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gramos hoy, y que eso, unido a los que perdieron la semana pasada, les acerca cada vez más a la hospitalización. Y, sobre todo, sobrecoge descubrir que no tienen conciencia de su enfermedad, que se centran en la comida y en su peso, que no hablan con sus padres, que únicamente piden ayuda mediante una página web que no permite localizarlas ni ayudarlas. El de Sylvia comenzó el catorce de enero de 2002, y sus entradas son diarias: «(...) Muy bien, vayan por delante unas cuantas cosas sobre mí: me llamo Sylvia, tengo 16 años y quiero ser diseñadora de moda. Soy rubia, y tengo los ojos azules. He sido admitida para ser animadora el curso que viene, y también en el equipo de balón-volea. Tengo tres agujeros en cada oreja, y uno en la nariz que me hice el verano pasado. También tengo un piercing en el ombligo (mis padres todavía no lo saben). Cuando cumpla los 18 pienso hacerme uno en la lengua. No tengo novio, me encanta leer y escribir mi diario, hablar por el móvil, todo lo que tiene que ver con ordenadores y recibir e-mails, como cualquier otra chica de mi edad, salvo por un dato: tengo problemas con la comida. Pero no me han diagnosticado anorexia, de modo que no puedo decir que sea anoréxica. De todos modos, sí que tengo comportamientos anoréxicos: ahora mismo mido uno setenta y cinco, peso (qué vergüenza), 71 kilos 400 gramos, y tengo una talla cuarenta. Pero que conste que he adelga230

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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