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Capítulo 6 Héctor La mañana era tranquila, se levantó y soltó a los caballos. Vivía en un sitio seguro, en período de veda los cazadores no iban por allí. Preferían las agrestes montañas y los escarzados riscos. Así que los caballos vivían en semi—libertad. Y eso es lo que pretendía, crear un entorno donde el caballo estuviera casi como en su hábitat. Les había preparado unos bebederos para que no les faltara el agua y tan solo los recogía al atardecer. Tenían un gran cercado donde descansar. Se preparó un café y mientras se lo bebía fue al despacho. La emisora la dejaba conectada durante todo el día por si surgía alguna emergencia. —Central aquí cruz uno. Corto. — Cruz uno aquí central. ¿Qué tal Héctor? ¿Encontraste a los ciervos?–Oscar nunca hacía caso de la advertencia sobre el mal uso de las emisoras, sobre todo si era para uso privado. Sonrió, su amigo era único y eso era lo que más le gustaba de él. —Hola Oscar, que alegría oírte. ¿Cómo está Gloria?—Algo delicada, ya tiene molestias. Le han dicho que dentro de una semana. —Entonces ya está ahí. Oye…los ciervos estaban bien, pero oí un disparo. Me parece que venía de las Palomas. Voy a acercarme con el coche a ver si encuentro algo. — Ten cuidado, serán furtivos. Ya sabes cómo las gastan. ¿Necesitas ayuda?—De momento no, pero estaré en contacto. ¿De acuerdo amigo?— Bien, a ver si vienes a cenar uno de estos días —él otro le dijo que lo intentaría. En el Jeep iría mejor y más rápido y podría llevarse más equipo. Había tres cuartos de hora más o menos. Iba pensando en su amigo, como le había cambiado la vida. Pero lo más gracioso era que parecía el más feliz del mundo. A veces le daba un poco de envidia, ¿No habría ninguna mujer para él? Pensaba que no, ¿Qué mujer en su sano juicio iba a aguantar a alguien tan

Peligrosamente tuya raquel campos  

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