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des soportarlo. No sirve de nada que otras personas intenten animarte, o darte razones para vivir. Su intención es buena, pero a menudo están tan asustados, tienen tanto miedo a que realmente te mates o sienten tanto pánico ante la muerte que te amenazarán, o te dirán tonterías, o llorarán. Eso no tiene nada que ver contigo, sino con sus sentimientos. En esos casos recurre a alguien que pueda comprenderte, y pueda ayudarte, preferiblemente un psiquiatra, un médico, alguien que no te juzgue ni te haga sentir culpable. Intenta encontrar una asociación o un teléfono de ayuda, y recurre a ellos. Tus padres o tus amigos te quieren mucho, sin duda, pero tal vez se encuentren demasiado cerca como para actuar con frialdad y eficacia, o tal vez no sepan cómo hacerlo. No les culpes. A mí me hablaban de lo mucho que me quedaba por delante, y lo único que yo podía pensar era que si la vida que me restaba era así, mejor acabar de una vez. Pero ten en cuenta que en esos casos lo que se busca en la muerte es alivio. Si realmente mueres, no te sentirás mejor, ni más aliviada. Habrás dejado de existir, y de percibir esa mejora, esa relajación. Cada persona posee un nivel de resistencia al sufrimiento distinto. Las razones por las que alguien se deprime, se siente angustiado o desea morir pueden parecer insignificantes a los demás. Hay hechos determinados que pueden llevar a esa decisión (angustia generalizada, una enfermedad terminal, 164

Cuando comer es un infierno  

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