llenas de polvo, entre lo que ella imaginaba, eran cucarachas, arañas y ratas. Aunque trataba de no pensarlo, porque entonces probablemente era una rata la que había rozado su pierna.

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Cuando alcanzó la cortina, fue fácil dar con la pelota. La tenía en la mano cuando giró rápidamente y chocó con una enorme caja de cartón, haciéndola caer de bruces sobre ella. Dea habría jurado que hacia un minuto esa caja no estaba ahí, lo bueno era que no se había hecho daño. El cartón estaba vacío. Se levantó y se sacudió las piernas, llenas de tierra y telarañas. Agarró la pelota y se la metió en un bolsillo del short, movió la caja aplastada para allanar el camino y sin querer golpeó con ella una caja más. Hizo volar la tapa dejando al descubierto el interior de la misma. No habría sido nada fuera de lo ordinario, de no ser porque dentro de la caja había una estrella de cristal que brillaba en la oscuridad. Su mente le decía que no tocara nada, que tapara la caja, saliera de ahí y actuara como si nada hubiera pasado. Pero su cuerpo no le hacía caso. Tomó la estrella, usándola para iluminar el lugar. Pero todo era sin chiste. Cajas con letras raras, polvo, telarañas, y más cajas. Unas encima de otras. Iba a dejar la estrella de donde la había tomado cuando algo llamó su atención. Encima de muchas otras cosas más, estaba una pequeña libreta que ponía con letras mayúsculas “HECHIZOS DE AMOR” — ¡Oh my god! — exclamó Dea en voz baja, tomando la libreta y apretujándola contra su pecho, estaba realmente emocionada.

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— ¡Día!— Gritó la tía Ágata, ella la llamaba “Día”, porque no podía decir Dea — estas ahí abajo. — Este… ¡sí! — contestó ella. —Pues sube, ahí abajo es peligroso. Hay…demasiadas cosas amontonadas, puedes hacerte daño. — Ya voy tía. Dea se guardó la libreta en la parte de atrás del short, cubriéndola con la camiseta y la estrella se la metió en uno de los bolsillos. Salió a traspiés del lugar, cuando alcanzó el primer peldaño de la escalera, pudo ver en la cima a la tía Ágata. Vestida con una bata blanca y un pañuelo en la cabeza, no podía tener más apariencia de bruja. Y ahora que tenía ese cuadernillo en la mano, seguro que confirmaba que la tía de su madre era bruja. — ¿Qué hacías ahí dentro niña?, ¡mira como vienes!— la tía Ágata le quitó una telaraña de la cabeza y la tiró al piso. — Rompí un cristal — confesó de una manera impulsiva. No había pensado en decir eso, pero tampoco que sería atrapada in fraganti. — ¿Te hiciste daño? Escuché un ruido escandaloso. — No, no me hice daño. El cristal lo rompí por fuera, con… esta pelota de béisbol — Dea sacó la pelota de uno de los bolsillos y se la mostró como si fuera la octava maravilla del mundo — discúlpame, tía. Le diré a papá que me

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mande dinero para pagarte el cristal. Tía Ágata la miró de manera extraña. — No es necesario niña. Llamaré a alguien para que lo repare. Solo prométeme que no volverás a entrar ahí… y tampoco a mi estudio. — agregó refiriéndose al cuarto extraño que siempre estaba con llave — Ahora vete a lavar, estás hecha un asco. Dea no contestó, afirmó con la cabeza y salió corriendo por el pasillo. Cuando comprobó que la tía Ágata no la seguía sacó el libro y se lo metió bajo la camiseta, pero esta vez cerca de su pecho. Subió en segundos a su habitación y se encerró en ella. Apenas había entrado cuando la tía Ágata tocó a la puerta. Dea escondió la libreta bajo la almohada y se apresuró a abrir. — Día, ahí afuera están unos niños preguntando por ti. — Gracias tía, bajo en un segundo — pero su tía no se movió un centímetro de donde estaba — bien… ya voy. Dea bajó las escaleras y abrió la puerta. A una distancia de unos diez metros de la puerta, estaban Miguel, Eve y Lina. — Ya no saldré a jugar. — ¿La bruja te castigo por la ventana rota? — preguntó Miguel, que era el más pequeño de los tres hermanos. — No le digas así — pidió Dea acortando la distancia que la separaba

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de sus amigos — es la hermana de mi abuela y tía de mi mamá. — Si, pero eso no le quita lo bruja — contestó Eve en voz baja al ver que Ágata se asomaba por una de las ventanas del segundo piso. Dea siguió la mirada de sus amigos y se giró para ver lo que estaban observando. Al ver a la tía Ágata se sacó la pelota del bolsillo y se la entregó a Lina. — Ya no seguiré jugando. — ¿Entonces si te castigó? — No, pero tengo otras cosas que hacer. Nos vemos — dijo girándose y cuando quiso abrir la puerta Eve la detuvo con una pregunta: — ¿Volverás a jugar con nosotros? — No lo sé. El lunes salgo para ir a casa y no sé si pueda — aunque era cierto, Dea estaba pensando en pasar todo el día siguiente y su respectiva noche, además de esa misma tarde, estudiando la libreta de hechizos mágicos. — Estaremos aquí a las seis, por si te animas. — Claro. Los tres niños cruzaron la calle y se metieron en una casa mucho más normal que la de la tía Ágata. Dea tenía trece años cuando lo decidió. Iba a hacer el hechizo para encontrar el amor verdadero. Aunque había ciertos inconvenientes, como tener que dejar pétalos de rosa roja a la luz de la luna llena. Eso le iba a tomar tres meses. Además de hacer ella misma una bolsita de tela roja y conseguir algunos 54 www.rbcbook.blogspot.com


ingredientes mas. Pero casi estaba segura que si entraba al “estudio” de su tía, iba a encontrar hasta patas de araña en frascos para hacer hechizos. Así que eso iba a hacer. Esperó a que la tía Ágata se durmiera y entró a la habitación prohibida. — ¡Lo sabía! — Exclamó al ver cientos de frascos con diferentes tipos de plantas y otros más con algunos animales que estaban disecados. Tomó lo que creyó necesario y se fue a su habitación. Allí, puso todo en la cama y se dispuso a elaborar el hechizo. No supo cuanto tiempo estuvo despierta, ni en qué momento se durmió. Pero al despertar seguía encima de los “ingredientes”. Guardó todo y se dispuso a esperar la luna llena del mes, aunque faltaban veintidós días. Antes de que la tía Ágata se levantara a preparar el desayuno, copió en un papel el hechizo y devolvió la libreta y la estrella luminosa a donde lo había encontrado. Dea siguió con el hechizo hasta llevarlo a cabo en su totalidad. Se aseguró de seguir cada paso al pie de la letra. Por eso, cuando años más tarde, se preguntaba en qué había fallado, por qué el hechizo no había funcionado, no supo que responderse. Porque ella ignoraba que la noche, en la que ella se había introducido a hurtadillas en la habitación cerrada con llave de su tía, la misma Ágata la había descubierto. Y no necesitó mucho para saber qué era lo que Dea hacia. Esperó a que 55 www.rbcbook.blogspot.com


la niña se durmiera y verificó en la libreta que clase de hechizo había escogido. Al ver que era para encontrar el amor verdadero, sonrió. Revisó la petición, que yacía en un trozo de papel a un lado de los demás ingredientes y al leerlo decidió hacerle un pequeño cambio. Dea era muy joven para encontrarse con el amor verdadero, tal vez si lo encontraba y no sabía reconocerlo, lo perdería. Así que lo más sensato fue cambiar la petición y le agregó la edad. Pidió que Dea fuese mayor de diecinueve años cuando el conjuro causara efecto. Y dado que la magia de Ágata era más poderosa que la de la inexperta Dea, era seguro que el hechizo se completaría como ella lo había pedido. Dejó las cosas acomodadas tal cual estaban y salió de la habitación de su sobrina, le dejaría creer que, el hechizo lo había realizado por sí sola.

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L

os periódicos avisan que otro niño ha desaparecido en la Plaza de la Armería. Las manecillas han vuelto a pararse, la más grande avisa que son las cinco de la tarde. Hace un

momento las madres se sentaban en la piedra fría del parque, donde una bóveda azul con nubes preñadas de perros y gatos se balanceaban en la cornisa. Algunos niños juegan al escondite y otros tienen un aro entre sus manos. El cielo vuelve a estar plomizo. Un aire huracanado ha entrado en el corazón de las madres, les ha dejado sin aliento. Sus manos cuelgan del cielo, como cometas enganchadas en los tejados. Los periódicos llevan el desconsuelo de una incógnita. Una oleada de niños desaparecidos en el último mes. En las calles se respira miedo. Es el octavo niño que desaparece en una semana. 59 www.rbcbook.blogspot.com


No paro de vigilar a

Celia

y Mateo. Tienen cinco y siete,

respectivamente. Celia se parece a su padre, tiene los ojos como la mica, centelleantes, y un mechón rubio que le cubre el rostro. Mientras que Mateo tiene los ojos con una pupila tan grande que le hace sombra. Ellos no saben lo que pasa, van todas las mañanas al colegio agarrados de mi mano fría, como la de una llave hueca. Hay poca gente que le gusta colaborar. Creo que tienen miedo a que alguno de nosotros esté relacionado con estas desapariciones. En el barrio la sospecha sobrevuela el ambiente. Hoy es 31 de Octubre, los niños con su “Truco-Trato” recorrerán las puertas, con sus caramelos y golosinas de Halloween. Mi hija Celia saca los ojos de una calabaza que ha perdido la sonrisa. Hoy me he levantado con la intención de poner otro cartel, voy andando por Señores de Luján, y cruzo la plaza Santiago. Una mujer con sombrero ladeado, y falda estrecha negra hasta los talones, me mira y al segundo me quita la mirada. Al llegar a casa cierro las ventanas, el visillo me tapa del miedo que se vive fuera. Me siento en la mecedora, frente al gobelino de mi bisabuela y leo Grand Hotel. A un lado veo el periódico arrugado. Y vuelvo a leer sus noticias: Los niños de nuestra ciudad están en peligro. Cualquier detalle hágalo saber a la policía. El secuestrador podría ser usted. Las sombras no son fiables. Sonrío mientras veo los avances de las noticias. Una oleada de niños desaparecidos en nuestra ciudad, están poniendo en órbita a la ciudad. Unas 60 www.rbcbook.blogspot.com


ropas ensangrentadas cerca la Casa de las Siete chimeneas, avisan que pueden estar unidas a delitos mayores. Las noticias en los días siguientes crean un miedo que sobresalta la ciudad. Estela, nuestra vecina de la casa de enfrente, ha desaparecido. De su madre dicen que ha frecuentado los lugares de burdel más sórdidos y ha estado casada varias veces, por lo que el policía a penas le cree. Hablo con ella, y me pongo a investigar el asunto por mi cuenta. La última vez que la vieron fue a las siete de la tarde en el Parque Lepanto. Nadie nunca ha visto a la niña más. Mis hijas la conocían, y me dicen que la niña era pelirroja. —Su pelo es como un campo en llamas —dijo Celia. Recojo firmas y animo al barrio a movilizarse. —No podemos quedarnos con las manos quietas. Hay muchos niños que están despareciendo. Tenemos que fijarnos en cada pista, algo que nos diga que está sucediendo. Algún día pueden ser los nuestros. Mis manos tienen frío. Al llegar a casa, me dirijo hacia la habitación de los abrigos, y allí meto mi mano en uno de mis bolsillos. Me encuentro con una nota. “Como sigas moviendo a las masas, puede que tu pequeña rubia siga el mismo camino de los otros”. Ahora sé que el asesino está entre nosotros. Mi corazón se hace una bola en mi pecho, y rueda por dentro de mí, se agita, mi pelo se eriza. Bajo las 61 www.rbcbook.blogspot.com


escaleras. Alguien ha estado aquí. Llamo a la Policía. Se llevan la carta arrugada. Una voz se oye en la calle. Son algunos niños que van a vivir Halloween. —Mamá, yo quiero ir. —No cariño, no irás, quiero que te quedes con tu hermano. —Él salió. Empujo la puerta, salto las escaleras de tres en tres, cada escalón vuela tras de mí. Llego hasta el portal, y ni rastro de él. Mi cuerpo tiene escalofríos que llegan a golpes, sin avisar y con retardo. Miro hacia arriba, y veo un visillo que se mueve. Mateo está cruzando con la calabaza. Se dirige al piso de enfrente. Voy tras él. Una voz se oye desde el cuarto sin ascensor. —Aunque mamá esté lejos, el ángel caído te protege con su luz blanca. —Truco o trato —dice Mateo —Siempre trato.

Subo las escaleras de madera, sus astillas se arquean a mi paso. Una puerta se entreabre. — ¿Está Mateo? — Claro está en el salón. Ven, que afuera apenas hay luz. — Gracias que lo tienes tú. No me gusta que salga sólo. 62 www.rbcbook.blogspot.com


—Nadie está sólo. Dicen que cuando eres madre, el miedo se olvida de ti, pero creo que éste juega al escondite inglés. Llego hasta el salón y allí lo veo con sus pies colgando y con una sonrisa enorme. —Mamá he venido para dar las golosinas. —Si lo sé. No molestemos más. Vámonos. —No es molestia queridos vecinos.

La mujer apenas tiene voz para hablarme, y queda derrumbada en el sillón. Al ver su estado, me dirijo a la cocina, abro la nevera. Un olor a óxido me sube por la nariz para instalarse en mi cerebro. Allí veo una serie de botes aislados de color rojo. Cada uno con una nota: Rubia, fuerte, edad 6 años, sana. Morena, delgada, con varicela, edad 4 años. Al lado veo un bote vacío con una nota en blanco. Las piernas apenas me sostienen el cuerpo. Cuando me doy la vuelta. La mujer tiene en la mano a Mateo y grita: — ¡Debemos rescatarlos del terror! — dice la mujer— ¡Ayúdame, dame a los tuyos y yo los salvaré! Intento huir, tropezándome con un cuchillo que hay en el suelo. Ella lo coge, y comienza a clavármelo en el abdomen. Una, dos, tres cuchilladas a 63 www.rbcbook.blogspot.com


bocajarro sobre mi tripa. Mientras se arrastra como un animal en celo chupando la sangre que me cae por el costado. Lame el suelo, y vuelve a relamerse. Dicen que quien chupa tu sangre, sabe tus secretos. El miedo se ha convertido en terror. Ella sale huyendo escaleras abajo. Mi cuerpo no puede tirar más. Es un globo preñado de holocausto premonitorio. Salgo tras ella, sujetándome el estómago que siento que se va a salir por la boca. Cojo la calabaza que me encuentro en la puerta. Y por el hueco del ascensor apunto hasta la barandilla. Golpeo su cabeza, hasta perder el control. Cae al suelo como una pluma que ya no pesa nada. Oigo un tumulto de sirenas en la calle. —Hoy mis niños dormirán tranquilos— digo en susurros, con una débil sonrisa, mientras mis ojos se cierran.

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de octubre. Otro año más. Otra vez vuelvo a la vida para intentar recordar todo aquello que me hizo hundirme en la más profunda negrura. Recuerdos que abandonaron mi

mente tiempo atrás, y que no parecen querer regresar. Luces que iluminan mis ojos y me hacen ver lo que el resto del año sólo es oscuridad para mí. Porque anualmente vuelvo contigo, vuelvo a ti, y vuelvo a sentirme viva por un día…

La oscuridad se cierne sobre mí. Oigo voces, una sirena, parece una ambulancia. No entiendo nada, ¿qué está ocurriendo? Sólo sé que ya no veo nada, que mis ojos se han teñido de negro y que ya no siento gran parte de mi cuerpo. ¿Qué ha pasado? No puedo recordarlo, pero unos hombres me están poniendo una mascarilla, parece que es para que pueda respirar. Oigo a alguien 67 www.rbcbook.blogspot.com


gritar. Alguien que grita por encima de las demás voces, dice un nombre: ¿Beth? — ¡Dejadme pasar! ¡DEJADME PASAR! Pobre, se le ve desesperado, ¿qué le ocurrirá? Beth… ese nombre me suena tanto. Acaso… ¿acaso no es mi nombre? No puedo recordarlo bien… Hace un rato me dolía el estómago. Ahora, ahora ya no siento nada. El dolor poco a poco se desvanece, y puedo ver por las borrosas y oscuras caras de los hombres que me rodean que no tiene que ser nada bueno… Ese muchacho logra hacerse paso entre ellos, y noto como sujeta mi mano. — ¡Beth! ¡Beth!… ¿me oyes? Beth, estoy aquí… ¿Quién es? Su cabello negro le cae sobre sus claros ojos azules, ¿o grises? No lo sé con seguridad, pero están anegados en lágrimas. Creo que le conozco, pero no soy capaz de recordar su nombre. Me sostiene la mano mientras los otros cuerpos borrosos le piden que se aparte, pero él se niega, no quiere dejarme sola, no quiere que muera sola. Porque sí, lo sé, estoy muriendo, lentamente me voy apagando, aunque no recuerdo nada de lo que ha sucedido. Sólo sé que cada vez me cuesta más respirar, que cada vez veo menos y todo se vuelve más oscuro. Sólo sé, que ha llegado mi final. Y mientras lentamente me apago, lo oigo. Escucho su voz a lo lejos. Llorando, gritando mi nombre. Tranquilo. Ahora estoy en paz.

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Una vez al año es el número de oportunidades que tengo para verte. Para conocerte, para intentar recordar quién eres, y por qué morí aquel día. Para intentar averiguar qué ocurrió, y por qué estabas allí llorando mi pérdida. Quizás por eso aún no me haya ido. Quizás por eso aún sigo anclada a este mundo. Porque no sé quién soy. Hoy es 31 de octubre, el día de los muertos para muchos. Para mí, hoy es el día de los vivos. La gente sale a la calle, se disfraza de cosas que pretenden dar miedo, mientras los muertos vagamos por las calles como meras sombras. Nadie nos ve. Nadie nos siente. Pero volvemos a la vida en este día por alguna razón. En mi caso, siempre vuelvo a buscarle. Lo veo salir de casa, con un abrigo negro que le llega por debajo de las rodillas. Se frota las manos mientras encoge los hombros por el frío, y se dirige a la tienda de las flores de la esquina. Compra un ramo de lirios blancos. Me encantan esas flores. Quizás eran mis favoritas. Le paga a la mujer y comienza a caminar por la calle, mientras yo le sigo, como todos los años. Coge el metro, y se dirige a las afueras de la ciudad de Nueva York. Cuando llega a su parada, se baja del metro y camina por la calle, sujetando con fuerza ese ramo de lirios blancos hasta llegar a una enorme cancela negra, la cual siempre está abierta. Al menos, este día del año siempre lo está. Se adentra en el enorme prado verde cubierto con piedras blancas, en las que reposan los nombres de muchas personas, incluido el mío. Aquel cemente69 www.rbcbook.blogspot.com


rio es enorme, pero también precioso. Su césped bien cuidado, sus flores creciendo por todas partes, los pájaros piando en el aire… nadie diría que aquel lugar alberga las almas de tantas vidas humanas. Él sigue su camino, directo a una tumba; a mi tumba: “Elisabeth Darsh. 1990-2010. A la mejor hija y novia que jamás existirá. Por su pureza y su bondad.”. Han pasado ya tres años desde mi muerte. Tres años que llevo viniendo a este mundo para averiguar qué ocurrió, y dos años en los que he fracasado. Quizás a la tercera vaya la vencida… Se arrodilla ante mi tumba, y deposita suavemente el ramo de flores sobre ella, sobre mí, mientras susurra un “lo siento”. Todos los años dice lo mismo. Todos los años me pide perdón por algo que no entiendo. Él estaba allí en aquel momento. Él estaba allí cuando mi mundo se apagó. ¿Por qué entonces viene a pedirme perdón? Y después de eso, como todos los años, me habla y me cuenta cómo le va, aunque nunca sé realmente a qué cosas se refiere: — ¿Sabes? he conseguido aquel trabajo del que te hablé. Sí, por fin están empezando a reconocerme como periodista. Ha pasado mucho tiempo, pero como tú siempre me decías, con el tiempo y con esfuerzo todo se consigue. Ojalá estuvieras aquí para verlo… Mike y Anna están bien, te echan de menos, como todos. ¿Sabes que están juntos? Desde tu accidente, se unieron más, y al final han acabado enamorados. Es muy triste que la gente cuando más se une es cuando ocurre una desgracia, pero es así. Toby parece que se está 70 www.rbcbook.blogspot.com


reponiendo, al menos ya no aúlla todas las noches. Tus padres también están mejor, voy a verlos de vez en cuando, y siempre me reciben con los brazos abiertos. Nunca me echaron la culpa de lo que te ocurrió, y la verdad es que lo agradezco, yo sólo sé martirizarme bastante bien… — No tenía ni idea de quién me hablaba, pero sentaba bien escuchar su voz, escuchar las cosas que me contaba, aunque yo no fuera capaz de recordar nada. Y me alegraba que nadie le echara la culpa. No sabía qué había pasado, pero por cómo me hablaba, por cómo me contaba esas cosas, no parecía que fuera nada malo. No, no podía haberme hecho nada malo —. ¿Sabes? hace mucho que no vengo, lo sé, pero… la verdad es que tenía miedo. Tengo que contarte algo, y me siento realmente mal por ello, tengo miedo de tu reacción… Es irónico ¿verdad?, ni siquiera voy a ver cómo te lo tomas, pero aún así tengo miedo…he… he conocido a alguien, Beth. Odio las comparaciones, pero no hago más que compararla contigo, y lo cierto es que no hay ni habrá nunca nadie como tú. Eras tan perfecta… Pero aún así, ella es bastante buena. No llevamos mucho tiempo saliendo, pero la estoy conociendo y me gusta. Me gusta bastante. Y espero de verdad que esto no te moleste, porque ante todo quiero que sepas que siempre serás la mujer de mi vida. Pero soy joven, ¿no? y sabía que, aunque lo evitaba, algún día esto pasaría. No quiero que te enfades, y por eso tenía miedo de venir, pero por otra parte, estoy seguro de que, conociéndote, me animarías a continuar con ella, a que fuera feliz. Dios… si es que te estoy viendo Beth. Te veo mirándome con tus dulces ojos, sonriéndome… eres tan buena, eres tan… 71 www.rbcbook.blogspot.com


¿Por qué? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué tuviste que abandonarme? Aún te lloro por las noches Beth, aún te lloro y aún me enfado contigo por irte. Pero supongo que no tengo derecho. Al fin y al cabo, aunque todo el mundo se empeñe en decirme que no, yo me sigo viendo responsable de tu muerte…Si tan sólo hubiera sido más valiente… Y en ese momento se echa a llorar. Sigo sin comprender nada, pero no puedo verle llorar. Parece que era alguien importante para mí, alguien… especial. ¿Era mi novio? Eso parece. ¿Y por qué iba a enfadarme que conociera a otra persona? Era normal, parecía joven, tendría unos 25-26 años, aproximadamente. Tenía toda una vida por delante. ¿Acaso yo esperaba que siempre estuviera conmigo? Es posible, pero yo ya no estaba, así que no había nada que lo atara a mí. Nada, salvo su dolor, salvo su culpabilidad. Me acerqué a él despacio, y puse una mano sobre su hombro, como si aquello pudiera calmarlo. Sabía que no me sentía, que no sabía que estaba allí junto a él, pero quería animarlo de alguna forma, y la única que se me ocurría era esa. Le dije que no pasaba nada, que no tenía de qué preocuparse, mientras mi mano rozaba su hombro. Y de repente, dejó de llorar. Miró a mi tumba estupefacto, y sonrió. — Qué estúpido… Acabo de sentir como si estuvieras aquí, como si estuvieras animándome. Sé que eso no es posible, pero es reconfortante volver a “sentirte”…te quiero Beth, siempre te querré.

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Se levantó del suelo y recorrió el mismo camino que había hecho antes, volviendo a su casa, mientras me dejaba allí, al lado de mi tumba con lágrimas cayendo sobre mis pálidas y frías mejillas…

— ¿Te gusta? — me dijo, sosteniendo un enorme panda de peluche delante de mí, mientras sonreía, y me miraba desde detrás del peluche. — ¿Es para mí? Dios mío, ¡me encanta! ¡Es precioso! ¿Por qué? ¿Hoy es alguna fecha especial? ¡No me digas! Normalmente eres tú quién olvida esas cosas… — Sí, hoy es un día especial. Hoy es el día en el que prometo estar siempre a tu lado, pasen los años que pasen, y pasen las vidas que sean. — Robb… — No llores tonta, eres el amor de mi vida, y nada ni nadie impedirá jamás que esté junto a ti por S I E M P R E.

Me quedé mirando cómo se alejaba, mientras ese fugaz recuerdo invadió mi mente. Así que se llamaba “Robb”, y sí, era mi novio. Le seguí corriendo. Parecía que esta vez sí estaba recordando cosas, parecía que este quizás sí sería mi año, quizás sí lograra descubrir qué me pasó, y por qué él se culpa tanto. Nos volvimos a montar en el metro y regresamos al centro de Nueva York. Una vez allí, compró un solo lirio en otra floristería, y caminamos varias manzanas hasta llegar a un cruce con mucha gente. Me resultaba familiar. 73 www.rbcbook.blogspot.com


Pude ver cómo colocaba el lirio junto a un semáforo, justo al lado del cruce, y nuevos recuerdos me invadieron…

— ¡Beth! ¡Maldita sea Beth, vuelve! — ¡Déjame en paz, Robb! — ¡Beth, por favor! ¡Beht, CUIDADO!

Y ahí todo se vuelve oscuro de nuevo para mí. Sólo recuerdo el chirrido de las ruedas de un coche contra el asfalto… ¡Eso es!, ¡me atropellaron! Pero, ¿por qué discutíamos Robb y yo? ¿Por qué huía de él? Se alejó de nuevo del aquel cruce, mientras veía cómo otra pequeña lágrima recorría su rostro. Habían pasado tres años ya, pero aún me echaba de menos. Tuvo que quererme mucho para aún sentirse así. Caminamos de regreso a su casa. Compró un café antes de subir, y al fin llegamos allí. Se quitó el abrigo y lo dejó en el perchero de la entrada, mientras se dirigía a su sofá leyendo la portada del periódico que había recogido de su buzón justo antes de subir. Se sentó en el sofá y se dispuso a tomarse su café tranquilamente. Llevaba una camisa de manga larga negra, con el cuello algo abierto. Me encantaba cómo le quedaba…

— Me encanta esa camiseta. — ¿En serio? 74 www.rbcbook.blogspot.com


— Sí, te hace taaan sexy — dije con una sonrisa pícara. — Mmmm… lástima, yo tenía ganas de quitármela… — me dijo él con los ojos encendidos de pasión y juguetón. Y así, con una sonrisa en sus labios, se quitó la camisa delante de mí, y pude apreciar su perfecto cuerpo. Recorrí con mis dedos cada detalle de su torso, y fui depositando besos suavemente por cada rincón. — ¿Te sigue gustando la camiseta? — Mmmm, no, la verdad es que ahora te prefiero así… Y así, entre risas y juegos, nos fuimos fundiendo el uno con el otro, calentando el aire de la habitación y regalándonos todo lo que teníamos en aquel momento: amor, pasión, deseo…poco a poco nos convertimos en uno sólo, y nos dejamos llevar por la noche.

Si hubiera estado viva, sé que se me habría erizado la piel con aquel recuerdo, pero en estos momentos lo único que podía hacer era sonreír. Sonreír pensando que en vida tuve a alguien como él, que viví esos momentos, y sonreír por saber que realmente fui feliz. En ese momento sonó el timbre, y Robb se levantó del sofá y se dirigió al portero. — ¿Sí? — preguntó por el telefonillo. Debía de conocer a la otra persona, porque en cuanto escuchó su nombre

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abrió, y sonrió dejando la puerta entreabierta. Pasados unos minutos, una mujer entró. Era alta, morena y de ojos avellana. Era bastante guapa, y a primera vista daba buena impresión. ¿Era aquella la nueva mujer que ahora estaba con él? Por una vez, y no sé por qué, sentí celos. Celos de que ahora fuera aquella mujer quien disfrutaba de su cuerpo, quien creaba los recuerdos que yo acababa de tener junto a él. Estaba celosa de ella, y ni siquiera tenía derecho a estarlo. Estaba muerta, por lo que Robb jamás podría estar conmigo. Lo saludó con un suave beso en los labios, y se sentó junto a él en el sofá. Le cogió de las manos y lo miró fijamente a los ojos. — Hoy es el día, Robb. ¿Has ido ya a llevarle las flores? — Sí. Siempre me tranquiliza mucho ir a verla. El hablar con ella, aunque no pueda escucharla, me relaja. Me siento bien. No te ofendas. — Tranquilo. Sé que ella era muy importante para ti. Lo tengo asumido. Sé que me quieres, pero también sé que jamás querrás a nadie como la querías a ella. — Lois… — No digas nada. En serio, no es algo malo. Todos tenemos algún amor en nuestra vida que nos deja huella. En tu caso es Beth, y lo entiendo, no tienes por qué preocuparte. Eso no impedirá que intente hacerte feliz ni me alejará de ti. Yo sé comprenderlo. — Gracias… —Estás…estás preparado para contarme lo que ocurrió? 76 www.rbcbook.blogspot.com


Robb tragó saliva y respiró profundo. Yo me puse tensa a su lado. ¿Era el momento? ¿Realmente iba a contarle lo que sucedió conmigo, o acaso se refería a otra cosa? No podía esperar. Estaba nerviosa por saber la verdad. Necesitaba saber qué ocurrió aquel día, aquel 31 de octubre de hace tres años… — En el año 2009, Beth y yo llevábamos 3 años juntos. Empezamos muy jóvenes, pero creo que éramos una de esas excepciones. Nos queríamos. Nos queríamos más de lo que nadie podía imaginar. Y éramos tan felices… cuando ella cumplió 18, se vino a vivir conmigo. Fue el mejor año de mi vida. Nos comprendíamos y siempre nos respetábamos. Éramos la pareja que cualquiera envidiaría. Pero yo me equivoqué. Yo tuve la culpa de todo…. Una noche salí de fiesta con mis amigos, y ella con sus amigas. Bebí demasiado, más de la cuenta, y una chica se acercó a mí y empezó a tontear conmigo. Yo le seguí la corriente, y terminamos besándonos. Iba tan borracho que ni siquiera me di cuenta de lo que estaba haciendo, y la llevé a casa. La besé, nos besamos, y comenzamos a desnudarnos. Aquello iba a más, hasta que llegó Beth. Entró a la habitación dispuesta a cambiarse y nos encontró. No dijo nada. Se nos quedó mirando, y con una mirada cargada de dolor y llena de lágrimas, se fue de la habitación sin decir nada. Yo me derrumbé, corrí detrás de ella, pero me dijo que por favor la dejara. Intenté hablarle, pero su mirada atestada de tortura y decepción me detuvo e hizo sentirme más culpable que nunca. Cuando pasó una semana sin saber nada de ella, me llamó. Me dijo que quería hablar conmigo, y fui en su busca. Hablamos, le conté todo, y ella decidió perdonarme. No com77 www.rbcbook.blogspot.com


prendía cómo era capaz de hacerlo, pero le juré que jamás le volvería a hacer daño. Luché día tras día porque ella fuera feliz, porque olvidara y superara mi maldito error. Ella me sonreía, me hacía feliz, me besaba y me amaba como siempre. Pero algo en su mirada me decía que no lo había olvidado, que aún le dolía aquello y que no volvería a confiar en mí jamás. No podía culparla. Fue un grave error y aún me culpo por ello. Sabía que, aunque lo intentara, lo nuestro no volvería a ser lo mismo. Poco antes del Halloween del año 2010, me despidieron de mi trabajo. No encontraba nada, y no se me reconocía como periodista. Todos mis esfuerzos eran en vano. Mi padre murió sobre la misma fecha, y también notaba que Beth se apagaba. Se aproximaba la fecha en la que cometí tal error. Fue poco después de Halloween del 2009. Sabía que no podía olvidarlo y que temía que llegara aquel día. Todo eso se me acumuló, y poco a poco fui perdiendo las fuerzas. Siempre me culpo de su muerte porque… yo tendría que haber muerto aquel día.

Estaba a punto de llegar a casa. No me gustaba aquella época. Se aproximaba mi temida fecha. No podía quitármelo de la cabeza aunque lo intentaba, y sabía que Robb lo notaba. No quería preocuparlo, no quería que se sintiera más culpable de lo que ya se veía. No quería que sufriera más por su error. Saqué las llaves y abrir la puerta de nuestra casa. Cuando le perdoné, decidí volver a vivir con él, pero buscamos una casa nueva. Estaba dispuesta a 78 www.rbcbook.blogspot.com


empezar de cero, pero dormir en la misma cama en la que había estado a punto de ser totalmente engañada era demasiado pedir. Entré en la habitación para quitarme los zapatos, pero no vi a Robb. Me extrañó que hubiera salido, porque últimamente estaba bastante decaído y no tenía ganas de nada. Escuché un ruido en el baño y me acerqué. Tenía miedo, mucho, pero tenía la esperanza de que esta vez no viera lo mismo. No, no me estaba engañando de nuevo. Abrí la puerta del baño y lo vi. Estaba en la bañera. Pude ver cómo sostenía con una mano un bote de pastillas, y cómo tenía unas cinco en la otra. Parecía dispuesto a tomárselas. Y junto a él, en el borde de la bañera, había una cuchilla. En un primer momento me quedé sorprendida, no entendía nada. Cuando por fin mis ideas se ordenaron en mi cabeza, me puse como una fiera. — ¡¿QUÉ DEMONIOS PRENTENDÍAS HACER?! — Beth… — ¿Qué pretendes Robb? ¿Suicidarte? ¡¿Por qué?! — salí de la habitación dando un portazo, y me puse a dar vueltas por el salón esperando a que saliera del baño. Cuando por fin lo hizo, me miraba arrepentido. — Beth… Déjame explicarte… — Adelante. — Lo siento… todo esto me ha superado. Lo de mi padre, el trabajo… todo es demasiado para mí. Y… sé que no tengo derecho, pero noto que no eres 79 www.rbcbook.blogspot.com


la misma conmigo. Y lo entiendo, pero Beth, eres la mujer de mi vida, y me duele ver cómo cargas con todo este dolor tú sola, cómo intentas estar bien conmigo cuando por dentro creo que estás deseando gritarme y decirme mil cosas… — ¿Estás echándome la culpa? ¡Estoy contigo! Después de lo que hicisteis… ¡después de lo que hicisteis! ¿Y encima yo tengo la culpa? ¡Estás loco! — ¡No! No digo que tengas la culpa, pero son muchas cosas, y ya no puedo más. — ¿Y eso es motivo para querer suicidarte? ¡Eres un cobarde Robb! Eres un maldito cobarde. Te encontré con otra en MI cama. ¡Te encontré desnudo a punto de tirarte a otra! Y aún así te perdoné, volví contigo, intenté seguir con esto, intenté que nuestra historia no se perdiera. Creía en ella, creía en nosotros. Y me encontré con que todo mi mundo, toda mi vida, se derrumbaba en un solo instante. Y luché, Robb, luché. Seguí adelante e intenté superarlo. En eso consiste ser valiente, en eso consiste luchar por lo que quieres. Tomarse unas pastillas y jugar con una cuchilla no es de héroes. Es de gallinas. ¿Y qué pasa conmigo? ¿Y con tu madre? ¿Acaba de perder a su marido y ahora a su hijo? ¿Y yo? ¿Primero me pones los cuernos y ahora me dejas sola? ¡¿En qué demonios piensas?! ¡Deja de ser un maldito egoísta! — ¡YA BASTA! — No, aún no es suficiente… 80 www.rbcbook.blogspot.com


— ¡BASTA! ¡Déjame en paz Beth! ¡Lárgate!, ¡tendrías que haberme dejado sólo cuando pudiste! — Eres un idiota… Vete a la mierda. Salí de la casa llorando como nunca. ¿En qué pensaba? Sabía que estaba mal, pero eso no lo justificaba. Yo lo quería, y no podría perderlo. No quería perderlo. Me fui corriendo por los pasillos mientras escuchaba cómo me gritaba desde atrás. Venía corriendo tras de mí, rogándome que le escuchara. Pero yo corría más y más. Salí del edificio y corrí calle abajo entre la gente, mientras escuchaba cómo se quejaban por mis empujones y cómo Robb corría tras de mí gritando mi nombre, pidiéndome perdón y rogándome que lo escuchara. Pero en aquel momento no quería. No podía. Apenas veía bien por tantas lágrimas que había en mis ojos. Llegué a un cruce y salí corriendo de entre la gente. No veía nada, pero seguí corriendo, mientras sentía su voz más cerca… — ¡Beth! ¡Maldita sea Beth, vuelve! — ¡Déjame en paz, Robb! — ¡Beth, por favor! ¡Beth, CUIDADO! Unas ruedas chirriaron en el suelo mojado, y sentí un golpe inmenso en el estómago. En aquel momento, todo se volvió oscuro…

Ahora lo recordaba todo. Ahora todo tenía sentido. Por eso me pedía perdón. Por eso se sentía tan culpable. Por eso decía que él era quien tenía que 81 www.rbcbook.blogspot.com


haber muerto aquel día… — Robb… es horrible… pero tú no tienes la culpa. Sentiste un momento de debilidad y tomaste una decisión equivocada. La culpa no es de ninguno de los dos. — Te equivocas Lois. Si yo hubiera sido más fuerte, si no hubiera sido tan cobarde de pensar que aquella era la solución, ahora Beth estaría viva….voy a darme una ducha. Se levantó del sofá y se dirigió al baño. Yo lo seguí, y pude ver cómo, una vez que entraba, se echaba a llorar desconsoladamente. No se lo había perdonado, y jamás lo haría si seguía sintiendo que era culpable de mi muerte. Le volví a poner una mano sobre el hombro, sabiendo que eso lo calmaría un poco, aunque no entendía cómo ni por qué. Efectivamente, dejó de llorar, y se miró al espejo confundido, pero algo más tranquilo. Se desnudó y se metió en la ducha. Estuvo un buen rato, así que aproveché para mandarle un mensaje. Era mi única oportunidad antes de que acabara el día, antes de que tuviera que esperar otro año para volver a verle. Aprovechando el vaho de la habitación que había empañado el espejo, le dejé algo escrito. Cuando salió de la ducha lo vio, y se quedó boquiabierto. “No tienes que sentirte culpable. No lo eres. Aún recuerdo el panda que me regalaste. Te quiero” Salió corriendo del baño y se quedó mirando a Lois, que estaba dur82 www.rbcbook.blogspot.com


miendo en el sofá. Sabía qué pensaría que eso lo había escrito ella. Por eso le dejé el mensaje del panda. Eso es algo que ella no entendía, que sólo podía saberlo yo. Volví a tocarle el hombro y noté cómo se sorprendía. Se llevó la mano al hombro y sujetó la mía sin darse cuenta. — ¿Eres… eres tú? Tiré una pequeña libreta que había junto al teléfono para que supiera que sí, que yo estaba allí. — Beth… Beth lo siento muchísimo… Beth… Me dirigí al baño y tiré algo al suelo para que volviera a aquella habitación, tenía que dejarle otro mensaje: “Estoy bien. Tú no eres responsable de nada. Siempre te querré, Robb, sé feliz”. — Beth… te quiero, te quiero de verdad… — dijo mientras sus ojos se inundaban de lágrimas nuevamente. Pero estas lágrimas eran diferentes. Ya no estaban cargadas de culpa, de tristeza. Esta vez eran lágrimas de felicidad, de tranquilidad. Era como si se hubiera quitado un peso de encima —. Lo siento, lo siento… te amo… Y por fin, después de tres años buscando la respuesta, la obtuve. Por fin me sentía tranquila, me sentía bien. No podía culpar a Robb, porque realmente él no había tenido nada que ver. Todo había pasado de aquella forma pero ninguno de los dos tenía la culpa de nada. Era hora de seguir nuestro camino.

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Él debía ser feliz. Había encontrado a alguien que lo comprendía, que lo quería de verdad y que lo apoyaba, y le tocaba ser feliz junto a ella. Y en cuanto a mí… Salí del edificio y me dirigí hacia el lugar donde descansaba, regresé hacia mi tumba. Los niños correteaban por las calles vestidos de pequeños Dráculas, momias y diversos monstruos. Las calles estaban adornadas con calabazas y murciélagos, y todos los vivos disfrutaban de ese día mientras los muertos buscábamos nuestras respuestas. Cuando llegué al cementerio, me arrodillé sobre mi tumba. Ahora todo tenía sentido. Ahora por fin había encontrado respuesta a mis preguntas. Ya no tenía nada que hacer en ese mundo. Sabía quién era, de dónde venía, lo que me había ocurrido, y sabía que las personas que quería y que me importaban estaban bien, y seguían con sus vidas. Todo estaba bien. Mi día estaba llegando a su fin, pero esta vez no me importaba. Esta vez quería que lo hiciera. Había sido un día muy largo. Poco a poco vi como todos aquellos que ya no pertenecíamos a este mundo y que aún teníamos algo pendiente por hacer, regresaban a sus tumbas. Llegaba nuestra consumación. Tendríamos que esperar otro año para volver con aquellos que tenían nuestras respuestas. Yo no sabía si volvería o no, pero al menos, por una vez, pude finalmente descansar en paz.

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P

or fin se iba haciendo de noche y al llegar, criaturas horribles y extrañas aparecieron por la calle pidiendo caramelos en casas ajenas.

Natalia se preparaba para la fiesta de Halloween. Había elegido un disfraz que le sentaba demasiado bien y para nada daba miedo. La faldita roja reposaba sobre sus muslos sin llegar a tocar ni siquiera sus rodillas, el corsé negro se pegaba a su tronco de una forma provocativa y debajo de éste tenía una camiseta blanca de mangas cortas, y los zapatos… bueno, eso no eran unos zapatos normales, llevaba unos tacones negros que hacían que sus piernas parecieran no tener fin. Lo único que le faltaba era la capa roja. Mientras juntaba los dos cordones de la capucha, un ruido sonó en la ventana de su habitación. Ella se giró y empezó a caminar para comprobar qué había sido. 87 www.rbcbook.blogspot.com


Andaba con mucho cuidado y tropezó dos veces a causa de no saber andar bien con aquellos tacones. Miró hacia la ventana y un muchacho la esperaba en el jardín. Ella sonrió y abrió las ventanas apoyándose en el alféizar, miró al joven que llevaba unas orejas grandes en la cabeza, una cola en su parte trasera y resplandecía en su rostro una sonrisa pícara. — ¿Estás lista, Caperucita? — Aun no lobito. ¿Por qué no subes y esperas aquí? El joven no lo dudó y comenzó a subir hacia la ventana como pudo, aquel chico era muy ágil y en menos de un minuto ya se encontraba en la habitación. Ella se acercó y lo besó en los labios apasionadamente mientras él rodeaba su fina cintura con sus fuertes brazos. — Podrías haber entrado por la puerta, tonto. Él se encogió de hombros y se sentó en la cama mientras miraba como la joven daba vueltas por la habitación. — Llegaremos tarde a la fiesta de Halloween como no termines de… En aquel momento el móvil de la chica sonó. Él se acercó y miró la pantalla “Número oculto”, buscó con la mirada a Natalia pero ella se había encerrado en el cuarto de baño mientras cantaba y, posiblemente, se maquillaba. El chico, con manos temblorosas, pulsó la tecla verde donde había el dibujo de un teléfono descolgado, se llevó el móvil a la oreja. — ¿Si? — contestó con cierto miedo. 88 www.rbcbook.blogspot.com


—…— no respondieron, pero se podía escuchar una respiración tras el teléfono. — ¿Quién es? — …— las inhalaciones y exhalaciones iban en aumento. —Si esto es una estúpida broma de Halloween… voy a… Miró el móvil y pulsó la tecla de finalizar la llamada y luego lo dejó en la mesita para después tumbarse en la cama. Natalia no terminaba de alistarse, eso lo impacientó, se levantó y se dirigió al cuarto de baño y tocó la puerta. —Espera, me falta poco, sólo unos retoques más. El joven resopló, no soportaba esperar más. Debió reconocer que la llamada le había enfadado un poco, nadie le gastaba ninguna broma tan así de sencillo. El móvil volvió a sonar, parecía ser el mismo que había llamado minutos atrás. Lo cogió de nuevo, esta vez dispuesto en averiguar quién era y por qué la insistencia en molestar a Natalia. — ¡¿Quién eres?! — ¡Eh, tranquilízate, Víctor! Una voz grave y fría habló al otro lado del teléfono y había dicho su nombre. Aquello logró asustarlo e hizo que su respiración aumentara. — ¿Quién eres y qué quieres?

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— Solo llamaba para decirte que no le quites el ojo de encima a Natalia, o algo podría pasar…algo realmente malo. La voz se apagó y sólo se escuchó un pitido; habían cortado la llamada. Víctor asustado, se acercó al cuarto de baño y esta vez, solo abrió la puerta de golpe para comprobar que Natalia estaba bien. Y… así era, estaba allí, todavía maquillándose y ajena a todo. — Vámonos ya por favor. — dijo mientras casi obligada sacaba a Natalia del cuarto de baño. — ¡Eh! Que aún no he terminado. Los dos se dirigieron hacia las escaleras de la casa pero cuando iban a comenzar a descender oyeron como el pestillo de la puerta principal se cerraba y como las luces de la habitación se apagaban dejándolos en una absoluta oscuridad. Ambos se miraron y bajaron como pudieron las escaleras hasta llegar a la puerta. Víctor trató de derribarla pero fue imposible. — Podemos salir por la puerta trasera — sugirió Natalia cada vez más asustada y sin comprender lo que pasaba. Se dirigieron hacia la cocina, la puerta estaba abierta pero cuando llegaron a ella se cerró en sus narices. Víctor comenzó a aporrearla tratando de derribarla y salir de allí, pero era imposible. De pronto, Natalia escuchó como la llamaban, era una voz débil,

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infantil y daba miedo, tatareaba una extraña canción que lograba poner los pelos de punta. Ella quedó atrapada por aquella voz y quiso saber de dónde salía. Empezó a dirigirse hacia el salón, mientras Víctor trataba de retenerla a su lado, pero no lo consiguió. Natalia escuchaba la voz por todas partes y estaba confusa, no sabía hacia dónde dirigirse. — ¿Dónde vas, Natalia? — preguntó por enésima vez Víctor. — ¿No escuchas la voz? — Víctor negó con la cabeza. Natalia se extrañó — Da igual, quiero averiguar de una vez por qué siempre pasan estas cosas en las noches de Halloween. Comenzó a subir las escaleras y la voz le dijo que continuase por donde iba. Natalia tenía el corazón en un puño, estaba muy asustada. El estrecho, largo y oscuro pasillo les dio la bienvenida, todas las luces estaban apagadas, incluso la de su cuarto que ella sabía perfectamente había dejado encendida. La luz de la luna llena se filtraba por la ventana. Ella se quedó allí, pensando qué hacer. — Vamos… sigue, no te quedes ahí. La voz le seguía hablando y repitiendo su nombre, pero de pronto paró. — ¡Eh, Natalia!— exclamó Víctor — se escuchan unos susurros al final del pasillo.

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Ella agudizó el oído, era verdad, podía oír dos voces hablando en un tono de voz muy bajo, desde allí parecía que decían cosas en un idioma desconocido. Natalia respiró hondo y comenzó a andar por el pasillo, lentamente, mientras miraba a su alrededor. Sus pasos y los de Víctor rebotaban contra las paredes y volvían a sus oídos. Justo cuando iba por mitad del pasillo, todos los cuadros que había colgado en la pared cayeron al suelo de golpe, Natalia pegó un chillido y se echó a los brazos de Víctor que la sujetaron fuerte, aunque él también estaba muy asustado. — Busquemos una salida y larguémonos de aquí — dijo Víctor empujando a Natalia hacia su habitación con el propósito de bajar por la ventana. Ella se deshizo de su brazo justo cuando estaban entrando y volvió a mirar el final del pasillo. Dobló un poco su cabeza y comenzó a andar, quería saber qué decían aquellas voces; ya no se oían en el pasillo, sino en el cuarto de sus padres. Por fin quedó delante de la puerta y miró dentro sin atreverse a entrar, desde ahí podía oír perfectamente a las voces. — No puedo seguir con esto, tiene que acabar. — Paciencia, eso es lo que nos dijo. Solo un poco más y podremos llevar a Natalia. 92 www.rbcbook.blogspot.com


— ¡Todos los años igual! No quiero esperar más, tenemos que actuar y esta vez de verdad. — ¡Si lo hacemos mal no habrá vuelta atrás! — las voces habían comenzado a hablar más fuerte. — ¡Solo haz que par…! El jarrón que Natalia tenía a su lado explotó y las voces se vieron obligadas a callar. Natalia notó como algunos pedazos de porcelana se inyectaban en su mano y hacían pequeñas brechas que comenzaron a sangrar rápidamente. Se giró, ahora que sabía que alguien o algo iba detrás de ella, quería huir de ahí. Buscó con la mirada a Víctor pero había desaparecido, corrió a su habitación para ver si estaba allí, pero sólo se encontró con la mirada de los chicos que estaban en los posters. Fue corriendo hacia la ventana pero estaba cerrada, ella no podía abrirla a pesar de que lo intentaba con todas sus fuerzas. Escuchó un golpe a su espalda y entendió que ya no podría salir de su habitación. Habían cerrado la puerta y ya no había ninguna escapatoria. Se sentó en el frío suelo y comenzó a llorar. No entendía nada, desde hacía tres años, todas las noches de Halloween le pasaba algo parecido; puertas que se cierran, susurros, voces, cosas que se rompen.

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Víctor había desaparecido, no sabía donde estaba metido y lo necesitaba junto a ella para que la protegiera aunque sabía que ni él, ni nadie podían hacer algo. Estaba asustada pero sobre todo enfadada porque no era capaz de manejar la situación, porque no entendía nada y ella era una chica que necesitaba que todo estuviese en su sitio, era demasiado perfeccionista para que esa situación se le escapara así de las manos. La voz comenzó a llamarla otra vez, a decirle que hiciese cosas que ella no quería. Natalia se negaba en voz alta, tapándose los oídos. De repente, todos los cajones que había en la habitación, se abrieron y lo que contenían comenzó a volar por los aires hasta chocar con el suelo, ocasionando un gran ruido. Ella gritó tratando de fingir que aquello no estaba ocurriendo, cerró los ojos y se tapó los oídos fuertemente pero aun así podía sentir como todo su cuarto se derrumbaba, como la cómoda caía al suelo, como el espejo se rompía en mil pedazos convirtiendo el piso en una trampa mortal para quien anduviese descalzo. Pero todo aquel ruido paró… y la puerta de su habitación se abrió dejando ver a un hombre de unos cuarenta años. — ¿¡Cariño, estás bien!?

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— ¡Papá! — gritó mientras se abalanzaba hacia él dándole un abrazo y apoyando su cabeza sobre su pecho— ¡Por fin habéis llegado! Estaba muy asustada por todas las cosas raras que están pasando. — Cariño… — dijo su padre tratando de sonar tranquilo — No nos hemos ido de aquí. Ella abrió los ojos aún abrazando a su padre, se separó de él y buscó rápidamente su mirada. — ¿Qué?, no os he visto, ni Víctor tampoco. — ¿Víctor?, ¿es ese al que escuchas? — ¿¡Qué!? Víctor es mi amigo…siempre está conmigo...— el padre calló y ella le miró suplicante — ¿Por qué pasan estas cosas en Halloween? Y ahora Víctor ha desaparecido. — Víctor no existe cariño. Y si quieres saberlo, para mí, todos los días son como la noche de Halloween. Desde hace tres años… cuando los médicos te diagnosticaron… — ¡Mátalo! ¿No ves que solo quiere confundirte? Está de parte de lo que te está persiguiendo. — ¡Papa! — dijo ella tapándose los oídos y a punto de llorar — ¡Dile a la voz que se calle! — Tranquila, mi amor. Todo va a salir bien, ya lo verás… Su padre se alejó cerrando la puerta de la habitación, dejándola otra vez a oscuras, sin ninguna salida y sin explicarle nada. 95 www.rbcbook.blogspot.com


Natalia se enfadó y corrió hacia una de las paredes, pisó los cachos del espejo roto y no dudó en quitar el papel azul claro con dibujitos que había pegado, haciendo que desapareciera así un poco de ira que había en su interior. Lo arrancó de un tirón y para su sorpresa descubrió algo pintado en la pared, de color rojo sangre. Eran letras en griego: ∑χίζειν Φρήν (schizein fren) Recordó lo que su profesora de griego había dicho sobre aquella palabra… ¿Era eso lo que ella tenía? ¿Todo lo ocurrido había pasado sólo en su cabeza? ¿Ella había formado todo aquel estropicio en su habitación? Al parecer así era, se tiró en el suelo y comenzó a llorar. — Ya era hora de que lo supieras… Ella levantó la mirada y pudo ver a Víctor sentado en su cama, tan normal como siempre. Dio varias palmaditas sobre el colchón, indicando a Natalia que se sentara junto a él. Ella obedeció. — ¿Esto será así a partir de ahora? — Así es… Y lo creas o no, cuando yo esté aquí, significará que todo está bien ¿vale? — Él posó sus labios sobre su frente — Seré lo que te mantenga en el mundo real. Ella recogió sus piernas y las pegó a su pecho, tenía miedo. Como en esas noches de Halloween cuando esperas que cualquier cosa pueda pasar, como si estuvieses en una tensión constante que te advierte de que en cualquier momento alguien va a salir de la nada y te va a asustar. Donde por una única

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noche estรก permitido hablar de muerte, dolor y sangre. En donde todas tus mayores pesadillas salen cogidas de la mano a pasear bajo la tibia luz de la luna.

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L

as tres amigas recibieron la misma invitación. Eran compañeras del instituto, tenían quince años y estaban preparando la fiesta de Halloween.

Se reunieron de inmediato en casa, Candela, para hablar acerca del misterioso sobre que cada una había encontrado en su casillero de gimnasia. — Chicas, ¿estáis seguras de que no es una broma pesada de Javier?— preguntó Ana, quien se refería a un chico del instituto que solía meterse con ellas, en especial con Candela. Todas excepto ella, pensaban que estaba colado por la joven. — No lo creo— dijo Nina, echando hacia atrás su larga melena rubia; su sueño era ser modelo — El tonto de Javier no sabe escribir dos palabras seguidas; su estilo es más «a lo bestia». Lo importante es: ¿qué vamos a hacer? 100 www.rbcbook.blogspot.com


¡Se trata de Halloween chicas! Después de la fiesta del instituto habíamos quedado en ir a esa discoteca tan guay que acaban de inaugurar. ¡Las chicas tenemos la entrada gratis! Claro que si os mola esto... Ana sacudió la cabeza: era la más desconfiada de las tres. —No me gusta nada —dijo señalando la carta—. ¿Y si se trata de un psicópata que nos ha estado espiando, y esto forma parte de su plan para atraparnos? Candela respondió: — Pues a mí me parece una idea divertida. Pensad: es ideal para esa noche, cuando todo el mundo piensa en los muertos y los fantasmas, hagamos una excursión al psiquiátrico abandonado... sacaremos fotos y haremos un vídeo, y luego lo colgaremos en youtube, ¿qué os parece? —Creo que antes deberíamos averiguar quién más va a acudir al «paseo tenebroso» —señaló Ana frunciendo el ceño. — Leedme la invitación, porfa —pidió Nina— que yo no encuentro la mía, y me he dejado las gafas en casa. Candela cogió su sobre y sacó una hoja color marfil escrita en cursiva, y comenzó la lectura: «Estimada Candela, tengo el gusto de invitarte a un evento muy especial “La Noche de Halloween”, donde habrá diversión, copas gratis, mucha música y un sinfín de sorpresas emocionantes. El sitio es el edificio del antiguo psiquiátrico, que ha sido elegido por un importante productor de cine 101 www.rbcbook.blogspot.com


como el escenario de su próxima película de terror. Esa noche estará presente para elegir a jóvenes artistas con talento. Para las afortunadas, será el inicio de una nueva vida. ¿Vas a desperdiciar esta oportunidad?» Nina la interrumpió: — ¿Será el famoso Morris, el de la peli «Los muertos no mienten»? ¡Candela, revisa si lo dice en algún sitio! — No, no lo dice. Tampoco está firmada. Aunque todavía queda algo más; escuchad: «Debes acudir con un disfraz. La fiesta comienza a la medianoche. No llegues tarde.» — Mi madre no me dejará ir — Ana parecía aliviada al decirlo — eso segurísimo; así que no contéis conmigo. Candela la miró con un gesto raro en la cara: — ¿Has leído la posdata de tu invitación? — dijo — porque en la mía dice: «Si no acudes me pondré muy triste. A propósito, tienes un bonito perro. Cuida que no se escape.» — ¡Espera! — exclamó Ana a la vez que buscaba su carta; cuando la sacó de la mochila, leyó en silencio y sus amigas vieron cómo empalideció de repente. — La postdata de mi carta dice algo parecido: «Si no acudes me pondré muy triste. A propósito, ¿a tu hermano pequeño le gusta jugar en el parque? Cuida de que no se pierda».

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En la sala donde se hallaban las tres amigas, por un momento reinó el silencio. Todas de repente sintieron miedo al comprender lo que significaban esas posdatas. Candela comenzó a hablar: — Nina, debemos leer tu carta. Seguro que en ella también hay una amenaza al final... — Solo se me ocurre que es una broma pesada de alguien que nos quiere meter miedo en el cuerpo, y lo está consiguiendo — terció Nina—. Chicas, yo lo tengo claro: David y Paco nos llevarán a la discoteca nueva, nos divertiremos, conoceremos algunos guaperas y la pasaremos genial. Candela no respondió. Continuaba mirando la invitación que estaba a su nombre, hasta que exclamó: — ¡Es alguien que nos conoce! Además de nuestros nombres, sabe cosas sobre nuestras familias. ¿Qué pasa si por no ir allí la noche de Halloween, decide hacer daño a mi perro? ¿O raptar a tu hermano? — añadió mirando a Ana—. No pienso correr ese riesgo. Yo voy a ir. Os propongo que entremos allí, echemos una ojeada para ver lo que hay y el resto de la noche vayamos a la discoteca que le gusta a Nina, donde van a estar los chicos (refiriéndose a sus amigos David y Paco, estudiantes del mismo curso y amigos de las tres). Es un plan sencillo, y así estaremos más tranquilas. Ana, ¿tú qué dices? Ana asintió:

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— Opino como tú. Esto puede ser una gran broma, o algo serio. Vamos juntas allí, hacemos acto de presencia medio minuto, y volvemos al plan inicial. Nina aceptó a regañadientes, y luego salieron las tres en dirección a la biblioteca. Faltaban dos días para el examen de Historia, y además las tres debían ensayar para la obra de teatro que era uno de los eventos organizados por el instituto para la fiesta de Halloween. Las fechas se les venían encima, y las cartas anónimas no habían hecho más que aumentar la tensión interior que sentían. —Quizás sea una buena idea compartir esto con alguien. Con un adulto me refiero. —dijo Ana. Estaban subiendo las escaleras del edificio. La biblioteca a esa hora de la tarde estaba casi vacía. Candela dijo: — Si yo llego a leer esta carta a mi madre, es capaz de prohibirme que salga el resto del año. Además, pensará que tengo algo de culpa por haberla recibido. Me dirá: «Has estado chateando con cualquiera por internet. No sabes quién está al otro lado; hay muchos degenerados, y tú le das confianza a cualquier desconocido...» — ¿Y si se lo contamos a la profe de Lengua? Es guay, y nos puede dar algún consejo. —insistía Ana.

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— Seguro que se lo cuenta a nuestros padres —repuso Candela—. Lo siento Ana, pero creo que debemos manejar este tema solas. Podemos hacerlo. Nina, ¿qué opinas? La joven se encogió de hombros: — Ya sabéis lo que pienso. Yo no me lo tomaría tan en serio, así que ¿para qué darle más vueltas al asunto? Si se lo contamos a nuestros padres, solo conseguiríamos que nos hicieran la vida imposible. Que esto quede entre nosotras, y pasemos a otra cosa. Después de Halloween nos reiremos de lo ocurrido.

Un hombre joven, alto y pálido, estaba haciendo sus propios preparativos para la noche de Halloween. En ese momento se inclinaba sobre las páginas de un libro que parecía ser muy antiguo, a la vez que mezclaba varios ingredientes en una cazuela de barro. Sus labios finos se movían en silencio, como si estuviese recitando una plegaria. De repente una sombra se proyectó en la página que estaba leyendo. — ¿Cómo ha ido todo? — preguntó a la persona que acababa de llegar. — Ellas vendrán. Las cartas han conseguido su objetivo. ¿Y tú? ¿Ya tienes todo listo? El joven levantó la mirada y sus ojos azules se clavaron en el visitante: 105 www.rbcbook.blogspot.com


— Casi. Aunque nada de esto servirá si las elegidas no vienen. — Estarán aquí; yo me aseguraré de ello. Luego se dio la vuelta y desapareció. El hombre volvió a inclinarse sobre el libro, pero esta vez su mano tembló un poco al pasar las páginas. Después de varias horas, al atardecer, la estancia donde se hallaba se llenó de un aroma a eucaliptos, limón y jengibre. El joven salió al jardín lleno de maleza y matorrales secos llevando en sus manos el cuenco de barro humeante; musitó la fórmula de protección a la vez que recorría el perímetro del edificio en ruinas donde se hallaba. Cuando el cielo terminó de oscurecer y comenzaron a salir las primeras estrellas, él se inclinó en medio del jardín con un cuchillo ceremonial y se hizo un corte en la palma de la mano: la sangre brotó abundantemente y fue recogida en el cuenco. La ofrenda estaba casi lista. Dentro de veinticuatro horas las campanadas señalarían el comienzo de la noche de los espíritus; y él estaba preparado para afrontar lo que estaba por venir.

Había llegado por fin la esperada noche. Las tres amigas estaban exultantes después de actuar en la obra de teatro, que resultó ser todo un éxito.

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En el gimnasio del instituto se había organizado una pista de baile con mesas alrededor, llenas de comida y refrescos. Todo el mundo había acudido disfrazado de algún personaje de películas de terror, de acuerdo al tema de ese año para la fiesta. David y Paco, se acercaron sonrientes a ellas y gritaron al unísono: — ¡Truco o trato! — David iba disfrazado de vampiro, y Paco tenía una máscara blanca con agujeros que se quitó para beber de un vaso de plástico. — ¿Qué disfraz es ese? — preguntó Ana. — Soy Jason X, ¿no lo ves? ¡El de Viernes 13! — dijo Paco, y comenzó a mover de un lado al otro un cuchillo de juguete que llevaba en la mano. — Deja de hacerte el payaso, ¡eh! — ordenó Candela — Los dos nos esperaréis en la puerta de la discoteca, a eso de la una. No vayáis a entrar sin nosotras. Os enviaré un WhatsApp cuando estemos llegando, ¿de acuerdo? — ¿Por qué no venís con nosotros ahora? ¿Adónde vais? — preguntó David agitado por los colmillos de plástico que tenía en la boca. Esta vez fue Nina quien respondió: — No seáis pesados, es cosa de chicas. Nos llevará poco tiempo. Son las once y media, debemos irnos. Dejaron a sus amigos allí y las tres salieron a la calle: era una noche muy fría, había estado lloviznando durante todo el día y en aquel momento el cielo estaba despejado, pero la humedad les calaba los huesos, ya que sus disfraces no servían mucho como abrigo. 107 www.rbcbook.blogspot.com


Nina llevaba falda corta: decía que era una «lolita» zombi. Su larga melena se sacudía con la brisa nocturna. — No se te nota. Lo de zombi, me refiero — señaló Ana, vestida de la niña del exorcista — deberías haberte pintado la cara más fea, digo yo... — Busquemos un taxi, venga — dijo Candela envuelta en una chaqueta corta que ocultaba apenas una fina túnica negra. — Candi —Ana señaló ahora el traje de su amiga — ¿Se puede saber por qué te has disfrazado de cura? Nina respondió por ella: — ¡No es un cura! ,¡es el monje malo de la peli “El nombre de la rosa”! — ¿En serio?, ¡esa película debe tener mil años! — Vale, pero nadie dijo nada sobre la edad de las películas, y a mí me gusta... — respondió Candela con un encogimiento de hombros. — Chicas, allí viene uno, ¡venga, detengámoslo que me estoy congelando! — Nina agitó los brazos y se puso en medio de la calle para detener al taxi que justo doblaba la esquina en dirección adonde ellas se encontraban. Las tres se apretujaron en el asiento de atrás y le indicaron el destino. El taxista, con acento extranjero, las miró por el espejo retrovisor y dijo: — Las puedo dejar en la autovía, a la entrada del camino que conduce al edificio. Es lo más cerca que llego con el coche, fuera de la autovía, esas calles están sin asfaltar y con la lluvia de hoy será imposible meterse por allí. 108 www.rbcbook.blogspot.com


— Vale, vale, nos apañaremos — lo cortó Nina con un gesto impaciente. Sus compañeras la miraron en silencio y entonces añadió sin ganas: Gracias. El resto del viaje lo hicieron casi sin hablar, miraban por las ventanillas cómo el coche se iba alejando de la zona urbana y más iluminada, para adentrarse en la carretera casi a oscuras. Un poco antes de llegar, Ana susurró: — Estamos a tiempo de echarnos atrás y volver con los chicos. Esto me da mal rollo, en serio. — Recuerda la posdata de tu carta — fue la respuesta de Candela. Después de aquello no volvieron a hablar. Minutos después el taxi se detuvo. Los haces de luz que proyectaban los faroles del coche eran la única iluminación que tenían. — Hemos llegado. — anunció el taxista. — ¿Dónde estamos?, ¡no se ve nada! — exclamó Ana con inquietud. Candela le dio varias palmaditas en el brazo para calmarla, mientras le decía: — Está a la derecha el camino que conduce al viejo psiquiátrico. ¿Ves aquel enrejado? Hay un portón casi oculto por la hiedra; podremos entrar por allí. El taxista les dijo: — Es mala noche para venir aquí. Noche de brujas. Ahí — señaló con la cabeza hacia la arboleda por donde tendrían que cruzar las jóvenes — hay fan109 www.rbcbook.blogspot.com


tasmas. Dicen que a los locos los emparedaban vivos. ¡Hoy es mala noche para venir! — repitió con énfasis. Candela le pagó, y luego las tres vieron cómo el taxi se alejaba en medio de la oscuridad. — Vamos, es casi medianoche. Usemos los móviles a modo de linterna para ver por dónde pisamos — dijo Nina. Sentía urgencia por llegar al destino, y así acabar con aquella incertidumbre. Candela apoyó su idea: — Vale, hagámoslo. Ani, coge mi mano y no te separes; quizá haya lobos cerca — lo último fue dicho en tono de broma, pero la aludida se estremeció: — ¡Ni los nombres!, es noche de Halloween, y en algún sitio leí que se puede conjurar sin querer a cualquier criatura de este mundo o del otro... De inmediato confirmaron lo que les había anunciado el taxista: el sendero por donde debían andar hasta llegar a la vieja construcción, era un barrizal tras las lluvias de los últimos días. Ninguna de ellas llevaba zapatos adecuados para la ocasión; Nina fue la primera en quejarse: — Más nos vale despachar pronto este tema, porque si no cogeremos una pulmonía. ¡Esto es un asco! Candi, — añadió — supongo que habrás acordado con el taxista para que nos venga a buscar dentro de media hora o así, ¿verdad? — Sí — Candela señaló algo delante de ellas — allí está. Hemos llegado. 110 www.rbcbook.blogspot.com


Subieron los escalones que precedía la entrada, y se encontraron con una pesada puerta de dos hojas que estaba cerrada. La única luz que tenían, además de la que les daban las pantallas de sus móviles, era la que proyectaba la luna que acababa de salir por el horizonte, dando al paisaje un aire fantasmagórico. No habían otros edificios a su alrededor; solo terrenos baldíos. Al no hallar ningún timbre a la vista, Candela dio varios golpes con el puño a la puerta. No obtuvo respuesta. — Aquí no hay ninguna fiesta; de hecho, no hay nadie. ¡Nos han gastado una broma! — La voz de Ana no podía ocultar su alivio. En ese instante oyeron algo del otro lado. Y una de las hojas de la puerta se abrió con un gemido. Una voz preguntó: — Decid la consigna, por favor. Las tres se miraron en silencio. Luego a Candela se le ocurrió decir: — ¿Truco o trato? Un instante de silencio. — Trato. Pasad; sois bienvenidas. Entraron y vieron con asombro una gran sala de paredes de piedra, iluminada por cirios colocados en varios rincones. En el medio había una mesa

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cubierta con un mantel blanco, donde reposaba un atril y sobre él se veía un libro abierto por la mitad. El ambiente olía menta y eucaliptos. De repente una fuerte ráfaga de viento invadió la estancia, que apagó todas las velas. En la más completa oscuridad, la voz que les dio la bienvenida dijo: — Ya ha comenzado.

A varios kilómetros de allí, David y Paco se hallaban en un bar de copas ubicado justo enfrente de la discoteca,

mirando a cada rato el reloj y

consultando sus móviles. Ambos se habían hecho pasar por mayores de edad para conseguir una cerveza; y si bien el camarero los miró con el ceño fruncido, no les pidió los carnets. Era Halloween: pese al frío, todo el mundo estaba en la calle con ganas de festejar. Un poco más temprano varios grupos de niños disfrazados, en compañía de uno o dos adultos, recorrían las casas de los barrios a la «caza» de caramelos; pero desde la medianoche el paisaje urbano había cambiado, y los que deambulaban eran todos jóvenes con ganas de diversión.

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Una larga cola esperaba a las puertas de la discoteca que se acababa de abrir, y los amigos de las chicas apuraron sus cervezas y decidieron hacer la cola también. — Candi dijo que no entrásemos sin ellas — dijo Paco un poco inquieto. David repuso: — Sí, pero ha pasado más de una hora. Tendrían que haber llegado ya. Y no pienso congelarme esperando aquí afuera. Haremos esto: entramos, y cuando las chicas nos manden el WhatsApp salimos a buscarlas. Cuando entraron la pista estaba abarrotada de gente, lo mismo que las barras donde los camareros vestidos de negro servían las copas sin detenerse un instante. La música atronaba desde varios altoparlantes, y las luces psicodélicas que se proyectaban en las máscaras de los bailarines daban un toque surrealista al ambiente, casi siniestro. Paco vio un grupo de gente disfrazada que le llamó la atención, y se lo dijo a su compañero: — ¿Has visto a esos tíos que acaban de entrar?, parecían... — Se interrumpió de repente: — ¿Qué hacen? Horrorizado se dio la vuelta para dirigirse a David, pero no lo encontró. Hasta que oyó varios gritos femeninos y la sala se llenó de humo. — ¡Socorro!

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A codazos y empujones intentó llegar hasta la entrada, pero una marea humana lo arrastró hacia el extremo opuesto. Desesperado sintió que lo presionaban por todos lados, y estiró el cuello para coger aire, aunque el humo cada vez más espeso y los cuerpos que lo oprimían estaban actuando como una trampa mortal. «¡Me muero!» pensó. Después, todo se volvió negro.

David se trepó a una columna y desde allí vio con espanto las lenguas de fuego que iban avanzando desde la puerta principal. La humareda era tan mortal como las llamas: él sabía que si no salía pronto de allí, iba a morir. A Paco lo había perdido de vista, de repente, cuando comenzó aquel caos. Deseaba de todo corazón que hubiese logrado escapar del tumulto y del fuego. Había perdido el móvil cuando comenzó aquella pesadilla. No podía comunicarse con Paco; no podía llamar a las chicas, ni a los bomberos, ni a nadie. «¡Piensa; concéntrate!» se dijo a sí mismo a la vez que buscaba con la mirada alguna salida. El humo lo estaba aturdiendo. Miró hacia arriba y vio en el techo a varios metros a su izquierda, algo parecido a una trampilla. ¿Conseguiría trepar hasta allí? 114 www.rbcbook.blogspot.com


Se desplazó con torpeza desde el borde de la columna hasta una de las vigas que atravesaban el inmenso techo del local. Luego, abrazado a la viga como un mono, comenzó a avanzar hacia donde estaba la ventanilla. De repente tuvo un acceso de tos que casi lo hizo caer; se aferró de nuevo al trozo de madera que lo sostenía y siguió adelante. Hacía tiempo que no se oía la música: el aire estaba lleno de gritos y alaridos, y un ruido mucho peor que era cada vez más fuerte: el rugido de las llamas. Cubierto de sudor, David pensó que nadie le había dicho nunca que el fuego hacía ese horrible ruido. Hasta entonces, él había creído que era algo silencioso; se había equivocado por completo. No sabía cuánto tiempo había pasado, hasta que por fin llegó a la altura del rectángulo que sobresalía en el techo. Se incorporó para alcanzarlo con uno de sus brazos; pero estaba demasiado alto. Decidido se levantó más hasta quedar sentado en la viga y estiró ambos brazos hasta tocar la trampilla. Esta no se movió. Casi a tientas, empujó un poco más, hasta que sintió que comenzaba a ceder. Volvió a intentarlo y la trampilla se abrió. ¡Lo había conseguido! «Todavía no» se dijo, «falta un poco más». En un precario equilibrio sobre la viga, volvió a estirar los brazos y se aferró al borde de la apertura para darse impulso y trepar dentro, cuando vio una máscara surgir desde el interior del portillo. — ¡Ayúdeme por favor! — le gritó. 115 www.rbcbook.blogspot.com


El enmascarado pareció asentir, y después cogió las muñecas del chico: en un instante David se soltó del borde y sintió con incredulidad que era empujado al vacío. Su último pensamiento antes de caer fue: «¿Por qué?»

Al otro lado de la ciudad, en el viejo psiquiátrico abandonado, las tres adolescentes escucharon otra vez la voz incorpórea en medio de la estancia a oscuras: — Habéis sido elegidas para afrontar a un formidable enemigo esta noche; pese a vuestras dudas y miedos, estáis aquí. En vuestro interior tenéis el coraje necesario para salvar las vidas de vuestros seres queridos... — ¿Está de broma? — Nina no pudo contenerse — ¡Oiga, hemos venido por el productor de cine! Nos ha mentido; así que ¡nos vamos de aquí! La voz de antes continuó, ignorando así la interrupción: — ¿Y si os dijera que un ser oscuro y depravado acaba de cruzar el umbral que conecta los mundos? ¿Y que este ser, al que los antiguos llamaban «el Demoledor», en estos momentos está a punto de aniquilar a los seres que amáis? Candela repuso: 116 www.rbcbook.blogspot.com


— Necesitamos pruebas de lo que nos está diciendo. No sé a dónde quiere llegar con esto, pero no vamos a hacer nada hasta que no nos demuestre que es verdad lo que nos dice. De inmediato surgió de la nada una esfera luminosa que se posó por encima de la mesa frente a ellas; lo que vieron dentro del círculo llenó de espanto a las amigas: los rostros de David y Paco ensangrentados y sin vida en medio de lenguas de fuego. — ¿Esto no es un truco entonces? — Ana se abrazaba a sí misma, temblando — ¿Ustedes quiénes son? ¿Y por qué nos han elegido a nosotras? — Somos los guardianes del Umbral que separa los mundos. Nosotros podemos devolver al Destructor a su sitio de origen, mediante el sacrificio de quienes lo han invocado. Las tres amigas sintieron un súbito temor: — ¿Qué quiere decir? ¿Piensa matarnos para atrapar a ese espíritu, o lo que sea? ¡Nosotras no hemos hecho nada! — dijo Nina. — ¿Estás segura? Diles entonces a tus amigas por qué no les has leído la invitación que llegó a tu nombre. Cuéntales lo que dice la postdata de tu carta, sobre un trato que hiciste con alguien. Nina se derrumbó: — ¡Yo no lo sabía! ¡Fue un estúpido juego! — ¿De qué hablas? Nina, somos nosotras, tus amigas. Cuéntanos. — Candela le cogió la mano para tranquilizarla. 117 www.rbcbook.blogspot.com


— Cierto. No debe haber secretos entre nosotras — añadió Ana. — No hay mucho que contar. Ocurrió el año pasado, cuando vosotras estabais en el campamento del instituto. Yo me quedé en casa, era la noche de Halloween y me puse a chatear en un foro de fanáticos del tema, ya sabéis: expertos en hechizos, cazadores de fantasmas, brujos, ese tipo de tonterías... Era divertido. Alguien propuso un juego donde debíamos pensar en un deseo para este año y hacer un «trato» con un espíritu poderoso para que nos ayudase a cumplirlo. — ¿Entonces? — preguntó Candela, ya que Nina de repente se había quedado callada. — Yo pedí lo de la escuela de modelos. Sacar buenas notas este año y que mi madre me dejase ir. Sabéis que es mi sueño... — No veo nada de malo en eso, oye. Es cierto que este trimestre has sacado mejores notas que otras veces, pero no tienes que preocuparte... — dijo Ana. Nina exclamó: — ¡Era un trato!, y en un trato debes dar algo a cambio. Como se trataba de un juego, no me importó. Pensé que no pasaba nada. Supuestamente el espíritu que iba a encargarse de mi deseo, hizo un pedido extraño, aunque me pareció inofensivo. Pidió que yo lo invitase a venir a Halloween este año, y lo hice.

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En ese momento se encendieron a la vez todos los cirios, iluminando dos figuras encapuchadas detrás de la mesa, que al parecer era utilizada como altar. — Vuestra amiga por ignorancia jugó con fuego, que ahora arde de verdad en la ciudad. — El que hablaba estiró las manos con las palmas hacia arriba — Ayudadnos y el Destructor no hará más daño esta noche. — ¿Y nuestros amigos? — preguntó Candela. — Puede que sea tarde para ellos; no está en nuestras manos saberlo. ¿Estáis dispuestas para el sacrificio? — ¡Un momento! Si vais a matar a alguien, debería ser yo la elegida — Nina dio un paso al frente y se secó las lágrimas con la mano. Sus amigas exclamaron negativas, pero ella se mantuvo firme ante las dos figuras que esperaban junto al altar. Uno de los guardianes habló: — Es hora. Y sacó un cuchillo de entre los pliegues de su túnica.

— ¡Eh!, ¡vosotros dos!, ¡cerramos el bar! — ¿Qué...? — una de las dos figuras acurrucadas en un rincón de la barra, con la cabeza apoyada en el hueco del brazo, se incorporó con dificultad. 119 www.rbcbook.blogspot.com


A continuación contempló al camarero que los estaba echando, con cara de incredulidad. ¡Estaban vivos! — ¡Paco! ¡Paco!, ¿me oyes? — David sacudía a su compañero por el hombro — ¡Nos hemos quedado dormidos!, ¡no te imaginas la pesadilla que he tenido! Habíamos entrado a la discoteca, y de repente se incendiaba, y yo me trepaba a una columna e intentaba escapar, pero cuando conseguía abrir una salida del techo, aparecía un tío disfrazado de demonio que me empujaba... Paco se enderezó de repente y agregó: — Yo veía a unos tíos con máscaras del diablo que provocaban el incendio; nos separábamos y después no podía respirar. Salieron a la acera aturdidos y confusos. David sacudía la cabeza al decir: — Creí que me moría ahí, en ese instante. Parecía real; jamás me había ocurrido eso antes. — ¿Los dos soñamos lo mismo? — señaló Paco — Quiero decir, con el fuego y que nos moríamos. Mira que no creo en cosas raras, pero esta noche me está dando un mal rollo que no veas... Todavía estaba hablando, cuando David a su espalda vio algo y lo interrumpió: — Ya vienen aquí. Falta Nina. Eh, tío, mírales las caras; ¿qué les pasa? Candela se acercó casi corriendo y los abrazó a ambos sin hablar; Ana, sonriendo los besó y les preguntó si estaban bien. 120 www.rbcbook.blogspot.com


— ¿Qué bicho os ha picado a las dos? , y ¿dónde habéis metido a Nina? — preguntó Paco. En aquel instante alguien se les acercó por detrás. — ¡Sorpresa! — ¡Nina! — exclamó Paco con estupor — ¿Qué te ha pasado en el pelo? Tanto él como David no podían creer lo que veían: la larga cabellera de su amiga había desaparecido, y tenía el pelo cortado casi al ras del cuero cabelludo, mostrando así su cuello frágil y los grandes ojos claros. — Cosas de brujas, con las chicas hemos hecho una poción para que os convirtáis en sapos cuando acabe la noche. Entre risas anduvieron por la acera helada, y decidieron pasar el resto de la noche en casa de Candela, viendo películas de terror y comiendo palomitas. Dejaban la discoteca para otra ocasión. Cuando se alejaban de allí, las tres amigas se miraron un instante sin decir nada: a partir de aquel momento algo había cambiado para siempre. Varias fueron las cosas que aprendieron esa noche loca de Halloween: que con los espíritus no conviene hacer tratos; que por los amigos cualquier sacrificio vale la pena, y sobre todo que si te invitan a pasar la noche de brujas en las ruinas de un viejo psiquiátrico abandonado, es mejor no aceptar la invitación.

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L

as calles, siempre tan seguras en su grisáceo esplendor, ahora estaban llenas con el taconeo de la gente yendo a los puestos de vendedores bien intencionados que ofrecían sus

bienes a cambio de poder llevarse algo a la boca. El olor del pescado, las hierbas húmedas y agrias, especias pesadas y duras se pegaban a las señoras que venían curiosas a contemplar las novedades mercantilistas y las seguían incluso dentro de sus carruajes, donde sus bolsos, notablemente menos llenos, apenas tintineaban al pasar por un bache.

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A John le parecía oírlos desde la entrada misma del mercado, llenándose los pulmones con la esencia perdida de un perfume lo bastante caro para ser durable. A veces creía ver el resto del retazo olfativo: venían acompañados de una esencia más sólida, trayendo campos de flores blancas y rosas a la memoria, mujeres de vestidos en colores discretos y rostros palidísimos. Los arreglos en su cabeza demasiado bien hechos para que nadie las confundiera con ellos o cubiertos por un sombrero ancho haciendo juego. Cualquiera de las dos, mujeres con sombreros o sin ellos, a los ojos de John importaba un único detalle, el universal que unía y separaba a las personas por igual: el dinero. Una vez aparecía (y había que estar preparado, pues de vez en cuando surgían los mirones, esos entrometidos holgazanes que nunca compraban nada y hacían a todo mundo perder su tiempo) se empezaba a identificar en cuál de las dos categorías caía el comprador. La primera eran las mujeres de esposos o padres ridículamente ricos, acompañadas por una o dos damas de compañía, quizá un sirviente, quienes sostenían el bolso despreocupadamente como si fuera un accesorio más, y no contaban nunca el cambio antes de guardarlo. Las segundas eran las matronas y las sirvientas, gente a la que se le confiaba una tarea mientras los amos estaban ocupados en sus propios asuntos, no dueñas del dinero, eran mucho más cuidadosas respecto al manejo de efectivo. Ellas sí contaban el cambio y eran perfectamente capaces de llamar a un agente del orden si éste no era acorde a sus cálculos mentales. Eran objetivos de alto riesgo, nada recomendables para unos principiantes. 125 www.rbcbook.blogspot.com


Luego existía una tercera categoría, los jóvenes hijos estudiantes, por lo general fáciles de despistar, pero tan pocos e inconstantes por esos lares que ya casi no valía la pena mencionarlos. En lo llevado de su jornada diurna, John sólo vislumbró a tres y tuvo escaso éxito con los dos. Escaso en el sentido de que la recompensa, incluso combinada, era bastante por debajo de sus expectativas. En cualquier otro caso habría sido un completo éxito porque los estudiantes jamás se enteraron del par de dedos que se deslizaban como tijeras flexibles por sus ropas para sacar el botín sin apenas rozarles los bolsillos. Para ellos sólo era otro malviviente de la calle que corría en dirección contraria hacia ellos, pelirrojo cual irlandés, narigón, sí, pero nada digno de recordarse. Al último lo había perdido de vista antes de que pudiera acercarse lo bastante. No podía regresar con los otros con esa miseria. Uno comía en la medida que aportaba y, para lo que iba a tocarle, más le valía comerse la gastada gorra que llevaba encima. Por eso estaba ahí, esperando mejores oportunidades. John tenía dieciséis años, pero no los aparentaba y trataba de emplear ese detalle a su favor tanto como pudiera. Podía pasar por un niño de trece años o incluso once, si se asumía que era un niño de once algo crecido. Cuando se soltaba el cabello y disimulaba la voz, cubriéndose de harapos, podía pasar por una vieja mujer en cualquier esquina, aunque este último recurso prefería usarlo sólo en caso de emergencia. De resto gozaba más con el contacto directo, con poner a prueba sus habilidades que casi no se diferenciaban a las de los mejores ilusionistas. Él era el único del grupo al que 126 www.rbcbook.blogspot.com


nunca habían atrapado, el único que nunca tuvo que escapar de una vociferante porra en dirección a su cabeza. Y lo mejor era que en realidad no le costaba mayor esfuerzo que el empleado por el experimentado artista al poner la primera pincelada o el escritor bien preparado al escribir la primera frase de su libro. Era algo natural en él, lo que le había permitido seguir adelante, a pesar de todo, desde su triunfal escape del orfanato a los 8 años. Secretamente, estaba muy orgulloso de ello. No obstante, sin importar lo bueno que uno fuera, la suerte sencillamente decidía eludirle. Lo veía, pura avidez y manos bien resguardadas en los bolsillos, dando vueltas a un pequeño cuchillo útil para deshacer costuras de su tirón, y decía "¿sabes qué? hoy no será tu día." Porque a medida que pasaba la tarde, los puestos comenzando a cerrarse, ningún pez parecía lo bastante apto para su caña: aquella iba muy bien acompañada, aquel tenía los ojos de un tacaño, ese era muy alto, este se tambaleaba a causa del contenedor plateado en su saco. Un saco todavía más mugriento que el suyo. Todos tenían algo, alertas potenciales imposibles de ignorar.

Aunque no le gustara reconocerlo, estaba comenzando a impacientarse. Con sólo una persona acaudalada tendría más que suficiente. ¿Por qué no venían de una vez? Casi al caer de la noche, cuando la farola en que se apoyaba fue iluminada, y empezaba a pensar que debería recurrir al vestido otra vez, por fin encontró un definitivo destello de esperanza. 127 www.rbcbook.blogspot.com


No entraba en ninguna de las categorías y Dios sabía que no se le podía ocurrir qué diablos hacía un sujeto así en el mercado a esas horas. Por un breve momento barajó la idea de que fuera un actor de Shakespeare borracho que olvidó quitarse el traje antes de abandonar la escena, pero pronto desechó el pensamiento ante el dulce tintineo a un lado de sus caderas. Pero es que además no sólo eran sus ropas complicadas y rimbombantes en blanco, negro y rojo lo curioso en su aspecto. También tenía un maquillaje animalesco excepcionalmente bien puesto: a primera vista, parecía la combinación perfecta entre los rasgos planos de un conejo y los irregulares de un ser humano algo rechoncho. Incluso se le veían un par de orejas blancas sobresalir entre la mata de cabello rubio. El hecho de que una exhibiera un espacio triangular vacío, le otorgaba un gracioso realismo. Por no hablar de los obligatorios dientes frontales que, sin embargo, no fueron impedimento para el hablar cuando el hombre-conejo sacó un reloj de plata de un bolsillo y murmuró para sí: — De nuevo se descompuso. El reloj estaba sujeto por una cadena a un brillante cinturón de cuero negro, del cual a su vez colgaba una bolsa gris enterrada entre los pliegues de tela inflada. John lo siguió de modo que no pareciera que lo seguía. Se detuvo en la sombra de un puesto ya cerrado y oyó cómo el actor despistado hablaba con uno de los pocos vendedores que quedaban.

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— Disculpe, buen caballero — dijo. Tenía una voz aguda y nerviosa−, ¿sería tan amable de venderme algún pan o pescado? El vendedor, un hombre con más arrugas por el sol que por la edad, le dirigió una mirada de discernimiento. La calidad de las ropas hablaba de cierta riqueza, o al menos eso habrían dicho en otras circunstancias. Ahí sencillamente eran tan ridículas como perlas en una porqueriza. — Llega tarde — dijo con un gruñido —. Si eso buscaba debió haber estado aquí durante la mañana. Ahora todo el pan está duro y el pescado no sirve. — ¿No es de mañana? — preguntó el hombre-conejo, el más que distraído actor. El hombre esperó, no se sabe qué cosa, mientras su interlocutor aguardaba a su vez una respuesta, mirándolo con sus ojos rosados. Por fin el hombre entendió que si quería librarse de ese estorbo, no lo haría callándose. — No. El hombre-conejo suspiró. — Bueno, eso es una desagracia. Se rascó la cabellera rubia, la única parte enteramente humana de su disfraz. John vio que le faltaba un dedo y los demás iban cubiertos por guantes blancos de cabritilla. ¿De qué clase de teatro se podría haber escapado ese fenómeno para andar exhibiendo semejantes lujos? El hombre-conejo miró al cielo oscuro y los pelos encima de sus cejas blancas se contrajeron. La verdad, 129 www.rbcbook.blogspot.com


no era difícil confundir esa noche temprana con la madrugada, pero la falta de actividad reinante, debería haber sido una pista más que suficiente. Así pareció tomarlo el hombre-conejo, que se resignó a dedicarle un "gracias por su atención, de todas formas" antes de comenzar a alejarse del puesto. El vendedor sacudió la cabeza, incrédulo. John aguardó unos momentos y siguió el mismo camino empedrado.

Las calles estaban prácticamente vacías. Dos carruajes pasando cerca levantaron las orejas de conejo. La pequeña nariz rosada se meneó, agitando los bigotes. "Quien sea que le haya puesto ese disfraz"…, pensaba John, atreviéndose apenas a ver entre mechones de pelo suelto,…"es un verdadero genio. Me pregunto cómo habrán hecho esos zapatos peludos. Ni siquiera hacen ruido al caminar." De hecho, en tanto reducía los sonidos a su alrededor, mejor comprendía que el actor no causaba ninguno por su cuenta, excepto el constante chequeo del reloj plateado: Llegué tarde por tu culpa. John sacó el pequeño cuchillo, manteniéndolo oculto en la manga. Las ventanas de las casas estaban cerradas y bien cubiertas por cortinas. Como siempre, John se obligó a ver el futuro. Acercarse por la esquina, chocar, cortar, salir corriendo. El tintineo inevitable, el actor gritando por el ultraje. Familias cenando o relajándose después de ella, lentas en abrir ventanas y puertas para saber qué sucedía. Conocía esa zona, la había recorrido cientos de veces en su vida y se sabía de memoria sus secretos. El actor caminaba con 130 www.rbcbook.blogspot.com


cierta vacilación, obviamente perdido, por lo tanto no serviría como competencia. Sería mera cuestión de velocidad. Pero justo antes de que desapareciera él por la esquina, lo vio correr en un callejón al otro lado de la calle. De repente estaba ahí y al siguiente alargaba la distancia entre botas peludas hasta desaparecer. “¿Y ahora qué?”, se preguntó John. Las orejas de conejo desaparecieron. "Curioso aparato. Debe estar activado por alambres en su ropa." Un tiempo prudencial más tarde, John se aproximó. Si veía amigos del actor no tendría otra opción que mendigar frente a la iglesia para asegurarse algún almuerzo. Debería haber actuado antes, pero ya no era sólo el deseo por poseer la melodía de las monedas lo que lo impulsaba. Lo había dejado avanzar porque en el fondo quería averiguar adónde iba, qué haría a continuación aquel hombre extraviado. La consciencia del hecho le llegó cuando se encontró pegándose a la pared, buscando ruido de tacones o lo que fuera. Se estaba tomando demasiadas molestias por un sencillo trabajo. Y aun así no todos los días se asistía gratis a un espectáculo tan bien elaborado. El callejón acababa en la pared de un jardín amplio. A menos que el hombre saltara tan bien como el animal que personificaba, ese sería el fin de su paseo. Sin embargo, por más que John forzó su oído no percibió nada. Ni siquiera el roce de las ropas, lo que habría tomado como algo seguro considerando el traje. Salió al paso. Lo único que había era la tapa de un alcantarillado fuera de lugar. 131 www.rbcbook.blogspot.com


No podía haberse ido por ahí, ¿o sí? Al caminar más cerca obtuvo una respuesta: una moneda de oro brillaba justo al lado. La tomó con mano rápida y la examinó. No era como ninguna moneda que él hubiera visto. Parecía un simple botón de oro al que hubieran olvidado hacerle los agujeros. Estaba completamente liso en las dos caras. "Bueno, sea como sea, es oro." O al menos eso creía. Probó a darle una mordida como veía hacer a Jules cada vez que tenía dudas. Aparentemente sólo el oro podía resistir la fuerza de los dientes. Pero la moneda que tenía entre sus dedos se dobló con toda facilidad y dos sabores rozaron su lengua. Uno era chocolate, el otro... No sabía lo que era. Parecía una especie de envoltorio metalizado, pero se partía y manejaba con la misma docilidad que un papel. Lo hizo una bolita entre sus dedos y ahí notó la dureza de la material pinchándose. Jamás había visto algo parecido. Peor fue cuando vio al resto. ¡Toda la maldita moneda estaba hecha de chocolate!, no valía ni el penique más miserable, no con una mordida así. Tanto esfuerzo, a la basura. El fracaso podía tolerarlo. Esa estafa no. Le dio una patada a la tapa del alcantarillado y se inclinó hacia ella. No eran más que sombras superpuestas ahí abajo. — ¡¿Ya te divertiste, maldito demente?! — gritó. Esperaba ver al menos un asomo de oreja blanca, así que se aproximó más. Quería verlo para poder arrojarle su bromita metalizada a la cara. — ¿Te parece gracioso aparecer como 132 www.rbcbook.blogspot.com


un fenómeno en el mercado, demonio? ¡Ojala este sea el camino al manicomio y ojala te pudras ahí junto a tus asquerosos dulces! Nada. — ¡No eres más que un maldito cobarde! — le gritó a la negrura, apoyando la mano en el borde. — ¡Te crees muy valiente dando un paseo con semejante disfraz, pero no para venir a enfrentarme, ¿eh?! ¡He conocido ratas más valientes que tú, pobre intento de conejo mal confeccionado! Seguía sin haber respuesta. Poco a poco se dio cuenta de que no salía ningún olor de la alcantarilla cuando normalmente la peste debería haberlo echado atrás hacia tiempo. Eso no tenía sentido. Nada de todo el asunto lo tenía, acabó decidiendo. Deformó el chocolate en un puño antes de dejarlo caer al agujero. Que le aprovechara el chocolate mezclado con su raro papel. Había malgastado un tiempo valiosísimo con ese malnacido. Si se iba a casa ahora quizá daba con una pareja dando un último paseo nocturno. Comenzó a levantarse cuando se dio cuenta de que no podía cerrarse sus dedos del borde. Es más, no podía ver el borde de sus dedos. El resto de su mano fue atraída como un clavo a un imán y desapareció de su vista sin que pudiera hacer nada al respecto. John quiso impulsarse hacia atrás con los pies, pero no consiguió mantener el equilibrio necesario y la presión del agujero le hizo resbalar, sumergiéndolo en el oscuro agujero.

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Momentos después de que su presencia hubiera desaparecido, la tapa de alcantarilla se levantó en el aire y al caer, selló limpiamente la base.

La criatura había llegado hacía... ¿ya había pasado dos semanas? Pumpkin no estaba seguro al respecto. De todos modos no importaba. Podría haber seguido mirándola por horas y nunca dejaría de ser interesante. Jamás había visto algo parecido. Conceptos como "bello", "atractivo" o "hermoso" no entraban en su descripción mental de la criatura, pero le atraía su extravagancia y eso era un hecho. Lo encontró de casualidad una mañana en que se dirigía a su huerta a recoger las calabazas de la temporada. Las ramas desnudas de los árboles se extendían como dedos cadavéricos al apacible cielo, y era divertido saltar sobre las hojas secas del suelo. No había tenido ideas repentinas ni sueños desconcertantes por la noche, de manera que se encontraba de buen humor cuando lo encontró. La criatura estaba en cuclillas a orillas del lago, extendiendo las manos en un cuenco para beber sus aguas. Por supuesto, había oído los rumores. Una bestia extraña robando los huevos de los cuervos sin siquiera tener la cortesía de pedirlos antes. Algo que cazaba las frutas que por derecho les pertenecían. Pero los cuervos decían muchas cosas llevados por el dramatismo y hacía tiempo que Pumpkin había dejado de tomarlos en serio. Ni siquiera haciéndolo podría haberlo preparado para una visión así. 134 www.rbcbook.blogspot.com


Su piel era extrañamente blanca o al menos blanca en un sentido rosado que le era totalmente desconocido. La ropa era simple y estaba en mal estado, sucia y rota en algunos puntos. Los pantalones sujetos por una cuerda gastada. Lo que más le llamó la atención, sin embargo, fue el cabello largo y rojo que caía como un telón cada vez que la criatura se inclinaba. Parecía suave, sin duda mucho más suave que su negro cabello pajizo, y quiso acariciarlo. En cuando el ser se levantó supo que él era un poco más alto. Se parecía al resto teniendo brazos y piernas en su número acostumbrado, y a la vez era completamente diferente de una manera que no podía definir. Se quedó fascinado viéndole desde detrás de un tronco. Lo observó quitarse la ropa y empaparse la espalda manchada con pequeños puntos marrones. La curiosa pelusa rojiza de sus miembros. Lo escuchó suspirar de satisfacción después de haber lavado sus ropas contra una roca y ponérselas. Lo siguió mientras se dirigía al lugar donde comía y dormía, donde lo esperaba la hoguera apagada. Al caminar la criatura rompía ramas y hojas, por lo que nunca escuchaba los pasos ligeros y premeditados de Pumpkin justo detrás. Lo vio todo permaneciendo oculto, invisible, hasta que el cielo se volvió de un azul estrellado y el ser se acurrucó sobre sí mismo para dormir calentándose por las llamas moribundas. Lo siguió viendo incluso momentos después de que todo fuego se hubiera apagado. Lamentó el momento en que tuvo que irse a casa.

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Fue así como comenzó. Se levantaba de la cama, tomaba un desayuno acelerado e iba al encuentro del ser sin jamás permitir que este supiera de su existencia. Era mejor así. Todos los días, un espectáculo distinto que sólo él seguía con la devoción de un verdadero fanático. Cada cosa, por más pequeña y simple que fuera, le encantaba invariablemente. Y a veces sentía una opresión en el pecho y apenas podía respirar pensando que al día siguiente no estaría, pero ahí continuaba y el mundo volvía a girar sobre su eje. El día anterior le había visto descubrir que las frutas empezaban a escasear en el sitio de donde acostumbraba tomarlas y los nidos de los cuervos empezaban a evitarlo. Presenció su intento fallido de cazar un cuervo adulto que, lejos de caer en su trampa, le dedicó los graznidos más groseros que nadie hubiera oído. Incluso a sus oídos llegó el sonido de sus tripas rugiendo o supuso que eso sería considerando la expresión angustiosa que la criatura esbozó. Eso, definitivamente, le pareció horrible. No le quedaba nada bien semejante emoción a aquel rostro. Por primera vez Pumpkin abandonó el escenario antes de que la función acabara y regresó a casa estirando sus delgadas piernas, evitando tocar las hojas por instinto. Todavía tenía un buen par de calabazas en la despensa. Empleó el resto del día y parte de la noche en preparar una tarta con ellas, de manera que a la mañana siguiente el resultado conservaba algo del calor cuando lo puso al alcance del ser hambriento, por ahora dormido, para después ocultarse. Esperaba que le gustara su regalo. 136 www.rbcbook.blogspot.com


John había tenido tiempo de pensar y meditar muy bien su situación una vez llegó a ese extraño lugar. Ya sabía, fuera de toda duda, que estaba en un bosque inmenso y que era ridículamente sencillo acabar dando vueltas en él sin darse cuenta. Se había resignado a que eso no era una pesadilla, no era un sueño, y que sus opciones eran aceptarlo o perder la cabeza. Había desgarrado su garganta llamando por socorro para sólo obtener un montón de quejas por parte de los cuervos que, ahora podía aceptarlo mejor: ¡hablaban! Conversar con ellos fue tan inútil como dirigirse a los árboles. Para ellos él era un desconocido, y peor, un desconocido potencialmente peligroso que podía robarles los huevos, por lo tanto tomarían tanta distancia como les fuera posible. Aunque le habría gustado por lo menos tener con quién hablar, él se alegró un poco. Antiguamente no sabía que los cuervos fueran tan desagradables. La idea de comer huevos no se le había siquiera ocurrido hasta que ellos lo sugirieron y desde entonces tuvo un desayuno diferente a las bayas. Sus manos veloces y métodos de distracción aprendidos en las calles de Londres le habían venido como anillo al dedo para la ocasión. Sin embargo, aunque en gran medida se estaba adaptando a su nuevo ambiente, una semilla de inquietud nada fácil de ignorar comenzaba a corroerle. ¿Qué si a eso se reducía el resto de su vida, deambulando por un bosque infinito, sólo, agarrándose a los frutos de la tierra para tener algo que llevarse a la boca? ¿Qué sería de él entonces? Estas y otras ideas adquirían cada noche 137 www.rbcbook.blogspot.com


forma más definida, y aunque yacía con los ojos cerrados, apenas conseguía dormir. Como si no tuviera otros asuntos de los cuales preocuparse... Al levantarse fue que encontró la tarta. Al principio creyó que sería una trampa de los cuervos, una tarta envenenada, qué conveniente, cuando se le estaba acabando el sustento. Pero luego de ver a unos jóvenes cuervos comer sin problemas un pedazo abandonado sobre un tronco, no discutió más su buena suerte y comió golosamente. Pasó de vacío a lleno por primera vez en su vida. El hecho siguió repitiéndose, a juzgar por la cantidad de veces que se puso el sol, un mes. A veces no era una torta sino muffins o galletas lo que le esperaba, pero el valor siempre era el mismo: desconocido para él. Su color era el de la naranja sin tener el sabor de una, aunque siguieran dulces. De vez en cuando traían lo que parecían semillas en su interior y eran deliciosas. Una vez, al expresar en voz alta su deseo de tener más semillas para comer, encontró a la mañana siguiente un frasco lleno de ellas. Ni tenía idea de a qué se debían ni le importaba mientras continuara así.

Hasta que la temporada de caza dio inicio, y obviando ciertos detalles nocturnos, estaba feliz con su situación.

Cuando volvió a abrir los ojos estaba mirando el techo de una cueva. Los cerró para dar un repaso a sus últimas memorias. Estaba huyendo de un 138 www.rbcbook.blogspot.com


horrible hombre que insistía en tomarlo por un pato, enarbolando la escopeta, cuando saltó encima de un arbusto y el mal aterrizaje causó que se golpeara la cabeza contra una roca. Se tocó la zona; tenía una venda encima. Se irguió de golpe. ¿Un hospital? No, era una cueva. Grande, amplia, y él sobre una cama estrecha de asombrosa suavidad. Había otros muebles de tosca madera oscura alrededor y alguien lo observaba desde una esquina. Llevaba una bolsa de papel cubriéndole la cabeza y jugueteaba con sus manos, cubiertas por unos gruesos guantes de lana. No parecía en lo absoluto dispuesto a convertirlo en trofeo sobre su chimenea, pero de todos modos John exigió saber quién era. Al oírle, en lugar de responder, el joven prefirió extenderle una bandeja que estaba en la mesa a su lado. Se derramó un poco de sopa naranja en el proceso, pues el joven no podía ver exactamente donde estaba su regazo y lo buscaba moviéndose sin gracia. Si el color no fuera evidencia suficiente, el olor acabó de confirmárselo: había encontrado a su cocinero misterioso Le preguntó su nombre. No recibió más que respuesta el crujido de la bolsa de papel cuando la cabeza negó. John le insistió que no fuera un tonto y se mostrara de una vez. Dijo que ese juego de las máscaras era una grosería y para qué diablos se molestaba en cuidarlo si luego iba a insultarlo así. El huesudo joven se echó a temblar momentos antes de quitarse lentamente los guantes de lana. Entonces John supo que el joven tenía los dedos doblados dentro de los guantes porque eran el doble de largos y delgados que lo que la 139 www.rbcbook.blogspot.com


prenda podía cubrir. Puntiagudas uñas negras brillaron en la opaca luz cuando, todavía temblando, muy lentamente el joven se despojó de la bolsa de papel. Entonces John vio los mismos ojos huecos y oscuros que le había parecido ver más de una vez y eran la causa de todas sus pesadillas. Los vio al completo, acompañados de la boca demasiado larga cosida, las lágrimas de sangre debajo, la pequeña nariz respingona en medio y todo en un rostro que más parecía una máscara hecha exclusivamente para espantar. De haber sido una dama de una novela, ese habría sido el momento en que John suspirara del puro terror antes de desmayarse. Pero como no era su caso, se echó hacia atrás en la cama y cayó por un costado hacia el duro suelo. El tiempo que tardó en levantarse -sus piernas parecían haberse convertido en agua- el monstruo lo aprovechó para acercarse y abrir la boca cosida, estirando los hilos negros en su máxima tensión. La voz era baja y bastante más ronca que cualquier que hubiera oído. Ahí fue cuando reparó en el par de heridas perpendiculares que rodeaba el cuello: por entre ellas salía el aire silbando. De haber querido ver algo más habría identificado la expresión tristona de la máscara. — Amigo — decía el monstruo, haciendo gestos tranquilizadores con sus manos cadavéricas. — No quiero hacerte daño. Regresa a la cama, por favor, y no tengas miedo. Amigo, no enemigo. ¿Sí, por favor? — Aléjate de mí — dijo John, paralizado. Con los pies como hierros logró desplazarse hacia la salida, por donde entraba la luz solar a través de unas 140 www.rbcbook.blogspot.com


cortinas floreadas. Esos ojos que le seguían en la oscuridad continuaban siguiéndolo ahora —. A-aléjate de mí. Te lo advierto. — No, no, no, por favor — masculló la criatura, retorciéndose las manos. Las cejas, remarcadamente negras, se inclinaron más hacia los lados. Ninguna marca de expresión, ninguna señal de movimiento perturbaba a la cambiante máscara. Había suplica en su voz y eso hasta John pudo advertirlo. —Por favor, no te vayas. — ¿Para qué? ¿Para que puedas comerme al fin? — Cada palabra le salía más firme y punzante que la anterior. La debilidad de la criatura le estaba permitiendo aflorar su furia por tantas noches en desvelo —. Por eso has estado espiándome en el bosque y alimentándome, ¿no es así? ¿Fue tu idea enviarme al loco de la escopeta o fue un accidente conveniente?

— No, no, no, no — dijo el monstruo y se agarró la cabeza, como si quisiera volverse sordo —. No es verdad. Yo nunca haría eso. Nunca te haría eso, ¡nunca! — Lo miró un instante antes de forzarse a mantener la vista en el suelo —. Yo... sólo quiero ayudar. No quiero lastimarte. Nunca te haría daño. Por favor. Su patetismo le dejó desconcertado unos segundos. — ¿Y de verdad piensas que voy a creerte? — preguntó y un tenso silencio lleno el aire. A cada segundo que pasaba la criatura se encogía más

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contra sí misma. John vaciló y dio un paso al frente. El cuerpo del monstruo tembló —. ¿Por qué me espiabas en el bosque? Habla claro. — N-no lo sé. N-nunca había visto a alguien como tú por aquí y-y creí... — ¿Qué? ¿Qué haría un buen aperitivo? — ¡No! C-creí que quizá podríamos hablar y entonces... quizá podríamos ser... amigos. El primer impulso de John fue echarse a reír por semejante ingenuidad pero luego pensó en esa cosa tocándole y lo reemplazó el asco. Llegó a esbozar una mueca extraña a medio camino entre ambos antes de darse la media vuelta y echarse a correr fuera de la cueva.

Le tomó una semana regresar. Los cuervos le habían indicado el camino una vez que les describió al monstruo. Así supo que su nombre era Pumpkin y, por la forma en que hablaban de él, le tenían un gran cariño. “Recuerdo una vez que me ayudó a encontrar a mi pequeño…”, “nos construyó refugios durante las lluvias…”, “nunca dice más que una o dos palabras, y a veces ni eso, el pobrecito es muy tímido…” No callaban. Hablaban planeando alrededor suyo. Pumpkin era el único en quien confiaba Hitch, el joven zorro soberano de esos lares, y por lo tanto tenía autoridad para gobernar en su nombre. Cultivaba calabazas y siempre les dejaba una mitad de la huerta para que picotearan a placer. Hitch era un zorro viajero, de modo que la mayor parte del tiempo Pumpkin se la pasaba solo en su cueva. Había un pueblo en los límites 142 www.rbcbook.blogspot.com


del bosque (el cual efectivamente estaba lleno de telarañas mágicas desorientadoras) adonde Pumpkin iba a bailar en cada festival que celebraban. Nadie que los cuervos hubieran visto antes podía bailar tan bien, con tanta gracia, tanta precisión y belleza sobre un escenario. Y lo mejor de todo era presenciar la cara de felicidad que se le ponía en esos momentos, como si nada más en el mundo pudiera causarle mayor placer que seguir la música con su cuerpo. En tanto los cuervos soltaban anécdotas halagadoras tras otras, John volvía a pensar en las noches en que se supo observado y logró ver efectivamente un par de hoyos oscuros al costado de un tronco, entre las ramas de un arbusto, observándole desde la distancia. Sin nunca hacer otra cosa que esperar a que se durmiera para dejarle dulces hechos de, ahora se enteraba, calabazas. No, no lo perdonaba por ese terror, el espanto y las ideas horribles que convirtieron sus noches en auténticas pesadillas. Sin embargo, después de una semana con sus pensamientos como única compañía -amigo, no enemigo, ¿sí, por favor?-, estaba dispuesto a admitir que no pasó nada más que eso, un susto. Cuando finalmente llegó, Pumpkin estaba sentado a la mesa mirándose las manos. Al verlo su máscara de tragedia griega se transformó en una de estupefacción. Rápidamente bajó la vista, la boca fruncida y las cejas bajas. Deseaba evitar espantarlo otra vez. Por un largo e insoportable rato John no su-

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po hacer otra cosa que apretar y aflojar sus puños. Las disculpas nunca habían sido su fuerte. No había tenido que darlas antes. — Creo que será mejor si empezamos desde el cero — dijo, tomando la silla de enfrente−. Mi nombre es John, mucho gusto. — ¿Tú…— las marcas en su cuello se movieron al tragar —…tú quieres quedarte,… John? John le dio una larga mirada. Continuaba resultándole incómodo verle, eso desde luego, pero no tanto. Al fin y al cabo sólo era muy feo y sería una estupidez echarle la culpa al respecto. Observó el exterior enmarcado por las cortinas de flores. — No tengo ningún otro lugar al cual ir.

Al principio Pumpkin le cedió su cama mientras él dormía en un rincón oscuro, encima de un montón de mantas viejas, y John se sintió aliviado porque lo hiciera. Las primeras noches, no obstante, a pesar de que no podía verle en lo absoluto, era consciente de que se hallaba en el mismo espacio, tan cerca que fácilmente podía deslizarse sobre las delgadas piernas y extender los esqueléticos dedos en su dirección, y se quedaba con los ojos abiertos vigilando ese punto, dispuesto a saltar a la menor vista del traje de una pieza blanco sucio que usaba. Lo hacía durante la madrugada y seguía hasta la mañana, cuando el sol inundaba la cueva y aparecía claramente la figura alargada hecha un ovillo en su sitio, abrazándose las piernas y los ojos de la máscara una mera línea cur144 www.rbcbook.blogspot.com


vada. Luego, supuso que por cansancio y costumbre, la vigilia comenzó a desgastarse y una noche durmió de un tirón, habiéndole dedicado una sola mirada antes de darle la espalda. La cama era muy cómoda. Durante el día Pumpkin se encargaba de mantener limpia la cueva, la ropa de ambos, y hacer las tres comidas del día. Cocinaba en un horno de piedra al lado de su hogar; los pasteles que dejaban tan justos los pantalones además de pizza y una carne extraña de color morado que John prefirió no saber de qué era. La cueva resultó ser la mera entrada a un laberinto subterráneo, dividido en “habitaciones”, cada una destinada a un propósito particular. Así había una habitación de música (con instrumentos reales que ninguno de los dos sabía tocar), una habitación de dibujo, una habitación armario, una habitación de la frescura (siempre estaba fría), una habitación contra el frío (siempre caliente) y una habitación acuática llena de agua fresca, entre otras. Pumpkin decía que la mayoría de los objetos se los traía Hitch de sus viajes porque sabía lo mucho que le gustaba. Una noche John vio a Pumpkin prepararse el lecho y espontáneamente dijo: — No hace falta que hagas eso. Pumpkin se giró a verlo. Ahora John sabía que no sólo era cuestión de timidez, que la razón por la cual Pumpkin apenas abría la boca era porque le avergonzaba el sonido que hacía su cuello.

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— Me refiero a que no tienes que dormir ahí. Esta es tu cama de todos modos. Siéndote honesto, me siento un miserable siendo el único que la usa — Pumpkin le mostró una ancha sonrisa y encogió los hombros. Por supuesto que no le importaba. John dudó antes de agregar: — ¿Seguro? Puedes venir si quieres. A mí no me molesta. Eres muy delgado de modo que ni siquiera ocupas mucho espacio. Ninguno pudo dormir en seguida, tratando de comprender ese nuevo cambio. John se dejó vencer primero, conservando aquellos hoyos insondables como su última visión. Antes había creído que eran fríos y huecos, y probablemente en cualquier otra cara lo parecerían, pero últimamente se estaba dando cuenta de que las sensaciones que le causaban los de Pumpkin eran de calor y cobijo, algo que ninguna mirada humana que él conociera había conseguido. Pumpkin le despejó la frente cuando perdía la consciencia y John se inclinó medio dormido ya, hacia el toque, acomodándose. Se durmió con sus dedos comenzando a explorarle el cabello.

Hitch llegó un día de verano. Era un joven-zorro, no joven zorro como John había asumido. Igual que al hombre-conejo era evidente que le gustaban los trajes de época, aunque el suyo era menos ostentoso y de colores dentro del rango del verde y azul. Fue muy amable, casi solemne, mientras Pumpkin los presentaba. A pesar de ser un rey no exigía un trato real, resultaba fácil hablarle. Tras haber escuchado la historia de cómo John llegó a esas tierras 146 www.rbcbook.blogspot.com


identificó al hombre-conejo como Nipe, el cual se suponía debería haber comprado el pan y pescado para él, pero como el idiota vivía haciéndole arreglos a su reloj confundía constantemente los tiempos, y preguntó si ya sabía que ese pasaje era de dos lados. — ¿Qué quieres decir? — cuestionó John. Pumpkin comenzó a darle vueltas a la taza en sus manos. Hitch comía las galletas de calabazas sin ton ni son, y no se molestó en tragar antes de contestarle. De su hocico rojizo caían migajas y pedazos de semillas. — A que puedes regresar a tu mundo cuando quieras. Aunque no me extraña que no lo supieras porque se supone sólo Nipe y yo tenemos el poder para abrir las puertas, y Nipe nada más porque yo se lo concedí. Podemos ir ahora mismo si quieres. Será un placer. Que hayas llegado aquí fue una simple equivocación que, en realidad, debería ser corregida cuanto antes — Se levantó —. Vamos. John también se irguió. — ¿Es de verdad así de sencillo? — Es de verdad así de sencillo. De veras de veritas — sonrió ladino —. El mero hecho de que hayas sobrevivido tanto tiempo aquí es extraordinario. Alguno de los del pueblo ya debería haberte puesto la mano encima y tú y yo no estaríamos hablando ahora. — Yo no tuve nada que ver al respecto. Eso fue por Pumpkin. Él los mantuvo alejados. 147 www.rbcbook.blogspot.com


Hitch dirigió una mirada al susodicho, quien al levantar la vista se convirtió en la pura imagen de la tragedia. A John le estrujó el corazón verlo. Los chispeantes ojos de Hitch se suavizaron. — Sabes que no pertenece aquí. Si permanece más tiempo su envejecimiento se acelerará peligrosamente y tendrá suerte si llega a los treinta años luciendo como un anciano de cien. Un año en este sitio para su cuerpo son siete. Cinco, si hace dieta y ejercicio. Era la primera vez que John oía algo parecido. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Cuatro meses, cinco? ¿Cuánto había envejecido sin saberlo? — Nunca me dijiste eso — acusó a su amigo. — ¿Y de qué te habría servido que te lo dijera? — intervino Hitch, arqueando una ceja peluda —. Te habría espantado inútilmente ya que él solo no puede remediarlo. Dime muchacho, ¿cuántos años tenías cuando llegaste? — Dieciséis. — ¿En serio?, yo te habría dado trece. En fin, sólo significa que estamos a tiempo. No ha pasado nada que el crecimiento natural no vaya a arreglar en el futuro. — Eso es un alivio — dijo John, sarcástico, puesto que le habría gustado crecer rápidamente dada la opción. Sólo que no hasta el punto de tener el cuerpo oxidado y viejo a los treinta. Un sonido de crack lo sobresaltó. Pumpkin había dejado caer su taza al suelo. Generalmente él era cuidadoso con sus dedos. 148 www.rbcbook.blogspot.com


— Lo siento — dijo y echó la silla atrás —. Yo lo limpio. Tengan cuidado con los pedazos. Se dejó sumergir en la parte oscura de la cueva, seguro en busca de la habitación de la limpieza donde guardaba las escobas y palas. John se volvió al joven-zorro. — ¿No hay manera de que pueda quedarme? — ¿No quieres volver a casa? — ¿Cuál? Nunca he tenido una casa. He estado amontonado entre huérfanos toda mi vida. Escapé del orfanato y me hubiera escapado también de ahí de haber sabido que podía hacerlo. No quiero regresar a eso, pero tampoco deseo envejecer. Hitch se tocó la puntiaguda barbilla, mirándole de arriba abajo. — Tal vez haya una forma. Podrías volver de la misma forma en que Pumpkin lo hizo, aunque te aseguro que no es fácil. — Escucho. Hitch buscó por la habitación y acabó dirigiéndose a una repisa reciente. John sintió que se sonrojaba cuando vio al rey tomar su último intento penoso de hacer una linterna de calabaza con figuras como las de Pumpkin. Él le había dicho que probara primero con un motivo sencillo y John pensó que no hubiera nada más sencillo que una cara feliz. Pero el cuchillo y la gruesa corteza confabularon para impedirle realizar cualquier línea redondeada, de modo que acabó con dos triángulos desiguales por ojos y una espantosa mueca 149 www.rbcbook.blogspot.com


en lugar de sonrisa. Si no la destruyó fue sólo porque Pumpkin insistió en que le encantaba y quería prenderla cada noche antes de dormir.

Todavía

conservaba una vela a medio derretir en su interior. Hitch la encendió con un soplido y con otro la apagó. La dejó en sus manos. — Esta, ahora es una calabaza especial. Cuando vuelvas a tu mundo y tengas un momento de soledad, póntela en la cabeza. — ¿Como un sombrero? — Quiero decir que la calabaza debe cubrir tu cabeza completamente. Úsala como si fuera parte de un disfraz. Después morirás. — ¿Qué? — Tu cuerpo morirá en aquel mundo, pero gracias a la calabaza volverás aquí en una nueva forma. Te habrás convertido en un habitante más. Puede que sufras algún problema de memoria y desequilibrio mental — agregó casi a regañadientes — pero seguirás siendo tú en esencia. — ¿Eso fue lo que le pasó a Pumpkin? — ¿De dónde crees que salió la máscara? John abrió la boca. Justo en ese momento apareció Pumpkin llevando los elementos de limpieza y se puso a recoger los trozos de la taza. John dejó la imperfecta linterna sobre la mesa y se le quedó viendo. Era horrible pero Pumpkin decía que le gustaba. Eso debería ser suficiente.

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S

onaron dos golpes en la puerta. Abrí los ojos y me descubrí frente a la pantalla del ordenador portátil. Me había dormido. Consulté la hora en el escritorio, las 00:30, era tarde, hacía

un buen rato que mis parpados se habían cerrado. Tal vez hubiera prolongado el sueño hasta la mañana de no haber escuchado los golpes, dos llamadas secas sobre la superficie de madera de la puerta. Comprobé

la hora, sí: treinta

minutos sobre la media noche. Después miré a través de la ventana del pequeño ático que me servía de estudio: sólo tinieblas, el cielo completamente cubierto no mostraba ni una sola estrella. Debía haber soñado los sonidos, nadie iba a venir hasta mi puerta a esas horas. En realidad no esperaba visitas a ninguna hora, había alquilado la cabaña escondida entre el bosque y las montañas para aislarme del mundo. A la vivienda más cercana se llegaba tras cinco kilómetros 153 www.rbcbook.blogspot.com


a través de un camino de tierra por donde apenas cabía un coche. Ocho o nueve kilómetros más allá, aparecía una pequeña población de una docena de casas. El resto, árboles, rocas y dos riachuelos. Nadie podría haberse tomado la molestia de recorrer todo ese dificultoso trayecto para aporrear la puerta de mi cabaña. Había imaginado los ruidos. Me desperecé y decidí concentrarme en la pantalla del ordenador y releer lo escrito antes de acostarme. No me llevaría mucho tiempo, tan sólo había conseguido un par de malos párrafos. La novela avanzaba despacio, demasiado despacio, no lograría terminarla antes de las nieves, antes de quedar aislado en aquel remoto lugar. Caí en la cuenta de que Octubre había terminado, justo eran las doce de la noche. Sonaron dos golpes y sentí un escalofrío. Lentamente giré la cabeza hacía el hueco de la escalera. No cabía duda, alguien había llamado a la puerta. Sin poder evitarlo imaginé una mano temblorosa y pálida y sus nudillos estrellándose en las tablas de madera de pino. ¿Quién podía llamar a mi puerta a esas horas? Permanecí durante unos segundos interminables mirando hacia la escalera que conducía a la planta baja y la entrada. Traté de convencerme de que me equivocaba, no había nadie afuera, nadie llamaba. ¡Era imposible! Entonces me percaté de que era la noche de Halloween. Con cierto alivio pensé en un puñado de niños disfrazados de esqueleto, de diablo y de brujo, más graciosos que aterradores, que aguardaban impacientes mi aparición. En sus manos sostendrían unas bolsas deseosas de 154 www.rbcbook.blogspot.com


recibir sus caramelos, ¡truco o trato!, ¡truco o trato! Pero eso era imposible en aquel lugar. Ningún niño iba llegar hasta mi cabaña, en la media noche para pedir unos caramelos. Tal vez algún bromista del pueblo, alguien con el humor suficiente para emplear un buen esfuerzo y un considerable tiempo en llegar hasta aquí, y con la única intención de burlarse del extraño escritor que una vez a la semana pasaba ante sus casas, silencioso y pensativo, para comprar provisiones con las cuales sobrevivir otra semana. Con humor y templanza

suficiente para recorrer todo ese camino oscuro y

silencioso en la noche donde los espíritus son libres. Con un estremecimiento recordé haber leído tiempo atrás que ese era el origen de la festividad de Halloween, disfrazarse para confundir a los espíritus que vagaban esa noche por el mundo de los vivos, hacerles creer con el disfraz que eras uno de ellos, uno de esos malvados espíritus errantes. Sonaron dos golpes en la puerta. Ahora, había una evidente urgencia en el sonido. Quién fuera que aguardaba al otro lado de la puerta comenzaba a impacientarse. Había golpeado con más fuerza, con más rapidez, el mensaje era inequívoco: sé que estás ahí, abre de una maldita vez. Sentí un sudor frío que recorría mi espalda. ¿Quién? ¿Quién aporreaba la puerta? ¿Quién aguardaba al otro lado? Ante mi sorpresa me puse en pie y me dirigí hacía la escalera.

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Recordé el poema de Poe: es alguien que viene a visitarme... sólo eso y nada más. Sí, abriría la puerta y el misterio desaparecería. Descubriría al bromista, a un amigo que no esperaba, a una joven perdida y aterida... sólo eso y nada más.

El crujido de las estrechas escaleras de madera bajo mis pies me pareció insoportable. Me sentí como uno de los personajes de una película de terror descendiendo hacia el sótano donde lo aguarda el horror. Siempre me pregunté por qué lo hacían, por qué seguían cuando era evidente que se encaminaban al desastre. ¿Acaso no actuaba yo ahora de la misma forma?

Me detuve en

mitad de las escaleras con la mirada fija en la puerta de entrada. No tenía ninguna obligación de abrir, podía volver al ático, regresar a mi novela y olvidarme de esa llamada imposible. Sólo se escuchaba mi respiración. Sí, debería volver arriba. Sonaron tres golpes furiosos. Se me encogió el corazón, de algún modo intuí algo profundamente espantoso detrás de aquellos sonidos. Sentí el impulso de correr al ático y esconderme en el armario. No lo hice, un hombre de treinta y tres años no debe comportarse como un niño y huir cuando alguien llama a su puerta en mitad de la noche. Tenía frío y la camisa empapada por el sudor. Con gran esfuerzo des cendí un escalón sin poder apartar la mirada de la puerta. Después otro, la escalera crujía como si fuese a partirse a cada paso. Me quedé quieto, aterrado 156 www.rbcbook.blogspot.com


ante la posibilidad de que el ruido se escuchase desde afuera. No se oía nada, me rodeaba un silencio espeso y amenazante. Me lancé a descender los cuatro últimos escalones con las manos apretadas en los oídos, como si eso fuera a servir de algo. Al llegar a la planta baja, me dirigí hacia la cocina, desde la ventana podría ver el final del camino y descubrir allí algún vehículo conocido, tal vez un coche policía, una bicicleta...apenas me atreví a asomarme a la ventana y, estirando el cuello con temor, desde más de tres pasos de distancia contemplé la noche oscura y vacía, entre las sombras visualicé la calzada de tierra abandonada y silenciosa. Nada ni nadie. Tal vez aquellos sonidos no fueran más que imaginaciones, productos de mi mente, sólo eso y nada más. Y entonces con una violencia imposible regresaron los golpes a la puerta, uno tras otros, incesantes, como si lo que estuviera allá afuera deseara derribarla. Aterrado, de nuevo me cubrí lo oídos mientras veía temblar las maderas de la entrada. Las palabras, entonces absurdas de Julia, cobraban sentido ahora: “no me gustan esas ideas, quién sabe qué puede pasar en ese lugar tan solitario, no vayas”. Hubiera deseado echar a correr en dirección contraria y no detenerme nunca, pero di un paso tembloroso hacia la entrada. Amenazaba con derrumbarse bajo la fuerza de aquellos golpes incesantes. Veía como hasta el polvo de sus rendijas huía espantado ante aquella presencia, que entonces supe con una certeza absoluta, infinitamente atroz, la misma esencia del mal aguar157 www.rbcbook.blogspot.com


dando al otro lado. Di otro paso tembloroso, el sonido de los golpes era insoportable. Vi el pomo ya al alcance de mi mano. Solo debía girarlo, abrir y descubrir que todo era un error, que la explicación era bien sencilla, respiraría aliviado y nos reiríamos con ganas durante minutos, tal vez horas, disfrutaría de un millar de ocasiones para deleitarme describiendo el inmenso terror que se había apoderado de mi alma en aquella cabaña perdida. Con un esfuerzo enorme agarré el pomo, no hubiera podido decir quién temblaba más, mi mano o la madera de la puerta. Comencé a girar la cerradura aferrado a la esperanza de que al abrir descubriría que mis temores no tenían ningún sentido, o me encontraría con la certeza de que eso sería lo último que haría. Abrí. Los golpes cesaron. Frente a mí se hallaban las espantosas tinieblas, el silencio imposible…y nada más.

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U

n cumpleaños siempre es especial y más cuando coincide con la famosa noche en la que los muertos cruzan fronteras y pueden acceder al mundo humano. Ese era el mismo

cuento que Lorna escuchaba año tras año. Para sus amigos era una pasada celebrar la fiesta en esa noche de magia, pero a ella cada vez le gustaba menos. Y ese año en particular, pues cumplía dieciocho y pensaba que eran muy mayores para historias de fantasmas y brujas. Su madre siempre había contratado a un amigo que hacía las delicias de los niños y que acudía disfrazado de brujo haciendo unos trucos que los dejaban con los ojos abiertos de par en par. Lorna se había negado a seguir con esa pantomima desde que

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cumplió los trece años. La sensacional fiesta se convertía en una sencilla reunión de amigos que se juntaban a merendar mientras veían una película de miedo, que era el único dispendio de la joven cumpleañera. Y después, se reunían en un pub hasta que llegaba la hora de las brujas en la que acudían a las hogueras que se hacían en el pueblo. Así acababan las fiestas de Lorna y ese año iba a ser el último. Había entrado a la universidad y quería dejar atrás su niñez y adolescencia para hacerse una mujer de provecho, por lo tanto esas fantasías no entraban en sus planes. Ahora, mientras observaba a sus amigos, pensaba en la forma en la que les diría que este era el último cumpleaños que celebraría. Todos fueron especiales a lo largo de su vida y lo continuarían siendo. Pero otra vida empezaba para ella y debía centrarse en los estudios ante todo. De la universidad había vuelto acompañado de su recién estrenado novio. No le gustaba nada el título que le concedieron al chico sus compañeras de cuarto y no le apetecía salir con él. Sentía que no encajaban del todo, tras la fiesta se plantearía su futuro con él. Para ella el amor tenía que ser mucho más apasionado, como una bomba que removía todo su interior con tan solo una mirada. Y Esteban no encendía ninguna de las fibras de su cuerpo. Aquel que estuviera destinado a ella, tenía que ser mucho más apasionado, decidido e inteligente. La fiesta era en un local al que solían acudir en grupo todos los viernes. Era como una rutina más en su recién estrenada vida universitaria. Y como no 162 www.rbcbook.blogspot.com


salía de la ciudad siempre estaba cerca de sus amigos y de sus padres. Eran un eslabón importante en su vida. Estaban tomando un cóctel, cuando miraron el reloj, quedaba poco para la hora más esperada. Siempre le había gustado esa noche, pero el lado oculto, no el que se veía por la calle. Le gustaba el misterio que encerraba. Y lo que más recordaba eran sus preciosos trajes de bruja, eso era lo que más disfrutaba aparte de que era su cumpleaños. —Eh, ¡chicas! Se acerca el momento. ¿A qué hora naciste Lorna? — nunca se lo habían preguntado y sonrió a Maica antes de contestar: —Nací a las doce — todas la miraron con curiosidad. —Vaya eso sí que es casualidad. Mira que si eres una bruja — las carcajadas resonaron en todo el local, en especial la de ella. Sus amigas tenían el don de hacerla reír en todo momento. —Ahora mientras bailo con Marta os voy a lanzar un conjuro — las carcajadas resonaron en torno al grupo. Las dos chicas se fueron al centro de la sala a dejarse llevar por la música, pero sus amigas tenían otros planes y la arrinconó a solas. —Si no te conociera como lo hago, podría decir que huyes de Esteban — Lorna torció el gesto, sin pensarlo miró al chico que permanecía sentado impasible en la silla en la misma postura que cuando había llegado. — No estoy muy convencida…creo que no encajamos. — A veces los opuestos se atraen. 163 www.rbcbook.blogspot.com


— Eso dicen, pero…— Lorna no pudo seguir hablando porque la boca se le secó, los ojos se le salieron de las órbitas y su corazón parecía que le iba a estallar. Lo que provocaba todo eso, era el chico más guapo que ella había visto nunca. Vestido de negro con un vaquero que le sentaba de infarto y una camisa blanca -parecía salido de un anuncio de televisión- su imagen exudaba confianza y sensualidad. Tenía un físico envidiable, sus ojos llamaban la atención en especial por su claridad, nunca había visto unos ojos azules tan claros. En ese momento el reloj dio las campanadas y sus amigos chillaron de emoción. Una avalancha de besos y abrazos se interpuso entre ella y el desconocido. Sus amigas la espachurraron sin control. Esteban se acercó con timidez y le dio un beso en la mejilla. — Creo que mejor somos amigos — su novio le dijo al oído y ella asintió con una sonrisa en los labios. De pronto escuchó unas voces en su cabeza, no entendía lo que decían, pero era parte de una conversación. Miró a ambos lados en busca del chico de negro, pero no lo encontró. ¡Qué lástima! Se apartó del grupo con la excusa de ir al baño, necesitaba unos momentos de intimidad. Pero las voces continuaban en su cabeza, intentó desecharlas y entonces llegaron hasta ella de forma nítida y clara. Era una conversación de personas que se encontraban allí, pero algo alejadas porque no podía verlas. Era algo muy extraño. Nunca le había pasado 164 www.rbcbook.blogspot.com


nada importante, bueno, quizás lo que sucedió en su noveno aniversario. Ese año se empeñó en que su madre le comprara un bonito disfraz de bruja para ir a la fiesta de Halloween que se hacía en el barrio. Iba vestida de bruja hacia el lugar donde se encontraría con sus amigas, cuando escuchó algo similar, pero no tan nítido y durante tanto tiempo. Iba por el pasillo hacia el baño, cuando alguien chocó con ella. Se alarmó y más al ver esos ojos azules, casi traslúcidos, que la miraban con atención como reverenciándola. Una sonrisa perfecta asomó en ese rostro casi perfecto. — Creo que ya las escuchas, ¿verdad? — ¿a qué se refería?, ¿acaso no eran alucinaciones? — ¿También las oyes? — él negó con la cabeza. — Es un fastidio, me gustaría que así fuese — ¿de qué iba todo eso? — ¿Qué significa esto y quién eres? — el enarcó una ceja en un gesto muy provocador. — Preguntas mucho y no soy el adecuado para contestarte. Solo soy el encargado de cuidarte hasta que encuentres el camino — ese chico estaba loco. —No entiendo nada…—apretó el paso para llegar al baño y de nuevo él se puso delante. Lorna le miró extrañada, pues no se explicaba cómo había llegado hasta ahí tan rápido.

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— Tienes que tener cuidado, no puedes perderme de vista — ese chico no se había mirado a un espejo. No se le escaparía ni en sueños, pero decía unas cosas muy raras. — Me estás empezando a asustar — el chico la miró con auténtica devoción. — Esa no es mi intención. Solo quiero ayudarte. Vosotras las brujas novatas no sabéis en qué problema nos ponéis a los Guardianes — Lorna abrió los ojos como platos. ¿Ese chico se había referido a ella cómo una bruja novata? Respiró profundamente y le puso un dedo sobre el pecho, intentó no turbarse al sentir su firmeza. — Mira si quieres burlarte de mí o es una broma, ya te puedes marchar por dónde has venido. Mis amigos me esperan y… — Aun no lo has entendido — esta vez se puso más alterado al ver que ella no cooperaba en nada—. Si no me acompañas, te pondrás en peligro y a tus amigos también. — Si no me explicas lo que sucede, es difícil que lo pueda entender — el raciocinio de la joven desarmó al joven Guardián. Olwen era también un novato y no podía dejar de seguir las siete normas de la brujería. — Para contarte algo, tenemos que ponernos en marcha ahora mismo — la mirada de la chica se tornó implorante.

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— ¿Puedo despedirme de mis amigas? — él asintió y la dejó ir un instante. Sabía que eso podría atraer a los Negrins que atraían a las brujas hacia el lado oscuro. Lorna fue acercándose donde estaba el grupo, a cada paso pensaba en lo qué iba a decirles para que se lo creyeran. Se suponía que entre ellas eran sinceras y ya era bastante gorda la mentira que les tenía que contar. Porque el embrollo en el que se había metido sin saberlo, era de locos. — Chicas, me tengo que marchar — todas las miraron con extrañeza, era la primera vez que se iba temprano de una fiesta. — Pero…es muy pronto…— la chica señaló hacia Olwen, quién las miraba con preocupación. — ¿Veis a ese chico? — todas asintieron —. Me ha invitado a ir a otro sitio solos, y como suponéis no puedo decirle que no — suspiraron al unísono. — Lorna, es guapísimo. Ve corriendo y no le dejes nunca. — Vaya bombón, sí señor. Menudo regalo de cumpleaños — todas silbaron muy fuerte y los chicos se dieron cuenta. Todos hicieron un corro en torno a Lorna para enterarse de lo que sucedía. — Os dejo, de verdad. Ya hablamos — mientras se acercaba donde se encontraba el que decía era su Guardián, Lorna sintió un frío glacial que se colaba y le llegaba hasta el corazón, nunca había experimentado una cosa así. Sentía su cuerpo aletargado y flojo. En un instante vio al chico a su lado. Su

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cerebro se ralentizó y no conseguía pensar en nada que no fuera oscuridad y frialdad. Todo cesó de repente al sentir una calidez que le embriagaba todo su cuerpo. Oyó unos silbidos y se dio cuenta de que eran sus amigos, que miraban cómo el chico de los ojos azules la besaba con pasión. Sus mejillas se sonrojaron cuando sintió el calor del cuerpo que tenía tan cerca del suyo que no le dejaba ni respirar. Sus ojos miraron al chico, que en ese momento la veía muy serio. —Vámonos — la cogió de la mano y la sacó del local. Ella no se había dado cuenta de que los Negrins habían intentado entrar en su alma, gracias a que él estaba cerca y le había proporcionado el calor que necesitaba, salió ilesa. Ahora tenían que salir cuanto antes de ese lugar y ponerse a salvo. La muchacha lo seguía sin preguntar nada, era normal, su alma se había quedado levemente dañada por el poder oscuro de los Negrins y le costaría un poco volver a su normalidad. La mano de Lorna sí que se aferraba a la suya como si no hubiera otra cosa a la que pudiera aferrarse, la calidez empezaba a pasar factura al joven Guardián. Conocía las profecías, pero nadie podía inducirlas, tenían que pasar de forma natural.

El soldado Negrin que había tentado el alma de Lorna, daba explicaciones a su jefe. Tenían la misión de enfilar en la oscuridad a toda bruja novata que se invistiera con el cargo en la noche de las brujas. Nunca sabían 168 www.rbcbook.blogspot.com


quién iba a

ser, sólo que sería una muchacha normal que esa noche en

particular cumpliría la mayoría de edad. Ellos tenían esa única noche mágica para llevar a esa alma hasta la oscuridad, porque una vez que conociera toda la historia, sería imposible. Zeirat miraba a sus soldados, ese Guardián se había interpuesto entre ellos y la joven bruja. Perdiendo así una gran oportunidad para llevarla a su territorio. Tenían que pensar con rapidez, de ello dependía su propia descendencia. — Kelmes, vamos a dividirnos en grupos para buscarlos. Sabemos que hay dos sitios donde deben ir antes de cruzar la puerta hacia el otro mundo. — De acuerdo, señor. Los soldados marcharon hacia cada uno de los sitios donde las brujas tenían que ofrecer su alma para obtener sus poderes: el cementerio y la iglesia. Eran dos puntos muy distantes entre sí, pero muy cercanos en las tradiciones esotéricas.

Lorna no podía dar un paso más. Las manos le sudaban, le escurrían, y su guardián a cada paso iba más deprisa. — Por favor, no puedo más — el joven se detuvo. — Perdona, pero tenemos prisa. Debemos llegar antes que ellos — ella le miró realmente alarmada.

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— ¿Quién son “ellos”? — Olwen se paró del todo y respiró. Le habían dicho que las brujas novatas no preguntaban tanto, pero esta lo hacía a cada paso y él no era un Guardián con mucha experiencia. Se acordó de cuando había aceptado el cargo. Su madre era una gran bruja y su padre, Guardián como él, siguiendo la tradición que de la pareja se esperaba. — Cuando hablabas con tus amigos, ¿sentiste frío? — ella asintió. Aún podía recordar cómo la frialdad la atenazó en cuestión de segundos —. A ver cómo te explico. Aunque no sea mi deber hacerlo — el joven se pasó la mano por el pelo, se le notaba nervioso y suspiró. —Si no me explicas, seguiré creyendo que soy una loca de remate por seguirte — él sonrió ante el ímpetu de ella. — No es una locura. Verás, hoy es Halloween y en esta noche se elige a una futura bruja que debe obtener sus poderes antes de que acabe la noche. Es un ritual para que la estirpe de brujas blancas no desaparezca. — ¿Brujas blancas? — No me interrumpas, que ya es bastante difícil — ella asintió —. Los Guardines ayudamos a la bruja novata para que llegue sana y salva al lugar donde conjurar sus poderes, pero en el camino hay unos seres que intentan atraer las brujas a la oscuridad. Atrapan su alma en el frío glacial, la congelan para borrarle los recuerdos y luego amoldarla a una bruja oscura. — Ahora puedo asegurar que estoy loca de remate.

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— Es la interminable lucha entre el bien y el mal, y tú eres la elegida para decidir cuál será tu camino — ella se puso histérica y le golpeó el pecho con fuerza. — ¡Pero yo no quiero ser una bruja de ninguna manera!, voy a la universidad y quiero ser restauradora y… — Una cosa no implica a la otra. Una vez que hayas elegido tu camino puedes continuar con tu vida, eso sí, siempre obedeciendo a la fuerza que hayas jurado obedecer. — ¿Puedo seguir con mi vida y tener poderes? — él asintió —. ¿Qué clase de poderes? — Olwen bufó. — Continúo hablando mientras no detengamos nuestra marcha — ella accedió y así se fue enterando de todas las cosas que podría hacer si aceptaba ese papel que le habían planteado. — ¿Y si ellos me capturan? — la respuesta le heló la sangre. — Antes que eso suceda, deberán destruirme y no es tan fácil matar a un Guardián. Pero respondiendo a tu pregunta, en caso que lo lograran, formarías parte de la corte oscura y nunca volverías aquí — ahora sí que tenía miedo, apresuró el paso. — ¿Dónde vamos? — eso le gustó más a Olwen. — Hay dos puntos en los que puedes obtener tus poderse: el cementerio y la iglesia. Tenemos que ir a los dos sitios para investigar. Cada bruja está asociada a un lugar desde su nacimiento y según la vida que ha llevado. Lorna 171 www.rbcbook.blogspot.com


se quedó pensativa un instante. Un pensamiento cruzó su mente como un relámpago. Sabía dónde tenía que ir. — Vayamos al cementerio. Tengo un presentimiento — la joven recordó el día en el que falleció su padre. No lo había recordado por el dolor que le provocaba, pero ese día al pisar la tierra del cementerio había sentido una sensación de calidez que no la abandonó en todo el tiempo que estuvo allí. Poco después, cuando acudía a visitar a su padre, esa sensación volvía a ella. Era una experiencia placentera y sentía como una corriente de calor le llenaba el cuerpo de esperanza y luz. Mientras se lo contaba a Olwen, apresuraban el paso. El joven Guardián, la miró fascinado. Esa joven era especial, lo que no sabía era cómo se iba a tomar la otra parte de la profecía. — Cuando sientas de nuevo el frio, debes acercarte a mí. Los Guardianes tenemos sangre caliente y podemos derretir el frío de la oscuridad. — ¿Eso es lo que hiciste cuando me besaste? — él asintió. Y la besaría una y otra vez para volverla a sentir junto a él. — Menos mal que llegué pronto. — De repente me sentí muy cansada — él la miró. — Eso es la oscuridad que se mete en tu cuerpo para buscar tu alma y una vez que la encuentra, la absorbe de tal forma que la luz que le circunda desaparece para siempre — ella sintió un escalofrío, nada comparable a lo que había experimentado. 172 www.rbcbook.blogspot.com


— Ahora entiendo muchas cosas. No quiero desaparecer — él se acercó a ella y le alzó la barbilla. — Estoy aquí y deberán de matarme para llegar hasta ti, recuérdalo. No te alejes de mí, pase lo que pase — ella asintió. ¿Cómo podía ser que sintiera mil cosas con este chico extraño? Por nada en el mundo querría separarse de él y de lo que le hacía sentir. Quería sobrevivir a esa noche y quería conocer más a Olwen. Un nuevo presentimiento le decía que este sí que podría ser su alma gemela.

Kelmes y Zeirat estaban esperando en los alrededores del cementerio, fue una gran idea la de separarse, así habían atrapado a la última de las brujas novatas y ahora lo harían con esta. Miraban a todos lados, esperando ver llegar a la pareja. La noche avanzaba y la bruja tenía que llegar a tiempo al lugar donde se llevaría a cabo su ritual para adquirir los poderes. Si no llegaba nunca, la podían atraer a su bando oscuro y llevarse su cuerpo para siempre. Las brujas oscuras eran la portadoras de la vida, gracias a su progenie conseguían que su raza no sucumbiese. Era una antigua batalla entre el bien y el mal. A lo lejos vieron a los jóvenes que se acercaban a su destino, enseguida se llevarían a la bruja novata. Esperaron hasta que entraron, siempre debían hacer las cosas bien y tenían que llevarse a la joven antes de que pisara el suelo sagrado del cementerio. Ni un segundo antes ni un segundo después. 173 www.rbcbook.blogspot.com


Lorna sintió pánico al entrar en el cementerio, los dedos de Olwen que se enredaban con los suyos le dieron la fuerza que necesitaba para continuar. Había ido varias veces, pero todas ellas con la luz del día y tenía que reconocer que la vista del cementerio en plena noche y en especial esa, era espeluznante. Se divisaban las lápidas unas detrás de otras, como siguiendo un orden rocambolesco que les llevaba sin remedio a un laberinto de piedra. De pronto, escucharon unos ruidos y la joven pudo ver con claridad a los soldados Negrins de los que le había hablado Olwen. Parecían personas normales, si no fuera porque la maldad estaba pintada en sus caras. Sonreían con histerismo y presunción. Eran dos y se les veía muy seguros de sus poderes de atracción. — Una bruja más para incrementar la descendencia oscura — Lorna abrió los ojos. Si la seducía la oscuridad iba a convertirse en la concubina de esos seres e iba a engendrar a sus vástagos. La sola idea le hizo sentir el frío empezarle por los pies. — Lorna, no pienses. Los Negrins se alimentan de pensamientos oscuros — ¿y ahora lo decía? Le iba a dar un mamporro. A pesar de lo guapo que era, no había sido sincero. Se acercó a él y la calidez volvió a ella, pero por poco tiempo.

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Uno de los Negrins se lanzó hacia Olwen y ambos seres rodaron uno encima del otro. La lucha parecía sobrenatural. Por un momento dudó de la fuerza del joven, también le había confesado que era novato como ella. Sin darse cuenta el otro Negrin se acercó peligrosamente a ella. — Ahora sólo estamos tú y yo — viéndolo de cerca se dio cuenta de lo repugnante de su aspecto. Empezó a correr hacia la tumba de su padre, le parecían todas iguales, pero sabía qué camino seguir para llegar. Sintió como el Negrin exhalaba un halo de vapor frío y se apartó de su senda. Quería correr lo más rápido posible, pero sus pies se lo impedían. Desde lejos escuchaba los golpes que se asestaban Olwen y el Negrin, tuvo miedo de perder al joven Guardián. Le había costado mucho encontrar a un chico que removiera todo su ser y ahora que lo había encontrado, no quería perderlo. Eso le dio ánimos y enseguida se encontró con la conocida tumba de su adorado padre. Tocó la piedra y comprobó que estaba caliente. El Negrin se acercó a ella y extendió de nuevo su poder, esta vez el frío se propagó con rapidez por el cuerpo de Lorna, no podía hacer nada para impedir su aciago futuro. La frigidez atenazó sus pies y subía con rapidez por sus piernas, aun podía pensar con claridad. Eso le dio fuerzas para revolverse, el fresco esta vez no le había dejado cansada y se extrañó. Una potente luz le sobresaltó y de nuevo una calidez se apoderó de su cuerpo. Era tan gratificante sentirse querida, arropada y amada; la sensación era 175 www.rbcbook.blogspot.com


tan intensa que el Negrin se desintegró. Ella miró a su alrededor y una suave bruma la envolvía. — Tu amigo está en peligro — al palparlo, corrió hacia Olwen arropada por ese calor. Llegó en el momento justo que el Negrin helaba al Guardián. El cuerpo del chico no se movía bajo la suave pero tensa garra del hielo. Era imposible salir de allí, Lorna estaba perdida. Su amor nunca podría tener un futuro. Ahí terminaba todo, había fracasado como Guardián, así que sólo le restaba morir en paz y pensar que ella lo conseguiría. — ¡Olwen! — el grito estremeció a todo ser viviente e inerte que se encontraba en los alrededores. El joven Guardián la vio acercarse envuelta en brumas, más bella -si cabe- que cuando la vio en ese lugar humano. Tenía que intentarlo por ella. Se merecían ese futuro. Se revolvió bajo la coraza de hielo y poco a poco se fue derritiendo, el joven salió con renovadas fuerzas y consiguió atacar al Negrin por sorpresa y al final la calidez de su fuerza hizo estallar al ser oscuro. Se agachó por unos momentos agotado ante la dura batalla y sintió el suave toque de su bruja. — ¿Estás bien? — él asintió y la abrazó. La joven mientras abrazaba a su Guardián se dio cuenta de que la bruma que le había arropado era el espíritu de su padre — ¿Padre? — Mi adorada hija, sé feliz en este nuevo destino y ayuda al mundo a ser mejor — la joven asentía con lágrimas en los ojos —. Ve a tomar lugar al sitio que te corresponde. 176 www.rbcbook.blogspot.com


La ceremonia se llevó a cabo en el interior de la capilla, el lugar donde su padre había desaparecido para vivir entre los muertos. Los poderes de Lorna llegaron a ella de forma mágica y sorprendente. Una luz la circundó y la elevó dejando tras de sí una estela blanca y dorada. Cuando la bruma desapreció, la joven estaba en el mismo lugar. No se sentía distinta, miró al joven con un interrogante en el rostro. — ¿Y ahora qué va a pasar? — él suspiró. Sabía que le costaría convencerla de esa parte de la profecía, pero tenía que intentarlo. Si lo despreciaba volvería al otro mundo. — Ahora…tienes que jurarme amor eterno y los dos viviremos juntos un futuro de magia y luz. Podremos ayudar con los poderes a que muchas personas encuentren el bien en sus vidas —ella enarcó una ceja divertida, gesto que extrañó al joven Guardián. —Vaya y yo que creía que la parte más inverosímil ya me la habías contado — sonrió para darse cuenta de que se alejaba de ella —. ¿Dónde se supone que vas? — Si me rechazas no hay futuro de luz ni…—la joven se lanzó a sus brazos. Con sus nuevos poderes no pudo controlarse y chocó con el cuerpo Olwen. — Ahora que te tengo no te escaparás tan fácilmente — se unieron en un beso cargado de amor, luz y magia.

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S

usana es interrumpida bruscamente de su sueño por un sonido agudo, repetitivo y constante, que le martillea sin darle ni un momento de tranquilidad. Harta y algo

desconcertada abre pesadamente sus ojos cansados por el estregado día que ha tenido que soportar. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscura habitación se dio realmente cuenta de dónde se encontraba en ese preciso momento, era esa nueva casa que había heredado. Una casa ostentosa, grande, antigua, pero totalmente suya.

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Ese sonido sigue sin descanso, primero no le encontraba la coherencia pero después, al poder escucharlo mejor, ha llegado a la extraña conclusión de que se trata del llanto de un niño. Pero ¿cómo puede ser eso posible? Susana se encuentra sola en esta casa. Enciende la luz de su mesita de noche antes de pasar unos dedos por sus picantes ojos, pero la luz pronto se convierte en destellos cada vez más inconstantes antes de volver a sumir la habitación en una profunda oscuridad. Espera unos instantes para que sus ojos se acostumbren otra vez a la ausencia de luz, para intentar caminar entre ese laberinto todavía desconocido para ella. Lo primero que hace al levantarse es buscar su bata casera para bajar algo de ese frío que esta casa está tan empeñada en almacenar en su interior, le cuesta un poco encontrarla pero por suerte después de unas cuantas tentativas fallidas da en el blanco. Coloca la mano en el desgastado tapiz de la habitación ya que sólo tiene las manos para ubicarse, todavía no conoce esta casa, para descubrir el foco de ese extraño suceso. En ningún momento siente miedo, sólo quiere descubrir de quién proviene ese sonido, va con paso firme y decidido hasta aquello que tiene que encontrar, pero, lo que ignora es de lo que sus ojos serán testigos, es algo que ni en sus peores sueños hubiera sido capaz de imaginar.

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El reflejo de la luna llena ayuda a visualizar mejor su entorno pero tiene que mirar varias veces para saber si es real lo que tiene delante o todavía es producto del rastro de un sueño sin acabar. Un niño de espaldas a ella, como si estuviera castigado contra la pared, de cabello oscuro sin camiseta y con la piel exageradamente pálida. Sigue llorando sin descansar ni un momento. Susana no sabe qué hacer y lo único que se le ocurre en ese momento es decir con voz entrecortada y nerviosa: — ¿Hola? El extraño peque, al escuchar la voz de Susana detiene su llanto de forma cortante, para quedar totalmente quieto y sumido en el más profundo silencio. Una quietud que consigue poner la carne de gallina a Susana sin saber exactamente la razón del por qué. — ¿Hola? — vuelve a repetir para ver si puede ver algún cambio en ese extraño y desconocido niño. Ahora sí, ese niño se gira mostrando la misma palidez que la mitad de su cuerpo, una lividez casi luminosa. Se queda mirándola y de repente, abre la boca para soltar un desgarrador y estridente grito lo que provoca que Susana se tape los oídos intentando aplacar esa resonancia que empieza a hacerle daño hasta convertirse en punzadas demasiado fuertes como para poder soportarlas un segundo más.

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“¡Que se detenga!, ¡Que se detenga!” grita para sus adentros con los ojos cerrados para intentar soportar ese dolor que va creciendo sin miramientos. Entonces, de repente, el sonido cesa. Susana puede volver a respirar. Sin embargo, esos instantes de paz se borran totalmente con la horrible imagen que tiene delante de sus ojos. Ese niño. No, no puede llamarlo de esa forma, lo que está viendo ahora no es humano. Sus ojos y su boca son enormes agujeros negros que cada vez se vuelven más grandes, se distorsionan y se salen de las líneas que definen su rostro. Es grotesco y horripilante. Susana no puede más y emite un enorme grito de pánico que retumba por cada rincón de esa solitaria y antigua casa en medio de una noche tranquila.

Dos días antes Susana se levanta sin muchos ánimos. ¿Para qué?, el día no se presenta de ninguna forma que pueda resultar atractiva, sólo haciendo la rutinaria y aburrida tarea de siempre, tener que aguantar un trabajo que no soporta por tener que pagar una hipoteca que en su día no se pudo permitir y que en un principio iba a compartir con su prometido pero claro, eso fue antes de descubrir que el que tenía que ser su futuro marido era en realidad un canalla que no le gustaba la monogamia. Pero bueno, el daño ya está hecho y tiene que seguir adelante. ¿Qué otra opción le queda? 183 www.rbcbook.blogspot.com


Le guste o no así están las cosas. El daño ya está hecho y tiene que pensar en ella y en su futuro aunque ahora esté anclado a las deudas y, para no ahogarse con ellas, no ha tenido más remedio que aceptar un trabajo de secretaria cuando ella tiene un máster en filología inglesa, no obstante, la realización del trabajo no es un problema lo que sí lo es realmente es tener a un jefe baboso que aprovecha cualquier oportunidad para rozar “accidentalmente” con ella, prestando especial atención a las partes más sensuales de su joven cuerpo veinteañero. Algo repugnante; pero no puede perder ese trabajo, está hasta el cuello y nadie puede ayudarla, si ahora pierde su empleo le quitan la casa. Susana se siente tan al límite que está empezando a entrar en una espiral de depresión y tristeza por toda la carga que tiene que soportar y todo lo que ha pasado. Tecleaba en el ordenador, cuando el corpulento cuerpo del jefe se acerca, y se sienta al borde de la mesa. — Hola preciosa. — Señor Gómez — dice con voz profesional mientras no despega los ojos ni las manos del ordenador. Por un momento entre los dos sólo se escucha el sonido de las teclas presionándose hasta que la desagradable voz de su jefe se vuelve a escuchar. — Vamos cariño, ¿por qué estas tan fría conmigo? Cansada de aguantarlo se levanta para irse a cualquier otro lugar pero, al 184 www.rbcbook.blogspot.com


levantarse, siente una mano caliente y grande en su trasero. Se queda quieta por el impacto reteniendo el ferviente impulso de cruzarle la cara con una buena bofetada pero sólo cierra los ojos para conseguir el difícil objetivo de tranquilizarse antes de irse con los puños apretados. Se encierra en el baño para dejar escapar su rabia, pero de forma silenciosa, intentando pegarle a alguien invisible delante suyo. No vuelve hasta que comprueba que su mesa está deshabitada para sentarse con pesadez en su silla y apoyar sus codos encima de la mesa y esconder la cara en las palmas de sus manos, intentado reunir fuerzas para seguir con su día. No es hasta que el sonido del teléfono la despierta de su estado para volver a la realidad, sin embargo, no sabe que en ese mismo instante el transcurso de su vida va a cambiar por completo. — ¿Susana Martín? — ¿Sí? — contesta algo confusa por el hecho de que nunca han llamado a este número preguntando por ella y por el desconocimiento de la voz que se encuentra al otro lado del teléfono. — Soy el abogado Jorge Gutiérrez y acaban de dejarle una casa como parte de una herencia.

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— ¡Madre mía es increíble! — Susana dice con alegría frente a su mejor amiga Amelia quién se sienta con dificultad por estar en su último mes de embarazo después de dejarle una taza de café caliente delante de ella. — Sí. Ya lo has dicho cinco veces con esta. — Es que lo es — deja de hablar unos instantes para beber un sorbo de ese café con leche con una cuchara pequeña de azúcar, tal y como le gusta — Esta mañana me he despertado con el peso de las deudas aplastando mi respiración y ahora puedo tener una casa a mi nombre si la acepto. — Exacto. Si la aceptas. — ¿Y porque no iba a hacerlo? — Debes verificar que realmente te conviene. Si es una casa vieja albergará diversos gastos sin contar que necesitará arreglos — Susana pone los ojos en blanco y suelta un suspiro. — Ya he tenido en cuenta todo eso Amelia. He hablado largo y tendido con el abogado y he leído por mi misma todo lo referente a la casa, créeme, merece la pena. Además también he heredado el suficiente dinero para cancelar las deudas de mi piso. Es como caído del cielo. ¿Cómo no voy aceptar algo así? — Esta bien — dice acariciando su abultado vientre con cariño — Tú sabrás. Además ¿De quién es? — Una tía abuela que nunca he conocido — dice sin importancia — Si no tuvieras esa intención de echar raíces aquí te pediría que vinieras a vivir conmigo — dice de forma inocente y sincera antes de descubrir que ha metido 186 www.rbcbook.blogspot.com


la pata sin querer. Amelia se encuentra sola con su bebé, el padre del niño no quiso saber nada del tema y se fue sin mirar atrás, por esta razón se apresura a continuar diciendo: — y vivir juntas como siempre dijimos que haríamos, pero nunca lo hemos hecho. Susana y Amelia se conocen desde que tienen uso de razón. Crecieron juntas en un orfanato esperando tener una familia que nunca llegó, por esta razón hablaron de ser ellas sus familias. — Estaría bien, pero quiero tener mis raíces aquí, es donde mi bebé puede tener una infancia lo más feliz posible — Susana apoya la mano de Amelia que todavía se encuentra en su vientre y lo acaricia con mucho cariño. — Si necesitas que me quede a tu lado, sólo tienes que pedirlo. — Te agradezco el gesto pero no hace falta. — Lo digo de verdad Amelia, eres mi familia y haré cualquier cosa por ti. — Lo sé. Yo también lo haría— acaricia con la otra mano la manos de Susana —somos hermanas — dice refiriéndose al especial lazo que han creado al estar toda su vida unidas. Ha tomado la decisión de mudarse a esa casa antes de siquiera verla pero eso significa poder dejar atrás esas deudas y ese pasado que tanta desgracia le ha recorrido en el camino de la vida. Sólo quiere mirar hacia el futuro y empezar de nuevo.

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No para de subir y subir con el coche por una zona de montaña donde parece no tener fin, por suerte, al cabo de interminables treinta minutos más, puede divisar un pueblo con varias personas mayores sentadas enfrente de algunas casas dando un aspecto muy “familiar” a este nuevo lugar que ya podía llamar su nuevo hogar. Observa el mapa que tiene alborotado entre las manos sin dejar de coger el volante produciendo que todo sea más confuso de lo que ya es por este camino totalmente desconocido que tiene por recorrer. Viendo en ese papel arrugado que ya desde el pueblo tiene todavía una larga distancia para llegar a la casa, decide pedir información a la gente que sí conoce esas carreteras. — Perdone — dice frenando delante de esas señoras que se encuentran tan absortas hablando entre ellas, que se ve obligada a llamarles una segunda vez para capturar su atención. — Necesito saber dónde encontrar una casa, ¿podrían ayudarme? — Por supuesto querida — dice la señora sentada a la derecha. — ¿Qué te trae por aquí? — quiere saber la mujer mayor del centro. — Valentina, no molestes a la pobre chica — comenta la tercera en discordia. — Solo quiero saber donde se encuentra la antigua casa de Carmen Sánchez.

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La alegre charla de las tres mujeres se corta de forma abrupta para convertirse en un incómodo silencio. — ¡Dios santo niña!, ¿no pensarás ir ahí verdad? — dice finalmente la mujer que se encuentra en el medio con una expresión de verdadera preocupación. — ¿Por qué lo dice? — dice Susana sorprendida por la reacción que han tomado. — Por nada — se apresura a comentar la señora sentada a la derecha — mira — con el brazo derecho extendido, le marca el camino — tienes que conducir todo derecho y en cuánto veas una bifurcación, ve por la izquierda — puntualiza con una sonrisa que rápidamente se desvanece cuando el coche las deja atrás. — Pobre chica — comenta para sí misma, en tono lastimoso.

¡Por fin! Exclama para sus adentros al ver delante suyo esa casa idéntica a la fotografía que el abogado le dio, asiente con satisfacción al ver que todo esto es de su propiedad y ansía verla por dentro. Traspasa ese arco de madera rebosando majestuosidad por todas partes antes de entrar al lado de esas altas paredes de aspecto antiguo y de un color muy oscuro. Al poner un pie dentro de la propiedad un viento fuerte la invade de repente, casi provocando que se caiga de espaldas durante unos efímeros instantes antes de volver todo a la tranquilidad. 189 www.rbcbook.blogspot.com


Extraño pero Susana no quiere darle importancia. Después de descargar su coche de las distintas maletas y cajas para ponerlo en sus respectivos sitios. Decide tumbarse en el sofá de aspecto antiguo que parece tener una buena capa de polvo pero no le importa porque se siente demasiado cansada para preocuparse por esa tontería. Se estira de espaldas a la puerta principal donde su visión llega directa a un estrecho pasillo hasta una puerta que a diferencia del resto de la casa se encuentra en perfecto estado, como si la hubieran puesto hoy mismo, pero con un candado en la puerta. Susana encuentra eso extraño, el abogado no mencionó nada parecido y sólo le dio una llave. Llena de curiosidad procede a levantarse con pesadez para ir hacia esa puerta que por alguna extraña razón parece llamarla. A cada paso que da por ese suelo de madera, no sabe porque, en su mente evocan imágenes extrañas que nunca antes había visto relacionadas con esa puerta, pero con algo sombrío escondido al otro lado como si fuera una señal de que no debería abrirla, pero rápidamente lo ignora ya que su cuerpo parece impulsarla hacia ella con determinación. Solo quiere ver como es el candado para poder buscar la llave, pero con el suave roce de las yemas de sus dedos el candado cae con todo su peso al suelo resonando de forma estridente. Después de mirar con el ceño fruncido lo que acaba de pasar, procede a tocar el pomo de la puerta, pero, como ha pasado hace un momento, con su 190 www.rbcbook.blogspot.com


simple roce la puerta se abre con lentitud dejando paso a una oscuridad plena en su interior.

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E

l cielo se teñía de rojo, como si hubiera sufrido una herida mortal. Poco a poco los

faroles

de Montmartre

se

encendían y las personas caminaban sin prisa. Los cafés

se llenaban de clientes y las oficinas del sector se quedaban vacías, o casi todas. Alize seguía archivando informes contables, en un fichero al fondo de su oficina;

sin hacer

caso al ruido de su estómago

o a la oscuridad que

impregnaba su pequeño despacho. Por un momento sintió una caricia en su cuello. Se volteó esperando encontrar alguien, pero el cuarto en el que estaba se hallaba vacío. Enfoco su vista en la ventana abierta creyendo que se trataba del viento. Volvió su atención a la pila de papeles sobre su escritorio. Una mano apretó sus muslos en una caricia ruda. Gritó asustada y el propio sonido de su 194 www.rbcbook.blogspot.com


voz la hizo sentirse ridícula.

Pensó

con vergüenza

que solo fue

su

imaginación y el cansancio del día. Iba a terminar con lo quedaba de su trabajo e irse a comer una buena pizza, mientras veía

la bella y la bestia por

televisión. Fue a su escritorio, se sentó en la destartalada silla y sólo con la luz que emitía la pantalla de su computadora volvió a revisar unos documentos. No pasaron, ni dos minutos cuando bostezo y cerró los ojos con deseo de dormir. Estaba cansada, deprimida y sobre todo aburrida. « Necesitaba una vida», eso era lo que últimamente se repetía, cuando la soledad acechaba su corazón. Volvió su atención a la pantalla del computador, pero en lugar de volver al trabajo. Entró a Facebook y miró la página de su amigo Dashiell. Era tan atractivo, con su cabello dorado y aquellos ojos azul cielo. Su rostro era tan parecido a un ángel, con sus rasgos suaves y delicados. Suspiró de forma exagerada y cerró la página. Él apenas le hablaba; ni soñar que saldría con ella. Se oía ruido en la calle, era mejor irse a su casa. Necesitaba dormir un poco. Se paró, prendió la luz de su oficina, su iPhone 5 y puso algo de música mientras se arreglaba para salir. De repente dejó oír el ruido de las bocinas y gente hablado, también la música de su reproductor paró de sonar. Iba a revisar el aparato, pero la luz también se fue; ni siquiera la luna brillaba. Sintió que algo rozaba la piel de 195 www.rbcbook.blogspot.com


su espalda y cuando quiso caminar sus piernas no le respondieron, su voz no salía de su garganta por más que intentaba gritar. Temblaba de miedo y su corazón latía como un tambor. Por más que lo intentaba no podía moverse y cuando las caricias iban a una parte de su cuerpo sentía como si desaparecieran. Ella ya no existía, sólo era parte del vacío. Todo a su alrededor era una masa oscura, que carcomía su alma. Fue cuando oyó su nombre provenir de una voz sobrenatural. — Alize La música de rock envolvió el ambiente al igual que la luz, a lo lejos se oía a dos borrachos cantando y ella se escuchó gritar. Estaba sola. « Había sido una alucinación por no comer nada», se dijo incrédula. Salió corriendo de su oficina directa a la multitud ruidosa que caminaba a su casa o a divertirse en los cafés. La oficina de Alize se quedó con la única compañía; el silencio que veía partir a su presa. La había dejado ir, por el momento. Deseaba aún sentir su desesperación, su pasión y su deseo de vivir. Recordaba su agonía como si fuera un manjar. En esos segundos

cuando el silencio tomaba su presa su

corazón latía y alma tenía una voz, que se callaba en el momento que su víctima formaba parte de él. La había observado por algunos días. Su sonrisa fue lo primero que le tentó, tan inocente. Se preguntó cómo tantas veces « ¿cómo sería sonreír? ».

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No era nada , no tenía cuerpo, alma, sólo un deseo que lo hacía salir del vació, romper el silencio y tomar las vidas que anhelaba vivir. Ella estaría caminando, un poco asustada. Su corazón latiendo de forma fuerte lo guiaba en la oscuridad. Atravesó las casas, farolas, carros

y las

personas caminando. Sólo por su sonrisa, por un último deseo. Esta noche ella sería de él y el silencio se convertiría en gritos y los gritos en silencio para luego ser absorbidos por la nada. Alize caminaba a su casa, no contesto el mensaje de su amiga Marie, lo haría cuando llegase. Sintió como si alguien la perseguía, apresuró el paso. Miró por los alrededores y percibió una sombra rodear las escalinatas. Aún recordaba la sensación de desasosiego y soledad. Una parte de ella le decía que temiera y otra que sólo era frutó de su imaginación. No por eso iba a dejar que la atrapen, corrió y trepó las gradas con la mayor velocidad que le permitían sus piernas. Todo fue en vano, cuando llegó a la última grada

todo estaba oscuro y la misma sensación que tuvo en su

oficina la dejo sin poder caminar. Utilizó todas sus fuerzas para hablar. — ¿Por qué me atac...? — no pudo acabar

su pregunta porque el

vació absorbió su voz. Él, en todos eso años, nunca nadie se comunicó con su persona, ella pronto sería asimilada, deseó que fuera diferente a sus otras víctimas. Por un momento se transformó en la figura que ella a veces miraba en la internet y la beso. Sus labios respondieron de forma dulce, llenándolo con una sensación 197 www.rbcbook.blogspot.com


que no tuvo antes. Fue ef铆mero, pero ese beso dur贸 por siempre y su sonrisa se convirti贸 en su sangre, en su lamento, en el eterno silencio.

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A

manecía, los débiles rayos del sol ya comenzaban a asomar. Se despertó intranquilo, ya el inició del día le anunciaba que no sería bueno. A pesar de estar ya en

primavera, la mañana era fría. Se asomó por la ventana, vivía en un departamento en el sexto piso, afuera, el pasto blanqueaba, había nevado. Era muy temprano y la callé estaba despejada. Abrió su ventana y prendió un cigarrillo. Estaba echando el humo fuera cuando se sintió observado, miró a lo largo de la vereda de enfrente, había una mujer con un anticuado camisón, su pelo se veía sucio y aplastado. Lo miraba con mucha intensidad.

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Eso no lo asustó, sino que lo puso de mal humor, odiaba que la gente lo quedara mirando como si tuviera monos en la cara. Cerró la venta y fue a la cocina a hacer un café. Era una pena no haber podido dormir más, ya que era feriado1. Prendió su celular. Tenía la costumbre de apagarlo antes de dormir, para evitar alguna llamada a las altas horas de la madrugada de alguno de sus irresponsables amigos. Al poco rato le llegó un mensaje, precisamente de uno de sus compañeros, esa noche sería Halloween y habían organizado una fiesta de disfraces en la casa de un amigo. Halloween, aquella festividad sólo la podía ver en las películas cuando era pequeño. Cuanto deseó que se hubiera celebrado en Chile, para haber ido a recoger dulces, pero ahora que era adulto le parecía una fiesta estúpida. El comercio había importado la festividad para lo único que servía: vender. Al principio fue muy incipiente, nadie casi lo celebraba, pero con los años la festividad iba adquiriendo fuerza. Cuando era pequeño era un niño soñador, que se emocionaba con todo, pero a medida que fue creciendo ese espíritu se fue enfriando hasta que dio al adulto agrio que era actualmente. No tenía pensado ir a esa fiesta absurda, prefería quedarse ese día en su casa y ver alguna película, aunque también podría dormirse hasta tarde ese día, ya que el siguiente también era inhábil2. El café le levantó un poco el ánimo, pero cuando abrió el refrigerador para buscar algo de comer, el ánimo se le volvió a agriar. No le quedaba casi 1 2

31 de octubre, Día de las Iglesias Evangélicas y Protestantes. Feriado de Chile. 1 de noviembre, Día de Todos Los Santos. Feriado de Chile.

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nada en la nevera, algo de queso, un tomate y una lata de cerveza. Era necesario hacer una visita al supermercado, lo mejor sería ir temprano, no vaya ser que hubiera mucha gente después, él odiaba las multitudes. Miró su reloj, todavía no eran las ocho, tendría que esperar hasta las nueve para que algún supermercado estuviera abierto, aunque algunos abrían a las ocho y media, pero no sabía cuáles y no le apetecía pasearse por la ciudad para averiguarlo. Se sentó en el sofá a ver televisión, cambió de canal en canal sin que algo le interesara, así que la apagó y encendió la radio. La música lo relajó, por un momento cerró los ojos, no se había dado cuenta, hasta que las luces parpadearon y vio unos ojos intensos. El sueño lo sobresaltó, pero rápidamente se calmó, volvió a mirar su reloj y se dio cuenta que faltaba poco para las nueve, así que se fue a cambiar para salir.

Al salir del edificio se dio cuenta que el día estaba nublado, para nada un bello día de primavera, como si presagiara algo. Por suerte ya no estaba la chismosa mujer con la mirada insistente. Caminó una cuadra para tomar un colectivo3. Cuando iba en el ómnibus, vio en uno de los paraderos a un anciano que lo observaba tan fijamente como aquella señora y no paro de observarlo hasta

3

Auto, cumple una función similar al taxi, pero tiene una tarifa fija, sigue una ruta predeterminada como el autobús.

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que el colectivo desapareció de la vista del anciano, está vez él también lo miró inalterablemente. Después de bajarse del colectivo observó a la gente en la calle para ver si estos también lo miraban, para ver si tenía algo de lo que no se había dado cuenta. Pero nadie lo observó, sólo cuando alguno se daba cuenta de su insistente mirada le devolvían otra, algunos molestos, otros con una sonrisa y algunos algo asustados, pero la mayoría no se dio cuenta. Llevaba caminando dos cuadras cuando en medio de la poca gente que había en la calle vio una adolescente, estilo gótico que lo miraba con la misma intensidad que los otros. Apuró el paso para llegar con ella y pedirle explicaciones, pero mágicamente la vereda se llenó de personas que le entorpecieron el paso. Cuando finalmente llegó donde ella había estado, no quedaba nada de su recuerdo. Se inquietó un poco, pero al entrar al supermercado se olvidó de inmediato de lo sucedido. Aprovechó a comprar muchas cosas. Cuando estaba en uno de los pasillos recibió una llamada. Era su jefe, el próximo viernes habría directorio, por lo que le pedía que le enviara su informe de cobranza. Aún quedaban días para eso, lo tenía casi listo, en el siguiente día de trabajo podría dejarlo listo, pero su patrón fue insistente, quería tiempo para revisarlo. A regañadientes colgó el teléfono, después del supermercado iría a la oficina a terminarlo, era un fastidio, a pesar de ser un día libre lo obligaban a trabajar en algo que muy bien podría terminar después. 204 www.rbcbook.blogspot.com


Estaba murmurando para sí, maldiciones hacia su jefe y la empresa, cuando por el rabillo del ojo vio unas pupilas que lo miraban fijamente por detrás del estante. Esta vez pegó un salto y casi se le escapa el celular de la mano. Fue rápidamente detrás del estante a ver quién era, pero allí no encontró a nadie. Rápidamente se apresuró a terminar sus compras. La inquietud había dado paso a un ligero pánico. A pesar de no encontrarse muy sereno, decidió volver al departamento a dejar las compras para luego ir a la oficina. Por suerte tenía la llave y clave de alarma, así no tendría que pedirle ningún favor a nadie. Se habían relajado sus nervios un poco. Apenas entró, comenzó con su tarea de terminar el informe, quería hacerlo lo más rápido posible, pero después de una hora decidió hacerse un café. El café era su droga, le levantaba el ánimo y también lo relajaba, así que pudo continuar trabajando de forma más animada. Le tomó una hora más finalizar el informe, para luego enviárselo por mail a su jefe. Apagó el computador y se giró con el café en la mano. Detrás de él, un hombre alto y pálido llevaba ropa de aseo. La taza se le escapó de la mano y termino de vaciar el resto del líquido en el suelo. Rápido se agacho a recogerla, cuando volvió a levantar la vista el hombre ya no estaba. Se quedó petrificado por unos minutos, su cuerpo no reaccionaba. Poco a poco comenzó a recordar que sus colegas le habían dicho que algunas almas 205 www.rbcbook.blogspot.com


penaban en la oficina, pero no les creyó, en realidad no creía en nada de eso, solo lo veía como supersticiones. Luego sacudió la cabeza, debía de ser una broma, claro, todo había sido una broma, era lo más probable. Sus colegas junto con su jefe se habían confabulado para eso. Era Halloween, pero eso había carecido de sentido por siglos en el país, no sólo hace unos años, quizás una década, la fiesta se había importado, iba a causar que los fantasmas aparecieran ese día, no había ocurrido nunca -según él- y no tenía por qué ocurrir ahora. Finalmente se descongeló, miró la mancha de café en la alfombra, no se iba a calentar por eso, para empezar el no debería de haber estado ahí. Eran cerca de la una, así que pensó ir a almorzar a un restorán, no tenía ganas de volver a casa.

Pasó a comprar el diario antes de ir a almorzar. En el restaurante pidió bistec a lo pobre y se tomó una copa de vino. Cuando terminó, pidió un café y se puso a leer el diario. Su mesa estaba cerca de la ventana, por lo que pudo percibir que lo observaban. Afuera un hombre con traje lo miraba de la misma forma. Esta vez estaba cabreado, así que con gran agrado le mostró el dedo corazón. Una niña que almorzaba con sus padres lo vio, lo miraba como si estuviera loco. Le regaló una mirada para nada cordial y la niña asustada volvió a mirar a su mesa.

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Por un buen rato se quedó vitriniando4 en el centro. Ya no hubo miradas. Cuando el sol comenzó a descender fue al video club a rentar una película. Por el día que había tenido no se le antojaba ninguna de terror, mejor sería una comedia, algo que lo relajara, así que tomó una.

Cuando volvía a su departamento miró hacía la población en la que había crecido, sus padres aún vivían ahí. Pensó que debería de aprovechar aquellos días libres para visitarlos. A pesar de que vivían en la misma ciudad pocas veces los visitaba, ya que cuando iba le preguntaban cuando les presentaría alguna polola5 o si estaban sus hermanas trataban de presentarle alguna chica. Prefirió dejarlo para otra ocasión, ya que no tenía ganas que lo molestaran. Justo en la entrada de la calle de sus padres, vio una niña de trenzas con aquella mirada insistente, pero la diferencia era que esta vez aquella niña le parecía familiar, aunque no la pudo recordar. Seguramente era hija de alguno de sus colegas y por lo visto la broma continuaba. Iba subiendo por las escaleras del edificio, cuando se topó en ellas a su vecina y su hijo adolescente que era autista. El chico nunca había reparado en él y siempre tenía los ojos desenfocados, pero cuando estaba frente a ellos enfocó sus pequeños ojos en él y le dijo claramente: cuidado. La madre se disculpó y no hizo mayor caso, pero él sintió que su corazón se aceleraba. 4 5

Mirar las vitrinas, mirar la mercadería de las tiendas sin comprar. Novia.

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Cuando llego a su departamento inmediatamente fue a hacerse un café. Sabía que era una broma; debía ser una broma, pero algo en aquella niña lo dejó intranquilo y fue peor a lo que le había dicho el chico autista, a él no lo podían usar para una broma. Puso la película para relajarse, pero no se concentraba en ella. Pensaba en la niña y en dónde la había visto. De pronto como si una cortina fuera corrida en su mente, el “cuidado” del chico tomó sentido. Rápidamente se precipitó a la entrada dejando la película en marcha. Al abrir la puerta todo se volvió negro.

Cuando despertó estaba a oscuras, pero la luz de la calle se colaba por la ventana. Trató de moverse, pero no podía, estaba atado de manos y pies a algo. Tenía una mordaza en la boca. El pánico hizo que le pitaran los oídos. Pronto reconoció donde estaba, era su dormitorio y estaba amarrado a la cama. No sabía con qué, pero le estaba lastimando aquello: soga, cuerda, tela o lo que sea se estaba incrustando en su piel. Sus amarras estaban muy tirantes y debajo de sus muñecas y tobillos sentía humedad. Luego volvió a recordar lo que le había obligado a salir de su departamento. Aquella niña. Claro que la recordaba, él había jugado muchas veces con ella, hasta que un día un vehículo la había atropellado cuando andaba en bicicleta. Había muerto de forma automática. La niña de trenzas estaba muerta, lo sabía muy bien, él mismo estaba andando en bicicleta cuando ocurrió. Entonces tuvo que ir por mucho tiempo al 208 www.rbcbook.blogspot.com


psicólogo. Luego recordó aquella leyenda, una leyenda urbana que merodeaba en su ciudad. “El día de tu deceso, verás a la muerte mirarte a los ojos. Los que ya se han ido, lamentarán tu destino.” Era una de esas historias que contaban al acampar, pero no era en el caso de todas las muertes, sino que aquellas que fueron violentas. Su amiga le había dicho ese mismo día que habían personas que la miraban de forma extraña. Ahora ella lo miraba con los mismos ojos. Escuchó ruido en su departamento. Debía de ser aquel que lo había dejado inconsciente y lo había puesto ahí. ¿Qué quería? Pensó él, pero luego volvió a su recuerdo, la leyenda, lo asesinaría, eso era lo que haría. Su corazón estaba desbocado, aquel era su último día. Cuan arrepentido estaba de no haber ido con sus amigos, de no visitar a su familia, ahora ya no los volvería a ver. Miró su vida y se dio cuenta que no había hecho nada relevante, que aquellos sueños de juventud se marchitaron y que sólo vivió una vida más del monto de vidas grises que abundaban en el mundo. No podía morir así, debía de vivir para hacer algo. Las lágrimas brotaron a raudales. Se sacudió con fuerza, fuera de sí, ya no pensaba con claridad. Sus amarras cortaron más su carne y el dolor se volvió intenso, quiso gritar, pero sus gritos eran debilitados por la mordaza.

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La puerta se abrió lentamente. Una figura alta y oscura apareció. Más se retorció. Aquel psicópata sonrió y el blanco de sus dientes destelló en la oscuridad. Estaba complacido, había esperado que despertara para que supiera lo que estaba pasando. Algo destelló en la mano del asesino. Levantó el cuchillo. Cerró sus ojos, las lágrimas corrían aún más rápido y comenzaba a gimotear. Esperaba que fuera sólo un sueño, una mala pesadilla, pero nada lo sacaba de ese trance, rezó, aunque antes nunca lo había hecho. No quería morir, deseaba que alguien lo salvara. El asesino lo jaló del cabello. Quería que tuviera los ojos abiertos, quería ver su miedo, que él viera que era absoluto ante él y por sobre todo, quería deleitarse viéndole escapar la vida de los ojos. Se negó a abrirlos, por lo que el asesino le corto los parpados. De haber podido hubiera bramado con toda la fuerza de sus pulmones, pero la mordaza se lo impedía. La agonía era inmensa. Las lágrimas se habían secado, pero ahora la sangre humedecía los ojos, y un velo rojo le cubría la vista. Ahora el asesino tenía su atención. Puso el cuchillo en su cuello. Sintió el frío del metal en su piel. Despiadadamente lento fue introduciendo la hoja en su garganta. Su cuerpo se retorció frenético. Ya no habría gritos, la sangre en el interior de sus pulmones los callaba. El asesino le susurró al oído antes de que abandonara definitivamente su cuerpo. 210 www.rbcbook.blogspot.com


Antes de las 12 de la noche había muerto. El asesino deleitaba su obra de arte. Contemplaba un último de día de vida y la primera que quitaba de lo que se convertiría en serial. Ahora debes recordar que si alguien te ve fijamente a los ojos puede que eso signifique que ha llegado tu último día y si tienes suerte, puede que seas mi víctima

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E

sta historia comienza un día de Halloween, aunque para los demás era un día común, una fecha más que pasaba con esta festividad, pero para él no lo era así, sino sería el día

que cambiaría su vida para siempre. Cada mañana que despertaba estaba lleno de sufrimiento y tristeza, harto y cansado de vivir en soledad, pasaba día a día tratando de sobrevivir, de seguir hacia adelante, todo por un sólo motivo: “volver a ver a su amada”, la cual lo abandonó por problemas que se habían presentado en su familia. Y aunque tenían diariamente comunicación, para él no era suficiente, pues lamentaba no poder tener a su lado a su muza querida como él le llamaba.

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Pasaron más de 4 meses sin verse y para él cada segundo fue un martirio, se había vuelto adicto a sus besos, a sus caricias, a su presencia, y cada momento sin ella se empezaba a convertir en una tristeza demencial. Aquel día de Halloween, empezó como ningún otro, después de haberse quedado por unas horas perdidamente dormido, después de haber estado llorando -ya desde varias noches atrás- sin dormir y sin comer, el propio cuerpo ya le pedía un poco de descanso, pues ya no tenía energías; comenzó a escuchar extrañas y escalofriantes voces en el interior de su cabeza. Entre los susurros, las risas diabólicas y gritos espantosos, se escuchaba una voz que le decía “¿no te has cansado de sufrir, de llorar, de esperar, por algo que no volverá?, si es así, yo tengo la solución, yo sé cómo ayudarte para que dejes esa agonía”. El aunque luchaba por dejar de escuchar esas voces, no podía, por alguna extraña razón, parecía que se estaba apoderando de su mente, realmente se estaba volviendo loco, y ahora lo único que quería era dejar de oír esas voces, así que decidió ceder y escuchar las propuestas que aquella voz tenia para él. Con tono enojado y a la vez cansado les gritó: — ¡Ya déjenme en paz¡ ¿qué es lo que quieren de mí?, ¿qué más quieren si ya no tengo nada?, pues lo más importante que tenia se lo ha llevado ella. Díganme ustedes la manera para dejar de sufrir; díganme ¿cuál es? que ya no me importa nada, sólo quiero parar con este sufrimiento, ya no tengo fuerzas para seguir.

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Después de haber dicho la última palabra, un silencio se produjo en el interior de su cabeza, como si aquellas voces por fin se hubieran ido, pero a los pocos segundos una sola voz pronunció lo siguiente: “Tu muerte es la única cura para que dejes de sufrir, y si estás dispuesto a eso, yo puedo mostrarte el lugar perfecto para que termines con ella esta misma noche”. Al escuchar esto quedó pasmado al darse cuenta que aquella voz tenía razón, pues para qué le servía seguir vivo si ella ya no estaba a su lado, total, ya no tenía un motivo por el cual luchar, ni por el cual seguir viviendo en un mundo en donde la realidad lo manchaba de color gris, no le importaba morir si esa era la solución para parar su padecimiento, aunque fuera un acto cobarde él sólo quería acabar ya. — Muy bien, muéstrame aquel lugar perfecto, espero y tengas razón. La fría voz dijo: “sígueme” como si aquel sonido proviniera de una persona más, aunque el sintiera que caminaba por su cuenta, aquel otro ser era lo que ahora controlaba su cuerpo, pues a causa que se estaba volviendo un loco, suponía había generado una doble personalidad, aquel otro “él” lo dirigió hacia un lugar un poco lejano, a un costado de un pequeño pueblo, el cual estaba rodeado de peñascos. Escogiendo el más alto, comenzó a escalarlo hasta llegar a la cima en donde casi no se podía ver nada debido a que ya comenzaba a obscurecer, al arribar comenzó a caminar hacia la orilla y esto fue lo que en las siguientes

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horas ocurrió mientras aquel chico triste y desganado se encontraba ahí.

Sólo estaba a unos cuantos pasos de un abismo, la noche era tan obscura como nunca la había visto, sin estrellas , una luna con una luz de muy poca intensidad, era el día en el que probablemente decidiría qué hacer con mi vida, a tan sólo un paso de la orilla de aquel peñasco, pasaba por mí mente el futuro, sí señores, era el futuro y no mi vida como muchos aseguran que sucede cuando uno está al borde de la muerte, en aquellas imágenes que veía pasar con una gran velocidad, observaba lo que me deparaba o quizá sólo era lo que quería ver, pero esta vez ya no había vuelta atrás, ya no quedaba nada por qué arrepentirme de dar el último paso que me haría volar, que me haría sentir el aire rozando mi piel, era una decisión difícil debo aceptarlo, mis pies temblaban y las gotas de la lluvia empezaban a caer en mi rostro y a fusionarse con mis lágrimas. Finalmente había dejado de escuchar todas esas voces, ahora un gran silencio se presenciaba acompañado de las nubes que tapaban a la luna, dejándome en completa oscuridad, ya había transcurrido cerca de una hora desde que había llegado a aquel lugar, el penúltimo que iba a visitar, el ultimo, sería el cementerio y mi nuevo hogar: una tumba muy fría y oscura, pero eso ya no importaba pues parecía que el tiempo estaba parado, todo a mi alrededor se había inmovilizado; el único sonido que podía escuchar era el de mi corazón latiendo tan rápido que parecía que saltaría de mi pecho antes de que yo lo 217 www.rbcbook.blogspot.com


hiciera, en ese momento estaba decidido a hacerlo, pero justo cuando ya tenía un pie al aire y mi cuerpo inclinado hacia el risco, a lo lejos escuché una voz que gritó: “!Noo¡ Por favor no lo hagas”, al escuchar eso di vuelta y observé una silueta muy familiar, sí era ella; la razón por la cual hoy estaba dispuesto a terminar con mi vida, ella había regresado para salvarme, para impedir que yo saltara, aún con lágrimas e inmóvil por la adrenalina y el miedo que sentía; pero después de unos segundos finalmente poniendo todas mis fuerzas logré nuevamente tener control de mi cuerpo y corrí hacia esa silueta, pero al irme acercando se fue desvaneciendo, y finalmente cuando creí llegar a ella, desapareció, al ver eso me desvanecí y como vil niño comencé a llorar frente a la luna, yo no sabía que fue lo que había pasado, estaba seguro de que era ella, pero al final comprendí que la mente estaba jugando conmigo, seguía imaginando cosas que nunca pasarían. Esa persona que un día anhelaba ser, ya lo era, pero no como yo había imaginado, el hecho de estar loco no era tan bonito o quizá yo no era lo demasiado fuerte para saber controlar mi nueva mentalidad, pues al parecer ahora ella era la que mandaba a mi cuerpo desde mi mente, la cual al parecer había habitado a otra persona a otro ser que era todo lo contrario de mí, definitivamente no era como en las películas, pues siempre el loco era un personaje feliz sin importar que no hubiera algún motivo por el cual estarlo, pero no, yo no vivía en Hollywood, ni era actor de ninguna película, yo vivía en la vida real en donde todo es diferente, en donde todo lo que pasa y lo que ves 218 www.rbcbook.blogspot.com


es real, en donde casi nunca hay finales felices, yo vivía mi realidad, realidad que se basaba en una simple palabra, un sentimiento llamado: “amor”. Había jurado que regresaría a mí, pues esa era mi única esperanza de saber que la volvería a ver, que volvería a estar con ella y que principalmente besaría sus dulces labios y miraría esa hermosa sonrisa que me enamoró y esos hermosos ojos cafés que me hechizaron por completo, pues lo de nosotros era un amor verdadero, uno que jamás había sentido por nadie, un amor de esos que hoy en día, hay muy pocos. Este se basaba en hacer locuras para disfrutar la vida, con dulces besos de compañía y claro, nunca faltaban los abrazos, pero sin avisar un día ella tuvo que marcharse dejándome sólo y aunque le jure que siempre le esperaría sin importar cuando tiempo fuera, aun sabiendo que sería difícil vivir sin ella, nunca me imaginé que lo sería tanto, pues es como sentir la muerte en carne propia, no tenía ya sentido seguir sabiendo que no volvería. Nunca la culparía de lo que había pasado, ya que nadie es culpable de lo que viene escrito en el destino de cada uno, simplemente ni ella ni yo, nos imaginábamos que aun después de haber jurado que estaríamos juntos para siempre, habría algo que nos separaría, algo más allá de la distancia, pero justo cuando intentaba terminar con ese sufrimiento su recuerdo no me lo permitía, pues se había transformado en una ilusión óptica que me detuvo de aquella muerte segura. Pero ahora que me había dado cuenta de que sólo era eso: una ilusión creada por mi mente, estaba aún más decidido a hacerlo, así que me levanté del suelo y caminé hacía el abismo nuevamente, mis pies aún seguían 219 www.rbcbook.blogspot.com


temblando y lo frío de la lluvia habían adormecido nuevamente a mis piernas lo cual me impedía caminar rápido, lentamente me fui acercando y cuando finalmente llegué a la orilla, salté sin pensarlo. Ahora, pasó mi vida ante los ojos y en ella observé todos aquellos hermosos momento, inevitable fue fijarme en el día que nos tomó la lluvia por sorpresa en aquel río y caminamos bajo la lluvia para buscar un refugio, fue mágico y especial, fue genial besarla, en ese momento creía que nada podía separarnos, me gustaría volver a ese día y hacerlo eterno pero lamentablemente el tiempo no regresa y si se pudiera, ya sería tarde porque mi muerte estaba a unos metros de llegar, después de unos cuantos segundos, una luz intensa brilló y ya no supe nada de mí hasta después de un rato, cuando finalmente desperté, al levantarme observé a mi alrededor, aún seguía lloviendo, la luz ahora tenía una gran intensidad la cual alumbraba todo un hermoso paisaje que posaba frente a mí, al darme vuelta observe mi cuerpo en el suelo, la lluvia que corría a mi alrededor se llevaba la sangre que de mi materia brotaba, pero eso no me importó, pues finalmente me sentía libre como nunca antes, me sentí libre de dolor. En mi mente sólo había calma y paz, me sentía tan ligero que me era difícil mantener mis pies firmes en el suelo, pero al darme cuenta de eso, comprendí que finalmente como siempre había querido, ahora en este momento podía volar, así que alcé el vuelo y fui directo hacia las nubes, fue algo maravilloso,

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por fin podía estar en el cielo y sentir las suaves nubes, tan suaves como el algodón, por un momento me había olvidado de tanto dolor y tanta tristeza que sentía cuando aún estaba con vida; una gran paz se arremolinaba en mi interior que de ninguna manera me explicaba, todo era fantástico, entonces fue cuando a lo lejos miré una gran luz que se acercaba a mí, yo sentí miedo, ya que no sabía lo que era, así que intente escapar de ella pero fue imposible y me alcanzó, pero para mi sorpresa, resultó ser un ángel que venía a buscarme, con sabias y dulces palabras me dijo: —Hola hermano, espero estés bien y en paz, más sin embargo es hora de que me acompañes al paraíso, a tu descanso eterno. Con una gran sonrisa en el rostro y sin pensarlo un segundo, contesté que sí, que ya estaba preparado, así que lo tomé de la mano y volamos juntos hacia las puertas del cielo en donde San Pedro esperaba por nosotros, sin embargo antes de entrar, recordé que tenía algo muy importante que hacer, así que le pedí permiso para regresar por unos cuantos minutos sólo para despedirme de alguien, y sin titubear contestaron que sí, que estarían esperando por ahí y que cuando viera un gran resplandor, sería tiempo de regresar, así que me apresuré y emprendí el vuelo hacia un lugar muy lejano, quería verla por última vez, ahora que podía hacerlo, nada me lo impedía, así que fui hacia ella.

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Cuando llegué y la vi sentada, un gran temor se apoderó de mí y el llanto empezó a brotar, lentamente fui acercándome hasta llegar a su lado, no podía creerlo seguía tan hermosa como la última vez que la había visto, sus ojos cafés me hechizaron nuevamente y sentí una gran alegría en mi corazón, me posé frente a ella y con las manos lentamente me fui acercando hasta llegar a tocarla, y con lágrimas corriendo por mi rostro, le dije: —Hola, pensé que nunca te volvería a ver, sé que fui un cobarde al haber hecho esto, pero realmente no encontré fuerzas por ningún lado para poder seguir sin ti, perdóname por no haber cumplido mi promesa de esperar tu regreso, pero no fui lo suficientemente fuerte para aguantar tanto abandono, tantas ganas de estar a tu lado para poder besarte, abrazarte y sin embargo no poder hacerlo, me regalaban cientos de noches en las cuales me ponía a llorar por no poder sentir tu piel. >>Finalmente me di por vencido, espero y cuando te enteres de lo sucedido puedas comprenderme y perdonarme, quisiera que supieras que a cada instante, por cada respiro pensaba en ti, nunca te olvidé, nunca salías de mi mente y mucho menos de mis sueños, espero que sigas adelante y no te des por vencida como yo lo hice, y aunque ya no pueda volver a estar a tu lado siempre te amaré, pues gracias a ti volví a creer en el amor, tú me diste esa felicidad que no había sentido con nadie más. A lo lejos apareció la señal de los ángeles, así que le di mis últimas palabras: 222 www.rbcbook.blogspot.com


—Sé que quizá te será difícil seguir el camino tú sola pero aun así tengo fe en que sabrás enfrentarte a él, desde allá arriba te seguiré protegiendo e intentaré guiarte por el camino correcto , entiendo que no me puedes escuchar, pues mis palabras para la vida terrenal son mudas, pero aún así quiero decirte que te amo, sé que quizá en otra vida nos volvamos a encontrar y espero que por fin podamos ser felices y siempre estar juntos, ahora sólo es tiempo de marcharme, pues ya no pertenezco a este mundo. Y finalmente con un beso partí, y sin importar que no regresaría a su lado, estaba feliz por haber tenido la oportunidad de volverla a ver y sobre todo de besarla pues al parecer ella también sintió aquel último beso ya que en su rosto se reflejó una felicidad inmensa. Después de esto emprendí mi vuelo hacia las puertas del cielo, ese era mi nuevo hogar, desde donde la protegería y amaría por siempre o al menos hasta volver a estar juntos, cuando fuera su hora de partir. Sólo que esta vez no rompería mi promesa y la esperaría todo el tiempo necesario, sólo para volver a estar unidos.

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14

de noviembre de 2014. No hemos vuelto a ver a nuestros hijos desde la aciaga noche en que salieron disfrazados dispuestos a hacer sus trucos a todo aquel que no

quisiera aceptar sus inocentes tratos. Y como ellos, cientos de niños en todo el país. Todos desaparecidos, todos tragados como por ensalmo delante de nuestras propias casas, las mismas que dejaron atrás vestidos con sus trajes de muerto y estando seguros de que volverían muy pronto con los zurrones llenos. Catorce días de angustia, catorce días deambulando de un sitio para otro, preguntando a las autoridades, reuniéndonos con otros padres y tratando de recabar detalles: dónde fueron, qué camino tomaron, cuál fue la última persona que les oyó reír, pero nada de nada, es como si se hubieran desintegrado y pasado a formar parte del polvo sideral, esas partículas microscópicas que 226 www.rbcbook.blogspot.com


inundan el espacio pero que nadie ve. Porque sí, porque todos sentimos su presencia, porque de alguna manera sabemos que continúan habitando el mundo de los vivos, que siguen estando entre nosotros. Escuchamos sus pasos, les oímos susurrar con sus voces de pito, reñir por ver quién llama a la siguiente puerta, asegurándose de que todos les abren y de que todos les entregan sus generosas dádivas. Ya sabíamos que eso de importar costumbres paganas de un país de dudosa moral sólo nos traería problemas. Pero claro, ahora quién es el guapo que se atreve a decir que eso ya lo avisamos, que no debimos permitir a nuestros hijos celebrar el día de los difuntos con tan poco respeto. Qué es eso de ir por las casas importunando el dolor de sus moradores con una frase tan poco apropiada como “truco o trato”. Para empezar esas palabras combinadas de esa forma no tienen sentido en castellano. ¿Cómo que truco o trato? Estos yanquis de mierda se creen que pueden ir imponiendo sus falsos dioses sin que después vengan las consecuencias. Pues ya lo ven. Miren la que han armado. Todo un país despojado de sus queridos niños por una gran chorrada. Pero la culpa de todo en el fondo la tenemos nosotros. Primero dejamos que fuera el refresco de cola, después las películas de indios y vaqueros, con las que por supuesto nos dejamos seducir y convencer de quiénes eran falsamente los buenos, después las hamburguesas sintéticas y las comidas rápidas, luego nos quitaron la siesta, y para terminar nos pusimos a jugar a la bolsa y a pedir

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grandes créditos. Y ahora esto, él último escarmiento, la prueba fehaciente de que nos hemos convertido en un apacible y triste rebaño de borregos. Hoy hemos decido por fin dejar esta ciudad de locos. Aquí nadie nos va a ayudar. No paran de repetirnos que están haciendo lo imposible para encontrar respuestas, que han reunido a todos sus científicos para aclarar el tema, como si estuvieran tratando con fuerzas que tuvieran alguna posibilidad de entender. Debían haberlos quemado a todos en la hoguera, empezando por el propio Galilei cuando afirmó que la Tierra era una bola redonda que giraba alrededor del Sol. ¿Y qué si tenía razón?, ¿qué bien le hecho a la humanidad saberlo?, ¿acaso por ello podemos afirmar que no seguimos siendo de lo más ignorantes?, ¿qué no somos simple materia en medio de un universo creado por el único Dios?, ¿eres tú más feliz por saber que no vives en un mundo que es sólo una planicie? Te aseguro que no. Vamos a ver si encontramos indicios en el pueblo de Lucas. Allí parece que se oyen su voces con más fuerza que antes, sobre todo de noche, al abrigo de esa oscuridad ahora sólo perturbada por la luz de las velas. Sus habitantes han decidido renunciar al progreso, cortar los tendidos eléctricos, derribar las antenas y los repetidores, desmantelar los campos de esas ondas que dicen ser inocuas pero que todo el mundo sabe que son altamente dañinas. Sospechan que se trata de eso, que tanta radiación ha provocado que los cuerpos que son más vulnerables se vuelvan invisibles. Aunque eso la verdad no explica por qué ha ocurrido todo, la noche de los muertos, ni por qué sólo han desaparecido los niños que salieron a pedir 228 www.rbcbook.blogspot.com


caramelos. Yo no creo que la cosa vaya a tener arreglo, al menos de esa forma. Imagino que por mucho que mi mujer se oponga tendremos que acabar rezando en las iglesias, pidiendo perdón por haber renegado de la fe que nos dieron nuestros antepasados. No sé por qué me dejé convencer de que debía abandonar los ritos. Lo de siempre, todo por una buena hembra, por dejarme arrastrar por la lujuria y querer dormir abrazado a sus huesos. Lo que llaman amor no es más que el puro y flagrante deseo de la carne. A mí ya no me engañan, a mí no me la dan con queso. Pero ya se ha acabado, ni Lucas ni su querida prima, que es ahora mi esposa, me van a convencer. Yo me voy a la ermita, a rezar a mi Dios, a pedirle perdón y a suplicarle que me devuelva a Lucía y a Jorge, sé que no lo he hecho bien, que como padre he eludido mi responsabilidad de educarles como Él nos mandó, pero confío en que estoy aún a tiempo de enmendar mis pecados, de arreglar este entuerto, de hacer borrón y cuenta nueva. Prometo que volveré a confesarme, que iré cada domingo a misa, que comulgaré de la hostia sagrada, que obligaré a mi mujer a arrodillarse ante Ti y que no volveremos a mancillar tu nombre ni a repetir el acto de la fornicación. Perdóname Señor por haberte abandonado al primer indicio de que un buen trasero se ponía a mi alcance. Soy débil, eso siempre lo supe, pero ahora prometo no volver a fallarte. ¿Es acaso demasiado pedir?, ¿no me dirás ahora que he cambiado de opinión sólo por conveniencia?, ¿no perdonaste tú a una cortesana?, ¿por qué has de tratarme entonces a mí de forma diferente...?

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—Niños, corred, venid, papá ha salido del coma y ha comenzado a hablar. Parece que el golpe le ha hecho ver las cosas de forma diferente. Ya sabía yo que mis plegarias serían escuchadas. A partir de ahora se acabó eso de saltarse las misas y de ir por las casas pidiendo golosinas. Ya le dije que eso de truco o trato no tenía sentido. Mira que no ver el camión de la basura cuando salió a buscaros. No sé por qué me dejé convencer para dejaros ir. Desde ahora os lo advierto, el año que viene nada de disfrazarse ni salir por la noche, iremos primero a la iglesia a escuchar los oficios y después de seguido al cementerio a honrar las tumbas de los que ya están muertos.

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Gracias por ayudarme a cumplir la petición del abuelo. Dio resultado, se ha ido, y debo admitir que una enorme tristeza me invade, no sé si hice bien… ya que ha decidido llevarse: AL AMOR DE SU VIDA.

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En primera quiero agradecer a Dios por permitirme concluir el proyecto “Tales RBCBOOK 2013” en su primera edición. Muchas gracias a Candy Von Bitter, Citu, Daniel Menéndez Cuervo, Deisy Rubiyal, Eduardo Hernández, Fabiana Iglesias, Jose Docavo, Karla Güttler, Lidia, Lidia Herbada, Raquel Campos, Sandra Ferraté y Shenia, que han depositado su confianza al donar un relato de su puño y letra, para hacer de “Noches de Halloween” una realidad. Espero haberle hecho justicia a sus historias. Pero no estaría completo sin la grandiosa ilustradora Norma Terrazas que de un boceto que le entregué lo ha convertido en una espectacular portada; gracias amiga. Fatima y Sari, dos grandes mujeres, que me motivan a pesar de que nos separe a la primera un continente y la segunda estados, desde ahí sus ánimos me alientan para cada vez ponerle más empeño a cada uno de los propósitos que me planteo. Pero nada tendría sentido sin los lectores, para ustedes fue hecho este compilado y son los únicos que pueden alentar a los autores para que exista una tercera, cuarta,… edición de este u otros temas que la imaginación nos permita. RBC.

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La reuni贸n Rbc

6

Bibidi babidi bu Deisy Rubiyal

23

El trato de una asesina Lidia Herbada

57

Una vez al a帽o Shenia

65

Schizein Fren Lidia

85

Noche de Halloween para recordar Fabiana Iglesias

98

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Pumpkin Candy Von Bitter

122

El llamado Daniel Menéndez Cuervo

151

Noche de brujas Raquel Campos

159

La puerta del sótano Sandra Ferraté

178

La sangre del silencio Citu

192

El 1er y último día Karla Güttler

199

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Entre la felicidad y la paz Eduardo Hern谩ndez

212

El Halloween que derram贸 la calabaza Jose Docavo

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Agradecimientos 234

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Rbc www.facebook.com/rbc.book www.rbcbook.blogspot.com Norma Terrazas (*Ilustradora portada) anacallama@hotmail.com Deisy Rubiyal Debajo del disfraz Dos mil años sin ti Lidia Herbada www.lidiaherbada.com Shenia www.elbosqueilusorio.blogspot.com Lidia www.theblogoflidia.blogspot.com Fabiana Iglesias www.fabiiglesias.blogspot.com Candy Von Bitter www.voces-huecas.blogspot.com Daniel Menéndez Cuervo La leyenda de Jay-Troi: El inmortal Raquel Campos www.amazon.es/Un-amor-tiempo-ebook/dp/B00DR0FI3Y Sandra Ferraté www.facebook.com/sandra.ferratevalero

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Citu www.enamoradadelasletras.blogspot.com Karla GĂźttler www.elrinconmulticolordekarla.blogspot.com Eduardo HernĂĄndez www.facebook.com/eduardo.hernandezrivera Jose Docavo www.viewbook.at/B007E6JGKI

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