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Septiembre 2013 (En la actualidad) — Cruz uno, aquí central. Acabamos de llamada del servicio de emergencias. Al recibir una parecer, un excursionista ha sufrido un accidente mientras descendía la Sima de Pinar Negro. Acérquese a averiguar. Corto. —Central, aquí cruz uno. Recibido. Voy para allá. Corto. Héctor colgó el radio transmisor en la pinza de su cinturón, mientras suspiraba. Estaba bastante cerca del lugar y en quince minutos podía llegar al sitio. La rueda de la motocicleta patinó al meter la marcha y se internó por las pistas forestales. Cualquier persona se podría perder en ese laberinto de tierra, pero él ya se conocía la sierra como la palma de su mano. Le había costado mucho, pues era una cadena montañosa muy extensa y con muchos puntos de interés para las patrullas. Había hecho excursiones a todos los términos para conocer el lugar por el que se tendría que mover, y lo había hecho a fondo. Ahora era todo un experto en la montaña y uno de los mejores hombres del Seprona. El sol comenzaba a esconderse y el cielo había adquirido una tonalidad entre rosácea y violácea, indicando que quedaba poca luz. El aire a principios de septiembre comenzaba a tornarse frío y vaticinaba que la noche sería también fresca. Era la época que más le gustaba a Héctor. El otoño. En la sierra era muy característico y se apreciaba el gran cambio que sufría la naturaleza tras el verano. El verdor de las hojas iba perdiéndose para tornarse marrones, anaranjadas e incluso rojos. Los chopos eran los árboles que más acentuado se les notaba el cambio. Eran como centinelas guardianes de la naturaleza, que aguardaban y custodiaban a la ansiada y fresca época otoñal. Los pensamientos de Héctor se iban a la sima y en el peligro que conllevaba ese lugar. Era un gran foso natural que se encontraba en un paraje despejado de árboles u otra vegetación. Era muy fácil verla, pero los excursionistas se acercaban a ella sin pensar en los peligros que escondía. Tras muchas intervenciones en el mismo lugar, había optado por llevar una pequeña maleta en la moto, con algunos de los elementos básicos de la escalada: varias cuerdas largas, algunos mosquetones y un arnés de seguridad. Hacía unos años, cuando ingresó en el Seprona, había hecho un curso de escalada y descenso de barrancos. A parte de gustarle

Peligrosamente tuya raquel campos  

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