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plear su tiempo en mí. Le describí lo débil y triste que me sentía, le hablé de mi tratamiento psicológico por bulimia, y tras reconocerme, me preguntó: —¿Tienes novio? Yo contesté que no, y mi madre le miró, sin comprender. Él continuó, dirigiéndose a ella. —Ahí está. Se queda en casa un domingo, empieza a pensar que todas sus amigas tienen novio, que ella no, y claro, se deprime. No tiene nada. Nos mandó de vuelta a casa, sofocadas e indignadas. "No pude comprender cómo un médico despachaba con un par de comentarios superficiales a una paciente de veinte años que describía signos claros de depresión. Yo me había quejado de dolor en las glándulas situadas bajo las orejas, que tenía un poco hinchadas, y él dijo que posiblemente estuviera algo resfriada. Hoy en día quiero creer que hubiera prestado más atención. La inflamación de las glándulas parótidas está considerada como una de las señales más claras de que se producen vómitos repetidos. Durante mucho tiempo me indigné contra todo lo que me rodeaba: la sociedad, restrictiva y machista, y sus representantes. Con los mensajes procedentes de la publicidad, con la moda y las modelos, con las mujeres por mostrarse débiles y los hombres por aprovecharse de sus ventajas. Con mis padres, que no habían sabido ver mis problemas a tiempo, y sobre todo, conmigo misma, que había desperdiciado los años más bonitos de mi vida encerrada en el cuarto de baño y buscando comida. 135

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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