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—Te estaban llamando. ¿Qué querías que no te avisara?—estaba nerviosa, hasta ahora no se había alterado tanto—. Voy a tomarme un café. La observó cómo se iba hacía el salón con una taza humeante. Era lista y tenía coraje; la noche anterior no se había asustado cuando lo había visto herido. En cambio, hizo lo posible por ayudarle. Pero ahora no entendía ese cambio de actitud. ¿Qué le habría ocurrido? Desde la conversación algo había pasado, ¿y si…, pero no podía ser.

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

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