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desde la adolescencia. La tasa de mortalidad rayaba en el 6%. Hablamos de más de quinientas mil personas muertas, sea por las consecuencias de la restricción alimenticia, a resultas de los atracones, fallos cardiacos o suicidio. La simple idea de que estas páginas pueden incrementar o mantener este número obligaría a adoptar medidas inmediatas... que nadie ha tomado. Muchas de ellas cambian de dirección cada pocas semanas, y son imposibles de encontrar si no se forma parte del circuito. Otras se enmascaran bajo frases relacionadas con «Ana». Ése es el nombre en clave de la anorexia, y en la mayor parte de las páginas se encuentran elogios, poemas y declaraciones de amor a Ana. Para tener acceso a otras, es preciso pasar un examen y hacer una declaración de intenciones. En algunos casos se puede ver la página web pero no entrar en contacto con el grupo que la sostiene o la muchacha queja actualiza. El contenido de las webs incluye fotografías de cuerpos anoréxicos, o de modelos y actrices extremadamente delgadas: Esther Cañadas y Britney Spears son dos de las favoritas, después del indiscutible ídolo, Kate Moss. Añaden frases sobre las que meditar, o «Thinspiration», recetas sin calorías, trucos para ocultar el adelgazamiento o para acelerarlo, listas de alimentos prohibidos o permitidos, y, por lo general, la historia personal de la chica que es, o desea ser, anoréxica. La reacción internacional ha sido de estupor y de morbosa curiosidad. No en vano, las entrevistas a chicas anoréxicas han mostrado siempre una 214

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia