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Parte de la verdad a la que yo no tenía acceso se reveló bajo la forma de una revista femenina: yo las adoraba, y aunque apenas prestaba atención a sus artículos, a los que indicaban de qué manera comportarse, y cómo lograr un trabajo mejor, o exponer requerimientos urgentes a los jefes machistas, era capaz de reconocer en qué número había aparecido tal modelo con tal vestido. Se acercaba el verano, y con él sus exigencias, y con él, mi cumpleaños, una nueva ocasión para lamentar haber nacido, para lamentar haber crecido y haber arrojado mi vida por la ventana. Aquel año nadie pensaba en las vacaciones: antes era preciso pasar el examen de selectividad y ser admitido en una universidad. Yo, que me había tomado el curso con un desprecio apenas disimulado sin que por ello mis notas se vieran afectadas, afronté la prueba con la misma actitud; sabía que no tendría problemas para entrar en la universidad: me había decidido por Arquitectura, de modo que mi amor por el dibujo podría encontrar una respuesta, y mi necesidad de planificar todo cuidadosamente podría salir a la luz. Mi cabeza estaba ocupada por la obsesión por la comida, y mis días con el sentimiento de culpa y las sospechas de mis padres: me habían prohibido tomar parte en el viaje de fin de curso, porque no se fiaban de mí, y porque creían que me descentraría en los estudios, y yo había aceptado el castigo con resignación, convencida de que realmente no me lo merecía. Mis padres no sabían hasta qué punto me había involucrado con el viaje, de modo que no 86

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia