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— Tómate una cerveza. A ver si se te aplaca el calor. Y vamos a callarnos un rato — Eusebio se puso serio, había una manada cerca de allí. Encaró el rifle hacia ellos, gracias al visor nocturno que se habían comprado todo era más fácil. Había un grupo de cuatro, uno de ellos tenía los cuernos grandes y majestuosos. — ¿Has encontrado alguno aparente?—el hombre asintió a su hijo y le dijo que se callara. Héctor llevaba un rato escuchando lo que decían. Estaba lo bastante cerca como para distinguir los rasgos físicos de dos de los hombres y los grabó en su mente. Al tercero no le podía ver, pues se encontraba algo alejado y le tapaban unos matorrales. Las cosas que habían dicho sobre Alma la ponían en un grave peligro, pues ese cínico quería abusar de ella. Pero él no lo iba a permitir, era una joven inteligente y buena y… ¿Desde cuándo la conocía para hablar sobre ella en aquellos términos? Algo le había sucedido y era que no podía apartarla de su mente. Aunque lo intentara, allí estaba su sonrisa y su encantador rubor. Los hombres estaban apuntando a los ciervos, tenía que hacer algo para detenerlos. Si disparaba delataría su posición, pero no tenía otra opción. Un disparo resonó en la amplitud de la montaña y los tres furtivos se sorprendieron. — ¿Qué ha sido eso? Ha sonado muy cerca, demasiado cerca— Pedro no lo entendía, su padre estaba casi a punto de disparar y… —Ya sé qué pasa aquí —Eusebio cogió el arma y miró a su alrededor —. ¿Estás por aquí verdad guardia? Se valiente y déjate ver. Podían pegarle un tiro si estaban lo suficientemente locos, como para intentar matar a un guardia civil. Se agazapó más entre las sombras. Tenía que alejarse lo bastante, como para poder hablar por la radio para avisar de lo que estaba pasando. Él no podía con ellos, tendría que volver con ayuda. Se maldijo en silencio por la imprudencia de haber ido solo. Su única arma era la cautela y el conocerse la zona como la palma de su mano. Oscar se iba a enfadar cuando se lo dijera y más el sargento Robles. Eusebio pidió a su hijo el visor nocturno. Ese trasto les había salido caro, pero les había salvado el pellejo en varias ocasiones.

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

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