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son adorados por las enfermas, que en muchos casos desean ir aún más allá, empleando medicamentos para purgarse. Diuréticos suaves, supuestamente procedentes de plantas, pero en comprimidos, aparecen en las farmacias y tiendas naturistas como setas en primavera más o menos por esa época. Cuando los miedos al bañador asoman, y la odiada celulitis atemoriza a más de una, estos productos dicen solucionar la retención de líquidos. En ninguna de estas tiendas he comprobado que se negara la venta a menores. En esta fobia a la retención de líquidos y a la fluctuación de peso se adivina una vez más el rechazo a la constitución de la mujer, cuyo peso y volumen oscilan mensualmente debido a los procesos hormonales que la conforman como fémina. La celulitis, enemigo contra el cual la batalla está perdida de antemano, se ha exagerado y demonizado hasta faltar a la verdad. La celulitis no indica que la piel esté enferma, ni está causada por toxinas, como muchas veces han difundido las marcas de cosméticos que buscan un aumento de ventas. Sus causas son hormonales, y según los científicos, aunque en la actualidad se ha llegado a la máxima eficacia posible en cosméticos, ninguno de ellos hace desaparecer la piel de naranja. La solución a la celulitis, si la hay, vendrá de la manó de la medicina, no de la cosmética. Y llegados a este punto sería recomendable cuestionarse si merece la pena medicarse para eliminar un fenómeno perfectamente natural que afecta a un noventa por ciento de las mujeres adultas. 188

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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