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tenía para desear morir. Si me había dejado algún chico, si tenía algún problema grave, si las clases iban bien. Me enumeró las ventajas de mi vida, de ser joven, de tener toda la vida por delante, el placer de irme durante el verano al extranjero, por mi cuenta. Yo dije a todo que sí, apenas hablé de mi profunda depresión, y mis padres quisieron olvidar lo más rápido posible el incidente; aunque mi padre no era partidario de dejarme marchar a Irlanda, al final también en eso me salí con la mía. Fue el verano más feliz de mi vida, en el que hice realmente lo que quise, conocí gente maravillosa, y me sentí libre, libre, libre. Desde el primer día utilicé todo el encanto del que fui capaz, y logré ser la reina del grupo, el centro de las clases, la chica más solicitada y querida. Aún no sé cómo lo conseguí. En las fotos de ese verano aparezco siempre en el centro de la imagen, sonriente, delgada (había bajado dos o tres kilos) y transpiro seguridad en mí misma. Había dejado atrás todas las preocupaciones y la tensión de mi vida diaria, mis padres, mis clases. Podía olvidarme de todo y ser otra yo, la que siempre había deseado ser. La opinión general era que yo era guapa y tremendamente atractiva, y apenas podía ocultar mi satisfacción porque eso fuera así. Creía ser muy amable con todos, y no me di cuenta de que en realidad había conseguido manipular muy efectivamente a los que me rodeaban. Aunque sentía afecto por ellos, no los respetaba, y lograba de cualquier forma posible salirme con la mía. Daba por supuesto que todos estaban a mi 125

Cuando comer es un infierno  
Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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