Page 86

diaria. Se lo agradecí, y hablé con ella, pero fui incapaz de describirle mi gran secreto. Una revista contemporánea hubiera incluido una lista más detallada de síntomas, hubiera hablado de los daños que produce, hubiera puesto la bulimia en relación con la anorexia: aunque parcialmente, habría tratado de inferir las causas. Entonces, en el año 91, nada de eso era común. En ninguno de los medios a mi alcance, ni mucho menos a través de mis educadores, había encontrado la menor información sobre mi enfermedad. Sin embargo, en otros aspectos el término «bulimia» me ayudó a saber que era posible reconocer mi dolencia» Al fin y al cabo, eso significaba que otras personas la sufrían, y que aunque extremadamente rara (de eso seguía convencida) era una manía controlable. Creo que, una vez asumí que estaba trastornada, parte del miedo, al menos el que sentía al no saber qué me pasaba, se disipó. Controlé más o menos mi peso desde entonces, y en adelante ya nunca superé los cincuenta y ocho kilos. Mis atracones perdieron parte de su desesperación: ya no sentía impulsos de comer lo que fuera, cualquier cosa, incluso azúcar a cucharadas, sino que escogía con cierto cuidado qué iba a ser. Los alimentos casi nunca variaban. Pan y embutidos, patatas fritas y similares, los salados. Chocolate, galletas y hojaldre, ,los dulces. Aprendí a no asaltar las reservas de mi casaj y aunque de cuando en cuando la desesperación era tanta que recurría a ello, prefería comprar fuera las chucherías que me gustaban, de modo 90

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you