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teman reconocer que padecen una dolencia que necesita tratamiento psicológico. La sociedad no reacciona bien frente a los enfermos, y menos aún ante los trastornos mentales, por muy leves que sean. Muchas temen que su trabajo se vea afectado, o que las aparten de sus estudios. Otras no quieren tirar por la borda su imagen de chicas perfectas, o temen arruinarse si tienen que costear un tratamiento. Otras llevan tanto tiempo enfermas que no saben cómo enfrentarse a la rutina diaria fuera del círculo de atracón-vómito. Muchas creen poderlo superar solas, y otras piensan que el tiempo mejorará las cosas, o que lo lograrán cuando terminen de estudiar, o cuando consigan un novio, o cuando... La mayor parte de las ciudades cuentan con centros de apoyo a las enfermas, y aparte de la atención telefónica que algunos ofrecen, la difusión de Internet está facilitando que las bulímicas se aproximen al tratamiento. Las llamadas de ayuda que reciben los teléfonos y las páginas web especializadas están permeadas de desesperación y de pánico apenas contenido. En esos ámbitos en los que se asegura la privacidad, en los que no hay necesidad de controlar las lágrimas, o mantener una postura serena, las enfermas gritan y suplican una solución. Algunas de ellas logran liberar parte de la tensión únicamente pidiendo socorro: para otras, es el paso inicial que les conducirá a un tratamiento. 203

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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