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de sentir que podía hacer algo hermoso. Esa recompensa nunca podía estar relacionada con la comida, de modo que solía tomar un baño y arreglarme las cejas. Después ocupaba el tiempo escribiendo mi diario, o algunas cartas. ¡Incluso poemas! También me gustaba dibujar, y regar dos tiestos con plantas que cuidaba en mi habitación. Con el tiempo no necesité hacer todas esas cosas. Ahora me basta con escuchar algo de música, y quizás, ordenar la casa u ocuparme de mis plantas. Si me siento muy frustrada, grito en la almohada. Pero durante los meses que me llevó recuperarme, el proceso completo me fue de gran ayuda. No tengo ni que decir que todo resulta más sencillo si cuentas con alguien que te ame y te apoye. En mi caso, mi relación con mis padres y con mis hermanos no era lo suficientemente sincera como para hablarles con total franqueza. Me querían, y me quieren, y yo sería capaz de hacer cualquier cosa por ellos, pero también tienen problemas para afrontar sus sentimientos, y deben hacer su propio trabajo personal. Además, cuando me enfrenté a mi problema y a mi recuperación yo ya vivía por mi cuenta. De modo que la persona que ha estado a mi lado en este proceso ha sido mi novio. Sí, pese a lo que yo misma creía, es posible tener novio, y amigos, es posible que te quieran pese a cortarte con una cuchilla dos veces al mes. Le conocía porque era amigo de mi compañera de piso, y en una ocasión en la que vino a dejar un regalo para ella me sorprendió a punto de cortar168

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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