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Luis Fernando Gómez Cota

Poesía

Perlas negras

Cuadernos

de la Serpiente


D.R. PERLAS NEGRAS LUIS FERNANDO GÓMEZ COTA Derechos Reservados por Ediciones Cascabel ISBN 978-970-94-3005-9 Diseño editorial: Raúl Cota Álvarez Costura: Taller de Blanca Alvarez Morales Se autoriza la reproducción parcial del contenido siempre y cuando se cite la fuente. Primera edición, La Paz, B.C.S. México. ENERO DEL 2017


Prólogo

Desde una voz templada por el oficio, nos aborda un poemario de mareas diversas, la de los rituales cotidianos, la de la memoria, la intensa ola del deseo. En la voz de Luis Fernando Gómez Cota pulsa el mar y sus elementos fluyen hacia la mirada con la pulida entonación del navegante, con el cuidadoso ritmo del artesano de la letra. Habitar el universo de perlas negras es sumergirse al canto íntimo de quien vive y revive el entorno, la raíz y la diaria maduración del tiempo en constante regreso. Con la lectura de estos poemas, nos damos cuenta que la elevada estación de la palabra poética sea quizá “vaho de nubes que nunca termina de alejarse”. Bienvenidos.


Perlas negras


Perlas negras

Marinero. Marinomarinero Mar humeante siempre ajeno madreardiendo bruja sin trabajo marino marinero de Estambul al Tacanรก.

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Sin agridulces dejos en la frente. QuiĂŠn dirĂ­a. Todo y nada. Nada que no sea malaria entrometida cĂłlera peste primer mutismo pecho adentro Persiguiendo, siempre, persiguiendo.

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Quetzalcóatl, en cambio, es polen que se extiende hasta su única verdad, serpiente de agua en flor y fuego nos convierte de un sorbo de cacao a poema. Mientras el pirata se desata cuando quiere. Su embriaguez y las novelas lo rescatan del olvido le recuerdan que es mortal al final de la ensenada. Este pirata, con su cerveza milenaria, el vino atroz que cultivó y su terrible comezón no se enamora sólo toma lo suyo, así, naturalmente, como debe ser.

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Y es su voz quien le contesta: ยกTรณmala! Al fin nunca nadie tendrรก que agradecerte nada cuando tu barco se ilumine como flor en camposanto.

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¿a qué juega el café en nuestros labios? a florecer nuestros lutos en perlas del rosario. -Dicen que una cabra le contó su secretosu té oscuro, con la noche y Sherezada.

Aquí la sal milenaria cela al corazón más grande del mundo y el futuro no es certeza sino abandono.

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Naufragar amarga espuma es morir fuera del cuerpo y por dentro, con bruĂąos silvestres fundar nuevos mares.

Por dentro la olla de barro murmura la muerte de otra especie.

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Lejos del mar el pelicano su poema sigue...

Don Hernando volverรก a las espinas de Calafia y Sherezada.

El oro del sol La sigila montada en su grifo y Hernando, muy triste la ve atardecer.

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Un café más en las ruinas de Marina agua dulce arando nubes.

De todos los mares prefiero a éste que es sólo novela y sal de aquél en que, en un martes en la mañana, brotó la vida.

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Las pausas de la muerte

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Las pausas de la muerte

Cómo es que uno recibe a Dios o a Usted, y se cambia la vida, se sigue y sin sentir- como diría el abuelo- así como no queriendo, se va escarbando nuestra fosa, el piso parece inmune, más nuestros pasos ya probaron su pequeñez. La muerte no tiene sabor. Se disfraza ante la nada de esmeralda frialdad, nos observa con inefable afecto. O sólo se desliza entre caricias y deja sombras impostergables enredadas en la sangre. Incluso viaja sin papeles ni subterfugios, negociando entre infinitos. Luego se levanta al mundo en que ha caído, y con toda esa diosidad, reconstruye el juego a favor del retador con tal de seguir perdiendo.

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Los cangrejos de las sombras derivan del sur al viento mientras las nubes distraen su ceniza afuera, la lluvia parca de mis labios su sed.

Cรณmo es que uno regresa y no encuentra mรกs que rostros desgatados, pero la misma mirada que te cuenta sin palabras, las pausas de la muerte.

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En los cauces de la noche

Al contemplarse los velos blancos y profundos, surgen crisantemos sobre la piel, mariposas a mar abierto en infatigable persecución. Hay también ligas que aprietan y carcomen la carne de tu cuello hasta hacerte perder todo contacto humano, que te humillan y te arrastran como a un perro callejero, sangre dilatada ante los embates del cansancio… Hay silencios que se guardan, y otros, sólo caen inadvertidos.

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A ras de cielo

Los cuervos van en sentido contrario a las nubes, y el sol nunca les arrebata su noche, su fuga eterna, su muerte a ras de cielo. En cambio yo me enredo en tus pensamientos, cuando tranquilo podría platicar con Dios, pero sólo eres tú, el engaño de luz reflejada en mi palabra humedecida.

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Lo cierto

Pero no es el humo nada más, lo que se pierde entre las orlas de luz que nos envuelve al desprenderse de la taza de la abuela, ni siquiera es el café que recorre distancias generacionales a cada sorbo que deja tierra dulce en el paladar de la vieja, −taciturno relieve que encalla en silencios−. Es mucho más que eso; lo nombrado y lo innombrable del caso: del humo que se pierde en la mirada, es ese lapso en el que los tiempos, los aromas y los roces de los cuerpos inextricablemente se aman. Lo cierto de todo esto es lo último en perderse.

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El último segundo

Escuché un murmullo de rebozos livianos alejarse, así como el agua entre las piedras y la huella de la luna al atravesar tu cama. Oí un padre nuestro que caía como piedra. un avemaría besando llagas.

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Un por si te olvido donde ya no estoy con mis labios tardos al resecarse. El Ăşltimo segundo se queda abierto sin eco permanece.

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Es la hora

Es la hora‌ cerrar los ojos interrumpir el aire y mansamente dejar que al cuerpo el olvido halle.

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Prendida al pecho

¿Es posible el día en que no se agote el plazo? Construimos sueños sobre una flor prendida al pecho.

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El tendedero

Bajo el tendedero donde jugĂĄbamos las velas hurgaban la maĂąana. Hace mucho la enterramos y la ropa colgada sigue siendo su estandarte a media asta, por los dĂ­as que en mis ojos se quedaron.

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Acoso

Despojos de esta muerte que persigo vaho de las nubes que nunca terminan de alejarse.

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Prisionero

Era sólo un muro que reptaba su sombra hasta mi piel.

Una pared de prudencias que roía cada pulsión a mi cerebro.

Y sin sarcasmos enrojecidos sobre mis nudillos salvajes, hice de esta tumba el último cabo suelto.

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Perlas negras


PERLAS NEGRAS se terminó de imprimir en enero del 2017 en la ciudad de La Paz, B.C.S. La edición estuvo al cuidado de Raúl Cota Álvarez y el autor. Se tiraron 300 ejemplares para publicar en Cuadernos de la Serpiente: revista_cascabel@hotmail.com visita: www.proyectocascabel.blogspot.com


13 Luis Fernando Gómez Cota

(Nació en la ciudad de México en 1967 Radica en el estado desde 1984) Estudio en la Preparatoria José Ma. Morelos donde participó de todos sus talleres artísticos y muy en especial con el grupo de creación literaria coordinado por Héctor Rubalcaba. Estudió en la UABCS la carrera de filosofía Es promotor cultural con especialidad en el fomento al hábito lector Ha trabajado en el periodismo cultural en lo que antes era la extra con el suplemento cultural el Aleph. En el municipio de la paz en la dirección de cultura, en el DIF municipal y Colaboró en el ISC como coordinador del programa de salas de lectura. Actualmente se desempeña en la UABCS como encargado del programa de movilidad estudiantil

Perlas Negras  

Poemario de Luis Fernando Gómez Cota. Cuaderno de la Serpiente #13

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