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MOSAICOS, CLAVE3 Y ESCUDOS No tienen la espectacularidad de las ruinas de los fuertes de Santa Bárbara o San Felipe, ni tampoco causan admiración sus descubrimientos como los de los baluartes de San Carlos o San Fernando, pero también forman parte de la historia de La Línea de la Concepción. Son los mosaicos que dan nombre a promociones de viviendas vitales en su momento; son las llamadas “claves” de portales que se remontan al siglo XIX y que testimonian la antigüedad de los inmuebles; son los escudos de organismos o centros públicos. Pues todo ello está amenazado por el descuido, la dejadez y el desinterés. Ahí están, expuestos al progreso y al abandono. Son detalles e índices de gran parte de la corta e intensa historia de La Línea. Su contemplación traslada al linense a otras épocas y a recuerdos ya posiblemente dormidos. El escudo que corona el antiguo instituto técnico Diego Salinas, en la calle Carboneros, ha pasado desde siempre inadvertido para casi todo el mundo, sobre todo ahora, cuando apenas si se recuerda para qué sirvió ese edificio. Sin embargo, el gran problema se da con los mosaicos, repartidos por toda la parte vieja de la ciudad. Muchos de los que ya han desaparecido daban nombre a las calles y plazas como la actual de la Iglesia, antes de Queipo de Llano. Todavía permanecen el de las Teresianas, en la calle del Padre Andrades. Allí puede leerse “Escuelas y Comedores de San Pedro, Parroquia de la Inmaculada” con una imagen del apóstol en el centro. En la acera de enfrente (conecta Siete Revueltas con Pedreras) está el rótulo de la calle del Padre Andrades, hecho con las mismas características que el mosaico de los comedores. De similares características es el que da nombre a la promoción de viviendas de Blas Pérez, situada justo detrás del hospital, en la misma Avenida de Menéndez Pelayo. Sin embargo, el que parece más espectacular es el de la actual Delegación Municipal de la Vivienda, en la calle San Pablo. Es un precioso mosaico que está resistiendo el paso del tiempo. El más afectado, sin duda, es el de la Plaza de Cruz Herrera. Está parcialmente tapado con el toldo de un bar de copas y salpicado con las sucesivas pinturas dadas a la fachada. Por el contrario, uno de los que aparece más esplendoroso es el del Mercado de La Concepción. Es el más gran de todos y se conserva en perfecto estado, aunque la parte superior está cubierta por una posible reforma posterior. En el mismo

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edificio del mercado está la lápida que refleja curiosamente el año en que el Ayuntamiento recuperó su dominio sobre el recinto, en 1917, y no la fecha en que se construyó, 1882. Un litigio con el concesionario del mercado hizo que el Ayuntamiento lo asumiera en 1917.

LOS PORTALES SE CORONABAN CON ARTÍSTICOS ESCUDOS. Las entradas a las casas se coronaban antiguamente con las “claves”. Eran unos remates muy artísticos en la mayoría de los casos en los que se podía ver en relieve o tallado un escudo, quizás heráldico, o bien las iniciales de su primer dueño o morador. Una cosa o la otra aparecían selladas con el año de su construcción. Por eso, un repaso a las casas de las calles más antiguas de la ciudad (Sol, Real, San Pablo, Granada, Clavel, Isabel la Católica…) permite ver como era la arquitectura de la época. Son generalmente viviendas muy atractivas en sus fachadas y que siguen perteneciendo a las mismas familias que la habitaron hace muchos años. Los puntos más anecdóticos son, por ejemplo, el bar Sevilla o la oficina de Domingo Aldana, cuyas claves reflejan el año 1870, el de la fundación de La Línea. Luego las hay de 1894 (la casa de los Villar en la calle Real) y, en general, de los primeros años del siglo XX. Y no son pocas las que quedan con la clave un con un escudo de gran nivel artístico. LA CONFUSIÓN DE LA HISTORIA Y LA ESTÉTICA. El gran problema para la conservación de este tipo de detalles históricos es el de los sucesivos cambios políticos. La mayoría de los partidos son reacios a conservar vestigios de épocas que no les resulten cómodas. Ello provocó en la

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época republicana, por ejemplo, la retirada del busto de Ramírez Galuzo, artífice de la creación de la ciudad, posteriormente restituido a finales de la década de los años treinta. Los mosaicos de las plazas del General Queipo de Llano (hoy de la Iglesia) y algunas calles (Amador de los Ríos o Antonio García Bueno) también fueron presa de los nuevos tiempos, llámese retirada política o derribo del edificio. Otros, como el de la Plaza de Cruz Herrera, aparece parcialmente tapado por un toldo y dañado por pintados posteriores de las fachadas. Lo peor es que se hace sin ningún tipo de recato ni miramiento. Este es el fundamento del interés de determinados ciudadanos por conservar lo que queda, que sigue siendo bastante, tanto mosaicos de calles, plazas y promociones de viviendas públicas como claves de puertas y portones o escudos de organismos y centros oficiales.

Nota: Actualmente (septiembre 2009), el mosaico situado en la calle Lutgardo López Ramírez ya no se encuentra allí, tras el derribo del Cine Amaya, al igual que el del pintor Cruz Herrera situado en la Plaza de su mismo nombre, no sabemos si para siempre.

Fuente: Josele Fernández EUROPASUR 6 de Junio de 2004.

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Mosaicos, claves y escudos  

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