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los dientes, como castigo, y porque estaba demasiado deprimida y agotada como para hacer otra cosa aparte de dormir. Acudía al dentista con regularidad, y me habían tenido que reconstruir una muela empastada que se me había destrozado: le echaron la culpa al empaste» que no había resistido, posiblemente por estar mal hecho, desvitalizaron el nervio, empastaron otra muela, y ahí terminó todo. Por supuesto, no le informé al dentista de mis hábitos alimenticios, y él no pareció notar nada extraño. Noté que los bordes de mis dientes, hasta entonces lisos, se estaban mellando en ondas, y a veces me dolían con mucha intensidad. Me sangraban las encías con frecuencia. Una de mis amigas, con una dentadura impecable, tuvo que someterse a nueve empastes en los dientes: al parecer, tenía caries en la parte interior. A veces tenía pesadillas en las que perdía la dentadura, o en las que de pronto me aparecía una caries negra y grande en uno de los incisivos, de modo que no había manera de ocultarla. Yo no sabía que la mayor parte de las bulímicas desarrollan problemas dentales, debido al continuo masticar y a los ácidos que regurgitan. El esmalte se come o salta, los dientes se deterioran, y muchas veces las piezas son irrecuperables. Tampoco sabía que no era conveniente lavarse los dientes inmediatamente después de vomitar, como yo hacía. De esa manera, el ácido reacciona con el dentífrico sobre el diente sensible y daña mucho más el esmalte. Los dentistas recomiendan enjuagarse la boca con agua, con bicarbonato sódi122

Cuando comer es un infierno  

Libro sobre la bulimia

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