Page 91

—Andrés, ¿estabas vigilando?—el chico asintió saliendo de detrás de un matorral, le daba terror haber fallado y no haberse dado cuenta de que alguien se había acercado. —No he visto nada raro, Eusebio. Te lo prometo — Eusebio sonrió, ese chico le tenía auténtica devoción. Más incluso que su hijo. — Tranquilo chico, ese guardia es muy bueno. Ni tan siquiera hemos oído la moto, porque seguro que ha venido en moto —Pedro se acercó a él y le arrebató el visor de las manos. — Déjamelo, como lo encuentre va a lamentar haber venido a buscarnos —empezó a pasear la vista hacia todos los lados buscando algo que se moviera cuando debajo de la loma vio algo que corría. Era una moto. Iba serpenteando por un camino, iba despacio ya que no había encendido las luces para no llamar la atención. —Ya te tengo cabronazo—Pedro acerrojó el rifle y apuntó. Su padre se puso blanco como la cera y le apartó el rifle justo cuando el disparo salía. — Estás loco, ¿sabes que nos meterán en la cárcel si lo matas? Es un guardia civil, joder. Parece que estés en la babia —Pedro se giró hacia su padre, le había dominado la ira y no se había parado a pensar en las consecuencias. — ¿Le habré dado?—miró a su padre y estalló en una hilarante carcajada —. Mejor así, nos lo hemos quitado de encima y tengo vía libre con la morenita y… —Hijo, estás enfermo. Esto no es a lo que nos dedicamos. Somos furtivos, cazamos ciervos. No matamos a personas. Andrés los miraba, estaban discutiendo. Y tenían que salir de allí pitando. —Perdona que os interrumpa en plena discusión, pero tenemos que irnos. Ese tipo habrá llamado para pedir ayuda. Los otros dos se quedaron blancos de asombro, era la primera vez que ese chico demostraba tener iniciativa en algo. El primero en reaccionar fue Eusebio. —Es verdad, vamos a recoger y nos vamos. Seguro que vienen a buscarnos — empezaron a meter el equipo en el todoterreno y salieron de allí. —Mañana podemos volver y… — ¿Estás loco? ¿Cómo vamos a volver y más al mismo sitio? En todo caso, iremos a otro lugar. Tenemos que intentar averiguar si está herido o…

Peligrosamente tuya raquel campos  

libro