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Intento no caer en tópicos ni adjudicarme etiquetas: tímida, segura, fuerte, desorganizada... en algunos sectores de mi vida me siento tremendamente vulnerable, como en todo lo que tiene que ver con mis afectos. La relación con mi amigo duró dos años y se deshizo con cordialidad, y desde entonces he tenido varias más. Unas han sido más satisfactorias que otras, y por supuesto, siento miedo a comprometerme y a ser herida, a sacrificarme a favor del otro, como mi madre hizo, o a no involucrarme lo suficiente y espantarle. Tengo dificultades para negarme a un favor, aunque me perjudique, y aún busco la aprobación de mis padres. En el ámbito profesional, en cambio, me siento mucho más afianzada, y disfruto empleando mi cerebro y mi creatividad para trabajar. He conseguido buena reputación y un éxito moderado en relativamente poco tiempo, y tengo grandes ambiciones para el futuro. Procuro mantenerme ocupada y hacer las cosas que me gustan: disfruto cocinando, viajo siempre que puedo, y no he abandonado la pintura. No siento la necesidad de ser la mejor en lo que hago. Los niños juegan así: sin enemigos. Mantengo un peso estable entre cincuenta y dos y cincuenta y cuatro kilos, es decir, más o menos lo que pesaba a los catorce años, antes de iniciar ninguna dieta y de enfermar. No siempre me siento bien con mi cuerpo, y a veces desearía poseer las largas piernas de potrillo de las modelos, o sus ca-, deras inexistentes, pero por suerte he admitido 155

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia