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dad humana y del respeto bastarían para justificar esta medida. La difusión de cuerpos que inciten a la delgadez extrema, a la modificación de los mismos mediante cirugía estética o a medidas irreales debería ser controlada. No hablamos de caprichos estéticos: hablamos de una corriente generalizada de banalización del cuerpo humano, de una tendencia alienadora y tendenciosa de la imagen corporal que está entre los factores causantes de terribles trastornos psicológicos. Las campañas de prevención deberían, claro está, extenderse mediante el sistema educativo; no basta con cierta información sobre alimentos y nutrición. Es preciso que se propugnen modelos alternativos, tanto físicos como de conducta, con los que los niños y jóvenes puedan identificarse. La educación en la igualdad no debe limitarse únicamente a la aceptación de diferentes razas o religiones. E1 aspecto físico, la altura, la miopía, o el peso deben recibir tanta atención y debe transmitirse hacia ellos tanto respeto como hacia cualquier otra característica. Las niñas han de gozar de idénticos deberes y privilegios, y los educadores han de exigir el respeto para ellas como mujeres, y no fomentar la creencia de que sus aficiones y necesidades son idénticas a las de los niños. Poseen un cuerpo distinto, con procesos y crecimiento distinto, y nada de eso debería ser objeto de discriminación o burlas. Independientemente de su peso, los niños han de ser alentados a similares actividades: gimnasia, baile, natación... Se les debería enseñar, con crite-

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Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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