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creer que aquella joven tímida y educada escondiera esos secretos, en apariencia tan difíciles de ocultar. Me mantuvo al tanto de sus progresos y de sus dudas, y me puso en contacto con otras personas que ejercían la violencia sobre sí mismas. Tuve que admitir que resultaba más frecuente de lo que yo pensaba. En la actualidad Linda cursa el último año de Psicología. He elegido su testimonio porque presenta una evolución más o menos completa: el resto de las chicas que reconocieron infligirse heridas no eran capaces de explicarse claramente, o llevaban tan poco tiempo haciéndolo que aún intentaban comprender qué les ocurría. La traducción es mía. ***

No conozco los datos en Inglaterra, y no creo que existan estadísticas oficiales actualizadas o fiables. Se considera que en los Estados Unidos un 0,5 por ciento de las mujeres menores de treinta años se hieren cortándose o quemándose. Eso supone que una de cada doscientas jóvenes utiliza la violencia sobre su propio cuerpo: los psiquiatras sospechan que muchas de las jóvenes que denuncian haber recibido malos tratos pero que son incapaces de dar el nombre de su maltratador, y que presentan cortes, moratones y quemaduras, sufren en realidad esta dolencia. Ese comportamiento no hace ningún bien a las auténticas mujeres maltratadas, porque levanta sospechas acerca de 160

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia