Page 225

sin diluir antes de comer, de modo que la comida no sepa bien. —Rociar la comida ya preparada y a punto de ser consumida con detergente, de modo que quede inutilizada. —Emplear cualquier método químico, legal o ilegal, saciante o inhibidor del apetito. No dejar de fumar, o comenzar, si no se tiene el hábito. En cambio, prohiben vomitar por el riesgo de ataques al corazón. También recomiendan comprar un par de libros de cocina y repostería, y mirar las fotografías, convirtiéndolas así en una especie de pornografía alimenticia. Y si sienten deseos de cocinar las recetas, se les pide que calculen las calorías. O masticar durante horas dos trocitos de chocolate light, que no sean mayores que los consabidos dos granos de arroz. O sustituir el azúcar del café por medio plátano machacado, que contiene las mismas calorías, y potasio, por si se ven en la necesidad de vomitar. Otra de las variantes a estas páginas son los diarios interactivos: las chicas inician un diario que cuelgan en páginas especializadas, y que pueden ser consultados por quien lo desee, o quien sea socio de la página. El proceso resulta escalofriante. Ante nuestros ojos, las niñas cuentan, día a día, con apenas seis horas de diferencia horaria, cómo se esfuerzan por continuar con su anorexia, o cómo se entregan a prácticas de ayuno y restricción de alimentos. Es terrible verlo, conectarse y descubrir que Lisa, o Emma, o Sabrina, han perdido cuatrocientos

229

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia