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Qué tiempos tan lejanos y cuantos engaños. Si el amor era así de embaucador, no quería volver a experimentarlo y allí donde vivía, no corría el peligro de conocer a ninguna mujer que lo alejase de sus metas. Además, había aprendido la lección y no iba a desenterrar sus sentimientos a la primera de cambio. Verificó la zona e hizo unas fotos. La caminata hacia el coche, fue seguida por un par de buitres que volaban desafiantes sobre su cabeza a una considerable distancia. Decidió irse temprano, ya que cuando iba se entretenía muchísimo. Casi todos los compañeros con los que se cruzaba querían saber cómo era estar relegado a un punto fijo sin la emoción de ir por ahí a la aventura. Él siempre respondía lo mismo, que le gustaba la montaña donde estaba y disfrutaba vigilando esa zona. Los caballos estaban en cruces. Se acercó a ellos, los campos aledaños a las el caballo tordo no parecía mejorarse. Al final tendría que llamar a un veterinario. Le habían contado que por la zona había llegado hacía unos años una mujer que ejercía ese oficio. Tendría que llamarla al día siguiente si el animal continuaba mal. No quería perder a ninguno, cada uno era especial a su manera. Le daba igual si era mujer, lo único que le importaba era que curara al caballo y le habían dicho que era muy buena. —Héctor. ¿Estás ahí?—cogió el walkie, a su amigo le alegraría que fuera a cenar. —Sí, acabo de ver las huellas que dejaron al arrastrar al animal para meterlo al coche. —Qué cabrones. —He pensado que luego me voy a acercar al cuartel. ¿Tendréis un plato de sobra para cenar?—al otro lado escuchó una risa franca. — ¿Bromeas? Si Gloria se entera de que has estado por aquí y no te has pasado se enfadará mucho. Se toma muy en serio el hecho de que seas el padrino del niño y además quiere pedirte consejo con el nombre. No quiere que se llame como yo y está intentando confabular a todos contra mí — ahora el que se rió fue Héctor. De verdad que esa mujer era dulce y ocurrente como ninguna. —Pues que no te quepa duda que mi voto es para ella. No quiero contradecir a una mujer en su estado. — Está de los nervios por el parto, tiene un poco de miedo. Se va a

Peligrosamente tuya raquel campos  

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