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a veces incluso en exceso, se muestran osadas y atrevidas, y su agenda no podría estar más repleta. Una mujer así representa en gran medida el prototipo del éxito en su variante femenina. Alguna vez llegará el colapso, y ese escenario caerá en pedazos, pero mientras tanto nadie será capaz de ver nada. ¿Dónde están? Por todas partes. En puestos de responsabilidad y en las facultades, en las tiendas de ropa, comprando o siendo las dependientas, en las pasarelas, en los despachos, en las cocinas, en cualquier sitio en el que pueda esperarse ver a una mujer o a algunos hombres. A veces aparecen en los centros de planificación familiar, o en las clínicas de interrupción del embarazo, porque la mezcla entre ño prever las cosas, dejar claro su atractivo sexual y la no absorción de la pildora anticonceptiva debido a los vómitos o los laxantes ha causado un embarazo no deseado. Esperan también a las puertas de los colegios, o en la cola del supermercado. Un altísimo porcentaje de enfermas son adultas, y están al cargo de una familia. Algunas de ellas se casaron siendo bulímicas, o enfermaron al quedarse embarazadas, o a lo largo de los años de matrimonio. Atrapadas en su rol de amas de casa, de madres y esposas, no se sienten con derecho a quejarse o a protestar. De las amas de casa se espera que aprovisionen la nevera, que cocinen aceptablemente, que recuerden qué alimentos prefieren sus maridos y qué productos son los más sanos para sus hijos. Se espera que empleen tiempo en la cocina, que pre199

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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