Page 163

Emplea un poco de tiempo, el necesario, en encontrar un profesional en quien puedas confiar. Alguien que te inspire respeto. Ten en cuenta que será una herramienta muy importante para iniciar unos hábitos nuevos. No seas tímida, y cuéntale todo lo que has hecho, tus cortes, tus sentimientos, tus movimientos más vergonzosos. Necesita saberlo para ayudarte. Y tú necesitas contarlo para liberarte. Cuando yo sentía que no podía soportarlo, pero me encontraba en la fase de recuperación, y no deseaba, por nada del mundo, herirme, encontré sustitutivos: me hacía las mismas marcas, pero con rotulador rojo. O metía las manos en agua muy fría. O rompía papel, periódicos viejos, por ejemplo. Gritaba y golpeaba contra mi almohada. Elegía mi música preferida y bailaba hasta agotarme. Cuando me había tranquilizado, contaba desde veinte hasta cero, cambiaba la música por algo más relajante, me tumbaba en la cama por un rato, e imaginaba que me encontraba en un lugar precioso. A veces observaba fotos de mis seres más queridos, o me abrazaba a un osito de peluche, o a una chaqueta de mi novio. Me repetía una serie de frases en las que describía mis virtudes: tengo una gran fuerza de voluntad, soy inteligente, soy amable con los demás, e intentaba alejarme del sentimiento de dolor. Pensaba en qué lo había originado, respiraba profundamente, y poco a poco me tranquilizaba. Muchas veces lloraba, lo que me dejaba definitivamente calmada. Después de liberar la tensión física y tras haberme relajado, necesitaba una recompensa, un modo 167

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

Advertisement