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que en principio fue diagnosticado como depresión resulta ser una bulimia arrastrada durante años. En todos los casos la familia debe tomar conciencia del problema de la enferma, y ha de prestar una atención especial a las circunstancias. No puede esperarse que una mujer enferma desde hace años, con unos hábitos ya tipificados, que se queda sola muchas horas al día, que para colmo debe afrontar la responsabilidad de buscar los alimentos, comprarlos, prepararlos, cocinarlos y retirarlos se recupere. No se trata de un resfriado, no es algo que se pase con el tiempo, que se logre mediante fuerza de voluntad o que pueda hacerse sin provocar cambios. Los hijos deberán asumir responsabilidades: a partir de una edad muy temprana pueden prepararse el desayuno solos, y posiblemente también la merienda. Como los ingresos dependen del marido, posiblemente éste sea reacio a solicitar una baja laboral para ocuparse de los problemas de su mujer: por lo general, si es una hija la que padece bulimia y los dos padres trabajan, es la mujer la que deja de hacerlo para ocuparse de ella, en parte porque es lo que se espera de una buena madre, en parte por el complejo de culpa, en parte por el pensamiento, tan extendido, de que si una chica es anoréxica o bulímica se debe a que existe algún problema con la madre. Si esa situación se da en el caso de las hijas, de pocos maridos se puede esperar que se involucren totalmente en el caso de sus mujeres, que son al fin y al cabo adultas y responsables. 201

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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