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La basílica está abierta. Y vacía. Frente a la puerta, un enorme belén llama tanto la atención que resulta imposible no dirigirse hacia él olvidándose del resto. Animado, la mayoría de los personajes hace algún tipo de movimiento, casi siempre un brazo, y el ruido del agua, en múltiples cascadas o movido por algunas norias, suena con fuerza rompiendo la quietud que uno imagina en el templo de no ser por él. – No está mal, aunque parece más un parque de atracciones que otra cosa – dice Fran. – Lo que no entiendo es por qué están repetidas las figuras. Mira los reyes, hay varios juegos – le digo. – Claro. Y varias vírgenes, y varios “sanjosés”, y varios niños… – dice en tono paternalista un instante antes de que me dé cuenta del motivo –. Como que son varios belenes, todos los que han participado en el concurso, que los han puesto juntos – añade señalando con un gesto el cartel que informa de los participantes y del ganador. Durante el paseo alrededor de la nave, Fran se detiene frente a la imagen de la Virgen. – ¡Hombre! – exclama – también aquí tienen una Virgen negra. ¿Conoces la explicación? – No. – Pues yo sí. Se trata de vírgenes inspiradas en dioses y cultos precristianos. Según esta teoría son herederas de las antiguas diosas de la fertilidad, de ahí el color, el mismo que el de la tierra más fértil. A lo largo de la cristiandad ha habido muchísimas, y ahora quedan menos por el simple hecho de que las han ido decolorando – dice de un tirón y con suficiencia. – Fíjate. Yo pensaba que quizá tuviera qué ver con el color de la madera de encina – le digo –. También creo haber leído algo acerca de los efectos del humo de las velas… – Pues no, ya ves – me interrumpe – Esas son explicaciones pueriles. Lo que no había visto nunca en una iglesia es eso – dice señalando hacia uno de los lados, donde algo acaba de llamar su atención. – Yo tampoco – digo al ver un reloj de pared, mientras pienso, aunque me lo callo, que se nota que ha vuelto en buena forma. Muy cerca de la Encina, frente a la oficina de turismo, está la Casa de los Escudos. Se trata de un edificio barroco del siglo XVIII

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León Sin Prisa II  

Preámbulo y primer capítulo de "León Sin Prisa II"

León Sin Prisa II  

Preámbulo y primer capítulo de "León Sin Prisa II"

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