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lejanía se oyó un estruendo, Héctor cogió los prismáticos. Era imposible saber exactamente el lugar exacto del disparo, pero calculó que había sido a unos siete u ocho kilómetros. Si habían cazado un ciervo se marcharían enseguida. Era inútil intentar ir tras ellos, pues si llegaba a acercarse lo suficiente, ya se habrían marchado. Normalmente cuando se cobraba una pieza en período de veda el furtivo se marchaba de inmediato. Y casi nunca iba uno solo, siempre eran más de dos.

Peligrosamente tuya raquel campos  

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