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consiguen, su sufrimiento es inmenso y su comportamiento totalmente imprevisible. En ocasiones los padres no saben distinguir a tiempo la bulimia porque las enfermas ocultan cuidadosamente los vómitos, y se aprovechan del alivio que sienten los mayores al verlas comer. Las características que delatan a las bulímicas (desaparición de comida o dinero, glándulas inflamadas, callosidades en los dedos que emplean para provocar el vómito, costumbres extrañas de alimentación...) son aplicables en este caso. Sus cambios de humor oscilan tanto como su peso, y es muy posible que nieguen sufrir este nuevo problema. Nuevamente, el tratamiento ha de pasar por manos de profesionales, y no puede limitarse a una terapia psicológica, o a la desaparición de los síntomas. Estas pacientes han demostrado una complejidad y unos problemas que han de ser tenidos en cuenta de una manera global. Han de recibir asistencia psicológica y nutricional, y han de aprender nuevos hábitos de alimentación para enfrentarse a los problemas. María es una muchacha muy joven que ha pasado por esta dolencia, y que ha descrito, no sin cierto humor, cómo fue su pesadilla particular. ***

Cuando tenía 13 años empecé a hacer tonterías con la comida. ¿Por qué? Eso me gustaría a mí saber... bueno, ya se sabe que ésa es una edad tonta y... 174

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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