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que privar del dulce de vez en cuando, su pelo era castaño oscuro y lo llevaba a media melena, sus ojos verdes y su boca carnosa. En fin no era nada del otro mundo; pero los hombres parecían rehuirla. Cuando la veían conduciendo el Land Rover cambiaban de cara y más cuando se colocaba un sombrero de ala ancha para protegerse del sol. Ella pensaba, que no la encontraban femenina como a otras mujeres que llevaban faldas o vestidos y acudían maquilladas a todos los sitios. Ella llevaba sus vaqueros algo ajados y sus camisas anchas. Desayunó con sus padres. — ¿Quieres que te prepare algo para llevar a la comida?—Bueno, pero no sé si podré acercarme. —Te mereces un descanso, trabajas mucho hija—su madre tenía razón. —Está bien, vendré a cambiarme y me llevaré lo que prepares. Me voy, que tengo muchas visitas. Se subió al coche, era la forma más rápida de moverse por esos caminos y el todoterreno de su padre no se quedaba atascado en ningún sitio. Su primera visita era en la granja de la familia Solano, sus ovejas estaban pariendo y tenía que observarlas. La familia era una de las más antiguas de la zona, el padre era un tozudo hombre que no aceptaba la modernidad y su hijo hacía lo que le decía el padre. No le gustaba ir a esa casa, pero era su trabajo. Sin embargo odiaba la manera en que el padre la miraba, de una forma despectiva y discriminatoria; en cambio el hijo no le quitaba ojo de encima y parecía que la desnudaba con la vista. Después de esa incómoda visita fue a ver a la señora Gracia, su perra había tenido cachorros y le había pedido a Alma que viniera por favor a conocerlos. No se podía negar, era un encanto de mujer. Cuando llegó le tenía preparado el almuerzo. — Hola cielo. Que ganas tenía de verte. Vamos primero a almorzar algo, luego veremos a los perritos. Son preciosos —Alma se sentía tranquila con esta mujer y le contó que venía de ver las ovejas de los Solano. —Qué familia tan rara y desagradecida. Esteban ha sido siempre un machista. —Pero me acepta, su hijo parece que… le gusto. ¿Cómo es que no consigo atraer a un hombre en su cabal juicio?— la anciana se rió, esta joven era un encanto. — Ese chico va detrás de todo lo que tenga tetas —las dos rieron y entonces la anciana la miró—. ¿Sabes por qué los hombres te huyen?—

Peligrosamente tuya raquel campos  

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