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Aparte de hombres bulímicos y hombres anoréxicos, existen muchos comedores compulsivos, tradicionalmente considerados glotones o golosos. De ahí que en lugar de ser observados con preocupación, únicamente se considere la parte estética o saludable del aumento de peso, y se les tenga por gorditos felices, o perezosos comilones. En lugar de que se tome conciencia de la enfermedad, se propugna un sentimiento de vergüenza. En poco tiempo es posible que las organizaciones sanitarias comiencen a calcular los inmensos gastos que estos trastornos ocasionan, y consideren necesario invertir ciertas cantidades en prevención. De todas maneras, las consultas y los tratamientos privados son tan frecuentes, que esa toma de conciencia puede retrasarse indefinidamente. Sin embargo, si se comienza a expandir la idea de que la bulimia y la anorexia no son enfermedades excluyentes, que afectan a un amplio sector de la población, es posible que se inicie una reacción, o al menos que uno de los tópicos más dañinos caigan. Cartas de denuncia, protestas, actos de apoyo, negativas a admitir modelos de conducta y apariencia equívocos... todo ello es necesario, y puede ser llevado a cabo por cualquier sector de la sociedad. Tal y como está organizada nuestra civilización, los problemas de las adolescentes no parecen contar. Tristemente, es posible que ahora que la bulimia se ha extendido a otras capas más influyentes, esa situación mejore. Resulta interesante anotar también que, aunque muy lentamente, se han tomado algunas disposi209

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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