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que la cafeína les hará moverse más, estar despiertas, y atenuar el apetito. —Comer con moderación las cosas que les gustan. Por moderación entienden dos porciones de chocolate del tamaño de un grano de arroz. —No guardar los restos para evitar tentaciones. Si es imprescindible, meterlos en recipientes opacos. A cambio, se les permite olfatear los envoltorios de las comidas que les gustan. —Temer el invierno, la época en la que se tiende a comer más y hacer menos ejercicio. Por eso mismo, intensificar la dieta. —No emplear sal, ni azúcar, pero sí picante, que inhibe el apetito y les hace creer que eliminan grasas. Lo mismo ocurre con el zumo de limón, de papaya, de apio, de menta, con el vinagre, y la fibra, que animan a consumir en cantidades desorbitadas. —No tragar, sino masticar y escupir la comida. —Rondar la cocina continuamente, de modo que la familia crea que han comido. Mentir diciendo que se comió o se comerá en Otra parte. Escupir la comida en la servilleta o una taza. Quejarse de dolor de estómago, de alergias alimenticias o de una úlcera. Encontrar trabajos o estudios a la hora de comer. Si los padres sospechan, decirles que les quieren y que no harían nada así, porque les heriría y se perjudicarían a sí mismas. —Reducir las porciones a un octavo de lo normal. —Emplear bandas blanqueantes en los dientes, de modo que mientras dura el efecto no pueden comer, o enjuagarse la boca con elixir 228

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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