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que soy mucho más que mi cuerpo o que las dimensiones de mis caderas. Creo que soy una persona afortunada; después de muchos años de sufrimientos fui capaz de liberarme de una situación angustiosa, y mi salud, tanto física como mental, no se resintieron demasiado. No perdí nada irrecuperable, salvo el tiempo. Muchas otras chicas no tuvieron tanta suerte. Cuando recuerdo aquel periodo muevo la cabeza: me siento furiosa, indignada. Ahora, desde mi perspectiva de mujer adulta, quisiera hacer lo posible para prevenir esta dolencia, y para evitar que tantas otras chicas la sufran. Las palabras también sirven, y por eso he querido contar mi historia.

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Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia