Page 55

Si la comida había sido demasiado seca, bebía un vaso de agua para facilitar el proceso. Vomitaba en silencio, sin permitirme arcadas, porque a veces temía que me oyeran mis padres, y otras me encontraba en un baño público, sin techos y con un considerable hueco bajo la puerta, por lo que me era necesario conducirme con más cuidado. Aprovechaba el ruido de la cisterna, o de los grifos, y me aseguraba de estar sola en el momento de vomitar. Aprendí a fingir que nada pasaba, colocando los pies de modo que nadie pudiera ver que se dirigían hacia el inodoro y no hacia la puerta, me hice experta en arreglarme las ropas, y alguna vez dejaba algún botón del pantalón desabrochado, hasta que alguien me lo hacía notar. Era capaz de mantener una conversación con alguien que me esperara fuera mientras vomitaba al mismo tiempo. Cuando no comía, necesitaba constantemente algo en la boca: al principio era un chicle, luego aprendí a regurgitar la comida. Durante horas, enviaba de nuevo la comida a la boca y la rumiaba, hasta convertirla en una papilla insípida que tragaba por fin. Aprendí a hacerlo mientras caminaba, mientras estudiaba en clase, incluso mientras charlaba con mis amigas. Nunca me sorprendieron, ni se extrañaron de lo mucho que me mordía la lengua o el paladar. Cuando años después se lo pregunté, ninguna de ellas había notado nada. Únicamente que yo parecía comer cuanto deseaba, más que nadie que hubieran visto, y que no engordaba. Me confesaron que en aquellos años me envidiaban. 59

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you