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ellas, y tampoco a las enfermas: el silencio y el ocultamiento no han curado hasta ahora ninguna enfermedad. No todas las anoréxicas o bulúnicas se mutilan, pero casi todas las chicas que se cortan o queman a propósito y de manera continua sufren algún trastorno alimenticio. Yo, por ejemplo, fui anoréxica. Logré superar la enfermedad y la automutilación, pero no del todo, porque sufro desde hace tres años de bulimia. Aún no sé expresar mis sentimientos, especialmente los que más me duelen, de una manera que no me dañe. No puedo hablar de ellos, nunca he podido, y cortarme era un modo de expresarlos. Creo que de esa manera me liberaba de esos sentimientos e intentaba al mismo tiempo pedir ayuda. Mis padres lo sabían: todo el mundo lo sabía. Me cortaba en la zona de las muñecas, con largos cortes siguiendo la línea de las venas. Tardaban mucho en cicatrizar, de modo que durante todo el verano era posible ver las marcas rojas recientes y las huellas blancas de las que ya habían curado. A todos les horrorizaba: «¿Cómo puedes hacerte esto, Linda?», preguntaban; pero entre el asco y el horror yo descubría otros sentimientos: me admiraban por mi resistencia al dolor. Ellos no serían capaces de hacerlo, y eso me daba cierto poder sobre mis padres y mis hermanos. Cuando descubrí que mis dos primas pequeñas querían imitarme no me sentí culpable, aunque todo el mundo creyó que yo era una mala influencia. Yo sabía que no lo harían: eran demasiado felices como para necesitar expresarse de esa manera. Por suerte, tuve razón. 161

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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