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¿Cuándo iba a finalizar aquella tortura, aquella decepción continua? El dietista no podía entender el súbito aumento de seis kilos, y mis padres lo explicaron como un error de báscula. Quedaba una semana de régimen, que el médico se empeñó en continuar, y me impuse seguirlo con corrección. Perdí cuatro kilos, pero aun así, pesaba más que al inicio del régimen. Cuando mi madre fue a hablar con él y le contó que yo comía a escondidas, el dietista le sugirió que me escarmentara, que me castigara y me atara corto, que con mi comportamiento estaba mintiendo a mis padres y arruinando su prestigio.

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Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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