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*** Héctor se despertó en la cama, percibía una presencia junto a él. Un cuerpo se amoldaba casi al suyo y se giró para observar a Alma, que se había acercado. Permanecía apoyada en él y su respiración era tranquila y acompasada. Habían decidido que dormirían en la cama los dos; él no podía moverse con el dolor de hombro y no soportaría el sofá y ella tampoco porque estaba muy alterada. Intentó girarse, pero al moverse provocó que ella también lo hiciera y un brazo cayó por su espalda para caer casi en su ombligo. Dejó caer su cabeza y respiró tranquilo, era demasiado, esta mujer no sabía lo que le estaba haciendo. Alma estaba soñando y era un sueño agradable, estaba con…era Héctor y la estaba abrazando con ¿amor? Y le decía unas cosas muy bonitas, cosas que nadie le había dicho nunca. Su mano vagaba por el abdomen y subían hasta… un gemido la despertó para encontrarse abrazada a Héctor y con la mano sobre su abdomen, que al contacto con su mano se notaba duro y liso. —Perdona, oh Dios. Habrás pensado que soy una desvergonzada pero no me di cuenta… de… —No pasa nada, solo deja que me levante. Necesito ir al baño — observó cómo ella se sonrojaba, salió de la habitación para no besarla de nuevo. El brazo le dolía menos, mejor, porque tenía trabajo que hacer. Debía ir al cuartel para redactar un acta con lo que pasó, pero antes tendría que llamar. Estaba lavándose la cara cuando le pareció oír la emisora. Alma estaba pensando tumbada en la cama, hacía unos minutos que oía la emisora llamándolo. ¿Lo llamaba o no? Sería importante que él hablara con sus superiores. Se dirigió a la puerta del baño que permanecía cerrada y cuando levantó la mano para tocar, se abrió. Héctor estaba allí mirándola, con una toalla se secaba la cara y el pelo. Alma se sintió desfallecer. ¿Cómo podía ser que ese hombre derribara así de fácil sus defensas? —Venía a decirte que te están llamando por la emisora.

Peligrosamente tuya raquel campos  

libro

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