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Capítulo 4 Héctor La montaña era traicionera y podías perderte fácilmente, pero él no. Habían pasado unos días desde el incidente de la sima. El excursionista estaba bien, aunque con una pierna rota y un montón de moratones. Le habían explicado que a ese lugar se tenía que ir con un buen equipo y el hombre no pudo evitar sonrojarse al saber que lo que le decían los guardias era cierto. Pero todo había quedado en un susto. Esa tarde seguía una pista bien de cerca, era un grupo de varios venados y llevaban buen ritmo. Iban buscando agua y un sitio para dormir. Huían despavoridos del peligro. Le habían llamado esa misma mañana, para avisarle de que estuviera atento a los ciervos de la zona, ya que había un grupo de furtivos que se dedicaba a rececharlos, para luego darles caza traicioneramente. Empezaba a atardecer y era una buena hora para que el ciervo saliera de su encame. Había tenido suerte y los había encontrado enseguida, ya que estaban en la berrea. Era la época de celo de las hembras y los machos berreaban para llamar su atención. Exhibiendo sus magníficas y hermosas cornamentas, que también les servían para enzarzarse con otro macho y así competir entre ellos para saber quién cubría a la hembra. Los divisó en la ladera de una montaña, era un grupo de siete magníficas piezas. Los cazadores furtivos envilecían el nombre de la caza como los gusanos infectaban una manzana. Y lo hacían con saña y maldad, solo por el hecho de cazar un buen trofeo; en este caso el premio era una cabeza de ciervo con dieciséis puntas que disecaban para luego exhibirlas en sus mansiones o simplemente venderlas al mejor postor. No entendía como había gente así, se establecía un período de caza para que los cazadores cobraran piezas sin que los animales sufrieran en sus períodos de gestación y crianza. Pero siempre había personas que no acataban las normas. Los controló durante una hora más e inspeccionó los alrededores, estaba todo tranquilo. Mañana volvería al lugar para continuar. Ahora se merecía un descanso, bueno primero tenía que cuidar de sus caballos. En la

Peligrosamente tuya raquel campos  
Peligrosamente tuya raquel campos  

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